Vein­ti­dós razo­nes por las que la cla­se tra­ba­ja­do­ra esta­dou­ni­den­se odia al Esta­do – James Petras

Intro­duc­ción

¿Por qué el ata­que lan­za­do des­de la dere­cha con­tra el «Papá Esta­do» se deja oír cada vez más entre la cla­se tra­ba­ja­do­ra? Los libe­ra­les afir­man que la pobla­ción asa­la­ria­da actúa «con­tra su pro­pio inte­rés» alu­dien­do a pro­gra­mas socia­les como la segu­ri­dad social o las pres­ta­cio­nes por des­em­pleo. Los pro­gre­sis­tas sos­tie­nen que los tra­ba­ja­do­res hos­ti­les al Esta­do son «racis­tas», «fun­da­men­ta­lis­tas» y/​o actúan de for­ma irra­cio­nal o cie­ga a cau­sa del mie­do injus­ti­fi­ca­do a las ame­na­zas a las liber­ta­des indi­vi­dua­les. Expon­dré aquí que hay muchas razo­nes sen­sa­tas, racio­na­les y mate­ria­les para que la cla­se tra­ba­ja­do­ra se rebe­le con­tra el Estado.

Vein­ti­dós razo­nes por las que la cla­se tra­ba­ja­do­ra esta­dou­ni­den­se odia al Estado

1.) La mayo­ría de las per­so­nas asa­la­ria­das pagan una suma des­pro­por­cio­na­da­men­te más ele­va­da de impues­tos que los empre­sa­rios ricos y, por con­si­guien­te, millo­nes de esta­dou­ni­den­ses tra­ba­jan en la «eco­no­mía sumer­gi­da» para lle­gar a fin de mes, con lo que se expo­nen a ser dete­ni­dos y a que el Esta­do los pro­ce­se por tra­tar de ganar­se la vida elu­dien­do impues­tos onerosos.

2.) El Esta­do con­ce­de exen­cio­nes gene­ro­sas duran­te varios años a las empre­sas, con lo que ele­van la car­ga fis­cal de las per­so­nas asa­la­ria­das o eli­mi­nan ser­vi­cios esen­cia­les. Las polí­ti­cas no equi­ta­ti­vas de recau­da­ción fis­cal del Esta­do sus­ci­tan resentimiento.

3.) Los impues­tos altos, uni­dos a la reduc­ción y enca­re­ci­mien­to de los ser­vi­cios públi­cos, inclui­dos el aumen­to de los cos­tes de la edu­ca­ción supe­rior y de los gas­tos sani­ta­rios, ali­men­tan el anta­go­nis­mo popu­lar y la frus­tra­ción ante el hecho de que se les está negan­do a ellos y a sus hijos las opor­tu­ni­da­des de pro­gre­sar y vivir sanos.

4.) A muchos tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras les sien­ta mal que el Esta­do gas­te el dine­ro de sus impues­tos en gue­rras remo­tas e inter­mi­na­bles y en finan­ciar res­ca­tes en Wall Street, en lugar de inver­tir­lo en rein­dus­tria­li­zar Esta­dos Uni­dos para crear pues­tos de tra­ba­jo bien remu­ne­ra­dos o ayu­dar a quie­nes no tie­nen empleo o están sub­em­plea­dos y son inca­pa­ces de afron­tar el pago de sus hipo­te­cas y se expo­nen a un desahu­cio o a vivir sin techo. Casi todos los tra­ba­ja­do­res recha­zan los gas­tos pre­su­pues­ta­rios injus­tos que pri­vi­le­gian a los ricos y nie­gan a la cla­se trabajadora.

5.) A los tra­ba­ja­do­res les horro­ri­zan la hipo­cre­sía y los dobles rase­ros del Esta­do cuan­do denun­cia a los «apro­ve­cha­dos» que se lle­van unos cen­te­na­res de dóla­res y hace la vis­ta gor­da con los esta­fa­do­res de ban­cos y empre­sas, y los gas­tos mili­ta­res del Pen­tá­gono cues­tan exce­sos pre­su­pues­ta­rios de cen­te­na­res de miles de millo­nes de dóla­res. Pocos tra­ba­ja­do­res creen que exis­ta la igual­dad ante la ley, con lo que implí­ci­ta­men­te no acep­tan sus exi­gen­cias de legitimidad.

