Entre­vis­ta a Móni­ca Bal­to­dano, coman­dan­te nica­ra­güen­se y gue­rri­lle­ra histórica

Con­ti­nuan­do con la inves­ti­ga­ción “His­to­ria de la Revo­lu­ción Incon­clu­sa”, en esta sép­ti­ma entre­ga el Equi­po de Inves­ti­ga­ción y Entre­vis­tas –con­for­ma­do por Mar­ce­lo Colus­si /​Rodri­go Vélez-Gue­va­rian­do, más otros inves­ti­ga­do­res en dife­ren­tes pun­tos de Lati­noa­mé­ri­ca– pre­sen­ta hoy una entre­vis­ta a Móni­ca Bal­to­dano, “coman­dan­te gue­rri­lle­ra his­tó­ri­ca”. For­mó par­te del Fren­te San­di­nis­ta de Libe­ra­ción Nacio­nal –FSLN – , el movi­mien­to polí­ti­co-mili­tar que con amplio apo­yo popu­lar des­pla­zó del poder al dic­ta­dor Anas­ta­sio Somo­za en 1979 y cons­tru­yó la más rica expe­rien­cia de socia­lis­mo en terri­to­rio con­ti­nen­tal de Lati­noa­mé­ri­ca: la Revo­lu­ción Popu­lar San­di­nis­ta. Cons­truc­ción que fue sis­te­má­ti­ca­men­te ata­ca­da por el impe­rio del nor­te a tra­vés de gue­rra sucia (“gue­rra de baja inten­si­dad” con los “con­tras” minan­do día a día el pro­ce­so de edi­fi­ca­ción socia­lis­ta), blo­queo eco­nó­mi­co, pre­sio­nes de orden polí­ti­co, todo lo cual logró la derro­ta de la expe­rien­cia con las elec­cio­nes de 1990, don­de el san­di­nis­mo no pudo rete­ner la pre­si­den­cia. Lue­go del triun­fo de la con­tra­rre­vo­lu­ción, el movi­mien­to san­di­nis­ta fue ale­ján­do­se de sus raí­ces revo­lu­cio­na­rios, y muchos de sus mejo­res y más com­pro­me­ti­dos mili­tan­tes toma­ron dis­tan­cia, cons­ti­tu­yen­do fuer­zas crí­ti­cas a esa estruc­tu­ra polí­ti­ca. Móni­ca Bal­to­dano es una de esas voces crí­ti­cas, de las más agu­das por cier­to, y con posi­cio­nes polí­ti­cas cohe­ren­tes: no renun­ció a los prin­ci­pios revo­lu­cio­na­rios, los mis­mos que la lle­va­ron a empu­ñar las armas años atrás, sino que sigue defen­dién­do­los con abso­lu­ta con­vic­ción, por lo que hoy no par­ti­ci­pa en la actual admi­nis­tra­ción san­di­nis­ta, pero sigue par­ti­ci­pan­do en la polí­ti­ca del día a día des­de cada una de las trin­che­ras don­de actúa.

El tema de la pre­sen­te entre­vis­ta, como toda la inves­ti­ga­ción, para la cual tam­bién fue­ron con­tac­ta­dos otros ex miem­bros de gru­pos gue­rri­lle­ros de varios paí­ses de la región (Gua­te­ma­la1, Argen­ti­na, Uru­guay, Chile1, Chile2, Guatemala2), gira en torno a un balan­ce crí­ti­co de esos movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios de acción arma­da de hace algu­nos deve­nios y en obser­var cuá­les son los cami­nos posi­bles que en la actua­li­dad se le pre­sen­tan al cam­po popu­lar en su bús­que­da de otro mun­do más jus­to, menos sal­va­je y san­gui­na­rio que el con­tem­po­rá­neo. Para sin­te­ti­zar en pocas pala­bras lo habla­do con Móni­ca, la “coman­dan­te gue­rri­lle­ra his­tó­ri­ca” nos per­mi­ti­mos citar­la tex­tual­men­te: Nin­gún gru­po domi­nan­te, cual­quie­ra que sea su signo, renun­cia pací­fi­ca­men­te a sus pri­vi­le­gios y al poder”, por lo que “las fuer­zas popu­la­res deben estar lis­tas a res­pon­der, resis­tir y con­tra­ata­car según lo deter­mi­nen las con­di­cio­nes de la lucha, que de ordi­na­rio las impo­ne el adversario”.

Pre­gun­ta: Des­de la dere­cha, y tam­bién des­de algu­nos sec­to­res de izquier­da, se con­si­de­ra que los movi­mien­tos arma­dos de Amé­ri­ca Lati­na de hace algu­nos dece­nios fra­ca­sa­ron. ¿Cómo enten­der eso? ¿Qué balan­ce pode­mos hacer de ellos?

