Zapa­te­ro en el labe­rin­to- Anto­nio Alva­rez-Solis

Algún día los his­to­ria­do­res sabrán lo que dijo por telé­fono el pre­si­den­te Oba­ma al jefe del Gobierno espa­ñol, Sr. Zapa­te­ro, en la dra­má­ti­ca jor­na­da del 11 de mayo del año en cur­so. Alre­de­dor de ese día el Esta­do espa­ñol esta­ba téc­ni­ca­men­te en quie­bra. La som­bra del total hun­di­mien­to de Islan­dia y el fue­go de Gre­cia pro­yec­ta­ban su per­fil en el des­pa­cho oval. Cua­ren­ta y ocho horas des­pués, el Gobierno de Madrid hacía públi­co el tije­re­ta­zo que le ha sacu­di­do como un seís­mo. Pero Oba­ma estu­vo ter­mi­nan­te: no que­ría que tras el terre­mo­to grie­go y el vol­cán islan­dés Espa­ña con­ta­mi­na­se a Por­tu­gal, Irlan­da o la mis­ma Ita­lia. El Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal ‑o sea, Esta­dos Uni­dos- se decla­ra­ba inca­paz de tapo­nar más grie­tas e infor­ma­ba del nue­vo des­equi­li­brio que se cer­nía sobre Nor­te­amé­ri­ca.
Espa­ña emi­tía una deu­da peli­gro­sa­men­te ven­di­ble y los ban­cos espa­ño­les des­via­ban al pare­cer los auxi­lios reci­bi­dos hacia la adqui­si­ción de deu­das más segu­ras. De esto últi­mo el Ban­co de Espa­ña no ha hecho el más míni­mo comen­ta­rio. Y era pre­ci­so hacer­lo, ya que el dine­ro que recom­po­nía la espe­cu­la­ción era dine­ro de los espa­ño­les.
¿Suce­die­ron los hechos tal como los hemos resu­mi­do? Ten­go la cer­te­za moral de que así fun­cio­nó la maqui­na­ria de achi­que. En cual­quier caso, está en manos de las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas demos­trar con núme­ros que la sani­dad eco­nó­mi­ca espa­ño­la es tan sóli­da como pre­di­ca la desan­ge­la­da minis­tra de Eco­no­mía, a la que su pre­si­den­te y la Sra. Fer­nán­dez de la Vega entie­rran día a día con la cruel­dad de quien se des­ha­ce de un cadá­ver.
Si algo me incli­na a refor­zar mi segu­ri­dad en el luc­tuo­so esce­na­rio que vivi­mos los ciu­da­da­nos son las fra­ses del Sr. Rodrí­guez Zapa­te­ro, que ha con­ver­ti­do su sin­ce­ri­dad pós­tu­ma en la úni­ca acción cier­ta de gobierno: «Asu­mi­mos que rec­ti­fi­ca­mos». ¿Aca­so rec­ti­fi­car equi­vo­ca­cio­nes tan dra­má­ti­cas per­mi­te a un Gobierno seguir sién­do­lo? Acer­ca de este extre­mo sola­men­te que­dan por des­ve­lar las razo­nes de fon­do que ha debi­do mane­jar Con­ver­gen­cia i Unió para per­mi­tir al Sr. Zapa­te­ro pro­se­guir su des­me­le­na­da hui­da a cam­po abier­to. Evi­den­te­men­te, la deci­sión de sal­var al líder leo­nés no nació de la volun­tad del Sr. Durán Llei­da, que nun­ca ha sig­ni­fi­ca­do nada en la polí­ti­ca cata­la­na, sal­vo ganar el pan par­la­men­ta­rio como peón de bre­ga de CiU. ¿Hay que sal­var unos pre­su­pues­tos? Qui­zá. ¿Hay que sacri­fi­car el futu­ro del Par­tit dels Socia­lis­tas de Cata­lun­ya para faci­li­tar el regre­so de Con­ver­gen­cia al Pati dels Taron­gers, dis­pues­ta a limar una serie de cosas? Qui­zá.
