Bar­cos de gue­rra esta­dou­ni­den­ses y sub­ma­ri­nos nuclea­res israe­líes en el Gol­fo Pér­si­co- Man­lio Dinucc0i

El paso de una flo­ta esta­dou­ni­den­se-israe­li por el Canal de Suez debe inter­pre­tar­se menos como una señal con­tra Irán que como una ame­na­za direc­ta con­tra Pakis­tán. Aun­que se pro­du­ce des­pués de la adop­ción de nue­vas san­cio­nes con­tra Irán en el Con­se­jo de Segu­ri­dad de la ONU, se tra­ta ante todo de una res­pues­ta a la fir­ma por Tehe­rán e Isla­ma­bad de un acuer­do para la cons­truc­ción de un gaso­duc­to.

“Des­plie­ga Israel sub­ma­ri­nos arma­dos de misi­les nuclea­res fren­te a las cos­ta ira­níes”. Ese fue el titu­lar del dia­rio israe­lí Haa­retz el 22 de junio, al repor­tar sobre un tra­ba­jo inves­ti­ga­ti­vo del coti­diano bri­tá­ni­co Sun­day Times.

Según las decla­ra­cio­nes de un ofi­cial israe­lí, uno de los 4 sub­ma­ri­nos Dolphin, pro­por­cio­na­dos [a Israel] por Ale­ma­nia, se encuen­tra ya en el Gol­fo Pér­si­co y sus misi­les cru­ce­ro (con un alcan­ce de 1 500 kiló­me­tros) por­ta­do­res de oji­vas nuclea­res le per­mi­ten alcan­zar cual­quier blan­co en Irán.

Duran­te el fin de sema­na una impo­nen­te escua­dra naval, que cuen­ta más de 12 navíos de gue­rra esta­dou­ni­den­ses y por lo menos una uni­dad lan­za­mi­si­les israe­lí, cru­zó el Canal de Suez, tam­bién en direc­ción al Gol­fo Pér­si­co, con vis­tas a refor­zar la pre­sión mili­tar sobre Irán. La úni­ca razón no es sin embar­go, como se ha dicho has­ta aho­ra, impe­dir que Tehe­rán logre dotar­se algún día de armas nuclea­res.

Exis­te otra razón más urgen­te aún. A prin­ci­pios de la sema­na pasa­da, Tehe­rán fir­mó con Isla­ma­bad el acuer­do, por 7 000 millo­nes de dóla­res, para la cons­truc­ción de un gaso­duc­to entre Irán y Pakis­tán.
Se tra­ta de un pro­yec­to que data de hace 17 años, pero que estu­vo has­ta aho­ra blo­quea­do por Esta­dos Uni­dos, a pesar de lo cual Irán ya tie­ne cons­trui­dos 900 de los 1 500 kiló­me­tros del gaso­duc­to –des­de el yaci­mien­to de South Pars has­ta la fron­te­ra con Pakis­tán, que cons­trui­rá los 700 kiló­me­tros res­tan­tes.

Se tra­ta enton­ces de un corre­dor ener­gé­ti­co que, a par­tir de 2014, lle­va­rá dia­ria­men­te a Pakis­tán, des­de Irán, 22 millo­nes de metros cúbi­cos de gas. El pro­yec­to ini­cial incluía una rama que lle­ga­ría has­ta la India, pero Nue­va Delhi se reti­ró del pro­yec­to por temor a que Pakis­tán blo­quea­ra el apro­vi­sio­na­mien­to.

Pero Chi­na sí está dis­pues­ta a impor­tar gas ira­ní. La Chi­na Petro­leum Cor­po­ra­tion fir­mó con Irán un acuer­do por 5 000 millo­nes de dóla­res para el desa­rro­llo del yaci­mien­to de South Pars, reem­pla­zan­do así a la com­pa­ñía fran­ce­sa Total, a la que Tehe­rán no le reno­vó el con­tra­to (mien­tras que la ita­lia­na ENI [Ente Nazio­na­le Idro­car­bu­ri. NdT.] sigue ope­ran­do en los yaci­mien­tos de South Pars y de Dar­quain). Para Irán se tra­ta por lo tan­to de un pro­yec­to de gran impor­tan­cia estra­té­gi­ca.

Des­pués de Rusia, Irán posee las mayo­res reser­vas de gas natu­ral, que per­ma­ne­cen esen­cial­men­te sin explo­tar. A tra­vés del corre­dor ener­gé­ti­co hacia el este, Irán pue­de desa­fiar las san­cio­nes adop­ta­das por ins­ti­ga­ción de Esta­dos Uni­dos. Pero exis­te un pun­to débil: su prin­ci­pal yaci­mien­to, el de South Pars, es marí­ti­mo, situa­do en el Gol­fo Pér­si­co, y está por lo tan­to expues­to a los peli­gros de un blo­queo naval, que Esta­dos Uni­dos pue­de ejer­cer basán­do­se en las san­cio­nes adop­ta­das en el Con­se­jo de Segu­ri­dad.

El des­con­ten­to de Washing­ton se hace paten­te ante el hecho que Pakis­tán, su alia­do, haya fir­ma­do el acuer­do con Irán poco días des­pués de la adop­ción de las san­cio­nes en el Con­se­jo de Segu­ri­dad. De ahí el movi­mien­to mili­tar, que cuen­ta con el con­sen­ti­mien­to de los alia­dos euro­peos, y en par­ti­cu­lar de Fran­cia.

El por­ta­vio­nes Tru­man, a la cabe­za del gru­po naval que se diri­ge al Gol­fo Pér­si­co, hizo pri­me­ra­men­te esca­la en Mar­se­lla, efec­tuan­do en el Medi­te­rrá­neo, entre el 4 y el 7 de junio y con los 80 avio­nes de ata­que que lle­va a bor­do, una manio­bra de inter­ope­ra­bi­li­dad con los avio­nes del por­ta­vio­nes fran­cés Char­les de Gau­lle. Hallán­do­se en camino hacia Suez, el Tru­man reci­bió ade­más la visi­ta, el 14 de junio, del minis­tro de Defen­sa ale­mán, acom­pa­ña­do del jefe del Esta­do Mayor de la Mari­na de Gue­rra.

El momen­to más emo­cio­nan­te tuvo lugar el 13 junio cuan­do un sacer­do­te cató­li­co fran­cés y un rabino judío ofi­cia­ron jun­tos, en la capi­lla del por­ta­vio­nes esta­dou­ni­den­se Tru­man, una cere­mo­nia reli­gio­sa que per­mi­tió «a las dos nacio­nes alia­das unir­se en el plan espi­ri­tual».

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