Móni­ca Bal­to­dano: Muchas veces, en la inti­mi­dad, me he pre­gun­ta­do si se pue­de hacer la his­to­ria de la lucha arma­da en Amé­ri­ca Lati­na a la mane­ra como hace­mos la his­to­ria eco­nó­mi­ca de la región, la his­to­ria de la demo­cra­cia, de las cri­sis eco­nó­mi­cas, de los pro­ce­sos elec­to­ra­les, etcé­te­ra. ¿Cómo ana­li­zar y valo­rar esta for­ma extre­ma de la lucha de cla­ses? ¿Cómo enjui­ciar sus resul­ta­dos? ¿Fra­ca­sa­ron real­men­te los obre­ros de la Comu­na de París cuan­do lue­go de dos meses de rebel­día arma­da fue­ron aba­ti­dos y masa­cra­dos por el gobierno de Ver­sa­lles? ¿Fue real­men­te un fra­ca­so ese pri­mer inten­to de tomar el cie­lo por asal­to? ¿Fra­ca­só el sacer­do­te Cami­lo Torres cuan­do cayó en su pri­mer com­ba­te como sol­da­do del ELN? ¿Fra­ca­só el Pre­si­den­te Allen­de empu­ñan­do ya casi solo su cara­bi­na en la Mone­da o San­tu­cho aba­ti­do por los fas­cis­tas argentinos?

La vio­len­cia del capi­tal, de las oli­gar­quías, de los pode­ro­sos, de sus gue­rras loca­les y mun­dia­les, en apa­rien­cia nos es más cono­ci­da, más fami­liar diría. Mien­tras que la vio­len­cia revo­lu­cio­na­ria, por su par­te, siem­pre me ha pare­ci­do más sutil, más com­ple­ja, más for­man­do par­te de esa “astu­cia de la his­to­ria” que no se deja apri­sio­nar fácil­men­te con las cate­go­rías y valo­res del sen­ti­do común. ¿Fra­ca­só el héroe san­di­nis­ta Julio Bui­tra­go cuan­do cayó aba­ti­do en 1969 des­pués de varias horas de enfren­tar­se abso­lu­ta­men­te solo a cen­te­na­res de guar­dias de Somo­za? ¿Real­men­te fra­ca­sa­ron los miles de com­ba­tien­tes y patrio­tas que caye­ron con las armas en la mano, com­ba­tien­do a las dic­ta­du­ras mili­ta­res de Amé­ri­ca Latina?

Si pudie­ra hacer­se abs­trac­ción de un uni­ver­so de expe­rien­cias tan dife­ren­cia­do y com­ple­jo, mi res­pues­ta sería cate­gó­ri­ca: No, no fracasaron.

Creo que los múl­ti­ples movi­mien­tos arma­dos revo­lu­cio­na­rios de Amé­ri­ca Lati­na –en medio de un com­ba­te abso­lu­ta­men­te des­igual– tuvie­ron inclu­so momen­tos sor­pren­den­tes de gran­des éxi­tos que fue­ron de impac­to inter­na­cio­nal; pen­se­mos por ejem­plo en los momen­tos más cul­mi­nan­tes de los Tupa­ma­ros. Hoy no debe­ría sor­pren­der­nos ver a uno de sus líde­res con­ver­ti­do en el Pre­si­den­te de Uru­guay. Lo que quie­ro suge­rir es que en el trans­cur­so de esa lucha, los resul­ta­dos fina­les, el impac­to y la influen­cia de ésta, se pro­yec­tan como des­igua­les en la his­to­ria según los países.

Para mí no hay duda posi­ble. No habría demo­cra­cia en El Sal­va­dor, Funes pro­ba­ble­men­te no sería nadie, sin la heroi­ca lucha del FMLN. No es posi­ble expli­car la Nica­ra­gua de hoy sin pasar por los cami­nos de la lucha arma­da san­di­nis­ta. Segu­ra­men­te los Acuer­dos de Esqui­pu­las tuvie­ron el alcan­ce regio­nal y se fir­ma­ron en Gua­te­ma­la, por­que había lucha de la URNG, aun­que la efi­ca­cia de ésta no tuvie­ra –en ese momen­to– los nive­les que había alcan­za­do en el pasa­do y que lle­ga­ron a ser enton­ces supe­rio­res a los del FSLN y el FMLN.

