Modes­to plan de paz para Eus­kal Herria- Alfon­so Sas­tre en Gara

Toda titu­la­ción mía para la escri­tu­ra de este bre­ve y ambi­cio­so plan se redu­ce al hecho de que el uso con­ti­nuo y pro­lon­ga­do de nues­tro ofi­cio aca­ba hacien­do de los dra­ma­tur­gos «exper­tos en con­flic­tos», sobre todo fami­lia­res y socia­les, pero tam­bién his­tó­ri­cos y polí­ti­cos. A eso se limi­ta, digo, toda mi auto­ri­dad para escri­bir esta pro­pues­ta de paz para el País Vas­co, Eus­kal Herria.

Yo pien­so que un plan veraz y veri­fi­ca­ble para que esa paz, por la que ya se oye, aun­que sea silen­cio­so, un gran cla­mor, sea efec­ti­va, sólo pue­de par­tir de que se esta­blez­ca por unos pode­res públi­cos, hoy vigen­tes, pero qui­zás «ilu­mi­na­dos» por un recu­pe­ra­do pen­sa­mien­to ver­da­de­ra­men­te pro­gre­sis­ta, la mera posi­bi­li­dad legal, demo­crá­ti­ca, de que los terri­to­rios vas­cos has­ta hoy admi­nis­tra­dos por los esta­dos espa­ñol y fran­cés pudie­ran cons­ti­tuir­se algún día, si la volun­tad de los ciu­da­da­nos vas­cos lle­ga­ra a expre­sar esa volun­tad, en un Esta­do nue­vo e inde­pen­dien­te. Nada más, pero tam­bién nada menos que eso.

Cir­cuns­cri­bien­do aho­ra la cues­tión a Espa­ña, se tra­ta­ría de que esos sec­to­res de van­guar­dia de la Admi­nis­tra­ción espa­ño­la deci­die­ran apos­tar por la rees­cri­tu­ra del o de los pasa­jes refor­ma­bles (ahí lle­ga­ría el turno y la tarea de un «pen­sa­mien­to cons­ti­tu­cio­nal») de la actual Cons­ti­tu­ción Espa­ño­la, para reti­rar de ella el carác­ter meta­fí­si­co –poco menos que sagra­do– de la actual Uni­dad de Espa­ña, y la garan­tía arma­da (poli­cía­ca y mili­tar) de esa uni­dad meta­fí­si­ca; y, en fin, la con­si­guien­te aper­tu­ra a otras for­mas (demo­crá­ti­cas) de «uni­dad polí­ti­ca», pues la paz que recla­ma­mos los ciu­da­da­nos para ya mis­mo no com­por­ta la rotu­ra de nada; for­mas que se pue­den esti­mar pró­xi­mas o empa­ren­ta­bles con las vigen­tes hoy en paí­ses como Sui­za, Ale­ma­nia o el Rei­no Unido.

El dra­ma­tur­go sólo con su ima­gi­na­ción dia­léc­ti­ca pue­de pasar de aquí, y han de ser algu­nos polí­ti­cos abier­tos e inte­li­gen­tes y algu­nos pen­sa­do­res cons­ti­tu­cio­na­lis­tas quie­nes –con el apo­yo popu­lar corres­pon­dien­te en Espa­ña– pue­dan pro­ce­der a esa rees­cri­tu­ra, que com­por­ta­ría una Refor­ma Cons­ti­tu­cio­nal; la cual es una con­di­tio sine qua non de la anhe­la­da paz; a una refor­ma, digo, de esos aspec­tos meta­fí­si­cos y arma­dos (poli­cía­cos y mili­ta­res) de la actual Cons­ti­tu­ción. Para esta­ble­cer que esa refor­ma sea una con­di­ción nece­sa­ria para la sus­pen­sión defi­ni­ti­va de las accio­nes arma­das de ETA me baso en que esa con­di­ción se des­pren­de de la lec­tu­ra de sus comu­ni­ca­dos, o, al menos, de su inter­pre­ta­ción dramatúrgica.

