Fuer­za ideo­ló­gi­ca y debi­li­dad mili­tar – José Mari Loren­zo Espinosa

El edi­to­rial de GARA del 23 recor­da­ba una anti­gua idea de Ote­gi según la cual es en el terreno polí­ti­co e ideo­ló­gi­co don­de el inde­pen­den­tis­mo es más fuer­te. Se supo­ne que fren­te a los impe­ria­lis­tas espa­ño­les y fran­ce­ses. Esto es así, en efec­to. Nadie defen­de­ría hoy las sinies­tras razo­nes deci­mo­nó­ni­cas de los impe­rios, cuan­do se jus­ti­fi­ca­ba el robo de terri­to­rios por incon­fe­sa­bles razo­nes de esta­do. O del XVI y siguien­tes, cuan­do se escla­vi­za­ban pue­blos ente­ros «por su pro­pio bien» reli­gio­so o cul­tu­ral. Des­de la segun­da mitad del siglo XX, las colo­nias y la ocu­pa­ción inter­na­cio­nal de terri­to­rios están fue­ra de la razón y de la ley. Son insos­te­ni­bles. Sal­vo cuan­do se dis­fra­zan de bene­fac­to­res demó­cra­tas y liberadores.

Por eso, para jus­ti­fi­car la inva­sión, los espa­ño­les, des­de antes de Fran­co, se retuer­cen y se vuel­ven locos tra­tan­do de demos­trar que los vas­cos son espa­ño­les, o que has­ta son los pri­me­ros y mejo­res espa­ño­les. Y otras pere­gri­nas ocu­rren­cias. De ahí toda la paté­ti­ca cues­tión de que los ocu­pan­tes en sue­lo vas­co defien­den nada menos que la liber­tad y la demo­cra­cia cap­tu­ran­do almas y tie­rras aje­nas, mien­tras los insur­gen­tes ata­can los valo­res sagra­dos de la con­vi­ven­cia y la civi­li­za­ción polí­ti­ca. Y no fal­ta quien ase­gu­ra que lo que hacen los yan­quis en Irak (o sea «libe­rar y demo­cra­ti­zar» a los ira­quíes) lo hacen los espa­ño­les con los vas­cos des­de 1836.

Pues bien, Ote­gi y el edi­to­rial de GARA segu­ra­men­te tie­nen razón. Los argu­men­tos inde­pen­den­tis­tas, la ideo­lo­gía de la libe­ra­ción de los pue­blos opri­mi­dos es supe­rior y más fuer­te que las fala­cias impe­ria­les. En este caso se admi­ti­ría tam­bién, ad sen­sum con­tra­rio, que los pue­blos inva­di­dos sue­len ser (son) más débi­les en el plano mili­tar. No de otro modo se com­pren­de que hayan lle­ga­do a ser pue­blos ocu­pa­dos. Para decir­lo de otro modo cono­ci­do, los inva­so­res ven­cen pero no con­ven­cen. Al menos no a todos. Así lo prue­ba la impe­ni­ten­te resis­ten­cia de tan­tos pue­blos ocupados.

