Prin­ci­pios del comu­nis­mo – F. Engels

El tra­ba­jo «Prin­ci­pios del comu­nis­mo» es un pro­yec­to de pro­gra­ma de la Liga de los Comu­nis­tas. Lo escri­bió Engels en París por encar­go del Comi­té Comar­cal de la Liga. Sin embar­go, lue­go de que como resul­ta­do de su II Con­gre­so (29 de noviembre‑8 de diciem­bre de 1847), la Liga les encar­ga­ra a Marx y Engels la redac­ción de un pro­gra­ma para la Liga, los auto­res aban­do­na­ron la for­ma de cate­quis­mo que mar­có la obra aquí repro­du­ci­da y opta­ron por escri­bir el pro­gra­ma en for­ma de mini­fies­to. El resul­ta­do se cono­ce como el Mani­fies­to del Par­ti­do Comu­nis­ta. Al escri­bir­lo, los auto­res uti­li­za­ron las tesis expues­tas por Engels en los «Prin­ci­pios del comunismo».

I. ¿Qué es el comunismo?

El comu­nis­mo es la doc­tri­na de las con­di­cio­nes de la libe­ra­ción del proletariado.

II. ¿Qué es el proletariado?

El pro­le­ta­ria­do es la cla­se social que con­si­gue sus medios de sub­sis­ten­cia exclu­si­va­men­te de la ven­ta de su tra­ba­jo, y no del rédi­to de algún capi­tal; es la cla­se, cuyas dicha y pena, vida y muer­te y toda la exis­ten­cia depen­den de la deman­da de tra­ba­jo, es decir, de los perío­dos de cri­sis y de pros­pe­ri­dad de los nego­cios, de las fluc­tua­cio­nes de una com­pe­ten­cia desen­fre­na­da. Dicho en pocas pala­bras, el pro­le­ta­ria­do, o la cla­se de los pro­le­ta­rios, es la cla­se tra­ba­ja­do­ra del siglo XIX.

III. ¿Quie­re decir que los pro­le­ta­rios no han exis­ti­do siempre?

No. Las cla­ses pobres y tra­ba­ja­do­ras han exis­ti­do siem­pre, sien­do pobres en la mayo­ría de los casos. Aho­ra bien, los pobres, los obre­ros que vivie­sen en las con­di­cio­nes que aca­ba­mos de seña­lar, o sea los pro­le­ta­rios, no han exis­ti­do siem­pre, del mis­mo modo que la com­pe­ten­cia no ha sido siem­pre libre y desenfrenada.

IV. ¿Cómo apa­re­ció el proletariado?

El pro­le­ta­ria­do nació a raíz de la revo­lu­ción indus­trial, que se pro­du­jo en Ingla­te­rra en la segun­da mitad del siglo pasa­do y se repi­tió lue­go en todos los paí­ses civi­li­za­dos del mun­do. Dicha revo­lu­ción se debió al inven­to de la máqui­na de vapor, de las diver­sas máqui­nas de hilar, del telar mecá­ni­co y de toda una serie de otros dis­po­si­ti­vos mecá­ni­cos. Estas máqui­nas, que cos­ta­ban muy caras y, por eso, sólo esta­ban al alcan­ce de los gran­des capi­ta­lis­tas, trans­for­ma­ron com­ple­ta­men­te el anti­guo modo de pro­duc­ción y des­pla­za­ron a los obre­ros ante­rio­res, pues­to que las máqui­nas pro­du­cían mer­can­cías más bara­tas y mejo­res que las que podían hacer éstos con ayu­da de sus rue­cas y tela­res imper­fec­tos. Las máqui­nas pusie­ron la indus­tria ente­ra­men­te en manos de los gran­des capi­ta­lis­tas y redu­je­ron a la nada el valor de la peque­ña pro­pie­dad de los obre­ros (ins­tru­men­tos, tela­res, etc.), de modo que los capi­ta­lis­tas pron­to se apo­de­ra­ron de todo, y los obre­ros se que­da­ron con nada. Así se ins­tau­ró en la pro­duc­ción de teji­dos el sis­te­ma fabril. En cuan­to se dio el pri­mer impul­so a la intro­duc­ción de máqui­nas y al sis­te­ma fabril; este últi­mo se pro­pa­gó rápi­da­men­te en las demás ramas de la indus­tria, sobre todo en el estam­pa­do de teji­dos, la impre­sión de libros, la alfa­re­ría y la meta­lur­gia. El tra­ba­jo comen­zó a divi­dir­se más y más entre los obre­ros indi­vi­dua­les de tal mane­ra que el que antes efec­tua­ba todo el tra­ba­jo pasó a rea­li­zar nada más que una par­te del mis­mo. Esta divi­sión del tra­ba­jo per­mi­tió fabri­car los pro­duc­tos más rápi­da­men­te y, por con­se­cuen­cia, de modo más bara­to. Ello redu­jo la acti­vi­dad de cada obre­ro a un pro­ce­di­mien­to mecá­ni­co, muy sen­ci­llo, cons­tan­te­men­te repe­ti­do, que la máqui­na podía rea­li­zar con el mis­mo éxi­to o inclu­so mucho mejor. Por tan­to, todas estas ramas de la pro­duc­ción caye­ron, una tras otra, bajo la domi­na­ción del vapor, de las máqui­nas y del sis­te­ma fabril, exac­ta­men­te del mis­mo modo que la pro­duc­ción de hila­dos y de teji­dos. En con­se­cuen­cia, ellas se vie­ron ente­ra­men­te en manos de los gran­des capi­ta­lis­tas, y los obre­ros que­da­ron pri­va­dos de los úIti­mos res­tos de su inde­pen­den­cia. Poco a poco, el sis­te­ma fabril exten­dió su domi­na­ción no ya sólo a la manu­fac­tu­ra, en el sen­ti­do estric­to de la pala­bra, sino que comen­zó a apo­de­rar­se más y más de las acti­vi­da­des arte­sa­nas, ya que tam­bién en esta esfe­ra los gran­des capi­ta­lis­tas des­pla­za­ban cada vez más a los peque­ños maes­tros, mon­tan­do gran­des talle­res, en los que era posi­ble aho­rrar muchos gas­tos e implan­tar una deta­lla­da divi­sión del tra­ba­jo. Así lle­ga­mos a que, en los paí­ses civi­li­za­dos, casi en todas las ramas del tra­ba­jo se afian­za la pro­duc­ción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran indus­tria des­pla­za a la arte­sa­nía y la manu­fac­tu­ra. Como resul­ta­do de ello, se arrui­na más y más la anti­gua cla­se media, sobre todo los peque­ños arte­sa­nos, cam­bia com­ple­ta­men­te la ante­rior situa­ción de los tra­ba­ja­do­res y sur­gen dos cla­ses nue­vas, que absor­ben pau­la­ti­na­men­te a todas las demás, a saber:

I. La cla­se de los gran­des capi­ta­lis­tas, que son ya en todos los paí­ses civi­li­za­dos casi los úni­cos posee­do­res de todos los medios de exis­ten­cia, como igual­men­te de las mate­rias pri­mas y de los ins­tru­men­tos (máqui­nas, fábri­cas, etc.) nece­sa­rios para la pro­duc­ción de los medios de exis­ten­cia. Es la cla­se de los bur­gue­ses, o sea, burguesía.

II. La cla­se de los com­ple­ta­men­te des­po­seí­dos, de los que en vir­tud de ello se ven for­za­dos a ven­der su tra­ba­jo a los bur­gue­ses, al fin de reci­bir en cam­bio los medios de sub­sis­ten­cia nece­sa­rios para vivir. Esta cla­se se deno­mi­na la cla­se de los pro­le­ta­rios, o sea, proletariado.