La amnis­tía para todos los pre­sos polí­ti­cos y el cese de la lucha arma­da revo­lu­cio­na­ria (que en su nivel ope­ra­ti­vo actual está pro­cu­ran­do, no dudo que con­tra la volun­tad de quie­nes la prac­ti­can, ali­men­to social a las ideas espa­ño­las más con­ser­va­do­ras y retró­gra­das) serán momen­tos esen­cia­les de este pro­ce­so de paz escri­to por un modes­to dramaturgo.

En este tex­to, como se verá, hemos recu­pe­ra­do del acer­vo de la len­gua cas­te­lla­na el tér­mino «con­fe­de­ran­za» para apli­car­la aquí a las nacio­nes hoy exis­ten­tes, tres de las cua­les son nega­das como tales por los sec­to­res espa­ño­les más reac­cio­na­rios, por­ta­do­res aún del vie­jo y pol­vo­rien­to estan­dar­te del Impe­rio espa­ñol y de su pre­té­ri­ta y año­ra­da «gran­de­za». Podría decir­se que los tata­ra­bue­los de los actua­les mili­tan­tes de la dere­cha espa­ño­la decla­ra­da son los Reyes Cató­li­cos. Esta «con­fe­de­ran­za» com­por­ta­rá ya la exis­ten­cia, en su mar­co polí­ti­co, de Esta­dos sobe­ra­nos. Pero haga­mos, antes de seguir, la siguien­te obser­va­ción, qui­zás un tan­to petu­lan­te, en la que me temo que se le vea un poco o un mucho el plu­me­ro a la vani­dad pro­pia de las gen­tes de tea­tro: Yo pien­so que todo lo que no sea seguir, al menos apro­xi­ma­da­men­te, el calen­da­rio que voy a pro­po­ner será mera pala­bre­ría y, como se dice popu­lar­men­te, «mear fue­ra del tiesto».

He aquí nues­tra Hoja de Ruta, que se desa­rro­lla, cro­no­ló­gi­ca­men­te, en dos fases, a saber: El pri­mer momen­to de la pri­me­ra fase –el momen­to fun­da­men­tal y fun­da­men­tan­te– ha de ser, como que­da dicho, una bre­ve y sus­tan­cio­sa «refor­ma cons­ti­tu­cio­nal», que com­por­ta­ría una rees­cri­tu­ra de unas líneas de la Cons­ti­tu­ción espa­ño­la de 1978.

En el segun­do, por una par­te se pro­du­ci­ría un «adiós a las armas» (no un «has­ta lue­go») de ETA; y, por la otra par­te, una Amnis­tía para todos los pre­sos polí­ti­cos y de inten­cio­na­li­dad polí­ti­ca («terro­ris­tas» en el len­gua­je poli­cía­co y judi­cial, usual de la prensa).

Habría empe­za­do, ven­tu­ro­sa­men­te, la paz, y esa fecha se escri­bi­ría con letras de oro.

En la segun­da fase –¡ya en paz!– se desa­rro­lla­ría un gran deba­te polí­ti­co con vis­tas a la lega­li­za­ción de la exis­ten­cia en los terri­to­rios del Esta­do espa­ñol de cua­tro nacio­nes, una mayor, Espa­ña, y tres meno­res, Eus­kal Herria, Paï­sos Cata­lans –con un sub­de­ba­te del más alto nivel entre Cata­lun­ya, Valen­cia y Balea­res, ase­so­ra­do por espe­cia­lis­tas, asi­mis­mo del más alto nivel– y Gali­za, que hoy for­man par­tes pro­vin­cia­les del «Rei­no de Espa­ña», ello, con­tra toda con­gruen­cia, al mis­mo nivel que pro­vin­cias ine­quí­vo­ca­men­te espa­ño­las como Mur­cia. Será el momen­to de corre­gir esta cha­pu­za teó­ri­ca y prác­ti­ca posfanquista.

En el siguien­te momen­to –y ya esta­mos ponien­do a prue­ba nues­tra anun­cia­da «ima­gi­na­ción dia­léc­ti­ca»– se esta­ble­ce­ría al fin esa «con­fe­de­ran­za», para lo cual no habría que espe­rar a la pro­cla­ma­ción de una Repú­bli­ca, pues el «Rei­no de Espa­ña», a pesar de todas sus limi­ta­cio­nes, podría asu­mir esta tras­cen­den­te res­pon­sa­bi­li­dad his­tó­ri­ca. En esta «con­fe­de­ran­za», las tres nacio­nes meno­res figu­ra­rían ya con la enti­dad de «Esta­dos soberanos».

