Inmi­gran­tes pre­sos en Espa­ña

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Cien­tos de boli­via­nos, que no tie­nen pape­les de per­ma­nen­cia lega­li­za­dos, se encuen­tran en cen­tros de inter­na­ción, así lla­ma­dos por el gobierno espa­ñol –lo mis­mo que por otros gobier­nos euro­peos en sus pro­pios idio­mas-. Que son cien­tos, lo dicen estos datos: Ana­cle­to Cam­pe­ros Ale­gre (pre­so Nº 319) Darly Ferru­fino Cor­do­va (pre­so Nº 456) Rober­to Car­los Rocha (pre­so Nº 429); es posi­ble que muy pron­to lle­guen a miles.

Cam­pe­ros, Ferru­fino y Rocha, son boli­via­nos, están reclui­dos en ese cen­tro y se les ha dado núme­ro de iden­ti­fi­ca­ción. En aquel esta­ble­ci­mien­to hay un régi­men car­ce­la­rio con hora­rios estric­tos y penas por el menor des­or­den. Rela­ta, uno de ellos, que cier­to com­pa­ñe­ro de encie­rro fue envia­do a una cel­da soli­ta­ria por el ‘deli­to’ de haber toma­do un boca­do más de comi­da. Es posi­ble que, en una cár­cel para delin­cuen­tes comu­nes, no se cas­ti­gue con tan­ta saña; tal­vez fue así en los cam­pos de con­cen­tra­ción nazis, reedi­ta­dos duran­te la recien­te gue­rra en Yugos­la­via. ¿Cuál es la acu­sa­ción con­tra cada uno de ellos?

Ya lo sabe­mos: la Direc­ti­va de Retorno, apro­ba­da por el Par­la­men­to Euro­peo y refren­da­da por cada uno de los paí­ses de la Unión, impu­so este pro­ce­di­mien­to coac­ti­vo para expul­sar a los inmi­gran­tes que lla­man ile­ga­les. Esa masa de lati­no­ame­ri­ca­nos, afri­ca­nos y asiá­ti­cos tra­ba­jo en las tareas más pesa­das y peor paga­das para sus­ten­tar la pros­pe­ri­dad y el derro­che de todos esos paí­ses. Sus gobier­nos siem­pre pusie­ron tra­bas para no lega­li­zar su estan­cia, con el evi­den­te pro­pó­si­to de usar­los has­ta cuan­do cre­ye­ran con­ve­nien­te y, des­pués, sim­ple­men­te los expul­san. Y los están devol­vien­do a sus paí­ses.

Los gobier­nos de Nues­tra Amé­ri­ca no han teni­do la capa­ci­dad de opo­ner­se a esa ley, que es mal­di­ta para millo­nes de muje­res y hom­bres que deja­ron allí su juven­tud. La Unión Euro­pea­lo­gró, de algu­na mane­ra, que nues­tras emba­ja­das y con­su­la­dos ayu­den a la con­su­ma­ción de esas expul­sio­nes. No es posi­ble que el o la cón­sul de Boli­via, como ya lo ha hecho, les de sal­vo­con­duc­tos a nues­tros com­pa­trio­tas para que sean devuel­tos. No es posi­ble que, sin nin­gún recla­mo, se per­mi­ta que la poli­cía espa­ño­la ingre­se a las ofi­ci­nas que, cier­ta­men­te, no tie­nen extra­te­rri­to­ria­li­dad, pero mere­cen res­pe­to por repre­sen­tar a otro país. No pode­mos seguir acep­tan­do que, la razón prag­má­ti­ca de la UE ten­ga el res­pal­do de nues­tros fun­cio­na­rios en el extran­je­ro. Algo malo está pasan­do. Los cri­te­rios buro­crá­ti­cos no pue­den estar por enci­ma de los prin­ci­pios que sus­ten­ta la Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca del Esta­do Plu­ri­na­cio­nal.

- Anto­nio Pere­do Lei­gue es perio­dis­ta, sena­dor del Movi­mien­to al Socia­lis­mo (MAS) de Boli­via.

Fuen­te: Alai

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