Pre­fa­cio a la pri­me­ra edi­ción rusa de Diez días que estre­me­cie­ron al mun­do de John Reed- Nadezh­da Krupskaya(Compañera de Lenin)

DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO es el títu­lo que John Reed ha dado a su asom­bro­sa obra. Este libro des­cri­be, con una inten­si­dad y un vigor extra­or­di­na­rios, los pri­me­ros días de la Revo­lu­ción de Octu­bre. No se tra­ta de una sim­ple enu­me­ra­ción de hechos, ni de una colec­ción de docu­men­tos, sino de una serie de esce­nas vivi­das y a tal pun­to típi­cas, que no pue­den por menos de evo­car, en el espí­ri­tu de los que fue­ron tes­ti­gos de la revo­lu­ción, epi­so­dios aná­lo­gos a los que ellos pre­sen­cia­ron. Todos estos cua­dros, toma­dos direc­ta­men­te de la reali­dad, tra­du­cen de mane­ra insu­pe­ra­ble el sen­ti­mien­to de las masas y per­mi­ten así cap­tar el ver­da­de­ro sen­ti­do de los dife­ren­tes actos de la gran revo­lu­ción.

Se anto­ja extra­ño, a pri­me­ra vis­ta, que este libro lo haya escri­to un extran­je­ro, uri ame­ri­cano que igno­ra la len­gua del país y sus cos­tum­bres. Al pare­cer, ten­dría que haber caí­do, a cada paso, en los erro­res más ridícu­los y omi­ti­do fac­to­res esen­cia­les.

No sue­len escri­bir así los extran­je­ros sobre la Rusia sovié­ti­ca. O no entien­den los acon­te­ci­mien­tos, o gene­ra­li­zan los hechos ais­la­dos, que no siem­pre son típi­cos. Ver­dad es que casi nin­guno fue tes­ti­go per­so­nal de la revo­lu­ción.

John Reed no fue un obser­va­dor indi­fe­ren­te. Revo­lu­cio­na­rio apa­sio­na­do, comu­nis­ta, com­pren­día el sen­ti­do de los acon­te­ci­mien­tos, el sen­ti­do de la gigan­tes­ca lucha. De ahí esa agu­de­za de visión, sin­gla cual no habría podi­do escri­bir un libro seme­jan­te.

Tam­po­co los rusos hablan de otro modo de la Revo­lu­ción de Octu­bre: o bien for­mu­lan un jui­cio gene­ral, o bien se limi­tan a des­cri­bir los epi­so­dios de que fue­ron tes­ti­gos. El libro de John Reed ofre­ce un cua­dro de con­jun­to de la insu­rrec­ción de las masas popu­la­res tal como real­men­te se pro­du­jo, y por ello ten­drá una impor­tan­cia muy par­ti­cu­lar para la juven­tud, para las gene­ra­cio­nes futu­ras, para aque­llos a cuyos ojos la Revo­lu­ción de Octu­bre será ya his­to­ria. En su géne­ro, el libro de John Reed es una epo­pe­ya.

John Reed está inse­pa­ra­ble­men­te uni­do a la revo­lu­ción rusa. Ama­ba la Rusia sovié­ti­ca y se sen­tía cer­ca de ella. Aba­ti­do por el tifus repo­sa al pie de la mura­lla roja del Krem­lin. Quien ha des­cri­to los fune­ra­les de las víc­ti­mas de la revo­lu­ción como lo hizo John Reed, mere­ce tal honor.

N. KRUPSKAYA

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