Ban­zer: “!Maten a los comu­nis­tas, yo les daré una recom­pen­sa!” – For­tu­na­to Esquivel

Esa espe­cie de ideo­lo­gía racis­ta, per­sis­te aún hoy, más en la super­fi­cie que en el fon­do, en algu­nos sec­to­res del gamo­na­lis­mo de Boli­via don­de de vez en cuan­do se enar­bo­la la divi­sa de una Boli­via sin indios.

Los prin­ci­pa­les “ideó­lo­gos” de esa corrien­te fue­ron Gabriel René Moreno, para quien el indio era una vacui­dad, som­bría, asque­ro­sa, hura­ña y sór­di­da. Bau­tis­ta Saa­ve­dra, sos­te­nía que el indio era una bes­tia de car­ga, mise­ra­ble a la que había que explo­tar has­ta la inhumanidad.

Los dos dic­ta­do­res men­cio­na­dos pre­ten­die­ron ini­ciar el cam­bio de “raza” con la impor­ta­ción de blan­cos. Barrien­tos atra­jo a los meno­ni­tas, que hoy depre­dan los bos­ques y Ban­zer anun­ció la lle­ga­da de rode­sia­nos, que no se pro­du­jo por la opo­si­ción a esa “idea”.

El odio al cam­pe­sino e indí­ge­na duran­te el gobierno de Ban­zer pro­vo­có que qui­zá cen­te­na­res de ellos fue­ran masa­cra­dos duran­te los sie­te años de su gobierno. Fue­ron per­se­gui­dos y ase­si­na­dos como res­pues­ta a sus recla­ma­cio­nes por mejo­res con­di­cio­nes de vida.

La eli­mi­na­ción de ori­gi­na­rios más dra­má­ti­ca fue la ocu­rri­da en Cocha­bam­ba. La lla­ma­da “Masa­cre del Valle” ocu­rrió entre el 22 y 31 de enero de 1974. Varios decre­tos apro­ba­dos por la dic­ta­du­ra, sobre todo rela­ti­vos a una seve­ra ele­va­ción de pre­cios en los ali­men­tos y la deva­lua­ción del boli­viano de 12 a 20 res­pec­to al dólar esta­dou­ni­den­se, fue­ron justificativo.

El 22 de enero, los obre­ros de la fábri­ca de cal­za­dos “Mana­co” pro­tes­ta­ron con­tra los decre­tos blo­quean­do la pla­za de la pobla­ción de Qui­lla­co­llo. Gri­ta­ban “Que­re­mos pan”, “Morir de bala antes que de ham­bre morir”. Los uni­for­ma­dos ocu­pa­ron el lugar de mane­ra vio­len­ta. Allí murió un campesino.

A par­tir del 24 los cam­pe­si­nos del Valle Alto ini­cian el blo­queo de la carre­te­ra a San­ta Cruz des­de el kiló­me­tro 20 al 126. El 26 los ori­gi­na­rios de Saca­ba se suman y blo­quean el ingre­so al Cha­pa­re has­ta el kiló­me­tro 38.

El mar­tes 29, tan­ques y cai­ma­nes con sol­da­dos bien per­tre­cha­dos al man­do de un My. Cor­de­ro que obe­de­cía “órde­nes supe­rio­res”, lle­ga­ron cer­ca de Tola­ta para ini­ciar un diá­lo­go con la men­ti­ro­sa pre­sen­cia de Ban­zer que no tenía ni la menor inten­ción de ir.

Una mujer lan­zó una pedra­da, res­pon­di­da con una ráfa­ga de ame­tra­lla­do­ra y el ata­que de los blin­da­dos. Avio­nes de com­ba­te apo­ya­ron la masa­cre. El libro “Nun­ca más para Boli­via”, seña­la en la pági­na 160 el tes­ti­mo­nio de uno de los sol­da­dos pre­sen­tes: “Hemos vis­to mon­to­nes de cadá­ve­res, cam­pe­si­nos amon­to­na­dos como leña”.(1)

Otro tes­ti­go con­tó haber vis­to unas trein­ta cami­llas cubier­tas con man­tas en un avión mili­tar en el aero­puer­to de Cocha­bam­ba. Con­clui­da la matan­za de Tola­ta, los mili­ta­res avan­za­ron por la carre­te­ra, dejan­do gru­pos de ellos a lo lar­go del camino.

