Viet­nam: 35 años de la derro­ta de Esta­dos Uni­dos- Pren­sa Latina

Hace 35 años, el 30 de abril de 1975, los tan­ques de las Fuer­zas Arma­das Popu­la­res de Libe­ra­ción de Viet­nam pene­tra­ron los muros exte­rio­res del anti­guo Pala­cio Pre­si­den­cial de Sai­gón y sus com­ba­tien­tes iza­ron las ban­de­ras vic­to­rio­sas del Gobierno Revo­lu­cio­na­rio Pro­vi­sio­nal y del Fren­te Nacio­nal de Liberación.

La gue­rra y la ocu­pa­ción mili­tar y polí­ti­ca de Esta­dos Uni­dos, ter­mi­na­ron ese día, definitivamente.

Había pasa­do más de una déca­da des­de que, en agos­to de 1964, el gobierno de Esta­dos Uni­dos, pre­si­di­do enton­ces por Lyn­don B. John­son, había come­ti­do el gran frau­de de la auto agre­sión a un buque norteamericano.

El hecho fue cono­ci­do como «acon­te­ci­mien­tos del Gol­fo de Ton­kín» y sir­vió de pre­tex­to para ini­ciar la gue­rra aérea de des­truc­ción con­tra el Nor­te de Viet­nam y jus­ti­fi­car la gue­rra espe­cial en el Sur.

En reali­dad, des­de 1971 los esta­dou­ni­den­ses habían comen­za­do a per­der la gue­rra cuan­do no pudie­ron con­tro­lar las fron­te­ras entre Viet­nam, Laos y Cam­bo­dia por la carre­te­ra 9 y el Pen­tá­gono había sido derro­ta­do en su gue­rra meteo­ro­ló­gi­ca que tenía como obje­ti­vos dañar los diques y repre­sas del Norte.

Las fuer­zas de Lon Nol y Sirik Matak, en Cam­bo­dia, esta­ban en ban­ca­rro­ta, las zonas libe­ra­das abar­ca­ban más de 50 por cien­to de los esce­na­rios de la gue­rra, y una fuer­te ofen­si­va mili­tar de los patrio­tas del Sur había obli­ga­do a la Casa Blan­ca a fir­mar los acuer­dos de París del 27 de enero de 1973 para res­ta­ble­cer la paz en el Norte.

Pero Esta­dos Uni­dos no se había ren­di­do y el pre­si­den­te de enton­ces, Richard M. Nixon, man­te­nía su febril y vehe­men­te idea de domi­nar y aca­bar con las fuer­zas de liberación.

Los ocu­pa­cio­nis­tas tenían des­ple­ga­dos en las cin­co zonas mili­ta­res en que divi­die­ron el Sur del país a un millón 200 mil sol­da­dos sai­go­ne­ses agru­pa­dos en 13 divi­sio­nes, sin incluir al per­so­nal de la mari­na y la avia­ción, esta últi­ma dota­da con mil 800 apa­ra­tos tác­ti­cos, la mitad de ellos heli­cóp­te­ros, mil 400 uni­da­des de super­fi­cie, dos mil embar­ca­cio­nes flu­via­les, sofis­ti­ca­dos equi­pos de comu­ni­ca­cio­nes y de otras especialidades.

Con­ta­ban ade­más con cin­co super­puer­tos, nume­ro­sas bases aero­na­va­les, como las de Da Nang, la mayor del mun­do enton­ces, Cam Ranh, 10 aero­puer­tos de enver­ga­du­ra como el de Tan Son Nhut en Sai­gón y 200 media­nos y pequeños.

Ante el evi­den­te dete­rio­ro de la situa­ción del enemi­go, y las fla­gran­tes vio­la­cio­nes de los acuer­dos de París por par­te de Washing­ton, el man­do polí­ti­co viet­na­mi­ta ins­tru­yó al Esta­do Mayor de sus fuer­zas arma­das, a pre­pa­rar la bata­lla final por la libe­ra­ción cuan­do ape­nas comen­za­ba el año 1974.

La pri­me­ra prue­ba se pro­du­jo con la bata­lla con­tra la base de Phuoc Long don­de había acan­to­na­dos cin­co mil sol­da­dos del régi­men saigonés.

A esa vic­to­ria suce­die­ron otras muchas las cua­les deter­mi­na­ron que el Comi­té Cen­tral esco­gie­ra el 10 de mar­zo de 1975 como la fecha para lan­zar la gran ofen­si­va final.

El pun­to de par­ti­da fue la codi­cia­da Buon Me Thuot, en las mese­tas cen­tra­les, don­de las fuer­zas de libe­ra­ción, en lugar de ata­car la peri­fe­ria como acos­tum­bra­ban, se con­cen­tra­ron en la ciu­dad y des­de allí arre­me­tie­ron con­tra las bases exte­rio­res a las que deja­ron incomunicadas.

De esa mane­ra, deja­ron divi­di­do el país a la mitad debi­li­tan­do a las tro­pas enemi­gas, lo cual posi­bi­li­tó que fue­ran cayen­do esca­lo­na­da­men­te baluar­tes mili­ta­res como Plei­kú, Che Reo, Hue, Da Nang, Nha Trang, Luang Tri y otras muchas.

La lar­ga y for­ti­fi­ca­da cade­na de bases y cam­pa­men­tos mili­ta­res sai­go­ne­ses en toda la exten­sión del país se fue des­gra­nan­do como collar de cuen­tas a una velo­ci­dad insospechada.

