Se inten­si­fi­ca la dispu­ta hege­mó­ni­ca en Suda­mé­ri­ca – La Jornada

Cuan­do Mar­co Aure­lio Gar­cía, ase­sor espe­cial en polí­ti­ca exter­na del pre­si­den­te Lula, dijo que «Amé­ri­ca Lati­na ha deja­do de ser el patio tra­se­ro», no exa­ge­ra­ba. Podría haber aco­ta­do su afir­ma­ción a Suda­mé­ri­ca, sien­do así más exac­to. «Hemos remo­de­la­do la casa, así que el patio está muy reva­lua­do», rema­tó en un encuen­tro sobre Amé­ri­ca Lati­na con­vo­ca­do por la Fun­da­ción Frie­drich Ebert, en Ber­lín, en junio pasado.

¿Esta pér­di­da de poder expli­ca la cre­cien­te mili­ta­ri­za­ción de la polí­ti­ca exte­rior de Esta­dos Uni­dos? Si así fue­ra, se expli­ca la dis­po­si­ción de bases mili­ta­res en Colom­bia y Pana­má, así como el ingre­so de 43 buques, 200 aero­na­ves y 7 mil mari­nes a Cos­ta Rica. Sin embar­go, hace fal­ta encon­trar un enemi­go que jus­ti­fi­que seme­jan­te des­plie­gue, toda vez que el argu­men­to del com­ba­te al nar­co­trá­fi­co es insos­te­ni­ble. La hipó­te­sis que veni­mos defen­dien­do es que el obje­ti­vo del Pen­tá­gono y la Casa Blan­ca es Bra­sil, sien­do Vene­zue­la un obje­ti­vo cola­te­ral en la estra­te­gia para con­te­ner al prin­ci­pal rival del impe­rio en la región.

Los hechos se van enca­de­nan­do. Des­de abril de 2009 Chi­na se con­vir­tió en el mayor socio comer­cial de Bra­sil, des­pla­zan­do a Esta­dos Uni­dos, que ocu­pa­ba ese lugar des­de la déca­da de 1930. «Una posi­ción que duran­te siglos anun­cia con pre­ci­sión la irrup­ción de los gran­des lide­raz­gos mun­dia­les», aco­ta el Labo­ra­to­rio Euro­peo de Anti­ci­pa­ción Polí­ti­ca (Geab No. 43). Ade­más, Chi­na se con­vir­tió en el pri­mer socio comer­cial del Mer­co­sur y de Chi­le, y el segun­do de Argen­ti­na y Perú.

Un siglo atrás, Esta­dos Uni­dos com­pra­ba a Bra­sil 36 por cien­to de sus expor­ta­cio­nes, por­cen­ta­je que aho­ra cayó por deba­jo de 10 por cien­to. Cuan­do la com­pa­ñía norue­ga Sta­toil ven­dió 40 por cien­to de su cam­po petro­lí­fe­ro fren­te a las cos­tas de Bra­sil a la chi­na CNOOC por 3 mil millo­nes de dóla­res, el dia­rio ofi­cial de Pekín recor­dó que su país ingre­só a la región median­te una alian­za estra­té­gi­ca con Argen­ti­na y Bra­sil, por­que ambos «dis­po­nen de una diná­mi­ca indus­tria nuclear, pode­ro­sa indus­tria de avia­ción y exce­len­tes infra­es­truc­tu­ras en tele­co­mu­ni­ca­cio­nes» («Dia­rio del Pue­blo», 10 de junio).

Una revis­ta mili­tar aten­ta a los cam­bios en el mun­do des­ta­có que aun­que Chi­na aún no es un gran pro­vee­dor de armas en la región, «exis­te un víncu­lo direc­to entre las gran­des trans­fe­ren­cias de armas y la natu­ra­le­za de las rela­cio­nes polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas» («Mili­tary Review», enero de 2009). Ase­gu­ra que en los últi­mos años más de 100 ofi­cia­les de 12 paí­ses de la región regre­sa­ron de las aca­de­mias del Ejér­ci­to Popu­lar de Libe­ra­ción chino y que dece­nas de otros ofi­cia­les via­jan a menu­do al país asiático.

Con Bra­sil las rela­cio­nes chi­nas son más estre­chas aún. Fuen­tes de inte­li­gen­cia ase­gu­ran que «han coope­ra­do en tec­no­lo­gía mili­tar secre­ta para misi­les balís­ti­cos y comu­ni­ca­cio­nes avan­za­das», como par­te del pro­yec­to bra­si­le­ño de desa­rro­llo de su indus­tria de misiles.

