FF.AA. de Veci­nos de Bil­bo- Juan Mari Zulai­ka

Pen­sa­mos que el mal del ladri­llo sólo se da en la cos­ta del Medi­te­rrá­neo, de la mano de edi­les corrup­tos. Pero no, tam­bién se da en Eus­ka­di. Green­pea­ce tie­ne denun­cia­dos entre otros: el pro­yec­to de Aie­ri en Onda­rroa, 500 vivien­das y un super­mer­ca­do en ple­na maris­ma; el de Bakio, pobla­ción de 2.145 habi­tan­tes, que pro­po­ne la cons­truc­ción de 1.200 vivien­das, 248 de lujo, coro­na­das por un cam­po de golf. De mi cose­cha aña­do el de Orio, don­de una mura­lla de ladri­llo en pri­me­ra línea de pla­ya pre­lu­dia la masi­va urba­ni­za­ción de la bahía.

Aun­que se tra­te de una ciu­dad con­so­li­da­da, el mal del ladri­llo se da tam­bién en Bil­bo. Que­dan aún impor­tan­tes zonas, nor­mal­men­te indus­tria­les y par­cial­men­te pobla­das, en espe­ra de una inme­dia­ta trans­for­ma­ción. Este sue­lo res­ca­ta­do den­tro de la ciu­dad adquie­re extra­or­di­na­rio valor. Lue­go con­cre­ta­re­mos algu­nas actua­cio­nes: Cuar­te­les de Gare­llano, El Canal, Aban­do-Iba­rra, Ira­la-Rekal­de.

La vivien­da y el urba­nis­mo cons­ti­tu­yen un bino­mio inse­pa­ra­ble. La vivien­da es el hogar pri­va­do. El urba­nis­mo es el hogar públi­co de la comu­ni­dad. Nacen, enve­je­cen y se trans­for­man jun­tos. El urba­nis­mo es el acon­di­cio­na­mien­to exte­rior de la vivien­da, que posi­bi­li­ta la vida y la rela­ción de los ciu­da­da­nos. Y la vivien­da bue­na es la nece­sa­ria, y acce­si­ble a todos los bol­si­llos, pues es un dere­cho cons­ti­tu­cio­nal. Pero se ha con­ver­ti­do en el obje­to más pre­cia­do de la espe­cu­la­ción. El ladri­llo y su finan­cia­ción, sobre todo en el Esta­do espa­ñol, es el caba­llo en el que ha tro­ta­do la cri­sis. Se com­pren­de que por él muchos ayun­ta­mien­tos hayan pasa­do del super­avit al défi­cit.

En Bil­bo hay deman­da de vivien­da, mayor­men­te por par­te de los jóve­nes mileu­ris­tas. Pero su valor está por las nubes. Exis­ten 15.170 vivien­das des­ocu­pa­das. El 58% de las vivien­das cons­trui­das en los últi­mos años están des­ocu­pa­das. Con todo, no hay plan urba­nís­ti­co que no abu­se de la cons­truc­ción masi­va, sea de vivien­das, de ofi­ci­nas, de cen­tros comer­cia­les, etcé­te­ra. Eso sí, con pul­cri­tud, camu­flan­do el exce­so pobla­cio­nal con la arqui­tec­tu­ra ver­ti­cal.

Se aco­me­ten los cam­bios estruc­tu­ra­les y urba­nís­ti­cos siem­pre a cam­bio de un volu­men masi­vo de licen­cias de cons­truc­ción. Es el sis­te­ma que rige la acti­vi­dad de Bil­bao Ría 2000, orga­nis­mo encar­ga­do, des­de 1992, de la trans­for­ma­ción de los már­ge­nes de la ría de Bil­bo. Inter­vie­nen siem­pre don­de haya bico­ca cons­truc­ti­va. Es lo más pare­ci­do al pelo­ta­zo, más sofis­ti­ca­do y apa­ren­te, pero al fin y al cabo acti­vi­dad espe­cu­la­ti­va de una socie­dad semi­pú­bli­ca, liga­da a las ins­ti­tu­cio­nes, Ayun­ta­mien­to, Dipu­tación o los gobier­nos. El bino­mio entre vivien­da y urba­nis­mo se rom­pe siem­pre por el lado de la masi­fi­ca­ción del ladri­llo, con pre­cios tan ele­va­dos como sus altu­ras, que no resuel­ven la deman­da prin­ci­pal. Vayan tres mues­tras sig­ni­fi­ca­ti­vas:

