«Los par­ti­dos comu­nis­tas euro­peos han lle­va­do una prác­ti­ca social­de­mó­cra­ta a par­tir bási­ca­men­te de los años 50»- Revis­ta Cuba­na de Filo­so­fía

Revis­ta Cuba­na de Filo­so­fía

Duran­te su estan­cia en La Haba­na, par­ti­ci­pan­do en el VIII Taller Inter­na­cio­nal sobre Para­dig­mas Eman­ci­pa­to­rios, cele­bra­do en sep­tiem­bre de 2009, la redac­ción de la Revis­ta Cuba­na de Filo­so­fía con­ver­só con la Dra. Mon­tse­rrat Gal­ce­rrán, pro­fe­so­ra de Filo­so­fía de la Uni­ver­si­dad Com­plu­ten­se de Madrid. For­ma­da en los años sesen­ta en Espa­ña y Ale­ma­nia, fue tes­ti­go de los suce­sos estu­dian­ti­les del 68 fran­cés, aún muy joven y en ple­na for­ma­ción mili­tó en la lucha anti­fran­quis­ta, mili­tan­te del PCE, empe­zó a estu­diar a Marx y aún impar­te mar­xis­mo en las aulas de la Com­plu­ten­se. Com­par­tir sus expe­rien­cias podría ser de inte­rés para los lec­to­res de la revis­ta.

Mon­tse, ¿podrías con­tar­nos de tu for­ma­ción filo­só­fi­ca y polí­ti­ca, y de cómo lle­gas­te a Marx?

Nací en la Bar­ce­lo­na de la pos­gue­rra. Pro­ven­go de una fami­lia en la que el padre, mi padre, había lucha­do con la Repú­bli­ca, lo que hacía que en mi casa se vivie­ra un ambien­te cata­la­nis­ta repu­bli­cano, pero con mucho mie­do. Toda mi infan­cia trans­cu­rrió duran­te la dic­ta­du­ra. Entré en la uni­ver­si­dad en el 63, con la idea de estu­diar Filo­so­fía Clá­si­ca; estu­dié Latín y Grie­go así como Filo­so­fía, las dos carre­ras a la vez.. De la Filo­lo­gía Clá­si­ca me atraía su belle­za, me entu­sias­ma­ban los tex­tos. Pero la Filo­so­fía tenía más con­te­ni­do, era más crí­ti­ca. Al final me decan­té por la Filo­so­fía. En el 66, esta­ba en ter­ce­ro, cuan­do empe­cé a par­ti­ci­par en el movi­mien­to anti­fran­quis­ta, espe­cial­men­te en el movi­mien­to estu­dian­til. Crea­mos el sin­di­ca­to de estu­dian­tes; par­ti­ci­pé en la fun­da­ción del Sin­di­ca­to Demo­crá­ti­co de Estu­dian­tes de Bar­ce­lo­na que fue un acon­te­ci­mien­to en la ciu­dad, y a par­tir de ahí comen­cé a preo­cu­par­me por cues­tio­nes polí­ti­cas. Esto me aca­rreó pro­ble­mas, espe­cial­men­te con mi padre, a pesar de que era anti­fran­quis­ta. Pero tenía muchí­si­mo mie­do, le preo­cu­pa­ba que me ocu­rrie­ra algo. Tam­bién sur­gió la cues­tión de géne­ro: como era mujer tenía que lle­gar tem­prano a casa, no podía ir a reunio­nes clan­des­ti­nas, etc. En cuan­to ter­mi­né la carre­ra soli­ci­té una beca para pro­se­guir estu­dios en Ale­ma­nia, y fui a Hei­del­berg, tras las hue­llas de Hei­deg­ger. No había leí­do nada de mar­xis­mo o casi nada. Creo que lo úni­co que había leí­do era un peque­ño tex­to sobre El mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co y el mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co. En esa épo­ca en Espa­ña el mar­xis­mo esta­ba prohi­bi­do y los tex­tos no cir­cu­la­ban. El tex­to no me gus­tó. En cam­bio Hegel me entu­sias­ma­ba, Hei­deg­ger me gus­ta­ba, Sar­tre por supues­to, o sea, tenía una for­ma­ción más aca­dé­mi­ca que polí­ti­ca.

En Ale­ma­nia el mito Hei­deg­ger se esfu­mó: el tipo era impo­si­ble de tra­tar, des­pó­ti­co y eli­tis­ta. Sólo un par de veces le vi. No obs­tan­te tuve una bue­na rela­ción con Hans Georg Gada­mer, el crea­dor de la Her­me­néu­ti­ca.

