Entre­vis­ta al com­pa­ñe­ro Álva­ro de ORPA (Gua­te­ma­la)- Guevariando


Entre­vis­ta al com­pa­ñe­ro Álva­ro de ORPA (Gua­te­ma­la) His­to­ria de la Revo­lu­ción Incon­clu­sa (Sex­ta entre­ga): “El Pue­blo orga­ni­za­do des­de la base es el que debe ir cons­tru­yen­do la pro­pues­ta de cambio”

Mar­ce­lo Colus­si – Rodri­go Vélez (GUEVARIANDO)

Gua­te­ma­la, ese peque­ño y olvi­da­do país de Cen­troa­mé­ri­ca cuna de una de las gran­des civi­li­za­cio­nes de la his­to­ria como fue­ron los mayas, tuvo el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio arma­do más pro­lon­ga­do de Lati­noa­mé­ri­ca, lue­go del de Colom­bia. Por casi cua­tro déca­das la gue­rri­lla gua­te­mal­te­ca –en muy bue­na media con­for­ma­da por cam­pe­si­nos de ori­gen maya– cre­ció y se soli­di­fi­có, lle­gan­do a mane­jar terri­to­rios com­ple­tos de la geo­gra­fía nacio­nal, pero no pudien­do, como en Cuba o en Nica­ra­gua, tomar el poder polí­ti­co des­de la capi­tal. La con­tra­ofen­si­va que sufrió fue, sin dudas, la más des­pia­da­da de todas las gue­rras con­tra­in­sur­gen­tes que tuvie­ron lugar en el con­ti­nen­te duran­te las déca­das del 70 y del 80 del siglo pasa­do; como con­se­cuen­cia de ello, en el país murie­ron 250.000 per­so­nas, fun­da­men­tal­men­te civi­les no com­ba­tien­tes, indí­ge­nas de las zonas don­de ope­ra­ba en bue­na medi­da la gue­rri­lla, como una estra­te­gia de “qui­tar­le el agua al pez” del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio, es decir: ais­lar a los com­ba­tien­tes de la gran masa popu­lar por medio de una polí­ti­ca de terror (más de 600 masa­cres docu­men­ta­das de aldeas indí­ge­nas). His­tó­ri­ca­men­te este movi­mien­to polí­ti­co-mili­tar fue con­for­ma­do por cua­tro gru­pos dis­tin­tos: el Ejér­ci­to Gue­rri­lle­ro de los Pobres –EGP – , el Par­ti­do Gua­te­mal­te­co de los Tra­ba­ja­do­res –PGT – , las Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias –FAR– y la Orga­ni­za­ción del Pue­blo en Armas (ORPA). El 7 de febre­ro de 1982 se esta­ble­ció la Uni­dad Revo­lu­cio­na­ria Nacio­nal Gua­te­mal­te­ca –URNG– como coor­di­na­do­ra de los cua­tro gru­pos. Habien­do cam­bia­do radi­cal­men­te el pano­ra­ma polí­ti­co lue­go de la caí­da del cam­po sovié­ti­co y sin mayor espa­cio para poder seguir desa­rro­llan­do esa gue­rra revo­lu­cio­na­ria des­de la clan­des­ti­ni­dad, a fines de 1996 la URNG fir­ma la paz con el gobierno, des­mo­vi­li­zán­do­se e inte­grán­do­se a la vida cívi­co-polí­ti­ca del país.

De esos cua­tro gru­pos, la ORPA tuvo carac­te­rís­ti­cas par­ti­cu­la­res que no pre­sen­ta­ron las otras orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias; a decir de un manual de la esta­dou­ni­den­se “Escue­la de las Amé­ri­cas” (cita que, en deter­mi­na­do con­tex­to, podría ser muy cues­tio­na­ble, ofen­si­va más que hala­güe­ña, pero que aquí pue­de ser­vir a caba­li­dad para ver cómo era reco­no­ci­da esta orga­ni­za­ción): “La ORPA es bas­tan­te dife­ren­te a los otros gru­pos Mar­xis­tas-Leni­nis­tas. La ORPA prac­ti­ca una nue­va teo­ría de libe­ra­ción inten­tan­do de invo­lu­crar al sec­tor Indio. Comu­ni­cán­do­se con los indios en su pro­pio dia­lec­to, la ORPA des­cri­be al ejér­ci­to Gua­te­mal­te­co como el ejér­ci­to de los ricos que mata, tor­tu­ra y secues­tra a civi­les ino­cen­tes. La ORPA eva­de la retó­ri­ca polí­ti­ca sobre la mal­dad de la pro­pie­dad pri­va­da sabien­do que los indios apre­cian sus terre­nos peque­ñi­tos. Has­ta este momen­to, la ORPA ha teni­do éxi­to en supe­rar la resis­ten­cia y pasi­bi­li­dad tra­di­cio­nal de los indios”.

Como par­te de la inves­ti­ga­ción “His­to­ria de la Revo­lu­ción Incon­clu­sa”, en esta sex­ta entre­ga el Equi­po de Inves­ti­ga­ción y Entre­vis­tas –con­for­ma­do por Mar­ce­lo Colus­si /​Rodri­go Vélez-Gue­va­rian­do, más otros inves­ti­ga­do­res en dife­ren­tes pun­tos de Lati­noa­mé­ri­ca– pre­sen­ta hoy una entre­vis­ta al com­pa­ñe­ro Álva­ro, co-fun­da­dor de la ORPA, aho­ra de casi 80 años de edad, des­ta­ca­do inte­lec­tual y ana­lis­ta de la situa­ción de su país y del res­to del mun­do. El tema, como en toda la inves­ti­ga­ción don­de tam­bién fue­ron con­tac­ta­dos otros ex miem­bros de gru­pos gue­rri­lle­ros de varios paí­ses de la región (Gua­te­ma­la, Argen­ti­na, Uru­guay, Chile1, Chile2), gira en torno a un balan­ce crí­ti­co de esos movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios de acción arma­da de algu­nas déca­das atrás, y a ver cuá­les son los cami­nos posi­bles que en la actua­li­dad se le pre­sen­tan al cam­po popu­lar en su bús­que­da de otro mun­do más jus­to, menos sal­va­je y san­gui­na­rio que el contemporáneo.

