La terri­ble uti­li­dad de la tor­tu­ra- Xabier Maka­za­ga

Un docu­men­to interno, que la Guar­dia Civil dejó sor­pren­den­te­men­te olvi­da­do tras un regis­tro, ha deja­do negro sobre blan­co lo que, por otra par­te, era más que obvio: que los mili­tan­tes vas­cos inco­mu­ni­ca­dos son some­ti­dos a inte­rro­ga­to­rios ile­ga­les cuyo obje­ti­vo es el de «obte­ner mani­fes­ta­cio­nes que rati­fi­quen las impu­tacio­nes judi­cia­les que exis­ten»; es decir, auto­in­cul­pa­cio­nes y con­fe­sio­nes.

En efec­to, según la ley, si el dete­ni­do desea decla­rar, lo debe hacer siem­pre ante el ins­truc­tor poli­cial, el secre­ta­rio y el abo­ga­do, que es siem­pre de ofi­cio en casos de inco­mu­ni­ca­ción. Cual­quier otro inte­rro­ga­to­rio es ile­gal, pero éstos han sido y son tan habi­tua­les que a Juan María Atutxa, enton­ces Con­se­je­ro del Inte­rior del Gobierno vas­co, se le esca­pó en una oca­sión que «evi­den­te­men­te, cuan­do se detie­ne a un miem­bro de un coman­do lo pri­me­ro que se hace en comi­sa­ría no es invi­tar­le a cenar. Por supues­to que no, pero se le leen sus dere­chos y se ini­cia el inte­rro­ga­to­rio». Sin embar­go, el hecho de que su Poli­cía inte­rro­ga­ra a las per­so­nas inco­mu­ni­ca­das sin la pre­sen­cia de un abo­ga­do no por habi­tual deja de ser abso­lu­ta­men­te ile­gal, inclu­so apli­can­do la legis­la­ción anti­te­rro­ris­ta.

El obje­ti­vo de dichos inte­rro­ga­to­rios es pre­pa­rar las con­fe­sio­nes que será obli­ga­do a hacer el tor­tu­ra­do en un inte­rro­ga­to­rio legal ante abo­ga­do de ofi­cio. Y si se nie­ga a ello, o no sigue exac­ta­men­te el guión pre­es­ta­ble­ci­do, ya sabe lo que le espe­ra.

De todos modos, la inco­mu­ni­ca­ción, aun sin tor­tu­ras, es en sí una for­ma de mal­tra­to y está dise­ña­da para con­se­guir auto­in­cul­pa­cio­nes. Una impe­ca­ble tesis doc­to­ral dis­po­ni­ble en Inter­net, «Les gar­des à vue déro­ga­toi­res», ana­li­za dicha inco­mu­ni­ca­ción en el caso fran­cés y mues­tra que el obje­ti­vo de dicho méto­do, basa­do en la expe­rien­cia tor­tu­ra­do­ra adqui­ri­da en la Gue­rra de Arge­lia, es el de rom­per la resis­ten­cia físi­ca y psi­co­ló­gi­ca de una per­so­na a la que se quie­re hacer con­fe­sar. Afir­ma en con­cre­to que «pue­de ser ana­li­za­do como una cier­ta for­ma de tor­tu­ra legal, des­ti­na­da a ven­cer esa resis­ten­cia», pero bien es ver­dad que su efi­ca­cia, sin mediar tor­tu­ras, es, al menos en el caso de los mili­tan­tes vas­cos arres­ta­dos en el Esta­do fran­cés, bien esca­sa, por­que la gran mayo­ría de ellos se nie­gan a decla­rar, y las con­fe­sio­nes son har­to raras.

En cam­bio, los dete­ni­dos en el Esta­do espa­ñol cuen­tan una y otra vez todo «con pelos y seña­les». ¿Por qué será? Por la tor­tu­ra, por supues­to. Por­que la com­bi­na­ción de inco­mu­ni­ca­ción y tor­tu­ra es tre­men­da­men­te efi­caz para las auto­ri­da­des que dan el vis­to bueno a dichos méto­dos. Y lo hacen con la abso­lu­ta com­pli­ci­dad, entre otros, de los gran­des medios de comu­ni­ca­ción, que impo­nen un espe­so man­to de silen­cio al res­pec­to, y los jue­ces de la Audien­cia Nacio­nal que se encar­gan de impo­ner con­de­nas increí­bles basa­das en auto­in­cul­pa­cio­nes así arran­ca­das, afir­man­do des­ca­ra­da­men­te que se tra­tó de «mani­fes­ta­cio­nes espon­tá­neas», como en el caso de Mat­tin Sara­so­la.