Los movi­mien­tos arma­dos, la lucha arma­da, apa­re­cen y des­apa­re­cen según los rit­mos, las exi­gen­cias y los tiem­pos de la lucha de cla­ses. En gene­ral creo que éstos, los gru­pos arma­dos revo­lu­cio­na­rios, fue­ron expre­sión de la orga­ni­za­ción de los sec­to­res más avan­za­dos del pue­blo, de quie­nes estu­vie­ron dis­pues­tos a una lucha fron­tal por los cam­bios socia­les y polí­ti­cos que nece­si­ta­ba nues­tra Amé­ri­ca para avan­zar en tér­mi­nos de jus­ti­cia social, desa­rro­llo, demo­cra­cia polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca. En el des­plie­gue y desa­rro­llo de ese pro­ce­so sin­gu­lar de lucha, algu­nos avan­za­ron sus trin­che­ras más que otros. Cono­cie­ron más vic­to­rias. Otros, más reve­ses. Algu­nos inclu­so des­apa­re­cie­ron tan rápi­do como apa­re­cie­ron, como ocu­rrió en Hon­du­ras o Pana­má. Otros tie­nen más de medio siglo luchan­do como en Colom­bia. Otros, lle­ga­do el momen­to, trans­for­ma­ron el fusil en lucha polí­ti­ca, legal.

Los movi­mien­tos arma­dos no pue­den expli­car­se fue­ra de los impe­ra­ti­vos de la lucha de cla­ses. En nues­tra Amé­ri­ca su exis­ten­cia es incom­pren­si­ble sin los regí­me­nes dic­ta­to­ria­les, opre­si­vos y repre­si­vos que res­pal­da­dos por Esta­dos Uni­dos pro­li­fe­ra­ron en la segun­da mitad del siglo pasa­do. Por una par­te, el sis­te­ma de domi­na­ción neo­co­lo­nial del impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se así garan­ti­za­ba los nego­cios de sus ban­que­ros, indus­tria­les y explo­ta­do­res de nues­tros recur­sos natu­ra­les. Y por otro lado, median­te estos regí­me­nes, el impe­ria­lis­mo garan­ti­za­ba una corre­la­ción favo­ra­ble en el con­jun­to del con­flic­to Este-Oeste.

Por su par­te, lo mejor de nues­tra gen­te sim­bo­li­za­ba la resis­ten­cia con unos cuan­tos fusi­les y con for­ta­le­zas de pura con­cien­cia. Podían per­der, como en efec­to ocu­rrió, muchas bata­llas. Miles de vidas y orga­ni­za­cio­nes se per­die­ron, pero no fra­ca­sa­ron. Pre­pa­ra­ron la ante­sa­la de las nue­vas luchas. En efec­to, en aque­llos paí­ses en los que se hizo el balan­ce ade­cua­do de la lucha arma­da, se arma­ron de nue­vas mane­ras y triun­fa­ron. Es sin duda una mane­ra posi­ti­va de hacer la lec­tu­ra de una par­te de la his­to­ria polí­ti­ca recien­te de Bra­sil. Y si nos deja­mos enga­ñar por las apa­rien­cias ten­dría­mos que decir que Evo Mora­les triun­fó allí don­de el Che “fra­ca­só”.

Los movi­mien­tos arma­dos por lo gene­ral eran expre­sión de la nece­si­dad impe­rio­sa de cam­bios radi­ca­les. Cam­bios que –esta­ba demos­tra­do– no podían tran­si­tar por las vías pací­fi­cas, por­que los cami­nos demo­crá­ti­cos esta­ban total­men­te cerra­dos. En ese con­tex­to los movi­mien­tos arma­dos fue­ron las for­mas polí­ti­cas de expre­sión de la lucha de cla­ses en nues­tros paí­ses. No sólo que­rían demo­cra­cia, que­rían cam­bio de sis­te­ma. Fue­ron la nega­ción del lide­raz­go polí­ti­co tra­di­cio­nal y la afir­ma­ción de un nue­vo lide­raz­go. Rom­pie­ron la éti­ca con­ven­cio­nal de la polí­ti­ca y pro­pu­sie­ron una nue­va cons­trui­da con des­pren­di­mien­to y heroís­mo. Se arma­ron de nue­vos valo­res que no podían derro­tar las balas del enemi­go. Eran, éstas últi­mas, armas que no podían fra­ca­sar, que el enemi­go no podía derro­tar y que sólo los revo­lu­cio­na­rios mis­mos podrían des­vir­tuar, como en no pocos casos ocurrió.