Pre­gun­ta: Lue­go de la expe­rien­cia de estas últi­mas déca­das en Lati­noa­mé­ri­ca, y des­pués de la derro­ta estra­té­gi­ca sufri­da por el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio, hay quien dice que la lucha arma­da en la actua­li­dad no tie­ne via­bi­li­dad, aun­que de hecho al menos en dos paí­ses (Colom­bia y el sur de Méxi­co) exis­ten y están ope­ra­ti­vos movi­mien­tos de este tipo. ¿Qué balan­ce pode­mos hacer res­pec­to de estos movi­mien­tos y de su lucha en estos años pasa­dos, y qué pers­pec­ti­vas de futu­ro podría pen­sar­se para pro­pues­tas arma­das en la región?

Com­pa­ñe­ro Álva­ro: De momen­to con­si­de­ro impo­si­ble que pue­dan retor­nar movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios con pro­pues­tas de acción arma­da. Lo que sí está por demás de cla­ro es que las bases estruc­tu­ra­les para que pue­dan retor­nar for­ma de lucha de esa natu­ra­le­za, sin dudas están dadas. Es más: están agra­va­das. Suce­de que Amé­ri­ca Lati­na no es hoy una zona hege­mó­ni­ca sino peri­fé­ri­ca; por con­si­guien­te, lo que suce­da en un futu­ro inme­dia­to en el mun­do, en la polí­ti­ca mun­dial, va a tener una influen­cia muy gran­de en rela­ción a lo que pase en nues­tra región, en Amé­ri­ca Lati­na al igual que en Áfri­ca, que es otra zona peri­fé­ri­ca para los cen­tros de poder. En Asia tal vez no influ­ya tan­to, por­que allá se con­cen­tran gran­des masas de pobla­ción y de recur­sos, lo que la tor­na en sí mis­ma una zona espe­cial­men­te pode­ro­sa; pero eso es otra cues­tión. Lo cier­to es que las éli­tes domi­nan­tes, en todo el mun­do, son cada vez más intran­si­gen­tes. El fra­ca­so de las polí­ti­cas ultra libe­ra­les que se apli­ca­ron estos años pro­ba­ble­men­te le cor­te un poco las alas, como ya está comen­zan­do a suce­der, a los gru­pos desen­fre­na­da­men­te explo­ta­do­res. Vemos en este momen­to, por ejem­plo, que Euro­pa le está tra­tan­do de poner freno a sus pro­pias ini­cia­ti­vas de pri­va­ti­za­ción abso­lu­ta y de poder total de los ban­cos. E indi­rec­ta­men­te, tam­bién el gobierno de Esta­dos Uni­dos, por ejem­plo con la recien­te ley sobre el segu­ro de salud que aca­ba de pasar. En reali­dad, el gran capi­tal se encuen­tra con un reto muy fuer­te como es el enor­me des­em­pleo que crea­ron estas mis­mas polí­ti­cas ultra pri­va­tis­tas de estos pasa­dos años, y que aho­ra se le pue­de vol­ver en con­tra. Lue­go de años de pré­di­ca anti-esta­tis­ta, aho­ra fue el Esta­do el que ha teni­do que salir a soco­rrer a todas las gran­des empre­sas que empe­za­ron a que­brar como con­se­cuen­cia de esta eco­no­mía enfer­ma; la pri­va­ti­za­ción de todos los acti­vos del Esta­do defi­ni­ti­va­men­te no fue nin­gu­na solu­ción para la cri­sis estruc­tu­ral del capi­ta­lis­mo. Lo vemos en Gua­te­ma­la: la pri­va­ti­za­ción de las empre­sas y ser­vi­cios del Esta­do para lo úni­co que sir­vió fue para enri­que­cer más a los gru­pos domi­nan­tes, quie­nes ter­mi­na­ron engro­san­do los paraí­sos fis­ca­les. Pero la pobla­ción siguió igual o peor.

Lo que que­re­mos decir es que toda esa com­ple­ja arqui­tec­tu­ra del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, cada vez más a nivel glo­bal, no lo mane­ja la cla­se media, y muchos menos las gran­des masas popu­la­res. Lamen­ta­ble­men­te vemos en esto que esas gran­des capas popu­la­res hoy día, dado la com­ple­ji­dad en jue­go de todos estos fenó­me­nos, no ter­mi­nan de enten­der dón­de está el ver­da­de­ro pro­ble­ma. En la déca­da de los 60 o 70 del siglo pasa­do la gen­te tenía cla­ro que la explo­ta­ción que prac­ti­ca­ban los gran­des terra­te­nien­tes era la cau­sa direc­ta de su pobre­za, del atra­so del país; y ade­más esta­ba toda­vía recien­te el gol­pe con­tra Jaco­bo Arbenz, el papel nefas­to de la Uni­ted Fruit Com­pany en esos hechos, las per­se­cu­cio­nes que pro­du­jo la con­tra­rre­vo­lu­ción. Es decir: había un cal­do de cul­ti­vo favo­ra­ble para la apa­ri­ción de un dis­cur­so revo­lu­cio­na­rio. Y de hecho se dio.