Ello no sig­ni­fi­ca­ría, como ase­gu­ran paté­ti­ca­men­te las Dere­chas neo-fran­quis­tas, la «rup­tu­ra» («Espa­ña rota y roja») ni la «liqui­da­ción de Espa­ña y de su glo­rio­so pasa­do», sino jus­ta­men­te su ver­da­de­ro engran­de­ci­mien­to has­ta el nivel his­tó­ri­co que al gran poe­ta peruano César Valle­jo le hizo excla­mar des­de lo más pro­fun­do de su cora­zón: «niños de Espa­ña, si Espa­ña cae –digo, es un decir – , ¡cómo vais a cesar de cre­cer!». (Pala­bras que, des­gra­cia­da­men­te, fue­ron pro­fé­ti­cas). Espa­ña, digo, alcan­za­ría una ver­da­de­ra gran­de­za sobre una super­fi­cie terri­to­rial más redu­ci­da; una gran­de­za anti­fas­cis­ta que la ele­va­ría al ran­go de «crea­do­ra de jus­ti­cia» y «patria de las liber­ta­des» en la Penín­su­la Ibé­ri­ca, en la que con­vi­vi­rían a par­tir de enton­ces, oja­lá fra­ter­nal­men­te, cin­co esta­dos libres, con­tan­do natu­ral­men­te con la her­ma­na Repú­bli­ca portuguesa.

Es evi­den­te que has­ta ahí no podrá lle­gar el actual «Rei­no de Espa­ña», con su rey bor­bó­ni­co-fran­quis­ta, y que para enton­ces habrá lle­ga­do el tras­cen­den­tal momen­to de plan­tear la «cues­tión repu­bli­ca­na» en ese pro­ce­so de pro­gre­sión hacia los nue­vos tiem­pos: el magno momen­to de la pro­cla­ma­ción de una ter­ce­ra Repú­bli­ca espa­ño­la, por la que ya se está tra­ba­jan­do, y tres peque­ñas repú­bli­cas que hoy son regio­nes peri­fé­ri­cas de Espa­ña, y con ello la oca­sión del arrum­ba­mien­to, por fin, de un sis­te­ma ana­cró­ni­co –monár­qui­co– y que tan sólo ha sido par­chea­do de «demó­cra­ta» y «cons­ti­tu­cio­nal». Habría lle­ga­do al fin, deci­mos, el momen­to de ini­ciar una gran empre­sa his­tó­ri­ca, que sería aco­me­ti­da bajo la deno­mi­na­ción polí­ti­ca, que aquí que­da pro­pues­ta, de Con­fe­de­ran­za de Repú­bli­cas Ibé­ri­cas. (Algún día habrá que hacer todo esto, pero ya hay que hablar cla­ra­men­te de ello; y eso es lo que yo estoy inten­ta­do hacer en estas páginas).

Por fin, habría que­da­do abier­ta la posi­bi­li­dad de que alguno o todos estos esta­dos acce­die­ran a una defi­ni­ti­va inde­pen­den­cia –repú­bli­cas sobe­ra­nas – , si así lo recla­ma­ra la volun­tad popu­lar de los ciu­da­da­nos vas­cos, cata­la­nes o galle­gos, que enton­ces se vin­cu­la­rían a Espa­ña de un modo o de otro, en vir­tud de los tra­ta­dos que se sus­cri­bie­ran entre las par­tes. (Es de recor­dar que el «Esta­do de las Auto­no­mías» actual no es otra cosa que una des­cen­tra­li­za­ción admi­nis­tra­ti­va y ade­más, como ya se ha dicho, homo­ge­nei­za­do­ra de lo evi­den­te­men­te hete­ro­gé­neo, y en reali­dad sólo acep­ta­ble, y con muchas reser­vas y mati­ces, para las ante­rio­res «regio­nes y pro­vin­cias espa­ño­las», que sólo recla­ma­ban en algún caso cier­ta auto­no­mía para su admi­nis­tra­ción. La idea infa­me del «café para todos» recuer­da un epi­so­dio que no dice nada a favor de la inte­li­gen­cia de quie­nes per­pe­tra­ron ese gra­ve per­can­ce de la razón histórica).

