Hoy Gre­cia, maña­na Esta­dos Uni­dos – Michael Hud­son

Los «lobis­tas» finan­cie­ros de Esta­dos Uni­dos están tra­tan­do de uti­li­zar la cri­sis grie­ga como argu­men­to para pre­sio­nar a favor de un recor­te del gas­to públi­co en la Segu­ri­dad Social y el pro­gra­ma Medi­ca­re. Es pre­ci­sa­men­te lo con­tra­rio de lo que están pidien­do los mani­fes­tan­tes grie­gos: que se suban los impues­tos sobre el patri­mo­nio y las acti­vi­da­des finan­cie­ras y se reduz­can los que gra­van la acti­vi­dad labo­ral, y que se atien­dan las recla­ma­cio­nes de los tra­ba­ja­do­res de dar prio­ri­dad finan­cie­ra a las pen­sio­nes de jubi­la­ción sobre las peti­cio­nes de ayu­da de los ban­cos de los cien­tos de miles de millo­nes de dóla­res inver­ti­dos en prés­ta­mos basu­ra que hoy no valen nada.

Lla­me­mos al “res­ca­te grie­go” por su nom­bre: un pro­gra­ma de res­ca­te de acti­vos en situa­ción de ries­go de ban­que­ros ale­ma­nes y de otros paí­ses euro­peos, así como de espe­cu­la­do­res de todo el mun­do. El dine­ro pro­ce­de de otros Esta­dos (prin­ci­pal­men­te del Teso­ro ale­mán, con el con­si­guien­te recor­te del gas­to interno en este país), los cua­les han abier­to una espe­cie de cuen­ta corrien­te para que el Esta­do grie­go pue­da pagar a los tene­do­res de bonos del país que los habían com­pra­do a pre­cios de sal­do duran­te las últi­mas sema­nas. Éstos habrán hecho el nego­cio de su vida; y de igual modo se forra­rán los com­pra­do­res de cien­tos de miles de millo­nes de dóla­res en títu­los de cober­tu­ra por ries­gos cre­di­ti­cios con­tra los bonos del Esta­do grie­go, así como los espe­cu­la­do­res y los dis­tin­tos juga­do­res del capi­ta­lis­mo de casino que hayan con­tra­ta­do segu­ros con­tra otros bonos euro­peos. (A su vez, quie­nes ten­gan que abo­nar estos segu­ros por ries­gos cre­di­ti­cios van a nece­si­tar que alguien les res­ca­te, y así suce­si­va­men­te).

Esta ganan­cia ines­pe­ra­da va a salir del bol­si­llo de los con­tri­bu­yen­tes (a la lar­ga, de los ciu­da­da­nos grie­gos, y bási­ca­men­te de los tra­ba­ja­do­res grie­gos, pues­to que los más ricos dis­fru­tan de una fis­ca­li­dad muy favo­ra­ble), que van a tener que devol­ver el prés­ta­mo otor­ga­do por los Esta­dos euro­peos, el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) y el Teso­ro esta­dou­ni­den­se en pun­to a miti­gar los efec­tos del sis­te­ma finan­cie­ro depre­da­dor. El pago a los tene­do­res de bonos se está uti­li­zan­do como excu­sa para recor­tar drás­ti­ca­men­te los ser­vi­cios públi­cos, las pen­sio­nes de jubi­la­ción y otros gas­tos del Esta­do grie­go. Sin duda cons­ti­tui­rá un mode­lo a seguir para otros paí­ses que que­rrán impo­ner medi­das simi­la­res de ajus­to eco­nó­mi­ca, a la vis­ta del cre­ci­mien­to de los défi­cits públi­cos que van de mal en peor por la dis­mi­nu­ción de la recau­da­ción fis­cal sobre un sec­tor finan­cie­ro que se ha enri­que­ci­do gra­cias a que la eco­no­mía basu­ra se ha tro­ca­do en polí­ti­ca públi­ca inter­na­cio­nal. De modo que los ban­que­ros ape­nas van a ver trun­ca­das sus expec­ta­ti­vas de ganan­cias para este año. Y para cuan­do el sis­te­ma entre quie­bra ellos ya habrán inver­ti­do su dine­ro en acti­vos segu­ros.

Los «lobis­tas» de la ban­ca ya saben que el jue­go finan­cie­ro ha lle­ga­do a su fin. Aho­ra están jugan­do a cor­to pla­zo. El obje­ti­vo del sec­tor finan­cie­ro es con­se­guir la mayor can­ti­dad posi­ble del dine­ro pro­ce­den­te del res­ca­te y salir corrien­do, con unos bene­fi­cios anua­les lo sufi­cien­te­men­te gran­des como para poder exhi­bir­los de modo arro­gan­te ante el res­to de la socie­dad cuan­do haya que empe­zar de cero nue­va­men­te. Que se gas­te menos en pro­gra­mas socia­les sig­ni­fi­ca­rá que habrá más recur­sos dis­po­ni­bles para el res­ca­te de los ban­cos, los cua­les tie­nen deu­das caren­tes de garan­tías que cre­cen expo­nen­cial­men­te y de las que jamás podrán hacer­se car­go. Es inevi­ta­ble que en una situa­ción de quie­bra ban­ca­ria los prés­ta­mos y las deu­das aca­ben figu­ran­do en los libros con­ta­bles como impa­ga­dos.

