[Dos­sier y Fotos] Ger­mán fue ase­si­na­do por las FOP, en ple­nos san­fer­mi­nes hace 32 años

Aun no se ha hecho jus­ti­cia con este joven que fue ase­si­na­do de un dis­pa­ro por la poli­cía espa­ño­la en pleno san­fer­min

HECHOS OCURRIDOS EN AQUEL FATIDICO DIA DE 1978. LO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

Pelí­cu­la de los hechos

Día 8. ‑20,45: Tras el últi­mo toro, el noveno de los que habían apa­re­ci­do en el rue­do, alre­de­dor de cin­cuen­ta per­so­nas baja­ron des­de el ten­di­do seis al rue­do, en don­de des­ple­ga­ron una pan­car­ta ver­de en la que con letras blan­cas se leía: «AMNISTIA TOTAL PRESOAK KALERA. SAN FERMIN SIN PRESOS». Des­de ese mis­mo ten­di­do, y una vez exten­di­da la pan­car­ta, comen­za­ron a dar una vuel­ta al rue­do mien­tras en los ten­di­dos las opi­nio­nes se divi­dían. Unos aplau­dían y otros sil­ba­ban.

Hacia la mitad del ten­di­do 3, una per­so­na sin iden­ti­fi­car, de unos 45 – 50 años, comen­zó a insul­tar a los que esta­ban en el rue­do mien­tras diver­sas per­so­nas de su alre­de­dor tira­ban a la are­na varias almoha­di­llas y algu­na bote­lla vacía de cham­pag­ne. La reac­ción de los que esta­ban en el rue­do ‑alre­de­dor de cien per­so­nas- fue inme­dia­ta. Un gru­po subió has­ta el ten­di­do inter­cam­bian­do con los que les habían arro­ja­do las almoha­di­llas y bote­llas, gol­pes e insul­tos. Sin que la bron­ca hubie­ra ter­mi­na­do, el públi­co de la pla­za comen­zó a gri­tar, de for­ma casi uná­ni­me:

¡SAN FERMIN! ¡SAN FERMIN!

20,50: Cuan­do pare­cía que vol­vía la cal­ma, los txi­kis de las peñas entra­ron por el calle­jón, nada más abrir­se la puer­ta, con sus cha­ran­gas y pan­car­tas. Inme­dia­ta­men­te detrás y a esca­sos segun­dos, irrum­pían vio­len­ta­men­te unos 40 miem­bros de la poli­cía arma­da, con dota­ción de mate­rial anti­dis­tur­bios, jun­to con D. Miguel Rubio, comi­sa­rio jefe de Pam­plo­na. En los pri­me­ros momen­tos se pudo ver como Rubio daba órde­nes de car­gar con­tra los mozos que esta­ban en la are­na, y en con­se­cuen­cia los miem­bros de la poli­cía arma­da, que eran de la dota­ción de Pam­plo­na, ini­cia­ron una car­ga vio­len­ta con empleo de abun­dan­tes dis­pa­ros de pelo­tas de goma y botes de humo, y gol­pean­do con las porras

En este caos, el públi­co que lle­na­ba la pla­za de toros ‑alre­de­dor de 20.000 per­so­nas- inten­tó salir de la pla­za por las puer­tas del patio de caba­llos, escon­dién­do­se en el inte­rior del coso tau­rino, etc. Des­de los ten­di­dos de sol se ini­ció una repen­ti­na reac­ción arro­jan­do a la poli­cía arma­da toda cla­se de obje­tos como almoha­di­llas, res­tos de comi­da, hie­los, cas­cos de bote­llas, cace­ro­las, etc. A par­tir de este ins­tan­te, varios miem­bros de las F.O.P. hicie­ron uso de sus armas dis­pa­ran­do fue­go real indis­cri­mi­na­da­men­te. Como botón de mues­tra, con­vie­ne seña­lar que de los sie­te heri­dos por arma de fue­go en esos momen­tos, uno esta­ba en anda­na­da ‑la loca­li­dad alta de la plaza‑, mien­tras que el segun­do se encon­tra­ba en el rue­do.

