¿Liber­tad de expre­sión…? – Fer­nín Congeta

La emo­ción del reci­bi­mien­to a una pre­sa polí­ti­ca vas­ca, un acto tan pací­fi­co y habi­tual en Eus­kal Herria, se ve trun­ca­da por la inter­ven­ción vio­len­ta de ertzai­nas enca­pu­cha­dos. Ésa y otras expe­rien­cias vivi­das por el autor del artícu­lo ori­gi­nan esta refle­xión sobre la liber­tad de expre­sión. Asi­mis­mo, advier­te de que el poder, para domi­nar, ade­más de la vio­len­cia, nece­si­ta jus­ti­fi­car su pro­ce­der, y la jus­ti­fi­ca­ción más habi­tual es la de que el poder actúa así por el bien del dominado.

No éra­mos muchos. Aun­que en reali­dad no se tra­ta­ra de una mul­ti­tud, está­ba­mos más de qui­nien­tos. Y para el peque­ño pue­blo, den­tro de nues­tra Eus­kal Herria, era como si se tra­ta­ra de una muche­dum­bre, una marea huma­na. Está­ba­mos todos.

Yo me encon­tra­ba jun­to a su madre. «No me suel­tes», me había dicho. Y mi mano se afe­rra­ba a su bra­zo. Era un pri­vi­le­gio vivir­lo y sen­tir has­ta las pal­pi­ta­cio­nes de su corazón.

A ella, a su hija, la acer­ca­ron en coche. Apa­re­ció radian­te, con expre­sión de ple­na feli­ci­dad, y sobre todo de la gran­de­za que supo­nía vol­ver a encon­trar­se entre los suyos, y que todos, sin excep­ción, hubié­ra­mos ido a reci­bir­la. ¿Su nom­bre? Pre­sa polí­ti­ca vasca.

Gri­ta­mos exal­ta­dos. La acla­ma­mos y aplau­di­mos. Era nues­tro ges­to del reco­no­ci­mien­to de su vida entre­ga­da a la lucha por la libertad.

De mane­ra súbi­ta, aun­que no por eso menos espe­ra­da, apa­re­cie­ron ellos, los otros. Tres fur­go­ne­tas reple­tas de gen­te enca­pu­cha­da. Lle­va­ban la cara tapa­da. Me recor­da­ron al Ku Klux Klan. El de Eus­kal Herria.

Nos dis­per­sa­ron a gol­pes de porra, y se lle­va­ron dete­ni­dos a más de ocho. Para el pue­blo, sabía­mos que empe­za­ba un nue­vo tor­men­to. Nos lla­ma­ron terro­ris­tas. Noso­tros no hacía­mos sino expre­sar nues­tra ale­gría por encon­trar a una ami­ga que de nue­vo vol­vía a casa. Nin­guno había gri­ta­do a favor de ETA, ni de la lucha arma­da, ni con­tra la Poli­cía. Pero ellos nos lla­ma­ron terroristas.

-¡Ni liber­tad de expre­sión ni mier­das! ‑gri­tó uno de los enca­pu­cha­dos, posi­ble­men­te sin saber a qué se refería.

Yo sé por las pelí­cu­las que anti­gua­men­te se enca­pu­cha­ban los ver­du­gos. Con toda pro­ba­bi­li­dad, éstos tam­bién eran de su gre­mio. Un ofi­cio muy anti­guo en la humanidad.

A mí, lue­go, me vino a la memo­ria algo que había leí­do de Noam Chomsky, el nor­te­ame­ri­cano: «En USA, lo mis­mo que en Euro­pa, la liber­tad de expre­sión está defi­ni­da de mane­ra muy res­trin­gi­da… En mi opi­nión la cues­tión esen­cial es ¿tie­ne el Esta­do dere­chos a deter­mi­nar lo que cons­ti­tu­ye una ver­dad his­tó­ri­ca y cas­ti­gar a quien se des­vía? El prin­ci­pio de la liber­tad de expre­sión es algo dema­sia­do ele­men­tal: o se defien­de en los casos de opi­nio­nes que se detes­tan o no se la defien­de en absoluto».

En Eus­kal Herria las cosas se suce­den con rapi­dez. Pocos días des­pués fue lo de la huel­ga gene­ral, la del 29 de junio. Hubo pique­tes de infor­ma­ción. ¡Cla­ro que los pique­tes pue­den vio­len­tar algo a los pusi­lá­ni­mes, para que cie­rren sus nego­cios, aun­que estén tam­bién en cri­sis! Para eso actúan, para defen­der­se, dete­nien­do su acti­vi­dad eco­nó­mi­ca. Pero ¿tam­bién eso es terro­ris­mo? Sí. Tam­bién eso está prohi­bi­do a los ciu­da­da­nos. Úni­ca­men­te quie­nes están en el poder se atri­bu­yen el dere­cho de parar la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca y enviar­nos al paro, hacien­do pasar ham­bre a miles, a millo­nes de personas.