El movi­mien­to del 68 fue muy impor­tan­te para mí, aun­que a Espa­ña lle­ga­ron ecos rela­ti­va­men­te esca­sos. Pero no en Ale­ma­nia. En octu­bre del 68, esta­ba ya en Hei­del­berg, don­de había uno de los movi­mien­tos ale­ma­nes estu­dian­ti­les más fuer­tes del momen­to. Me sumer­gí de lleno en el Movi­mien­to Estu­dian­til Ale­mán (SDS), un movi­mien­to que no tenía nada que ver con lo que ya había cono­ci­do por­que allí en ese tiem­po se ocu­pa­ban facul­ta­des, se pro­mo­vía el libre deba­te, se empe­za­ban a plan­tear las cues­tio­nes de géne­ro, se crea­ban las comu­nas, o sea, había todo tipo de prác­ti­cas polí­ti­cas extra­or­di­na­ria­men­te dife­ren­tes. Uno de los refe­ren­tes teó­ri­cos era la Escue­la de Frank­furt. Enton­ces empe­cé a leer a Horkhei­mer, a Mar­cu­se, y por supues­to a auto­res jóve­nes de la épo­ca. Ade­más en Ale­ma­nia había mucha emi­gra­ción espa­ño­la. Entré en con­tac­to con los gru­pos de obre­ros espa­ño­les que esta­ban tra­ba­jan­do en las cer­ca­nías de Hei­del­berg, que vivían en habi­ta­cio­nes de made­ra, dor­mían en lite­ras, tenían un come­dor para todos y no vivían con la fami­lia por­que la habían deja­do en Espa­ña. Empe­cé a vivir más direc­ta­men­te sus luchas. En esa épo­ca el SDS tenía mucho inte­rés en los obre­ros inmi­gran­tes, espe­cial­men­te los espa­ño­les, tur­cos, ita­lia­nos y yugos­la­vos, por­que con­si­de­ra­ban que el obre­ro ale­mán esta­ba ya asi­mi­la­do pero que el inmi­gran­te por sus con­di­cio­nes de vida, pre­ca­rie­dad y difi­cul­ta­des, supo­nía una espe­cie de fer­men­to revo­lu­cio­na­rio. Noso­tros nos íba­mos a repar­tir infor­ma­ción a las puer­tas de las fábri­cas por la maña­na, inten­tá­ba­mos orga­ni­zar­los. Yo hacía de tra­duc­to­ra de los obre­ros espa­ño­les por­que ellos no com­pren­dían el ale­mán. En esa épo­ca me empe­cé a con­cien­ciar. En el 68 y 69 estu­dié poco aun­que me man­tu­vie­ron la beca, pero fue una eta­pa de des­cu­bri­mien­to de toda la rique­za de los movi­mien­tos y del pen­sa­mien­to crí­ti­co que no cono­cía. Empe­cé a leer a Marx, y bueno, con paso ace­le­ra­do me metí en el Par­ti­do Comu­nis­ta de Espa­ña, que era lo más orga­ni­za­do.

Por esa épo­ca cono­cí a quien lue­go sería mi mari­do. Era un cua­dro medio del PCE. La Direc­ción deci­dió que vol­vié­ra­mos a Espa­ña: habían mata­do a Ruano, que era un diri­gen­te estu­dian­til y había que hacer la revo­lu­ción. Por eso vol­vi­mos, para hacer la revo­lu­ción en su sen­ti­do más clá­si­co.

EL PCE era un Par­ti­do un poco extra­ño: exis­tía el Par­ti­do del inte­rior, que era clan­des­tino, y la Direc­ción exter­na, una par­te de la cual esta­ba en Paris y la otra en Mos­cú. La estruc­tu­ra era cla­ra­men­te esta­li­nis­ta. Sin embar­go la estra­te­gia insis­tía en la lucha anti­fran­quis­ta y la trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca. La prác­ti­ca polí­ti­ca en el inte­rior trans­cu­rría en la clan­des­ti­ni­dad, pero era bas­tan­te abier­ta, por­que aun­que está­ba­mos orga­ni­za­dos por célu­las, era impo­si­ble con­tro­lar­nos, o sea, tenía­mos capa­ci­dad para inter­ve­nir en el movi­mien­to estu­dian­til, en las fábri­cas, en los gru­pos de muje­res, etc. La auto­no­mía inter­na de los mili­tan­tes era muy alta, aun­que la estruc­tu­ra fue­ra esta­li­nis­ta.