6.) Muchas fami­lias tra­ba­ja­do­ras se nie­gan a admi­tir el hecho de que el Esta­do reclu­te a sus hijos e hijas para gue­rras que se tra­du­cen en muer­te y en lesio­nes atro­ces en lugar de para pues­tos de tra­ba­jo en el sec­tor públi­co, mien­tras que los hijos de las per­so­nas ricas y aco­mo­da­das se for­jan una carre­ra en la vida civil.

7.) El Esta­do sub­ven­cio­na y mejo­ra en los barrios aco­mo­da­dos las infra­es­truc­tu­ras públi­cas (carre­te­ras, par­ques y ser­vi­cios), mien­tras igno­ra las deman­das de mejo­ra en las comu­ni­da­des de ren­tas más bajas. Ade­más, el Esta­do sitúa las ins­ta­la­cio­nes con­ta­mi­nan­tes (inci­ne­ra­do­ras, indus­trias con alto con­te­ni­do de resi­duos, etc.) muy cer­ca de los hoga­res y las escue­las de los trabajadores.

8.) El Esta­do man­tie­ne el sala­rio míni­mo por deba­jo de los incre­men­tos del cos­te de la vida, pero fomen­ta y pro­mue­ve el aumen­to des­me­su­ra­do de beneficios.

9.) En los barrios ricos los des­ve­los para hacer cum­plir la ley son rigu­ro­sos, y en las comu­ni­da­des con ren­tas bajas son laxos, lo que se tra­du­ce en una tasa más ele­va­da de homi­ci­dios y robos.

10.) El Esta­do impo­ne res­tric­cio­nes sobre las orga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les que luchan por garan­ti­zar los sala­rios y los bene­fi­cios, e igno­ra la inti­mi­da­ción y el des­pi­do arbi­tra­rio de tra­ba­ja­do­res que lle­van a cabo las empre­sas. El Esta­do favo­re­ce las fusio­nes y adqui­si­cio­nes empre­sa­ria­les que desem­bo­can en mono­po­lios, pero pone freno a la acción colec­ti­va naci­da des­de la base.

11.) Las ins­ti­tu­cio­nes eco­nó­mi­cas del Esta­do bus­can a las per­so­nas que ocu­pa­rán car­gos públi­cos en los ban­cos e ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras para que tomen deci­sio­nes que favo­rez­can a sus anti­guos jefes, mien­tras que los asa­la­ria­dos que­dan exclui­dos y no cuen­tan con repre­sen­ta­ción en los car­gos rec­to­res de la polí­ti­ca económica.

12.) Cada vez más, el Esta­do que­bran­ta las liber­ta­des indi­vi­dua­les de los acti­vis­tas socia­les median­te la Ley Patrió­ti­ca y las deten­cio­nes arbi­tra­rias, y garan­ti­za la impu­ni­dad de la vio­len­cia poli­cial y cas­ti­ga a quie­nes denun­cian irre­gu­la­ri­da­des, con lo que des­de­ña las crí­ti­cas de los ciu­da­da­nos con su capa­ci­dad de castigar.

13.) El Esta­do se mues­tra recep­ti­vo a la finan­cia­ción del com­ple­jo mili­tar-indus­trial, la des­lo­ca­li­za­ción de empre­sas mul­ti­na­cio­na­les en el extran­je­ro y los ele­va­dos ingre­sos del lobby de Israel, y aumen­ta las par­ti­das pre­su­pues­ta­rias que les des­ti­na, mien­tras recor­ta la finan­cia­ción de inver­sio­nes públi­cas en acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas, tec­no­lo­gía apli­ca­da y for­ma­ción ocu­pa­cio­nal en alta tec­no­lo­gía de los tra­ba­ja­do­res y asa­la­ria­dos esta­dou­ni­den­ses y de sus hijos.

14.) Las polí­ti­cas del Esta­do lle­van déca­das incre­men­tan­do las des­igual­da­des exis­ten­tes entre el 10 por cien­to más rico y el 50 por cien­to más pobre, lo que con­vier­te a Esta­dos Uni­dos en el país indus­tria­li­za­do con las des­igual­da­des más acusadas.

15.) Las polí­ti­cas del Esta­do han supues­to un des­cen­so del nivel de vida, ya que los asa­la­ria­dos tie­nen que tra­ba­jar más horas con menos segu­ri­dad labo­ral, duran­te más años para reci­bir una pen­sión y dis­fru­tar de la segu­ri­dad social y sopor­tan­do mayo­res ries­gos medioambientales.