En Gua­te­ma­la, sin dudas, apa­re­ció ese fer­men­to revo­lu­cio­na­rio, y así nacie­ron dis­tin­tos gru­pos que toma­ron las armas como camino para el cam­bio de estruc­tu­ras socia­les. Cla­ro que –hay que enfa­ti­zar en esto– el peso colo­nial de la his­to­ria de este país siguió estan­do pre­sen­te muy fuer­te­men­te en la com­po­si­ción de ese movi­mien­to, pues los sec­to­res urba­nos se rela­cio­na­ron con los rura­les siem­pre des­de la lógi­ca racis­ta; es decir: a par­tir del pre­jui­cio que los “ilus­tra­dos” de la ciu­dad están para man­dar y los “indios del inte­rior” están para obe­de­cer. Eso cons­ti­tu­yó una enor­me difi­cul­tad para el des­en­vol­vi­mien­to de las gue­rri­llas. En reali­dad en algu­nos sec­to­res, como en el Ejér­ci­to Gue­rri­lle­ro de los Pobres y en la Orga­ni­za­ción del Pue­blo en Armas –ORPA– sólo en con­ta­dos casos se habla­ba de tú a tú, de igual a igual entre un cua­dro urbano y un com­pa­ñe­ro indí­ge­na. En la mayo­ría de los casos, por el con­tra­rio, se pre­ten­día man­dar. En cier­ta for­ma esa era la cari­ca­tu­ra del ejér­ci­to, que iba a cazar indí­ge­nas a la mon­ta­ña para hacer­los sol­da­dos, mien­tras que los ofi­cia­les eran capi­ta­li­nos no indí­ge­nas. En el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio tam­bién se repi­tió el esque­ma: los com­ba­tien­tes eran indí­ge­nas, mien­tras que los coman­dan­tes eran de la ciudad.

La dere­cha está inten­tan­do borrar todos estos años de lucha; a la his­to­ria la van dejan­do como algo secun­da­rio, des­pre­cia­ble. Es un basu­re­ro; la idea que trans­mi­ten es que no vale la pena estu­diar, cono­cer la his­to­ria, dado que eso no sir­ve para nada. Esa es la estra­te­gia: borrar la memo­ria colec­ti­va, hacer inte­re­sar a las nue­vas gene­ra­cio­nes por una cul­tu­ra glo­ba­li­za­da que endio­sa el con­su­mis­mo, los can­tan­tes de moda y el telé­fono celu­lar en vez de los pro­pios pro­ble­mas nacio­na­les. La pré­di­ca es cons­tan­te: se inten­ta borrar la his­to­ria a toda cos­ta. Se ha sata­ni­za­do todo lo que sea pro­tes­ta popu­lar. Se bus­ca que las nue­vas gene­ra­cio­nes se aho­guen en el pre­sen­te, con un indi­vi­dua­lis­mo lle­va­do al extre­mo; inclu­so eso fun­cio­na tam­bién para los pue­blos indí­ge­nas. Ahí tam­bién se fomen­ta el indi­vi­dua­lis­mo extre­mo, el sál­ve­se quien pue­da. La uni­dad que bus­ca la dere­cha domi­nan­te es en torno al dine­ro, sal­tan­do por sobre esos com­ple­jos y ricos pro­ce­sos his­tó­ri­cos; de esa mane­ra todos, no-indí­ge­nas e indí­ge­nas, están con­du­ci­dos por esos supues­tos cami­nos del éxi­to eco­nó­mi­co, por el des­pre­cio de la his­to­ria, por el indi­vi­dua­lis­mo exacerbado.

En Gua­te­ma­la nun­ca hubo demo­cra­cia. En lo polí­ti­co, la dere­cha siem­pre hizo lo que qui­so sal­tán­do­se por enci­ma de lo que las mayo­rías podían expre­sar en las pocas elec­cio­nes que ha habi­do en la his­to­ria, siem­pre sig­na­das por gobier­nos dic­ta­to­ria­les. Y en lo eco­nó­mi­co, el mayor avan­ce demo­crá­ti­co se inten­tó en la épo­ca de Juan José Aré­va­lo y Jaco­bo Arbenz, entre el 40 y el 50 del siglo pasa­do, con la refor­ma agra­ria, la “pri­ma­ve­ra demo­crá­ti­ca”, como se le lla­mó. Pero eso lo han borra­do de la memo­ria colec­ti­va. Sólo han deja­do la idea que fue una cosa nega­ti­va, sin que se sepa el porqué.

Por todo eso, al haber ido barrien­do la his­to­ria de por qué hoy día las cosas son como son, la gen­te ter­mi­na estan­do deses­pe­ra­da; y eso no es bueno. Sólo con deses­pe­ra­ción, la gen­te no pasa de la revuel­ta. Y de la revuel­ta a la revo­lu­ción hay un gran camino.

El ele­men­to que com­ba­tió en esta gue­rra en Gua­te­ma­la, que fue fun­da­men­tal­men­te pobla­ción indí­ge­na, fue el más per­ju­di­ca­do. Hoy día, esa mis­ma pobla­ción con­ti­núa sien­do rele­ga­da, qui­zá con más fuer­za aún. Se han segui­do depre­dan­do los recur­sos natu­ra­les y los cam­pe­si­nos sin tie­rra con­ti­núan cre­cien­do, sin mayor por­ve­nir. La estra­te­gia de la dere­cha local es hacer que todo ese cam­pe­si­na­do indí­ge­na “sobran­te” se vaya del país rum­bo a Esta­dos Uni­dos, en gene­ral como inmi­gran­tes ile­ga­les, a ver qué con­si­gue por allá. De toda esa masa sólo algu­nos lle­gan al “sue­ño ame­ri­cano”, alcan­zan el triun­fo de lle­gar al país del nor­te y ubi­car­se en algo, y se los con­si­de­ra exi­to­sos en fun­ción de la can­ti­dad de reme­sas que envíen. Y los que no lle­gan, los que mue­ren o des­apa­re­cen en el inten­to, no figu­ran en nin­gu­na estadística.