La vuel­ta a Espa­ña fue bas­tan­te trau­má­ti­ca por dife­ren­tes razo­nes. Estu­ve prác­ti­ca­men­te unos 8 años mili­tan­do acti­va­men­te en dife­ren­tes movi­mien­tos, leyen­do por mi cuen­ta pero sin poder entrar en la uni­ver­si­dad, era muy difí­cil. Como licen­cia­da, di cla­ses en Ins­ti­tu­tos de ense­ñan­za media y segui­mos con el acti­vis­mo has­ta que en el 75 murió Fran­co. Enton­ces nos encon­tra­mos con que la trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca de nues­tro país fue por una vía com­ple­ta­men­te dis­tin­ta. Mien­tras que la base del Par­ti­do seguía pen­san­do que se daría una trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca hacia un Socia­lis­mo nue­vo, que había que dis­cu­tir cómo sería, por­que no podía ser un Socia­lis­mo de Esta­do aun­que sí debía dar paso a prác­ti­cas socia­lis­tas, por toda una serie de razo­nes la tran­si­ción fue una espe­cie de pac­to entre el sec­tor fran­quis­ta de la últi­ma épo­ca y las nue­vas fuer­zas emer­gen­tes y los nue­vos Par­ti­dos. Sobre ese pac­to noso­tros, la base del Par­ti­do, no tuvi­mos nada que decir: entre los acuer­dos se pac­tó reins­ta­lar la monar­quía, esta­ble­cer una demo­cra­cia mera­men­te for­mal y fijar unos pac­tos socia­les que debi­li­ta­ron a los tra­ba­ja­do­res. En cier­ta for­ma era de risa, por­que la con­sig­na del par­ti­do era “Movi­li­zar para Pac­tar y Pac­tar para Movi­li­zar” y noso­tros decía­mos “Movi­li­zar para Pac­tar y Pac­tar para Des­mo­vi­li­zar”. La con­se­cuen­cia del pac­to no era una movi­li­za­ción sino una des­mo­vi­li­za­ción, era todo un cuen­to. Cuan­to más se pac­ta­ba, mayor era la des­mo­vi­li­za­ción. Mien­tras, lle­ga­ban con­sig­nas de con­ten­ción: “Ojo con los Movi­mien­tos”, “Ojo con las Fábri­cas”, “Ojo con los Estu­dian­tes”.

El ase­si­na­to de los abo­ga­dos labo­ris­tas en el 77 gene­ró un mie­do terro­rí­fi­co: pen­sá­ba­mos que nos iban a matar, que has­ta ese momen­to había dura­do la tran­si­ción blan­da pero iba a empe­zar una tran­si­ción dura. Pen­sá­ba­mos que la dere­cha iría a por noso­tros. En cam­bio lo que hubo fue una des­mo­vi­li­za­ción gene­ral cal­ma­da y tran­qui­la. La Direc­ción vol­vió. Carri­llo se ins­ta­ló en Espa­ña. Vol­vie­ron los vie­jos exi­lia­dos. Reto­ma­ron el con­trol del Par­ti­do y lo trans­for­ma­ron. Cam­bia­ron inclu­so, la orga­ni­za­ción inter­na; éste me pare­ce un tema impor­tan­te por­que noso­tros está­ba­mos orga­ni­za­dos por célu­las sec­to­ria­les: movi­mien­to estu­dian­til, movi­mien­to obre­ro, movi­mien­to de barrios, movi­mien­to de muje­res. Las célu­las eran como núcleos de acti­vis­tas en el seno de los movi­mien­tos socia­les. Carri­llo impul­só una reor­ga­ni­za­ción de tal mane­ra que las célu­las fue­ran terri­to­ria­les, o sea por barrios. ¿Qué ocu­rrió? Muchos de noso­tros aun­que vivié­ra­mos en un deter­mi­na­do barrio, no cono­cía­mos a los veci­nos. Per­di­mos esa inser­ción en los movi­mien­tos socia­les que eran tan poten­tes y no gana­mos una inser­ción en el vecin­da­rio aun­que en algu­nas zonas éste tuvie­ra mucho movi­mien­to. La prue­ba es que el úni­co movi­mien­to que siguió fun­cio­nan­do duran­te años fue el movi­mien­to veci­nal. Pero para el res­to de los mili­tan­tes fue un desas­tre.

