Mar­xis­mo y revi­sio­nis­mo- V.I. Lenin

V. I. Lenin

MARXISMO Y REVISIONISMO


Escri­to: En la segun­da quin­ce­na de mar­zo, no más tar­de que el 3 (16) de abril de 1980.
Pri­me­ra edi­ción: En San Peters­bur­go, Rusia, entre el 25 de sep­tiem­bre (8 de octu­bre) y el 2 (15) de octu­bre de 1908 en Car­los Marx (1818−1883) con la fir­ma: «Vl. Ilín».
Fuen­te: Biblio­te­ca de Tex­tos Mar­xis­tas.
Pre­pa­ra­do para el MIA: Por Juan Fajar­do, abril de 2000.
Es bien cono­ci­do el afo­ris­mo que dice que si los axio­mas geo­mé­tri­cos afec­ta­sen los intere­ses de la gen­te, segu­ra­men­te habría quien los refu­ta­se. Las teo­rías de las cien­cias natu­ra­les, que han cho­ca­do con los vie­jos pre­jui­cios de la teo­lo­gía, pro­vo­ca­ron y siguen pro­vo­can­do has­ta hoy la opo­si­ción más enco­na­da. Nada tie­ne de extra­ño, pues, que la doc­tri­na de Marx, que sir­ve en for­ma direc­ta a la edu­ca­ción y orga­ni­za­ción de la cla­se de van­guar­dia de la socie­dad moder­na, que seña­la las tareas de esa cla­se y demues­tra la sus­ti­tu­ción inevi­ta­ble – en vir­tud del desa­rro­llo eco­nó­mi­co – del régi­men actual por un nue­vo orden, haya debi­do luchar por con­quis­tar cada uno de sus pasos.

Inú­til es decir­lo, esto apli­ca­do a la cien­cia y la filo­so­fía bur­gue­sas, ofi­cial­men­te ense­ña­das por pro­fe­so­res ofi­cia­les para embru­te­cer a las nue­vas gene­ra­cio­nes de las cla­ses posee­do­ras y «adies­trar­las» con­tra los enemi­gos exte­rio­res e inte­rio­res. Esta cien­cia no quie­re oir hablar de mar­xis­mo y lo pro­cla­ma refu­ta­do y ani­qui­la­do; Marx es ata­ca­do con igual celo por los jóve­nes doc­tos que hacen carre­ra refu­tan­do el socia­lis­mo, como por los decré­pi­tos ancia­nos que con­ser­van la tra­di­ción de toda suer­te de anti­cua­dos «sis­te­mas». Los avan­ces del mar­xis­mo y la difu­sión y el afian­za­mien­to de las ideas mar­xis­tas entre la cla­se obre­ra pro­vo­can inevi­ta­ble­men­te la reite­ra­ción y agu­di­za­ción de esos ata­ques bur­gue­ses con­tra el mar­xis­mo, que sale más fuer­te, más tem­pla­do y vita­li­za­do de cada uno de sus «ani­qui­la­mien­tos» por la cien­cia oficial.

Pero, aun entre las doc­tri­nas vin­cu­la­das a la lucha de la cla­se obre­ra y difun­di­das de modo pre­do­mi­nan­te entre el pro­le­ta­ria­do, el mar­xis­mo de nin­gún modo con­so­li­dó su posi­ción de gol­pe, ni mucho menos. Duran­te el pri­mer medio siglo de su exis­ten­cia (des­de la déca­da del 40 del siglo XIX) luchó con­tra teo­rías que le eran pro­fun­da­men­te hos­ti­les. En la pri­me­ra mitad de la déca­da del 40, Marx y Engels ajus­ta­ron cuen­tas con los jóve­nes hege­lia­nos radi­ca­les, cuyo pun­to de vis­ta era el del idea­lis­mo filo­só­fi­co. A fines de esa déca­da, en el cam­po de las doc­tri­nas eco­nó­mi­cas pasó a pri­mer plano la lucha con­tra el proudho­nis­mo. Esta lucha ter­mi­nó en la déca­da del so con la críii­ca de los par­ti­dos y doc­tri­nas que habían sur­gi­do en el tur­bu­len­to año 1848. En la déca­da del 60, al expul­sar al baliu­ni­nis­mo1 de la Inter­na­cio­nal, la lucha se des­pla­zó del cam­po de la teo­ría gene­ral a un cam­po más cer­cano al movi­mien­to obre­ro pro­pia­men­te dicho. A comien­zos de la déca­da del 70, se des­ta­có en Ale­ma­nia, por bre­ve tiem­po, el proudho­nis­ta Mühl­ber­ger; a fines de ese perío­do, el posi­ti­vis­ta Düh­ring. Pero la influen­cia de uno y otro sobre el pro­le­ta­ria­do era ya insig­ni­fi­can­te. El mar­xis­mo había alcan­za­do un indis­cu­ti­ble triun­fo sobre todas las otras ideo­lo­gías del movi­mien­to obrero.