Los tra­ba­ja­do­res grie­gos aún no son tan pesi­mis­tas como para dejar de luchar. Su lucha per­mi­te espe­rar que el pue­blo ejer­za algún con­trol sobre el Esta­do (algo que son inca­pa­ces de enten­der sus homó­ni­mos esta­dou­ni­den­ses). Si los tra­ba­ja­do­res –el demos– fla­quean en su espí­ri­tu com­ba­ti­vo, el poder públi­co aca­ba­rá per­mi­tien­do que sean los pres­ta­mis­tas extran­je­ros los que, por defec­to, dic­ten la polí­ti­ca públi­ca a seguir. Y cuan­to más se satis­fa­gan los intere­ses de los ban­que­ros más endeu­da­da va a aca­bar la eco­no­mía. Sus bene­fi­cios pro­vie­nen de los sacri­fi­cios y la aus­te­ri­dad del pro­pio país. Los recur­sos pre­vis­tos para las pen­sio­nes de jubi­la­ción y para el gas­to social esta­tal de Gre­cia van a ser­vir aho­ra para repo­ner fon­dos en los ban­cos de capi­tal ale­ma­nes y de otros paí­ses euro­peos.

Esta for­ma de enten­der el mun­do ya había teni­do su expre­sión en la peri­fe­ria euro­pea más sep­ten­trio­nal, en la que se ha apli­ca­do el tipo de maso­quis­mo fis­cal que los ban­cos desea­rían ver en Gre­cia. Si reco­no­cie­ran lo que de veras les ocu­rrió, los Esta­dos bál­ti­cos esta­rían a la vez celo­sos y resen­ti­dos al ver cómo Gre­cia tra­ta de sal­var su eco­no­mía, com­pa­ra­do con la situa­ción que ellos vivie­ron de com­ple­ta inca­pa­ci­dad para plan­tar cara a las arro­gan­tes deman­das de los paí­ses acree­do­res. “Vis­to des­de el extre­mo más orien­tal de la Unión Euro­pea, la sen­da de aus­te­ri­dad a la que se diri­ge Gre­cia nos sue­na a algo fami­liar”, escri­be Nina Kol­ya­ko. “Duran­te al menos dos años los Esta­dos bál­ti­cos de Litua­nia, Leto­nia y Esto­nia han recu­rri­do reite­ra­da­men­te a la apli­ca­ción de medi­das dra­co­nia­nas, recor­tan­do seve­ra­men­te el gas­to públi­co y aumen­tan­do los impues­tos para tra­tar de salir del agu­je­ro por sí mis­mos. El pri­mer minis­tro lituano Andrius Kubi­lius ha decla­ra­do en una recien­te entre­vis­ta a la agen­cia AFP: ‘Hemos apren­di­do de dolor, difi­cul­tad y efi­ca­cia la lec­ción de que hay que pres­tar mucha aten­ción a la situa­ción fis­cal de un país. Com­pren­di­mos muy bien que la vía de la con­so­li­da­ción fis­cal era la úni­ca posi­ble si que­ría­mos sobre­vi­vir’”.

Al caer en un clá­si­co sín­dro­me de Esto­col­mo (lite­ral­men­te, en este caso, en rela­ción con los ban­cos sue­cos), el gobierno lituano se apre­tó el cin­tu­rón de un modo tan bru­tal que pro­vo­có que su Pro­duc­to Inte­rior Bru­to dis­mi­nu­ye­ra un 17 por cien­to. Leto­nia sufrió una caí­da pare­ci­da. Los bál­ti­cos han recor­ta­do sal­va­je­men­te el empleo y los sala­rios del sec­tor públi­co para aca­bar hun­dién­do­se en la pobre­za en vez de con­se­guir acer­car­se a los nive­les de pros­pe­ri­dad de la Euro­pa occi­den­tal (y a una fis­ca­li­dad pro­gre­si­va que pro­mo­vie­ra una cla­se media) que les pro­me­tie­ron cuan­do se inde­pen­di­za­ron de Rusia en 1991.

Cuan­do el Par­la­men­to letón impu­so medi­das de ajus­te en diciem­bre de 2008, las pro­tes­tas popu­la­res de enero hicie­ron caer al gobierno (al igual que ocu­rrie­ra en Islan­dia). Pero el resul­ta­do fue sim­ple­men­te el de un nue­vo “régi­men de ocu­pa­ción” neo­li­be­ral que actuó al dic­ta­do de intere­ses ban­ca­rios extran­je­ros. De modo que lo que se va exten­dien­do es una “gue­rra social” a esca­la glo­bal; no es la gue­rra de cla­ses ima­gi­na­da en el siglo XIX, sino una gue­rra del sec­tor finan­cie­ro con­tra eco­no­mías ente­ras, con­tra la indus­tria, con­tra los bie­nes raí­ces y los Esta­dos, y sobre todo con­tra los tra­ba­ja­do­res. Está ocu­rrien­do al rit­mo len­to en el que sue­len pro­du­cir­se las gran­des tran­si­cio­nes his­tó­ri­cas. Pero, al igual que ocu­rre en los con­flic­tos béli­cos, cada bata­lla se nos apa­re­ce como algo que se desa­rro­lla a un rit­mo fre­né­ti­co y en la que las embes­ti­das sal­va­jes pro­vo­can fluc­tua­cio­nes rápi­das y des­con­cer­tan­tes en las bol­sas de todo el mun­do y en los tipos de cam­bio mone­ta­rios.