Y hablo del 75, cuan­do Fran­co murió. El PCE en las pri­me­ras elec­cio­nes del 78 sufrió un bata­ca­zo muy fuer­te. A par­tir de ahí se gene­ró una espe­cie de des­áni­mo. ¿Qué podía­mos hacer? O bien inser­tar­nos en la polí­ti­ca ins­ti­tu­cio­nal o bien dedi­car­nos a otro tipo de cosas. Fue enton­ces cuan­do empe­cé a pen­sar en la tesis y sur­gió el tema que lue­go tra­té en el libro La Inven­ción del Mar­xis­mo. Me pre­gun­ta­ba cómo era posi­ble que si el mar­xis­mo había sur­gi­do como una teo­ría de la prác­ti­ca de lucha del movi­mien­to obre­ro se hubie­ra trans­for­ma­do en una espe­cie de códi­go, códi­go que en una prác­ti­ca de lucha como la que yo he vivi­do, lo que san­cio­na es una des­mo­vi­li­za­ción, un pac­to, una entre­ga sin remi­sión de los movi­mien­tos popu­la­res a nue­vas oli­gar­quías domi­nan­tes. ¿Cómo pen­sar eso?, ¿cómo es posi­ble esa para­do­ja? Ahí sur­gió la inves­ti­ga­ción que arro­jó mi pri­mer libro La inven­ción del mar­xis­mo.

Felix: En ese tiem­po te rein­cor­po­ras a la uni­ver­si­dad, a la vida aca­dé­mi­ca, a ense­ñar Filo­so­fía, ya tenías una pers­pec­ti­va dife­ren­te, una inten­si­dad y ardor vivi­do que te impo­nía otros derro­te­ros. ¿Podrías hablar­nos de ello?

Sí, con­se­guí un con­tra­to total­men­te pre­ca­rio, por dos años, en el 76, jus­to des­pués de la muer­te de Fran­co, como pro­fe­so­ra de Lógi­ca y Filo­so­fía. No era el cam­po que más me gus­ta­ba, pero ya había tra­ba­ja­do con el pro­fe­sor Manuel Sacris­tán, quien fue men­tor de la lógi­ca for­mal en Espa­ña, y cono­cía bas­tan­te esta cues­tión. En Espa­ña la lógi­ca for­mal no se había tra­ba­ja­do mucho, impe­ra­ba la lógi­ca aris­to­té­li­ca clá­si­ca. Enton­ces ahí tenía cier­ta opor­tu­ni­dad. Pero por esos meses sur­gió un pro­ble­ma: el PCE no esta­ba reco­no­ci­do, no era legal toda­vía. Me denun­cia­ron como mili­tan­te del Par­ti­do y me echa­ron. Estu­ve como 2 años sin tra­ba­jo. Y deci­dí cam­biar a His­to­ria de la Filo­so­fía. Con­se­guí un con­tra­to como ayu­dan­te y empe­cé a hacer la tesis doc­to­ral.

Felix: ¿Y todo esto suce­de en Madrid?

Sí, noso­tros había­mos regre­sa­do a Madrid en el 70. Bus­qué un direc­tor de tesis. Le dije que tra­ta­ría el con­cep­to de liber­tad de Marx, que era lo que a mi me intere­sa­ba. Él me dijo que una tesis sobre Marx la veía difí­cil. Te hablo ya del 77. Lue­go acep­tó.

Mi direc­tor de Tesis fue Oswal­do Mar­quet, un hom­bre que había estu­dia­do en Ale­ma­nia, aho­ra está ya jubi­la­do, había sido pro­fe­sor en la uni­ver­si­dad de Lis­boa, era espe­cia­lis­ta en Fich­te, un autor un poco com­ple­jo por­que tie­ne una ver­tien­te de pen­sa­dor román­ti­co, o ilus­tra­do, pero tam­bién mues­tra ras­gos de un pen­sa­mien­to nacio­na­lis­ta, inclu­so pre-fas­cis­ta. A este pro­fe­sor le intere­sa­ba espe­cial­men­te la ver­tien­te román­ti­ca, pero ade­más cono­cía el idea­lis­mo clá­si­co ale­mán. Acep­tó diri­gir la tesis pero me acla­ró que tenía que tra­ba­jar por mi cuen­ta por­que no cono­cía bien a Marx. Sin embar­go tuve la suer­te de que este hom­bre había vivi­do la revo­lu­ción por­tu­gue­sa, y, aun­que tenía una lec­tu­ra un tan­to idea­lis­ta de lo que era una revo­lu­ción, sim­pa­ti­za­ba con el pen­sa­mien­to de izquier­das. Para él una revo­lu­ción era un cam­bio des­de la nada; la inter­pre­ta­ba a par­tir de Fich­te y del Roman­ti­cis­mo. Para mi una revo­lu­ción no es un cam­bio a par­tir de la nada, impli­ca toda una tra­ma eco­nó­mi­ca, social, cul­tu­ral. Pero acep­tó diri­gir la tesis.