En lo fun­da­men­tal, este triun­fo cul­mi­nó en la déca­da del 90 del siglo pasa­do. Has­ta en los paí­ses lati­nos, don­de se habían man­te­ni­do las tra­di­cio­nes del proudho­nis­mo por más tiem­po, los par­ti­dos obre­ros estruc­tu­ra­ron sus pro­gra­mas y su tác­ti­ca sobre bases mar­xis­tas. Al reanu­dar­se en for­ma de con­gre­sos inter­na­cio­na­les perió­di­cos, la orga­ni­za­ción inter­na­cio­nal del movi­mien­to obre­ro, se colo­có, en lo esen­cial, inme­dia­ta­men­te y casi sin lucha, en el terreno del mar­xis­mo. Pero cuan­do el mar­xis­mo hubo des­pla­za­do a todas las doc­tri­nas más o menos inte­gra­les que le eran hos­ti­les, las ten­den­cias que en ellas se alber­ga­ban comen­za­ron a bus­car otros cami­nos. Las for­mas y las cau­sas de la lucha cam­bia­ron, pero la lucha con­ti­nuó. Y el mar­xis­mo comen­zó su segun­do medio siglo de exis­ten­cia (déca­da del 90 del siglo pasa­do) enfren­tan­do una corrien­te hos­til en el mis­mo marxismo.

El ex-mar­xis­ta orto­do­xo Berns­tein dio su nom­bre a esta corrien­te al pro­cla­mar con gran alha­ra­ca y con gran­di­lo­cuen­tes expre­sio­nes las enmien­das de Marx, la revi­sión de Marx, el revi­sio­nis­mo. Aun en Rusia, don­de – debi­do al atra­so eco­nó­mi­co y a la pre­pon­de­ran­cia de la pobla­ción cam­pe­si­na opri­mi­da por los ves­ti­gios de la ser­vi­dum­bre – el socia­lis­mo no mar­xis­ta se ha man­te­ni­do duran­te mucho tiem­po, hoy se con­vier­te sen­ci­lla­men­te en revi­sio­nis­mo ante nues­tros pro­pios ojos. Y lo mis­mo en el pro­ble­ma agra­rio (pro­gra­ma de muni­ci­pa­li­za­ción de toda la tie­rra) que en las cues­tio­nes pro­gra­má­ti­cas y tác­ti­cas de índo­le gene­ral, nues­tros social­po­pu­lis­tas fue­ron sus­ti­tu­yen­do cada vez más con «enmien­das» a Marx los res­tos ago­ni­zan­tes y cadu­cos del vie­jo sis­te­ma, cohe­ren­te a su modo y pro­fun­da­men­te hos­til al marxismo.

El socia­lis­mo pre­mar­xis­ta ha sido derro­ta­do. Con­ti­núa luchan­do ya no en su pro­pio terreno, sino en el del mar­xis­mo, como revi­sio­nis­mo. Exa­mi­ne­mos, pues, cuál es el con­te­ni­do ideo­ló­gi­co del revisionismo.

En el cam­po de la filo­so­fía, el revi­sio­nis­mo iba a remol­que de la «cien­cia» aca­dé­mi­ca bur­gue­sa. Los pro­fe­so­res «retor naban a Kant», y el revi­sio­nis­mo se arras­tra­ba tras los neo­kan­tia­nos2; los pro­fe­so­res repe­tían las vul­ga­ri­da­des que los curas habían pro­nun­cia­do mil veces con­tra el mate­ria­lis­mo filo­só­fi­co, y los revi­sio­nis­tas, son­rien­do com­pla­ci­dos, mur­mu­ra­ban (repi­tien­do pala­bra por pala­bra el últi­mo manual) que el mate­ria­lis­mo había sido «refu­ta­do» des­de hacía mucho tiem­po. Los pro­fe­so­res tra­ta­ban a Hegel como a «perro muer­to», y mien­tras ellos mis­mos pre­di­ca­ban el idea­lis­mo, solo que mil veces más mez­quino y super­fi­cial que el hege­liano, enco­gién­do­se des­de­ño­sa­men­te de hom­bros ante la dia­léc­ti­ca, los revi­sio­nis­tas se hun­dían tras ellos en el pan­tano del envi­le­ci­mien­to filo­só­fi­co de la cien­cia, sus­ti­tu­yen­do la «sutil» (y revo­lu­cio­na­ria) dia­léc­ti­ca por la «sim­ple» (y pací­fi­ca) «evo­lu­ción». Los pro­fe­so­res gana­ban su suel­do ofi­cial ajus­tan­do sus idea­lis­tas y «crí­ti­cos» sis­te­mas a la domi­nan­te «filo­so­fía» medie­val (es decir, a la teo­lo­gía), y los revi­sio­nis­tas se acer­ca­ban a ellos, esfor­zán­do­se por hacer de la reli­gión un «asun­to pri­va­do», no en rela­ción al Esta­do moderno, sino en rela­ción al par­ti­do de la cla­se de vanguardia.