Un poli­cía arma­da que se encon­tra­ba en el sue­lo sin cono­ci­mien­to, es reco­gi­do por los mozos de las peñas y tras­la­da­do a la enfer­me­ría de la pla­za, momen­to que es apro­ve­cha­do por los miem­bros de la poli­cía arma­da para reti­rar­se por el calle­jón, des­pués de haber sem­bra­do el páni­co, haber heri­do a trein­ta per­so­nas y deja­do el aire irres­pi­ra­ble a cau­sa de la can­ti­dad de botes de humo que habían arro­ja­do.

21,05: Alre­de­dor de cua­ren­ta miem­bros de las bri­ga­das anti­dis­tur­bios de la poli­cía arma­da, vuel­ven a entrar en la pla­za, esta vez por el patio de caba­llos, rea­li­zan­do otra car­ga, más enér­gi­ca, si cabe, que la pri­me­ra. La pla­za se con­vier­te en una gran huma­re­da y la gen­te que toda­vía no ha podi­do salir a la calle, pro­cu­ra res­pi­rar colo­cán­do­se un pañue­lo en la cara. Los mozos que están en el rue­do hacen fren­te a los dis­pa­ros de las F.O.P. ‑algu­nos de fue­go real con pis­to­las- arro­ján­do­les almoha­di­llas y bote­llas vacías. La car­ga poli­cial dura alre­de­dor de cin­co minu­tos, resul­tan­do heri­das más de trein­ta per­so­nas.

Un gru­po de per­so­nas, ante la impo­si­bi­li­dad de salir de la pla­za con ple­nas garan­tías para su inte­gri­dad físi­ca, sale del patio de caba­llos en un camión fri­go­rí­fi­co de car­ne, que está pre­pa­ra­do para tras­la­dar los res­tos de los toros lidia­dos. Des­de la enfer­me­ría de la pla­za comien­zan a tras­la­dar­se a los heri­dos a los cen­tros hos­pi­ta­la­rios.

Una vez que la poli­cía aban­do­nó la pla­za, tomó posi­cio­nes en el exte­rior. El públi­co se fue reti­ran­do a sus casas o refu­gián­do­se en otras de ami­gos, ya que la ten­sión y la con­fu­sión rei­na­ban en Pam­plo­na.

En los alre­de­do­res del Gobierno Civil, espe­cial­men­te en Car­los III, Pau­lino Caba­lle­ro y Ama­ya, se for­man barri­ca­das. Los enfren­ta­mien­tos más duros se regis­tran fren­te al Gobierno Civil. A esca­sos metros de ese edi­fi­cio, ardía una fur­go­ne­ta de repar­to de «El Pen­sa­mien­to Nava­rro».
Sobre las 10 de la noche, se reu­nían en el Gobierno Civil repre­sen­tan­tes de par­ti­dos polí­ti­cos cen­tra­les sin­di­ca­les, comi­sión de peñas e infor­ma­do­res, res­pon­dien­do a la lla­ma­da del Gobierno Civil (por el gober­na­dor Igna­cio Llano). Al apa­re­cer el comi­sa­rio, Miguel Rubio, un repre­sen­tan­te de peña le pre­gun­ta acer­ca de quien había dado esa orden de entra­da de la poli­cía en la pla­za. Rubio, muy ner­vio­so, decla­ra en ese momen­to que él «no había dado la orden». Por su par­te, el Gober­na­dor Civil, ase­gu­ra­ba des­pués que a pesar de ser espec­ta­dor de los hechos, no sabía nada de la orden y que no era capaz de con­tro­lar la situa­ción en esos momen­tos. Igual­men­te mani­fes­tó que había con­vo­ca­do a los pre­sen­tes para con­se­guir, entre todos, la paz ciu­da­da­na.

