Psi­có­lo­gos cóm­pli­ces de la CIA en la tor­tu­ra- Red Voltaire


Cuan­do en 2005 las noti­cias perio­dís­ti­cas denun­cia­ron que había psi­có­lo­gos tra­ba­jan­do con mili­ta­res de EEUU y la CIA para desa­rro­llar méto­dos bru­ta­les de inte­rro­ga­to­rio, los diri­gen­tes de la Aso­cia­ción de Psi­có­lo­gos Esta­dou­ni­den­ses (APA) reu­nie­ron un gru­po de tra­ba­jo para exa­mi­nar la cuestión.
Des­pués de dos días de deli­be­ra­cio­nes, el gru­po de diez miem­bros lle­gó a la con­clu­sión de que los psi­có­lo­gos desem­pe­ña­ban «un papel valio­so y éti­co» al asis­tir a los militares.

Un alto nivel de con­fi­den­cia­li­dad alre­de­dor del gru­po de tra­ba­jo prohi­bía reve­lar las actas y los miem­bros y asis­ten­tes. No fue has­ta un año des­pués que se die­ron a cono­cer los nom­bres de los miem­bros de este gru­po, en Salon​.com [1], reve­lan­do que seis de los nue­ve miem­bros con dere­cho al voto per­te­ne­cían a agen­cias mili­ta­res y de inte­li­gen­cia con cone­xión direc­ta a los inte­rro­ga­to­rios en Guan­tá­na­mo y sitios oscu­ros de la CIA que fun­cio­nan igno­ran­do las con­ven­cio­nes de Ginebra.

El gru­po de tra­ba­jo de la enti­dad Éti­ca Psi­co­ló­gi­ca y Segu­ri­dad Nacio­nal (PENS, en inglés) se reu­nió en res­pues­ta a las prue­bas cada vez mayo­res de que los psi­có­lo­gos no sólo par­ti­ci­pa­ban en los pro­ce­di­mien­tos que han horro­ri­za­do a la huma­ni­dad, sino que de hecho esta­ban a car­go de dise­ñar esas bru­ta­les tác­ti­cas y de entre­nar a los inte­rro­ga­do­res en esas técnicas.

En par­ti­cu­lar dos psi­có­lo­gos desem­pe­ña­ron un papel cen­tral: James Elmer Mit­chell, que fue con­tra­ta­do por la CIA, y su cole­ga Bru­ce Jes­sen. Ambos tra­ba­ja­ron en el pro­gra­ma de entre­na­mien­to mili­tar cla­si­fi­ca­do cono­ci­do como Super­vi­ven­cia, Eva­sión, Resis­ten­cia y Fuga (SERE, en inglés), que con­di­cio­na a los sol­da­dos para sopor­tar el cau­ti­ve­rio en manos enemigas.

De una mane­ra bas­tan­te cua­si-cien­tí­fi­ca, según psi­có­lo­gos y otras per­so­nas con cono­ci­mien­to direc­to de sus acti­vi­da­des, Mit­chell y Jes­sen retro­in­vir­tie­ron las tác­ti­cas infli­gi­das a los apren­di­ces de SERE para usar­las en los dete­ni­dos en la «gue­rra glo­bal con­tra el terror».

Con la com­ple­ta adop­ción de las téc­ni­cas de SERE para los inte­rro­ga­to­rios por par­te de los mili­ta­res de EEUU, la CIA puso a Mit­chell y a Jes­sen a car­go del entre­na­mien­to de los inte­rro­ga­do­res en las téc­ni­cas bru­ta­les, inclu­yen­do el «sub­ma­rino» [téc­ni­ca de tor­tu­ra], en su red de sitios oscuros.

Entre­tan­to, resul­ta cada vez más cla­ro que EEUU ha sacri­fi­ca­do su con­cien­cia y su ima­gen glo­bal por tác­ti­cas que son, con mucho, ineficaces.
Con cer­ca de 150.000 afi­lia­dos, la APA es la mayor orga­ni­za­ción psi­có­lo­gos en el mun­do. A dife­ren­cia de la Aso­cia­ción Médi­ca Esta­dou­ni­den­se y de la Aso­cia­ción Psi­quiá­tri­ca Esta­dou­ni­den­se que, des­de 2006, han prohi­bi­do total­men­te la par­ti­ci­pa­ción de sus doc­to­res, la APA con­ti­núa per­mi­tien­do que sus miem­bros inter­ven­gan en los inte­rro­ga­to­rios de dete­ni­dos, ale­gan­do que su pre­sen­cia garan­ti­za inte­rro­ga­to­rios segu­ros y evi­ta los abusos.

