El señor minis­tro tie­ne las reglas – Anto­nio Álva­rez Sólis

«Es tiem­po de cla­ri­dad». La fra­se es de Pérez Rubal­ca­ba, y con ella per­si­gue res­tar impor­tan­cia y cre­di­bi­li­dad a la deci­di­da apues­ta de la izquier­da aber­tza­le por las vías demo­crá­ti­cas. Alva­rez-Solís ase­gu­ra que «con­de­nar a todo un colec­ti­vo social como res­pon­sa­ble de cri­men, y aún más, de cri­men poten­cial, sólo pue­de hacer­lo quien mane­ja el poder auto­crá­ti­ca­men­te y en su pro­pio y exclu­yen­te provecho».

Vivi­mos una des­gra­cia­da épo­ca en que la rui­na de los valo­res ha dado paso al triun­fo de los dog­mas, que son la ceni­za iner­te de la hogue­ra en que se ha con­su­mi­do la éti­ca. En cual­quier momen­to del ejer­ci­cio social, eco­nó­mi­co o polí­ti­co apa­re­ce el dog­ma y clau­su­ra la liber­tad de inven­ción, ese gran pro­duc­to éti­co. Hace unos días, el per­ni­cio­so minis­tro del Inte­rior que pade­ce Espa­ña, Sr. Pérez Rubal­ca­ba, decla­ra­ba que el tra­ba­jo de la izquier­da aber­tza­le a fin de esta­ble­cer un camino para resol­ver polí­ti­ca­men­te la cues­tión vas­ca cons­ti­tu­ye «un ejer­ci­cio inú­til». Y clau­su­ra­ba esta bús­que­da de la paz median­te el ejer­ci­cio de la liber­tad con una ter­mi­nan­te afir­ma­ción: «Es el tiem­po de la cla­ri­dad». La fra­se resue­lla como la gua­da­ña en la hier­ba. Uno se pre­gun­ta cómo la cla­ri­dad, es decir, la luz, se pue­de con­tra­po­ner a la peti­ción de hacer polí­ti­ca, que es el horno en que se cue­cen las ideas sur­gi­das de la vida colectiva.

Y ahí es don­de empie­za la dog­má­ti­ca minis­te­rial. El minis­tro del Inte­rior avi­sa a los aber­tza­les de izquier­da que si quie­ren entrar en el jue­go demo­crá­ti­co ten­drán que some­ter­se a sus «reglas cla­ras». Pero ¿qué reglas son esas? La demo­cra­cia, des­de los tiem­pos de Peri­cles, se entien­de como gobierno popu­lar o gobierno regi­do por el pue­blo. Es un con­cep­to sim­ple y fun­da­men­tal que se expli­ca por sí mis­mo y que posee una sola regla: la volun­tad de crear reali­dad median­te la acción del pen­sa­mien­to liberado.

Más aún: la demo­cra­cia es, a la vez, pro­duc­to y regla de sí mis­ma por par­te­no­gé­ne­sis. Una demo­cra­cia regla­da de for­ma más com­ple­ja y amplia ‑pon­ga­mos de ejem­plo la Ley de Par­ti­dos- cons­ti­tu­ye un pro­duc­to con­ta­mi­na­do mor­tal­men­te por el poder que deter­mi­na esas reglas. Y esas reglas no pue­den sola­par­se hacién­do­las depen­der, por ejem­plo, de cual­quier con­cep­to aun­que se recla­me de pro­tec­tor de la libertad.

