El orden reina…por aho­ra- Nines Maes­tro

El lla­ma­do “Deba­te sobre el esta­do de la nación”, deno­mi­na­ción que repre­sen­ta un insul­to en toda la regla a los dere­chos nacio­na­les de los pue­blos, ha trans­cu­rri­do – una vez más – sin que el dis­cur­so de las cla­ses domi­nan­tes expre­sa­do por el gobierno del PSOE, la lógi­ca de los “mer­ca­dos” man­da y no hay alter­na­ti­va posi­ble, se vie­ra siquie­ra empa­ña­do des­de posi­cio­nes de izquier­da. El dis­cur­so de la ilu­sión refor­mis­ta y del pen­sa­mien­to débil ape­nas ara­ña­ba la lógi­ca domi­nan­te con pla­ñi­de­ros lamen­tos por­que no se refor­ma la Ley Elec­to­ral o por­que no se per­si­gue el frau­de fis­cal.

El ras­go más des­ta­ca­do ha sido el rifi­rra­fe dia­léc­ti­co entre frac­cio­nes polí­ti­cas que se dispu­tan la repre­sen­ta­ción de los mis­mos intere­ses.

Sin embar­go, el mar­co gene­ral es mucho más dra­má­ti­co que otras veces. El capi­tal en cri­sis, repre­sen­ta­do con cohe­ren­cia abso­lu­ta por el FMI, los gobier­nos de los dife­ren­tes paí­ses de la UE y el BCE, como un autén­ti­co pará­si­to, exi­ge por­cio­nes cada vez mayo­res del cuer­po social y de la can­ti­dad y cali­dad de vida de la cla­se obre­ra.

Sin que nadie en su sano jui­cio le con­ce­da cre­di­bi­li­dad algu­na al “cam­bio de mode­lo eco­nó­mi­co” pro­pug­na­do por el gobierno y a su hipo­té­ti­ca capa­ci­dad para crear empleo, apa­re­ce cada vez con mayor cla­ri­dad que el úni­co camino que se per­fi­la y hacia el que se diri­gen todas las medi­das (las que se toman y las que no se toman) es con­se­guir la reva­lo­ri­za­ción del capi­tal redu­cien­do a míni­mos his­tó­ri­cos el valor del tra­ba­jo.

¿Pero, qué quie­re decir des­va­lo­ri­zar el tra­ba­jo para valo­ri­zar el capi­tal? ¿Es el jue­go de la bol­sa en el que unas accio­nes suben y otras bajan? ¿Qué sig­ni­fi­ca que, tras el esta­lli­do de la bur­bu­ja espe­cu­la­ti­va, la eco­no­mía – es decir el empleo – deba con­traer­se has­ta un 40%? ¿Qué hay detrás del dis­cur­so y la acción de gobierno de Zapa­te­ro de pre­sen­tar como “racio­na­li­dad”, “sen­sa­tez” la inevi­ta­bi­li­dad del some­ti­mien­to efec­ti­vo y sin fisu­ras de la socie­dad a los desig­nios de los “mer­ca­dos”?

Todo el sufri­mien­to que repre­sen­ta que los tra­ba­ja­do­res deba­mos pagar la cri­sis aún no ha toma­do cuer­po real. Todo ocu­rre toda­vía detrás del telón.

¿Qué esta­dís­ti­ca refle­ja el dolor de las fami­lias desahu­cia­das, la angus­tia de la tra­ba­ja­do­ra o el tra­ba­ja­dor des­pe­di­do sin espe­ran­za algu­na de encon­trar empleo? ¿Cómo se mide el insul­tan­te des­pil­fa­rro de capa­ci­da­des huma­nas que lla­ma­mos fra­ca­so esco­lar y que tie­ne su cau­sa direc­ta en las des­igual­da­des socia­les? ¿Qué indi­ca­dor expre­sa el pro­fun­do males­tar social que se aho­ga en alcohol o en ansio­lí­ti­cos?

La máxi­ma alie­na­ción se expre­sa en la acep­ta­ción, en aras de la sen­sa­tez y la lógi­ca, de la nece­si­dad inelu­di­ble de some­ter la des­truc­ción físi­ca e inte­lec­tual de millo­nes de seres huma­nos a las nece­si­da­des de super­vi­ven­cia de ente­le­quias como el mer­ca­do o el capi­tal.

El capi­tal que, como nos recor­da­ba Marx, nació ane­ga­do en lodo y san­gre, en momen­tos de cri­sis, cha­po­tea en olor a muer­te. Como decía León Feli­pe “los gri­tos de angus­tia del hom­bre los aho­gan con cuen­tos, el llan­to del hom­bre lo tapo­nan con cuen­tos”. Y cuan­do la reali­dad es tan lace­ran­te que los cuen­tos no valen, y la angus­tia y el llan­to se hacen into­le­ra­bles, se uti­li­zan los ansio­lí­ti­cos como anes­té­si­cos de la con­cien­cia. Y si el dolor se hace inso­por­ta­ble, se bus­ca la muer­te.

Los datos son abru­ma­do­res:

  • En el esta­do espa­ñol el 35 % de la pobla­ción con­su­me ansio­lí­ti­cos y los psi­co­fár­ma­cos son los medi­ca­men­tos más con­su­mi­dos.
  • Un estu­dio recien­te rea­li­za­do en 26 paí­ses de la UE reve­la que por cada 1% de incre­men­to del paro, se pro­du­ce un aumen­to del 0,8 en la tasa de sui­ci­dios, y otro tan­to en la de homi­ci­dios. Si el des­em­pleo aumen­ta un 3%, la tasa de sui­ci­dios lo hace un 4,5%.

Este sufri­mien­to men­tal y físi­co acu­mu­la­do, de millo­nes de per­so­nas (los para­dos son el gru­po de pobla­ción con más ries­go de enfer­mar por todas las cau­sas, y en espe­cial los menos cua­li­fi­ca­dos, no ha irrum­pi­do aún en los con­se­jos de admi­nis­tra­ción, ni en la bol­sa, ni en los hemi­ci­clos. La paz social, por aho­ra, apun­ta­la la hege­mo­nía de la ideo­lo­gía del capi­tal. El sufri­mien­to de las tra­ba­ja­do­ras y los tra­ba­ja­do­res aún se expre­sa mayo­ri­ta­ria­men­te como auto­des­truc­ción indi­vi­dual. El odio de cla­se, úni­co por­ta­dor de espe­ran­za y de alter­na­ti­va de vida, aún no ha entra­do en esce­na como suje­to his­tó­ri­co.


Estu­dio publi­ca­do por David Stuc­kler, pro­fe­sor de Salud Públi­ca de la uni­ver­si­dad de Oxford y Mar­tin McKee, inves­ti­ga­dor de la Escue­la de Higie­ne y Medi­ci­na Tro­pi­cal de Lon­dres, en The Lan­cet www​.the​lan​cet​.com/​h​ome

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