Euro­pa – La muer­te del esta­do de bien­es­tar – Socio­lo­gía Crítica

El éxi­to de la ofen­si­va neo­li­be­ral uni­do al colap­so y derrum­be del blo­que del Este, al fra­ca­so de los pro­yec­tos de libe­ra­ción y al desa­rro­llo des­igual de los Esta­dos de la peri­fe­ria –que des­mo­ro­nó la cohe­sión y soli­da­ri­dad del Ter­cer Mun­do – , pro­vo­có en los ochen­ta una derro­ta estra­té­gi­ca de los tra­ba­ja­do­res a nivel mun­dial, el fin del ciclo de acu­mu­la­ción basa­do en la expan­sión pro­duc­ti­va que carac­te­ri­zó al perío­do 45 – 70, y la recu­pe­ra­ción glo­bal del domi­nio polí­ti­co, eco­nó­mi­co, cul­tu­ral e ideo­ló­gi­co del capitalismo.

La des­re­gu­la­ción ban­ca­ria y la liber­tad de cir­cu­la­ción de capi­ta­les, jun­to a nue­vas divi­sio­nes del tra­ba­jo –fru­to de modi­fi­ca­cio­nes pro­duc­ti­vas, téc­ni­cas y cul­tu­ra­les – , impul­sa­ron la estra­te­gia del capi­tal inter­na­cio­nal basa­da en la des­cen­tra­li­za­ción pro­duc­ti­va y la reor­ga­ni­za­ción y relo­ca­li­za­ción de la pro­duc­ción, que acre­cen­ta­ron la des­or­ga­ni­za­ción y frag­men­ta­ción obre­ra, y faci­li­ta­ron un duro ata­que a los sala­rios y los dere­chos laborales.

La alta ren­ta­bi­li­dad que ofer­ta­ban los cana­les finan­cie­ros gene­ró un efec­to rique­za y atra­jo al capi­tal pro­duc­ti­vo, actuan­do el aumen­to del pre­cio de las accio­nes como motor de la eco­no­mía duran­te un tiem­po. Pero hacer fren­te al cre­cien­te pre­cio de las accio­nes exi­gía un incre­men­to cons­tan­te de los bene­fi­cios en la pro­duc­ción de mer­can­cías, y ace­le­rar los pro­ce­sos de reduc­ción de cos­tes y aumen­to de la ren­ta­bi­li­dad del trabajo.

A comien­zos de los 90, el capi­tal había logra­do recu­pe­rar bue­na par­te de la tasa de ganan­cia y esta­bi­li­zar una situa­ción de bajo cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co –enten­di­do glo­bal­men­te – , a cos­ta de una enor­me con­cen­tra­ción de la rique­za, y del aumen­to de la tasa de explo­ta­ción de la mano de obra y la exten­sión sig­ni­fi­ca­ti­va de for­mas abu­si­vas de explo­ta­ción, resul­tan­do un aumen­to de las des­igual­da­des socia­les y de las des­igual­da­des entre las dife­ren­tes regio­nes mun­dia­les y un aumen­to del empo­bre­ci­mien­to mundial.

Pero el nue­vo mode­lo ins­tau­ra­do se ha des­ve­la­do alta­men­te sen­si­ble a las ame­na­zas que su desa­rro­llo gene­ra. Las cri­sis regio­na­les se han suce­di­do sin des­can­so des­de hace 20 años, bien por los ries­gos de impa­go de la deu­da de los paí­ses de la peri­fe­ria, bien por quie­bras de fon­dos espe­cu­la­ti­vos, bien por sobreproducción.