La estra­te­gia de lucha arma­da en la mayo­ría de las expe­rien­cias cono­ci­das –siem­pre debe­mos enfa­ti­zar– no excluían otras for­mas de lucha, antes bien, estas orga­ni­za­cio­nes tuvie­ron mucho cui­da­do en impul­sar­las y poten­ciar­las. Lo fue en la expe­rien­cia de Cuba, en nues­tra expe­rien­cia en Cen­troa­mé­ri­ca en espe­cial Nica­ra­gua y El Sal­va­dor. No éra­mos mili­ta­ris­tas, noso­tros tenía­mos con­vic­ción de que solo podría­mos triun­far con un amplio movi­mien­to de masas acti­va­do a par­tir de sus rei­vin­di­ca­cio­nes espe­cí­fi­cas, arti­cu­la­das con la lucha gene­ral, arma­da, por el derro­ca­mien­to de las dic­ta­du­ras y la lucha por el poder. En nues­tro caso, Nica­ra­gua, pro­mo­vi­mos –has­ta don­de la reali­dad lo hizo posi­ble– la orga­ni­za­ción popu­lar: movi­mien­tos barria­les, movi­mien­tos sin­di­ca­les, estu­dian­ti­les, orga­ni­za­cio­nes de muje­res, cris­tia­nos, y has­ta tuvi­mos for­mas de arti­cu­la­ción polí­ti­ca entre todos ellos a tra­vés del Movi­mien­to Pue­blo Uni­do (MPU).

La mayor par­te de estos movi­mien­tos arma­dos –sal­vo el caso de Cuba y Nica­ra­gua– no alcan­za­ron su obje­ti­vo últi­mo de lle­gar al poder derro­tan­do mili­tar­men­te a las fuer­zas repre­si­vas. Sin duda se come­tie­ron erro­res tác­ti­cos y estra­té­gi­cos. No pocas veces el pobre arma­men­to béli­co estu­vo acom­pa­ña­do de un pobre arma­men­to ideo­ló­gi­co. Sin duda hubo muchas equi­vo­ca­cio­nes, dis­tor­sio­nes lamen­ta­bles y heri­das incu­ra­bles como el ase­si­na­to de Roque Dal­ton. Pero por enci­ma de las som­bras, siem­pre me pare­ce hon­ro­so y vic­to­rio­so el fusil libertario.

El caso de Nicaragua

El movi­mien­to arma­do en Nica­ra­gua res­pon­dió a la pro­pia his­to­ria nacio­nal y tuvo como ante­ce­den­tes incon­ta­bles con­fron­ta­cio­nes como expre­sión de la lucha de cla­ses, como la resis­ten­cia indí­ge­na, silen­cia­da en la his­to­ria ofi­cial, que tuvo impor­tan­tes hitos como los levan­ta­mien­tos de las comu­ni­da­des de Mata­gal­pa en el siglo XIX. A fina­les de ese siglo (1893) cono­ci­mos tam­bién una revo­lu­ción libe­ral frus­tra­da por la inje­ren­cia yan­qui. A par­tir de la con­tra­rre­vo­lu­ción de 1910, Nica­ra­gua fue redu­ci­da, por más de 20 años, a la con­di­ción de pro­tec­to­ra­do de los Esta­dos Uni­dos, pues has­ta el últi­mo cen­ta­vo del era­rio públi­co esta­ba mane­ja­do por fun­cio­na­rios esta­dou­ni­den­se. Las oli­gar­quías, repre­sen­ta­das en los par­ti­dos tra­di­cio­na­les lla­ma­dos libe­ra­les y con­ser­va­do­res, sólo hacían el papel de admi­nis­tra­do­res de los intere­ses yanquis.

Ante­ce­den­te vital en nues­tra his­to­ria, fue la lucha de Augus­to C. San­dino (1927). Ini­cia­da con un puña­do de cam­pe­si­nos des­cal­zos, se enfren­ta a la oli­gar­quía y a los yan­quis, cons­tru­ye el Ejér­ci­to Defen­sor de la Sobe­ra­nía Nacio­nal de Nica­ra­gua (EDSNN), y lle­va ade­lan­te una lucha de carác­ter patrió­ti­co, nacio­na­lis­ta, lati­no­ame­ri­ca­nis­ta, anti­im­pe­ria­lis­ta, y anti­oli­gár­qui­ca. San­dino expul­sa a los inva­so­res y les infli­ge la pri­me­ra gran derro­ta en sue­lo lati­no­ame­ri­cano, pero los polí­ti­cos le trai­cio­nan y es ase­si­na­do en 1934.

A par­tir de su ase­si­na­to, se abre un perío­do de repre­sión y muer­te con­tra los diri­gen­tes y cam­pe­si­nos san­di­nis­tas, y con ello se ins­ta­la una dic­ta­du­ra mili­tar que com­bi­nó accio­nes popu­lis­tas con repre­sión y muer­te. Éste fue un lar­go perío­do de des­cen­so de las luchas popu­la­res, has­ta que se fun­dó, en 1963, el Fren­te San­di­nis­ta de Libe­ra­ción Nacional.

