Israel: peli­gro para la huma­ni­dad- José Steinsleger

Sólo los judíos huma­ni­ta­rios, pro­gre­sis­tas y revo­lu­cio­na­rios podrán fre­nar la furia homi­ci­da del Esta­do de Israel. Otras fuer­zas están coad­yu­van­do: Hamas en Gaza, Hez­bo­lá en Líbano, paí­ses como Irán y Siria o la corrom­pi­da Auto­ri­dad Nacio­nal Pales­ti­na de Cis­jor­da­nia inclu­si­ve, resis­ten las embes­ti­das del «pue­blo elegido».

Sin embar­go, sobre los judíos cons­cien­tes (y en par­ti­cu­lar los de Esta­dos Uni­dos) empie­za a recaer el peso mayor para con­te­ner a la bes­tia ali­men­ta­da por Washing­ton. La cre­cien­te inci­den­cia del movi­mien­to anti­sio­nis­ta inter­na­cio­nal pre­gun­ta qué va pri­me­ro: ¿el ser judío, o el ser huma­ni­ta­rio, pro­gre­sis­ta y revolucionario?

Ser o no ser. ¿Ser qué? ¿No ser qué? Nues­tra esca­la de valo­res coin­ci­de con la incul­ca­da por Arnul­fo Rome­ro, Leó­ni­das Proaño, Samuel Ruiz o, sin ir lejos, el padre Miguel Con­cha, quie­nes enal­te­cen las con­vic­cio­nes y fe de las per­so­nas que por sobre sus cre­dos, con­sa­gran los valo­res de la dig­ni­dad y la decencia.

Que la pre­mi­sa nos per­mi­ta reite­rar que los gober­nan­tes de Israel no son judíos. Son ase­si­nos. Ase­si­nos que lejos de velar por la «segu­ri­dad» de su Esta­do, o de trans­mi­tir la filo­so­fía de tole­ran­cia del judaís­mo, res­pon­den al mesia­nis­mo finan­cie­ro de Wall Street, y a la agen­da impe­rial de Esta­dos Uni­dos en el mundo.

Bajo la dic­ta­du­ra de Hitler, no ser nazi era expo­ner­se a ser con­si­de­ra­do un ale­mán a medias. Y en Israel, pro­gre­si­va­men­te, se fue implan­tan­do la idea de que el «buen judío» sólo podía ser sio­nis­ta. Hay que ter­mi­nar, enton­ces, con la doc­tri­na que aso­cia judaís­mo y sio­nis­mo para jus­ti­fi­car las atro­ci­da­des de un Esta­do terrorista.

Hace tan sólo 65 años, lue­go de que la ex Unión Sovié­ti­ca pul­ve­ri­zó a los «inven­ci­bles» ejér­ci­tos de Ale­ma­nia, las demo­cra­cias del lla­ma­do «mun­do libre» con­sin­tie­ron en rea­li­zar lo impen­sa­ble: disol­ver y juz­gar al Esta­do nazi, por geno­ci­dio y crí­me­nes de guerra.

Hoy, lo impen­sa­ble es ima­gi­nar que el Esta­do sio­nis­ta será disuel­to y juz­ga­do por igua­les moti­vos. ¿Hay otra sali­da? Des­de su fun­da­ción, Israel ha boi­co­tea­do todas las ini­cia­ti­vas de paz, usán­do­las como zanaho­ria para encu­brir y avan­zar en su polí­ti­ca anexionista.

Dos esta­dos… obser­ve­mos el mapa de Pales­ti­na, y pre­gun­té­mo­nos si tie­nen via­bi­li­dad. Para ganar tiem­po y ocu­par terri­to­rios, Israel for­jó una piel de leo­par­do car­to­grá­fi­ca, en la que ya resul­ta impo­si­ble pre­ci­sar qué peda­ci­to de tie­rra le corres­pon­de­ría a uno u otro Esta­do. Con temor, algu­nas almas nobles apo­yan el pro­yec­to de dos esta­dos. Y omi­ten la exi­gen­cia de Israel: que uno de los esta­dos carez­ca de fuer­zas arma­das, aero­puer­tos, con­tro­les sobre su terri­to­rio o par­ti­dos polí­ti­cos que cali­fi­ca de «fun­da­men­ta­lis­tas».