Todas éstas son noti­cias real­men­te bue­nas para los que nego­cian valo­res por vía tele­má­ti­ca. En estos días en los que los mer­ca­dos finan­cie­ros han sido zaran­dea­dos en todas direc­cio­nes por las enor­mes olea­das de cré­di­to gene­ra­das por las tor­men­tas gene­ra­li­za­das en un pla­ne­ta finan­cie­ra­men­te sobre­ca­len­ta­do, en pro­me­dio los valo­res y las obli­ga­cio­nes sólo se han man­te­ni­do unos pocos segun­dos en las mis­mas manos.

Lo que sigue: la dis­to­pía eco­nó­mi­ca

La cri­sis grie­ga mues­tra cuán­to ha cam­bia­do la “idea de Euro­pa” des­de que en 1957 seis de sus miem­bros crea­ran la Comu­ni­dad Eco­nó­mi­ca Euro­pea (CEE). A ins­tan­cias de Esta­dos Uni­dos, Gran Bre­ta­ña y Escan­di­na­via se creó la Aso­cia­ción Euro­pea de Libre Comer­cio (EFTA), supues­ta­men­te rival de la CEE. Recuér­de­se que la prin­ci­pal pro­me­sa del pro­yec­to euro­peo –al menos antes de Maas­tricht y Lis­boa– era la de con­se­guir que los tra­ba­ja­do­res alcan­za­ran la pros­pe­ri­dad de la cla­se media; nada que ver con la impo­si­ción actual de pro­gra­mas de ajus­te pro­pios del FMI que han devas­ta­do a los paí­ses del Ter­cer Mun­do. El men­sa­je lan­za­do a los paí­ses endeu­da­dos está cla­ro: “Moríos”. Y, con el fin de apun­ta­lar el Con­sen­so de Washing­ton –la gue­rra de cla­ses del sec­tor finan­cie­ro con­tra los tra­ba­ja­do­res y la indus­tria – , estos paí­ses obe­dien­te­men­te se sui­ci­dan eco­nó­mi­ca­men­te.

Se está trans­fi­rien­do el poder polí­ti­co, social, fis­cal y eco­nó­mi­co al apa­ra­to buro­crá­ti­co de la Unión Euro­pea y a sus con­tro­la­do­res finan­cie­ros del Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE), así como al FMI, cuyos pla­nes de ajus­te estruc­tu­ral con­tra los tra­ba­ja­do­res abo­can a los gobier­nos a liqui­dar el domi­nio públi­co, la rique­za del sue­lo y del sub­sue­lo y las empre­sas públi­cas, y a com­pro­me­ter­se a apli­car futu­ros gra­vá­me­nes que per­mi­tan sal­dar las deu­das con­traí­das con los paí­ses acree­do­res. Des­de el oto­ño de 2008, ya se ha impues­to esta polí­ti­ca en la “nue­va Euro­pa” (las eco­no­mías post­so­vié­ti­cas e Islan­dia). Aho­ra se va a exi­gir su apli­ca­ción en Por­tu­gal, Irlan­da, Ita­lia, Gra­cia y Espa­ña. ¡Que a nadie le extra­ñe si sur­gen pro­tes­tas por doquier!

Para aque­llos obser­va­do­res que no pres­ta­ron sufi­cien­te aten­ción a lo ocu­rri­do en Islan­dia y Leto­nia el pasa­do año, es bueno que sepan que Gre­cia es el nue­vo y más impor­tan­te cam­po de bata­lla de nues­tros días. Islan­dia y los paí­ses bál­ti­cos al menos tie­nen la opción de rede­no­mi­nar los cré­di­tos en su pro­pia mone­da, rea­li­zar los apun­tes de sus deu­das exte­rio­res según su cri­te­rio y gra­var fis­cal­men­te la pro­pie­dad para recu­pe­rar para el Esta­do los bene­fi­cios que se les habían pro­me­ti­do a los ban­que­ros extran­je­ros. Pero Gre­cia está ence­rra­da en la unión mone­ta­ria euro­pea, la cual está gober­na­da por car­gos finan­cie­ros no ele­gi­dos median­te voto popu­lar y que han inver­ti­do el sig­ni­fi­ca­do his­tó­ri­co de la demo­cra­cia. En lugar de que el sec­tor eco­nó­mi­co más impor­tan­te –el finan­cie­ro– esté suje­to a la polí­ti­ca elec­to­ral­men­te legi­ti­ma­da, los ban­cos cen­tra­les (los «lobis­tas» nom­bra­dos por los ban­que­ros comer­cia­les y de inver­sión) se han inde­pen­di­za­do de los con­tro­les polí­ti­cos.

