¡Mier­da, tene­mos dere­cho a saber la ver­dad!- Anncol

En un acto sin pre­ce­den­te, el régi­men colom­biano ini­cio, des­de hace años, pero sobre todo en el perio­do del nar­co-para­mi­li­tar Uri­be, una cam­pa­ña de geno­ci­dio con­tra la ver­dad. La idea, es dejar al Esta­do y los gober­nan­tes de turno, de todas las ins­tan­cias del Esta­do, exi­mi­dos de toda res­pon­sa­bi­li­dad en el geno­ci­dio con­tra el pue­blo colombiano.

El pri­mer paso, fue pre­sen­tar al para­mi­li­ta­ris­mo, como una res­pues­ta natu­ral a los supues­tos abu­sos de la insur­gen­cia. Este acto ini­ciá­ti­co, o acto fun­da­dor, logra­ba dos cosas, pri­me­ro; enlo­dar el nom­bre de la insur­gen­cia como inter­lo­cu­tor polí­ti­co, y segun­do; legi­ti­mar el para­mi­li­ta­ris­mo, ocul­tan­do a sus ver­da­de­ros ins­ti­ga­do­res en el régi­men, ocul­tan­do que en reali­dad esta­mos ante una polí­ti­ca de Esta­do. Nego­cio redon­do para el régi­men, se le qui­ta el agua al pez, es decir se debi­li­ta el teji­do social bajo los supues­tos lazos con la insur­gen­cia, y de paso, se anu­la polí­ti­ca­men­te al adversario/​opositor político.

El para­mi­li­ta­ris­mo, como se ha demos­tra­do por docu­men­ta­ción seria, y tra­ba­jo arduo de terreno, era/​es la avan­za­da de un pro­yec­to polí­ti­co, para refun­dar la patria, a ima­gen y seme­jan­za de los ape­ti­tos de la oli­gar­quía colom­bia­na, y de paso, dejan­do vía libre a las mul­ti­na­cio­na­les en el cam­po. Y en las ciu­da­des con­so­li­dan­do una oli­gar­quía mafio­sa-para­mi­li­tar. Supues­ta­men­te logra­dos estos obje­ti­vos, ‑inclu­yen­do la supues­ta derro­ta estra­té­gi­ca de la insur­gen­cia- el régi­men, median­te el apa­ra­to esta­tal, trai­cio­na a los para­mi­li­ta­res en este obje­ti­vo, des­pués de uti­li­zar­los, extra­di­tán­do­los a los EEUU, y de nue­vo, los cul­pa­bles son sólo los para­mi­li­ta­res, mien­tras sus ins­ti­ga­do­res, se han vuel­to terra­te­nien­tes y hom­bres de Esta­do. Los para­mi­li­ta­res fue­ron, esa aman­te que no se mues­tra en público.

El plan le falló al régi­men. Aun­que logró, median­te el terror, des­pla­zar a cin­co millo­nes de com­pa­trio­tas a nivel interno, sin con­tar los miles de migran­tes eco­nó­mi­cos en el mun­do y los refu­gia­dos polí­ti­cos. No derro­tó a la insur­gen­cia, y a pesar del terro­ris­mo de Esta­do, sus cien­tos de masa­cres, su polí­ti­ca de moto­sie­rra, de lago de coco­dri­los, de hor­nos cre­ma­to­rios, muy a pesar de todo esto, ha encon­tra­do una Resis­ten­cia férrea, no sólo de la insur­gen­cia, si no de par­te de todo el movi­mien­to social colom­biano. Aun­que debe­mos reco­no­cer que esta pro­tes­ta no ha sido coor­di­na­da, no ha teni­do una pers­pec­ti­va uni­ta­ria, es coyun­tu­ral y efí­me­ra en el tiem­po, sin trans­cen­der el ámbi­to rei­vin­di­ca­ti­vo. Pero es una pro­tes­ta al fin y al cabo, con todo el silen­cio de los medios.