El 28 de julio «The Washing­ton Times» difun­dió un infor­me en el que la inte­li­gen­cia esta­dou­ni­den­se ase­gu­ra que se está reac­ti­van­do la red de con­tra­ban­do nuclear del cien­tí­fi­co Abdul Qadeer Khan, padre de la bom­ba ató­mi­ca paquis­ta­ní. Ade­más de varios paí­ses de por­te menor, como Bur­ma, Sudán y Siria, las fuen­tes invo­lu­cran a Bra­sil. Jue­go sucio a car­go de los ser­vi­cios de Washing­ton, que rece­lan de la auto­no­mía nuclear y mili­tar brasileña.

Los estra­te­gas del Pen­tá­gono y la Casa Blan­ca, así como el pen­sa­mien­to duro de la super­po­ten­cia, saben de sobra que el úni­co país lati­no­ame­ri­cano que pue­de sig­ni­fi­car­les un pro­ble­ma en algún momen­to es Bra­sil. Es el úni­co que tie­ne una pro­yec­ción glo­bal y, muy en par­ti­cu­lar, regio­nal. Cuen­ta con el sép­ti­mo par­que indus­trial del mun­do, con un com­ple­jo mili­tar-indus­trial impor­tan­te y mucho dine­ro para inver­tir. Tie­ne, sobre todo, estra­te­gia pro­pia. Mues­tra de ello es la Estra­te­gia Nacio­nal de Defen­sa apro­ba­da dos años atrás.

Aho­ra está incre­men­tan­do con­si­de­ra­ble­men­te su capa­ci­dad de com­ba­te. El 31 de julio fina­li­za­ron los 12 días de manio­bras mili­ta­res Atlán­ti­co II, un amplio ejer­ci­cio mili­tar que abar­ca todo el lito­ral marí­ti­mo, con espe­cial énfa­sis en la defen­sa de las pla­ta­for­mas petro­lí­fe­ras en mar abier­to y las ins­ta­la­cio­nes nuclea­res. Diez mil hom­bres de las tres armas fue­ron movi­li­za­dos por segun­da vez. «La defen­sa de la Ama­zo­nia Azul debe­ría trans­for­mar­se en una de las prio­ri­da­des de la nación», dijo el almi­ran­te de escua­dra Augus­to Dias Monteiro.

Samuel Pinhei­ro Gui­ma­raes, titu­lar de la Secre­ta­ría de Asun­tos Estra­té­gi­cos de la Pre­si­den­cia, aca­ba de publi­car un impor­tan­te artícu­lo, «Amé­ri­ca del Sur en 2020» (Car­ta Maior, 26 de julio). «El futu­ro de Bra­sil depen­de de Amé­ri­ca del Sur y el futu­ro de Amé­ri­ca del Sur depen­de de Bra­sil», ase­gu­ra. Sos­tie­ne que el prin­ci­pal desa­fío «será la supera­ción de las asi­me­trías entre los esta­dos de la región, pro­mo­vien­do el desa­rro­llo de los más atra­sa­dos para con­ver­tir la región en una gran área eco­nó­mi­ca, diná­mi­ca e innovadora».

Acep­ta que las mul­ti­na­cio­na­les bra­si­le­ñas (Petro­brás, Vale, Ode­brecht…) están «asu­mien­do una impor­tan­cia cada vez mayor en cada Esta­do vecino» y apues­ta a un enor­me esfuer­zo, sobre todo bra­si­le­ño, para evi­tar el estan­ca­mien­to ‑que con­si­de­ra inevi­ta­ble si que­dan libra­dos al mer­ca­do- de los peque­ños y poco pobla­dos paí­ses que rodean a Bra­sil. Pro­po­ne un Plan Marshall para «esti­mu­lar y finan­ciar la trans­for­ma­ción eco­nó­mi­ca de los paí­ses meno­res». Si esto no se hace, y sólo Bra­sil pue­de hacer­lo, la ines­ta­bi­li­dad vol­ve­rá a reinar.

Quien pro­po­ne un Plan Marshall nece­si­ta aco­tar la pre­sen­cia extra­con­ti­nen­tal en la región. La Amé­ri­ca del Sur con que sue­ña Bra­sil exclu­ye a Esta­dos Uni­dos. Washing­ton no tie­ne ya fue­lle eco­nó­mi­co para man­te­ner su hege­mo­nía en Suda­mé­ri­ca, que es impres­cin­di­ble para sos­te­ner su hege­mo­nía glo­bal. Ni siquie­ra pue­de garan­ti­zar que Colom­bia y Vene­zue­la resuel­van su con­flic­to en la OEA y debe acep­tar la inter­ven­ción de Una­sur. Sólo ati­na a emplear la fuer­za de las armas para retra­sar el pro­ce­so, polí­ti­ca que se con­vir­tió en el núcleo de su estra­te­gia para la región.

© La Jornada

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