16.) Los car­gos ele­gi­dos del Esta­do incum­plen la mayo­ría de las pro­me­sas elec­to­ra­les que for­mu­lan duran­te sus cam­pa­ñas ante los tra­ba­ja­do­res, y en cam­bio cum­plen las pro­me­sas que hacen a las éli­tes ban­ca­rias, empre­sa­ria­les y de las cla­ses altas.

17.) Las auto­ri­da­des del Esta­do pres­tan más aten­ción y se mues­tran más recep­ti­vos a unos cuan­tos gran­des con­tri­bu­yen­tes eco­nó­mi­cos que a millo­nes de votantes.

18.) Las auto­ri­da­des del Esta­do son más sen­si­bles a los sobor­nos de los lob­bies empre­sa­ria­les que pre­ser­van los bene­fi­cios de las empre­sas que a las nece­si­da­des sani­ta­rias, edu­ca­ti­vas y de ren­ta del electorado.

19.) Los víncu­los entre las empre­sas y el Esta­do se tra­du­cen en des­re­gu­la­ción, que desem­bo­ca en con­ta­mi­na­ción del medio ambien­te y lle­va a la quie­bra de los peque­ños nego­cios y a la pér­di­da de muchos pues­tos de tra­ba­jo, así como a la des­apa­ri­ción de zonas recrea­ti­vas, lo que dete­rio­ra el des­can­so y el recreo de la cla­se trabajadora.

20.) El Esta­do ele­va la edad de jubi­la­ción en lugar de aumen­tar las apor­ta­cio­nes de los ricos a la segu­ri­dad social, lo que se tra­du­ce en que los tra­ba­ja­do­res de entor­nos no salu­da­bles dis­fru­ta­rán de menos años de jubi­la­ción con bue­na salud.

21.) Es más pro­ba­ble que el sis­te­ma judi­cial del Esta­do dic­te sen­ten­cias favo­ra­bles a los deman­dan­tes ricos que dis­po­nen de abo­ga­dos con un sala­rio alto y bue­nas rela­cio­nes polí­ti­cas, y con­tra­rias a los tra­ba­ja­do­res, a quie­nes defien­den abo­ga­dos de ofi­cio y sin experiencia.

22.) Es más fácil que los recau­da­do­res del Esta­do ins­pec­cio­nen a los con­tri­bu­yen­tes asa­la­ria­dos que a los direc­ti­vos empre­sa­ria­les de cla­se alta que con­tra­tan a con­ta­bles espe­cia­li­za­dos en lagu­nas fis­ca­les y en tomar medi­das de pro­tec­ción libres de impuestos.

Con­clu­sión

En sus múl­ti­ples acti­vi­da­des, ya sean las rela­cio­na­das con velar por el cum­pli­mien­to de la ley, reclu­tar sol­da­dos, esta­ble­cer polí­ti­cas fis­ca­les y de gas­to, o pro­mul­gar legis­la­ción y admi­nis­trar el medio ambien­te, las pen­sio­nes o la jubi­la­ción, el Esta­do favo­re­ce sis­te­má­ti­ca­men­te a las cla­ses altas y las éli­tes empre­sa­ria­les en con­tra de los tra­ba­ja­do­res y los peque­ños empresarios.

El esta­do es per­mi­si­vo con los ricos y repre­si­vo con la cla­se tra­ba­ja­do­ra y asa­la­ria­da, y defien­de los pri­vi­le­gios de las gran­des cor­po­ra­cio­nes y la impu­ni­dad del Esta­do poli­cial cuan­do que­bran­ta las liber­ta­des indi­vi­dua­les de los trabajadores.

Las polí­ti­cas del Esta­do extraen cada vez más de los tra­ba­ja­do­res en con­cep­to de ingre­sos fis­ca­les, y ofre­cen cada vez menos en pres­ta­cio­nes socia­les, al tiem­po que dis­mi­nu­yen la con­tri­bu­ción fis­cal de Wall Street e hin­chan las trans­fe­ren­cias del Estado.