V. ¿En qué con­di­cio­nes se rea­li­za esta ven­ta del tra­ba­jo de los pro­le­ta­rios a los burgueses?

El tra­ba­jo es una mer­can­cía como otra cual­quie­ra, y su pre­cio depen­de, por con­si­guien­te, de las mis­mas leyes que el de cual­quier otra mer­can­cía. Pero, el pre­cio de una mer­can­cía, bajo el domi­nio de la gran indus­tria o de la libre com­pe­ten­cia, que es lo mis­mo, como lo vere­mos más ade­lan­te, es, por tér­mino medio, siem­pre igual a los gas­tos de pro­duc­ción de dicha mer­can­cía. Por tan­to, el pre­cio del tra­ba­jo es tam­bién igual al cos­to de pro­duc­ción del tra­ba­jo. Aho­ra bien, el cos­to de pro­duc­ción del tra­ba­jo cons­ta pre­ci­sa­men­te de la can­ti­dad de medios de sub­sis­ten­cia indis­pen­sa­bles para que el obre­ro esté en con­di­cio­nes de man­te­ner su capa­ci­dad de tra­ba­jo y para que la cla­se obre­ra no se extin­ga. El obre­ro no per­ci­bi­rá por su tra­ba­jo más que lo indis­pen­sa­ble para ese fin; el pre­cio del tra­ba­jo o el sala­rio será, por con­si­guien­te, el más bajo, cons­ti­tui­rá el míni­mo de lo indis­pen­sa­ble para man­te­ner la vida. Pero, por cuan­to en los nego­cios exis­ten perío­dos mejo­res y peo­res, el obre­ro per­ci­bi­rá unas veces más, otras menos, exac­ta­men­te de la mis­ma mane­ra que el fabri­can­te cobra unas veces más, otras menos, por sus mer­can­cías. Y, al igual que el fabri­can­te, que, por tér­mino medio, con­tan­do los tiem­pos bue­nos y los malos, no per­ci­be por sus mer­can­cías ni más ni menos que su cos­to de pro­duc­ción, el obre­ro per­ci­bi­rá, por tér­mino medio, ni más ni menos que ese míni­mo. Esta ley eco­nó­mi­ca del sala­rio se apli­ca­rá más rigu­ro­sa­men­te en la medi­da en que la gran indus­tria vaya pene­tran­do en todas las ramas de la producción.

VI. ¿Qué cla­ses tra­ba­ja­do­res exis­tían antes de la revo­lu­ción industrial?

Las cla­ses tra­ba­ja­do­ras han vivi­do en dis­tin­tas con­di­cio­nes, según las dife­ren­tes fases de desa­rro­llo de la socie­dad, y han ocu­pa­do posi­cio­nes dis­tin­tas res­pec­to de las cla­ses posee­do­ras y domi­nan­tes. En la anti­güe­dad, los tra­ba­ja­do­res eranescla­vos de sus amos, como lo son toda­vía en un gran núme­ro de paí­ses atra­sa­dos e inclu­so en la par­te meri­dio­nal de los Esta­dos Uni­dos. En la Edad Media eran sier­vos de los nobles pro­pie­ta­rios de tie­rras, como lo son toda­vía en Hun­gría, Polo­nia y Rusia. Ade­más, en la Edad Media, has­ta la revo­lu­ción indus­trial, exis­tían en las ciu­da­des ofi­cia­les arte­sa­nos que tra­ba­ja­ban al ser­vi­cio de la peque­ña bur­gue­sía y, poco a poco, en la medi­da del pro­gre­so de la manu­fac­tu­ra, comen­za­ron a apa­re­cer obre­ros de manu­fac­tu­ra que iban a tra­ba­jar con­tra­ta­dos por gran­des capitalistas.

VII. ¿Qué dife­ren­cia hay entre el pro­le­ta­rio y el esclavo?

El escla­vo está ven­di­do de una vez y para siem­pre, en cam­bio, el pro­le­ta­rio tie­ne que ven­der­se él mis­mo cada día y cada hora. Todo escla­vo indi­vi­dual, pro­pie­dad de un señor deter­mi­na­do, tie­ne ya ase­gu­ra­da su exis­ten­cia por mise­ra­ble que sea, por inte­rés de éste. En cam­bio el pro­le­ta­rio indi­vi­dual es, val­ga la expre­sión, pro­pie­dad de toda la cla­se de la bur­gue­sía. Su tra­ba­jo no se com­pra más que cuan­do alguien lo nece­si­ta, por cuya razón no tie­ne la exis­ten­cia ase­gu­ra­da. Esta exis­ten­cia está ase­gu­ra­da úni­ca­men­te a toda la cla­se de los pro­le­ta­rios. El escla­vo está fue­ra de la com­pe­ten­cia. El pro­le­ta­rio se halla some­ti­do a ello y sien­te todas sus fluc­tua­cio­nes. El escla­vo es con­si­de­ra­do como una cosa, y no miem­bro de la socie­dad civil. El pro­le­ta­rio es reco­no­ci­do como per­so­na, como miem­bro de la socie­dad civil. Por con­si­guien­te, el escla­vo pue­de tener una exis­ten­cia mejor que el pro­le­ta­rio, pero este últi­mo per­te­ne­ce a una eta­pa supe­rior de desa­rro­llo de la socie­dad y se encuen­tra a un nivel más alto que el escla­vo. Este se libe­ra cuan­do de todas las rela­cio­nes de la pro­pie­dad pri­va­da no supri­me más que una, la rela­ción de escla­vi­tud, gra­cias a lo cual sólo enton­ces se con­vier­te en pro­le­ta­rio; en cam­bio, el pro­le­ta­rio sólo pue­de libe­rar­se supri­mien­do toda la pro­pie­dad pri­va­da en general.

VIII. ¿Qué dife­ren­cia hay entre el pro­le­ta­rio y el siervo?

El sier­vo posee en pro­pie­dad y usu­fruc­to un ins­tru­men­to de pro­duc­ción y una por­ción de tie­rra, a cam­bio de lo cual entre­ga una par­te de su pro­duc­to o cum­ple cier­tos tra­ba­jos. El pro­le­ta­rio tra­ba­ja con ins­tru­men­tos de pro­duc­ción per­te­ne­cien­tes a otra per­so­na, por cuen­ta de ésta, a cam­bio de una par­te del pro­duc­to. El sier­vo da, al pro­le­ta­rio le dan. El sier­vo tie­ne la exis­ten­cia ase­gu­ra­da, el pro­le­ta­rio no. El sier­vo está fue­ra de la com­pe­ten­cia, el pro­le­ta­rio se halla suje­to a ella. El sier­vo se libe­ra ya refu­gián­do­se en la ciu­dad y hacién­do­se arte­sano, ya dan­do a su amo dine­ro en lugar de tra­ba­jo o pro­duc­tos, trans­for­man­do­se en libre arren­da­ta­rio, ya expul­san­do a su señor feu­dal y hacién­do­se él mis­mo pro­pie­ta­rio. Dicho en bre­ves pala­bras, se libe­ra entran­do de una mane­ra u otra en la cla­se posee­do­ra y en la esfe­ra de la com­pe­ten­cia. El pro­le­ta­rio se libe­ra supri­mien­do la com­pe­ten­cia, la pro­pie­dad pri­va­da y todas las dife­ren­cias de clase.

IX. ¿Qué dife­ren­cia hay entre el pro­le­ta­rio y el artesano? 

X. ¿Qué dife­ren­cia hay entre el pro­le­ta­rio y el obre­ro de manufactura?

El obre­ro de manu­fac­tu­ra de los siglos XVI-XVIII poseía casi en todas par­tes ins­tru­men­tos de pro­duc­ción: su telar, su rue­ca para la fami­lia y un peque­ño terreno que cul­ti­va­ba en las horas libres. El pro­le­ta­rio no tie­ne nada de eso. El obre­ro de manu­fac­tu­ra vive casi siem­pre en el cam­po y se halla en rela­cio­nes más o menos patriar­ca­les con su señor o su patrono. El pro­le­ta­rio sue­le vivir en gran­des ciu­da­des y no lo unen a su patrono más que rela­cio­nes de dine­ro. La gran indus­tria arran­ca al obre­ro de manu­fac­tu­ra de sus con­di­cio­nes patriar­ca­les; éste pier­de la pro­pie­dad que toda­vía poseía y sólo enton­ces se con­vier­te en proletario.

XI. ¿Cuá­les fue­ron las con­se­cuen­cias direc­tas de la revo­lu­ción indus­trial y de la divi­sión de la socie­dad en bur­gue­ses y proletarios?