Los más dere­chis­tas de Euro­pa y Esta­dos Uni­dos (como el pre­si­den­te de la Reser­va Fede­ral, Ben Ber­nan­ke) lla­man a esto un “hito de la demo­cra­cia”. Más bien se tra­ta de un jalón de la oli­gar­quía, que ha con­se­gui­do eli­mi­nar el con­trol sobre la asig­na­ción del cré­di­to en la eco­no­mía –y, en el mis­mo via­je, la capa­ci­dad de pla­ni­fi­ca­ción públi­ca futu­ra – , a la vez que ha otor­ga­do a las gran­des finan­zas un poder deter­mi­nan­te sobre los pro­gra­mas de gas­to públi­co.

Islan­dia, Leto­nia y Gre­cia cons­ti­tu­yen las pri­me­ras sal­vas de avi­so en el pro­yec­to de invo­lu­ción del gran pro­gra­ma de refor­ma demo­crá­ti­ca del siglo XIX y de la Era Pro­gre­sis­ta: fis­ca­li­dad sobre la tie­rra y sobre la “reva­lo­ri­za­ción sin esfuer­zo alguno por par­te del pro­pie­ta­rio” de los bene­fi­cios pro­ce­den­tes de los bie­nes raí­ces, los bonos y la ren­ta varia­ble, así como la subor­di­na­ción del sec­tor finan­cie­ro a las nece­si­da­des de un cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co gober­na­do demo­crá­ti­ca­men­te. Esta doc­tri­na tuvo su con­ti­nua­ción en la eta­pa pos­te­rior a 1945, con una la fis­ca­li­dad pro­gre­si­va que per­mi­tió ver los mayo­res incre­men­tos del nivel de vida y de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca en todo el siglo XX. Pero des­de 1980 la mayo­ría de paí­ses han modi­fi­ca­do radi­cal­men­te su sen­da fis­cal. Los recau­da­do­res fis­ca­les “libe­ra­ron” los ingre­sos de sus obli­ga­cio­nes públi­cas a par­tir de la idea de que así se faci­li­ta­ría que los ban­cos con­ce­die­ran más cré­di­tos, lo que a su vez per­mi­ti­ría aumen­tar la liqui­dez para faci­li­tar la adqui­si­ción de pro­pie­da­des.

Las casas, los edi­fi­cios de ofi­ci­nas y las empre­sas tie­nen un valor liga­do a la dis­po­si­ción de los ban­cos a pres­tar dine­ro. De modo que las gen­tes en gene­ral (y los sal­tea­do­res empre­sa­ria­les en par­ti­cu­lar) han reac­cio­na­do a la polí­ti­ca de revi­sión fis­cal pro finan­cie­ra soli­ci­tan­do cré­di­tos para com­prar casas (y empre­sas), a menu­do yen­do más allá de sus posi­bi­li­da­des. Y para pagar la deu­da públi­ca resul­tan­te del incre­men­to de la infla­ción y de la rui­na finan­cie­ra que han cau­sa­do los recor­tes en los impues­tos sobre el patri­mo­nio, la solu­ción ha con­sis­ti­do en aumen­tar la pre­sión fis­cal sobre los tra­ba­ja­do­res. Ésta es la cau­sa de la deu­da públi­ca de los paí­ses. Los Esta­dos se han endeu­da­do como resul­ta­do de dis­mi­nuir las car­gar impo­si­ti­vas sobre los más ricos, no sólo sobre los bie­nes inmue­bles.

Al haber segui­do la mis­ma línea de los paí­ses occi­den­ta­les de reba­jar la fis­ca­li­dad sobre el patri­mo­nio y de aumen­tar la car­ga sobre los tra­ba­ja­do­res duran­te los últi­mos dece­nios, el gobierno grie­go no pue­de o no quie­re aumen­tar los impues­tos a los ricos, ni siquie­ra a los pro­fe­sio­na­les libe­ra­les aco­mo­da­dos. Pero los neo­li­be­ra­les acu­san al Esta­do grie­go y a los demás paí­ses deu­do­res de no haber ven­di­do sufi­cien­tes empre­sas y sue­lo públi­cos para cubrir las deu­das. La deduc­ción de impues­tos sobre los intere­ses ha hecho que las pri­va­ti­za­cio­nes rea­li­za­das a cré­di­to estén exen­tas de tri­bu­ta­ción, de modo que los Esta­dos per­de­rán el dere­cho a las com­pen­sa­cio­nes que reci­bían por el uso de sus bie­nes (a la vez que los ciu­da­da­nos paga­rán “pea­jes” más caros para acce­der a los ser­vi­cios públi­cos).