En cuan­to a la Repú­bli­ca vas­ca, en las cir­cuns­tan­cia futu­ras que hoy esta­mos pre­fi­gu­ran­do, se abri­ría ante ella –siem­pre en el mar­co de la volun­tad popu­lar– la tri­ple tarea que la con­du­ci­ría a la reuni­fi­ca­ción (en sie­te pro­vin­cias), la com­ple­ta eus­kal­du­ni­za­ción, y el socia­lis­mo en su nue­vo cuño, a la altu­ra de los tiempos.

Diga­mos para terminar:

Arri­ba la paz. Aba­jo la paci­fi­ca­ción. La paz es nece­sa­ria, urgen­te y posi­ble, aun­que, hoy por hoy, para los gober­nan­tes de Espa­ña, la recla­ma­ción fer­vien­te y sin­ce­ra de la paz sea, como has­ta hoy lo es, una idea sub­ver­si­va. La paz, para ser­lo veraz­men­te –para ser pro­pia­men­te paz – , tie­ne que ser algo radi­cal­men­te dis­tin­to que un «cese de la vio­len­cia» por medio de una «paci­fi­ca­ción» arma­da –una paz a tiros – , empre­sa poli­cía­ca que en este caso se ha evi­den­cia­do inú­til a lo lar­go de muchos años, de modo que ha que­da­do cla­ro una vez más que los hechos tie­nen la cabe­za dura, y que en este país es cier­to que pade­ce­mos un serio con­flic­to polí­ti­co y no las gra­tui­tas accio­nes de una errá­ti­ca ban­da de gue­rre­ros idea­lis­tas o –como siguen afir­man­do las dere­chas espa­ño­las des­de su fana­tis­mo «patrió­ti­co» – : de «una ban­da de ase­si­nos sedien­tos de san­gre siem­pre deseo­sos de matar a su pró­ji­mo, que es lo úni­co que saben hacer». Cier­ta­men­te hay que par­tir de la reali­dad para plan­tear y tra­tar de resol­ver los gran­des con­flic­tos que en ella se pro­du­cen. El cono­ci­mien­to de esta gran ver­dad for­ma par­te de nues­tro ofi­cio dra­ma­túr­gi­co, y a ello me he refe­ri­do al principio.


P.S. para nues­tra espe­ran­za.

Un Par­ti­do Socia­lis­ta Obre­ro Espa­ñol reno­va­do y audaz, en la línea que pare­ce haber ini­cia­do, aun­que tími­da­men­te, el Par­tit Socia­lis­ta de Cata­lun­ya, podría aco­me­ter (en ausen­cia de una Izquier­da Uni­da o una Corrien­te Roja u otras orga­ni­za­cio­nes de izquier­da revo­lu­cio­na­ria que en Espa­ña tuvie­ran el res­pal­do popu­lar y la fuer­za nece­sa­ria para ello, pero desea­ble­men­te con el apo­yo de todas estas fuer­zas) esta tras­cen­den­te y bene­mé­ri­ta empre­sa his­tó­ri­ca en la que el socia­lis­mo espa­ñol recu­pe­ra­ría –y ade­más glo­rio­sa­men­te– su per­di­do y mal­tre­cho pres­ti­gio. En tal caso, el comien­zo de este ven­tu­ro­so camino hacia la paz se pro­du­ci­ría en una mesa de nego­cia­ción entre, por un lado, un PSOE libe­ra­do de su ver­gon­zan­te depen­den­cia del PP y, por otro, repre­sen­tan­tes de una «izquier­da aber­tza­le» no por ile­ga­li­za­da menos legítima.

Aquí aca­ba mi modes­ta apor­ta­ción a este magno pro­yec­to. Otras veces me he ofre­ci­do tam­bién –y aho­ra reite­ro ese ofre­ci­mien­to– para con­tri­buir de cual­quier modo a las con­ver­sa­cio­nes ini­cia­les, aun­que nada más fue­ra como «seño­ra de la lim­pie­za» de la habi­ta­ción en la que se reúnan los espe­cia­lis­tas ad hoc, dado que, al fin y al cabo, hablan­do en serio, yo no soy más que un poe­ta muy preo­cu­pa­do y algo pensativo.

Gara



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