La tran­si­ción vas­ca – Car­lo Fabret­ti

Los para­le­lis­mos, al igual que las metá­fo­ras, a menu­do ocul­tan más de lo que reve­lan o ‑lo que es peor- sugie­ren fal­sas equi­va­len­cias. Pero, al igual que las metá­fo­ras, los para­le­lis­mos bien enten­di­dos pue­den poner en evi­den­cia simi­li­tu­des y con­tras­tes que ayu­den a com­pren­der mejor ambos tér­mi­nos de la com­pa­ra­ción. Por otra par­te, y pues­to que las com­pa­ra­cio­nes son inevi­ta­bles (es pre­ci­sa­men­te su inevi­ta­bi­li­dad lo que con fre­cuen­cia las hace odio­sas), es mejor abor­dar­las abier­ta­men­te y con ple­na con­cien­cia de sus limi­ta­cio­nes y peli­gros. Sin esta adver­ten­cia pre­li­mi­nar, el mero hecho de invo­car como refe­ren­te el gigan­tes­co frau­de de la “tran­si­ción demo­crá­ti­ca” podría pare­cer un insul­to al pue­blo vas­co y a su lucha por la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo.

Como todos saben pero pocos dicen, tras la muer­te de Fran­co una bue­na par­te de la izquier­da (PCE) pac­tó con la social­de­mo­cra­cia (PSOE) y con la dere­cha “civi­li­za­da” una ope­ra­ción de maqui­lla­je y pues­ta al día que per­mi­tie­ra cam­biar algu­nas cosas en la super­fi­cie para que nada cam­bia­ra en lo sus­tan­cial, es decir, para que el poder siguie­ra en las mis­mas manos (y unas pocas más). Fran­co lo dejó todo ata­do y bien ata­do, y el Pac­to de la Mon­cloa se limi­tó a aflo­jar algu­nos nudos para que la pre­sión social no rom­pie­ra las cuer­das. Duran­te tres déca­das, la fór­mu­la ha dado bue­nos resul­ta­dos (para los explo­ta­do­res, se entien­de), y es com­pren­si­ble que inten­ten seguir apli­cán­do­la a pesar de su des­gas­te, e inclu­so que pre­ten­dan uti­li­zar­la para blo­quear otros pro­ce­sos poten­cial­men­te trans­for­ma­do­res.

Si el recien­te pro­yec­to de pac­to entre for­ma­cio­nes inde­pen­den­tis­tas vas­cas (ini­cia­do con el docu­men­to “Bases de un acuer­do estra­té­gi­co entre fuer­zas polí­ti­cas inde­pen­den­tis­tas” sus­cri­to en Bil­bo el pasa­do 20 de junio por Eus­ko Alkar­ta­su­na y la izquier­da aber­tza­le) lo estu­vie­ran impul­san­do Ara­lar, EA y el PNV, el para­le­lis­mo con la fór­mu­la de la “tran­si­ción” (izquier­da con­ci­lia­do­ra + social­de­mo­cra­cia + dere­cha civi­li­za­da) sería casi per­fec­to, y habría que temer­se lo peor (pues en estos momen­tos no hay nada peor que el con­ti­nuis­mo). Pero la pre­sen­cia de la izquier­da aber­tza­le, así como la momen­tá­nea ausen­cia del PNV, hace que la situa­ción sea radi­cal­men­te dis­tin­ta. Por­que la izquier­da aber­tza­le ‑y ese es su mayor méri­to- se ha desa­rro­lla­do en con­ti­nua y estre­cha rela­ción con las orga­ni­za­cio­nes de base y los movi­mien­tos socia­les, con las luchas de los tra­ba­ja­do­res y las muje­res, con las pro­pues­tas de artis­tas e inte­lec­tua­les, con los pro­ce­sos trans­for­ma­do­res de otros pue­blos… Al igual que la revo­lu­ción cuba­na, la lucha por la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo en Eus­kal Herria supo­ne una refu­ta­ción real ‑y no mera­men­te retó­ri­ca- de la bar­ba­rie capi­ta­lis­ta y de su estra­te­gia “glo­ba­li­za­do­ra”; no es casual que ambos pro­ce­sos ten­gan la mis­ma edad y sean obje­to de la mis­ma per­se­cu­ción por par­te de los mis­mos cri­mi­na­les, los enemi­gos de los pue­blos del mun­do, y tam­po­co es casual que sean los gran­des refe­ren­tes de la ver­da­de­ra izquier­da.

La izquier­da aber­tza­le no lo ten­drá nada fácil en su nego­cia­ción con EA y Ara­lar, y aún más difí­ci­les se le pon­drán las cosas cuan­do, de una for­ma u otra, el PNV se suba a un carro al que no tie­ne más reme­dio que subir­se si no quie­re per­der el tren de la his­to­ria; pero más difí­cil ‑por no decir impo­si­ble- lo ten­drán sus socios coyun­tu­ra­les si pre­ten­den repe­tir la juga­da de la seu­do­tran­si­ción espa­ño­la y neu­tra­li­zar, median­te el chan­ta­je o el soborno, a una izquier­da autén­ti­ca que dia­ria­men­te se ali­men­ta de las men­tes más lúci­das y los cora­zo­nes más gene­ro­sos de un pue­blo que lucha por su inde­pen­den­cia.

Hace poco le pre­gun­té a un miem­bro de Bata­su­na has­ta dón­de esta­ban dis­pues­tos a ceder. En reali­dad era una pre­gun­ta retó­ri­ca, y me dio la úni­ca res­pues­ta que se pue­de dar des­de la ver­da­de­ra izquier­da, es decir, des­de el anti­dog­ma­tis­mo y la dia­léc­ti­ca: “Cede­re­mos en la medi­da en que las cir­cuns­tan­cias nos indi­quen que pode­mos ceder sin renun­ciar a nues­tros obje­ti­vos”. Todo un pro­gra­ma polí­ti­co. El úni­co desea­ble, el úni­co posi­ble.

Car­lo Fra­bet­ti

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