La res­pues­ta del capi­ta­lis­mo ha con­sis­ti­do en una huí­da hacia delan­te, exten­dien­do las prác­ti­cas espe­cu­la­ti­vas a fin de seguir empu­jan­do al alza el valor de las accio­nes, en un cli­ma de inse­gu­ri­dad y vola­ti­li­dad difí­cil de con­tro­lar. En los Esta­dos del cen­tro del sis­te­ma, se ha pro­ce­di­do a un con­ti­nuo recor­te de los tipos de inte­rés –para man­te­ner el con­su­mo pri­va­do impul­san­do el endeu­da­mien­to interno – , y a una per­se­cu­ción de las regu­la­cio­nes esta­ta­les para favo­re­cer la apro­pia­ción pri­va­da del sec­tor públi­co, con el obje­to de trans­fe­rir enor­mes masas de dine­ro públi­co a sus arcas y exten­der el mer­ca­do a espa­cios que esca­pan a su con­trol y a la posi­bi­li­dad de hacer negocio.

En 2007 esta­lla una cri­sis mun­dial, en un mar­co de aumen­to del pre­cio de las mate­rias pri­mas por la mayor deman­da de las nue­vas eco­no­mías emer­gen­tes (Chi­na, India, Bra­sil). El colap­so en 2006 de la bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria en EEUU y el esta­lli­do de las hipo­te­cas sub­pri­me (hipo­te­cas con­ce­di­das sin segu­ri­dad de devo­lu­ción a gen­tes que nor­mal­men­te no ten­drían acce­so a ellas), pro­vo­can una con­trac­ción del cré­di­to y una cri­sis de liqui­dez del sis­te­ma ban­ca­rio, al que los Esta­dos inyec­tan miles de millo­nes de dóla­res pro­ce­den­tes de las arcas públi­cas. La trans­mi­sión de la cri­sis a los mer­ca­dos finan­cie­ros es amor­ti­gua­da por nue­vas reme­sas de dine­ro públi­co y por el col­chón que repre­sen­ta Chi­na, dado que las ganan­cias de las empre­sas son en gran par­te ganan­cias rea­li­za­das en ese país.

Pero la con­trac­ción del cré­di­to en los Esta­dos cen­tra­les, reper­cu­te nega­ti­va­men­te en su acti­vi­dad eco­nó­mi­ca y en el poder adqui­si­ti­vo de su pobla­ción. Una caí­da del con­su­mo en estos Esta­dos –que con­cen­tran el con­su­mo mun­dial – , es dudo­so que pue­da ser enju­ga­do por un aumen­to del mis­mo en las eco­no­mías emer­gen­tes. Si la deman­da de mer­can­cías baja, se pro­du­ci­ría una cri­sis de sobre­pro­duc­ción mun­dial que gol­pea­ría a las “fábri­cas mun­dia­les” loca­li­za­das en Asia. Por tan­to, al pro­ble­ma del capi­ta­lis­mo de evi­tar una caí­da de la tasa de ganan­cia se suma el ries­go de su baja masa. Si la masa de ganan­cia se estan­ca –la mayor par­te de la plus – valía que per­mi­te la repro­duc­ción del capi­tal pro­vie­ne de Asia y sobre todo de Chi­na – , el repar­to será más difí­cil a la hora de su dis­tri­bu­ción entre los accio­nis­tas y entre las empre­sas, y cre­ce­rán las ten­sio­nes entre las dife­ren­tes regio­nes mun­dia­les en las que se divi­de el sis­te­ma y las ten­ta­cio­nes de una esca­la­da bélica.

La espi­ral ini­cia­da para evi­tar el fan­tas­ma de la defla­ción gira sobre ésta sin con­se­guir ale­jar­se, por­que no se pue­den dis­tri­buir más rique­zas que las que se pro­du­cen, y obli­ga al capi­tal a no dejar un rin­cón eco­nó­mi­co sin some­ter a las leyes del mer­ca­do y sobre el que actuar, y aumen­ta la agre­si­vi­dad inter­ven­cio­nis­ta de los Esta­dos cen­tra­les y la carre­ra por ocu­par direc­ta­men­te las fuen­tes de mate­rias ener­gé­ti­cas para man­te­ner su hege­mo­nía y su con­trol sobre las eco­no­mías emergentes.