La mis­ma supe­di­ta­ción de la exi­gen­cia demo­crá­ti­ca a la ausen­cia de vio­len­cia, la vio­len­ta. La demo­cra­cia es cons­ti­tu­ti­va de paz per se con inde­pen­den­cia del con­torno o del entorno, que han de depu­rar­se en el ejer­ci­cio demo­crá­ti­co. Pero ahí cre­ce el torren­cial dog­ma­tis­mo ‑esa insi­dio­sa vio­len­cia pasa­da por agua ben­di­ta- del minis­tro. El minis­tro esta­ble­ce que los aber­tza­les de izquier­da no son lo que son, sino pie­zas de una orga­ni­za­ción mili­tar. Sos­la­ya acla­rar si esas pie­zas han de exa­mi­nar­se una por una o han de con­de­nar­se en con­jun­to. Lle­ga, por tan­to, a esta­ble­cer que mien­tras ETA exis­ta todo aber­za­le de izquier­da está arma­do. Sus ideas no for­man par­te de un dis­po­si­ti­vo inte­lec­tual que dise­que lo com­ple­jo para hallar un posi­ble ADN común, sino que actúan como una herra­mien­ta de ani­qui­la­mien­to masivo.

Su volun­tad de demo­li­ción le deter­mi­na a pedir que el aber­tza­lis­mo pro­gre­sis­ta ha de vali­dar­se des­ar­man­do a ETA, como si ETA no fue­ra una reali­dad sus­tan­ti­va que fun­cio­na des­de sus pro­pias ópti­cas y deci­sión. No ha con­se­gui­do des­ar­mar­la ni el minis­tro. Es decir, que si el minis­tro afir­ma que «es tiem­po de cla­ri­dad», corrom­pe su men­sa­je fun­dien­do en una úni­ca sus­tan­cia lo pro­pio de ETA con lo pro­pio del aber­tza­lis­mo político.

Y esto no lo hace con la exi­gen­cia, como quie­re un rec­to Dere­cho Penal, de pro­bar suje­to por suje­to que actúa arma­da­men­te sino cons­ti­tu­yen­do en suje­to arma­do a todo el aber­tza­lis­mo de izquier­da, con lo que, ade­más, crea un mons­truo­so y has­ta aho­ra des­co­no­ci­do suje­to penal. El Dere­cho Penal del minis­tro es un Dere­cho ópti­co ¿Es esa la cla­ri­dad que deman­da el minis­tro? Es lás­ti­ma que su cole­ga de Jus­ti­cia no expli­que al Sr. Rubal­ca­ba que los deli­tos nece­si­tan auto­res con­cre­tos y accio­nes con­cre­tas; que es per­ver­so hacer del Dere­cho una inter­pre­ta­ción ana­ló­gi­ca y exten­si­va, con cons­truc­ción induc­ti­va de prue­bas, pues tales inter­pre­ta­cio­nes aca­ban siem­pre en la dictadura.

Con­de­nar a todo un colec­ti­vo social como res­pon­sa­ble de cri­men, y aún más, de cri­men poten­cial, sólo pue­de hacer­lo quien mane­ja el poder auto­crá­ti­ca­men­te y en su pro­pio y exclu­yen­te pro­ve­cho. Eso lo hizo Hitler con los judíos, con lo que al eli­mi­nar a los ino­cen­tes redi­mió de ante­mano al judío racis­ta y geno­ci­da. Un «quien», ade­más, capaz de hur­tar el cora­zón de la demo­cra­cia para incor­po­rar­lo a su reli­ca­rio. ¿Y qué con­tie­ne el reli­ca­rio del señor minis­tro? ¡Qué sim­ple es siem­pre el cere­bro de los dictadores!

Es suma­men­te peli­gro­so esta­ble­cer reglas, cua­les­quie­ra sean, para la demo­cra­cia. En pri­mer lugar, por­que la demo­cra­cia es un sopor­te colec­ti­vo, como el aire o como la luz. Nadie que adje­ti­ve o regla­men­te el aire o la luz pue­de esca­par a la sole­dad huma­na y moral que con­lle­va esa ope­ra­ción anti­na­tu­ral. Y no es posi­ble vivir en sole­dad sin que se dete­rio­re el pro­pio ser, que se irá disol­vien­do en su pro­pia limi­ta­ción. La demo­cra­cia o es ple­na en toda su dimen­sión o deja de ser demo­cra­cia. La demo­cra­cia no fun­cio­na por tallas ni es admi­si­ble hacer­la cre­ce­de­ra como los pan­ta­lo­nes de los niños pobres.