L o com­pli­ca­do en este aná­li­sis resi­de pre­ci­sa­men­te en la varian­te polí­ti­ca que pro­ta­go­ni­zan cata­la­nes y vas­cos, sobre todo estos últi­mos. En Eus­ka­di hay algo que pare­ce cla­ro de per­fil: que el cre­ci­mien­to del sobe­ra­nis­mo está imbri­ca­do con las posi­bi­li­da­des eco­nó­mi­cas más sanea­das que carac­te­ri­za­rían a una nación vas­ca inde­pen­dien­te. Eso lo saben per­fec­ta­men­te en Madrid. Ahí es don­de el Sr. Zapa­te­ro no acier­ta a salir del labe­rin­to en que lo han meti­do per­so­na­jes como el Sr. Rubal­ca­ba. Al Sr. Zapa­te­ro sólo le que­dan dos car­tas de triun­fo en la mano: una paz con ETA y ganar el Mun­dial de Fút­bol. Esto haría que muchos espa­ño­les arria­ran las ban­de­ras de com­ba­te con­tra el actual jefe del Eje­cu­ti­vo espa­ñol, al menos para con­se­guir un año y pico has­ta las futu­ras elec­cio­nes. Pero la paz con ETA no dará fru­tos cier­tos y dura­de­ros si no se aca­ba la repre­sión con­tra el aber­tza­lis­mo de izquier­das, que ya tie­ne su pro­pia vía indis­cu­ti­ble­men­te polí­ti­ca. Madrid no pue­de seguir dicien­do aho­ra que «todo es ETA», como creen, tras tan­tos años de adoc­tri­na­mien­to, una mayo­ría de espa­ño­les que incien­san todos los días ante el altar de la patria úni­ca e indi­vi­si­ble.
Esta espe­sa situa­ción la quie­re acla­rar el Sr. Rubal­ca­ba en su últi­ma fra­se acer­ca de lo que resul­ta­ría de una tre­gua uni­la­te­ral pro­cla­ma­da por la orga­ni­za­ción arma­da vas­ca: «No ten­go nin­gu­na infor­ma­ción ‑dice el minis­tro acer­ca de la tre­gua- ni de que la vaya a haber ni de que no la vaya a haber, pero en todo caso es irre­le­van­te des­de el pun­to de vis­ta de las elec­cio­nes, por­que a las elec­cio­nes va quien cum­ple las reglas y eso no tie­ne nada que ver con que haya tre­gua o no». ¿Y de qué reglas se tra­ta sino de apli­car una Cons­ti­tu­ción de radi­ca­lis­mo uni­ta­rio? Recuer­de el señor minis­tro que pro­cla­mó aún no hace mucho que aun­que des­apa­re­cie­se ETA, el sobe­ra­nis­mo no ten­dría sitio en el aba­ni­co polí­ti­co.
Cabe dar algu­nas vuel­tas a la ima­gi­na­ción ante este colo­sal embro­llo que usted apa­dri­na cer­ca del vacío pre­si­den­te del Gobierno de Madrid? Cabe. Ante todo hay la posi­bi­li­dad de que usted ya no crea en otra vic­to­ria elec­to­ral del socia­lis­mo y tra­te de pre­sen­tar­se como el autor de una fal­sa aper­tu­ra polí­ti­ca que deja­ría la cues­tión vas­ca, como una pata­ta calien­te, en manos de los «popu­la­res», que jamás se aven­drían a que los vas­cos pudie­ran auto­de­ter­mi­nar­se, pos­tu­ra que uste­des com­par­ten a fon­do con los «popu­la­res», por más que usted haga jue­gos de pres­ti­di­gi­ta­ción para su amo leo­nés. Sería des­lum­bran­te ver­les a uste­des defen­dien­do, con quí­mi­ca gar­zo­nia­na, la aper­tu­ra polí­ti­ca vas­ca des­de una opo­si­ción par­la­men­ta­ria que tra­ta­ría de sem­brar nue­vas y corrup­tas con­fu­sio­nes en la vida del Esta­do espa­ñol, tan pri­ma­rio.