La tor­tu­ra es terri­ble­men­te útil, sí. Pre­ci­sa­men­te por ello es tan difí­cil de erra­di­car. Pues aun­que nume­ro­sos exper­tos digan que la tor­tu­ra es inefi­caz por­que pro­du­ce fal­sas con­fe­sio­nes, la tris­te reali­dad es que a las auto­ri­da­des la gran mayo­ría de las veces esas fal­sas infor­ma­cio­nes les son tan úti­les o más que las ver­da­de­ras.

Ahí está el cono­ci­do caso de Ibn al Shaykh al Libi, quien, some­ti­do a bru­ta­les tor­tu­ras, con­fe­só que Sadam Hus­sein esta­ba entre­nan­do a miem­bros de Al-Qae­da en el uso de armas quí­mi­cas y bio­ló­gi­cas, lo cual fue uno de los prin­ci­pa­les argu­men­tos usa­dos para jus­ti­fi­car la inva­sión de Irak.

Des­pués se demos­tró la abso­lu­ta fal­se­dad de todo aque­llo, y el caso fue pro­fu­sa­men­te emplea­do por los defen­so­res de la inefi­ca­cia del tor­men­to, pero en reali­dad la tor­tu­ra sí que fun­cio­nó de mane­ra per­fec­ta para obte­ner pre­ci­sa­men­te la fal­sa prue­ba que nece­si­ta­ban Bush y com­pa­ñía para des­en­ca­de­nar la gue­rra. Por­que es obvio que en abso­lu­to creían que Sadam dis­pu­sie­ra de armas de des­truc­ción masi­va y tuvie­ra estre­cha rela­ción con Al-Qae­da.

Los tor­tu­ra­do­res espa­ño­les tam­bién son muy duchos a la hora de obte­ner fal­sas con­fe­sio­nes úti­les para las auto­ri­da­des, y en tales cir­cuns­tan­cias es incom­pren­si­ble el empe­ño de algu­nos por seguir man­te­nien­do la tesis de que la tor­tu­ra es inefi­caz, des­vian­do así la aten­ción sobre el ver­da­de­ro quid de la cues­tión: que las auto­ri­da­des ava­lan el uso del tor­men­to pre­ci­sa­men­te por­que es tan útil para sus intere­ses. Y aun­que pre­go­nen con fal­sa indig­na­ción que el fin nun­ca debe jus­ti­fi­car los medios, mues­tran todo lo con­tra­rio con la tor­tu­ra: dan car­ta blan­ca a su Poli­cía con tal de obte­ner rápi­dos resul­ta­dos.

Por tan­to, lo úni­co que pue­de disua­dir­les de que dejen de uti­li­zar dichos infa­mes méto­dos es que el cos­te de seguir prac­ti­cán­do­los les sea exce­si­vo en com­pa­ra­ción con los bene­fi­cios que de ellos obtie­nen, y para ello debe­mos guiar nues­tro esfuer­zo a actuar sobre los aspec­tos que les son cla­ra­men­te nega­ti­vos y ayu­dar a que su peso se les haga inso­por­ta­ble. Por ejem­plo, insis­tien­do una y otra vez en poner de mani­fies­to la terri­ble reali­dad de la tor­tu­ra en Eus­kal Herria ante los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les de pre­ven­ción y lucha con­tra la mis­ma; sacan­do a relu­cir el tema e inter­pe­lan­do a todo aquel que no man­tie­ne una acti­tud con­se­cuen­te al res­pec­to cuan­do ten­ga­mos la míni­ma opor­tu­ni­dad…

Todos pode­mos ayu­dar en la medi­da de nues­tras posi­bi­li­da­des. En nues­tras manos está el con­se­guir­lo.

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