Si pudie­ra tomar café con él ‑aun­que el café me pone muy ner­vio­so- yo le diría al señor minis­tro que está ago­tan­do dema­sia­do depri­sa, con urgen­cia peli­gro­sa, las posi­bi­li­da­des de mani­pu­la­ción cons­ti­tu­cio­nal, aun­que se tra­te de la ente­ca Cons­ti­tu­ción del 78. Me sor­pren­de mucho siem­pre que des­de Madrid se nie­gue reite­ra­da­men­te la revi­sión cons­ti­tu­cio­nal cuan­do es Madrid quien ha con­ver­ti­do la Car­ta Mag­na en papel moja­do. No hay demo­cra­cia real que pue­da ins­cri­bir­se en esa Car­ta, pero aca­ban de disol­ver­la las cons­tan­tes y rudas ini­cia­ti­vas que deno­tan opre­sión o fal­ta de fe en la pro­pia ley que se dice observar.

La Ley de Par­ti­dos, pon­ga­mos por caso, es una Cons­ti­tu­ción para­le­la, una para-Cons­ti­tu­ción. Como en los embu­dos, la Cons­ti­tu­ción tie­ne una embo­ca­du­ra rela­ti­va­men­te ancha, pero su sali­da es angos­ta y oscu­ra. Cla­ro que todo eso es la con­se­cuen­cia de que los padres cons­ti­tu­yen­tes sufrie­ran de eya­cu­la­ción pre­coz. Así les salió rácano el autonomismo.

El auto­no­mis­mo espa­ñol es un modes­to regio­na­lis­mo vigi­la­do estre­cha­men­te por los dele­ga­dos del Gobierno con la asis­ten­cia de la Guar­dia Civil, un cuer­po que inclu­so logró supe­rar el 23‑F sin que en nin­gún momen­to se habla­ra a car­ta des­cu­bier­ta de disol­ver­lo por su toma vio­len­ta del Par­la­men­to y su arrai­go fran­quis­ta, que lle­vó al fusi­la­mien­to de los guar­dias que en Cata­lun­ya sir­vie­ron leal­men­te a la Repú­bli­ca. Terri­ble repre­sa­lia que nadie recuer­da en estos momen­tos de una extra­ña recu­pe­ra­ción de la memo­ria his­tó­ri­ca. Yo me pre­gun­to si acer­ca de todo ello no habrá pen­sa­do algo el juez Gar­zón, que tan enal­te­ci­do está sien­do por sus ser­vi­cios a la liber­tad. Per­se­guir al geno­ci­da Sr. Pino­chet o a otros gran­des cri­mi­na­les es siem­pre tarea que se debe con­si­de­rar, pero hay tan­tas cosas a mano… En fin, se tra­ta de una nota pasa­je­ra y al mar­gen de lo que hoy nos ocupa.

Estoy de acuer­do con la lite­ra­li­dad de la fra­se: «Es tiem­po de cla­ri­dad». Pero la cla­ri­dad ¿ha de ilu­mi­nar­lo todo para que la liber­tad sea tal o ha de con­fun­dir a la razón para que pro­ce­da mio­pe­men­te? Esta es la cues­tión. A mí me pro­du­ce un vivo temor cuan­do los gobier­nos de Madrid, que aun­que sean de dis­tin­to color son de la mis­ma obe­dien­cia, afir­man que van a pro­ce­der con cla­ri­dad. Siem­pre me pare­ce que aca­ba­rán pro­yec­ta­do un arco iris pro­duc­to de intro­du­cir una luz ceni­cien­ta entre las nubes de la tormenta.

El país espa­ñol es muy pro­pen­so a pas­mar­se con estos agua­ce­ros ante los que uno sola­men­te pue­de ser­vir­se de un esca­so para­guas. Sobre la cues­tión vas­ca uno cons­ta­ta ‑o veri­fi­ca- una vez más que la fal­si­fi­ca­ción de con­cep­tos fun­da­men­ta­les, como el de demo­cra­cia, es lo nor­mal y repe­ti­do. La demo­cra­cia espa­ño­la es como el baca­lao, que se seca al aire.

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