En pri­mer lugar, en vir­tud de que el tra­ba­jo de las máqui­nas redu­cía más y más los pre­cios de los artícu­los indus­tria­les, en casi todos los paí­ses del mun­do el vie­jo sis­te­ma de la manu­fac­tu­ra o de la indus­tria basa­da en el tra­ba­jo manual fue des­trui­do ente­ra­men­te. Todos los paí­ses semi­bár­ba­ros que toda­vía que­da­ban más o menos al mar­gen del desa­rro­llo his­tó­ri­co y cuya indus­tria se basa­ba toda­vía en la manu­fac­tu­ra, fue­ron arran­ca­dos vio­len­ta­men­te de su ais­la­mien­to. Comen­za­ron a com­prar mer­can­cías más bara­tas a los ingle­ses, dejan­do que se murie­sen de ham­bre sus pro­pios obre­ros de manu­fac­tu­ra. Así, paí­ses que duran­te mile­nios no cono­cie­ron el menor pro­gre­so, como, por ejem­plo, la India, pasa­ron por una com­ple­ta revo­lu­ción, e inclu­so la Chi­na mar­cha aho­ra de cara a la revo­lu­ción. Las cosas han lle­ga­do a tal pun­to que una nue­va máqui­na que se inven­te aho­ra en Ingla­te­rra podrá, en el espa­cio de un año, con­de­nar al ham­bre a millo­nes de obre­ros de Chi­na. De este modo, la gran indus­tria ha liga­do los unos a los otros a todos los pue­blos de la tie­rra, ha uni­do en un solo mer­ca­do mun­dial todos los peque­ños mer­ca­dos loca­les, ha pre­pa­ra­do por doquier el terreno para la civi­li­za­ción y el pro­gre­so y ha hecho las cosas de tal mane­ra que todo lo que se rea­li­za en los paí­ses civi­li­za­dos debe nece­sa­ria­men­te reper­cu­tir en todos los demás, por tan­to, si los obre­ros de Ingla­te­rra o de Fran­cia se libe­ran aho­ra, ello debe sus­ci­tar revo­lu­cio­nes en todos los demás paí­ses, revo­lu­cio­nes que tar­de o tem­prano cul­mi­na­rán tam­bién allí en la libe­ra­ción de los obreros.

En segun­do lugar, en todas las par­tes en que la gran indus­tria ocu­pó el lugar de la manu­fac­tu­ra, la bur­gue­sía aumen­tó extra­or­di­na­ria­men­te su rique­za y poder y se eri­gió en pri­me­ra cla­se del país. En con­se­cuen­cia, en todas las par­tes en las que se pro­du­jo ese pro­ce­so, la bur­gue­sía tomó en sus manos el poder polí­ti­co y des­alo­jó las cla­ses que domi­na­ban antes: la aris­to­cra­cia, los maes­tros de gre­mio y la monar­quía abso­lu­ta, que repre­sen­ta­ba a la una y a los otros. La bur­gue­sía aca­bó con el pode­río de la aris­to­cra­cia y de la noble­za, supri­mien­do el mayo­raz­go o la inalie­na­bi­li­dad de la pose­sión de tie­rras, como tam­bién todos los pri­vi­le­gios de la noble­za. Des­tru­yó el pode­río de los maes­tros de gre­mio, eli­mi­nan­do todos los gre­mios y los pri­vi­le­gios gre­mia­les. En el lugar de unos y otros puso la libre com­pe­ten­cia, es decir, un esta­do de la socie­dad en la que cada cual tenía dere­cho a dedi­car­se a la rama de la indus­tria que le gus­ta­se y nadie podía impe­dír­se­lo a no ser la fal­ta de capi­tal nece­sa­rio para tal acti­vi­dad. Por con­si­guien­te, la implan­ta­ción de la libre com­pe­ten­cia es la pro­cla­ma­ción públi­ca de que, de aho­ra en ade­lan­te, los miem­bros de la socie­dad no son igua­les entre sí úni­ca­men­te en la medi­da en que no lo son sus capi­ta­les, que el capi­tal se con­vier­te en la fuer­za deci­si­va y que los capi­ta­lis­tas, o sea, los bur­gue­ses, se eri­gen así en la pri­me­ra cla­se de la socie­dad. Aho­ra bien, la libre com­pe­ten­cia es indis­pen­sa­ble en el perío­do ini­cial del desa­rro­llo de la gran indus­tria, por­que es el úni­co régi­men social con el que la gran indus­tria pue­de pro­gre­sar. Tras de ani­qui­lar de este modo el pode­río social de la noble­za y de los maes­tros de gre­mio, puso fin tam­bién al poder polí­ti­co de la una y los otros. Lle­ga­da a ser la pri­me­ra cla­se de la socie­dad, la bur­gue­sía se pro­cla­mó tam­bién la pri­me­ra cla­se en la esfe­ra polí­ti­ca. Lo hizo implan­tan­do el sis­te­ma repre­sen­ta­ti­vo, basa­do en la igual­dad bur­gue­sa ante la ley y en el reco­no­ci­mien­to legis­la­ti­vo de la libre com­pe­ten­cia. Este sis­te­ma fue ins­tau­ra­do en los paí­ses euro­peos bajo la for­ma de la monar­quía cons­ti­tu­cio­nal. En dicha monar­quía sálo tie­nen dere­cho de voto los posee­do­res de cier­to capi­tal, es decir, úni­ca­men­te los bur­gue­ses. Estos elec­to­res bur­gue­ses eli­gen a los dipu­tados, y estos dipu­tados bur­gue­ses, valién­do­se del dere­cho a negar los impues­tos, eli­gen un gobierno burgués.

En ter­cer lugar, la revo­lu­ción indis­trial ha crea­do en todas par­tes el pro­le­ta­ria­do en la mis­ma medi­da que la bur­gue­sía. Cuan­to más ricos se hacían los bur­gue­ses, más nume­ro­sos eran los pro­le­ta­rios. Vis­to que sólo el capi­tal pue­de dar ocu­pa­ción a los pro­le­ta­rios y que el capi­tal sólo aumen­ta cuan­do emplea tra­ba­jo, el cre­ci­mien­to del pro­le­ta­ria­do se pro­du­ce en exac­ta corres­pon­den­cia con el del capi­tal. Al pro­pio tiem­po, la revo­lu­ción indus­trial agru­pa a los bur­gue­ses y a los pro­le­ta­rios en gran­des ciu­da­des, en las que es más ven­ta­jo­so fomen­tar la indus­tria, y can esa con­cen­tra­ción de gran­des masas en un mis­mo lugar le incul­ca a los pro­le­ta­rios la con­cien­cia de su fuer­za. Lue­go, en la medi­da del pro­gre­so de la revo­lu­ción indus­trial, en la medi­da en que se inven­tan nue­vas máqui­nas, que eli­mi­nan el tra­ba­jo manual, la gran indus­tria ejer­ce una pre­sión cre­cien­te sobre los sala­rios y los redu­ce, como hemos dicho, al míni­mo, hacien­do la situa­ción del pro­le­ta­ria­do cada vez más inso­por­ta­ble. Así, por una par­te, como con­se­cuen­cia del des­con­ten­to cre­cien­te del pro­le­ta­ria­do y, por la otra, del cre­ci­mien­to del pode­río de éste, la revo­lu­ción indus­trial pre­pa­ra la revo­lu­ción social que ha de rea­li­zar el proletariado.