La ago­nía de los actua­les cen­tros capi­ta­lis­tas mun­dia­les ame­na­za con ser lar­ga, dadas las limi­ta­cio­nes y el len­to desa­rro­llo de los cen­tros emer­gen­tes y las esca­sas pers­pec­ti­vas de trans­for­ma­cio­nes anti­ca­pi­ta­lis­tas. La frag­men­ta­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, el retro­ce­so de la con­cien­cia de cla­se y de la con­cien­cia anti­ca­pi­ta­lis­ta, y la exten­sión de unos valo­res mer­can­ti­les y con­ser­va­do­res, difi­cul­tan levan­tar en este momen­to his­tó­ri­co una alter­na­ti­va glo­bal al sis­te­ma que se tra­duz­ca en un cam­bio de modo de pro­duc­ción y de mode­lo social.

Hacia el colap­so de las cuen­tas públi­cas en los Esta­dos centrales

La actual cri­sis cues­tio­na el mode­lo de cre­ci­mien­to de los Esta­dos cen­tra­les del sis­te­ma, basa­do des­de media­dos de los noven­ta en una ten­den­cia al sobre­con­su­mo finan­cia­da por el res­to del mun­do. Este dina­mis­mo del con­su­mo ha sido impul­sa­do por un endeu­da­mien­to cre­cien­te y por el enri­que­ci­mien­to patri­mo­nial –bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria – . El mode­lo se ha man­te­ni­do con la con­di­ción de que el défi­cit fue­ra finan­cia­do por entra­das de capi­ta­les pro­ve­nien­tes de los exce­den­tes de los paí­ses emer­gen­tes y de los paí­ses pro­duc­to­res de petró­leo. El resul­ta­do ha sido un défi­cit comer­cial pro­por­cio­nal al sobreconsumo.

Este mode­lo de cre­ci­mien­to no es sos­te­ni­ble por­que el con­su­mo no pue­de ser relan­za­do inde­fi­ni­da­men­te median­te el cré­di­to, y menos cuan­do el endeu­da­mien­to ya es muy alto, la bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria ha esta­lla­do y exis­ten nume­ro­sos acti­vos con­ta­mi­na­dos. Se tra­ta de una cri­sis estruc­tu­ral y no se vis­lum­bra a cor­to pla­zo un mode­lo de recam­bio que man­ten­ga el ante­rior dina­mis­mo del con­su­mo y los actua­les equi­li­brios de poder mundiales.

De ahí que la cri­sis muer­da en los Esta­dos cen­tra­les, prin­ci­pal­men­te en los Esta­dos de la zona euro, don­de se encuen­tra el botín de esta nue­va huí­da del capi­tal hacia delan­te, don­de el gas­to públi­co ascien­de al 47% de su PIB y sus gas­tos socia­les supe­ran el 27% del PIB. Los gobier­nos de estos Esta­dos se han resis­ti­do al des­man­te­la­mien­to total de sus polí­ti­cas socia­les, apli­can­do recor­tes que no han satis­fe­cho las exi­gen­cias finan­cie­ras y de las gran­des cor­po­ra­cio­nes –prin­ci­pal­men­te de EEUU – , de mane­ra que los obje­ti­vos mar­ca­dos para libe­ra­li­zar los ser­vi­cios públi­cos de carác­ter social para la pri­me­ra déca­da de este siglo –con­te­ni­dos en el Acuer­do Gene­ral sobre el Comer­cio de Ser­vi­cios de la Orga­ni­za­ción Mun­dial del Comer­cio – , dis­tan aún mucho de cumplirse.