No se nece­si­ta decir el ver­da­de­ro sig­ni­fi­ca­do de cla­se de seme­jan­tes «enmien­das» a Marx: es bien evi­den­te. Sólo seña­la­re­mos que Ple­já­nov fue el úni­co mar­xis­ta en la social demo­cra­cia inter­na­cio­nal que cri­ti­có des­de el pun­to de vis­ta del mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co con­se­cuen­te aque­llas increí­bles nece­da­des acu­mu­la­das por los revi­sio­nis­tas. Es tan­to más nece­sa­rio sub­ra­yar esto con fuer­za, por cuan­to en nues­tro tiem­po se hacen ten­ta­ti­vas pro­fun­da­men­te erró­neas, des­ti­na­das a pre­sen­tar el vie­jo y reac­cio­na­rio fárra­go filo­só­fi­co bajo pre­tex­to de crí­ti­ca del opor­tu­nis­mo tác­ti­co de Ple­já­nov.*]

Pasan­do a la eco­no­mía polí­ti­ca, es nece­sa­rio seña­lar, ante todo, que en esta esfe­ra las «enmien­das» de los revi­sio­nis­tas eran muchí­si­mo más mul­ti­fa­cé­ti­cas y minu­cio­sas; se tra­ta­ba de suges­tio­nar al públi­co con «nue­vos datos sobre el desa­rro­llo eco­nó­mi­co». Se decía que la con­cen­tra­ción y des­pla­za­mien­to de la peque­ña pro­duc­ción por la gran pro­duc­ción no se ope­ra de nin­gún modo en la agri­cul­tu­ra y con extre­ma len­ti­tud en el comer­cio y la indus­tria. Se decía que las cri­sis se han vuel­to aho­ra más raras y débi­les, y que los cár­tels y trusts pro­ba­ble­men­te harían capaz al capi­tal de eli­mi­nar­las por com­ple­to. Se decía que la «teo­ría de la ban­ca­rro­ta» hacia la cual mar­cha el capi­ta­lis­mo es incon­sis­ten­te debi­do a que las con­tra­dic­cio­nes de cla­se tien­den a sua­vi­zar­se y ate­nuar­se. Y, por últi­mo, se decía que no esta­ría mal corre­gir tam­bién la teo­ría del valor de Marx de acuer­do con Bohm-Bawerk3.

La lucha con­tra los revi­sio­nis­tas en torno de estas cues­tio­nes sir­vió para reavi­var de mane­ra fecun­da el pen­sa­mien­to teó­ri­co del socia­lis­mo inter­na­cio­nal, tal como había ocu­rri­clo vein­te años antes con la polé­mi­ca de Engels con­tra Düh­ring. Los argu­men­tos de los revi­sio­nis­tas fue­ron ana­li­za­dos con hechos y cifras en la mano. Se demos­tró que embe­lle­cían sis­te­má­ti­ca­men­te la peque­ña pro­duc­ción actual. Datos irre­fu­ta­bles prue­ban la supe­rio­ri­dad téc­ni­ca y comer­cial de la gran pro­duc­ción sobre la peque­ña, no sólo en la indus­tria, sino tam­bién en la agri­cul­tu­ra. Pero la pro­duc­ción de mer­can­cías está mucho menos desa­rro­lla­da en la agri­cul­tu­ra y, por lo gene­ral, los esta­dís­ti­cos y eco­no­mis­tas actua­les no saben des­ta­car las ramas espe­cia­les y, a veces, inclu­so las ope­ra­cio­nes de la agri­cul­tu­ra que expre­san de qué mane­ra la agri­cul­tu­ra es pro­gre­si­va­men­te arras­tra­da al pro­ce­so de inter­cam­bio de la eco­no­mía mun­dial. La peque­ña pro­duc­ción se sos­tie­ne sobre las rui­nas de la eco­no­mía natu­ral debi­do al cons­tan­te empeo­ra­mien­to de la ali­men­ta­ción, el ham­bre cró­ni­ca, la pro­lon­ga­ción de la jor­na­da de tra­ba­jo, el dete­rio­ro de la cali­dad y aten­ción del gana­do; en una pala­bra, debi­do a aque­llos mis­mos méto­dos con que se sos­tu­vo tam­bién la pro­duc­ción arte­sa­nal con­tra la manu­fac­tu­ra capi­ta­lis­ta. En la socie­dad capi­ta­lis­ta, cada avan­ce de la cien­cia y la téc­ni­ca soca­va, inevi­ta­ble e inexo­ra­ble­men­te, los cimien­tos de la peque­ña pro­duc­ción. Y la tarea de la eco­no­mía polí­ti­ca socia­lis­ta con­sis­te en inves­ti­gar este pro­ce­so en todas sus for­mas, no pocas veces com­ple­jas e intrin­ca­das, y demos­trar al peque­ño pro­duc­tor la impo­si­bi­li­dad de sos­te­ner­se en el capi­ta­lis­mo, la situa­ción deses­pe­ra­da de las explo­ta­cio­nes cam­pe­si­nas en el régi­men capi­ta­lis­ta y la nece­si­dad de que el cam­pe­sino adop­te el pun­to de vis­ta del pro­le­ta­ria­do. Ante la cues­tión que nos ocu­pa, los revi­sio­nis­tas come­tie­ron el peca­do, en el aspec­to cien­tí­fi­co, de gene­ra­li­zar super­fi­cial­men­te algu­nos hechos toma­dos de mane­ra uni­la­te­ral, al mar­gen de su cone­xión con el sis­te­ma del capi­ta­lis­mo en su con­jun­to; y en el aspec­to polí­ti­co, come­tie­ron el peca­do de que, inevi­ta­ble­men­te, qui­sie­ran o no, invi­ta­ron o empu­ja­ron a los cam­pe­si­nos a tomar la acti­tud del pro­pie­ta­rio (es decir, la acti­tud de la bur­gue­sía), en vez de ins­tar­los a adop­tar el pun­to de vis­ta del pro­le­ta­ria­do revolucionario.

