Des­nu­dan­do a los “due­ños de la pala­bra” en Amé­ri­ca Lati­na – Danie­la Estra­da IPS( Cubadebate)

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SANTIAGO, 4 may (IPS) – “Si no estu­vie­ra tan con­cen­tra­da la ‘pala­bra’, la situa­ción de des­igual­dad de Amé­ri­ca Lati­na sería más cues­tio­na­da”, sen­ten­cia el aca­dé­mi­co Mar­tín Bece­rra, quien pre­sen­tó este mar­tes en la capi­tal chi­le­na su últi­ma inves­ti­ga­ción sobre los medios de comu­ni­ca­ción de la región.

“Los Due­ños de la Pala­bra. Acce­so, estruc­tu­ra y con­cen­tra­ción de los medios en la Amé­ri­ca Lati­na del Siglo XXI”, se titu­la el libro escri­to por Bece­rra jun­to a su com­pa­trio­ta Gui­ller­mo Mas­tri­ni, publi­ca­do en 2009 en Argen­ti­na gra­cias al apo­yo del no guber­na­men­tal Ins­ti­tu­to Pren­sa y Socie­dad, con sede en Lima.

Ambos aca­dé­mi­cos publi­ca­ron en 2006 “Perio­dis­tas y mag­na­tes”, la pri­me­ra par­te de esta inves­ti­ga­ción que pre­ten­den actua­li­zar cada cua­tro años sobre las lla­ma­das indus­trias “info­co­mu­ni­ca­cio­na­les”: pren­sa, radio, tele­vi­sión abier­ta y por cable, edi­to­rial grá­fi­ca, fono­gra­fía, cine­ma­to­gra­fía, tele­fo­nía fija y móvil e Internet.

IPS: ¿Quié­nes son los “due­ños de la pala­bra” en Amé­ri­ca Latina?

MARTIN BECERRA: Son pocos gru­pos con una influen­cia deci­si­va en las acti­vi­da­des “info­co­mu­ni­ca­cio­na­les”. Los más impor­tan­tes son Glo­bo, Tele­vi­sa, Cla­rín, Pri­sa, Cis­ne­ros y el gru­po del mexi­cano Ángel Gon­zá­lez, con gran pre­sen­cia en Amé­ri­ca Cen­tral. En tele­co­mu­ni­ca­cio­nes están Tel­mex y Telefónica.

El pano­ra­ma lati­no­ame­ri­cano se repro­du­ce a esca­la nacio­nal. En Chi­le, por ejem­plo, tie­nes a la fami­lia Edwards (due­ña de la cade­na de dia­rios El Mer­cu­rio) y a Álva­ro Saieh (pro­pie­ta­rio de Con­sor­cio Perio­dís­ti­co de Chile).

IPS: ¿Tie­nen algún per­fil común estos gru­pos y magnates?

MB: El ori­gen de muchos de ellos está liga­do a una figu­ra patriar­cal, de caci­que, muy al esti­lo de los lide­raz­gos polí­ti­cos y empre­sa­ria­les latinoamericanos.

La figu­ra del “Pater fami­lias” (padre de fami­lia) que se abre camino con méto­dos no siem­pre muy prís­ti­nos, como que­da cla­ro en inves­ti­ga­cio­nes como “Los mag­na­tes de la pren­sa”, de la perio­dis­ta chi­le­na María Oli­via Mönc­ke­berg (2009). La acu­mu­la­ción de sus for­tu­nas, en algu­nos casos, está liga­da a nego­cios con gobier­nos dictatoriales.

En las últi­mas déca­das se han recon­ver­ti­do y diver­si­fi­ca­do. Hoy habla­mos de con­glo­me­ra­dos que tie­nen des­de finan­cie­ras has­ta radios y cade­nas de tele­vi­sión. Antes eran empre­sa­rios de medios, aho­ra son enor­mes gru­pos eco­nó­mi­cos, que, para faci­li­tar su acción en el res­to de la eco­no­mía, nece­si­tan medios de comu­ni­ca­ción que les sir­van de poder de lobby.

