Líbano: Arbol de gue­rra – Robert Fisk

¿Pue­de un árbol comen­zar una gue­rra en el Medio Orien­te? Casi lo logró hace unos días. Que una pre­gun­ta así pue­da ser for­mu­la­da es sím­bo­lo del esta­do incen­dia­rio de la región, de la des­con­fian­za mutua entre ára­bes e israe­líes y de la peli­gro­sa fron­te­ra del sur del Líbano, que –como es habi­tual– se empa­pó ayer de san­gre. La loca­li­dad lla­ma­da Addai­seh se tiñó con la san­gre de tres sol­da­dos liba­ne­ses, un tenien­te coro­nel israe­lí y un perio­dis­ta libanés.

Des­pués de los bom­bar­deos de los tan­ques, de los ata­ques con misi­les del heli­cóp­te­ro israe­lí, de las gra­na­das, la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das (ONU) lla­mó a ambas par­tes a “ejer­ci­tar la mode­ra­ción”. Así la bata­lla se apa­gó ante los fríos ojos de un bata­llón espa­ñol y de unos pocos sol­da­dos de Malasia.

Pero esto suce­dió des­pués de una cum­bre ára­be tri­par­ti­ta, de mis­te­rio­sos ata­ques de misi­les en las fron­te­ras de Jor­da­nia, Israel y Egip­to ocu­rri­dos dos días atrás, de que el Hez­bo­lá denun­cia­ra que la inves­ti­ga­ción de la ONU sobre el ase­si­na­to del ex pri­mer minis­tro Rafiq Hari­ri era un “pro­yec­to israe­lí” y de que el lunes des­cu­brie­ran a otro pre­sun­to espía israe­lí en las tele­co­mu­ni­ca­cio­nes libanesas.

Pero, de vuel­ta al árbol. Era una cosa mise­ra­ble, míni­ma, pro­ba­ble­men­te un abe­to. Des­pués de una ola de calor de 46 gra­dos en el Líbano, sus hojas blo­quea­ron las cáma­ras de segu­ri­dad israe­líes en la fron­te­ra con el Líbano, cer­ca de Addai­seh. Los israe­líes deci­die­ron usar una grúa para arran­car­lo. Pero hubo un pro­ble­ma: nadie sabe exac­ta­men­te dón­de que­da la fron­te­ra entre Israel y el Líbano.

En 2000, la ONU dibu­jó una “Línea Azul” entre lo que por esos días era el lími­te entre el man­da­to fran­cés del Líbano y el man­da­to bri­tá­ni­co de Pales­ti­na. Atrás de la divi­so­ria, des­de el pun­to de vis­ta liba­nés, se levan­ta la “valla téc­ni­ca” israe­lí, una masa de las alam­bres de púa, cables elec­tri­fi­ca­dos y calles are­no­sas (para detec­tar hue­llas). Enton­ces, cuan­do los liba­ne­ses vie­ron ayer a la maña­na cómo los israe­líes manio­bra­ban con una grúa por sobre el cer­co empe­za­ron a gri­tar­les que se retiraran.

En el momen­to en que el bra­zo de la grúa cru­zó el “cer­co téc­ni­co” –y aquí uno debe expli­car que la “Línea Azul” no nece­sa­ria­men­te coin­ci­de con el “cer­co” – , los sol­da­dos liba­ne­ses abrie­ron fue­go y dis­pa­ra­ron al aire. Los israe­líes, de acuer­do con los liba­ne­ses, no dis­pa­ra­ron al aire. Dis­pa­ra­ron hacia los sol­da­dos libaneses.

Para el ejér­ci­to liba­nés vér­se­las con los israe­líes, y sus 264 misi­les nuclea­res, era una orden arries­ga­da. Pero para los israe­líes arre­glár­se­las con las tro­pas de uno de los paí­ses más peque­ños del mun­do era segu­ra­men­te absur­do. No lo hacía más absur­do que dos días antes, en el Día del Ejér­ci­to, el pre­si­den­te del Líbano, Michel Sulei­man, hubie­se orde­na­do en Bei­rut a sus sol­da­dos que defen­die­ran la frontera.