El revi­sio­nis­mo salió aún peor para­do en lo que se refie­re a la teo­ría de las cri­sis y a la teo­ría de la ban­ca­rro­ta. Sólo per­so­nas muy poco pers­pi­ca­ces y duran­te muy poco tiem­po podían pen­sar en modi­fi­car los fun­da­men­tos de la doc­tri­na de Marx bajo la influen­cia de algu­nos años de ani­ma­ción y pros­pe­ri­dad indus­trial. Muy pron­to la reali­dad se encar­gó de ense­ñar a los revi­sio­nis­tas que las cri­sis no eran cosa del pasa­do: la pros­pe­ri­dad fue segui­da por la cri­sis. Cam­bia­ron las for­mas, la suce­sión, el cua­dro de las dis­tin­tas cri­sis pero éstas seguían sien­do par­te inte­gran­te, inevi­ta­ble, del régi­men capi­ta­lis­ta. Mien­tras uni­fi­can la pro­duc­ción, los cár­tels y trusts, simul­tá­nea­men­te, y en for­ma visi­ble para todos, agra­van la anar­quía de la pro­duc­ción, la inse­gu­ri­dad de la vida del pro­le­ta­ria­do y la opre­sión del capi­tal, agu­di­zan­do así las con­tra­dic­cio­nes de cla­se en gra­do sin pre­ce­den­tes. Los moder­nos, gigan­tes­cos trusts ponen en evi­den­cia, de modo bien pal­pa­ble y en inmen­sas pro­por­cio­nes, que el capi­ta­lis­mo mar­cha hacia la ban­ca­rro­ta, tan­to en el sen­ti­do de las cri­sis polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas ais­la­das como en el del hun­di­mien­to com­ple­to de todo el régi­men. La recien­te cri­sis finan­cie­ra en Nor­te­amé­ri­ca y el horro­ro­so cre­ci­mien­to de la des­ocu­pa­ción en toda Euro­pa, sin hablar de la pró­xi­ma cri­sis indus­trial, de la que aso­man no pocos sín­to­mas, han hecho que las rccien­tes «teo­rías» de los revi­sio­nis­tas fue­ran olvi­da­das por todos, inclui­dos al pare­cer muchos de ellos mis­mos. Las que no deben olvi­dar­se son las ense­ñan­zas que esta ines­ta­bi­li­dad de los inte­lec­tua­les ha brin­da­do a la cla­se obrera.

Con res­pec­to a la teo­ría del valor, sólo es nece­sa­rio decir que, apar­te de alu­sio­nes y sus­pi­ros muy vagos, al esti­lo de Bohm-Bawerk, los revi­sio­nis­tas no apor­ta­ron abso­lu­ta­men­te nada ni deja­ron, por tan­to, nin­gu­na hue­lla en el desa­rro­llo del pen­sa­mien­to científico.

En la esfe­ra polí­ti­ca, el revi­sio­nis­mo inten­tó revi­sar real­men­te los fun­da­men­tos del mar­xis­mo, o sea, la teo­ría de la lucha de cla­ses. La liber­tad polí­ti­ca, la demo­cra­cia, el su frn­gio uni­ver­sal – nos decían los revi­sio­nis­tas – des­tru­yen el terreno para la lucha de cla­ses y des­mien­ten la vie­ja tesis del Mani­fies­to Comu­nis­ta de que los obre­ros no tie­nen patria. Pues­to que en la demo­cra­cia pre­va­le­ce «la volun­tad de la mayo­ría», según ellos, no se debe con­si­de­rar al Esta­do como órgano de domi­na­ción de cla­se ni negar­se a esta­ble­cer alian­zas con la bur­gue­sía pro­gre­sis­ta, social­re­for­mis­ta, con­tra los reaccionarios.