Al igual que ha hecho el gobierno de Esta­dos Uni­dos, los grie­gos han emi­ti­do bonos para finan­ciar el défi­cit resul­tan­te de estas reba­jas fis­ca­les. Los com­pra­do­res de los bonos (prin­ci­pal­men­te ban­cos ale­ma­nes) exi­gen que los tra­ba­ja­do­res grie­gos (y aho­ra tam­bién los con­tri­bu­yen­tes ale­ma­nes) paguen de sus bol­si­llos los défi­cits ori­gi­na­dos por los recor­tes impo­si­ti­vos. El resul­ta­do es que los ban­cos, y demás tene­do­res de bonos, ale­ma­nes y de otros paí­ses euro­peos cobra­rán lo que se les debe a cos­ta de la apli­ca­ción de drás­ti­cos recor­tes en las pen­sio­nes y en los gas­tos socia­les (e inclu­so median­te una mayor pri­va­ti­za­ción de bie­nes públi­cos, mal­ven­di­dos éstos a unos pre­cios subor­di­na­dos a una nece­si­dad acu­cian­te).

Las pro­tes­tas calle­je­ras ocu­rri­das en Gre­cia han esta­lla­do por­que los tra­ba­ja­do­res han enten­di­do algo que va más allá de la per­cep­ción de cier­to perio­dis­mo que tra­ta el asun­to como una con­fron­ta­ción epi­só­di­ca. Los sala­rios reales hace tiem­po que han dis­mi­nui­do (en Esta­dos Uni­dos se fre­na­ron en seco alre­de­dor de 1979). El acce­so de muchos ciu­da­da­nos a la pro­pie­dad inmo­bi­lia­ria sólo ha sido posi­ble median­te la acep­ta­ción de cré­di­tos hipo­te­ca­rios vita­li­cios. Y las eco­no­mías post­so­vié­ti­cas con­quis­ta­ron su liber­tad polí­ti­ca de Rusia al pre­cio de ser hoy insol­ven­tes, depen­dien­do por com­ple­to de los dic­ta­dos del FMI y la Unión Euro­pea en pun­to a obte­ner cré­di­tos que les per­mi­tan hacer fren­te a las deu­das con­traí­das con ban­que­ros extran­je­ros, que a su vez han impues­to fuer­tes car­gas cre­di­ti­cias sobre sus vivien­das, empre­sas públi­cas, indus­tria y fami­lias.

Los tene­do­res de bonos y los espe­cu­la­do­res finan­cie­ros se han con­fa­bu­la­do para exi­gir el apo­yo de la Unión Euro­pea, el FMI y Esta­dos Uni­dos para la rápi­da obten­ción de los bene­fi­cios que con­si­de­ran que les corres­pon­den antes de que se colap­se la com­pe­ti­ción finan­cie­ra. La apro­pia­ción rapaz pue­de rea­li­zar­se con más rapi­dez median­te la polí­ti­ca de adel­ga­za­mien­to de las eco­no­mías a tra­vés de la fór­mu­la de los pla­nes de ajus­te del FMI. El des­em­pleo aumen­ta a la mis­ma velo­ci­dad con la que las eco­no­mías se endeu­dan (y el asun­to impor­tan­te no es sólo que todo ello lle­ve a una dis­mi­nu­ción de los ingre­sos fis­ca­les de cada país, sino que la deu­da extran­je­ra pro­vo­ca un aumen­to de la depen­den­cia de las impor­ta­cio­nes).

Los acree­do­res reci­ben lo que se les debe per­mi­tien­do que se apro­pien del exce­den­te eco­nó­mi­co; esta apro­pia­ción pue­de tomar la for­ma de endeu­da­mien­to por nue­vas inver­sio­nes de capi­tal, inver­sión en infra­es­truc­tu­ras, gas­to públi­co social y aumen­to de los nive­les de vida. Eco­nó­mi­ca­men­te, la aso­na­da grie­ga es una revuel­ta con­tra esta polí­ti­ca de sacri­fi­car la pros­pe­ri­dad para pagar a los acree­do­res extran­je­ros.

En lo polí­ti­co, la lucha con­sis­te en sal­var a Gre­cia de con­ver­tir­se en un anti-Esta­do. La defi­ni­ción clá­si­ca de “Esta­do” se fun­da­men­ta en la capa­ci­dad del mis­mo para fijar impues­tos y emi­tir mone­da. Pero Gre­cia ha tras­pa­sa­do su auto­ri­dad fis­cal a la Unión Euro­pea y al FMI, los cua­les han acu­sa­do al país de vio­lar aqué­llo que los teó­ri­cos polí­ti­cos esta­ble­cen como el pri­mer man­da­to de cual­quier Esta­do: actuar a favor del inte­rés nacio­nal a lar­go pla­zo. El Gobierno grie­go se con­du­ce a las órde­nes del capi­tal ban­ca­rio y, de hecho, actúa siguien­do la pau­ta de ter­ce­ros Esta­dos que le obli­gan a liqui­dar acti­vos, lo cual no redun­da pre­ci­sa­men­te en una pro­mo­ción del cre­ci­mien­to a lar­go pla­zo.