En nues­tro país, la con­vic­ción de que la vía arma­da era la úni­ca para aca­bar con la dic­ta­du­ra lle­vó, inclu­so, a sec­to­res tra­di­cio­na­les a empren­der inten­to­nas arma­das a fina­les de los años 50; en Nica­ra­gua se die­ron varios movi­mien­tos arma­dos de signo con­ser­va­dor. Lo que dis­tin­gue al FSLN de esos esfuer­zos es que sus prin­ci­pa­les fun­da­do­res cul­ti­va­ron el mar­xis­mo como ideo­lo­gía y tenían en la Revo­lu­ción Cuba­na su nor­te. El uso de esas herra­mien­tas y refe­ren­cias les per­mi­tió disec­cio­nar los intere­ses de cla­se pre­sen­tes en las fuer­zas polí­ti­cas de enton­ces, y deter­mi­nar la nece­si­dad de orga­ni­zar una fuer­za que repre­sen­ta­ra, genui­na­men­te, los intere­ses de los explo­ta­dos y opri­mi­dos de Nicaragua.

La elec­ción del camino de la lucha arma­da dis­tin­guió al Fren­te San­di­nis­ta de la mayo­ría de los Par­ti­dos Comu­nis­tas tra­di­cio­na­les que por enton­ces empu­ja­ban la línea de la coexis­ten­cia pací­fi­ca y recha­za­ban el uso de la lucha arma­da revo­lu­cio­na­ria. En nues­tro país el Par­ti­do de los comu­nis­tas (Par­ti­do Socia­lis­ta Nica­ra­güen­se), duran­te varios años fue un férreo crí­ti­co de la lucha san­di­nis­ta, a la que acu­sa­ba de aventurera.

La orga­ni­za­ción del FSLN sig­ni­fi­có una rup­tu­ra con las fuer­zas polí­ti­cas y movi­mien­tos arma­dos pre­ce­den­tes, por­que dise­ñó una gue­rra revo­lu­cio­na­ria con­tra el régi­men, rom­pien­do la lógi­ca del gol­pe, de la inva­sión orga­ni­za­da des­de paí­ses veci­nos, y de la acción cor­to­pla­cis­ta para derro­car al somo­cis­mo. El FSLN dise­ñó una estra­te­gia de lucha por el poder que incluía la cons­truc­ción de una corre­la­ción social favo­ra­ble a nues­tros obje­ti­vos, por­que se pro­pu­so repre­sen­tar a los sec­to­res popu­la­res, en espe­cial a los obre­ros y cam­pe­si­nos, lla­ma­dos a asu­mir el pro­ta­go­nis­mo de su pro­pia his­to­ria, fren­te a la lógi­ca de las para­le­las o par­ti­dos polí­ti­cos tra­di­cio­na­les que, repre­sen­tan­do los intere­ses oli­gár­qui­cos, sus­ti­tu­ye­ron siem­pre la par­ti­ci­pa­ción direc­ta del pue­blo, usán­do­lo para sus pro­pios intereses.

El FSLN de Car­los Fon­se­ca plan­teó la nece­si­dad de hacer trans­for­ma­cio­nes más pro­fun­das al orden eco­nó­mi­co de la socie­dad nica­ra­güen­se, superan­do el esque­ma polí­ti­co tra­di­cio­nal que se cir­cuns­cri­bía a poner fin a la dic­ta­du­ra, o la sus­ti­tu­ción del dic­ta­dor Somo­za y su fami­lia, y pro­pu­so tem­pra­na­men­te una estra­te­gia que com­bi­na­ra la acción gue­rri­lle­ra en la mon­ta­ña y en el cam­po con la orga­ni­za­ción polí­ti­ca de los dis­tin­tos sec­to­res tan­to urba­nos como rura­les. Den­tro de la estra­te­gia de toma del poder se inclu­yó la insu­rrec­ción popu­lar, con­ce­bi­da muy tem­pra­na­men­te por Car­los Fon­se­ca como el momen­to cul­mi­nan­te del proceso.

En Nica­ra­gua, el movi­mien­to arma­do que comien­za a prin­ci­pios de los años 60 con­si­guió un triun­fo rotun­do el 19 de julio del 79, des­pués de 23 años de lucha. Los pri­me­ros 20 años fue­ron de len­to avan­ce, de gran­des reve­ses, de muer­te, cár­cel, ase­si­na­tos masi­vos en las zonas de ope­ra­cio­nes, muchas adver­si­da­des y algu­nos éxi­tos espec­ta­cu­la­res, pero sobre todo de con­sis­ten­te labor de con­cien­cia­ción y orga­ni­za­ción, has­ta que se logra invo­lu­crar masi­va­men­te a la pobla­ción y con­ver­tir el com­ba­te de peque­ños gru­pos y uni­da­des gue­rri­lle­ras en el cam­po y la mon­ta­ña en insu­rrec­cio­nes masi­vas en las ciu­da­des. Esto per­mi­tió ani­qui­lar a la dic­ta­du­ra somo­cis­ta y ter­mi­nar con una rela­ción de subor­di­na­ción del país a los Esta­dos Unidos.