La estra­te­gia para equi­li­brar el défi­cit comer­cial está siguien­do varias fases. La pri­me­ra vuel­ta de tuer­ca ha con­sis­ti­do en una reduc­ción cre­di­ti­cia y fuer­tes des­em­bol­sos de capi­tal públi­co para res­ca­tar y sanear las cuen­tas de ban­cos y sec­to­res finan­cie­ros más com­pro­me­ti­dos por la cri­sis. La reduc­ción del cré­di­to ha dis­mi­nui­do la acti­vi­dad empre­sa­rial y ha pro­vo­ca­do un impor­tan­te aumen­to del paro y de la eco­no­mía sumer­gi­da, en rela­ción con la situa­ción de cada Esta­do. Si la caí­da de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca ha dis­mi­nui­do los ingre­sos públi­cos, el paro ha dis­pa­ra­do –como en el caso de Espa­ña– los gas­tos de cober­tu­ra social, y ambos fac­to­res uni­dos a las ingen­tes can­ti­da­des de fon­dos públi­cos des­ti­na­dos a los pla­nes de res­ca­te de la ban­ca, han endeu­da­do al sec­tor públi­co y com­pro­me­ti­do el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co pre­vis­to para los 5 – 6 pró­xi­mos años.

Los pla­nes de res­ca­te se han lle­va­do a cabo sin variar las actua­les reglas de jue­go y a pesar de ello, la espe­ra­da recu­pe­ra­ción de las Bol­sas no se ha pro­du­ci­do. Al con­tra­rio, se han rea­li­za­do manio­bras masi­vas espe­cu­la­do­ras con­tra los Esta­dos más débi­les de la zona euro –Gre­cia, Espa­ña, Por­tu­gal – , que ame­na­zan con com­pro­me­ter la mone­da común y exten­der­se al res­to de los Esta­dos de la Unión Euro­pea. Este ata­que a la pro­pia esta­bi­li­dad de los Esta­dos que han rea­li­za­do los prés­ta­mos, tie­ne la doble fina­li­dad de hacer pagar a la pobla­ción unos agu­je­ros que no exis­tían en las cuen­tas públi­cas a comien­zos de 2008 y dar un gol­pe mor­tal al Esta­do social.

La segun­da vuel­ta de tuer­ca se ini­cia con un sec­tor públi­co hipo­te­ca­do y la exi­gen­cia –por par­te de los cau­san­tes de la cri­sis– del sanea­mien­to de las cuen­tas públi­cas a tra­vés de mayo­res recor­tes del gas­to social, de los sala­rios de los emplea­dos públi­cos y de las pen­sio­nes. El some­ti­mien­to de los gobier­nos euro­peos ha sido uná­ni­me, lan­zan­do pla­nes de ajus­te que alcan­zan una espe­cial dure­za en Gre­cia y España.

En Espa­ña, el plan de ajus­te inclu­ye: baja­da del 5% de los sala­rios para los emplea­dos públi­cos y la con­ge­la­ción para 2011; con­ge­la­ción de las pen­sio­nes des­de enero de 2011, excep­to las míni­mas y las no con­tri­bu­ti­vas, que repre­sen­tan tan sólo el 30% de los 8,6 millo­nes de pen­sio­nis­tas; recor­tes que supe­ran los 1.200 millo­nes de € para Comu­ni­da­des Autó­no­mas y Ayun­ta­mien­tos, que se tra­du­ci­rán en una baja­da de las inver­sio­nes públi­cas y un dete­rio­ro de los ser­vi­cios públi­cos; eli­mi­na­ción del régi­men tran­si­to­rio para la jubi­la­ción par­cial, que afec­ta nega­ti­va­men­te al empleo al supri­mir los con­tra­tos de rele­vo; supre­sión de la retro­ac­ti­vi­dad en las pres­ta­cio­nes por depen­den­cia y el pago a pla­zos duran­te 5 años de la deu­da exis­ten­te, lo que sig­ni­fi­ca que la mayo­ría de los afec­ta­dos no cobra­rá, dado que la mitad de los depen­dien­tes supera los 80 años y su espe­ran­za de vida no alcan­za esos 5 años; la eli­mi­na­ción de los 2.500 € del che­que bebé.