Lo que real­men­te está en cues­tión aquí es si en el momen­to de reco­ger los bene­fi­cios del cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co los paí­ses esta­rán gober­na­dos por los acree­do­res o lo esta­rán por la volun­tad popu­lar. El emba­te oli­gár­qui­co de los cré­di­tos del FMI y la Unión Euro­pea des­ti­na­dos a res­ca­tar a los ban­cos extran­je­ros y a los espe­cu­la­do­res tene­do­res de bonos a cos­ta de los tra­ba­ja­do­res grie­gos (los supues­tos futu­ros con­tri­bu­yen­tes) tie­nen como obje­ti­vo que sean pre­ci­sa­men­te los tra­ba­ja­do­res, y no el capi­tal finan­cie­ro, quie­nes ten­gan que hacer fren­te a las pér­di­das por las atra­sos del Gobierno en el pago de la deu­da a cau­sa de la reduc­ción de los impues­tos que gra­va­ban la rique­za. Se tra­ta de per­mi­tir que los ban­cos extran­je­ros evi­ten tener que pagar el pre­cio de apa­re­cer como pro­ta­go­nis­tas en la ope­ra­ción de vacia­do del mer­ca­do inte­rior. Se pre­ten­de apar­tar la polí­ti­ca guber­na­men­tal de las manos de los votan­tes y subor­di­nar­la al FMI y la Unión Euro­pea, que a su vez actúan como ins­tru­men­tos del sis­te­ma finan­cie­ro inter­na­cio­nal.

Esto lle­va a una situa­ción en la que ni Gre­cia ni la Comi­sión Euro­pea son pro­pia­men­te “esta­dos” o “gobier­nos” en el sen­ti­do polí­ti­co tra­di­cio­nal. Las buro­cra­cias de la Unión Euro­pea y del FMI no pasan la prue­ba de una elec­ción popu­lar. Cuan­do sus pla­nes finan­cie­ros al dic­ta­do de ter­ce­ros alcan­cen el éxi­to que ellos pre­ten­den, el capi­tal eco­nó­mi­co habrá sido irre­mi­si­ble­men­te saquea­do y la demo­cra­cia social se des­mo­ro­na­rá.

El pasa­do domin­go 9 de mayo los votan­tes ale­ma­nes expre­sa­ron su irri­ta­ción por el papel juga­do por su Gobierno en el res­ca­te de los ban­cos ale­ma­nes (cali­fi­ca­do con el eufe­mis­mo de res­ca­te de “Gre­cia”) a cos­ta de los con­tri­bu­yen­tes ale­ma­nes; el Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE) no se ocu­pa de velar para que haya una mone­da euro­pea inde­pen­dien­te, sino de pasar fac­tu­ra a los gobier­nos esta­ta­les. Los social­de­mó­cra­tas (SPD) supe­ra­ron al par­ti­do de la Unión Cris­tia­no­de­mó­cra­ta (CDU) de la can­ci­ller Ange­la Mer­kel en el land de Rena­nia del Nor­te-West­fa­lia. Al obte­ner sólo un ter­cio de los votos –algo menos que los social­de­mó­cra­tas (y diez pun­tos por­cen­tua­les por deba­jo de la ante­rior elec­ción, cua­tro de los cua­les corres­pon­die­ron a la sema­na en la que la seño­ra Mer­kel pro­pu­so el paque­te de res­ca­te) – , la CDU per­dió su mayo­ría en la Cáma­ra Alta ale­ma­na.

Pue­de que muchos votan­tes ale­ma­nes se pre­gun­ta­ran si pena­li­zar a los pobres para pagar a unos ricos que prac­ti­can la usu­ra era algo tan “cris­tiano” como pre­go­nan las siglas del par­ti­do de la can­ci­ller. O pue­de que estu­vie­ran seria­men­te preo­cu­pa­dos por el hecho de que la hacien­da públi­ca ale­ma­na deba apor­tar cer­ca de 30.000 millo­nes de dóla­res de su par­te del res­ca­te a los ban­que­ros (se calla por sabi­do que no todo el mun­do en Ale­ma­nia sien­te apre­cio por ellos, aun­que sean ale­ma­nes). Y no cabe duda de que algu­nos ciu­da­da­nos caye­ron en la cuen­ta de que se tra­ta­ba de una juga­da con­sis­ten­te en un enga­ño finan­cie­ro per­pe­tra­do por obe­dien­tes polí­ti­cos a las órde­nes del sec­tor ban­ca­rio.

El enga­ño

Los «lobis­tas» finan­cie­ros euro­peos saca­ron pro­ve­cho de la cri­sis al tomar­la como una opor­tu­ni­dad para pro­mo­ver una exten­sa serie de res­ca­tes. La Unión Euro­pea apro­bó una amplia­ción de 60.000 millo­nes de euros de las faci­li­da­des de cré­di­to para ban­cos sue­cos y aus­tria­cos, unas dis­po­si­cio­nes que ya esta­ban habi­li­ta­das para ayu­dar a que Hun­gría, Ruma­nía y Leto­nia pudie­ran seguir al corrien­te de los pagos de las deu­das con­traí­das con ban­cos, pre­ci­sa­men­te, aus­tria­cos y sue­cos. Para sor­tear la nor­ma que prohí­be los res­ca­tes en la euro­zo­na, este res­ca­te espe­cial se basa en el artícu­lo 122.2 del Tra­ta­do de la Unión Euro­pea, el cual per­mi­te el otor­ga­mien­to de prés­ta­mos a los Esta­dos en “cir­cuns­tan­cias espe­cia­les” [1].