Lue­go empe­cé a tra­ba­jar en el libro La inven­ción del mar­xis­mo a par­tir de la idea de que cuan­do Marx murió, el mar­xis­mo no exis­tía; se tra­ta de una cons­truc­ción teó­ri­ca que sur­ge en el mar­co del movi­mien­to obre­ro y espe­cí­fi­ca­men­te el movi­mien­to obre­ro ale­mán social-demó­cra­ta. Lue­go había que ras­trear toda esa his­to­ria. Tuve en cuen­ta, ade­más, que todo lo que enten­de­mos como codi­fi­ca­ción mar­xis­ta pre-leni­nis­ta o social­de­mó­cra­ta, se da en el mar­co del pen­sa­mien­to posi­ti­vis­ta que apor­tan sobre todo Kautsky, Berns­tein, etc., y que san­cio­na una situa­ción his­tó­ri­ca muy espe­cí­fi­ca que es la del pri­mer movi­mien­to obre­ro. Por tan­to ese Mar­xis­mo es muy ambi­guo por­que su teo­ría no es una teo­ría de la revo­lu­ción sino de la evo­lu­ción.

Esa evo­lu­ción his­tó­ri­ca, en un deter­mi­na­do momen­to de cri­sis, va a per­mi­tir que el movi­mien­to obre­ro haga ese cam­bio. Pero esa teo­ría no abor­da la pro­pia cons­truc­ción sub­je­ti­va del movi­mien­to obre­ro como actor revo­lu­cio­na­rio, sino que supo­ne que, en un deter­mi­na­do momen­to his­tó­ri­co, ese movi­mien­to obre­ro que en reali­dad es tre­men­da­men­te pasi­vo, va a poder ser acti­va­do por un par­ti­do de van­guar­dia para poder estar a la altu­ra del momen­to his­tó­ri­co. Por eso Rosa Luxem­bur­go tuvo tan­tos pro­ble­mas: ella insis­tía en que una revo­lu­ción impli­ca la exis­ten­cia de un suje­to polí­ti­co acti­vo. Lue­go no pue­de ser com­pa­ti­ble con una teo­ría de la his­to­ria de cor­te posi­ti­vis­ta- evo­lu­ti­vo. Cla­ro, la media­ción que los social­de­mó­cra­tas inven­tan y que lue­go el Par­ti­do mar­xis­ta-leni­nis­ta sigue, es la media­ción a tra­vés del par­ti­do, la van­guar­dia que de algu­na mane­ra atis­ba ese momen­to his­tó­ri­co y acti­va a ese suje­to.

Pero a mi modo de ver, aun­que a Rosa Luxem­bur­go se la cla­si­fi­que de espon­ta­neís­ta, tie­ne razón en pre­gun­tar­se cuál es la garan­tía de que esa van­guar­dia acier­te con el momen­to his­tó­ri­co y pue­da acti­var a ese suje­to si no está inmer­so, de algu­na mane­ra, en la pro­pia cons­truc­ción del suje­to pro­le­ta­rio, que des­de sí pue­da trans­for­mar la his­to­ria. ¿Qué garan­tía tene­mos de que esa van­guar­dia revo­lu­cio­na­ria va a dar con la coyun­tu­ra? Es ver­dad que Lenin lo con­si­gue, entien­de la coyun­tu­ra y acti­va el movi­mien­to para con­ver­tir­se en un por­ta­voz de todas estas luchas, pero es casi la excep­ción y no la regla. O sea que, real­men­te, la teo­ría del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co enten­di­da al modo tra­di­cio­nal, más bien con­du­ce a la pasi­vi­dad que a la acti­vi­dad revo­lu­cio­na­ria.

El tema de la tesis era más filo­só­fi­co, se tra­ta­ba del con­cep­to de liber­tad de Marx. Defien­do que el con­cep­to de Marx no coin­ci­de con el de Engels; una sín­te­sis de este tra­ba­jo está reco­gi­da en un capí­tu­lo del últi­mo libro, Deseo[y]libertad. En ella tam­bién tuve que tra­ba­jar el con­cep­to de liber­tad en Hegel, en los román­ti­cos, Kant, Fich­te, etc. Mi tesis es que Engels natu­ra­li­za ese con­cep­to por­que no es cier­to, a mi modo de ver, que el con­cep­to de liber­tad en Marx sea el de “nece­si­dad his­tó­ri­ca”. Es un con­cep­to dis­tin­to. Es un con­cep­to de la liber­tad como crea­ción, acti­vi­dad, poten­cia­ción de la pro­pia sub­je­ti­vi­dad obre­ra.

