Las razo­nes de la cri­sis eco­nó­mi­ca euro­pea y los com­ple­jos dile­mas que enfren­ta la UE – Car­los Leyba

«El pro­gra­ma pues­to en mar­cha, con nues­tro apo­yo, por los euro­peos para ayu­dar a Gre­cia va a sacar a Gre­cia de sus pro­ble­mas», decla­ró el mar­tes Domi­ni­que Strauss-Kahn (FMI). El coro­la­rio de su afir­ma­ción es que este pro­gra­ma va a sacar a la Unión Mone­ta­ria (UM) de sus pro­ble­mas. Y evi­tar el con­ta­gio grie­go sobre el res­to de los paí­ses peri­fé­ri­cos del sur de la UM.
Hay pro­ble­mas emer­gen­tes; y pro­ble­mas sis­té­mi­cos que son los que no se resuel­ven con refor­mas sino con redi­se­ño. Un pro­ble­ma sis­té­mi­co, inexo­ra­ble­men­te, se repro­du­ce. Trans­for­mar tie­ne otro pre­cio. Vol­va­mos a Grecia.
Caí­da en pica­da de los valo­res públi­cos grie­gos en euros y ries­go de con­ta­gio en Por­tu­gal, Ita­lia y Espa­ña. Los PIGS, paí­ses de sol y pla­ya, recep­to­res, en los bue­nos tiem­pos, de flu­jos de turis­tas e inver­so­res inmo­bi­lia­rios, sufrie­ron, más que otros paí­ses euro­peos menos depen­dien­tes de la abun­dan­cia aje­na, la rece­sión mun­dial pro­vo­ca­da por la cri­sis finan­cie­ra de las sub­pri­me. Tam­bién se vie­ron obli­ga­dos a fuer­tes pro­gra­mas de res­ca­te fis­cal para sor­tear los efec­tos finan­cie­ros y reales de aque­lla crisis.
Algu­nos paí­ses de la Unión Euro­pea (UE), con ban­cos loca­les muy glo­ba­li­za­dos, nece­si­ta­ron que los pre­su­pues­tos se vol­ca­ran a cubrir los agu­je­ros de los ban­cos: el casino de sus direc­to­rios. La deu­da públi­ca cre­ció, por aten­der dos pro­ble­mas aso­cia­dos: los agu­je­ros de los ban­cos (evi­tan­do el páni­co) y la dis­mi­nu­ción de la acti­vi­dad real (evi­tan­do la reac­ción social).
A la hora de las ganan­cias y de los hono­ra­rios y bonus de los ban­que­ros, la apro­pia­ción de bene­fi­cios es individual.
A la hora de las pér­di­das, gene­ra­das por ellos, la apro­pia­ción es inevi­ta­ble­men­te colec­ti­va. Y es así por­que el derra­pe del sis­te­ma finan­cie­ro, no de una enti­dad, arras­tra penu­rias en la eco­no­mía real que cas­ti­gan a los con­tri­bu­yen­tes, con des­em­pleo y pér­di­da de sala­rios, más dura­men­te que el cos­to del res­ca­te a los res­pon­sa­bles del desastre.
Recor­da­mos: des­alo­jos de tra­ba­ja­do­res, en Esta­dos Uni­dos, por hipo­te­cas no paga­das. Y, pari pas­su, sub­si­dio públi­co para el arca vacía del ban­co y para bonus para los direc­ti­vos, que cubrió la hipo­te­ca no pagada.
Tal vez hubie­ra sido mejor sub­si­diar a los deu­do­res para que con­ser­ven la casa; y así resol­ver el agu­je­ro de los bancos.
La pri­me­ra fue la solu­ción de urgen­cia. La segun­da, más com­ple­ja, hubie­ra sido solu­ción con más bene­fi­cia­rios y menos pro­ble­mas futu­ros. Ambas solu­cio­nes a car­go del Esta­do y gene­ra­do­ras de défi­cit. Una u otra, inevi­ta­bles. La alter­na­ti­va a la acción del Esta­do era (es aho­ra) la “solu­ción mercado”.