En rela­ción a la posi­bi­li­dad de la reapa­ri­ción de movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios de acción arma­da, que era lo que uste­des pre­gun­ta­ban, este nivel de des­es­pe­ran­za y de des­or­ga­ni­za­ción de las gran­des masas que en otro momen­to fue­ron los com­ba­tien­tes para la gue­rra revo­lu­cio­na­ria que se vivió por varias déca­das, es un pri­mer ele­men­to para ana­li­zar la situa­ción actual. Como vemos, con ese nivel de des­or­ga­ni­za­ción, de des­ideo­lo­gi­za­ción, no pue­de sur­gir una pro­pues­ta de trans­for­ma­ción social que opte por las armas, por­que la gen­te está en otra cosa; está, dado que la han ori­lla­do a eso, en la pura sobre­vi­ven­cia, en la sali­da total­men­te indi­vi­dual. El otro gran pro­ble­ma sería el apro­vi­sio­na­mien­to de armas y muni­cio­nes, que aho­ra no podría ser igual que la vez pasa­da. Aquí todo entra­ba por Méxi­co; el PRI siem­pre tole­ró eso. Sin dudas, eso fue vital para toda la gue­rra en Cen­troa­mé­ri­ca, no sólo en Gua­te­ma­la. Inclu­so Méxi­co fun­cio­nó como un impor­tan­te lugar de aco­gi­da de todos los refu­gia­dos polí­ti­cos, a los que se les daba opor­tu­ni­da­des para ayu­dar­los en su pro­ce­so de sobre­vi­ven­cia. Es decir que Méxi­co siem­pre cola­bo­ró con el trá­fi­co de refu­gia­dos, de heri­dos, de armas y los per­tre­chos nece­sa­rios para la gue­rra. Hoy día, lo cual no es un pro­ble­ma secun­da­rio sino que cons­ti­tu­ye un pro­ble­ma fun­da­men­tal a tener en cuen­ta, se plan­tea la cues­tión de quién nos sur­ti­ría en el even­tual caso de una nue­va gue­rra popu­lar. Cuba segu­ro que no, por­que está en un pro­ce­so de quie­bre eco­nó­mi­co, y con pro­ble­mas polí­ti­cos igual­men­te. Cuba está a la baja hoy por hoy, esa es la reali­dad, con lo que no podrían ayu­dar como sí lo hicie­ron en el pasa­do. Están más para reci­bir que para dar. Cuan­do la Unión Sovié­ti­ca se des­ar­ma y cesa la ayu­da a Cuba, la zona del Cari­be per­dió impor­tan­cia estra­té­gi­ca para Rusia. Y para Esta­dos Uni­dos, que aho­ra no nece­si­ta dar armas ni seguir pro­mo­vien­do gue­rras en la región, si algún inte­rés hay en el Cari­be es para ins­ta­lar allí los paraí­sos fiscales.

La gue­rri­lla en Chia­pas en cier­ta for­ma nació muer­ta por­que no había sitios de los que se pudie­ra apro­vi­sio­nar en tér­mi­nos béli­cos. Y eso es vital para el desa­rro­llo de una gue­rra. A no ser que se tra­te, como es con todo el movi­mien­to zapa­tis­ta, de una gue­rra más bien mediá­ti­ca. Con el inter­net logró posi­cio­nar­se, fun­da­men­tal­men­te hacia afue­ra de Méxi­co, pero eso no cons­ti­tu­ye una gue­rra de gue­rri­llas como las que se desa­rro­lla­ron ante­rior­men­te. Es una nue­va for­ma de gue­rri­lla, sin dudas. Y más pen­sa­da hacia fue­ra del país que hacia la situa­ción inter­na. Cuan­do el zapa­tis­mo tuvo la opor­tu­ni­dad de inci­dir polí­ti­ca­men­te con mayo­res posi­bi­li­da­des reales, des­apro­ve­chó el momen­to, cuan­do el gobierno cen­tral de Méxi­co lo lla­mó a nego­ciar. Los pos­te­rio­res Pac­tos de San Andrés logran cosas mucho más por deba­jo de lo que ante­rior­men­te el gobierno esta­ba en volun­tad de ofre­cer. Evi­den­te­men­te, enton­ces, hoy los cami­nos los tie­nen mucho más cerrados.

Pre­gun­ta: Reto­man­do esto que decía hace un momen­to: que la dere­cha inten­ta borrar la his­to­ria, des­ideo­lo­gi­zar, dejan­do como una de las pocas sali­das para bue­na par­te de los pobres cen­tro­ame­ri­ca­nos irse de ile­gal a Esta­dos Uni­dos, o meter­se en una pan­di­lla juve­nil, una “mara”; ante este quie­bre en las luchas popu­la­res y en la con­cien­cia de trans­for­ma­ción que sí exis­tió años atrás, y vien­do que la vía arma­da hoy día no es un camino dado que no exis­ten con­di­cio­nes en tér­mi­nos gene­ra­les que la tor­nen via­ble, ¿para dón­de vamos en el cam­po popu­lar si inten­ta­mos cam­biar el actual esta­do de cosas?