XII. ¿Cuá­les han sido las con­se­cuen­cias siguien­tes de la revo­lu­ción industrial?

La gran indus­tria creó, con la máqui­na de vapor y otras máqui­nas, los medios de aumen­tar la pro­duc­ción indus­trial rápi­da­men­te, a bajo cos­to y has­ta el infi­ni­to. Mer­ced a esta faci­li­dad de ampliar la pro­duc­ción, la libre com­pe­ten­cia, con­se­cuen­cia nece­sa­ria de esta gran indus­tria, adqui­rió pron­to un carác­ter extra­or­di­na­ria­men­te vio­len­to; un gran núme­ro de capi­ta­lis­tas se lan­zó a la indus­tria, en bre­ve pla­zo se pro­du­jo más de lo que se podía con­su­mir. Como con­se­cuen­cia, no se podían ven­der las mer­can­cías fabri­ca­das y sobre­vino la lla­ma­da cri­sis comer­cial; las fábri­cas tuvie­ron que parar, los fabri­can­tes que­bra­ron y los obre­ros se que­da­ron sin pan. Y en todas par­tes se exten­dió la mayor mise­ria. Al cabo de cier­to tiem­po se ven­die­ron los pro­duc­tos sobran­tes, las fábri­cas vol­vie­ron a fun­cio­nar, los sala­rios subie­ron y, poco a poco, los nego­cios mar­cha­ron mejor que nun­ca. Pero no por mucho tiem­po, ya que pron­to vol­vie­ron a pro­du­cir­se dema­sia­das mer­can­cías y sobre­vino una nue­va cri­sis que trans­cu­rrió exac­ta­men­te de la mis­ma mane­ra que la ante­rior. Así, des­de comien­zos del pre­sen­te siglo, en la situa­ción de la indus­tria se han pro­du­ci­do con­ti­nua­men­te osci­la­cio­nes entre perío­dos de pros­pe­ri­dad y perío­dos de cri­sis, y casi regu­lar­men­te, cada cin­co o sie­te años se ha pro­du­ci­do tal cri­sis, con la par­ti­cu­la­ri­dad de que cada vez aca­rrea­ba las mayo­res cala­mi­da­des para los obre­ros, una agi­ta­ción revo­lu­cio­na­ria gene­ral y un peli­gro colo­sal para todo el régi­men existente.

XIII. ¿Cuá­les son las con­se­cuen­cias de estas cri­sis comer­cia­les que se repi­ten regularmente?

En pri­mer lugar, la de que la gran indus­tria, que en el pri­mer perío­do de su desa­rro­llo creó la libre com­pe­ten­cia, la ha reba­sa­do ya; que la com­pe­ten­cia y, hablan­do en tér­mi­nos gene­ra­les, la pro­duc­ción indus­trial en manos de unos u otros par­ti­cu­la­res se ha con­ver­ti­do para ella en una tra­ba a la que debe y ha de rom­per; que la gran indus­tria, mien­tras siga sobre la base actual, no pue­de exis­tir sin con­du­cir cada sie­te años a un caos gene­ral que supo­ne cada vez un peli­gro para toda la civi­li­za­ción y no sólo sume en la mise­ria a los pro­le­ta­rios, sino que arrui­na a muchos bur­gue­ses; que, por con­si­guien­te, la gran indus­tria debe des­truir­se ella mis­ma, lo que es abso­lu­ta­men­te impo­si­ble, o reco­no­cer que hace impres­cin­di­ble una orga­ni­za­ción com­ple­ta­men­te nue­va de la socie­dad, en la que la pro­duc­ción indus­trial no será más diri­gi­da por unos u otros fabri­can­tes en com­pe­ten­cia entre sí, sino por toda la socie­dad con arre­glo a un plan deter­mi­na­do y de con­for­mi­dad con las nece­si­da­des de todos los miem­bros de la sociedad.

En segun­do lugar, que la gran indus­tria y la posi­bi­li­dad, con­di­cio­na­da por ésta, de ampliar has­ta el infi­ni­to la pro­duc­ción per­mi­ten crear un régi­men social en el que se pro­du­ci­rán tan­tos medios de sub­sis­ten­cia que cada miem­bro de la socie­dad esta­rá en con­di­cio­nes de desa­rro­llar y emplear libre­men­te todas sus fuer­zas y facul­ta­des; de modo que, pre­ci­sa­men­te la pecu­lia­ri­dad de la gran indus­tria que en la socie­dad moder­na engen­dra toda la mise­ria y todas las cri­sis comer­cia­les será en la otra orga­ni­za­ción social jus­ta­men­te la que ha de aca­bar con esa mise­ria y esas fluc­tua­cio­nes pre­ña­das de tan­tas desgracias.

Por tan­to, está pro­ba­do claramente:

1) que en la actua­li­dad todos estos males se deben úni­ca­men­te al régi­men social, el cual ya no res­pon­de más a las con­di­cio­nes existentes;

2) que ya exis­ten los medios de supre­sión defi­ni­ti­va de estas cala­mi­da­des por vía de la cons­truc­ción de un nue­vo orden social.

XIV. ¿Cómo debe ser ese nue­vo orden social?

Ante todo, la admi­nis­tra­ción de la indus­tria y de todas las ramas de la pro­duc­ción en gene­ral deja­rá de per­te­ne­cer a unos u otros indi­vi­duos en com­pe­ten­cia. En lugar de esto, las ramas de la pro­duc­ción pasa­rán a manos de toda la socie­dad, es decir, serán admi­nis­tra­das en bene­fi­cio de toda la socie­dad, con arre­glo a un plan gene­ral y con la par­ti­ci­pa­ción de todos los miem­bros de la socie­dad. Por tan­to, el nue­vo orden social supri­mi­rá la com­pe­ten­cia y la sus­ti­tui­rá con la aso­cia­ción. En vis­ta de que la direc­ción de la indus­tria, al hallar­se en manos de par­ti­cu­la­res, impli­ca nece­sa­ria­men­te la exis­ten­cia de la pro­pie­dad pri­va­da y por cuan­to la com­pe­ten­cia no es otra cosa que ese modo de diri­gir la indus­tria, en el que la gobier­nan pro­pie­ta­rios pri­va­dos, la pro­pie­dad pri­va­da va uni­da inse­pa­ra­ble­men­te a la direc­ción indi­vi­dual de la indus­tria y a la com­pe­ten­cia. Así, la pro­pie­dad pri­va­da debe tam­bién ser supri­mi­da y ocu­pa­rán su lugar el usu­fruc­to colec­ti­vo de todos los ins­tru­men­tos de pro­duc­ción y el repar­to de los pro­duc­tos de común acuer­do, lo que se lla­ma la comu­ni­dad de bienes.

La supre­sión de la pro­pie­dad pri­va­da es inclu­so la expre­sión más bre­ve y mas carac­te­rís­ti­ca de esta trans­for­ma­ción de todo el régi­men social, que se ha hecho posi­ble mer­ced al pro­gre­so de la indus­tria. Por eso los comu­nis­tas la plan­teen can razón como su prin­ci­pal reivindicación.