La vic­to­ria del FSLN sobre la dic­ta­du­ra el 19 de julio de 1979 tuvo como fac­tor prin­ci­pal la par­ti­ci­pa­ción masi­va del pue­blo en la lucha, tan­to como cola­bo­ra­do­res, com­ba­tien­tes y mili­cia­nos, pero tam­bién se expli­ca por el impul­so de una audaz polí­ti­ca de alian­zas, la aper­tu­ra a la incor­po­ra­ción de sec­to­res opo­si­to­res de la bur­gue­sía y de los par­ti­dos tra­di­cio­na­les, un amplio y efi­caz tra­ba­jo exte­rior que per­mi­tió con­se­guir armas y muni­cio­nes para la fase insu­rrec­cio­nal y, final­men­te, el des­gas­te de la dic­ta­du­ra que lle­gó a per­der, en los últi­mos días, has­ta el res­pal­do ofi­cial de los Esta­dos Unidos.

La natu­ra­le­za de los cam­bios no pue­de dejar dudas. La Revo­lu­ción Popu­lar San­di­nis­ta cons­tru­yó una nue­va ins­ti­tu­cio­na­li­dad, ejér­ci­to, poli­cía, par­la­men­to, minis­te­rios, crean­do un anda­mia­je ins­ti­tu­cio­nal com­ple­ta­men­te nue­vo. Se redac­tó una nue­va Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca en 1987, y se impul­sa­ron impor­tan­tes cam­bios socia­les: Refor­ma Agra­ria, alfa­be­ti­za­ción, Refor­ma Urba­na, nacio­na­li­za­ción de los recur­sos natu­ra­les –minas, agua, bos­ques – , nacio­na­li­za­ción de las explo­ta­cio­nes cla­ves, como las bana­ne­ras, y de sec­to­res estra­té­gi­cos como la ban­ca y el comer­cio exte­rior, entre otras.

Con el triun­fo san­di­nis­ta en Nica­ra­gua se for­ta­le­cie­ron las luchas arma­das en Gua­te­ma­la y El Sal­va­dor. Des­de Nica­ra­gua se res­pal­da­ron estos esfuer­zos de com­ba­te, al pun­to que este tema se con­vir­tió en un ele­men­to de pre­sión sobre el Gobierno revo­lu­cio­na­rio por par­te de los Esta­dos Uni­dos. En El Sal­va­dor, la uni­dad de todas las fuer­zas gue­rri­lle­ras en el FMLN y el apo­yo de las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias nica­ra­güen­ses, lle­vó la lucha arma­da a un pun­to de equi­li­brio, un vir­tual empa­te entre el FMLN y el ejér­ci­to, a pesar del des­me­su­ra­do res­pal­do que Esta­dos Uni­dos dio a los gobier­nos sal­va­do­re­ños. Este vir­tual empa­te lle­vó a un pro­ce­so de nego­cia­ción que favo­re­ció la con­ver­sión del FMLN en un par­ti­do polí­ti­co que comen­zó de inme­dia­to a dispu­tar el gobierno por la vía electoral.

Duran­te los diez años de gobierno san­di­nis­ta, el pro­yec­to de trans­for­ma­ción en Nica­ra­gua tuvo gran­des difi­cul­ta­des para des­ple­gar­se, por­que la gue­rra con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria sig­ni­fi­có un bru­tal des­gas­te mate­rial y polí­ti­co para la Revo­lu­ción. La nece­si­dad de sos­te­ner un enor­me tren de defen­sa, el ser­vi­cio mili­tar obli­ga­to­rio y el blo­queo de recur­sos del exte­rior dete­rio­ra­ron las con­di­cio­nes de vida y mina­ron la capa­ci­dad de resis­ten­cia de la gente.