En un tex­to pos­te­rior, publi­ca­do en ale­mán y titu­la­do Kaustk­ya­nis­mus, dis­cu­to la heren­cia kaustk­ya­na en la tra­di­ción mar­xis­ta. Con pre­gun­tas como: ¿por qué Kaustky se enfren­ta a Lenin? ¿Y por qué Lenin le mal­di­ce? Mues­tro la evo­lu­ción de Lenin quien en 1902 dice que Kaustky es el pri­mer mar­xis­ta, en 1905 dice que es un rene­ga­do, y en 1918 le til­da de revi­sio­nis­ta, por­que la pro­pia revo­lu­ción bol­che­vi­que lo lle­va a endu­re­cer sus posi­cio­nes, a la vez que Kaustky endu­re­ce tam­bién las suyas fren­te a los bol­che­vi­ques. Un momen­to cru­cial es la revo­lu­ción en Geor­gia, que Kautsky cata­lo­ga de locu­ra terro­ris­ta de masas y no mar­xis­ta. Creo que Lenin enten­dió la coyun­tu­ra y Kautsky no la enten­dió. Kautsky temía que esa polí­ti­ca acti­va­ra de tal for­ma las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias que no fue­ra posi­ble cana­li­zar­las. O sea, él lo que dice es que los bol­che­vi­ques se ven reba­sa­dos por su pro­pia prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria. Y enton­ces adop­tan una tác­ti­ca de repre­sión. Lo que no entien­de es que jus­ta­men­te una revo­lu­ción es un pro­ce­so extra­or­di­na­ria­men­te cons­truc­ti­vo, y que por tan­to en ese con­flic­to hay que tomar deci­sio­nes, a veces com­pli­ca­das. Como él pien­sa en la armo­nía uni­ver­sal, y pre­sen­ta la revo­lu­ción como un pro­ce­so en el que todos nos vamos a poner de acuer­do, de hoy para maña­na, y no habrá con­flic­tos, la prác­ti­ca leni­nis­ta no la pue­de enten­der, o sea, le pare­ce un horror. De ahí esa tesis, que toda­vía cir­cu­la en la crí­ti­ca inter­na­cio­nal, y que empa­ren­ta terro­ris­mo de dere­cha, Hitler, y terro­ris­mo de izquier­da, el bol­che­vis­mo. Es Kaustky, quien seña­la que la prác­ti­ca polí­ti­ca comu­nis­ta es la que está lle­van­do a una agu­di­za­ción de la lucha de cla­ses cuan­do lo que los socia­lis­tas ten­drían que hacer es parar la lucha de cla­ses, debi­li­tar­la, poner­le diques; por­que cuan­do los tra­ba­ja­do­res, el pue­blo se suble­va, pue­de pasar cual­quier cosa.

Felix: Y esto coin­ci­de con tu expe­rien­cia real en Espa­ña.

Exac­ta­men­te. Resul­ta que los par­ti­dos comu­nis­tas lle­van una prác­ti­ca social demó­cra­ta aun­que su retó­ri­ca no lo sea. Mi expe­rien­cia es que los par­ti­dos comu­nis­tas euro­peos han lle­va­do una prác­ti­ca social­de­mó­cra­ta a par­tir bási­ca­men­te de los años 50. Se han trans­for­ma­do en par­ti­dos social­de­mó­cra­tas, con otra ter­mi­no­lo­gía, con otro nom­bre, pero la prác­ti­ca así lo dice.

Felix: O sea, escri­bes tu tesis, desa­rro­llas tu tema, y eso ocu­rre en los años ochen­ta.

Sí, la pre­sen­té en el 82.

Felix: Y todo este arse­nal de estu­dios, de bús­que­da en el mar­xis­mo, en su his­to­ria, en el des­cu­bri­mien­to de su esta­ble­ci­mien­to, ¿tú lo lle­vas a la docen­cia?

Sí. Pre­sen­té la tesis en el 82. Si recor­dáis, el Muro de Ber­lin cayó en el 89. Mien­tras que el mar­xis­mo fue hege­mó­ni­co en la tra­di­ción euro­pea has­ta prác­ti­ca­men­te el 81, o el 82, inclu­so el 83, a par­tir de esa épo­ca se pro­du­jo un des­ca­la­bro total; los vie­jos mar­xis­tas dije­ron que ya no ser­vía para nada, y vino el auge del post­mo­der­nis­mo. Des­de mitad de los ochen­ta impar­to un cur­so que se lla­ma Mar­xis­mo y Movi­mien­to Obre­ro, ese cur­so toda­vía sigue; ¡ima­gí­na­te!, des­de el 83. La mate­ria ha ido cam­bian­do duran­te estos años: he tra­ta­do el pen­sa­mien­to de Marx, y lue­go he ido intro­du­cien­do otras cosas. La ver­dad es que se ha con­ver­ti­do en un clá­si­co por­que sigo tenien­do alum­nos. Es un cur­so muy deman­da­do, abier­to a todos los estu­dian­tes, no sólo a Filo­so­fía, sino a todos los estu­dian­tes de la Com­plu­ten­se.