En la cri­sis finan­cie­ra pri­va­da (sub­pri­me), la “solu­ción mer­ca­do” era dejar que­brar a los ban­cos y faci­li­tar la pará­li­sis de la eco­no­mía real, des­em­pleo y cri­sis social inconmensurable.
En la cri­sis finan­cie­ra públi­ca (la grie­ga) de Esta­dos endeu­da­dos y con défi­cit fis­cal, en rece­sión, des­in­dus­tria­li­za­ción y alto des­em­pleo (Espa­ña 20 por cien­to), “la solu­ción mer­ca­do” habría gene­ra­do una cri­sis polí­ti­ca inso­por­ta­ble y una onda expan­si­va con la ame­na­za del fin del Euro y el retro­ce­so de la UE. No acu­dir al mer­ca­do en la cri­sis siem­pre es lo más bara­to para la sociedad.
En ambos casos, sub­pri­me y Gre­cia, esta­mos hablan­do de las noti­cias y no de los pro­ble­mas sis­té­mi­cos o estruc­tu­ra­les que se ocul­tan detrás de ellas. En ambos casos, está detrás la incon­sis­ten­cia del modo con el que se suplan­tó a la eco­no­mía capi­ta­lis­ta sur­gi­da de la ins­pi­ra­ción key­ne­sia­na y de Esta­do de Bien­es­tar. Veamos.
En el caso de la sub­pri­me fue la ero­sión de aquel mode­lo de dis­tri­bu­ción del ingre­so y el nue­vo pre­do­mi­nio del sec­tor finan­cie­ro en la vida eco­nó­mi­ca nor­te­ame­ri­ca­na; y las herra­mien­tas del neo­li­be­ra­lis­mo que pre­ten­día sub­sa­nar, con más mer­ca­do y menos Esta­do, los pro­ble­mas estruc­tu­ra­les deri­va­dos de la rup­tu­ra del patrón dólar oro (1971) y del patrón com­bus­ti­ble bara­to (1973). Estas dos cri­sis (Wall Street, Gre­cia) no son aje­nas a los esta­lli­dos de deu­da lati­no­ame­ri­ca­na y asiá­ti­ca o de cri­sis ban­ca­rias o mer­ca­dos bur­sá­ti­les, fre­cuen­tes des­pués del reci­cla­je de los petro­dó­la­res y ver­ti­gi­no­sas des­pués de la caí­da del Muro de Ber­lín y de la con­cen­tra­ción eco­nó­mi­ca de la geo­gra­fía autó­no­ma de las mul­ti­na­cio­na­les, la glo­ba­li­za­ción finan­cie­ra y el avan­ce de la Orga­ni­za­ción Mun­dial del Comer­cio (OMC).
Vol­ve­mos a Gre­cia lue­go de pasar por estas cri­sis recu­rren­tes de la mis­ma matriz.
Los pri­me­ros pasos euro­peos, igual que cuan­do pasó lo de Leh­man Brothers, fue­ron vaci­lan­tes y débil fue la ayu­da finan­cie­ra inicial.
Toda solu­ción finan­cie­ra es com­pra de tiem­po, y el tiem­po que se adquie­re es pro­por­cio­nal a la masa de recur­sos que se está dis­pues­to a poner y que per­ci­be “el mercado”.
El últi­mo fin de sema­na, los gobier­nos pusie­ron a dis­po­si­ción de los acree­do­res (el poder disua­so­rio de los Esta­dos se refie­re a ellos) 1 billón de dóla­res. La pri­me­ra reac­ción fue eufó­ri­ca (la lógi­ca del cobro) segui­da de una toma de ganan­cias que acom­pa­ñó la pos­te­rior caí­da de los mer­ca­dos. El ape­ti­to ali­men­ta el sube y baja de los mer­ca­dos financieros.
Los gobier­nos euro­peos (y el FMI) pusie­ron lo nece­sa­rio para cubrir las obli­ga­cio­nes de los pró­xi­mos tres años de los paí­ses más endeu­da­dos y con más défi­cit fiscal.