Es indis­cu­ti­ble que estas obje­cio­nes de los revi­sio­nis­tas se redu­cían a un sis­te­ma bas­tan­te armó­ni­co de con­cep­cio­nes, a saber: las bien cono­ci­das con­cep­cio­nes libe­ral­bur­gue­sas. Los libe­ra­les han dicho siem­pre que el par­la­men­ta­ris­mo bur­gués des­tru­ye las cla­ses y dife­ren­cias de cla­se, ya que todos los ciu­da­da­nos sin dis­tin­ción gozan del dere­cho a votar e inter­ve­nir en los asun­tos de Esta­do. Toda la his­to­ria de Euro­pa duran­te la segun­da mitad del siglo XIX, toda la his­to­ria de la revo­lu­ción rusa a comien­zos del siglo XX en señan de mane­ra paten­te lo absur­do de tales con­cep­tos. Con las liber­ta­des del capi­ta­lis­mo «demo­crá­ti­co», las dife­ren­cias eco­nó­mi­cas, lejos de ate­nuar­se, se acen­túan y agra­van. El par­la­men­ta­ris­mo no eli­mi­na, sino que pone al des­nu­do el carác­ter inna­to de las repú­bli­cas bur­gue­sas más demo­crá­ti­cas como órga­nos de opre­sión de cla­se. Al ayu­dar a ilus­trar y orga­ni­zar a masas de pobla­ción incom­pa­ra­ble­men­te más vas tas que las que antes par­ti­ci­pa­ban en for­ma acti­va en los acon­te­ci­mien­tos polí­ti­cos, el par­la­men­ta­ris­mo no con­tri­bu­ye a la eli­mi­na­cion de las cri­sis y revo­lu­cio­nes polí­ti­cas, sino a la agu­di­za­ción de la gue­rra civil duran­te esas revo­lu­cio­nes. Los acon­te­ci­mien­tos de París, en la pri­ma­ve­ra de 1871, y los de Rusia, en el invierno de 1905, reve­la­ron con suma cla­ri­dad que dicha agu­di­za­ción se pro­du­ce inde­fec­ti­ble­men­te. Para aplas­tar el movi­mien­to pro­le­ta­rio, la bur­gue­sía fran­ce­sa no vaci­ló ni un segun­do en pac­tar con el enemi­go de toda la nación, con las tro­pas extran­je­ras que habían arrui­na­do a su patria. Quien no com­pren­da la inevi­ta­ble dia­léc­ti­ca inter­na del par­la­men­ta­ris­mo y de la demo­cra­cia bur­gue­sa, que lle­va a solu­cio­nar la dispu­ta por la vio­len­cia de las masas de un modo toda­vía más tajan­te que en tiem­pos ante­rio­res, jamás podrá, basán­do­se en ese par­la­men­ta­ris­mo, rea­li­zar una pro­pa­gan­da y agi­ta­ción con­se­cuen­te y de prin­ci­pio que pre­pa­re real­men­te a las masas obre­ras para una par­ti­ci­pa­ción vic­to­rio­sa en tales «dispu­tas». La expe­rien­cia de las alian­zas, acuer­dos, blo­ques con el libe­ra­lis­mo social­re­for­mis­ta en la Euro­pa Occi­den­tal y con el refor­mis­mo libe­ral (kade­tes) en la revo­lu­ción rusa, mues­tra de mane­ra con­vin­cen­te que esos acuer­dos, al unir a los ele­men­tos com­ba­ti­vos con los ele­men­tos menos capa­ces de luchar, con los más vaci­lan­tes y trai­do­res, sólo embo­tan la con­cien­cia de las masas, y no refuer­zan, sino que debi­li­tan la impor­tan­cia real de su lucha. El mille­ran­dis­mo fran­cés – la más gran­de expe­rien­cia de apli­ca­ción de la tác­ti­ca polí­ti­ca revi­sio­nis­ta en una esca­la de ampli­tud real­men­te nacio­nal – nos ha ofre­ci­do una valo­ra­ción prác­ti­ca del revi­sio­nis­mo que el pro­le­ta­ria­do del mun­do ente­ro jamás olvidará.