Las nue­vas gene­ra­cio­nes de israe­líes (pales­ti­nos y ára­bes inclui­dos) requie­ren coha­bi­tar en un Esta­do segu­ro. O sea, libe­ra­do del sio­nis­mo. Por­que el enemi­go prin­ci­pal no está fue­ra de las fron­te­ras impre­ci­sas de Israel, sino en la ideo­lo­gía per­ver­ti­da que hizo de Dios, su Dios, el pri­mer sol­da­do de la «segu­ri­dad nacio­nal» y el «pue­blo elegido».

La idea de «pue­blo ele­gi­do» con­sis­te en negar al otro. Natu­ral­men­te, en dis­tin­tas eta­pas de la his­to­ria no han fal­ta­do los impe­rios que, mani­pu­lan­do los cre­dos reli­gio­sos, se sin­tie­ron ele­gi­dos. ¡Dios lo quie­re! En efec­to. Sólo que Israel posee un arse­nal de bom­bas nuclea­res para demostrarlo.

En agos­to de 1945, las imá­ge­nes de los hon­gos nuclea­res sobre Hiroshi­ma y Naga­sa­ki per­tur­ba­ron y qui­ta­ron el alien­to a la huma­ni­dad. Ahí están los docu­men­tos fil­ma­dos y los infor­mes que des­cri­ben las con­se­cuen­cias, «el día des­pués», amplia­men­te divul­ga­dos. Pero en com­pa­ra­ción, se tra­ta de imá­ge­nes que corres­pon­den al paleo­lí­ti­co de la tec­no­lo­gía béli­ca moderna.

Las gran­des poten­cias han veni­do usan­do sus arse­na­les nuclea­res para nego­ciar posi­cio­nes geo­po­lí­ti­cas. Jue­go irra­cio­nal y demen­te que, con todo, con­lle­va mati­ces racio­na­les. Pues ya no esta­mos en 1945, cuan­do un solo país dis­po­nía de la bomba.

¿Quién duda aún acer­ca de lo que Hitler (encar­na­ción de otro «pue­blo ele­gi­do») hubie­se hecho en caso de haber teni­do la bom­ba? De modo que si los polí­ti­cos al fren­te de la nave glo­bal con­ti­núan prac­ti­can­do la polí­ti­ca del aves­truz, demos por segu­ro dos cosas: 1) que Israel usa­rá sus armas nuclea­res sin remor­di­mien­to alguno, y 2) que Washing­ton dirá que Israel tenía dere­cho a defenderse.

No se tra­ta de un asun­to lejano, o del «odio» entre ára­bes y judíos, tal como sos­tie­nen los espí­ri­tus lige­ros, des­in­for­ma­dos o cóm­pli­ces por omi­sión de los crí­me­nes del sio­nis­mo. No. Israel está lis­to y, en cual­quier momen­to, pue­de ata­car con armas nuclea­res a sus «enemi­gos». Momen­to a par­tir del cual empe­za­re­mos a mirar con nos­tal­gia este mun­do que hoy nos pare­ce irracional.

La derro­ta del sio­nis­mo será posi­ble cuan­do los judíos de Esta­dos Uni­dos empla­cen a los polí­ti­cos gue­rre­ris­tas que los repre­sen­tan, ponien­do pun­to final a las impu­ni­da­des del terro­ris­mo israe­lí. No es impo­si­ble. Lo impo­si­ble es dis­cu­tir con Dios. Y más cuan­do, a pesar de su poder, se sien­te víc­ti­ma, débil y agredido.

La Jor­na­da

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