Si con­si­de­ra­mos que la seño­ra Mer­kel cono­ce bien la situa­ción de las eco­no­mías de las que hemos habla­do, enton­ces no tene­mos más reme­dio que acu­sar­la de haber men­ti­do des­ca­ra­da­men­te. El pro­ble­ma de la deu­da bál­ti­ca es cró­ni­co y estruc­tu­ral, no “excep­cio­nal”. La seño­ra Mer­kel tam­bién debe saber que está actuan­do de for­ma enga­ño­sa al pre­ten­der ayu­dar a Leto­nia median­te la exten­sión de los cré­di­tos que la Unión Euro­pea limi­ta explí­ci­ta­men­te al apo­yo del tipo cam­bio del lats, y en cam­bio los prohí­be para fomen­tar el desa­rro­llo eco­nó­mi­co interno de los paí­ses. Las divi­sas van des­ti­na­das a cubrir el cos­te que los leto­nes deben sopor­tar por pagar en euros las hipo­te­cas con­tra­ta­das con los ban­cos sue­cos, así como para ayu­dar a los con­su­mi­do­res leto­nes a com­prar comi­da y pro­duc­tos manu­fac­tu­ra­dos que los Esta­dos de la Unión Euro­pea sub­si­dian, a la vez que some­ten a los leto­nes a un esta­do de depen­den­cia eco­nó­mi­ca y finan­cie­ra.

De esta mane­ra, lo que se con­si­gue es vic­ti­mi­zar a Leto­nia, no ayu­dar­la. Se tra­ta de per­mi­tir que los ban­cos sue­cos ganen algo más de tiem­po para seguir cobran­do las liqui­da­cio­nes de cré­di­tos que es obvio que en con­di­cio­nes nor­ma­les aca­ba­rían impa­ga­dos. Las divi­sas dedi­ca­das a faci­li­tar el pago de deu­das pri­va­das a ban­cos extran­je­ros se con­vier­ten así en deu­da nacio­nal que recae­rá sobre los con­tri­bu­yen­tes leto­nes. Esta for­ma de cré­di­to de la Unión Euro­pea es una expre­sión des­car­na­da de neo­co­lo­nia­lis­mo.

¿Per­mi­ti­rá hacer algo el tar­dío tras­va­se de votos de los ciu­da­da­nos ale­ma­nes hacia la coa­li­ción roji­ver­de del SPD con los par­ti­dos Ver­de y de la Izquier­da? Pro­ba­ble­men­te no. El pre­si­den­te grie­go Papan­dreu ha sido un cola­bo­ra­dor nece­sa­rio con lo suce­di­do a pesar de lide­rar la Inter­na­cio­nal Socia­lis­ta. De modo que aho­ra la cues­tión es saber si Gre­cia es víc­ti­ma de un jaque mate y está irre­mi­si­ble­men­te des­ti­na­da a dete­ner­se a ver cómo el gas­to públi­co, las pen­sio­nes, la sani­dad, la edu­ca­ción y el nivel de vida sufren un dete­rio­ro pare­ci­do al que han vivi­do los bál­ti­cos. Éstos se han con­ver­ti­do en un expe­ri­men­to de la pla­ni­fi­ca­ción cen­tra­li­za­da neo­li­be­ral. Si son un ejem­plo de lo que nos depa­ra­rá el futu­ro, enton­ces el mun­do pron­to verá una olea­da de emi­gra­ción grie­ga pare­ci­da a la ocu­rri­da en los paí­ses bál­ti­cos.

Evi­den­te­men­te, esto es lo que anti­ci­pa­ron los mer­ca­dos bur­sá­ti­les de todo el mun­do cuan­do en la maña­na del lunes dis­pa­ra­ron sus coti­za­cio­nes ante el anun­cio euro­peo de un fon­do para res­ca­tes de 750.000 millo­nes de euros. Lo que ver­da­de­ra­men­te se garan­ti­zó con esa acción fue el prin­ci­pio de que para que pue­da gober­nar el capi­tal finan­cie­ro pri­me­ro deben saquear­se a fon­do las eco­no­mías. Pero no cabe duda de que la bata­lla no ha ter­mi­na­do. Esta situa­ción per­sis­ti­rá duran­te toda la pre­sen­te déca­da, pues­to que el actual pro­ce­so con­sis­te bási­ca­men­te en una invo­lu­ción de las luchas de los siglos XIX y XX por subs­ti­tuir el poder omní­mo­do de la pro­pie­dad pri­va­da oli­go­pó­li­ca y los intere­ses finan­cie­ros por prin­ci­pios de fis­ca­li­dad pro­gre­si­va y empre­sa públi­ca.