Así lo per­ci­bía­mos quie­nes en ese momen­to está­ba­mos en Hanoi y corro­bo­rá­ba­mos con los espe­cia­lis­tas mili­ta­res que nues­tros anfi­trio­nes del Nor­te ponían a nues­tra dis­po­si­ción para tener de pri­me­ra mano noti­cias de lo que acon­te­cía y hacer repor­ta­jes fie­les para nues­tros medios de comunicación.

Duran­te los días 26, 27 y 28 de abril la ofen­si­va patrio­ta se gene­ra­li­zó por toda la fran­ja cos­te­ra y per­mi­tió con­so­li­dar el domi­nio de las regio­nes mili­ta­res I y II.

Aque­llo deter­mi­nó la deci­sión del Comi­té Cen­tral de orde­nar la Ope­ra­ción Ho Chi Minh por la libe­ra­ción de Sai­gón, que ori­gi­nal­men­te no esta­ba en el plan, según nos expli­ca­ron ulte­rior­men­te los jefes de la ofensiva.

La bata­lla final se ini­ció con com­ba­tes encar­ni­za­dos en Long Binh, Xuan Loc, Bien Hoa y Cu Chi, casa por casa y pul­ga­da a pul­ga­da, para rom­per el famo­so cor­dón sani­ta­rio que pro­te­gía mili­tar­men­te a la capi­tal sureña.

La Ope­ra­ción Ho Chi Minh fue ful­mi­nan­te y duró menos de 48 horas.

El día 28, vien­do ya inde­fec­ti­ble­men­te per­di­do al régi­men de Ngu­yen Van Thieu, el emba­ja­dor esta­dou­ni­den­se Graham Mar­tin huyó de Sai­gón des­de la azo­tea de la sede diplo­má­ti­ca en un heli­cóp­te­ro, bochor­no­sa esce­na que que­dó impre­sa para la his­to­ria en dia­rios, revis­tas y filmes.

A las 13.30 del 30 de abril de 1975, tres tan­ques PT76 y dos tan­que­tas nor­te­ame­ri­ca­nas reple­tas de jubi­lo­sos com­ba­tien­tes revo­lu­cio­na­rios, baja­ban a toda velo­ci­dad por la calle Pes­teur hacia el río Mekong en medio de acla­ma­cio­nes; lle­ga­ron al Pala­cio Pre­si­den­cial e irrum­pie­ron en él derri­ban­do a su paso una par­te del muro exte­rior que lo rodeaba.

Pocos días des­pués, cuan­do el mun­do ya había fes­te­ja­do el Pri­me­ro de Mayo, día de los Tra­ba­ja­do­res, y con la gra­ta coin­ci­den­cia de ser el mes de naci­mien­to y home­na­je al héroe eterno del país, Sai­gón fue bau­ti­za­da para siem­pre con su nom­bre: Ciu­dad Ho Chi Minh.

El gene­ral Vo Ngu­yen Giap, a quien encon­tra­mos de mane­ra for­tui­ta en las pla­yas de Nha Trang rum­bo al Sai­gón toda­vía con olor a pól­vo­ra, nos con­fir­ma­ba el éxi­to rotun­do y defi­ni­ti­vo de la gue­rra de todo el pueblo.

El 30 de abril de 1975 no sólo cayó el régi­men títe­re sai­go­nés y con él la ocu­pa­ción del enton­ces Viet­nam del Sur que el gobierno de Esta­dos Uni­dos había sos­te­ni­do a un pre­cio des­me­su­ra­do des­de la derro­ta de los colo­nia­lis­tas fran­ce­ses en la déca­da de los años 50 del siglo pasado.

Cayó un régi­men des­pó­ti­co, cruel y san­gui­na­rio, ins­ta­la­do por el impe­ria­lis­mo en Viet­nam del Sur a san­gre y fue­go, con lo que habían estan­ca­do en el para­le­lo 17 la revo­lu­ción nacio­nal demo­crá­ti­ca lide­ra­da por Ho Chi Minh.

Fue que­bra­da una estra­te­gia depu­ra­da de los impe­ria­lis­tas para pro­du­cir el neo­co­lo­nia­lis­mo esta­dou­ni­den­se en serie, y sepul­ta­da la expan­sión nor­te­ame­ri­ca­na en el Sur­es­te de Asia. Y, en aquel enton­ces, resul­tó frus­tra­da la posi­bi­li­dad de que la expe­rien­cia esta­dou­ni­den­se en Indo­chi­na fue­ra apli­ca­da en Amé­ri­ca Lati­na, Áfri­ca y otras zonas de influen­cia norteamericana.

En el plano cor­po­ra­ti­vo, tam­bién que­da­ron atrás las ambi­cio­nes des­me­di­das de las trans­na­cio­na­les de arran­car has­ta las últi­mas rique­zas natu­ra­les de la Península.

En el estra­té­gi­co: salió derro­ta­da la mano­sea­da y enfer­mi­za sed de vic­to­ria por medio de las armas que pro­pug­na­ba el lla­ma­do «mun­do libre».

Viet­nam, real­men­te, debió de haber mar­ca­do el lími­te has­ta el cual podía lle­gar el expan­sio­nis­mo norteamericano.

Con Afga­nis­tán e Iraq, y con el esta­ble­ci­mien­to de bases mili­ta­res en Colom­bia, las últi­mas admi­nis­tra­cio­nes esta­dou­ni­den­ses, inclui­da la de Barack Oba­ma, han demos­tra­do que no quie­ren apren­der de las lec­cio­nes de la historia.

Por eso mis­mo, la expe­rien­cia de Viet­nam no pue­de ser des­apro­ve­cha­da por Amé­ri­ca Lati­na en estos tiem­pos de tan­to peli­gro, ame­na­zas y aventurerismo.

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