Por su par­te, todos los efec­ti­vos poli­cia­les que se encon­tra­ban alre­de­dor de la pla­za aban­do­na­ron el lugar pasa­das las diez de la noche, diri­gién­do­se por Ron­ces­va­lles has­ta Car­los III y de ahí al Gobierno Civil. La pla­za del Cas­ti­llo, en su con­fluen­cia con Car­los III se había con­ver­ti­do en una gran barri­ca­da con gran can­ti­dad de coches cru­za­dos así como con las sillas de varios bares. Sin embar­go, des­de el Gobierno Civil, rodea­do por gran can­ti­dad de poli­cías arma­dos, las F.O.P. ini­cia­ron una baja­da por Pau­lino Caba­lle­ro y entran­do a Car­los III por las calles Ley­re, Arrie­ta y Ron­ces­va­lles.

Seguían dis­pa­ran­do mate­rial anti­dis­tur­bio en direc­ción a Car­los III. Lo hacían indis­cri­mi­na­da­men­te a bal­co­nes y vivien­das, que inclu­so esta­ban des­ocu­pa­das. Entre estos tiros de pelo­tas de goma y botes de humo se pudo escu­char algún tiro seco, dis­pa­ra­do por agen­tes de las F.O.P. Pocos minu­tos más tar­de, el jefe del gru­po tocó el sil­ba­to indi­can­do que vol­vie­sen a los coches sin que los agen­tes obe­de­cie­sen sus órde­nes. El ambien­te era irres­pi­ra­ble debi­do a los botes de humo y los gases allí lan­za­dos. Una vez des­apa­re­ci­das las F.O.P., tras unos momen­tos de cal­ma, se escu­cha­ron gol­pes, rui­dos de cris­ta­les que caían, sire­nas de alar­ma de ban­cos, man­te­nien­do Pam­plo­na en una ten­sión y páni­co des­co­no­ci­do has­ta el momen­to.

Nue­va­men­te las F.O.P., irrum­pen en Pau­lino Caba­lle­ro, unos en direc­ción con­tra­ria a la cir­cu­la­ción, otros a favor de la direc­ción, a pie y delan­te de los vehícu­los que tran­si­ta­ban por esta zona, has­ta con­fluir con la Av. Ron­ces­va­lles.

El mate­rial anti­dis­tur­bios se tor­nó en fue­go real. Era entre las 10 – 10,20 de la noche; los dis­pa­ros se diri­gie­ron hacia Car­los III. Eran secos, muy dife­ren­cia­dos en cuan­to al soni­do de los de pelo­ta y botes. Dos de los agen­tes iban avan­zan­do metra­lle­ta en ris­tre y pis­to­la en mano hacia la Ave­ni­da Car­los III.

En la con­fluen­cia de Pau­lino Caba­lle­ro con Av. Ron­ces­va­lles, sola­men­te se encon­tra­ban poli­cías y no se escu­cha­ba ni otras voces ni otros rui­dos que las suyas y las pro­du­ci­das por sus armas.
«Fue­ron cin­co minu­tos de muer­te». Uno de estos impac­tos alcan­zó a Ger­mán, que cayó heri­do de muer­te; tres jóve­nes que lo vie­ron caer, lo reco­gie­ron, tras­la­dán­do­le al Hos­pi­tal Pro­vin­cial de Nava­rra, y jun­to a él, a otro joven heri­do de bala en la región axi­lar. Ambos fue­ron tras­la­da­dos en un mis­mo coche, apar­ca­do en el momen­to de los hechos en la calle Cor­tes de Nava­rra. Ante los gri­tos de ¡un coche, un coche! el con­duc­tor de un R‑8 blan­co se ofre­ció a eva­cuar a los heri­dos.

TEXTO DE LAS PEÑAS SANFERMINERAS EN 2008

“Que no tene­mos el cuer­po hecho a las cor­na­das, está gri­tan­do el dos­sier que tie­nes en las manos. Por des­gra­cia, las cró­ni­cas de suce­sos, las con­ta­bi­li­da­des y los dos­sier, son siem­pre a toro pasa­do. Tan­to peor para quien va delan­te. A par­tir de ahí, y en los últi­mos 40 años de toreo, nun­ca los mata­do­res estu­vie­ron más cer­ca de con­se­guir tan­tos tro­feos en una sola tar­de. Fue al final, como quien rega­la un toro por­que lo piden media doce­na de afi­cio­na­dos con pan­car­ta.