La per­cep­ción de la pobla­ción de a pie de que el Esta­do es hos­til y explo­ta­dor se corres­pon­de con su expe­rien­cia prác­ti­ca coti­dia­na; su con­duc­ta anti­es­ta­tal es selec­ti­va y racio­nal; la mayor par­te de los tra­ba­ja­do­res sus­ten­tan la segu­ri­dad social y las pres­ta­cio­nes de des­em­pleo, y se opo­nen a las subi­das de impues­tos por­que saben o intu­yen que son injustas.

Los uni­ver­si­ta­rios y exper­tos libe­ra­les que afir­man que los tra­ba­ja­do­res son «irra­cio­na­les» son a su vez pro­fe­sio­na­les de una crí­ti­ca muy selec­ti­va: seña­lan los (men­guan­tes) bene­fi­cios socia­les del Esta­do al tiem­po que igno­ran un sis­te­ma fis­cal injus­to y no equi­ta­ti­vo y la con­duc­ta par­cial del sis­te­ma judi­cial, poli­cial, legis­la­ti­vo y normativo.

El per­so­nal del Esta­do, los legis­la­do­res y las auto­ri­da­des poli­cia­les son aten­tos, recep­ti­vos y res­pe­tuo­sos con los ricos, y mues­tran hos­ti­li­dad, indi­fe­ren­cia o arro­gan­cia hacia los trabajadores.

En resu­men: lo que de ver­dad pasa no es que la gen­te está con­tra el Esta­do, sino que el Esta­do está con­tra la mayo­ría de la gen­te. Ante la cri­sis eco­nó­mi­ca y las gue­rras impe­ria­lis­tas pro­lon­ga­das, el Esta­do se mues­tra des­ca­ra­da­men­te más agre­si­vo a la hora de recor­tar el nivel de vida para cana­li­zar unos fon­dos públi­cos que alcan­zan cifras de récord hacia los espe­cu­la­do­res de Wall Street y el com­ple­jo militar-industrial.

Mien­tras los «libe­ra­les-pro­gre­sis­tas» siguen sumi­dos en la ideo­lo­gía esta­tis­ta «neo­key­ne­sia­na», anti­cua­da ante un Esta­do pro­fun­da­men­te arrai­ga­do en las redes empre­sa­ria­les, la retó­ri­ca «anti­es­ta­tis­ta» de la Nue­va Dere­cha se hace eco de los sen­ti­mien­tos, expe­rien­cias y argu­men­ta­cio­nes de sec­to­res impor­tan­tes de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y los peque­ños empresarios.

El esfuer­zo de los libe­ra­les y los pro­gre­sis­tas por des­acre­di­tar esta revuel­ta popu­lar con­tra el Esta­do indi­can­do que el movi­mien­to anti­es­ta­tis­ta está finan­cia­do por las gran­des empre­sas y mani­pu­la­do por la dere­cha está con­de­na­do al fra­ca­so, pues no logra abor­dar las pro­fun­das injus­ti­cias que pade­cen hoy día las cla­ses tra­ba­ja­do­ras en sus rela­cio­nes coti­dia­nas con un Esta­do ges­tio­na­do en bue­na medi­da por mili­ta­ris­tas y libe­ra­les defen­so­res de la gran empre­sa. La ausen­cia de una izquier­da anti­es­ta­tis­ta ha abier­to la puer­ta al ascen­so de una masa apo­ya­da en la «Nue­va Derecha».

En la socie­dad civil emer­ge­rá una «nue­va izquier­da» cuan­do logre reco­no­cer el per­ni­cio­so papel explo­ta­dor del Esta­do y sea capaz de expli­car­lo median­te los pode­ro­sos víncu­los exis­ten­tes entre el «bien­es­ta­ris­mo» del libe­ra­lis­mo, el mili­ta­ris­mo y el cor­po­ra­ti­vis­mo. La recu­pe­ra­ción y la expan­sión de los mer­ma­dos pro­gra­mas socia­les para las cla­ses tra­ba­ja­do­ras sólo pue­den tener lugar si se des­man­te­la el apa­ra­to esta­tal actual, y eso depen­de de que se pro­duz­ca una rup­tu­ra abso­lu­ta con el ban­do de la gran empre­sa y se esta­blez­ca un calen­da­rio que «revo­lu­cio­ne» el fun­cio­na­mien­to de la polí­ti­ca en Esta­dos Unidos.

Tra­du­ci­do para Rebe­lión por Ricar­do Gar­cía Pérez

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