Un plan que afian­za las regre­si­vas polí­ti­cas fis­ca­les de la era neo­li­be­ral: trans­for­ma­ción del IRPF en un impues­to de las ren­tas del tra­ba­jo –que actual­men­te repre­sen­tan un 80% de su base impo­ni­ble – ; per­mi­si­vi­dad ante un empre­sa­ria­do que decla­ra una media de ingre­sos infe­rior a la media de los asa­la­ria­dos –cre­cien­do de for­ma con­ti­nua­da esa dife­ren­cia des­de 1993 – ; suce­si­vas reba­jas del Impues­to de Socie­da­des –en 2007, se reba­jó la impo­si­ción a la tota­li­dad de las empre­sas del 35% al 30% (no se tie­ne en cuen­ta la baja­da del 30% al 25% diri­gi­da a empre­sas con menos de 25 tra­ba­ja­do­res e ingre­sos infe­rio­res a 5 millo­nes de € que man­ten­gan su plan­ti­lla en 2009 y 2010) – ; supre­sión en 2008 del Impues­to sobre el Patri­mo­nio en bene­fi­cio de los gran­des pro­pie­ta­rios; incre­men­to en 2010 de los impues­tos indi­rec­tos –el IVA gene­ral cre­ce del 16% al 18% y el redu­ci­do del 7% al 8% – . El resul­ta­do es que los tra­ba­ja­do­res en Espa­ña pagan en impues­tos poco menos que los tra­ba­ja­do­res euro­peos, mien­tras los sec­to­res con mayo­res ren­tas pagan mucho menos que el pro­me­dio euro­peo, en un mar­co don­de la pre­sión fis­cal espa­ño­la se situa­ba 7 pun­tos de PIB por deba­jo de la media de la UE – 15 en 2008.

No se debe per­der de vis­ta que el mode­lo fis­cal de los últi­mos 25 años mani­fies­ta una ten­den­cia cre­cien­te a que en los ingre­sos del Esta­do pri­me la impo­si­ción indi­rec­ta (con­su­mo) sobre la direc­ta (ren­tas) –en 1986 los impues­tos direc­tos repre­sen­ta­ban el 64% y los indi­rec­tos el 32%, pasan­do esos por­cen­ta­jes a ser el 51% y 47% en 2006 – . Hacer recaer los ingre­sos del Esta­do en el con­su­mo anu­la efec­tuar una redis­tri­bu­ción de la ren­ta –en per­jui­cio de los sec­to­res socia­les más débi­les – ; efec­to agra­va­do en épo­cas de cri­sis por­que la con­trac­ción del gas­to públi­co se rea­li­za en detri­men­to fun­da­men­tal­men­te de los gas­tos socia­les, pre­ci­sa­men­te cuan­do más nece­sa­rios son para amor­ti­guar sus efec­tos sobre los más desfavorecidos.

Un plan que dis­mi­nu­ye la ya baja pro­tec­ción social espa­ño­la, en un mar­co don­de la dife­ren­cia entre el 20% de la pobla­ción con mayo­res ren­tas y el 20% con meno­res ren­tas es la mayor de la Unión Euro­pea de los 15. Medi­do en uni­da­des de poder de com­pra, cada espa­ñol reci­be un 40% menos de pro­tec­ción que los ciu­da­da­nos de la Unión Euro­pea de los 15, de ahí que Espa­ña pre­sen­te mayo­res des­igual­da­des sociales.