Sin negar los erro­res que se come­tie­ron, fue la gue­rra impues­ta por el impe­rio el fac­tor deter­mi­nan­te en la derro­ta elec­to­ral que sufrió el FSLN, en febre­ro de 1990 fren­te a una gran coa­li­ción de dere­cha. Esa derro­ta no sig­ni­fi­ca­ba el fin de la Revo­lu­ción, sino un revés. Pero la implo­sión del socia­lis­mo real impac­tó tam­bién nega­ti­va­men­te en la con­cien­cia de la diri­gen­cia revo­lu­cio­na­ria y del pue­blo, y comen­zó a avan­zar la con­tra­rre­for­ma has­ta que final­men­te se ins­ta­ló hege­mó­ni­ca­men­te en nues­tro país. Fue una derro­ta polí­ti­ca que lue­go se con­vir­tió en un triun­fo de la con­tra­rre­for­ma y lue­go en una derro­ta de la Revo­lu­ción. Digo que fue una derro­ta de la Revo­lu­ción, cuan­do des­de la otro­ra con­duc­ción de la van­guar­dia, se renun­ció al desa­rro­llo de un pro­yec­to real­men­te revo­lu­cio­na­rio y se hicie­ron ajus­tes a la pro­pues­ta para ade­cuar­la, prag­má­ti­ca­men­te, a una lucha por el con­trol del poder, pero ya no para cam­biar el sis­te­ma impe­ran­te, sino para ade­cuar­se de mane­ra “rea­lis­ta”.

Pre­gun­ta: ¿Pue­den vol­ver pro­pues­tas de movi­mien­tos arma­dos en esta región? ¿Por qué sí o por qué no?

Móni­ca Bal­to­dano: Como seña­lé, la lucha arma­da apa­re­ce y des­apa­re­ce según los tiem­pos de la lucha de cla­ses. Las trans­for­ma­cio­nes eco­nó­mi­co-socia­les, la deman­da de jus­ti­cia y liber­tad requie­ren como siem­pre de lucha y nin­gún camino debe estar cerra­do para ella. Creo que todas las vías están abier­tas para insu­bor­di­nar­se, para inten­tar trans­for­mar las cosas y con ello bus­car cómo trans­for­ma­mos noso­tros mis­mos en per­ma­nen­tes suje­tos de cam­bio. Evi­den­te­men­te, hoy como ayer, los pri­vi­le­gios, las ven­ta­jas que des­de el mer­ca­do ope­ran a favor de los gran­des con­sor­cios, aho­ra de las gran­des trans­na­cio­na­les, de los capi­ta­les inter­co­nec­ta­dos, siem­pre serán defen­di­dos con todo el poder y las armas de que se dis­pon­ga. Nin­gún gru­po domi­nan­te, cual­quie­ra que sea su signo, renun­cia pací­fi­ca­men­te a sus pri­vi­le­gios y al poder.

Los nue­vos Códi­gos Pena­les de nues­tros paí­ses cri­mi­na­li­zan la lucha bajo cual­quie­ra de sus for­mas, los sis­te­mas de jus­ti­cia siguen ope­ran­do a favor de los domi­na­do­res. Así que nin­gún camino para luchar por trans­for­mar esta reali­dad debe recha­zar­se a prio­ri. Hoy como ayer, se nece­si­tan el mitin del barrio o la acción sin­di­cal; la acción deli­be­ra­ti­va de la Uni­ver­si­dad o la defen­sa de la tie­rra en el cam­po; la lucha por sal­var a las espe­cies, como la beli­ge­ran­cia para eli­mi­nar la vio­len­cia con­tra las muje­res y niños; la lucha par­la­men­ta­ria, como la lucha calle­je­ra. Segu­ra­men­te tam­bién serán nece­sa­rios otros levan­ta­mien­tos socia­les o aso­na­das, o la lucha de barri­ca­das como las que vimos en Oaxa­ca, pero segu­ro que tam­bién va a urgir­se nue­va­men­te, en otros con­tex­tos, de nue­vas for­mas de lucha armada.

Pre­gun­ta: A los movi­mien­tos arma­dos actual­men­te exis­ten­tes (Colom­bia, Chia­pas en Méxi­co), ¿qué futu­ro se les ve?

Móni­ca Bal­to­dano: Los movi­mien­tos arma­dos en Colom­bia res­pon­den a la reali­dad par­ti­cu­lar de ese país, des­de hace mucho tiem­po com­ba­ten en un con­tex­to sin­gu­lar. Es evi­den­te que los gue­rri­lle­ros siguen en pie por­que no exis­ten en Colom­bia posi­bi­li­da­des de tran­si­tar por otros cami­nos. Al movi­mien­to gue­rri­lle­ro de Colom­bia le ha toca­do enfren­tar­se a un gobierno que ha sido prio­ri­za­do por los Esta­dos Uni­dos, que ha reci­bi­do miles de millo­nes de dóla­res en arma­men­to, per­tre­chos y tec­no­lo­gía con el fin de aplas­tar a la gue­rri­lla. El Gobierno de Colom­bia ha mon­tan­do cam­pa­ñas inter­na­cio­na­les de enor­me mag­ni­tud para ven­der la ima­gen de una gue­rri­lla vin­cu­la­da al nar­co­trá­fi­co y pre­sen­tar­la como derro­ta­da. Cier­ta­men­te se per­ci­be que el movi­mien­to ha reci­bi­do gol­pes muy fuer­tes. Les corres­pon­de a los gue­rri­lle­ros deter­mi­nar qué camino segui­rán en el futu­ro cer­cano y des­de nues­tra pro­pia his­to­ria no nos que­da más que expre­sar nues­tro res­pe­to por la lucha que man­tie­nen y que se corres­pon­de con su pro­pio pro­ce­so. Maru­lan­da está muer­to pero no derrotado.