IPS: ¿Qué mira­da está repre­sen­ta­da por estos gran­des medios? Mönc­ke­berg dice que en Chi­le es la dere­cha neo­li­be­ral ultraconservadora…

MB: En gene­ral son de dere­cha. Por­que defien­den el sta­tu quo. Estos gru­pos no podrían haber alcan­za­do el tama­ño que tie­nen, que, dicho de paso, esta­ría prohi­bi­do en paí­ses desa­rro­lla­dos, si no fue­se por la com­pla­cen­cia de un poder polí­ti­co que en algu­nos casos estu­vo en manos de dictadores.

El poder polí­ti­co los ha bene­fi­cia­do con unos pri­vi­le­gios que se ter­mi­na­rían con cual­quier refor­ma que aspi­re a demo­cra­ti­zar el sis­te­ma de medios, que es algo que está en la agen­da lati­no­ame­ri­ca­na hoy.

IPS: ¿Cuál es la mag­ni­tud de la con­cen­tra­ción de medios en Amé­ri­ca Latina?

MB: Más de 82 por cien­to de todas las acti­vi­da­des de infor­ma­ción y comu­ni­ca­ción están en manos de los cua­tro pri­me­ros ope­ra­do­res, que, como esto es un pro­me­dio, cam­bian de país en país. La influen­cia de estos acto­res es desmedida.

A esto hay que agre­gar­le que en Amé­ri­ca Lati­na, con la excep­ción a medias de (la esta­tal) Tele­vi­sión Nacio­nal de Chi­le, no hay medios públi­cos al esti­lo de la BBC. En este pano­ra­ma no hay un equi­li­brio, una fuer­za públi­ca que pue­da com­pen­sar la influen­cia de los gran­des medios comerciales.

Esto habla mucho de las socie­da­des des­igua­les que cons­trui­mos en Amé­ri­ca Lati­na, el sub­con­ti­nen­te más inequi­ta­ti­vo del pla­ne­ta. Yo creo que si no estu­vie­ra tan con­cen­tra­da la pala­bra, la situa­ción de des­igual­dad de Amé­ri­ca Lati­na sería más cuestionada.

IPS: Usted men­cio­na la agen­da demo­cra­ti­za­do­ra que se dis­cu­te hoy en la región…

MB: Sí, es una agen­da hete­ro­gé­nea, por­que los gobier­nos y los movi­mien­tos polí­ti­cos y socia­les que la impul­san son dis­tin­tos entre sí. La expe­rien­cia de Evo Mora­les en Boli­via y de Rafael Correa en Ecua­dor es muy dis­tin­ta a la de (Luiz Inácio) Lula da Sil­va en Bra­sil y de Taba­ré Vás­quez (2005−2010) en Uruguay.

Pero estas cua­tro expe­rien­cias, y podría­mos men­cio­nar tam­bién a la argen­ti­na, tie­nen en común que por pri­me­ra vez en esos paí­ses se cues­tio­na la con­cen­tra­ción y se plan­tea que los sec­to­res socia­les sin áni­mo de lucro tie­nen el mis­mo dere­cho a poseer licen­cias de radio y tele­vi­sión. Esta es una gran novedad.

IPS: ¿Cómo ana­li­za la situa­ción de paí­ses como Argen­ti­na y Vene­zue­la, cuyos gobier­nos denun­cian que los gran­des medios actúan como ver­da­de­ros par­ti­dos de oposición?

MB: La situa­ción es muy dis­tin­ta. En Vene­zue­la está la ley Resor­te (Res­pon­sa­bi­li­dad Social en Radio y Tele­vi­sión) del (pre­si­den­te Hugo) Chá­vez, con la cual estoy en des­acuer­do por­que se mete con los con­te­ni­dos. La ley argen­ti­na, no, es muy libe­ral en cuan­to a los con­te­ni­dos, cada cual pue­de decir lo que quiere.

Hay muy pocos perio­dos en la his­to­ria argen­ti­na don­de uno pue­da encon­trar reac­cio­nes tan duras del sis­te­ma de medios con­tra los pre­si­den­tes. Esto sig­ni­fi­ca que liber­tad de medios en Argen­ti­na hay.

En mi país los medios reac­cio­nan mal, y es muy inefi­caz perio­dís­ti­ca­men­te por­que reac­cio­nan como par­ti­do polí­ti­co y rom­pen lo que (el inte­lec­tual argen­tino) Eli­seo Verón lla­ma el “con­tra­to de lec­tu­ra”, la rela­ción entre el dia­rio y sus lectores.

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