Para ese momen­to, el corres­pon­sal del dia­rio local Al-Akh­bar, Assaf Abu Rahal, lle­gó a Addai­seh para cubrir la his­to­ria. Un poco más tar­de, un heli­cóp­te­ro hebreo –apa­ren­te­men­te dis­pa­ran­do des­de el lado israe­lí de la fron­te­ra (pero eso toda­vía debe ser con­fir­ma­do)– lan­zó un cohe­te a un vehícu­lo blin­da­do, matan­do a tres sol­da­dos y a un periodista.

Las tro­pas liba­ne­sas, obe­de­cien­do órde­nes de Bei­rut, res­pon­die­ron al fue­go y mata­ron a un tenien­te coro­nel israe­lí. Hez­bo­lá, la mili­cia chií­ta sub­ven­cio­na­da por Irán y que no par­ti­ci­pó en la bata­lla, anun­ció la muer­te del mili­tar cin­co horas antes de que Israel la con­fir­ma­ra. La infor­ma­ción de los mili­cia­nos, apa­ren­te­men­te, pro­vino de un sol­da­do israe­lí que usó un telé­fono móvil. Era la prin­ci­pal noti­cia en Al-Manar, la esta­ción tele­vi­si­va del Hezbolá.

Duran­te toda la tar­de, los israe­líes y los liba­ne­ses se acu­sa­ron unos a otros de ser los agre­so­res. Israel afir­mó que todo el asun­to fue un malen­ten­di­do. Saad Hari­ri, el pri­mer minis­tro liba­nés y el hijo de Rafiq, lla­mó por telé­fono al pre­si­den­te egip­cio. Esta­ba jus­to denun­cian­do ante Hos­ni Muba­rak “las vio­la­cio­nes israe­líes a la sobe­ra­nía liba­ne­sa” cuan­do Israel anun­ció que lle­va­ría la cues­tión al Con­se­jo de Segu­ri­dad de la ONU. “Israel ve al gobierno liba­nés como res­pon­sa­ble de este serio inci­den­te y advier­te que estos hechos pue­den con­ti­nuar”, dijo un voce­ro. ¿Todo por un árbol? Cla­ro, los israe­líes quie­ren tener un archi­vo de “inci­den­tes” antes de la pró­xi­ma gue­rra con Hez­bo­lá, en la que han pro­me­ti­do derri­bar la infra­es­truc­tu­ra liba­ne­sa por sex­ta vez en 32 años, sobre la base de que el Hez­bo­lá está aho­ra repre­sen­ta­do (sí, lo está) en el gabi­ne­te libanés.

Y todo esto mien­tras el pre­si­den­te ira­ní, Mah­mud Ahma­di­ne­jad –uno de los pro­mo­to­res del Hez­bo­lá– pide con­ver­sa­cio­nes cara a cara con el pre­si­den­te Barack Oba­ma por el pro­gra­ma nuclear ira­ní. Todo esto ocu­rre jus­to cuan­do el Gru­po de Cri­sis Inter­na­cio­nal ha sali­do con un nue­vo infor­me que advier­te que la pró­xi­ma gue­rra entre Israel y el Líbano será más vio­len­ta que nunca.

Los israe­líes usa­ron tan­ques y heli­cóp­te­ros ayer; los liba­ne­ses emplea­ron obu­ses de mor­te­ros en la direc­ción opues­ta. Por un rato, el sis­te­ma de tele­fo­nía móvil liba­nés estu­vo por colap­sar. No lo hizo por Milad Ein, el supues­to espía que tra­ba­ja­ba en Oge­ro, la com­pa­ñía que admi­nis­tra las comu­ni­ca­cio­nes en Bei­rut. Sí colap­sa­ron las líneas por­que todos que­rían saber si esta­ba por comen­zar otra gue­rra. Todo por un árbol.

The Inde­pen­dent /​Página/​12

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