La gue­rri­lla maois­ta sigue con­di­cio­nan­do al gobierno de la India – Txen­te Rekon­do

Hace ya algún tiem­po, las cla­ses diri­gen­tes indias han veni­do seña­lan­do a la insur­gen­cia del Par­ti­do Comu­nis­ta de India (Maoís­ta), PCI (M), como el mayor pro­ble­ma para la segu­ri­dad del país, y des­de comien­zos de la pasa­da pri­ma­ve­ra el incre­men­to de los ata­ques de la gue­rri­lla maoís­ta con­tra todo un aba­ni­co de obje­ti­vos pare­ce reafir­mar esa preo­cu­pa­ción mani­fies­ta del gobierno cen­tral indio.


En los últi­mos meses, las fuer­zas del PCI (M) han ata­ca­do las infra­es­truc­tu­ras de la red ferro­via­ria (uno de los ejes cen­tra­les de las comu­ni­ca­cio­nes del país), las torres de tele­co­mu­ni­ca­ción (ponien­do en serios aprie­tos la cober­tu­ra de los telé­fo­nos móvi­les en algu­nas zonas) y las de elec­tri­ci­dad (incre­men­tan­do los cor­tes hacia deter­mi­na­das empre­sas). Tam­bién han aumen­ta­do las accio­nes arma­das con­tra otro tipo de infra­es­truc­tu­ras y sím­bo­los esta­ta­les, así como con­tra deter­mi­na­das com­pa­ñías mine­ras que están explo­tan­do los recur­sos y las tie­rras de dife­ren­tes gru­pos étni­cos que hoy en día están den­tro de las fron­te­ras del gigan­te indio.

Todo ello con la suce­sión de ata­ques con­tra las fuer­zas de segu­ri­dad indias y con­tra los gru­pos para­mi­li­ta­res de apo­yo a las mis­mas, o con­tra los cola­bo­ra­do­res del apa­ra­to esta­tal en las zonas don­de ope­ra la gue­rri­lla maoís­ta.

La preo­cu­pa­ción guber­na­men­tal está ava­la­da ade­más por los datos que se han publi­ca­do recien­te­men­te. Si en el año 2002 las fuer­zas del PCI (M) ope­ra­ban en algo más del diez por cien­to del terri­to­rio fede­ral, a día de hoy supera el cua­ren­ta por cien­to, con una pre­sen­cia impor­tan­te en vein­te de los vein­tio­cho esta­dos que con­for­man India, lo que vie­ne a repre­sen­tar un cua­ren­ta por cien­to del terri­to­rio, con un ter­cio de la pobla­ción india.

Si el año pasa­do, el con­flic­to se cobró la vida de más de mil per­so­nas, en lo que vamos de año se han supe­ra­do las qui­nien­tas víc­ti­mas mor­ta­les, y de seguir aumen­tan­do la inten­si­dad y fre­cuen­cia de las accio­nes arma­das, es muy pro­ba­ble que la cifra supere las de 2009.

La com­bi­na­ción de su estra­te­gia arma­da jun­to a la labor polí­ti­ca, o los cada vez más exi­to­sos bandhs (paros gene­ra­les), están dan­do sus fru­tos a la gue­rri­lla maoís­ta, que ade­más ha sabi­do ganar­se el apo­yo de las tri­bus loca­les que luchan con­tra el expo­lio de sus tie­rras por par­te de impor­tan­tes empre­sas mul­ti­na­cio­na­les.

Lo que en su día se pre­sen­tó como el corre­dor rojo, que se exten­día des­de el esta­do de Andh­ra Pra­desh has­ta la fron­te­ra con Nepal, y don­de la implan­ta­ción maoís­ta era muy impor­tan­te, se ha que­da­do peque­ño. Esa man­cha roja que algu­nos medios uti­li­zan para esce­ni­fi­car la pre­sen­cia del PCI (M) en los esta­dos indios se está exten­dien­do como una man­cha de acei­te por otras zonas de India, siguien­do la pla­ni­fi­ca­ción maoís­ta de inten­si­fi­car la gue­rra popu­lar por todo el país.

Ade­más, las con­di­cio­nes que sus­ten­tan la exis­ten­cia y el pro­pio avan­ce de la gue­rri­lla pue­den hacer que ésta de el sal­to alas zonas urba­nas, lo que supon­dría en el futu­ro un impor­tan­te que­bra­de­ro de cabe­za para el gobierno de Delhi.

Los diri­gen­tes indios lle­van tiem­po osci­lan­do entre la clá­si­ca polí­ti­ca del palo y la zanaho­ria. Mien­tras que algu­nos polí­ti­cos cua­li­fi­ca­dos hablan de enta­blar con­tac­tos con los maoís­tas, la estra­te­gia guber­na­men­tal no duda en apli­car todos los resor­tes arma­dos que tie­ne a su dis­po­si­ción. Hace unos años fue la lla­ma­da sal­wa judum (cam­pa­ña de paz) que bus­ca­ba ani­qui­lar, una vez más, a las fuer­zas gue­rri­lle­ras, y que como en otras oca­sio­nes fue un sono­ro fra­ca­so, pero que a su vez pro­vo­có dece­nas de muer­tes civi­les y des­pla­za­dos.