Un plan que, sin embar­go, no aumen­ta las coti­za­cio­nes o los impues­tos a los gran­des ren­tis­tas o a los gran­des empre­sa­rios, y que olvi­da tomar medi­das con­tra el ele­va­do frau­de fis­cal, que alcan­za entre 20% y el 25% –el doble que la media de la UE – . No es de extra­ñar que crez­ca la repug­nan­cia social hacia un gobierno que mima a la Ban­ca espa­ño­la –que has­ta 2008 obtu­vo los bene­fi­cios más altos de la Unión Euro­pea y de los más altos del mun­do – , y tole­ra que con la cri­sis en mar­cha y tras la entre­ga de ayu­das millo­na­rias, los con­se­je­ros de esos ban­cos se suban el “suel­do” un 53% en 2008 o se adju­di­quen pen­sio­nes millo­na­rias. Un gobierno que mima a los gran­des pro­pie­ta­rios y ren­tis­ta. Si el gobierno recu­pe­ra­se el impues­to de patri­mo­nio que supri­mió en 2008, el Esta­do ingre­sa­ría más de 2.121 millo­nes de € anua­les, una can­ti­dad supe­rior a los 1.500 millo­nes de € que se aho­rra­rá con la con­ge­la­ción de las pen­sio­nes en 2011, y con una menor reper­cu­sión social y sobre el con­su­mo interno. Lo mis­mo pue­de decir­se de las Sicav (Socie­da­des de Inver­sión de Capi­tal Varia­ble), que con un patri­mo­nio cer­cano a los 26.000 millo­nes de € sólo tri­bu­tan al 1%, en lugar de al 30% del tipo general.

Las medi­das anun­cia­das para redu­cir la deu­da públi­ca no reac­ti­va­rán la eco­no­mía, por­que a los más de 4,6 millo­nes de para­dos y las res­tric­cio­nes exis­ten­tes del cré­di­to a las fami­lias y a las peque­ñas y media­nas empre­sas –que está blo­quean­do su acti­vi­dad – , se suma la dis­mi­nu­ción del poder adqui­si­ti­vo de millo­nes de tra­ba­ja­do­res y pen­sio­nis­tas, lo que tira­rá a la baja del con­su­mo. A la subi­da de la Bol­sa al día siguien­te de inter­ve­nir Zapa­te­ro, le han segui­do nue­vas baja­das, por­que es difí­cil que aumen­ten las inver­sio­nes cuan­do la capa­ci­dad de com­pra disminuye.

Las espe­ran­zas de sali­da de la rece­sión ante el cre­ci­mien­to del PIB en un 0,1% en el pri­mer tri­mes­tre de 2010, ocul­ta que el aumen­to del gas­to corrien­te de la Admi­nis­tra­ción se ha debi­do a pagos apla­za­dos del año ante­rior por ayun­ta­mien­tos y Comu­ni­da­des Autó­no­mas para sola­par su enor­me défi­cit en 2009, y que indi­ca­do­res cla­ves en la recu­pe­ra­ción de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca han segui­do sien­do nega­ti­vos. Si las inver­sio­nes en cons­truc­ción caye­ron en ese perío­do el 3,4% y las inver­sio­nes en bie­nes de equi­po el 1,2% –éstas tras 6 meses de cre­ci­mien­to – , como resul­ta­do del plan de aus­te­ri­dad con­te­ni­do en los Pre­su­pues­tos Gene­ra­les del Esta­do, es más que pre­vi­si­ble que el ajus­te duro de mayo no varíe sus­tan­cial­men­te esas tendencias.

La ter­ce­ra vuel­ta de tuer­ca se ini­cia­rá con el fra­ca­so de los actua­les pla­nes y nue­vas medi­das impo­si­ti­vas y res­tric­ti­vas del gas­to. Si las pri­me­ras aumen­ta­rán la pre­sión sobre los tra­ba­ja­do­res y las cla­ses medias, las segun­das aca­ba­rán de minar la sos­te­ni­bi­li­dad del sec­tor públi­co, favo­re­cien­do su entre­ga a com­pa­ñías pri­va­das. Esta­mos ante el fin del Esta­do como garan­te de la esta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca, de su pre­pon­de­ran­cia como correc­tor de des­equi­li­brios eco­nó­mi­cos y des­igual­da­des sociales.