El com­ple­men­to natu­ral de las ten­den­cias eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas del revi­sio­nis­mo era su acti­tud hacia la meta final del movi­mien­to socia­lis­ta. «El obje­ti­vo final no es nada; el movi­mien­to lo es todo»: esta expre­sión pro­ver­bial de Berns­tein pone en evi­den­cia la esen­cia del revi­sio­nis­mo mejor que muchas lar­gas diser­ta­cio­nes. Deter­mi­nar su com­por­ta­mien­to caso por caso, adap­tar­se a los acon­te­ci­mien­tos del día, a los vira­jes de las minu­cias polí­ti­cas, olvi­dar los intere­ses car­di­na­les del pro­le­ta­ria­do y los ras­gos fun­da­men­ta­les de todo el régi­men capi­ta­lis­ta, de toda la evo­lu­ción del capi­ta­lis­mo, sacri­fi­car esos intere­ses car­di­na­les en aras de las ven­ta­jas ver­da­de­ras o supues­tas del momen­to: ésta es la polí­ti­ca del revi­sio­nis­mo. Y de la esen­cia mis­ma de esta polí­ti­ca se dedu­ce, con toda evi­den­cia, que pue­de adop­tar for­mas infi­ni­ta­men­te diver­sas y que cada pro­ble­ma más o menos «nue­vo», cada vira­je más o menos ines­pe­ra­do e impre­vis­to de los acon­te­ci­mien­tos – aun­que sólo alte­re la línea fun­da­men­tal del desa­rro­llo en pro­por­cio­nes míni­mas y por el pla­zo más cor­to –, pro­vo­ca­rá siem­pre, sin fal­ta, una u otra varie­dad de revisionismo.

El carác­ter inevi­ta­ble del revi­sio­nis­mo está deter­mi­na­do por sus raí­ces de cla­se en la socie­dad actual. El revi­sio­nis­mo es un fenó­meno inter­na­cio­nal. Para nin­gún socia­lis­ta que refle­xio­ne y ten­ga un míni­mo de cono­ci­mien­tos pue­de exis­tir ni la más peque­ña duda de que la rela­ción entre orto­do­xos y berns­tei­nia­nos en Ale­ma­nia, entre gues­dis­tas y jau­re­sis­tas4 (aho­ra, en par­ti­cu­lar, brous­sis­tas) en Fran­cia, entre la Fede­ra­ción Social­de­mó­cra­ta y el Par­ti­do Labo­ris­ta Inde­pen­dien­te en Ingla­te­rra, entre Brouc­ke­re y Van­der­vel­de en Bél­gi­ca, entre inte­gra­lis­tas5 y refor­mis­tas en Ita­lia, entre bol­che­vi­ques y men­che­vi­ques en Rusia es, en todas par­tes, en lo sus­tan­cial, una y la mis­ma pese a la inmen­sa diver­si­dad de las con­di­cio­nes nacio­na­les y de los fac­to­res his­tó­ri­cos en la actual situa­ción de todos esos paí­ses. En reali­dad, la «divi­sión» en el movi­mien­to socia­lis­ta inter­na­cio­nal de nues­tra épo­ca se pro­du­ce ya, aho­ra, en los diver­sos paí­ses del mun­do, esen­cial­men­te en una mis­ma línea, lo cual mues­tra el for­mi­da­ble paso ade­lan­te que se ha dado en com­pa­ra­ción con lo que ocu­rría hace 30 ó 40 años, cuan­do en los diver­sos paí­ses lucha­ban ten­den­cias hete­ro­gé­neas den­tro del movi­mien­to socia­lis­ta inter­na­cio­nal úni­co. Y ese «revi­sio­nis­mo de izquier da» que se per­fi­la hoy en los paí­ses lati­nos como «sin­di­ca­lis­mo revo­lu­cio­na­rio«6 se adap­ta tam­bién al mar­xis­mo «enmen­dán­do­lo»: Labrio­la en Ita­lia, Lagar­de­lle en Fran­cia, ape­lan muy a menu­do del Marx mal com­pren­di­do al Marx bien compreadido.

No pode­mos dete­ner­nos a exa­mi­nar aquí el con­te­ni­do ideo­ló­gi­co de este revi­sio­nis­mo, que dis­ta mucho de estar tan desa­rro­lla­do como el revi­sio­nis­mo opor­tu­nis­ta y que no se ha tras­for­ma­do en inter­na­cio­nal, ni afron­ta­do una sola bata­lla prác­ti­ca impor­tan­te con el par­ti­do socia­lis­ta de nin­gún país. Por eso, nos limi­ta­re­mos al «revi­sio­nis­mo de dere­cha» des­cri­to antes.