Más recien­te­men­te el gobierno de Delhi ha pues­to en mar­cha la lla­ma­da Ope­ra­ción Caza ver­de, que se ha mos­tra­do como un cla­ro apo­yo a las deman­das de las gran­des com­pa­ñías mine­ras, preo­cu­pa­das por la esca­la­da maoís­ta, y que como las ante­rio­res cam­pa­ñas va a resul­tar un sono­ro fra­ca­so.

Los diri­gen­tes indios han dado otro paso más en su esca­la­da repre­si­va, prohi­bien­do dece­nas de orga­ni­za­cio­nes y movi­mien­tos socia­les o polí­ti­cos, acu­sa­dos de ser par­te de la estruc­tu­ra maoís­ta. Sin embar­go, muchas de esas orga­ni­za­cio­nes no tie­nes rela­ción con la gue­rri­lla y se tra­ta más bien de gru­pos de defen­sa de dere­chos huma­nos, de ONGs crí­ti­cas con la polí­ti­ca del gobierno, en defi­ni­ti­va, Delhi bus­ca aca­llar las voces crí­ti­cas con su polí­ti­ca repre­si­va.

Como seña­la­ba recien­te­men­te un ana­lis­ta local, el gobierno ha con­tri­bui­do a gene­rar más vio­len­cia, y de la gue­rra con­tra los maoís­tas se ha pasa­do a la gue­rra con­tra las tri­bus loca­les. Por­que en defi­ni­ti­va, el obje­ti­vo de la Cam­pa­ña Caza Ver­de es expul­sar a las tri­bus de sus tie­rras, para con­ten­tar las ambi­cio­nes de las com­pa­ñías mine­ras. Pare­ce que la filo­so­fía de Bush y sus alia­dos tam­bién se ha implan­ta­do en India, y el gobierno indio tie­ne cla­ro que todo aquél que no sigue su estra­te­gia está con­tra él.

India se nos pre­sen­ta como una ima­gen de un gigan­te en cre­ci­mien­to. Y a la vez se inten­ta mos­trar la foto­gra­fía ofi­cial, que escon­de y maqui­lla los ver­da­de­ros pila­res de ese retra­to, y que no son otros que la suma de los intere­ses y esfuer­zos de las fuer­zas reac­cio­na­rias, de las gran­des cor­po­ra­cio­nes y empre­sas loca­les y trans­na­cio­na­les y un sis­te­ma feu­dal que toda­vía impe­ra en India.

Si nos acer­ca­mos a la otra India y las con­di­cio­nes que tie­nen que afron­tar la mayo­ría de su pobla­ción tal vez se nos haga más fácil enten­der el auge de la gue­rri­lla maoís­ta y de los apo­yos que está cose­chan­do. La pobre­za, la suce­sión de polí­ti­cas negli­gen­tes hacia el mun­do rural (en cla­ro apo­yo a los seño­res feu­da­les y terra­te­nien­tes que sie­guen pre­sen­tes en India), el des­em­pleo (el aumen­to de los sui­ci­dios entre los agri­cul­to­res), el ham­bre son par­te de la cru­da reali­dad que sopor­ta la mayor par­te de la pobla­ción.

Y mien­tras eso ocu­rre, los diri­gen­tes polí­ti­cos de los par­ti­dos tra­di­cio­na­les, las cas­tas domi­nan­tes, los empre­sa­rios y terra­te­nien­tes, las com­pa­ñías extran­je­ras siguen acu­mu­lan­do los bene­fi­cios que esa polí­ti­ca de exclu­sión gene­ra para sus pro­pios bol­si­llos e intere­ses.

Por todo ello la raíz de la actual gue­rri­lla maoís­ta no hay que cir­cuns­cri­bir­la a las últi­mas déca­das (des­de las pro­tes­tas de fina­les de los sesen­ta en Naxal­ba­ri), las expe­rien­cias de mani­fes­ta­cio­nes y pro­tes­tas arma­das de los explo­ta­dos cam­pe­si­nos indios se remon­ta a varios siglos atrás. Las dife­ren­tes expe­rien­cias han veni­do sacu­dien­do la his­to­ria más ocul­ta de India son una mues­tra de esos cho­ques entre cam­pe­si­nos y tri­bus loca­les con­tra los sec­to­res que siem­pre han domi­na­do las rien­das de esa región (las luchas de las tri­bus con­tra la auto­ri­dad bri­tá­ni­ca, la revo­lu­ción Sann­ya­si en Ben­gal en el siglo XVIII, la revuel­to agra­ria en Bihar en el siglo XIX, son tan sólo algu­nos ejem­plos).

Por eso, cuan­do los diri­gen­tes de sta­tus quo indio seña­lan hacia algu­na mano extranjera(China, Nepal) como razón del auge maoís­ta actual, cabría recor­dar­les que un some­ro repa­so de la his­to­ria de India (más allá de la ofi­cial) y una mira­da dete­ni­da a los pila­res que sus­ten­tan tan­ta injus­ti­cia bajo el man­to pro­pa­gan­dís­ti­co de la mayor demo­cra­cia del mun­do, serían sufi­cien­tes para enten­der las raí­ces de la actual insu­rrec­ción maoís­ta.

TXENTE REKONDO.- Gabi­ne­te Vas­co de Aná­li­sis Inter­na­cio­nal (GAIN)

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