Otras polí­ti­cas exi­gen nue­vos enfo­ques en la izquierda

El des­man­te­la­mien­to del esta­do del bien­es­tar y las polí­ti­cas de los gobier­nos para hacer fren­te a la cri­sis, abren teó­ri­ca­men­te pers­pec­ti­vas de reor­ga­ni­za­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra y de reagru­pa­mien­to de los intere­ses popu­la­res, y un espa­cio nue­vo a las luchas socia­les. Pero esto no impli­ca una mejo­ría mecá­ni­ca de la corre­la­ción de fuer­zas a favor de los tra­ba­ja­do­res. Los ries­gos de mayo­res retro­ce­sos socia­les depen­de­rán de la capa­ci­dad de aná­li­sis y de for­mu­lar alter­na­ti­vas que movi­li­cen a amplios sec­to­res socia­les por par­te de la izquier­da euro­pea. Bas­ta obser­var como, ante los efec­tos de la cri­sis, el Par­ti­do Repu­bli­cano en EEUU ve ascen­der des­de la base un movi­mien­to ultra­con­ser­va­dor (Tea Party), que ame­na­za con con­tro­lar el par­ti­do y que ha teni­do un sono­ro éxi­to en las pri­ma­rias cele­bra­das en mayo.

Des­de un comien­zo, las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les logra­ron una frac­tu­ra social y una pér­di­da de influen­cia de la cla­se tra­ba­ja­do­ra fren­te a las cla­ses altas y medias. Esa frag­men­ta­ción de los intere­ses popu­la­res ha per­mi­ti­do que los sec­to­res socia­les más influ­yen­tes hayan recon­fi­gu­ra­do las deman­das socia­les, pro­pi­cian­do un giro de las polí­ti­cas públi­cas hacia sus intere­ses y un acu­sa­do indi­vi­dua­lis­mo en la con­cien­cia social. De ahí la des­apa­ri­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra del dis­cur­so social­de­mó­cra­ta, la inte­gra­ción ins­ti­tu­cio­nal de los sin­di­ca­tos, la esca­sa res­pues­ta social y labo­ral en los años pasa­dos fren­te al pro­gre­si­vo recor­te de dere­chos y pres­ta­cio­nes, y la des­orien­ta­ción de la izquier­da extraparlamentaria.

No se varia­rá la corre­la­ción de fuer­zas sin rear­mar­se con un dis­cur­so de cla­se, sin defi­nir nue­vas polí­ti­cas que des­pier­ten a la cla­se tra­ba­ja­do­ra, sin desa­rro­llar un pro­gra­ma capaz de aglu­ti­nar en un fren­te común a las fuer­zas del tra­ba­jo con otros sec­to­res socia­les afec­ta­dos por la cri­sis, y sin una res­pues­ta con­jun­ta en el ámbi­to euro­peo. El ejem­plo de Gre­cia está bien a la vis­ta. Con 5 huel­gas gene­ra­les, las pers­pec­ti­vas de fre­nar los recor­tes son escasas.

El gobierno de cada país se escu­da en deci­sio­nes de entes supra­es­ta­ta­les y reco­no­cen su inca­pa­ci­dad para enfren­tar manio­bras finan­cie­ras mun­dia­les. El capi­tal no mue­ve un ápi­ce sus pos­tu­ras y des­pre­cia el des­gas­te de los polí­ti­cos, con la con­fian­za pro­pia del que no da cabi­da a ries­gos revo­lu­cio­na­rios. Si las movi­li­za­cio­nes no se pro­du­cen en el mis­mo mar­co que las deci­sio­nes polí­ti­cas –la UE – , difí­cil­men­te se intro­du­ci­rán cam­bios, aumen­tan­do los ries­gos de cris­ta­li­za­ción del males­tar hacia pos­tu­ras tota­li­ta­rias y neo­fas­cis­tas, que cul­pen a la inmi­gra­ción de ocu­par tra­ba­jos y con­su­mir recur­sos en detri­men­to de los tra­ba­ja­do­res del pro­pio país.