La Dra. Jean Maria Arri­go, uno de los tres miem­bros civi­les del gru­po de tra­ba­jo PENS 2005, cuya tarea fue con­si­de­rar lo apro­pia­do de la par­ti­ci­pa­ción de psi­có­lo­gos en méto­dos seve­ros de inte­rro­ga­to­rio, ase­gu­ra que los más altos nive­les del Depar­ta­men­to de Defen­sa (DOD, en inglés) pre­de­ter­mi­na­ron las con­clu­sio­nes de los gru­pos de trabajo.

Al citar una serie de irre­gu­la­ri­da­des que inclu­yen la pri­sa, la inti­mi­da­ción y el secre­to, Arri­go sos­tie­ne que el gru­po de tra­ba­jo esta­ba lejos de ser equi­li­bra­do o independiente.

Reve­ló que el Pre­si­den­te de APA, Gerald Koo­cher ejer­ció un fuer­te con­trol fuer­te sobre las deci­sio­nes del gru­po de tra­ba­jo y cen­su­ró a los disi­den­tes. Seis de los diez miem­bros ocu­pa­ban altos pues­tos en el DOD, cla­ra­men­te en aten­ción a que repre­sen­ta­ban deci­sio­nes que ya se habían toma­do. Estas fueron:

-a) la adop­ción de la defi­ni­ción per­mi­si­va de la tor­tu­ra en las leyes de EEUU, a dife­ren­cia de la estric­ta defi­ni­ción en el dere­cho inter­na­cio­nal, y

-b) la par­ti­ci­pa­ción de psi­có­lo­gos mili­ta­res en los esce­na­rios de los interrogatorios.

Muchos psi­có­lo­gos moles­tos insis­ten en que la polí­ti­ca de la APA ha hecho de la orga­ni­za­ción una enti­dad que posi­bi­li­ta la tortura.

En la con­ven­ción anual de APA de agos­to de 2007, los miem­bros pre­sen­ta­ron ante su Con­se­jo de Repre­sen­tan­tes una enmien­da mora­to­ria de la reso­lu­ción de la APA:
«Se resuel­ve que los obje­ti­vos de la APA serán el desa­rro­llo de la psi­co­lo­gía como cien­cia y pro­fe­sión y como medio de pro­mo­ver salud, la edu­ca­ción y el bien­es­tar. Por lo tan­to, el papel de los psi­có­lo­gos en esce­na­rios don­de los dete­ni­dos han sido pri­va­dos de una pro­tec­ción ade­cua­da de sus dere­chos huma­nos se debe limi­tar a ser el de un per­so­nal de salud que pro­por­cio­ne tra­ta­mien­to psicológico».

Una abru­ma­do­ra mayo­ría del Con­se­jo votó en con­tra de esta medi­da que habría prohi­bi­do la par­ti­ci­pa­ción de sus miem­bros en inte­rro­ga­to­rios abu­si­vos a detenidos.

En una encen­di­da reu­nión de pro­fe­sio­na­les que siguió a la con­ven­ción, dece­nas de enfu­re­ci­dos psi­có­lo­gos tes­ti­fi­ca­ron. Entre ellos, el Dr. Ste­ven Reis­ner, miem­bro de la Coa­li­ción por una APA Éti­ca, quien pre­gun­tó por qué el Con­se­jo de Repre­sen­tan­tes votó por el recha­zo a la mora­to­ria, en cla­ra con­tra­dic­ción con las con­vic­cio­nes de una amplia mayo­ría de la mem­bre­sía de APA.

Reis­ner refle­xio­nó sobre la fal­ta de están­da­res éti­cos esen­cia­les para una aso­cia­ción como esa y para sus miem­bros. «Esto se refie­re a la esen­cia de quié­nes somos como psi­có­lo­gos éti­cos. Si no pode­mos decir ‘No, no par­ti­ci­pa­re­mos en inte­rro­ga­to­rios rea­li­za­dos en sitios oscu­ros de la CIA’, pien­so que tene­mos que pre­gun­tar­nos seria­men­te qué somos como orga­ni­za­ción y, para mí, cuál es mi leal­tad a ella, o si habría que cri­ti­car­la des­de afue­ra en este momento».

Actua­li­za­ción de Mark Benjamin

Un mes des­pués de que Salon publi­ca­ra «Los pro­fe­so­res de tor­tu­ra de la CIA» le siguió [la revis­ta] Vanity Fair en julio de 2007 con un artícu­lo a fon­do que reve­la­ba más deta­lles acer­ca del peque­ño con­ci­liá­bu­lo de psi­có­lo­gos que ayu­dó a crear el pro­gra­ma de bru­ta­les inte­rro­ga­to­rios de la CIA; un mode­lo que hizo metás­ta­sis en la Bahía de Guan­tá­na­mo, Afga­nis­tán y en Irak en luga­res como Abu Ghraib.

