Los fis­ca­les – Anto­nio Alva­rez Sólis

La figu­ra de los fis­ca­les resul­ta cada vez más obs­cu­ra. ¿Qué papel es el suyo en el ejer­ci­cio de la jus­ti­cia? Evi­den­te­men­te su fun­ción es la acu­sa­to­ria. Pero ¿en nom­bre de quién acu­san los fis­ca­les? ¿En nom­bre del Esta­do, en el de la Coro­na, en nom­bre del pue­blo? Pare­ce que lo moral­men­te ideal es que la acu­sa­ción se haga en nom­bre del pue­blo, ya que se tra­ta de una de las actua­cio­nes bási­cas de la sobe­ra­nía. Con­de­nar o absol­ver de un deli­to es mate­ria dema­sia­do gra­ve para que no inter­ven­ga en ella la ciu­da­da­nía. En cual­quier caso lo que pare­ce cla­ro es que el minis­te­rio fis­cal no pue­de estar en manos de los gobier­nos y menos en una épo­ca polí­ti­ca­men­te degra­da­da. El espec­tácu­lo actual de la fis­ca­lía espa­ño­la jus­ti­fi­ca todo lo que se diga en con­tra de esta depen­den­cia.

Ante­rior­men­te los «popu­la­res» habían uti­li­za­do tam­bién a los fis­ca­les como un garro­te. La ima­gen que dan estos fun­cio­na­rios recuer­da al cua­dro de Goya en que dos jaya­nes se baten con sen­das esta­cas con las pier­nas pre­sas por la tie­rra. El pue­blo apa­re­ce como un sim­ple espec­ta­dor de estos escan­da­lo­sos pro­ce­de­res. El ofi­cio fis­cal debie­ra depu­rar­se con urgen­cia entre­gan­do su con­trol a la ciu­da­da­nía median­te las corres­pon­dien­tes elec­cio­nes. Dicen algu­nos pre­ten­di­dos exper­tos que esto intro­du­ci­ría lo ideo­ló­gi­co en la actua­ción fis­cal, pero aun corrien­do ese ries­go siem­pre será mejor la pre­sión de la ideo­lo­gía ciu­da­da­na que el mane­jo frau­du­len­to por par­te de los gobier­nos. Ante los tri­bu­na­les hay dos ins­ti­tu­cio­nes esen­cia­les, al menos en el orden penal: el jura­do popu­lar, que aho­ra es un bodrio, y el minis­te­rio fis­cal. Hay que vigi­lar demo­crá­ti­ca­men­te la lega­li­dad.

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