Ése es el perío­do en el que los paí­ses del euro deben ali­near­se a Maas­tricht (3 por cien­to de défi­cit fis­cal). Finan­cia­mien­to (tiem­po) y ajus­te (¿solu­ción?)
Esta deci­sión euro­pea fue pre­ce­di­da por la deman­da de 47 ban­cos euro­peos de accio­nes urgen­tes para sal­var la caja. Los gobier­nos apor­ta­ron la volun­tad de pagar y con­vo­ca­ron al FMI, su dine­ro y sus con­di­cio­na­li­da­des. Las deu­das las paga­rán todos. Como la mayo­ría de los habi­tan­tes vive de su tra­ba­jo y no de su capi­tal, la con­clu­sión es que, cual­quie­ra sea el ori­gen de la deu­da o el des­tino del dine­ro, lo paga­rán, en pro­por­cio­nes ele­va­das, la ele­va­da pro­por­ción de los tra­ba­ja­do­res en la población.
Ése es el ajus­te de las eco­no­mías euro­peas para can­ce­lar esos pasivos.
Pero, ¿no fue la rece­sión la que gene­ró el pro­ble­ma? ¿No fue más deu­da la inevi­ta­ble com­pen­sa­ción de la rece­sión? Y el ajus­te, liso y llano, que afec­ta el con­su­mo, ¿no gene­ra rece­sión? Aca­so, en la eco­no­mía con­tem­po­rá­nea, la rece­sión, ¿no abul­ta el défi­cit? Hay menos ingre­so tri­bu­ta­rio por menos con­su­mo y menos con­tri­bu­cio­nes socia­les, y, a la vez, más ero­ga­cio­nes por des­em­pleo y por com­pen­sa­cio­nes sociales.
¿Enton­ces?

DILEMAS
Éste es el pri­mer dile­ma. El reme­dio no ali­men­ta. Y el exce­so, lejos de curar, enfer­ma. ¿Cuál es la enfer­me­dad de las eco­no­mías euro­peas que da lugar a tan­ta deu­da y gene­ra el reme­dio de más deu­da y, vía ajus­te, menos capa­ci­dad de pago?
El segun­do dile­ma es el pano­ra­ma finan­cie­ro euro­peo. La deu­da grie­ga ascen­día a 236 mil millo­nes de dóla­res; la de Por­tu­gal era 40 por cien­to más alta; la de Espa­ña cin­co veces la grie­ga; y la ita­lia­na mul­ti­pli­ca­ba por sie­te la pri­me­ra. En todos los casos, las acreen­cias de enti­da­des de Ingla­te­rra, Fran­cia y Ale­ma­nia eran más del 50 por cien­to de la deu­da. Mon­tos impor­tan­tes res­pec­to del PBI de cada país acree­dor. La deci­sión de sal­var las finan­zas de la peri­fe­ria es tam­bién la de sal­var al cen­tro y cum­plir con la deman­da de los 47 ban­cos. El esce­na­rio de deu­da no tie­ne solu­ción de continuidad.
El ter­cer dile­ma es el de la pre­ma­tu­ra crea­ción del euro. En la eco­no­mía euro­pea hay un gigan­te expor­ta­dor (Ale­ma­nia) y los paí­ses peri­fé­ri­cos, por ejem­plo Espa­ña, tie­nen un défi­cit comer­cial por ser “inca­paz de expor­tar mer­can­cías (debe) expor­tar empleos (…) (por) un défi­cit comer­cial de 50.000 millo­nes de dóla­res, con una pro­duc­ti­vi­dad por per­so­na ocu­pa­da de 40.000 dóla­res por año, (lo que) sig­ni­fi­ca que Espa­ña exporta(mos) al año 1.250.000 empleos”, Mario Tri­ni­dad, El País, noviem­bre 2009.
