No es la eco­no­mía, es el mar­co vigen­te – Rafa izquierdo

La sema­na pasa­da el con­se­je­ro de Eco­no­mía y Hacien­da del Gobierno nava­rro, Álva­ro Miran­da, pre­sen­tó en el seno del Con­se­jo Eco­nó­mi­co y Social una pri­me­ra apro­xi­ma­ción a la ela­bo­ra­ción de los Pre­su­pues­tos Gene­ra­les de Nava­rra para 2011 y anun­ció nue­vos recor­tes pre­su­pues­ta­rios como con­se­cuen­cia del obje­ti­vo de esta­bi­li­dad apro­ba­do por el Gobierno cen­tral, que fijó el défi­cit máxi­mo de las comu­ni­da­des autó­no­mas en el 1,3% de su PIB regional

Dicho obje­ti­vo, que pre­via­men­te había sido acor­da­do en el Con­se­jo de Polí­ti­ca Fis­cal y Finan­cie­ra (CPFF), ha sido ple­na­men­te asu­mi­do por el Eje­cu­ti­vo que pre­si­de Miguel Sanz.

Con­vie­ne acla­rar que el CPFF es el órgano de coor­di­na­ción de la polí­ti­ca pre­su­pues­ta­ria del Esta­do y las comu­ni­da­des autó­no­mas, y entre sus fun­cio­nes está ase­gu­rar el cum­pli­mien­to de los obje­ti­vos de esta­bi­li­dad fija­dos para las dis­tin­tas admi­nis­tra­cio­nes públi­cas. Pero la Comu­ni­dad Foral de Nava­rra, en vir­tud de su régi­men foral y el Con­ve­nio Eco­nó­mi­co, tie­ne la facul­tad de acor­dar sus com­pro­mi­sos en mate­ria de esta­bi­li­dad pre­su­pues­ta­ria de for­ma bila­te­ral con la Admi­nis­tra­ción del Estado.

En la reu­nión del CES nava­rro que­da­ron paten­tes las crí­ti­cas sin­di­ca­les por la reduc­ción pre­su­pues­ta­ria anun­cia­da, ya que sin duda ten­drá un efec­to nega­ti­vo en el gas­to social y ade­más con­tri­bui­rá a fre­nar la toda­vía len­ta recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca. Estos dos argu­men­tos son de sufi­cien­te peso como para recla­mar el aban­dono de las polí­ti­cas de dis­ci­pli­na fis­cal. No obs­tan­te, en nues­tro turno de inter­ven­ción insis­ti­mos tam­bién en otra serie de con­si­de­ra­cio­nes eco­nó­mi­cas que a jui­cio de LAB des­ca­li­fi­can la rigu­ro­si­dad con la que estas polí­ti­cas están sien­do apli­ca­das en Nafarroa:

Nues­tro nivel de endeu­da­mien­to rela­ti­vo (en pro­por­ción al PIB) está por deba­jo de la media autonómica.

En el pri­mer tri­mes­tre de 2010 la eco­no­mía nava­rra acu­mu­ló su ter­cer cre­ci­mien­to tri­mes­tral con­se­cu­ti­vo, mien­tras que en el Esta­do se regis­tró el pri­me­ro des­de el ini­cio de la cri­sis. Evi­den­te­men­te toda­vía per­sis­ten los ries­gos pro­pios de un entorno gene­ral de ines­ta­bi­li­dad, pero en todo caso el endeu­da­mien­to del Gobierno nava­rro repre­sen­ta un mal menor, sobre todo a la vis­ta de la recu­pe­ra­ción ini­cia­da por la recau­da­ción fis­cal de la Hacien­da foral.

Y por últi­mo, está el dife­ren­cial en tasa de paro, que en el Esta­do espa­ñol supera el 20% mien­tras que en Nafa­rroa ron­da el 11%. El ele­va­do nivel de des­em­pleo alcan­za­do en el Esta­do espa­ñol, que vuel­ve a enca­be­zar el ran­king de la UE, se ha con­ver­ti­do en un fac­tor de estan­ca­mien­to y obs­tácu­lo aña­di­do para salir de la cri­sis; esto no suce­de en Nafarroa.

Por todas estas razo­nes con­si­de­ra­mos que en Nafa­rroa exis­te mar­gen sufi­cien­te para recu­rrir a un mayor nivel de endeu­da­mien­to y no sacri­fi­car el gas­to social; todo ello sin poner siquie­ra en peli­gro lo que des­de tesis neo­li­be­ra­les se defi­ne como «bases sóli­das» para ini­ciar un nue­vo ciclo expansivo.

La res­pues­ta del con­se­je­ro de Eco­no­mía y Hacien­da fue cla­ra y con­tun­den­te: Nava­rra tie­ne la mis­ma capa­ci­dad de endeu­da­mien­to que el res­to de comu­ni­da­des autó­no­mas, con la ven­ta­ja (sic) de que dis­po­ne de un meca­nis­mo bila­te­ral para acor­dar con el Esta­do el obje­ti­vo de estabilidad.

Para disi­par cual­quier géne­ro de duda al res­pec­to bas­ta con repa­sar la Ley Orgá­ni­ca 5/​2001, com­ple­men­ta­ria a la Ley Gene­ral de Esta­bi­li­dad Pre­su­pues­ta­ria. Esta ley es de apli­ca­ción en todas las comu­ni­da­des autó­no­mas, como se encar­ga de sub­ra­yar el legis­la­dor en la pro­pia expo­si­ción de moti­vos, y en su artícu­lo 9 se esta­ble­ce que la auto­ri­za­ción del Esta­do a las CC.AA. para rea­li­zar ope­ra­cio­nes de cré­di­to y emi­sión de deu­da ten­drá en cuen­ta el cum­pli­mien­to de los obje­ti­vos de esta­bi­li­dad presupuestaria.

En este pun­to se remi­te tam­bién al artícu­lo 14.3 de la Ley Orgá­ni­ca 8/​1980, de Finan­cia­ción de las Comu­ni­da­des Autó­no­mas, don­de ya se reco­gía de for­ma meri­dia­na­men­te cla­ra que las CC.AA. pre­ci­san de la auto­ri­za­ción del Esta­do para emi­tir deu­da o ape­lar a cual­quier otra fór­mu­la de cré­di­to públi­co. Y es aquí don­de se invo­can ade­más dis­tin­tos artícu­los de la Cons­ti­tu­ción que asig­nan al Esta­do la res­pon­sa­bi­li­dad de adop­tar aque­llas medi­das de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca gene­ral diri­gi­das a con­se­guir la esta­bi­li­dad pre­su­pues­ta­ria y el «desa­rro­llo armó­ni­co entre las diver­sas par­tes del terri­to­rio español».

Por tan­to, pedir a los gobier­nos auto­nó­mi­cos de Sanz y López que emi­tan deu­da por enci­ma del lími­te fija­do por el Esta­do no supo­ne exi­gir­les un acto de auto­go­bierno, sino de des­obe­dien­cia e insu­mi­sión. En defi­ni­ti­va, un brin­dis al sol. Por­que no se tra­ta de la eco­no­mía, ¡es el mar­co jurí­di­co-polí­ti­co vigente!

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