Deben sus­ti­tuir­se los dis­cur­sos que cen­tran la res­pon­sa­bi­li­dad de los males exis­ten­tes en par­ti­dos y sin­di­ca­tos de la izquier­da ins­ti­tu­cio­nal –dado que son esté­ri­les al no abrir alter­na­ti­vas y ocul­tan el ver­da­de­ro enemi­go a batir – , por un dis­cur­so que iden­ti­fi­que cla­ra­men­te al capi­tal, a las gran­des com­pa­ñías, y a los gran­des pro­pie­ta­rios y ren­tis­tas, como los enemi­gos y cau­san­tes de la actual situa­ción; y debe ponér­se­les ros­tros y apellidos.

Tres ejes de res­pues­ta son pri­mor­dia­les. En pri­mer lugar, las meras regu­la­cio­nes del sec­tor finan­cie­ro no serán sufi­cien­tes para supe­rar una cri­sis mun­dial que afec­ta a las pro­pias estruc­tu­ras de cre­ci­mien­to de los Esta­dos cen­tra­les, por­que no exis­te nin­gu­na auto­ri­dad que pue­da garan­ti­zar su cum­pli­mien­to mun­dial­men­te. Sólo la nacio­na­li­za­ción total de la Ban­ca y la entra­da del pode­ro­so sec­tor públi­co en el mun­do finan­cie­ro en los paí­ses de una región eco­nó­mi­ca, pue­den afron­tar la huí­da de capi­tal hacia los paraí­sos fis­ca­les, con­tro­lar y sanear sus finan­zas, per­mi­tir las debi­das polí­ti­cas cre­di­ti­cias, e intro­du­cir cam­bios en las rela­cio­nes eco­nó­mi­cas mun­dia­les y movi­mien­tos de capi­ta­les. Dejar el cré­di­to y los segu­ros en la esfe­ra pri­va­da con­du­ce al caos y al empo­bre­ci­mien­to –como está sien­do evi­den­te – , e impi­de el desa­rro­llo eco­nó­mi­co y social al prio­ri­zar los intere­ses de los gran­des capi­ta­les y rentistas.

Un segun­do eje gira en el desa­rro­llo de polí­ti­cas que garan­ti­cen la trans­fe­ren­cia de bene­fi­cios para man­te­ner el poder adqui­si­ti­vo de los asa­la­ria­dos e impul­sar el empleo, median­te la esca­la móvil de sala­rios y una orien­ta­ción del cré­di­to públi­co que fomen­te las coope­ra­ti­vas y la ges­tión de empre­sas bajo con­trol de los tra­ba­ja­do­res, así como el sos­te­ni­mien­to de las peque­ñas empre­sas por el impor­tan­te volu­men de empleo que garantizan.

Por últi­mo, deben intro­du­cir­se meca­nis­mos que aumen­ten el con­trol demo­crá­ti­co de las finan­zas. Si asa­la­ria­dos, pen­sio­nis­tas y sec­to­res de cla­ses medias tie­nen que pagar el res­ca­te del capi­ta­lis­mo, deben tener dere­cho a fis­ca­li­zar las medi­das que se tomen y al repar­to de la riqueza.

No hay vuel­ta a fór­mu­las esta­bles de bien­es­tar en Euro­pa. Si las luchas no cues­tio­nan el sis­te­ma, el empo­bre­ci­mien­to gene­ral es inevi­ta­ble. Si las luchas no agru­pan a una mayo­ría social, el ries­go de invo­lu­ción polí­ti­ca cre­ce expo­nen­cial­men­te. La alter­na­ti­va hoy debe con­te­ner com­po­nen­tes anti­ca­pi­ta­lis­tas y demo­crá­ti­cos para hacer fren­te a la cri­sis y sos­la­yar ries­gos totalitarios.

Jai­me Barquero

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