“Las Peñas, bas­tan­te alma y mucha vida de los San­fer­mi­nes, tenía­mos algo que decir sobre lo suce­di­do. Por sepa­ra­do, como pre­pa­ra­mos cada año el rito de estas fies­tas extra­ña­men­te sagra­das e infi­ni­ta­men­te ultra­ja­das.”

Este año todo que­dó en el aire: los pre­pa­ra­ti­vos, las pla­zas de hotel, los pañue­los, los gri­tos de la gen­te. Bueno, casi todos. Por­que a los heri­dos les pue­de el cora­zón más que el aire. Por eso caen. Algu­nos defi­ni­ti­va­men­te, como el ami­go Ger­mán, con el vien­to de cara soplan­do a ráfa­gas.”
Como hemos dicho, con estas pala­bras comen­za­ba el dos­sier que las Peñas ela­bo­ra­ron a raíz de los terri­bles suce­sos de los San­fer­mi­nes del 78. Estas pala­bras escri­tas por la Comi­sión de Peñas hace 30 años son la car­ta de pre­sen­ta­ción del sen­tir de las Peñas enton­ces, y hoy, 30 años más tar­de, las segui­mos hacien­do nues­tras.

En esas fechas se vivían momen­tos con­vul­sos en el pano­ra­ma socio polí­ti­co del esta­do espa­ñol: Des­pués de la muer­te de Fran­co, el Pue­blo se reve­la­ba con­tra la fal­ta de liber­ta­des y salía a la calle para pedir un cam­bio. No des­ve­la­mos nada nue­vo si deci­mos que San­fer­mi­nes del 78 fue una lla­ma­da al orden, algo orques­ta­do, pre­pa­ra­do en base a un cri­mi­nal guión y eje­cu­ta­do con toda la san­gre fría en Iru­ña que fue el labo­ra­to­rio uti­li­za­do para dar un escar­mien­to ejem­plar y así abor­tar las ansías de liber­tad en todo el Esta­do.

Se reven­ta­ron las Fies­tas, se masa­cró a todo un Pue­blo, detu­vie­ron a muchos, hirie­ron a más, y ase­si­na­ron a Germán…Ejemplar escar­mien­to des­de lue­go…. Tan gra­ves fue­ron los hechos que prác­ti­ca­men­te todos los par­ti­dos polí­ti­cos de enton­ces denun­cia­ron la sal­va­ja­da come­ti­da, ante la men­ti­ra de la ver­sión ofi­cial. Se reci­bie­ron mues­tras de soli­da­ri­dad de todo el Esta­do, y en una de las pro­tes­tas cayó ase­si­na­do en Donos­tia Jose­ba Baran­dia­rán.

Des­pués, con el paso de los años y des­de el poder polí­ti­co se ha que­ri­do silen­ciar la ver­dad y se ha inten­ta­do que olvi­de­mos lo que pasó, has­ta nos arre­ba­ta­ron la este­la de Ger­mán, el mono­li­to que levan­tó el Pue­blo pre­ci­sa­men­te para no olvi­dar. Pero no han logra­do sus obje­ti­vos: el Pue­blo de Iru­ña no ha olvi­da­do, y ade­más, entre todos y todas hemos con­se­gui­do que la este­la sea repues­ta a su legí­ti­mo lugar, este don­de nos encon­tra­mos y don­de cayó Ger­mán.

Las Peñas de Iru­ña lle­va­mos trein­ta años recor­dan­do, trein­ta años en los que el 08 de julio sali­mos jun­tas de la Pla­za de Toros, rei­vin­di­can­do de for­ma pací­fi­ca y en un gri­to silen­cio­so nues­tro dere­cho a recor­dar, por­que estos hechos for­man par­te de la memo­ria de un Pue­blo, y no es jus­to arran­car­los como si nun­ca hubie­ran suce­di­do.

