El Esta­do de las Auto­no­mías de la Cons­ti­tu­ción ha toca­do fon­do- Juan Mari Zulai­ka

No nos enga­ñe­mos. No es la sen­ten­cia del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal con­tra el Esta­tut el rejón de muer­te de las auto­no­mías. Es la pro­pia Cons­ti­tu­ción la que las tie­ne con­de­na­das a un calle­jón sin sali­da. Aun­que habla con cal­cu­la­da ambi­güe­dad de «nacio­na­li­da­des y regio­nes» y de dere­chos his­tó­ri­cos de los Fue­ros, ins­tau­ra por enci­ma de todo la uni­dad nacio­nal, indi­so­lu­ble y sobe­ra­na. Como si la roji­gual­da, que no la roja, fue­ra la úni­ca que envuel­ve la penín­su­la. La repro­ba­ción de la fies­ta tau­ri­na es sólo un deta­lle. Hay otras muchas seña­les, ade­más de la len­gua y la volun­tad, que ava­lan la diver­si­dad de pue­blos: la acti­tud ante la monar­quía, la entra­da en la OTAN, etc.

La Repú­bli­ca otor­gó esta­tu­to a las dos auto­no­mías his­tó­ri­cas, Eus­ka­di y Cata­lun­ya. Con Gali­cia, las tres se mere­cen la cate­go­ría de «nacio­na­li­dad». No así la mayo­ría de las otras comu­ni­da­des que acep­tan de buen gra­do la espa­ño­la. Los padres de la Cons­ti­tu­ción cre­ye­ron que rega­lan­do esta­tu­tos a 19 comu­ni­da­des con­ten­drían las aspi­ra­cio­nes de las his­tó­ri­cas y por difu­mi­na­ción con­tra­rres­ta­rían aqué­llas. El «café para todos» en abso­lu­to ha satis­fe­cho a las pri­me­ras y sí ha des­per­ta­do un rabio­so espí­ri­tu de emu­la­ción, ini­cia­do en Valen­cia, que exi­ge para sus esta­tu­tos todas las mejo­ras que obten­gan aqué­llas. El resul­ta­do es un esta­do infla­cio­na­do de auto­no­mías has­ta la satu­ra­ción, cuyos cos­tes pue­den con su eco­no­mía en cri­sis.

Las dos auto­no­mías his­tó­ri­cas, tras 25 años de escar­ceos, han libra­do por fin sen­das bata­llas serias por cam­biar el signo de sus esta­tu­tos. Ambas han opta­do por vías muy dife­ren­tes. Y ambas han fra­ca­sa­do, pegán­do­se un bata­ca­zo his­tó­ri­co, a cual mayor.

La recien­te sen­ten­cia del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal ha gol­pea­do de for­ma trau­má­ti­ca el espi­na­zo del pue­blo cata­lán. A la vis­ta de las decla­ra­cio­nes de los líde­res y, sobre todo, de la mul­ti­tu­di­na­ria mani­fes­ta­ción, uno creía asis­tir al amo­ti­na­mien­to de un pue­blo. Con­si­de­ran into­ca­ble el Pró­lo­go de su Esta­tut, que recla­ma el tér­mino nación para Cata­lun­ya. Cata­lun­ya no acep­ta el Esta­tut sin alas. «Si nos cie­rran la puer­ta al fede­ra­lis­mo, abri­re­mos la del inde­pen­den­tis­mo». Uná­ni­me es el eslo­gan «Somos Nación. Que­re­mos deci­dir», igual que el plan Iba­rretxe. Ambos pro­ce­sos, de reco­rri­dos tan dis­tin­tos, al fin com­par­ten el lema.

A dife­ren­cia del plan Iba­rretxe, estran­gu­la­do en el Con­gre­so de Madrid, los cata­la­nes han com­ple­ta­do el ciclo pre­vis­to por la Cons­ti­tu­ción: apro­ba­do en el Par­la­ment por el 90 %, refren­da­do en refe­rén­dum popu­lar, apro­ba­do final­men­te por el Con­gre­so de Dipu­tados. Pero bas­tó el recur­so del PP para acti­var el cepo últi­mo, el Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal, órgano a todas luces pre­va­ri­ca­dor por su com­po­si­ción, incum­pli­mien­to de pla­zos y por arro­gar­se el poder de la repre­sen­ta­ción popu­lar. El Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal se ha cons­ti­tui­do en el sumi­de­ro de la demo­cra­cia del rei­no.