Ima­gi­ne usted un par­la­men­to en el que, sen­ta­dos en la opo­si­ción, uste­des afir­ma­ran que habían logra­do la paci­fi­ca­ción de Eus­ka­di ante un Par­ti­do Popu­lar que esta­ba des­tru­yen­do su obra. Usted sabe per­fec­ta­men­te que jamás admi­ti­rá el PSOE que el Esta­do espa­ñol libe­re nacio­nes como Cata­lun­ya, Eus­ka­di, y a seguir, Gali­cia. Pero lo que con­vie­ne a uste­des estri­ba en que esa domi­na­ción colo­nial la pro­ta­go­ni­cen sus adver­sa­rios «popu­la­res». Es más, si como resul­ta­do de la bár­ba­ra polí­ti­ca de la dere­cha canó­ni­ca se repro­du­je­ra la lucha arma­da, uste­des, los socia­lis­tas del con­tra­ban­do ideo­ló­gi­co, se apre­su­ra­rían a decla­rar que esta­ban dis­pues­tos a regre­sar al Gobierno para liqui­dar la nue­va gue­rra del nor­te. ¿Se ve cla­ro esto que cavi­lo o vol­ve­mos al cir­co con dos pis­tas?
V amos a resu­mir con lógi­ca aris­to­té­li­ca. Usted dice aho­ra que ETA se «des­com­po­ne» y empie­za a bus­car el camino de la acción polí­ti­ca. ¡Bien! Hace poco repe­tía que para vol­ver a la polí­ti­ca los aber­tza­les tenían que con­de­nar a ETA. ¡Bien! Pero si ETA se des­com­po­ne no hay nada ya que con­de­nar. ¡Bien! Es más, si miem­bros de ETA quie­ren vol­ver al camino de la polí­ti­ca des­ar­ma­da ‑según noti­cias de usted- no se demues­tran diri­gen­tes de Bata­su­na, sino segui­do­res de ella. ¡Bien! Y si son segui­do­res de esa Bata­su­na que tra­ba­ja para la polí­ti­ca, uno no ve por qué hay que meter en la cár­cel a los Sres. Ote­gi o Diez Usa­bia­ga, sino que más bien habría que abrir­les de par en par el foro públi­co para ali­men­tar la nor­ma­li­dad. ¿Me sigue, señor minis­tro?
Vamos a con­cluir.
Yo no aspi­ro a que usted diga cosas inte­li­gi­bles. Ser inte­li­gi­ble y minis­tro ya no se lle­va ni en Fran­cia. Lo úni­co que deseo como sim­ple perio­dis­ta ‑ya que si fue­ra menos sim­ple esta­ría mejor situa­do- es que usted y el Sr. Rodrí­guez Zapa­te­ro digan cosas sen­ci­llas e inte­li­gen­tes por ver si al fin me acla­ro como ciu­da­dano del común. Lo más difí­cil es que con su men­ta­li­dad espa­ño­la entien­dan que en Eus­ka­di sobe­ra­nis­mo, eco­no­mía, vida nor­mal y pro­yec­tos de futu­ro están pro­fun­da­men­te imbri­ca­dos. Que Eus­ka­di es repu­bli­ca­na y moder­na. Que los vas­cos dan cien vuel­tas a las cosas y al fin siem­pre aca­ban por deci­dir que son vas­cos, cosa que enco­co­ra mucho en Madrid. Que los vas­cos vivi­rían mucho mejor si hicie­sen sus pro­pias nor­mas. Segu­ro que a ellos no les lla­ma­ría el Sr. Oba­ma.

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