XV. ¿Eso quie­re decir que la supre­sión de la pro­pie­dad pri­va­da no era posi­ble antes?

No, no era posi­ble. Toda trans­for­ma­ción del orden social, todo cam­bio de las rela­cio­nes de pro­pie­dad es con­se­cuen­cia nece­sa­ria de la apa­ri­ción de nue­vas fuer­zas pro­duc­ti­vas que han deja­do de corres­pon­der a las vie­jas rela­cio­nes de pro­pie­dad. Así ha sur­gi­do la mis­ma pro­pie­dad pri­va­da. La pro­pie­dad pri­va­da no ha exis­ti­do siem­pre; cuan­do a fines de la Edad Media sur­gió el nue­vo modo de pro­duc­ción bajo la for­ma de la manu­fac­tu­ra, que no encua­dra­ba en el mar­co de la pro­pie­dad feu­dal y gre­mial, esta manu­fac­tu­ra, que no corres­pon­día ya a las vie­jas rela­cio­nes de pro­pie­dad, dio vida a una nue­va for­ma de pro­pie­dad: la pro­pie­dad pri­va­da. En efec­to, para la manu­fac­tu­ra y para el pri­mer perío­do de desa­rro­llo de la gran indus­tria no era posi­ble nin­gu­na otra for­ma de pro­pie­dad ade­más de la pro­pie­dad pri­va­da, no era posi­ble nin­gún orden social ade­más del basa­do en esta pro­pie­dad. Mien­tras no se pue­da con­se­guir una can­ti­dad de pro­duc­tos que no sólo bas­te para todos, sino que se que­de cier­to exce­den­te para aumen­tar el capi­tal social y seguir fomen­tan­do las fuer­zas pro­duc­ti­vas, deben exis­tir nece­sa­ria­men­te una cla­se domi­nan­te que dis­pon­ga de las fuer­zas pro­duc­ti­vas de la socie­dad y una cla­se pobre y opri­mi­da. La cons­ti­tu­ción y el carác­ter de estas cla­ses depen­den del gra­do de desa­rro­llo de la pro­duc­ción. La socie­dad de la Edad Media, que tie­ne por base el cul­ti­vo de la tie­rra, nos da el señor feu­dal y el sier­vo; las ciu­da­des de las pos­tri­me­rías de la Edad Media nos dan el maes­tro arte­sano, el ofi­cial y el jor­na­le­ro; en el siglo XVII, el pro­pie­ta­rio de manu­fac­tu­ra y el obre­ro de ésta; en el siglo XIX, el gran fabri­can­te y el pro­le­ta­rio. Es cla­ro que, has­ta el pre­sen­te, las fuer­zas pro­duc­ti­vas no se han desa­rro­lla­do aún al pun­to de pro­por­cio­nar una can­ti­dad de bie­nes sufi­cien­te para todos y para que la pro­pie­dad pri­va­da sea ya una tra­ba, un obs­tácu­lo para su pro­gre­so. Pero hoy, cuan­do, mer­ced al desa­rro­llo de la gran indus­tria, en pri­mer lugar, se han cons­ti­tui­do capi­ta­les y fuer­zas pro­duc­ti­vas en pro­por­cio­nes sin pre­ce­den­tes y exis­ten medios para aumen­tar en bre­ve pla­zo has­ta el infi­ni­to estas fuer­zas pro­duc­ti­vas; cuan­do, en segun­do lugar, estas fuer­zas pro­duc­ti­vas se con­cen­tran en manos de un redu­ci­do núme­ro de bur­gue­ses, mien­tras la gran masa del pue­blo se va con­vir­tien­do cada vez más en pro­le­ta­rios, con la par­ti­cu­la­ri­dad de que su situa­ción se hace más pre­ca­ria e inso­por­ta­ble en la medi­da en que aumen­ta la rique­za de los bur­gue­ses; cuan­do, en ter­cer lugar, estas pode­ro­sas fuer­zas pro­duc­ti­vas, que se mul­ti­pli­can con tan­ta faci­li­dad has­ta reba­sar el mar­co de la pro­pie­dad pri­va­da y del bur­gués, pro­vo­can con­ti­nua­men­te las mayo­res con­mo­cio­nes del orden social, sólo aho­ra la supre­sión de la pro­pie­dad pri­va­da se ha hecho posi­ble e inclu­so abso­lu­ta­men­te necesaria.

XVI. ¿Será posi­ble supri­mir por vía pací­fi­ca la pro­pie­dad privada?

Sería de desear que fue­se así, y los comu­nis­tas, como es lógi­co, serían los últi­mos en opo­ner­se a ello. Los comu­nis­tas saben muy bien que todas las cons­pi­ra­cio­nes, ade­más de inú­ti­les, son inclu­so per­ju­di­cia­les. Están per­fec­ta­men­te al corrien­te de que no se pue­den hacer las revo­lu­cio­nes pre­me­di­ta­da y arbi­tra­ria­men­te y que éstas han sido siem­pre y en todas par­tes una con­se­cuen­cia nece­sa­ria de cir­cuns­tan­cias que no depen­dían en abso­lu­to de la volun­tad y la direc­ción de unos u otros par­ti­dos o cla­ses ente­ras. Pero, al pro­pio tiem­po, ven que se vie­ne aplas­tan­do por la vio­len­cia el desa­rro­llo del pro­le­ta­ria­do en casi todos los paí­ses civi­li­za­dos y que, con ello, los enemi­gos mis­mos de los comu­nis­tas tra­ba­jan con todas sus ener­gías para la revo­lu­ción. Si todo ello ter­mi­na, en fin de cuen­tas, empu­jan­do al pro­le­ta­ria­do sub­yu­ga­do a la revo­lu­ción, noso­tros, los comu­nis­tas, defen­de­re­mos con hechos, no menos que como aho­ra lo hace­mos de pala­bra, la cau­sa del proletariado.

XVII. ¿Será posi­ble supri­mir de gol­pe la pro­pie­dad privada?

No, no será posi­ble, del mis­mo modo que no se pue­de aumen­tar de gol­pe las fuer­zas pro­duc­ti­vas exis­ten­tes en la medi­da nece­sa­ria para crear una eco­no­mía colec­ti­va. Por eso, la revo­lu­ción del pro­le­ta­ria­do, que se ave­ci­na según todos los indi­cios, sólo podrá trans­for­mar pau­la­ti­na­men­te la socie­dad actual, y aca­ba­rá con la pro­pie­dad pri­va­da úni­ca­men­te cuan­do haya crea­do la nece­sa­ria can­ti­dad de medios de producción.

XVIII. ¿Qué vía de desa­rro­llo toma­rá esa revolución?

Esta­ble­ce­rá, ante todo, un régi­men demo­crá­ti­co y, por tan­to, direc­ta o indi­rec­ta­men­te, la domi­na­ción polí­ti­ca del pro­le­ta­ria­do. Direc­ta­men­te en Ingla­te­rra, don­de los pro­le­ta­rios cons­ti­tu­yen ya la mayo­ría del pue­blo. Indi­rec­ta­men­te en Fran­cia y en Ale­ma­nia, don­de la mayo­ría del pue­blo no cons­ta úni­ca­men­te de pro­le­ta­rios, sino, ade­más, de peque­ños cam­pe­si­nos y peque­ños bur­gue­ses de la ciu­dad, que se encuen­tran sólo en la fase de trans­for­ma­ción en pro­le­ta­ria­do y que, en lo tocan­te a la satis­fac­ción de sus intere­ses polí­ti­cos, depen­den cada vez más del pro­le­ta­ria­do, por cuya razón han de adhe­rir­se pron­to a las rei­vin­di­ca­cio­nes de éste. Para ello, qui­zá, se nece­si­te una nue­va lucha que, sin embar­go, no pue­de tener otro des­en­la­ce que la vic­to­ria del proletariado.

La demo­cra­cia sería abso­lu­ta­men­te inú­til para el pro­le­ta­ria­do si no la uti­li­za­ra inme­dia­ta­men­te como medio para lle­var a cabo amplias medi­das que aten­ta­sen direc­ta­men­te con­tra la pro­pie­dad pri­va­da y ase­gu­ra­sen la exis­ten­cia del pro­le­ta­ria­do. Las medi­das más impor­tan­tes, que dima­nan nece­sa­ria­men­te de las con­di­cio­nes actua­les, son:

1) Res­tric­ción de la pro­pie­dad pri­va­da median­te el impues­to pro­gre­si­vo, el alto impues­to sobre las heren­cias, la abo­li­ción del dere­cho de heren­cia en las líneas late­ra­les (her­ma­nos, sobri­nos, etc.), prés­ta­mos for­zo­sos, etc.

2) Expro­pia­ción gra­dual de los pro­pie­ta­rios agra­rios, fabri­can­tes, pro­pie­ta­rios de ferro­ca­rri­les y buques, par­cial­men­te con ayu­da de la com­pe­ten­cia por par­te de la indus­tria esta­tal y, par­cial­men­te de modo direc­to, con indem­ni­za­ción en asignados.

3) Con­fis­ca­ción de los bie­nes de todos los emi­gra­dos y de los rebel­des con­tra la mayo­ría del pueblo.

4) Orga­ni­za­ción del tra­ba­jo y ocu­pa­ción de los pro­le­ta­rios en fin­cas, fábri­cas y talle­res nacio­na­les, con lo cual se eli­mi­na­rá la com­pe­ten­cia entre los obre­ros, y los fabri­can­tes que que­den, ten­drán que pagar sala­rios tan altos como el Estado.

5) Igual deber obli­ga­to­rio de tra­ba­jo para todos los miem­bros de la socie­dad has­ta la supre­sión com­ple­ta de la pro­pie­dad pri­va­da. For­ma­ción de ejér­ci­tos indus­tria­les, sobre todo para la agricultura.

6) Cen­tra­li­za­ción de los cré­di­tos y la ban­ca en las manos del Esta­do a tra­vés del Ban­co Nacio­nal, con capi­tal del Esta­do. Cie­rre de todos los ban­cos privados.