Com­pa­ñe­ro Álva­ro: En este momen­to el país, Gua­te­ma­la me refie­ro, pero esto pue­de ser simi­lar para cual­quier nación cen­tro­ame­ri­ca­na, segui­mos muy depen­dien­tes de lo que suce­de fue­ra de nues­tras fron­te­ras. Diría que esta es una carac­te­rís­ti­ca gene­ral de toda Amé­ri­ca Lati­na. El inte­rés de Euro­pa por nues­tra región es muy ambi­va­len­te; lo vemos con sus Tra­ta­dos de Libre Comer­cio, que ya lle­van más de dos años de dis­cu­sio­nes y casi no los han fir­ma­do, más que Chi­le y algu­na otra nación. A los paí­ses con eco­no­mías más desa­rro­lla­das, como el caso de Bra­sil o de Argen­ti­na, les ponen cada vez más obs­tácu­los para esas fir­mas. ¿Qué espe­ra Euro­pa de Amé­ri­ca Lati­na? No mucho. Lo dejan como un coto de Esta­dos Uni­dos don­de no pare­cie­ra que quie­ren meter­se mucho. Y hoy día Esta­dos Uni­dos no está ponien­do su aten­ción fun­da­men­tal en la zona. En todo caso, la estra­te­gia en la que hace entrar a Amé­ri­ca Lati­na es en aque­lla que tie­ne que ver con el com­ba­te al nar­co­trá­fi­co. Colom­bia, que es el país de la región don­de más invier­te el gobierno esta­dou­ni­den­se, tie­ne una situa­ción con el tema del trá­fi­co de dro­gas don­de medio país está com­pro­me­ti­do, por lo que no sabe­mos con exac­ti­tud cómo se va desa­rro­llar en un futu­ro inme­dia­to. Toda la estra­te­gia de Washing­ton en rela­ción al com­ba­te a la nar­co­ac­ti­vi­dad va a influir en for­ma deter­mi­nan­te en lo que suce­da en lo interno de nues­tros paí­ses en el mediano pla­zo. Y todo indi­ca que, para el cam­po popu­lar, con esa estra­te­gia de por medio, la cosa no pin­ta bien.

Por otro lado, los líde­res de dere­cha que tene­mos por aquí, son de dere­cha, y eso no cam­bia. ¿Qué pue­den espe­rar las gran­des masas de toda esta gen­te? Nada, por supuesto.

Las polí­ti­cas que impul­sa Hugo Chá­vez en Vene­zue­la tam­po­co son muy favo­ra­bles al cam­po popu­lar en defi­ni­ti­va; en reali­dad, tie­nen bas­tan­te de extra­va­gan­cias. Yo no sé si con todo eso no le hace más daño a la izquier­da. Me pare­ce, por el con­tra­rio, que con­tri­bu­yen más, posi­cio­nes más sen­sa­tas, más pru­den­tes, como las de Correa en Ecua­dor, o Evo Mora­les en Bolivia.

En defi­ni­ti­va, la situa­ción está bas­tan­te com­pli­ca­da para el cam­po popu­lar y lo que se ave­ci­na no es nada bueno: empie­za a ter­mi­nar­se el petró­leo, y aho­ra comien­za la esca­sez de agua. Eso es un pro­ble­ma real­men­te serio; en la fran­ja nor­te del Áfri­ca sub­saha­ria­na la deser­ti­fi­ca­ción sigue avan­zan­do con millo­nes de per­so­nas afec­ta­das. En gene­ral, para todos esos paí­ses no se ve un por­ve­nir muy pro­mi­so­rio. Y en Amé­ri­ca Lati­na las cosas no pin­tan mucho mejor. Vene­zue­la está codi­cia­da por el impe­ria­lis­mo, tan­to por su petró­leo como las enor­mes reser­vas de agua dul­ce que tie­ne con el Ori­no­co y su gran cuen­ca. Y lo mis­mo suce­de con el acuí­fe­ro gua­ra­ní, entre Argen­ti­na, Bra­sil y Para­guay, esa enor­me reser­va de agua don­de el impe­ria­lis­mo tie­ne pues­tos sus ojos. Se podría decir que si hoy el impe­ria­lis­mo ata­ca, lo hace por el agua más que nada. Y no es nada impro­ba­ble que real­men­te lo haga. En todo ese pano­ra­ma se suma Chi­na, que no deja de cre­cer, y que pron­to va a lle­gar a ser la prin­ci­pal eco­no­mía mun­dial, sien­do un híbri­do entre capi­ta­lis­mo y una ver­sión muy sui gene­ris de socia­lis­mo. Indu­da­ble­men­te su entra­da en la esce­na mun­dial pue­de modi­fi­car las rela­cio­nes de fuer­za. Como tam­bién pue­de modi­fi­car­las el peso cada vez más res­pe­ta­ble que está toman­do Irán, pron­to con poder nuclear. Lo cier­to es que en este nue­vo pano­ra­ma que se va dibu­jan­do, Amé­ri­ca Lati­na no se ve favo­re­ci­da, por­que es muy pro­ba­ble que al dis­po­ner de tan­tas reser­vas de agua pura sea vis­ta como botín. Y segu­ra­men­te le van a caer enci­ma con brutalidad.

Pre­gun­ta: Ante ese pano­ra­ma a todas luces som­bríos, con pue­blos hoy por hoy bas­tan­te des­or­ga­ni­za­dos como pro­duc­to de las polí­ti­cas de repre­sión de años ante­rio­res, con la “mal­di­ción” de tener tan­tos recur­sos codi­cia­dos por las poten­cias exter­nas, y vinien­do que estas expe­rien­cias de lucha arma­da de años atrás hoy pare­cie­ran no via­bles, ¿qué cami­nos que­dan para inten­tar trans­for­mar esta situación?