Leer a Marx en una Uni­ver­si­dad euro­pea, o espa­ño­la para el caso, y para alum­nos de todas las carre­ras, no sólo filó­so­fos, exi­ge, a mi modo de ver, algu­nas con­di­cio­nes: la pri­me­ra es aden­trar­se en el pro­pio tex­to de Marx, aun­que lo mis­mo vale para Engels o para cual­quier otro teó­ri­co de la tra­di­ción mar­xis­ta. Se tra­ta de una tra­di­ción muy rica y extra­or­di­na­ria­men­te vin­cu­la­da a las luchas socia­les y polí­ti­cas de los siglos. XIX y XX. Por tan­to no se pue­de, o a mi enten­der no se debe, leer como una his­to­ria en la que unos tex­tos o auto­res se siguen de otros, sino como un mar­co de pen­sa­mien­to, como un para­dig­ma que ha inten­ta­do pen­sar las rela­cio­nes socia­les pro­duc­ti­vas en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta y las posi­bi­li­da­des de su trans­for­ma­ción a par­tir de un suje­to revo­lu­cio­na­rio que es, en pri­me­ra ins­tan­cia, el movi­mien­to obre­ro pero que no exclu­ye a otros movi­mien­tos socia­les. La segun­da con­di­ción es que se tra­ta de una tra­di­ción que cuen­ta con un léxi­co extra­or­di­na­ria­men­te amplio y pre­ci­so, un voca­bu­la­rio en el que tér­mi­nos como capi­tal, plus­va­lor, fuer­za de tra­ba­jo, acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, apro­pia­ción, ren­ta, etc, tie­nen unos sig­ni­fi­ca­dos pre­ci­sos que for­man el esque­le­to de la teo­ría. Esos tér­mi­nos hay que cono­cer­los y tra­tar­los ade­cua­da­men­te pues­to que dan la cla­ve para entrar en el enma­ra­ña­do mun­do de las rela­cio­nes socia­les y eco­nó­mi­cas des­de un pun­to de vis­ta dis­tin­to del de las teo­rías eco­nó­mi­cas al uso. A mi modo de ver ahí está gran par­te de su poten­cial crí­ti­co: el que per­mi­te ver el sis­te­ma capi­ta­lis­ta como un com­ple­jo entra­ma­do de explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, por lo que cam­bia el ángu­lo del aná­li­sis: no se tra­ta de com­pro­bar la efi­ca­cia del sis­te­ma sino de poner al des­cu­bier­to su diná­mi­ca de explo­ta­ción, y eso el aná­li­sis de Marx lo posi­bi­li­ta, mien­tras que otras teo­rías eco­nó­mi­cas lo encu­bren. En ter­cer lugar y dado que la tra­di­ción mar­xis­ta es tan amplia, cuen­ta con varie­dad de auto­res y de temá­ti­cas que abar­can gran par­te de las pro­ble­má­ti­cas de las cien­cias socia­les y que se entre­te­jen con pro­ble­mas can­den­tes en deter­mi­na­dos perio­dos his­tó­ri­cos o en deter­mi­na­das lati­tu­des. Así por ejem­plo todo el deba­te sobre refor­ma y/​o revo­lu­ción, la cues­tión del poder, la cues­tión agra­ria y la explo­ta­ción del cam­po, la acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria con sus deri­va­dos hacia la expro­pia­ción de las tie­rras comu­na­les, el tema del dine­ro y la cri­sis finan­cie­ra – tema de gran actua­li­dad, etc. Tal vez lo más difí­cil sea leer a Marx sin los ante­ojos de todo lo que se ha dicho sobre él, pero eso pasa con todos los clá­si­cos y él es, sin duda, uno de los gran­des. Por últi­mo, y esto enla­za con el pun­to dos, estos aná­li­sis son intere­san­tes para gene­ra­cio­nes jóve­nes que se enfren­tan al pro­ble­ma de que­rer cam­biar el sis­te­ma capi­ta­lis­ta, para lo que se nece­si­ta cono­cer su diná­mi­ca inter­na, cosa difí­cil cuan­do ese sis­te­ma, en vigor des­de hace casi qui­nien­tos años, se pre­sen­ta a sí mis­mo como un sis­te­ma “natu­ra­li­za­do”, mejor que cual­quier sis­te­ma alter­na­ti­vo. Ligar su estu­dio al de aque­llos movi­mien­tos socia­les que han inten­ta­do des­truir­lo o al menos resis­tir a él, per­mi­te leer la his­to­ria de un modo no lineal ni mecá­ni­co-evo­lu­ti­vo sino como ciclos de lucha de cla­ses, de con­flic­tos socia­les, polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos cuyos agen­tes han echa­do mano de for­ma crea­ti­va de aque­llos con­cep­tos.