¿Enton­ces? ¿Retorno al pro­tec­cio­nis­mo de los trein­ta? ¿O libre­cam­bio y glo­ba­li­za­ción sin lími­tes? Los paí­ses peri­fé­ri­cos del euro sufren las con­di­cio­nes de la con­ver­ti­bi­li­dad, han per­di­do la polí­ti­ca cam­bia­ria y mone­ta­ria y están, de algu­na mane­ra, con­de­na­dos a la esta­bi­li­dad del euro basa­da en la pro­duc­ti­vi­dad ale­ma­na. La alter­na­ti­va es más deu­da (que es lo que hicie­ron) o ajus­te (que es lo que creen harán). Nin­gu­na de las dos es solu­ción estruc­tu­ral. Aca­so, ¿cam­bia la pro­duc­ti­vi­dad? ¿Mejo­ra la dis­tri­bu­ción? ¿Favo­re­ce la acu­mu­la­ción? ¿Poten­cia la exportación?
Lo más pro­ba­ble, no.
El cuar­to dile­ma es la diso­cia­ción entre polí­ti­ca mone­ta­ria y polí­ti­ca fis­cal. Aho­ra, el Ban­co Cen­tral Euro­peo pue­de com­prar deu­das de los paí­ses. Y, ade­más, los pre­su­pues­tos nacio­na­les, antes de ser san­cio­na­dos, debe­rán pasar por un con­trol de con­sis­ten­cia de la UE. Avan­zan hacia cen­tra­li­zar la polí­ti­ca mone­ta­ria y cam­bia­ria jun­to a la fis­cal. Un redi­se­ño de la Unión Mone­ta­ria. Pero siguen fal­tan­do las mate­ria­li­da­des que hacen a la inte­gra­ción eco­nó­mi­ca y social.
La Cons­ti­tu­ción Euro­pea fra­ca­só por el temor a la reba­ja de sala­rios que gene­ra, en París, el plo­me­ro pola­co. Polí­ti­ca mone­ta­ria y fis­cal común, pero dema­sia­das cosas diferentes.
Quin­to dile­ma. Dani Rodrik (2007) seña­ló que el Esta­do-nación, la demo­cra­cia y la glo­ba­li­za­ción actual sólo son com­pa­ti­bles de a dos. La pro­fun­di­za­ción de la glo­ba­li­za­ción, o el libre cam­bio, o ter­mi­nan con la demo­cra­cia o con la sobe­ra­nía nacio­nal. La UE, con la cri­sis, dis­mi­nu­yó la sobe­ra­nía fis­cal en la zona pero sin for­ta­le­cer al Esta­do comu­ni­ta­rio. Las abis­ma­les dife­ren­cias de pro­duc­ti­vi­dad ‑entre otras cosas- hacen difí­cil ima­gi­nar un sólo Esta­do euro­peo, euro­pei­za­da (en lugar de glo­ba­li­za­da) su eco­no­mía y una vigo­ro­sa democracia.
Por aho­ra, res­ca­ta­mos una lec­ción para los inte­gra­cio­nis­tas, que pre­ten­den avan­zar sin inte­grar social y terri­to­rial­men­te el país y sin alcan­zar pre­via­men­te acu­mu­la­ción, pro­duc­ti­vi­dad y patrón expor­ta­dor nacio­nal consistente.
Otra para los neo­li­be­ra­les ena­mo­ra­dos de una mone­da común aje­na a la mate­ria­li­dad común; y un refres­co de la incom­pa­ti­bi­li­dad mani­fies­ta de la glo­ba­li­za­ción actual (la OMC) con la demo­cra­cia y la soberanía.
La cri­sis grie­ga no nos sir­ve para recor­dar nues­tro 2001.
Sir­ve para repen­sar las lec­cio­nes que, en tan­tos años de deca­den­cia eco­nó­mi­ca y social, nos nega­mos a incor­po­rar al pen­sa­mien­to, marea­dos por el éxi­to deri­va­do del empu­je externo.

http://​www​.revis​ta​de​ba​te​.com​.ar/​2​0​1​0​/​0​5​/​1​4​/​2​8​8​0​.​php

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