En el caso de Chia­pas, el movi­mien­to zapa­tis­ta ha esco­gi­do el camino de la orga­ni­za­ción de un poder popu­lar para­le­lo al ofi­cial, man­te­nien­do sus fuer­zas mili­ta­res como gru­pos de defen­sa de su orga­ni­za­ción. Ellos no hacen ata­ques ni embos­ca­das al ejér­ci­to mexi­cano, sino más bien se man­tie­nen como fuer­zas de auto­de­fen­sa de los Cara­co­les zapa­tis­tas, y el EZLN man­tie­ne una posi­ción crí­ti­ca del sis­te­ma de par­ti­dos polí­ti­cos y de los pro­ce­sos elec­to­ra­les. Yo creo que el EZLN es una fuer­za que man­tie­ne viva la lla­ma de la resis­ten­cia fron­tal con­tra el sis­te­ma, de denun­cia y cues­tio­na­mien­to a los limi­ta­dos alcan­ces que ofre­ce para la izquier­da el camino elec­to­ral, y en ese movi­mien­to se incu­ban espe­ran­zas de encon­trar nue­vos cami­nos de cons­truc­ción del poder des­de abajo.

Pre­gun­ta: Ante ese apa­ren­te cie­rre de cami­nos de trans­for­ma­ción social hoy día, sin una coyun­tu­ra que favo­rez­ca la apa­ri­ción de movi­mien­tos arma­dos como un ins­tru­men­to más para la bús­que­da de esos cam­bios, ¿cuá­les son las pers­pec­ti­vas reales de modi­fi­ca­ción de su esta­do de injus­ti­cia para las fuer­zas populares? 

Móni­ca Bal­to­dano: Es una pre­gun­ta para la que no ten­go una res­pues­ta cate­gó­ri­ca. Es evi­den­te que la mul­ti­pli­ca­ción de las luchas socia­les de fina­les de los años 90 favo­re­ció un incre­men­to en las posi­bi­li­da­des de los par­ti­dos y fuer­zas pro­gre­sis­tas emer­gen­tes. Los movi­mien­tos indí­ge­nas, eco­lo­gis­tas, de cam­pe­si­nos sin tie­rra, de las muje­res, el Foro Social Mun­dial o las movi­li­za­cio­nes con­tra la glo­ba­li­za­ción capi­ta­lis­ta crea­ron un cli­ma que per­mi­tió que lle­ga­ran a las casas pre­si­den­cia­les per­so­ne­ros con pro­cla­ma­dos pro­gra­mas de izquier­da. Pero, has­ta hoy, los resul­ta­dos reales de su ges­tión son bas­tan­te modes­tos. Si bien se han impul­sa­do pro­gra­mas socia­les que han mejo­ra­do la con­di­ción de vida de amplios sec­to­res, no se ha alte­ra­do sus­tan­cial­men­te el régi­men eco­nó­mi­co y social, la estruc­tu­ra de cla­ses. En algu­nos paí­ses como Nica­ra­gua se habla de la con­ti­nui­dad de la revo­lu­ción, pero lo que se repro­du­ce es un régi­men que favo­re­ce a las gran­des trans­na­cio­na­les y al capi­tal finan­cie­ro regio­nal, mien­tras se res­trin­gen liber­ta­des esen­cia­les de impor­tan­tes capas de la población.

La cri­sis glo­bal del sis­te­ma del capi­tal es un desa­fío para todos en todas par­tes. Su empe­ño depre­da­dor sig­ni­fi­ca­rá des­em­pleo, pobre­za, menos salud y menos edu­ca­ción. Más depen­den­cia y menos sobe­ra­nía. El capi­tal nos ha demos­tra­do que la ruta pri­vi­le­gia­da para supe­rar sus cri­sis cícli­cas tran­si­tan por incre­men­tar la sumi­sión de las mayo­rías a los intere­ses de los ricos y pode­ro­sos. No tie­ne escrú­pu­los de recu­rrir nue­va­men­te al fas­cis­mo si es nece­sa­rio. Las fuer­zas popu­la­res deben estar lis­tas para res­pon­der, resis­tir y con­tra­ata­car según lo deter­mi­nen las con­di­cio­nes de la lucha, que de ordi­na­rio las impo­ne el adversario.

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