¿Y que lugar han ocu­pa­do los estu­dios de géne­ro?

A par­tir de los años 90 he dedi­ca­do mucha mayor aten­ción a la cues­tión de géne­ro. Posi­ble­men­te ten­ga que ver con expe­rien­cias per­so­na­les y esté liga­do a la cons­ta­ta­ción de que, inclu­so en socie­da­des apa­ren­te­men­te igua­li­ta­rias en este aspec­to, como la espa­ño­la actual­men­te, per­vi­ven las dis­cri­mi­na­cio­nes de géne­ro en tan­tos y tan­tos ámbi­tos: en el eco­nó­mi­co, en el labo­ral, en el polí­ti­co, en el cul­tu­ral, etc. Arran­qué de un posi­cio­na­mien­to explí­ci­ta­men­te femi­nis­ta, aun­que dis­tan­te en rela­ción al deno­mi­na­do “femi­nis­mo de la igual­dad”, por con­si­de­rar que aun­que esa corrien­te del femi­nis­mo ha con­tri­bui­do a com­ba­tir la dis­cri­mi­na­ción de géne­ro, par­te de unas con­si­de­ra­cio­nes filo­só­fi­cas que me resul­tan bas­tan­te aje­nas. Por eso he estu­dia­do con mayor ahín­co el femi­nis­mo de raíz mar­xis­ta y socia­lis­ta, como el repre­sen­ta­do por Cla­ra Zet­kin y Ale­jan­dra Kollon­taï; las anar­quis­tas espa­ño­las de los años 30; las femi­nis­tas ita­lia­nas de Lot­ta fem­mi­ni­le duran­te los 70, las polé­mi­cas del “femi­nis­mo de la dife­ren­cia” y los aná­li­sis de Luce Iri­ga­ray y de Ros­si Brai­dot­ti, o el eco­fe­mi­nis­mo. Algu­nos de mis artícu­los de los 90 y un capí­tu­lo en el libro Deseo[y] liber­tad, ante­rior­men­te men­cio­na­do, tra­tan de esas cues­tio­nes. Jun­ta­men­te con otras pro­fe­so­ras he impul­sa­do en la Facul­tad de Filo­so­fía una línea de inves­ti­ga­ción sobre teo­ría femi­nis­ta que ofre­ce cur­sos y sos­tie­ne tra­ba­jos de inves­ti­ga­ción en teo­ría femi­nis­ta.

Simul­tá­nea­men­te for­mo par­te de un colec­ti­vo deno­mi­na­do Labo­ra­to­rio femi­nis­ta de Madrid en el que dis­cu­ti­mos temas que se plan­tean actual­men­te en los movi­mien­tos femi­nis­tas y de muje­res, e inten­ta­mos abor­dar­los de un modo nue­vo. Se tra­ta de cues­tio­nes como la “mater­ni­dad”, en lo que esta­mos tra­ba­jan­do actual­men­te, la “pros­ti­tu­ción”, sobre lo que hici­mos unas jor­na­das y un taller, o la cues­tión del tra­ba­jo y la repro­duc­ción, reco­gi­do en el libro Trans­for­ma­cio­nes del tra­ba­jo des­de una pers­pec­ti­va femi­nis­ta ( Madrid, 2006). Son temas que afec­tan direc­ta­men­te a las muje­res de hoy que ya no sufren, en muchos casos, los pro­ble­mas de dis­cri­mi­na­ción de tiem­pos ante­rio­res, pero que segui­mos tenien­do pro­ble­mas a la hora de tema­ti­zar esas y otras cues­tio­nes. ¡Qué duda cabe de que los movi­mien­tos de muje­res y la pro­pia for­ma de vivir de muchas muje­res actual­men­te está abrien­do cami­nos nue­vos para noso­tras, en muchos aspec­tos iné­di­tos y que nos fal­tan mode­los con los que con­fron­tar­nos! Duran­te dema­sia­do tiem­po el ser-mujer se ha vis­to como algo “natu­ral” por lo que, al rom­per esta pre­ten­di­da natu­ra­li­dad, nos encon­tra­mos con la nece­si­dad de “inven­tar­nos”, de escu­dri­ñar nues­tra his­to­ria, de con­tar­nos nues­tras expe­rien­cias, de inven­tar­nos nue­vos pro­to­ti­pos de mujer en los que nos sin­ta­mos a gus­to. Esta refle­xión nos pare­ce fun­da­men­tal para que las muje­res jóve­nes y las chi­cas de hoy encuen­tren pun­tos de suje­ción en la cons­truc­ción de su sub­je­ti­vi­dad.

Fuen­te: http://​www​.corren​troig​.org/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​576

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