Tras la mani­fes­ta­ción de los sin­di­ca­tos aber­tza­les, vol­ví a encon­trar­me con ellos, los de la cara tapa­da. Esta­ban en los alre­de­do­res del camino por don­de había trans­cu­rri­do la mani­fes­ta­ción. Fui a tomar del sue­lo uno de los pape­les de color naran­ja que se habían echa­do por la calle. Que­ría leer lo que ponía. Se me acer­có uno de los de la cara cubier­ta, que lle­va­ba porra y pistola.

-A voso­tros os ponía yo a lim­piar las calles, ¡cer­dos!

No hizo más comen­ta­rio. Los demás se que­da­ron al lado de las fur­go­ne­tas. Sin mover­se. Lue­go supe que tam­bién por esta mani­fes­ta­ción de los tra­ba­ja­do­res detu­vie­ron a algu­nos. Y que tam­bién les lla­ma­ron terroristas.

Tal vez los más alle­ga­dos, com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo o de sin­di­ca­to, sepan qué ha sido de ellos. Los demás des­co­no­ce­mos su para­de­ro. Inten­tar ente­rar­se y saber dón­de están o qué ha sido de ellos pue­de ser toma­do tam­bién como acto de terrorismo.

Yes que ¡qué pocas cosas han cam­bia­do en Eus­kal Herria en estos sesen­ta y ocho años de los que direc­ta­men­te pue­do dar fe! Los dia­rios, los perió­di­cos, no han hecho nin­gún comen­ta­rio. Es la ley del silen­cio, omer­tá del poder.

Expre­sión es reci­bir a un pre­so polí­ti­co en el pue­blo. Expre­sión es mani­fes­tar públi­ca­men­te el des­acuer­do con la polí­ti­ca ultra­li­be­ral del gobierno. Expre­sión es lan­zar en un dia­rio las opi­nio­nes de un gru­po de opo­si­to­res a la acción del gobierno y a su nefas­ta ideo­lo­gía. Eso es expre­sión. Y liber­tad de expre­sión es mani­fes­tar­se sin mie­do, sin temor, como algo tan natu­ral como el ejer­ci­cio de la ciudadanía.

Al poder polí­ti­co y eco­nó­mi­co no le bas­ta la vio­len­cia para domi­nar. Nece­si­tan de pis­to­las, de porras, de jue­ces, pri­sio­nes, car­ce­le­ros y poli­cías. Es el gre­mio al com­ple­to. Pero ade­más de todo eso, el poder nece­si­ta, cada vez más, jus­ti­fi­car sus accio­nes dán­do­les aspec­to de racio­na­li­dad, de huma­ni­dad y civis­mo. Y la jus­ti­fi­ca­ción más exten­di­da es la de que el domi­nio-opre­sión lo ejer­ce el poder por el bien del domi­na­do, del aplas­ta­do. Toda una ironía.

El sába­do 10 de julio hubo en Donos­tia una mani­fes­ta­ción glo­rio­sa por el inde­pen­den­tis­mo y afir­ma­ción de la uni­dad de algu­nas fuer­zas aber­tza­les. Úni­ca­men­te un dia­rio, la nom­bró con glo­ria y gallar­día: «Demos­tra­ción de fuer­za mili­tan­te del inde­pen­den­tis­mo». El res­to de los diarios…

Ellos saben que la mejor mane­ra de que no exis­ta la reali­dad es ter­gi­ver­sar­la, mini­mi­zar­la o silen­ciar­la. Es lo que hicieron.

Cla­ro que lue­go, cuan­do se acu­sa a algu­nos perio­dis­tas de man­te­ner­se siem­pre del lado del poder, mani­fies­tan: «nadie me pre­sio­na; yo escri­bo lo que quie­ro». Y es cier­to. Con un peque­ño matiz, y es que, si toma­ran posi­cio­nes con­tra­rias a las nor­mas domi­nan­tes de la direc­ción, con toda pro­ba­bi­li­dad, per­de­rían sus empleos. Como anun­ció Sha­kes­pea­re, las malas noti­cias son fata­les para quien las anun­cia. Ya que «nadie ama al men­sa­je­ro por­ta­voz de malas noti­cias» (Antí­go­na).

El Gobierno espa­ñol en su lucha con­tra la ver­dad de los pue­blos uti­li­za la fór­mu­la de des­truir sus men­sa­je­ros, como «Egin», Egin Irra­tia, «Ardi Bel­tza», «Egun­ka­ria»… o de silen­ciar­los. Son capa­ces de hacer­lo, y lo hacen. El poder se ale­ja de la ver­dad. Los repre­sa­lia­dos, el paro de la eco­no­mía, la exi­gen­cia del dere­cho a la inde­pen­den­cia, todo debe ser borra­do, ani­qui­la­do, des­trui­do, nega­da su exis­ten­cia. Por eso, toda expre­sión con­tra el poder esta­ble­ci­do tie­ne más car­ga de ver­dad fren­te al abu­so de poder y el défi­cit demo­crá­ti­co. (Noam Chomsky).

Fuen­te: Gara

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