El mis­mo 29 de enero, nume­ro­sos cam­pe­si­nos se con­cen­tra­ron en Epi­za­na. Se des­co­no­cía lo ocu­rri­do en Tola­ta, pero esta­ban acor­des en exi­gir la dero­ga­to­ria de las medi­das de ham­bre. Sor­pre­si­va­men­te fue­ron ata­ca­dos por sol­da­dos del regi­mien­to Tara­pa­cá, coman­da­dos por el My. Cordero.

Algu­nos cam­pe­si­nos que por­ta­ban fusi­les Mau­ser inten­ta­ron defen­der­se, pero fue­ron redu­ci­dos a metra­lla. Quin­ce fue­ron aba­ti­dos, vein­te resul­ta­ron des­apa­re­ci­dos. Se pre­su­me que fue­ron arro­ja­dos a los barran­cos o al río por la “acción de lim­pie­za” de los militares.

El miér­co­les 30, cam­pe­si­nos del valle alto, Saca­ba, Mel­ga y Agui­rre se suma­ron a las pro­tes­tas con­tra la dic­ta­du­ra que a su vez decla­ró “zona mili­tar”. En Saca­ba, la lim­pie­za étni­ca dejó más de cua­ren­ta bajas entre muer­tos y heri­dos. En Mel­ga y Agui­rre, los muer­tos fue­ron entre­ga­dos a sus fami­lia­res para su sepultura.

Des­pués de la “Masa­cre del Valle”, Bán­zer reu­nió un gru­po del “Pac­to mili­tar-cam­pe­sino” y en el pala­cio de gobierno les dijo: “A uste­des her­ma­nos cam­pe­si­nos voy a dar­les una con­sig­na como líder. El pri­mer agi­ta­dor comu­nis­ta que vaya al cam­po, yo les auto­ri­zo, me res­pon­za­bi­li­zo, PUEDEN MATARLO. Sino me lo traen aquí para que se entien­da con­mi­go per­so­nal­men­te. Yo les daré una recom­pen­sa”. (2)

Corrien­do ries­go, el perió­di­co “Pre­sen­cia”, fue el úni­co en publi­car el men­sa­je de este cau­di­llo bár­ba­ro, que no retro­ce­dió en la vigen­cia de sus decre­tos ele­van­do el pre­cio de los ali­men­tos, y por el con­tra­rio, en la cer­ve­ce­ría pace­ña duran­te un encuen­tro con los obre­ros dijo que esti­ma­ba a los hom­bres tra­ba­ja­do­res que no “llo­ra­ban por un pan”.

El jefe falan­gis­ta Mario Gutié­rrez res­pal­da­ba a su líder indi­can­do que no se debía hacer tan­to rui­do por­que el dólar hubie­ra subi­do unos cuan­tos pesos. A su vez el Minis­tro del Inte­rior Cnl. Wal­ter Cas­tro Aven­da­ño, ame­na­zó: “Ya no se tole­ra­rán más huel­gas ni paros de tra­ba­jo, ni por medi­das de deva­lua­ción ni por ele­va­ción de los pre­cios de artícu­los de pri­me­ra necesidad”.

Poco des­pués, el 9 de noviem­bre de 1974, la dic­ta­du­ra apro­bó el decre­to del Ser­vi­cio Civil Obli­ga­to­rio. Se puso fue­ra de la ley a todos los sin­di­ca­tos y en su lugar se impu­sie­ron inter­ven­to­res con el deno­mi­na­ti­vo de “Coor­di­na­do­res”. Los diri­gen­tes de la Cen­tral Obre­ra Boli­via­na, fue­ron per­se­gui­dos. El país ente­ro, se con­vir­tió en un gigan­tes­co CAMPO DE CONCENTRACIÓN. 

Esto es algo que ocu­rrió hace 39 años y que los boli­via­nos tene­mos la obli­ga­ción de velar para que no ocu­rra nuevamente.

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