¿En qué des­can­sa su carác­ter inevi­ta­ble en la socie­dad capi­ta­lis­ta? ¿Por qué es más pro­fun­do que las dife­ren­cias de las par­ti­cu­la­ri­da­des nacio­na­les y el gra­do de desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo? Por­que en todo país capi­ta­lis­ta exis­ten siem­pre, al lado del pro­le­ta­ria­do, exten­sas capas de peque­ña bur­gue­sía, de peque­ños pro­pie­ta­rios. El capi­ta­lis­mo ha naci­do y sigue nacien­do, cons­tan­te­men­te, de la peque­ña pro­duc­ción. Una serie de nue­vas «capas medias» son inevi­ta­ble­men­te for­ma­das, una y otra vez por el capi­ta­lis­mo (apén­di­ces de las fábri­cas, tra­ba­jo a domi­ci­lio, peque­ños talle­res dise­mi­na­dos por todo el país para hacer fren­te a las exi­gen­cias de la gran indus­tria, por ejem­plo de la indus­tria de bici­cle­tas y auto­mó­vi­les, etc.). Esos nue­vos peque­ños pro­duc­to­res son nue­va­men­te arro­ja­dos, de modo no menos infa­li­ble, a las filas del pro­le­ta­ria­do. Es muy natu­ral que la con­cep­ción del mun­do peque­ño­bur­gue­sa irrum­pa una y otra vez en las filas de los gran­des par­ti­dos obre­ros. Es muy natu­ral que así suce­da, y así suce­de­rá siem­pre has­ta lle­gar a la revo­lu­ción proletaria,pues sería un pro­fun­do error pen­sar que es nece­sa­rio que la mayo­ría de la pobla­ción se pro­le­ta­ri­ce «por com­ple­to» para que esa revo­lu­ción sea posi­ble. La expe­rien­cia que hoy vivi­mos, a menu­do sólo en el cam­po ideo­ló­gi­co, es decir las dis­cu­sio­nes sobre las enmien­das teó­ri­cas a Marx; lo que hoy sur­ge en la prác­ti­ca sólo en pro­ble­mas ais­la­dos y par­cia­les del movi­mien­to obre­ro tales como las dife­ren­cias tác­ti­cas con los revi­sio­nis­tas y la divi­sión que se pro­du­ce en base a ellas, todo ello lo expe­ri­men­ta­rá en esca­la incom­pa­ra­ble­men­te mayor la cla­se obre­ra cuan­do la revo­lu­ción pro­le­ta­ria agu­di­ce todos los pro­ble­mas en liti­gio, con­cen­tre todas las dife­ren­cias en los pun­tos que tie­nen la impor­tan­cia más inme­dia­ta para deter­mi­nar la con­duc­ta de las masas, y en el fra­gor del com­ba­te haga nece­sa­rio sepa­rar los enemi­gos de los ami­gos, echar a los malos alia­dos para ases­tar gol­pes deci­si­vos al enemigo.

La lucha ideo­ló­gi­ca, libra­da a fines del siglo XIX por el mar­xis­mo revo­lu­cio­na­rio con­tra el revi­sio­nis­mo no es más que el pre­lu­dio de los gran­des com­ba­tes revo­lu­cio­na­rios del pro­le­ta­ria­do que, pese a todas las vaci­la­cio­nes y debi­li­da­des de los filis­teos, avan­za hacia el triun­fo com­ple­to de su causa.

NOTAS

* Ver el libro Ensa­yos sobre la filo­so­fia del mar­xis­mo, de Bog­dá­nov, Bazá­rov y otros. No es opor­tuno ana­li­zar aquí este libro y, por el momen­to, me limi­to a mani­fes­tar que en un futu­ro pró­xi­mo demos­tra­ré en una serie de artícu­los, o en un folle­to espe­cial, que todo lo que en él se dice sobre los revi­sio­nis­tas neo­kan­tia­nos guar­da tam­bién rela­ción, en sus­tan­cia, con estos «nue­vos» revi­sio­nis­tas neo­hu­mis­tas y neo­ber­ke­lia­nos. (Véa­se V. I. Lenin, Mate­ria­lis­mo y empi­rio­cri­ti­cis­mo)

1 El baku­ni­nis­mo: corrien­te anar­quis­ta cuya deno­mi­na­ción tie­ne ori­gen en M. A. Baku­nin. El baku­ni­nis­mo for­mu­ló la teo­ría de la «igua­la­ción» de las cls­ses, con­si­de­ró que la abo­li­ción del dere­cho de suce­sión era pun­to ini­cial de la revo­lu­ción social y pre­co­ni­zó el aban­dono de todas las acti­vi­da­des polí­ti­cas de la cla­se obre­ra. La tesis fun­da­men­tal del baku­ni­nis­mo era la nega­ción de la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do y de su par­ti­do, sos­tu­vo que el Esta­do era fuen­te de todo tipo de des­gra­cias, por lo que debía ser abo­li­do de todas mane­ras. Y, final­men­te, cayó en la anar­quía. El baku­ni­nis­mo era enemi­go encar­ni­za­do del mar­xis­mo. Baku­nin y sus segui­do­res efec­tua­ron en la I Inter­na­cio­nal acti­vi­da­des cons­pi­ra­ti­vas esci­sio­nis­tas inten­tan­do en vano usur­par la direc­ción del movi­mien­to obre­ro inter­naeio­nal. En 1872 Baku­nin fue expul­sa­do de la I Inter­na­cio­nal. Marx y Engels con­de­na­ron seve­ra­men­te la teo­ría y la tác­ti­ca de los baku­ni­nis­tas. Lenin cali­fi­có esa corrien­te como «la con­cep­ción del peque­ño­bur­gués que no tie­ne espe­ran­za de sal­var­se». (V. I. Lenin, «En memo­ria de Her­zen», Obras Com­ple­tas, t. XVIII.)