Com­pa­ñe­ro Álva­ro: De inme­dia­to las posi­bi­li­da­des de trans­for­ma­ción social se ven muy difí­ci­les. Pro­duc­to de esos años de repre­sión, de des­mo­vi­li­za­ción, hoy por hoy todo lo que sig­ni­fi­que lucha ideo­ló­gi­ca, en el cam­po popu­lar ha pasa­do a estar des­pres­ti­gia­do. En el ámbi­to polí­ti­co lo úni­co que la pobla­ción escu­cha, pal­pa, ve coti­dia­na­men­te, son cosas que sólo sir­ven para des­pres­ti­giar la polí­ti­ca. Los par­ti­dos polí­ti­cos de la dere­cha, con míni­mas varia­cio­nes, todos dicen lo mis­mo. Sus pla­ta­for­mas caben real­men­te en un tri­fo­liar. Y lo peor es que mucho de lo que dicen, a su turno lo pue­de decir indis­tin­ta­men­te la cáma­ra de empre­sa­rios así como gru­pos de las nue­vas izquier­das, que andan por ahí cui­dan­do los intere­ses del sis­te­ma más aún que la dere­cha. Todo ese des­pres­ti­gio de la polí­ti­ca la gen­te ya no lo toma en cuen­ta. Por con­si­guien­te ter­mi­na pri­man­do la heren­cia mal­di­ta de Amé­ri­ca Lati­na, es decir, los cau­di­llis­mos. Y de ahí a los plan­teos de mano dura, un paso. Así pue­den ter­mi­nar apa­re­cien­do nue­vas pro­pues­tas de dere­cha con líde­res mesiá­ni­cos con estos esque­mas de dure­za para venir a brin­dar la supues­ta tran­qui­li­dad que nece­si­ta­mos ante cli­mas de caos, de des­com­po­si­ción. Y la úni­ca ofer­ta que que­da es una dere­cha dura, que ter­mi­na ofre­cien­do y hacien­do lo mis­mo que hacen las pan­di­llas: matar. En este cli­ma de des­com­po­si­ción es difí­cil tra­tar de levan­tar un dis­cur­so ideo­ló­gi­co des­de la izquier­da. Por eso creo que el camino es hoy tra­ba­jar en la orga­ni­za­ción de las bases, para que des­de ahí vayan sur­gien­do las pro­pues­tas con­cre­tas con qué resol­ver los pro­ble­mas. Lle­var un dis­cur­so ideo­lo­gi­za­do des­de gru­pos de van­guar­dia no va a fun­cio­nar. Si pen­sa­mos en una gue­rra revo­lu­cio­na­ria, en este caso: una nue­va gue­rra, lue­go de la que ya tuvi­mos y tan­to nos cos­tó, los com­ba­tien­tes de esa futu­ra acción deben estar con­ven­ci­dos de por qué están pelean­do, y deben ser ellos mis­mos quie­nes vayan cons­tru­yen­do las pro­pues­tas, des­de aba­jo. No hay que espe­rar nada de supues­tas van­guar­dias sal­va­do­ras, escla­re­ci­das, que nos mar­quen el camino. Si pen­sa­mos que el pue­blo no está en con­di­cio­nes de cons­truir su pro­pia pla­ta­for­ma, yen­do más allá de tan­to poli­ti­que­ro bara­to que hoy da vuel­tas por ahí, es pre­jui­cio. El pue­blo orga­ni­za­do des­de la base es el que debe ir cons­tru­yen­do las pro­pues­tas de cambio.

Pre­gun­ta: ¿Cómo dar esa orga­ni­za­ción de base: des­de par­ti­dos polí­ti­cos, des­de movi­mien­tos sociales?

Com­pa­ñe­ro Álva­ro: Aquí en Gua­te­ma­la lo veo a tra­vés de los gru­pos indí­ge­nas rura­les que están comen­zan­do a arti­cu­lar­se. A par­tir de ese fer­men­to, hay que lle­gar a cons­truir una pla­ta­for­ma común don­de la gen­te, mucha gen­te, y no sólo del cam­po sino de todas par­tes, inte­gran­do tam­bién a los pobres de la ciu­dad, sepan cla­ra­men­te por qué luchan; es decir, vol­ver a car­gar de ideo­lo­gía el des­con­ten­to que exis­te. Esos pro­ce­sos no se impro­vi­san en un cor­to tiem­po, por supues­to. Es una tarea len­ta, a lar­go pla­zo. Pero mien­tras tan­to, los acon­te­ci­mien­tos que se dan por fue­ra del país van a estar influ­yen­do, y mucho; y ante eso no pode­mos ade­lan­tar­nos, no sabe­mos con exac­ti­tud qué nos va a ir pasan­do, qué pla­nes geo­es­tra­té­gi­cos nos tie­ne reser­va­do el impe­ria­lis­mo. En esa dia­léc­ti­ca inevi­ta­ble de mover­se entre la situa­ción inter­na y lo que nos vie­ne de afue­ra, hay que ir ganan­do tiem­po y cons­truir aden­tro. Los cam­bios socia­les, lo sabe­mos, son siem­pre vio­len­tos. Nadie le va a dar pací­fi­ca­men­te lo que ya tie­ne y con­si­de­ra suyo, de su pro­pie­dad. Nin­gu­na injus­ti­ca des­apa­re­ce sola; impli­ca lucha. Nos gus­te o no, la vio­len­cia defi­ne todos estos pro­ce­sos. La paz no es la reali­dad humana.

Pre­gun­ta: Es decir que nos espe­ra más lucha, más vio­len­cia. En ese con­tex­to, enton­ces, ¿es posi­ble pen­sar que se dé nue­va­men­te una lucha arma­da como par­te de una estra­te­gia de lucha revo­lu­cio­na­ria más general?