7) Aumen­to del núme­ro de fábri­cas, talle­res, ferro­ca­rri­les y buques nacio­na­les, cul­ti­vo de todas las tie­rras que están sin labrar y mejo­ra­mien­to del cul­ti­vo de las demás tie­rras en con­so­nan­cia con el aumen­to de los capi­ta­les y del núme­ro de obre­ros de que dis­po­ne la nación.

8) Edu­ca­ción de todos los niños en esta­ble­ci­mien­tos esta­ta­les y a car­go del Esta­do, des­de el momen­to en que pue­dan pres­cin­dir del cui­da­do de la madre. Con­ju­gar la edu­ca­ción con el tra­ba­jo fabril.

9) Cons­truc­ción de gran­des pala­cios en las fin­cas del Esta­do para que sir­van de vivien­da a las comu­nas de ciu­da­da­nos que tra­ba­jen en la indus­tria y la agri­cul­tu­ra y unan las ven­ta­jas de la vida en la ciu­dad y en el cam­po, evi­tan­do así el carác­ter uni­la­te­ral y los defec­tos de la una y la otra.

10) Des­truc­ción de todas las casas y barrios insa­lu­bres y mal construidos.

11) Igual­dad de dere­cho de heren­cia para los hijos legí­ti­mos y los naturales.

12) Con­cen­tra­ción de todos los medios de trans­por­te en manos de la nación.

Por supues­to, todas estas medi­das no podrán ser lle­va­das a la prác­ti­ca de gol­pe. Pero cada una entra­ña nece­sa­ria­men­te la siguien­te. Una vez empren­di­do el pri­mer ata­que radi­cal con­tra la pro­pie­dad pri­va­da, el pro­le­ta­ria­do se verá obli­ga­do a seguir siem­pre ade­lan­te y a con­cen­trar más y más en las manos del Esta­do todo el capi­tal, toda la agri­cul­tu­ra, toda la indus­tria, todo el trans­por­te y todo el cam­bio. Este es el obje­ti­vo a que con­du­cen las medi­das men­cio­na­das. Ellas serán apli­ca­bles y sur­ti­rán su efec­to cen­tra­li­za­dor exac­ta­men­te en el mis­mo gra­do en que el tra­ba­jo del pro­le­ta­ria­do mul­ti­pli­que las fuer­zas pro­duc­ti­vas del país. Final­men­te, cuan­do todo el capi­tal, toda la pro­duc­ción y todo el cam­bio estén con­cen­tra­dos en las manos de la nación, la pro­pie­dad pri­va­da deja­rá de exis­tir de por sí, el dine­ro se hará super­fluo, la pro­duc­ción aumen­ta­rá y los hom­bres cam­bia­rán tan­to que se podrán supri­mir tam­bién las últi­mas for­mas de rela­cio­nes de la vie­ja sociedad.

XIX. ¿Es posi­ble esta revo­lu­ción en un solo país?

No. La gran indus­tria, al crear el mer­ca­do mun­dial, ha uni­do ya tan estre­cha­men­te todos los pue­blos del glo­bo terres­tre, sobre todo los pue­blos civi­li­za­dos, que cada uno depen­de de lo que ocu­rre en la tie­rra del otro. Ade­más, ha nive­la­do en todos los paí­ses civi­li­za­dos el desa­rro­llo social a tal pun­to que en todos estos paí­ses la bur­gue­sía y el pro­le­ta­ria­do se han eri­gi­do en las dos cla­ses deci­si­vas de la socie­dad, y la lucha entre ellas se ha con­ver­ti­do en la prin­ci­pal lucha de nues­tros días. Por con­se­cuen­cia, la revo­lu­ción comu­nis­ta no será una revo­lu­ción pura­men­te nacio­nal, sino que se pro­du­ci­rá simul­tá­nea­men­te en todos los paí­ses civi­li­za­dos, es decir, al menos en Ingla­te­rra, en Amé­ri­ca, en Fran­cia y en Ale­ma­nia. Ella se desa­rro­lla­rá en cada uno de estos paí­ses más rápi­da­men­te o más len­ta­men­te, depen­dien­do del gra­do en que esté en cada uno de ellos más desa­rro­lla­da la indus­tria, en que se hayan acu­mu­la­do más rique­zas y se dis­pon­ga de mayo­res fuer­zas pro­duc­ti­vas. Por eso será más len­ta y difí­cil en Ale­ma­nia y más rápi­da y fácil en Ingla­te­rra. Ejer­ce­rá igual­men­te una influen­cia con­si­de­ra­ble en los demás paí­ses del mun­do, modi­fi­ca­rá de raíz y ace­le­ra­rá extra­or­di­na­ria­men­te su ante­rior mar­cha del desa­rro­llo. Es una revo­lu­ción uni­ver­sal y ten­drá, por eso, un ámbi­to universal.

XX. ¿Cuá­les serán las con­se­cuen­cias de la supre­sión defi­ni­ti­va de la pro­pie­dad privada?

Al qui­tar a los capi­ta­lis­tas pri­va­dos el usu­fruc­to de todas las fuer­zas pro­duc­ti­vas y medios de comu­ni­ca­ción, así como el cam­bio y el repar­to de los pro­duc­tos, al admi­nis­trar todo eso con arre­glo a un plan basa­do en los recur­sos dis­po­ni­bles y las nece­si­da­des de toda la socie­dad, ésta supri­mi­rá, pri­me­ra­men­te, todas las con­se­cuen­cias nefas­tas liga­das al actual sis­te­ma de direc­ción de la gran indus­tria. Las cri­sis des­apa­re­ce­rán; la pro­duc­ción amplia­da, que es, en la socie­dad actual, una super­pro­duc­ción y una cau­sa tan pode­ro­sa de la mise­ria, será enton­ces muy insu­fi­cien­te y debe­rá adqui­rir pro­por­cio­nes mucho mayo­res. En lugar de engen­drar la mise­ria, la pro­duc­ción supe­rior a las nece­si­da­des peren­to­rias de la socie­dad per­mi­ti­rá satis­fa­cer las deman­das de todos los miem­bros de ésta, engen­dra­rá nue­vas deman­das y crea­rá, a la vez, los medios de satis­fa­cer­las. Será la con­di­ción y la cau­sa de un mayor pro­gre­so y lo lle­va­rá a cabo, sin sus­ci­tar, como antes, el tras­torno perió­di­co de todo el orden social. La gran indus­tria, libe­ra­da de las tra­bas de la pro­pie­dad pri­va­da, se desa­rro­lla­rá en tales pro­por­cio­nes que, com­pa­ra­do con ellas, su esta­do actual pare­ce­rá tan mez­quino como la manu­fac­tu­ra al lado de la gran indus­tria moder­na. Este avan­ce de la indus­tria brin­da­ra a la socie­dad sufi­cien­te can­ti­dad de pro­duc­tos para satis­fa­cer las nece­si­da­des de todos. Del mis­mo modo, la agri­cul­tu­ra, en la que, debi­do al yugo de la pro­pie­dad pri­va­da y al frac­cio­na­mien­to de las par­ce­las, resul­ta difí­cil el empleo de los per­fec­cio­na­mien­tos ya exis­ten­tes y de los ade­lan­tos de la cien­cia expe­ri­men­ta­rá un nue­vo auge y ofre­ce­rá a dis­po­si­ción de la socie­dad una can­ti­dad sufi­cien­te de pro­duc­tos. Así, la socie­dad pro­du­ci­rá lo bas­tan­te para orga­ni­zar la dis­tri­bu­ción con vis­tas a cubrir las nece­si­da­des de todos sus miem­bros. Con ello que­da­rá super­flua la divi­sión de la socie­dad en cla­ses dis­tin­tas y anta­gó­ni­cas. Dicha divi­sión, ade­más de super­flua, será inclu­so incom­pa­ti­ble con el nue­vo régi­men social. La exis­ten­cia de cla­ses se debe a la divi­sión del tra­ba­jo, y esta últi­ma, bajo su for­ma actual des­apa­re­ce­rá ente­ra­men­te, ya que, para ele­var la pro­duc­ción indus­trial y agrí­co­la al men­cio­na­do nivel no bas­tan sólo los medios auxi­lia­res mecá­ni­cos y quí­mi­cos. Es pre­ci­so desa­rro­llar corre­la­ti­va­men­te las apti­tu­des de los hom­bres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasa­do, cuan­do los cam­pe­si­nos y los obre­ros de las manu­fac­tu­ras, tras de ser incor­po­ra­dos a la gran indus­tria, modi­fi­ca­ron todo su régi­men de vida y se vol­vie­ron com­ple­ta­men­te otros, la direc­ción colec­ti­va de la pro­duc­ción por toda la socie­dad y el nue­vo pro­gre­so de dicha pro­duc­ción que resul­ta­ra de ello nece­si­ta­rán hom­bres nue­vos y los for­ma­rán. La ges­tión colec­ti­va de la pro­duc­ción no pue­de correr a car­go de los hom­bres tales como lo son hoy, hom­bres que depen­den cada cual de una rama deter­mi­na­da de la pro­duc­ción, están afe­rra­dos a ella, son explo­ta­dos por ella, desa­rro­llan nada más que un aspec­to de sus apti­tu­des a cuen­ta de todos los otros y sólo cono­cen una rama o par­te de algu­na rama de toda la pro­duc­ción. La indus­tria de nues­tros días está ya cada vez menos en con­di­cio­nes de emplear tales hom­bres. La indus­tria que fun­cio­na de modo pla­ni­fi­ca­do mer­ced al esfuer­zo común de toda la socie­dad pre­su­po­ne con más moti­vo hom­bres con apti­tu­des desa­rro­lla­das uni­ver­sal­men­te, hom­bres capa­ces de orien­tar­se en todo el sis­te­ma de la pro­duc­ción. Por con­si­guien­te, des­apa­re­ce­rá del todo la divi­sión del tra­ba­jo, mina­da ya en la actua­li­dad por la máqui­na, la divi­sión que hace que uno sea cam­pe­sino, otro, zapa­te­ro, un ter­ce­ro, obre­ro fabril, y un cuar­to, espe­cu­la­dor de la bol­sa. La edu­ca­ción dará a los jóve­nes la posi­bi­li­dad de asi­mi­lar rápi­da­men­te en la prác­ti­ca todo el sis­te­ma de pro­duc­ción y les per­mi­ti­rá pasar suce­si­va­men­te de una rama de la pro­duc­ción a otra, según sean las nece­si­da­des de la socie­dad o sus pro­pias incli­na­cio­nes. Por con­si­guien­te, la edu­ca­ción los libe­ra­rá de ese carác­ter uni­la­te­ral que la divi­sión actual del tra­ba­jo impo­ne a cada indi­vi­duo. Así, la socie­dad orga­ni­za­da sobre bases comu­nis­tas dará a sus miem­bros la posi­bi­li­dad de emplear en todos los aspec­tos sus facul­ta­des desa­rro­lla­das uni­ver­sal­men­te. Pero, con ello des­apa­re­ce­rán inevi­ta­ble­men­te las diver­sas cla­ses. Por tan­to, de una par­te, la socie­dad orga­ni­za­da sobre bases comu­nis­tas es incom­pa­ti­ble con la exis­ten­cia de cla­ses y, de la otra, la pro­pia cons­truc­ción de esa socie­dad brin­da los medios para supri­mir las dife­ren­cias de clase.