ANNCOL ha teni­do infor­ma­ción pri­vi­le­gia­da, según la cual, extra­di­ta­dos los para­mi­li­ta­res para ocul­tar la ver­dad, el régi­men ela­bo­ró un plan para ase­si­nar a los man­dos medios-para­mi­li­ta­res, sólo en el últi­mo año, más de tres mil (3 000), man­dos medios de los para­mi­li­ta­res han sido ase­si­na­dos, para garan­ti­zar con ello, el silen­cio fren­te a los ver­da­de­ros res­pon­sa­bles e ins­ti­ga­do­res del para­mi­li­ta­ris­mo, que hoy posan como can­di­da­tos idó­neos y como hom­bres de Estado.

La gue­rra del régi­men con­tra sus otro­ra alia­dos para­mi­li­ta­res, com­pren­de el ase­si­na­to de fami­lia­res de los jefes para­mi­li­ta­res, la extra­di­ción, y el ase­si­na­to de man­dos medios, inclu­so, el plan con­tem­pla tam­bién el ase­si­na­do de muchos polí­ti­cos, otro­ra ami­gos y con­tac­tos con los para­mi­li­ta­res. Toda la cade­na, del engra­ma­do rela­cio­nal del para­mi­li­ta­ris­mo debe des­apa­re­cer, para que sus ver­da­de­ros ins­ti­ga­do­res que­den incó­lu­mes ante la jus­ti­cia nacio­nal o inter­na­cio­nal. Esto tie­ne tan­ta gra­ve­dad que algu­nos jefes para­mi­li­ta­res en pri­sión, han sido saca­dos de las cár­ce­les, con fal­sos tras­la­da­dos, o supues­tas fugas, y ase­si­na­dos para ocul­tar la ver­dad. Tras de esta ope­ra­ción, en las cár­ce­les están muchos ex mili­ta­res, que hoy ofi­cian como admi­nis­tra­do­res de las cár­ce­les colombianas.

Para ocul­tar esa ver­dad, por los lados de la denun­cia y del tra­ba­jo de muchas ONG, el régi­men se ha roba­do, bajo muchos pre­tex­tos, los dis­cos duros, archi­vos, de las ofi­ci­nas de las ONG, se han ase­si­na­do a los defen­so­res de DDHH, se los ha judi­cia­li­za­do. Todo para ocul­tar la verdad.

Toda esta infor­ma­ción pri­vi­le­gia­da, que comien­za a salir a la luz públi­ca, mues­tra lo que siem­pre hemos denun­cia­do, que el para­mi­li­ta­ris­mo fue, es y sigue sien­do una polí­ti­ca de Esta­do. Que sus ins­ti­ga­do­res y pro­mo­to­res ocu­pan hoy, altos car­gos en la estruc­tu­ra cri­mi­nal del Estado.

El pue­blo colom­biano debe levan­tar­se como un solo hom­bre, para exi­gir que se haga toda cla­ri­dad sobre esta empre­sa cri­mi­nal. La oli­gar­quía colom­bia­na debe res­pon­der ante la jus­ti­cia nacio­nal o inter­na­cio­nal, o ante la jus­ti­cia revo­lu­cio­na­ria, por toda la polí­ti­ca geno­ci­da con­tra el pue­blo colom­biano, tene­mos dere­cho a saber la verdad.

Nin­gún polí­ti­co se sal­va­ra, los para­mi­li­ta­res toma­ron la pre­cau­ción de hacer fotos, con­ser­var actas, con­ser­var gra­ba­cio­nes, y guar­dar prue­bas, en el fon­do, los para­mi­li­ta­res siem­pre supie­ron que ellos eran un esla­bón más en esta cade­na de muerte.

Los cul­pa­bles de este char­co de san­gre, debe asu­mir sus res­pon­sa­bi­li­da­des ante las nue­vas gene­ra­cio­nes de colom­bia­nos, noso­tros tene­mos el com­pro­mi­so his­tó­ri­co de luchar por la ver­dad, por la repa­ra­ción y por la justicia.

Por nues­tros muer­tos, ni un minu­to de silen­cio, toda una vida de lucha y de combate

Por nues­tros muer­tos, ni un minu­to de silen­cio, toda una vida de lucha y de combate

Por nues­tros muer­tos, ni un minu­to de silen­cio, toda una vida de lucha y de combate

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