2 Neo­kan­tia­nos: par­ti­da­rios de la corrien­te filo­só­fi­ca bur­gue­sa sur­gi­da en Ale­ma­nia en la segun­da mitad del siglo XIX. Repro­du­cía las tesis idea­lis­tas más reac­cio­na­rias de la filo­so­fía de Kant. Bajo la con­sig­na de «retorno a Kant», los neo­kan­tia­nos com­ba­tían el mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co e his­tó­ri­co, tra­ta­ban de con­ci­liar la cien­cia con la filo­so­fía idea­lis­ta de Kant, nega­ban la «cosa en sí», recha­za­ban la admi­sión de ley obje­ti­va de la socie­dad. En la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na, los neo­kan­tia­nos (E. Berns­tein, C. Sch­midt y otros) revi­sa­ron la filo­so­fía de Marx, su teo­ria eco­nó­mi­ca y sus tesis sobre la lucha de cla­ses y la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do. En Rusia, los par­ti­da­rios del neo­kan­tis­mo fue­ron los «mar­xis­tas lega­les», los ese­ris­tas y mencheviques.

3 Eugen Böhm-Bawerk fue un vul­gar eco­no­mis­ta bur­gués aus­tría­co, uno de los repre­sen­tan­tes de la lla­ma­da «eseue­la aus­tría­ca» en eco­no­mía polí­ti­ca. Se opo­nia a la teo­ría mar­xis­ta de la plus­va­lía, afir­ma­ba que la gana­neia sur­ge como dife­ren­cia entre la valo­ra­ción sub­je­ti­va de los bie­nes actua­les y la de los futu­ros, y no como resul­ta­do de la explo­ta­ción de los obre­ros por los capi­ta­lis­tas. Encu­brien­do las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo, tra­tó de dis­traer la aten­ción de la cla­se obre­ra de la lucha revolucionaria.

4 Jau­re­sis­tas: par­ti­da­rios del socia­lis­ta fran­cés J. Jau­res, quien con­jun­ta­men­te con A. Mille­rand, for­mó en los años 90 del siglo XIX el gru­po de los «socia­lis­tas inde­pen­dien­tes», y enea­be­zó el ala dere­cha, refor­mis­ta, del movi­mien­to socia­lis­ta de Fran­cia. Con el pre­tex­to de una supues­ta «liber­tad de crí­ti­ca», los jau­re­sis­tas pro­pug­na­ban la revi­sión de las tesis fun­da­men­ta­les del mar­xis­mo y pre­di­ca­ban la cola­bo­ra­ción de cla­se del pro­le­ta­ria­do con la bur­gue­sía. En 1902 for­ma­ron el Par­ti­do Socia­lis­ta Fran­cés, de ten­den­cia reformista.

5 Los inte­gra­lis­tas: par­ti­da­rios de una corrien­te socia­lis­ta peque­ño­bur­gue­sa en el movi­mien­to obre­ro de Fran­cia, Ita­lia y Bél­gi­ca de fines del siglo XIX. Ellos se pro­nun­cia­ban por­que el socia­lis­mo se apo­ya­se no sólo en la cla­se obre­ra, sino en «todos los que sufrían», sin dis­tin­ción de cla­se, defen­dían la paz entre las cla­ses y com­ba­tían la lucha de cla­ses. Los repre­sen­tan­tes prin­ci­pa­les de los inte­gra­lis­tas eran el fran­cés Benoit Malon y el ita­liano Enri­co Ferri. En la déca­da del 90, sobre una serie de pro­ble­mas lucha­ron los inte­gra­lis­tas ita­lia­nos con­tra los refor­mis­tas que ocu­pa­ban posi­cio­nes opor­tu­nis­tas extre­mas y cola­bo­ra­ban con la bur­gue­sía reaccionaria.

6 Sin­di­ca­lis­mo revo­lu­cio­na­rio: corrien­te semi­anar­quis­ta peque­ño­bur­gue sa apa­re­ci­da en el movi­mien­to obre­ro de varios paí­ses de Euro­pa Occi­den­tal a fines del siglo XIX. Los sin­di­ca­lis­tas nega­ban la ncce­si­dad de la lucha polí­ti­ca de la cla­se obre­ra, el papel diri­gen­te del par­ti­do y la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do. Con­si­de­ra­ban que los sin­di­ca­tos pue­den, orga­ni­zan­do la huel­ga gene­ral de los obre­ros, derro­car el capi­ta­lis­mo sin revo­lu­ción y tomar en sus manos la direc­ción de la producción.


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