De ahí se des­pren­de que ha de des­apa­re­cer igual­men­te la opo­si­ción entre la ciu­dad y el cam­po. Unos mis­mos hom­bres se dedi­ca­rán al tra­ba­jo agrí­co­la y al indus­trial, en lugar de dejar que lo hagan dos cla­ses dife­ren­tes. Esto es una con­di­ción nece­sa­ria de la aso­cia­ción comu­nis­ta y por razo­nes muy mate­ria­les. La dis­per­sión de la pobla­ción rural dedi­ca­da a la agri­cul­tu­ra, a la par con la con­cen­tra­ción de la pobla­ción indus­trial en las gran­des ciu­da­des, corres­pon­de sólo a una eta­pa toda­vía infe­rior de desa­rro­llo de la agri­cul­tu­ra y la indus­tria y es un obs­tácu­lo para el pro­gre­so, cosa que se hace ya sen­tir con mucha fuerza.

La aso­cia­ción gene­ral de todos los miem­bros de la socie­dad al obje­to de uti­li­zar colec­ti­va y racio­nal­men­te las fuer­zas pro­duc­ti­vas; el fomen­to de la pro­duc­ción en pro­por­cio­nes sufi­cien­tes para cubrir las nece­si­da­des de todos; la liqui­da­ción del esta­do de cosas en el que las nece­si­da­des de unos se satis­fa­cen a cos­ta de otros; la supre­sión com­ple­ta de las cla­ses y del anta­go­nis­mo entre ellas; el desa­rro­llo uni­ver­sal de las facul­ta­des de todos los miem­bros de la socie­dad mer­ced a la eli­mi­na­ción de la ante­rior divi­sión del tra­ba­jo, median­te la edu­ca­ción indus­trial, mer­ced al cam­bio de acti­vi­dad, a la par­ti­ci­pa­ción de todos en el usu­fruc­to de los bie­nes crea­dos por todos y, final­men­te, median­te la fusión de la ciu­dad con el cam­po serán los prin­ci­pa­les resul­ta­dos de la supre­sión de la pro­pie­dad privada.

XXI. ¿Qué influen­cia ejer­ce­rá el régi­men social comu­nis­ta en la familia?

Las rela­cio­nes entre los sexos ten­drán un carác­ter pura­men­te pri­va­do, per­te­ne­cien­te sólo a las per­so­nas que toman par­te en ellas, sin el menor moti­vo para la inge­ren­cia de la socie­dad. Eso es posi­ble mer­ced a la supre­sión de la pro­pie­dad pri­va­da y a la edu­ca­ción de los niños por la socie­dad, con lo cual se des­tru­yen las dos bases del matri­mo­nio actual liga­das a la pro­pie­dad pri­va­da: la depen­den­cia de la mujer res­pec­to del hom­bre y la depen­den­cia de los hijos res­pec­to de los padres. En ello resi­de, pre­ci­sa­men­te, la res­pues­ta a los ala­ri­dos alta­men­te mora­lis­tas de los bur­gue­so­tes con moti­vo de la comu­ni­dad de las muje­res, que, según éstos, quie­ren implan­tar los comu­nis­tas. La comu­ni­dad de las muje­res es un fenó­meno que per­te­ne­ce ente­ra­men­te a la socie­dad bur­gue­sa y exis­te hoy ple­na­men­te bajo la for­ma de pros­ti­tu­ción. Pero, la pros­ti­tu­ción des­can­sa en la pro­pie­dad pri­va­da y des­apa­re­ce­rá jun­to con ella. Por con­si­guien­te, la orga­ni­za­ción comu­nis­ta, en lugar de implan­tar la comu­ni­dad de las muje­res, la suprimirá.

XXII. ¿Cuál será la acti­tud de la orga­ni­za­ción comu­nis­ta hacia las nacio­na­li­da­des existentes?

- Que­da .

XXIII. ¿Cuál será su acti­tud hacia las reli­gio­nes existentes?

- Que­da.

XXIV. ¿Cuál es la dife­ren­cia entre los comu­nis­tas y los socialistas?

Los lla­ma­dos socia­lis­tas se divi­den en tres categorías.