Com­pa­ñe­ro Álva­ro: Así enten­di­do, por supues­to. Pero lo que la dere­cha bus­ca a toda cos­ta es fre­nar el des­per­tar de la gen­te, su orga­ni­za­ción. Lo que bus­ca es que la gen­te no reac­cio­ne, que se man­ten­ga ador­me­ci­da. De ahí esa pro­li­fe­ra­ción inter­mi­na­ble de nue­vas igle­sias evan­gé­li­cas que esta­mos pre­sen­cian­do. Hoy día la rela­ción entre tem­plos evan­gé­li­cos, de estos que lla­man neo­pen­te­cos­ta­les, e igle­sias cató­li­cas es como de entre 12 y 15 a 1. Eso encie­rra, defi­ni­ti­va­men­te, una labor polí­ti­ca. Eso es lo que estas igle­sias hacen en for­ma per­ma­nen­te: se tra­gan a la gen­te, la neu­tra­li­zan, la des­co­nec­tan de la reali­dad. La gen­te de base no es per­ver­sa, no es malig­na. Así son los que man­dan en estos tem­plos, o los tele­pas­to­res que vemos por ahí, que hacen for­tu­nas; pero la gen­te común que ter­mi­na fana­ti­zán­do­se y yen­do a su igle­sia evan­gé­li­ca en el barrio, en su comu­ni­dad, no es la mala gen­te. Es gen­te mani­pu­la­da, enga­ña­da, así de sencillo.

Hoy por hoy, con este des­cré­di­to que tie­nen todos los par­ti­dos polí­ti­cos de la dere­cha en los que los pue­blos ya no creen más, la úni­ca fuer­za que se ve como sóli­da es lo que podría­mos lla­mar el “par­ti­do evan­gé­li­co”. Tie­nen la orga­ni­za­ción y dis­ci­pli­na que no tie­ne nin­gu­na otra fuer­za polí­ti­ca. Y jus­ta­men­te esa orga­ni­za­ción es la que, por diver­sos moti­vos, por la repre­sión feroz que se sufrió, por el men­sa­je des­ideo­lo­gi­za­dor, por esta entro­ni­za­ción del indi­vi­dua­lis­mo, por este aquie­ta­mien­to de la pro­tes­ta popu­lar, esa orga­ni­za­ción la tie­nen hoy los evan­gé­li­cos y se la han roba­do a la izquierda.

Pre­gun­ta: Eso es cier­to. De todos modos, y lo decía hace un rato, siguen sur­gien­do alter­na­ti­vas de pro­tes­ta espon­tá­nea que se van orga­ni­zan­do y toman­do for­ma, como todo este espec­tro de movi­mien­tos socia­les que vemos a lo lar­go de Amé­ri­ca Lati­na: movi­mien­tos indí­ge­nas, movi­mien­tos de des­ocu­pa­dos, cam­pe­si­nos sin tie­rra. ¿Y cómo ve los gru­pos de acción arma­da que aún per­ma­ne­cen ope­ra­ti­vos, en Colom­bia y en el sur de México?

Com­pa­ñe­ro Álva­ro: Hablan­do de Colom­bia, están gol­pea­dos, debi­li­ta­dos. Pero, por diver­sos moti­vos, no pue­den clau­di­car, por lo que no se van a desin­te­grar, van a seguir ope­ra­ti­vos, aun­que sea a un nivel bajo. Pen­san­do en la expe­rien­cia colom­bia­na, yo no sé si polí­ti­ca­men­te los gru­pos que siguen ope­ran­do están en una eta­pa de cre­ci­mien­to; pare­cie­ra, por el con­tra­rio, que pro­duc­to de años y años de pro­lon­ga­ción de la gue­rra, a la que no se le ve sali­da en este momen­to, la pobla­ción ya está can­sa­da de la situa­ción. Eso es un pro­ble­ma, por­que cie­rra el espa­cio para cre­cer, para soli­di­fi­car­se, para tener cre­di­bi­li­dad en tér­mi­nos polí­ti­cos. Por ejem­plo, el tema de los rehe­nes tie­ne mal pre­dis­pues­ta a la pobla­ción en gene­ral, por­que eso no se ve con bue­nos ojos. El gobierno ha sabi­do ir hacien­do su estra­te­gia de ange­li­zar a los rehe­nes, y final­men­te esas cosas cuen­tan. Ante el des­gas­te que pro­du­ce cual­quier gue­rra, el movi­mien­to gue­rri­lle­ro no sale favo­re­ci­do. La dere­cha sabe apro­ve­char eso en tér­mi­nos polí­ti­cos, explo­tan­do de for­ma sen­si­ble­ra, por supues­to, la angus­tia de muchas fami­lias, y de esa mane­ra le sacan pro­ve­cho a la situa­ción de los rehe­nes des­acre­di­tan­do más aún a los gru­pos arma­dos. Y con des­cré­di­to, es muy difí­cil avan­zar en la cons­truc­ción de alter­na­ti­vas en las que la gran mayo­ría pue­de ir sin­tién­do­se iden­ti­fi­ca­da. Con eso, a tra­vés de una feno­me­nal mani­pu­la­ción mediá­ti­ca a nivel inter­na­cio­nal, se logra des­acre­di­tar a toda la izquier­da, en cual­quier par­te. Hoy por hoy lo de Colom­bia no sé si tie­ne posi­bi­li­da­des de avan­zar hacia un triun­fo popu­lar; tal como están las cosas, lo mejor es clau­su­rar esa fase de la gue­rra. Así, lo que suce­de en este país tie­ne el lamen­ta­ble valor de rémo­ra, de peso his­tó­ri­co de un pasa­do que ago­bia y al que no se le ve mucho futuro.