Des­pués de 30 años no hay cul­pa­bles, no exis­ten con­de­nas y quie­ren apa­ren­tar que aque­llo no ocu­rrió, y que no fue otra cosa que un mal sue­ño colec­ti­vo que tuvo, de mane­ra simul­ta­nea, toda una Ciu­dad cuyo úni­co deli­to era cele­brar sus Fies­tas. Pero este Pue­blo sabe, y las Peñas sabe­mos, que aque­llo fue real, y que fue real la orden de la Poli­cía que mucha gen­te oyó: ”¡Tirad con todas las ener­gías y lo más fuer­te que podáis¡”. “¡No os impor­te matar¡. Y cum­plie­ron las órde­nes: masa­cra­ron y mata­ron…… Como van a hacer­nos creer que aque­llo no ocu­rrió. Y si olvi­da­mos les damos la razón. Tene­mos que pre­ser­var la memo­ria his­tó­ri­ca de nues­tro Pue­blo y recor­dar para que nun­ca vuel­va a ocu­rrir y para que nadie se atre­va a nun­ca a repe­tir algo seme­jan­te.

Para ter­mi­nar, reco­ge­mos las últi­mas pala­bras que la Comi­sión de Peñas escri­bía en el dos­sier que ela­bo­ró en el 78 sobre estos suce­sos:

“Hay una cosa cier­ta: el escla­re­ci­mien­to de los hechos es una labor de todos. La peti­ción de jus­ti­cia debe ser un deseo de todos. Los jue­ces, cuan­do lle­gue el momen­to, debe­rán deter­mi­nar las res­pon­sa­bi­li­da­des. El recuer­do de recien­tes épo­cas pasa­das en las que par­te del poder judi­cial esta­ba some­ti­do a la nor­ma­ti­va del “ordeno y man­do” debe que­dar defi­ni­ti­va­men­te zan­ja­do. Este es el momen­to de demos­trar­nos si de ver­dad la Demo­cra­cia es algo más que una aven­tu­ra en un tuvo de ensa­yo; es decir, si el poder judi­cial tie­ne la sufi­cien­te inde­pen­den­cia para actuar al mar­gen de los intere­ses de cual­quier gru­po polí­ti­co, aun­que sea el de la mayo­ría. Este es el gran dile­ma. Ahí es nada la Demo­cra­cia. Noso­tros cree­mos en la Demo­cra­cia y en la Jus­ti­cia”.

Estas pala­bras escri­tas por la Comi­sión de Peñas hace trein­ta años podían ser escri­tas en este momen­to, y por eso las Peñas del 2008 las sus­cri­bi­mos y las hace­mos nues­tras, enton­ces y aho­ra segui­mos gri­tan­do:
CASTIGO A LOS CULPABLES!!!
GERMAN, JOSEBA GOGOAN ZAITUZTEGU!!!
HERRIAK EZ DU BARKATUKO!!!

TESTIMONIO DE UN MADRILEÑO, PRESENTE AQUEL DIA

Soy de Madrid y estu­ve en los san­fer­mi­nes del 77, con un via­je que orga­ni­zó el PCE del dis­tri­to cen­tro; dor­mía­mos en los altos de un bar que un com­pa­ñe­ro de Iru­ña había alqui­la­do para las fies­tas en la calle Jarau­ta. Lo que viví allí aque­llos san­fer­mi­nes, yo era un crío de 19 años, nun­ca lo olvi­da­ré. No vi ni veré una explo­sión fes­ti­va popu­lar y polí­ti­ca como aque­lla. Recuer­de que el sába­do lega­li­za­ron el PTE y la ORT y se for­mó una cha­ran­ga para cele­brar­lo.