La pri­me­ra cons­ta de par­ti­da­rios de la socie­dad feu­dal y patriar­cal, que ha sido des­trui­da y sigue sién­do­lo a dia­rio por la gran indus­tria, el comer­cio mun­dial y la socie­dad bur­gue­sa crea­da por ambos. Esta cate­go­ría saca de los males de la socie­dad moder­na la con­clu­sión de que hay que res­ta­ble­cer la socie­dad feu­dal y patriar­cal, ya que esta­ba libre de estos males. Todas sus pro­pues­tas per­si­guen, direc­ta o indi­rec­ta­men­te, este obje­ti­vo. Los comu­nis­tas lucha­rán siem­pre enér­gi­ca­men­te con­tra esa cate­go­ría de socia­lis­tas reac­cio­na­rios, pese a su fin­gi­da com­pa­sión de la mise­ria del pro­le­ta­ria­do y las amar­gas lágri­mas que vier­ten con tal moti­vo, pues­to que estos socialistas:

1) se pro­po­nen un obje­ti­vo abso­lu­ta­men­te imposible;

2) se esfuer­zan por res­ta­ble­cer la domi­na­ción de la aris­to­cra­cia, los maes­tros de gre­mio y los pro­pie­ta­rios de manu­fac­tu­ras, con su séqui­to de monar­cas abso­lu­tos o feu­da­les, fun­cio­na­rios, sol­da­dos y curas, una socie­dad que, cier­to, esta­ría libre de los vicios de la socie­dad actual, pero, en cam­bio, aca­rrea­ría, cuan­do menos, otros tan­tos males y, ade­más, no ofre­ce­ría la menor pers­pec­ti­va de libe­ra­ción, con ayu­da de la orga­ni­za­ción comu­nis­ta, de los obre­ros oprimidos;

3) mues­tran sus ver­da­de­ros sen­ti­mien­tos cada vez que el pro­le­ta­ria­do se hace revo­lu­cio­na­rio y comu­nis­ta: se alían inme­dia­ta­men­te a la bur­gue­sía con­tra los proletarios.

La segun­da cate­go­ría cons­ta de par­ti­da­rios de la socie­dad actual, a los que los males nece­sa­ria­men­te pro­vo­ca­dos por ésta ins­pi­ran temo­res en cuan­to a la exis­ten­cia de la mis­ma. Ellos quie­ren, por con­si­guien­te, con­ser­var la socie­dad actual, pero supri­mir los males liga­dos a ella. A tal obje­to, unos pro­po­nen medi­das de sim­ple bene­fi­cen­cia; otros, gran­dio­sos pla­nes de refor­mas que, so pre­tex­to de reor­ga­ni­za­ción de la socie­dad, se plan­tean el man­te­ni­mien­to de las bases de la socie­dad actual y, con ello, la pro­pia socie­dad actual. Los comu­nis­tas debe­rán igual­men­te com­ba­tir con ener­gía con­tra estos socia­lis­tas bur­gue­ses, pues­to que éstos tra­ba­jan para los enemi­gos de los comu­nis­tas y defien­den la socie­dad que los comu­nis­tas quie­ren destruir.

Final­men­te, la ter­ce­ra cate­go­ría cons­ta de socia­lis­tas demo­crá­ti­cos. Al seguir el mis­mo camino que los comu­nis­tas, se pro­po­nen lle­var a cabo una par­te de las medi­das seña­la­das en la pre­gun­ta… , pero no como medi­das de tran­si­ción al comu­nis­mo, sino como un medio sufi­cien­te para aca­bar con la mise­ria y los males de la socie­dad actual. Estos socia­lis­tas demo­crá­ti­cos son pro­le­ta­rios que no ven toda­vía con bas­tan­te cla­ri­dad las con­di­cio­nes de su libe­ra­ción, o repre­sen­tan­tes de la peque­ña bur­gue­sía, es decir, de la cla­se que, has­ta la con­quis­ta de la demo­cra­cia y la apli­ca­ción de las medi­das socia­lis­tas dima­nan­tes de ésta, tie­ne en muchos aspec­tos los mis­mos intere­ses que los pro­le­ta­rios. Por eso, los comu­nis­tas se enten­de­rán con esos socia­lis­tas demo­crá­ti­cos en los momen­tos de acción y deben, en gene­ral, ate­ner­se en esas oca­sio­nes y en lo posi­ble a una polí­ti­ca común con ellos, siem­pre que estos socia­lis­tas no se pon­gan al ser­vi­cio de la bur­gue­sía domi­nan­te y no ata­quen a los comu­nis­tas. Por supues­to, estas accio­nes comu­nes no exclu­yen la dis­cu­sión de las diver­gen­cias que exis­ten entre ellos y los comunistas.

XXV. ¿Cuál es la acti­tud de los comu­nis­tas hacia los demás par­ti­dos polí­ti­cos de nues­tra época?

Esta acti­tud es dis­tin­ta en los dife­ren­tes paí­ses. En Ingla­te­rra, Fran­cia y Bél­gi­ca, en las que domi­na la bur­gue­sía, los comu­nis­tas toda­vía tie­nen intere­ses comu­nes con diver­sos par­ti­dos demo­crá­ti­cos, con la par­ti­cu­la­ri­dad de que esta comu­ni­dad de intere­ses es tan­to mayor cuan­to más los demó­cra­tas se acer­can a los obje­ti­vos de los comu­nis­tas en las medi­das socia­lis­tas que los demó­cra­tas defien­den aho­ra en todas par­tes, es decir, cuan­to más cla­ra y explí­ci­ta­men­te defien­den los intere­ses del pro­le­ta­ria­do y cuan­to más se apo­yan en el pro­le­ta­ria­do. En Ingla­te­rra, por ejem­plo, los car­tis­tas , que cons­tan de obre­ros, se apro­xi­man incon­men­su­ra­ble­men­te más a los comu­nis­tas que los peque­ño­bur­gue­ses demo­crá­ti­cos o los lla­ma­dos radicales.

En Nor­te­amé­ri­ca, don­de ha sido pro­cla­ma­da la Cons­ti­tu­ción demo­crá­ti­ca, los comu­nis­tas debe­rán apo­yar al par­ti­do que quie­re enca­mi­nar esta Cons­ti­tu­ción con­tra la bur­gue­sía y uti­li­zar­la en bene­fi­cio del pro­le­ta­ria­do, es decir, al par­ti­do de la refor­ma agra­ria nacional.

En Sui­za, los radi­ca­les, aun­que cons­ti­tu­yen toda­vía un par­ti­do de com­po­si­ción muy hete­ro­gé­nea, son, no obs­tan­te, los úni­cos con los que los comu­nis­tas pue­den con­cer­tar acuer­dos, y entre estos radi­ca­les los más pro­gre­sis­tas son los de Vand y los de Ginebra.

Final­men­te, en Ale­ma­nia está toda­vía por delan­te la lucha deci­si­va entre la bur­gue­sía y la monar­quía abso­lu­ta. Pero, como los comu­nis­tas no pue­den con­tar con una lucha deci­si­va con la bur­gue­sía antes de que ésta lle­gue al poder, les con­vie­ne a los comu­nis­tas ayu­dar­le a que con­quis­te lo más pron­to posi­ble la domi­na­ción, a fin de derro­car­la, a su vez, lo más pron­to posi­ble. Por tan­to, en la lucha de la bur­gue­sía libe­ral con­tra los gobier­nos, los comu­nis­tas deben estar siem­pre del lado de la pri­me­ra, pre­ca­vién­do­se, no obs­tan­te, con­tra el auto­en­ga­ño en que incu­rre la bur­gue­sía y sin fiar­se en las ase­ve­ra­cio­nes seduc­to­ras de ésta acer­ca de las bené­fi­cas con­se­cuen­cias que, según ella, trae­rá al pro­le­ta­ria­do la vic­to­ria de la bur­gue­sía. Las úni­cas ven­ta­jas que la vic­to­ria de la bur­gue­sía brin­da­rá a los comu­nis­tas serán: 1) diver­sas con­ce­sio­nes que ali­via­rán a los comu­nis­tas la defen­sa, la dis­cu­sión y la pro­pa­ga­ción de sus prin­ci­pios y, por tan­to, ali­via­rán la cohe­sión del pro­le­ta­ria­do en una cla­se orga­ni­za­da, estre­cha­men­te uni­da y dis­pues­ta a la lucha, y 2) la segu­ri­dad de que el día en que cai­gan los gobier­nos abso­lu­tis­tas, lle­ga­rá la hora de la lucha entre los bur­gue­ses y los pro­le­ta­rios. A par­tir de ese día, la polí­ti­ca del par­ti­do de los comu­nis­tas será aquí la mis­ma que en los paí­ses don­de domi­na ya la burguesía.

Escri­to en ale­mán por F. Engels a fines de octu­bre y en noviem­bre de 1847. Se publi­ca de acuer­do con el manus­cri­to. Publi­ca­do por vez pri­me­ra como edi­ción apar­te en 1914.

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