¿Es en esto en lo que supues­ta­men­te la civi­li­za­ción occi­den­tal ejer­cía su lide­raz­go? Enfren­ta­dos a los Par­la­men­tos con­tro­la­dos por la aris­to­cra­cia, los refor­mis­tas del siglo XIX tra­ta­ron de tomar el poder para implan­tar prin­ci­pios demo­crá­ti­cos. La eco­no­mía polí­ti­ca clá­si­ca con­sis­tió bási­ca­men­te en un pro­gra­ma de refor­ma des­ti­na­do a gra­var fis­cal­men­te los bene­fi­cios pri­va­dos de las ren­tas de la tie­rra, las ren­tas mono­po­lis­tas y los intere­ses finan­cie­ros deri­va­dos de las mis­mas. John May­nard Key­nes cele­bró este pro­gra­ma refor­mis­ta cali­fi­cán­do­lo sobria­men­te como la “euta­na­sia del ren­tis­ta”.

Pero los intere­ses crea­dos regre­sa­ron con fuer­za. Al rotu­lar a la demo­cra­cia social y la regu­la­ción públi­ca como un “camino a la ser­vi­dum­bre”, tra­ta­ron de situar a las eco­no­mías euro­peas en el camino de la deu­da por peo­na­je. Al dic­ta­mi­nar la limi­ta­ción del poder de los gobier­nos esta­ta­les demo­crá­ti­ca­men­te ele­gi­dos en bene­fi­cio del Con­sen­so de Washing­ton, tan­to el FMI como las ins­ti­tu­cio­nes de la Unión Euro­pea han gana­do capa­ci­dad de con­trol fis­cal y eco­nó­mi­co sobre esos gobier­nos y sobre sus polí­ti­cas fis­ca­les, logran­do así recor­tar drás­ti­ca­men­te los impues­tos sobre los más ricos (a quie­nes les piden pres­ta­do para finan­ciar los défi­cits fis­ca­les resul­tan­tes).

Los par­ti­da­rios del Tea Party esta­dou­ni­den­se y los con­tra­rios al pago de impues­tos han aban­do­na­do la lucha por refor­mar el Esta­do. Asfi­xia­dos por una deu­da de la que no ven sali­da, lo que piden son impues­tos menos gra­vo­sos y espe­ran ver que los que más ganan sean los que más pro­ve­cho saquen de una fis­ca­li­dad aún más regre­si­va. Enfren­ta­dos a un Con­gre­so corrom­pi­do por los «lobis­tas» que actúan de par­te de los intere­ses crea­dos, recha­zan la idea mis­ma de Esta­do y bus­can refu­gio en comu­ni­da­des loca­les bun­que­ri­za­das. Ven cómo los con­gre­sos y par­la­men­tos de los paí­ses de todo el mun­do van per­dien­do auto­no­mía a favor del FMI, la Unión Euro­pea y otras orga­ni­za­cio­nes sur­gi­das del Con­sen­so de Washing­ton, que bus­can impo­ner medi­das de ajus­te y tras­la­dar las car­gas fis­ca­les a los tra­ba­ja­do­res y la indus­tria, libe­ran­do de las mis­mas al patri­mo­nio pri­va­do y al sis­te­ma finan­cie­ro depre­da­dor.

La úni­ca for­ma de impe­dir una refor­ma fis­cal regre­si­va y una asfi­xia por deu­das es median­te la con­se­cu­ción de mayo­res nive­les de con­trol sobre los Esta­dos sobre la base de los prin­ci­pios de la eco­no­mía clá­si­ca y de las refor­mas de la Era Pro­gre­sis­ta. Para esto es para lo que se han decla­ra­do en rebel­día los tra­ba­ja­do­res grie­gos. Alguien debe con­tro­lar al Esta­do, y no cabe duda de que si las fuer­zas demo­crá­ti­cas se reti­ran de la lucha, enton­ces el sec­tor finan­cie­ro estre­cha­rá aún más su cer­co.

Lo ocu­rri­do la sema­na pasa­do es sólo el prin­ci­pio de por dón­de dis­cu­rri­rá este dra­ma. Su pecu­liar desa­rro­llo en las eco­no­mías post­so­vié­ti­cas, que han segui­do man­te­nien­do sus pro­pias mone­das, se verá en los pró­xi­mos verano y oto­ño.

Notas

[1] Ben Hall, “Govern­ments to con­trol loan gua­ran­tee sche­me”, Finan­cial Times, 10 de mayo de 2010.

Michael Hud­son tra­ba­jó como eco­no­mis­ta en Wall Street y actual­men­te es Dis­tin­guished Pro­fes­sor en la Uni­ver­sity of Miso­ury, Kan­sas City, y pre­si­den­te del Ins­ti­tu­te for the Study of Long-Term Eco­no­mic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que des­ta­can: Super Impe­ria­lism: The Eco­no­mic Stra­tegy of Ame­ri­can Empi­re (nue­va ed., Plu­to Press, 2003) y Tra­de, Deve­lop­ment and Foreign Debt: How Tra­de and Deve­lop­ment Con­cen­tra­te Eco­no­mic Power in the Hands of Domi­nant Nations (ISLET, 2009).

Tra­du­ci­do para Sin Per­mi­so por Jor­di Mun­dó. http://​www​.sin​per​mi​so​.info/

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