La urba­ni­za­ción de Aban­do-Iba­rra. Ha apor­ta­do dos cons­truc­cio­nes emble­má­ti­cas, Gug­genheim y Eus­kal­du­na. Ha habi­li­ta­do a la vera de la ría un her­mo­so paseo. Pero ¿a cam­bio de qué? De las dos super­to­rres de Iso­sa­ki, del hotel She­ra­ton, de dos bun­kers de los jesui­tas, del chu­les­co piru­lí de Iber­dro­la y de la masa bru­tal de cons­truc­cio­nes ape­lo­to­na­das en derre­dor, aho­gan­do por un lado el Par­que de Doña Casil­da y por el otro comién­do­se lite­ral­men­te el puen­te de Deus­to, des­gra­cian­do la pla­za de Eus­ka­di, por mucha vege­ta­ción y jue­go de aguas con que quie­ran ador­nar­la. Alguien dijo que Bil­bo es la ciu­dad don­de des­de cual­quier pun­to se ve el mon­te. Pues coló­que­se usted del lado de Bellas Artes y verá un muro de vivien­das tapian­do Artxan­da, la Uni­ver­si­dad y el Puen­te de Deus­to.

El plan apro­ba­do para los cuar­te­les de Gare­llano sigue el bino­mio: la opor­tu­na reca­li­fi­ca­ción del sue­lo, repar­to de las plus­va­lías y una exa­ge­ra­da tasa de cons­truc­ción, tam­bién ver­ti­cal. ¿Que la ope­ra­ción ha posi­bi­li­ta­do el sote­rra­mien­to de las vías? Sí, pero la super­po­bla­ción, 1.180 vivien­das, es una hipo­te­ca que es para siem­pre y se paga caro. Si los veci­nos acep­ta­ron en su día el cam­bio, hoy cen­su­ran el abu­so cons­truc­ti­vo e inten­tan reba­jar­lo en bus­ca de más equi­pa­mien­tos.

Por últi­mo, el Plan de trans­for­ma­ción de las Ribe­ras y del Canal de Deus­to. Del anti­guo Plan de 1995 al nue­vo de 2008 hay una deri­va alar­man­te: subir la edi­fi­ca­bi­li­dad de 0,8 a 1,3, o sea, pasar de 3.216 vivien­das a casi el doble, 5.600; estre­char la fran­ja libre de la ori­lla del Canal de 30 metros a 20; eli­mi­nar el par­que de la Ribe­ra, etc. Si denun­cias estos abu­sos, el res­pon­sa­ble muni­ci­pal te res­pon­de rápi­do: «Más vivien­das o aban­do­na­mos el Plan».

La zona de los pabe­llo­nes indus­tria­les entre Ira­la y Rekal­de, apa­ren­te­men­te olvi­da­da, ha incre­men­ta­do el caché gra­cias al sote­rra­mien­to de las vías y resul­ta un boca­do golo­so para la cons­truc­ción masi­va, sin sen­ti­do social alguno.

Este sis­te­ma hipo­te­ca el futu­ro de la ciu­dad. A cam­bio de mejo­ras urba­nís­ti­cas, esquil­ma el sue­lo y esta­ble­ce la super­po­bla­ción sobre la fal­ta de espa­cios ver­des, de equi­pa­mien­tos y ser­vi­cios de pri­me­ra nece­si­dad. Es lo más opues­to a la cali­dad de vida. Tene­mos que luchar por el cam­bio de una Ley del Sue­lo más racio­nal y soli­da­ria que pro­pi­cie alter­na­ti­vas de finan­cia­ción de la vivien­da y del urba­nis­mo de acuer­do con su misión social y públi­ca.

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