Para diciem­bre, lle­va­ba a los lec­to­res a un via­je al inte­rior de los secre­tos «sitios oscu­ros» de la CIA, cuan­do Salon publi­có la pri­me­ra entre­vis­ta a pro­fun­di­dad con un ex pre­so de la agen­cia, Moha­med Farag Ahmad Bash­mi­lah. Bash­mi­lah inclu­so pro­por­cio­nó dibu­jos esca­lo­frian­tes de su esté­ril cel­da. Apa­ren­te­men­te, el yeme­ni­ta era cul­pa­ble nada menos que de estar en el lugar equi­vo­ca­do en el momen­to equi­vo­ca­do: la CIA lo libe­ró des­pués de die­ci­nue­ve meses de duro encarcelamiento.
«Cada vez que veía una mos­ca en mi cel­da, me lle­na­ba de ale­gría» ‑me dijo, hablan­do de la apa­bu­llan­te pri­va­ción sen­so­rial y el aislamiento‑, «aun­que desea­ba que se esca­bu­lle­ra por deba­jo de la puer­ta, para que no fue­se pri­sio­ne­ra como yo».

El 22 de abril de 2008, el Washing­ton Post publi­có un artícu­lo sugi­rien­do que el gobierno de EEUU había ido mucho más allá del abu­so a los dete­ni­dos, some­tién­do­los a posi­cio­nes estre­san­tes, pri­va­ción del sue­ño y humi­lla­ción sexual, y qui­zás has­ta recu­rri­do a dro­gas que alte­ra­ban la men­te para des­orien­tar aún más a los pre­sos. De algún modo, la agen­cia pare­cía creer que con esto les saca­ría infor­ma­ción con­fia­ble. A fines de ese mes, los sena­do­res Joe Biden, Jr. (Demó­cra­ta por Dela­wa­re), Carl Levin (Demó­cra­ta por Michi­gan), y Chuck Hagel (Repu­bli­cano por Nebras­ka), soli­ci­ta­ron a los ins­pec­to­res gene­ra­les del Pen­tá­gono y la CIA que inves­ti­ga­ran el asunto.

En mayo de 2008, el ins­pec­tor gene­ral del Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia dio a cono­cer un infor­me indi­vi­dual mos­tran­do que duran­te años los agen­tes del FBI se habían que­ja­do de las duras tác­ti­cas de inte­rro­ga­to­rio emplea­das por la CIA y el Pen­tá­gono. Esa preo­cu­pa­ción cayó en oídos sor­dos en el Con­se­jo de Segu­ri­dad Nacional.

Sería gran­dio­so decir que al final pre­va­le­ce­rá la jus­ti­cia. Sin embar­go, cuan­do se tra­ta de tor­tu­ra, la mayo­ría de los esfuer­zos del Con­gre­so para inves­ti­gar el com­por­ta­mien­to de la CIA y de los mili­ta­res han sido, con mucho, anodinos.

Al menos en teo­ría, al momen­to de escri­bir estas líneas, el Comi­té del Sena­do para las Fuer­zas Arma­das aún inves­ti­ga­ba las acti­vi­da­des de James Mit­chell y Bru­ce Jes­sen, los dos psi­có­lo­gos iden­ti­fi­ca­dos por pri­me­ra vez por Salón que supues­ta­men­te ayu­da­ron al gobierno a apli­car la retro­in­ge­nie­ria a las tác­ti­cas crea­das para ayu­dar a los sol­da­dos de eli­te a resis­tir la tor­tu­ra de las téc­ni­cas de interrogación.
El Comi­té Judi­cial de la Cáma­ra de Repre­sen­tan­tes tam­bién inves­ti­ga el asunto.

Pero pocos espe­ran que alguien de la admi­nis­tra­ción sea lle­va­do por la fuer­za delan­te de cual­quier cla­se de tri­bu­nal, y con una Casa Blan­ca com­ple­ta­men­te con­ven­ci­da de que el abu­so es una tác­ti­ca efi­caz de inte­rro­ga­to­rio ‑e igual­men­te com­pro­me­ti­da a pro­te­ger a aque­llos que la uti­li­zan- pocos exper­tos pien­san que la jus­ti­cia será servida.

Eso es váli­do para los psi­có­lo­gos que crea­ron el dia­bó­li­co pro­gra­ma y a los que les die­ron auto­ri­dad para lle­var­lo a cabo.

Médi­cos por los Dere­chos Huma­nos ha per­se­gui­do sis­te­má­ti­ca­men­te esta noti­cia. Usted pue­de apren­der más sobre esta orga­ni­za­ción y des­cu­brir cómo pue­de par­ti­ci­par visitando:

http://​phy​si​cians​forhu​man​rights​.org/

 Kathe­ri­ne Eban
Inves­ti­ga­do­ra.

Mark Ben­ja­min
Inves­ti­ga­dor.

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