Una vez acor­da­do esto, a mí me pare­ce que en el argu­men­to de Ote­gi fal­ta una segun­da par­te: si los ocu­pan­tes son infe­rio­res en el deba­te polí­ti­co y segre­gan una ideo­lo­gía fal­sa o cadu­ca, en cam­bio no les preo­cu­pa dema­sia­do este aspec­to. No tie­nen razón, pero tam­po­co les hace fal­ta, ya que con­tro­lan a quie­nes la tie­nen. Su ideo­lo­gía no nece­si­ta ser la ver­da­de­ra, sino la domi­nan­te, la más rui­do­sa, la que tie­ne más alta­vo­ces. Y esto lo con­si­guen per­fec­ta­men­te con todo el apa­ra­to de pro­pa­gan­da pues­to a su dis­po­si­ción por el poder eco­nó­mi­co domi­nan­te. Y tam­bién, en espe­cial, con su mayo­ría abru­ma­do­ra y voci­fe­ran­te en las ins­ti­tu­cio­nes reso­na­do­ras (par­la­men­tos, gobier­nos, muni­ci­pios, dipu­tacio­nes etcé­te­ra), que son pla­ta­for­mas efi­ca­ces de su «infe­rio­ri­dad», des­de las que legis­lan con­tra y mar­gi­nan a los «supe­rio­res» polí­ti­cos. Y en este cam­po sí que es difí­cil, cuan­do no impo­si­ble, con­se­guir defen­der­se con algu­na efi­ca­cia más allá del recur­so del pata­leo. Por­que su infe­rio­ri­dad, la infe­rio­ri­dad del impe­ria­lis­mo, se trans­for­ma en supe­rio­ri­dad cuan­do está apo­ya­da mate­rial­men­te por un con­tin­gen­te temi­ble y tene­bro­so de leyes impues­tas, fuer­zas arma­das y judi­cia­les, que en este terreno son inven­ci­bles. Y las razo­nes, ideas y argu­men­tos polí­ti­cos «supe­rio­res» pasan a ser los de mar­gi­na­dos anti­sis­te­ma, pros­cri­tos socia­les, terro­ris­tas, etcé­te­ra, por el sim­ple hecho de ser perseguidos.

Es decir, que lle­ga­mos a la con­clu­sión de que no bas­ta tener razón ni supe­rio­ri­dad polí­ti­ca, ade­más hay que con­tro­lar­la, poseer­la en su ple­ni­tud, difun­dir­la, abrir­la y poder trans­mi­tir­la en igual­dad de con­di­cio­nes. Y esto no es otra cosa que la uto­pía demo­crá­ti­ca. Como sabe­mos, impo­si­ble de rea­li­zar en un sis­te­ma de ocu­pa­ción irra­cio­nal como es el de España/​Francia con­tra Euskadi.

Sin embar­go, hay otro aspec­to en que lo insur­gen­tes son infe­rio­res a los ocu­pan­tes. Es el terreno mili­tar. Las fuer­zas inva­so­ras (pue­de ver­se todos los días en Irak, Afga­nis­tán y otros) cons­ti­tu­yen un blo­que mili­tar supe­rior. Los inde­pen­den­tis­tas ape­nas ara­ñan con sus accio­nes, a veces sólo semi­ar­ma­das, este enor­me y roco­so blo­que. Y ello a cos­ta de dema­sia­das bajas, sufri­mien­to y daños colaterales.

Pero el caso es que esta «infe­rio­ri­dad» mili­tar de los insur­gen­tes no pue­de ser con­tro­la­da por los ocu­pan­tes, con la mis­ma faci­li­dad que con­tro­lan la «supe­rio­ri­dad» ideo­ló­gi­ca. Su enor­me capa­ci­dad para el domi­nio polí­ti­co se des­va­ne­ce cuan­do tra­tan de «derro­tar», por las armas, a las mili­cias arma­das, a los «terro­ris­tas»… Es decir, a quie­nes de ver­dad les aco­san y pro­vo­can mie­do o terror fác­ti­co. Y no ideológico.

Deseo sin­ce­ra­men­te bue­na suer­te y buen fin a las inten­cio­nes paci­fis­tas de la izquier­da aber­tza­le. Estoy de acuer­do en su supe­rio­ri­dad polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca. Pero tam­bién creo que esto no preo­cu­pa mucho a los tene­do­res del poder. Su úni­ca preo­cu­pa­ción seria (se les nota has­ta en la res­pi­ra­ción) es no poder con­tro­lar, como les pasa a los ame­ri­ca­nos hoy, a los ingle­ses y fran­ce­ses en sus anti­guos impe­rios, la res­pues­ta fác­ti­ca de los «ven­ci­dos».

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