Aun­que tam­po­co olvi­da­ré por otros moti­vos los san­fer­mi­nes del 78. Ten­go muy cla­ro que que­rían reven­tar unas fies­tas que se habían con­ver­ti­do en un espa­cio popu­lar incon­tro­la­ble. Lle­gué el mal­di­to sába­do con un ami­go, los dos en una moto con la cade­na rota y mal repa­ra­da (había­mos sali­do el vier­nes y la ave­ría nos hizo dor­mir en la cune­ta por Gua­da­la­ja­ra). Lle­ga­mos de noche, al tran tran, y por la auto­vía de entra­da, ya lle­gan­do a Pam­plo­na, recuer­do, y no exa­ge­ro, como olía a humo y pica­ban los ojos. ¿Cuán­tos botes tira­rían?

Cuan­do entra­mos en la ciu­dad, la gen­te en la calle y rotas las faro­las, mar­que­si­nas, cristales,..un espec­tácu­lo dan­tes­co. Ense­gui­da nos con­ta­ron lo que había pasa­do. Un cha­val de unos vein­ti­tan­tos, bien ves­ti­do, nos expli­có indig­na­do que tuvo que sacar a dos peque­ños bajo el bra­zo de la pla­za de toros. Te ase­gu­ro que no tenía nin­gu­na pin­ta de revo­lu­cio­na­rio, ves­tía como un pijo. Y empu­jan­do la moto que ya no tira­ba más, car­ga­dos con los cas­cos y las mochi­las, nos pasa­mos aque­lla noche corrien­do delan­te de los gri­ses has­ta que reca­la­mos en la esta­ción de Ren­fe. Allí aca­ba­mos un mon­tón de gen­te dur­mien­do, jugan­do al fron­tón con las pelo­tas de goma de la poli­cía y com­par­tien­do bebi­da y más cosas. Y así has­ta el lunes que había huel­ga gene­ral y no podía­mos com­prar una cade­na.

Otro recuer­do son los sal­tos cons­tan­tes en esos dos días, y los alre­de­do­res de la Dipu­tación, o gobierno civil no estoy segu­ro, sem­bra­dos de pie­dras y cas­co­tes. Se repar­tie­ron octa­vi­llas y me tra­je algu­nas que guar­dé. Hace poco, con moti­vo de un cam­bio de casa apa­re­cie­ron y aquí las tenéis.
Un salu­do soli­da­rio

Adol­fo Man­si­lla
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HOY, EN EL ANIVERSARIO, IRUÑEA LE HA RECORDADO
Nota de Gara
Cien­tos de per­so­nas se han reu­ni­do este medio­día en la ave­ni­da de Orrea­ga, jun­to al mono­li­to eri­gi­do en el mis­mo lugar en el que agen­tes de la Poli­cía espa­ño­la dis­pa­ra­ron y mata­ron a Ger­mán Rodrí­guez, mili­tan­te de LKI, el 8 de julio de 1978.

En el acto tam­bién han teni­do un recuer­do para Jose­ba Baran­dia­ran, joven que falle­ció en Donos­tia por dis­pa­ros poli­cia­les duran­te una movi­li­za­ción de denun­cia por los suce­sos de Iru­ñea.

Miren Ega­ña, que ha con­du­ci­do el acto, ha cele­bra­do el archi­vo de la cau­sa con­tra las peñas Armo­nía Txan­trea­na y San Fer­mín, así como el hecho de que el mili­tan­te aber­tza­le Patxi Urru­tia, que fue com­pa­ñe­ro de Ger­mán Rodrí­guez, ha podi­do estar pre­sen­te este año tras per­ma­ne­cer los dos ante­rio­res encar­ce­la­do.

Por el con­tra­rio, entre los aspec­tos nega­ti­vos ha des­ta­ca­do el recha­zo de UPN y PSN a la moción pre­sen­ta­da para recla­mar que se cons­ti­tu­ya una comi­sión de la ver­dad para inves­ti­gar los suce­sos de 1978.

La músi­ca tam­bién ha teni­do un hue­co, a car­go de la cha­ran­ga Jarau­ta 69, Fer­min Valen­cia y el gru­po Inde­cen-Ez.

Por la tar­de, la kale­ji­ra de las peñas lle­ga­rá has­ta la este­la de Ger­mán Rodrí­guez.

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