Face­book supri­me la cuen­ta de Ote­gi, que tenía 4.600 ami­gos- Gara

Sin dar nin­gún tipo de expli­ca­ción, los res­pon­sa­bles de Face­book han supri­mi­do la cuen­ta de Arnal­do Ote­gi, que con­ta­ba con unos 4.600 ami­gos o segui­do­res. Los encar­ga­dos de ges­tio­nar el per­fil del diri­gen­te inde­pen­den­tis­ta, que está encar­ce­la­do en Logro­ño, ya han abier­to una pági­na nue­va, en la que se están reci­bien­do nume­ro­sos men­sa­jes de áni­mo.

Arnal­do Ote­gi tenía unos 4.600 ami­gos o segui­do­res en su pági­na, «y eso les due­le». Así lo seña­la­ron los res­pon­sa­bles de ges­tio­nar el per­fil del diri­gen­te de la izquier­da aber­tza­le cuan­do, ayer por la maña­na, infor­ma­ron de que había sido supri­mi­do su cuen­ta de Face­book. A su jui­cio, se tra­ta de un caso evi­den­te de «cen­su­ra».

GARA inten­tó poner­se en con­tac­to con esta empre­sa para cono­cer los moti­vos de esta deci­sión, pero resul­tó total­men­te impo­si­ble. Face­book no ofre­ce ni un solo telé­fono en el que poder rea­li­zar con­sul­tas o recla­ma­cio­nes. Sí exis­te la posi­bi­li­dad de esta­ble­cer con­tac­to a tra­vés del correo elec­tró­ni­co, que fue el sis­te­ma uti­li­za­do por este perió­di­co tras la impo­si­bi­li­dad de hacer­lo tele­fó­ni­ca­men­te, pero no hubo res­pues­ta.

Según expli­có la exper­ta en infor­má­ti­ca Iratxe Esnao­la, en prin­ci­pio es el pro­pio usua­rio que creó su per­fil quien des­ac­ti­va o eli­mi­na su cuen­ta, aun­que la empre­sa tam­bién pue­de hacer­lo en deter­mi­na­dos casos. Las razo­nes más comu­nes para que Face­book supri­ma una cuen­ta se redu­cen bási­ca­men­te a tres. Una de ellas es sobre­pa­sar el lími­te de ami­gos o segui­do­res, que está esta­ble­ci­do en 5.000. Si se supera esta cifra, ya no se con­si­de­ra usua­rio, sino gru­po (el obje­ti­vo de un gru­po no es tener ami­gos, sino que los usua­rios apo­yen una ini­cia­ti­va, como por ejem­plo «Bat egin»). Otra razón es enviar dema­sia­dos anun­cios o spam, y el ter­cer moti­vo es que lo pida alguien, bien por­que el usua­rio ha falle­ci­do o por­que la per­so­na del per­fil no es quien dice ser.

En el caso de Arnal­do Ote­gi, pare­ce evi­den­te que los res­pon­sa­bles de Face­book han deci­di­do supri­mir su cuen­ta por­que alguien lo ha soli­ci­ta­do, pero es prác­ti­ca­men­te impo­si­ble cono­cer quién es ese «alguien» ni los argu­men­tos que ha expues­to. En este sen­ti­do, resul­ta sig­ni­fi­ca­ti­va la exis­ten­cia en Face­book de un gru­po deno­mi­na­do Anti Arnal­do Ote­gi, que se dedi­ca a ata­car la ideo­lo­gía de la izquier­da aber­tza­le y aplau­dir las actua­cio­nes polí­ti­cas, judi­cia­les y poli­cia­les con­tra el movi­mien­to inde­pen­den­tis­ta vas­co.

La supre­sión de la pági­na del diri­gen­te aber­tza­le no es la úni­ca. Muchas per­so­nas han vis­to cómo su cuen­ta ha sido des­ac­ti­va­da, en la mayo­ría de los casos por error, pero tam­bién hay pre­ce­den­tes con cla­ras con­no­ta­cio­nes ideo­ló­gi­cas. De hecho, hay usua­rios que han reci­bi­do noti­fi­ca­cio­nes de Face­book por intro­du­cir un link de GARA en dicha red social, advir­tién­do­les de que eli­mi­na­rían su cuen­ta si no lo qui­ta­ban. Pero lue­go se ha que­da­do en una adver­ten­cia, por­que no lo han qui­ta­do y sus cuen­tas siguen ope­ra­ti­vas.

«Aun­que parez­ca obvio que la soli­ci­tud para supri­mir la cuen­ta de Ote­gi se ha basa­do en moti­va­cio­nes polí­ti­cas, pue­de ser sufi­cien­te con argu­men­tar que no es él quien ali­men­ta su per­fil, ya que está en la cár­cel», comen­tó Iratxe Esnao­la.

Face­book tam­bién pue­de borrar par­te del con­te­ni­do de una cuen­ta si reci­be la soli­ci­tud del pro­pie­ta­rio de un copy­right o si se infrin­gen los dere­chos de ter­ce­ros. En este últi­mo caso resul­ta suma­men­te com­pli­ca­do esta­ble­cer los lími­tes, por­que un usua­rio pue­de incluir en su per­fil infor­ma­ción de tipo per­so­nal, como por ejem­plo sus ideas polí­ti­cas y reli­gio­sas.

Polí­ti­cas de pri­va­ci­dad

Con casi 500 millo­nes de usua­rios, Face­book se ha con­ver­ti­do en la mayor red social del mun­do. Este sitio web gra­tui­to fue crea­do para estu­dian­tes de la Uni­ver­si­dad de Har­vard, pero en la actua­li­dad está abier­to a cual­quier per­so­na que ten­ga una cuen­ta de correo elec­tró­ni­co. Cuan­do una per­so­na deci­de abrir una cuen­ta en Face­book, acep­ta las con­di­cio­nes de pri­va­ci­dad de la empre­sa, median­te las que se com­pro­me­te a asu­mir una serie de requi­si­tos.

«Estas polí­ti­cas de pri­va­ci­dad son públi­cas, pero casi nadie las lee. Se tra­ta de los ser­vi­cios de esa empre­sa, y ella deter­mi­na en qué con­di­cio­nes los ofre­cen. Al final, los res­pon­sa­bles de la empre­sa son quie­nes deci­den qué hacen con la infor­ma­ción de los usua­rios y cómo la ges­tio­nan», advier­te Iratxe Esnao­la.

De esa for­ma, si un usua­rio de Face­book con­si­de­ra que han sido vul­ne­ra­dos sus dere­chos, prác­ti­ca­men­te care­ce de recur­sos para recla­mar­los, ya que las polí­ti­cas de pri­va­ci­dad deter­mi­nan inclu­so el lugar don­de se cele­bra­rían los corres­pon­dien­tes jui­cios en caso de que hubie­ra deman­da judi­cial: en Cali­for­nia, que es don­de tie­ne su sede social. «Lo tie­nen todo ata­do», resu­me Iratxe Esnao­la, tras cons­ta­tar que no exis­te nin­gu­na nor­ma­ti­va nacio­nal ni inter­na­cio­nal que regu­le la acti­vi­dad de las redes socia­les.

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