Con el zapa­tis­mo pasa algo tris­te, a mi pare­cer: los pue­blos indí­ge­nas, la “india­da”, como le dicen en Méxi­co, que­da­ron frus­tra­dos. Pare­cie­ra que como fuer­za polí­ti­ca el movi­mien­to zapa­tis­ta ya no es teni­do en cuen­ta. Me pare­ce que hay mucho de come­dia en todo esto. Es un movi­mien­to gue­rri­lle­ro para el inter­net, con un líder supues­ta­men­te indí­ge­na fuman­do en pipa euro­pea, sin mayor arrai­go popu­lar. No le veo posi­bi­li­da­des de cre­cer polí­ti­ca­men­te y cons­ti­tuir­se en una alter­na­ti­va váli­da, con fuer­za polí­ti­ca, capaz de lide­rar trans­for­ma­cio­nes socia­les en tér­mi­nos reales.

Lamen­ta­ble­men­te, con­se­cuen­cia de las pali­zas que se sufrie­ron déca­das atrás, todos los movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios de acción arma­da que­da­ron des­acre­di­ta­dos. Vea­mos, por ejem­plo, lo que suce­dió en Nica­ra­gua: el san­di­nis­mo, que era una fuer­za reco­no­ci­da inter­na­cio­nal­men­te, creí­ble, heroi­ca en cier­to sen­ti­do, hoy que­dó sepul­ta­do, sien­do Daniel Orte­ga en muy bue­na medi­da el res­pon­sa­ble de este quie­bre. En reali­dad, pasó a ser una fuer­za polí­ti­ca de dere­cha, olvi­dan­do todo su pasa­do de lucha.

Creo que en todos los movi­mien­tos que abra­za­ron las armas años atrás, y ahí inclu­yo tam­bién el caso de Cuba, don­de toma­ron el poder y fue­ron la fuer­za con­du­cen­te por espa­cio de medio siglo, en todos los gru­pos gue­rri­lle­ros que vimos a lo lar­go y ancho de Amé­ri­ca Lati­na las déca­das pasa­das, hoy día, en lo que que­da de ellos, encon­tra­mos una geron­to­cra­cia. En Gua­te­ma­la es evi­den­te. En muchos casos, los movi­mien­tos gue­rri­lle­ros des­mo­vi­li­za­dos, cuan­do pasa­ron a ser par­ti­dos polí­ti­cos den­tro de los mar­cos de estas demo­cra­cias vigi­la­das, no pudie­ron conec­tar­se con la gen­te. En Gua­te­ma­la tris­te­men­te lo vimos. Me pare­ce que con una acti­tud de geron­tes como que­dó en bue­na par­te de esos aho­ra ex movi­mien­tos arma­dos, no vamos a nin­gún lado. Se nece­si­ta una acti­tud juve­nil, de renovación.

De todos modos, a la juven­tud, eso lo vemos en todos los paí­ses de la región más o menos igual, dado que sigue sien­do el fer­men­to más rebel­de de la socie­dad, se la bus­ca mania­tar, con­tro­lar; y para eso están todos los meca­nis­mos de con­trol social que el sis­te­ma sabe imple­men­tar per­fec­ta­men­te, des­de las modas has­ta la músi­ca para aturdirse.

Lo que vemos es que el sis­te­ma se sabe defen­der muy bien de toda fuer­za que le pue­da dispu­tar su hege­mo­nía. Por eso hoy se ve como muy difí­cil la apa­ri­ción de movi­mien­tos que le dis­pu­ten el poder real a la dere­cha, con las armas en la mano. Para lle­gar a ese pun­to y tener pro­pues­tas orga­ni­za­das, sis­te­má­ti­cas, de cam­bio social, para poder ser un com­ba­tien­te con­ven­ci­do que en un momen­to abra­za la acción arma­da como una for­ma de lucha, hay que tener las con­di­cio­nes; es decir: tie­ne que haber un espa­cio ideo­ló­gi­co que lo per­mi­ta. Y lo que vemos, lo que tris­te­men­te cons­ta­ta­mos en este momen­to es que se ha des­ideo­lo­gi­za­do mucho todo el cam­po popu­lar. Las igle­sias evan­gé­li­cas lo están hacien­do mejor que las izquier­das. Has­ta me atre­vo a decir que podría­mos fijar­nos en cómo lo están hacien­do, por­que en reali­dad, ellos han copia­do a la izquier­da lo que se hacía años atrás. Muta­tis mutan­dis, podría­mos decir que estas capi­llas son el equi­va­len­te a lo que años atrás fue­ron las célu­las de las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias. Son orga­ni­za­cio­nes que fun­cio­nan, con una ideo­lo­gía que obvia­men­te no apun­ta a cam­biar nada sino a man­te­ner todo como está, y a meter­le mie­do a la gen­te. En reali­dad, a ese tipo de orga­ni­za­ción tene­mos que apun­tar; orga­ni­za­ción que no es nue­va, por­que esa célu­la, ese peque­ño núcleo de base, es el que per­mi­te la orga­ni­za­ción sóli­da des­de aba­jo, y es lo que hacía­mos años atrás. Lo que pasa es que nos lo arre­ba­ta­ron. Hay que vol­ver a esa orga­ni­za­ción de aba­jo, a la peque­ña célu­la, al peque­ño gru­po en cada barrio, en cada comu­ni­dad. Ese es el ver­da­de­ro tra­ba­jo polí­ti­co. En esos peque­ños gru­pos se pue­de actuar como faná­ti­co, olvi­dán­do­se del mun­do real, tal como hacen los gru­pos evan­gé­li­cos. Pero tam­bién se pue­den pro­po­ner sali­das. Y ahí está su ver­da­de­ra fuerza.

Com­pa­ñe­ro Álva­ro, co-fun­da­dor de la ORPA (Orga­ni­za­ción del Pue­blo en Armas), de Guatemala.


Movi­mien­to Gue­va­ris­ta Revolucionario
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