¿Dón­de están los Imaz que con­tra­po­nían el plan Iba­rretxe a la vía cata­la­na, repu­dian­do una por sedi­cio­sa y elo­gian­do la otra como exqui­si­ta­men­te demo­crá­ti­ca? El Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal ha pues­to en evi­den­cia la Cons­ti­tu­ción, que dejó bien ata­do el lega­do prin­ci­pal de Fran­co, la uni­dad de Espa­ña. Es don­de siguen tra­ba­das la tran­si­ción y la demo­cra­cia. Han hecho fal­ta 30 años para que algu­nos cons­ta­ten el calle­jón sin sali­da del Esta­do de las Auto­no­mías.

A pesar de sus decla­ra­cio­nes alti­so­nan­tes, no pode­mos fiar­nos mucho de algu­nos par­ti­dos, cata­la­nes o vas­cos. Las aguas inde­pen­den­tis­tas han gana­do volu­men en Cata­lun­ya, como ava­lan las esta­dís­ti­cas, y por pri­me­ra vez se mos­tra­ron más bra­vos que los vas­cos en el deba­te del Esta­do de la Nación: «No cuen­te con noso­tros, Sr. Pre­si­den­te». A los días, Mon­ti­lla vuel­ve a la obe­dien­cia socia­lis­ta y aban­do­na el Pró­lo­go que había jura­do defen­der. Se des­in­fla el amo­ti­na­mien­to. Por su par­te, CIU, con su abs­ten­ción de cara a futu­ros pre­su­pues­tos, aca­ba dan­do oxí­geno a Zapa­te­ro. Con todo, es voz común que Cata­lun­ya ha cam­bia­do.

Por crí­ti­co que se mani­fes­ta­ra el Sr. Erko­re­ka en el deba­te fren­te al pre­si­den­te, afeán­do­le su geo­me­tría-geo­gra­fía varia­ble, dejó un res­qui­cio para el amor impo­si­ble, al que Zapa­te­ro se aga­rró como a un cla­vo ardien­do. Segui­da­men­te, los jel­tza­les lan­za­ron el farol con los quin­ce pun­tos de las exi­gen­cias his­tó­ri­cas. A mi jui­cio, olvi­da­ron la más ele­men­tal, la de la dero­ga­ción de la Ley de Par­ti­dos, la que les apar­tó de Jaur­la­ritza y la que más daña al pue­blo vas­co de cara a las elec­cio­nes. Que ase­gu­ren por ahí enca­be­zar las ins­ti­tu­cio­nes fora­les y muni­ci­pa­les, que es lo que les preo­cu­pa.

En sep­tiem­bre me temo que reto­ma­rán la polí­ti­ca de la escu­di­lla, que es la vía más anti­gua y la más uti­li­za­da por unos y otros: men­di­gar la taja­da reven­di­da una y otra vez a cam­bio de lo que sea. Si fal­tan tan­tas trans­fe­ren­cias, ¿no será por­que en Madrid las guar­dan para ir sol­tán­do­las a cam­bio de los apo­yos pre­su­pues­ta­rios? ¿Cuán­tos años harán fal­ta, a la mar­cha que vamos? Para estos par­ti­dos de dere­cha, car­ne del sis­te­ma, todo tie­ne un pre­cio y no pare­ce impor­tar­les pasar por la cama reca­len­ta­da.

El Esta­do de las Auto­no­mías ha sido una paro­dia des­de el prin­ci­pio. Las auto­no­mías regio­na­les no tie­nen otro obje­ti­vo que las­trar el des­pe­gue de las his­tó­ri­cas y que éstas no con­si­gan que se les reco­noz­ca siquie­ra su nacio­na­li­dad. Y así será mien­tras no se enmien­de la Cons­ti­tu­ción y se abor­de la tran­si­ción de ver­dad. El con­flic­to se ha enco­na­do y ame­na­za a la esta­bi­li­dad polí­ti­ca del rei­no. ¿Por qué CIU, PNV y BNG no vuel­ven al espí­ri­tu de la Decla­ra­ción de Bar­ce­lo­na de 1998 y lle­van a la prác­ti­ca una estra­te­gia seria por su dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción?

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