Homi­ci­dio cola­te­ral en Irak- Amy Good­man

Esta sema­na se publi­có un video de las fuer­zas arma­das esta­dou­ni­den­ses que mues­tra una matan­za indis­cri­mi­na­da de civi­les en Bag­dad. La orga­ni­za­ción de noti­cias sin fines de lucro Wiki­Leaks obtu­vo el video y lo publi­có en Inter­net. Las imá­ge­nes fue­ron cap­tu­ra­das el 12 de julio de 2007 por un heli­cóp­te­ro de com­ba­te esta­dou­ni­den­se Apa­che, e inclu­ye un audio de las trans­mi­sio­nes de radio de las fuer­zas arma­das.

Dos emplea­dos de Reuters –un fotó­gra­fo y su cho­fer- murie­ron en el ata­que jun­to con al menos otras ocho per­so­nas, mien­tras que dos niños resul­ta­ron heri­dos. Las trans­mi­sio­nes de radio mues­tran no solo la total insen­si­bi­li­dad de los sol­da­dos, que se ríen y pro­fie­ren insul­tos mien­tras matan, sino tam­bién el estric­to pro­ce­di­mien­to que siguen, median­te el que se ase­gu­ran que todos los ata­ques están cla­ra­men­te auto­ri­za­dos por su cade­na de man­do. El video fil­tra­do es una ima­gen cru­da de lo común que se ha vuel­to matar civi­les, y es un duro recor­da­to­rio de lo nece­sa­rio que es el perio­dis­mo, y lo peli­gro­so que se ha vuel­to prac­ti­car­lo.

Lue­go de que el fotó­gra­fo Namir Noor-Eldeen, de 22 años, y su cho­fer, Saeed Chmagh, de 40, fue­ron ase­si­na­dos, Reuters exi­gió una inves­ti­ga­ción com­ple­ta. Si bien era muy joven, Noor-Eldeen había sido des­cri­to por sus cole­gas como uno de los más des­ta­ca­dos repor­te­ros grá­fi­cos de gue­rra en Irak. Chmagh tenía cua­tro hijos.

El video mues­tra a un gru­po de hom­bres en una calle des­trui­da de Bag­dad guian­do a los dos emplea­dos de Reuters a un edi­fi­cio cer­cano. Se ve que Noor-Eldeen y Chmagh lle­van cada uno una cáma­ra con tele­ob­je­ti­vo col­ga­da al hom­bro. A con­ti­nua­ción se escu­cha el audio de la trans­mi­sión del sol­da­do esta­dou­ni­den­se que está en el heli­cóp­te­ro, des­cri­bien­do lo que ve des­de arri­ba: “Hay cua­tro que siguen cami­nan­do y uno tie­ne un arma”.

Se escu­chan muchas más con­ver­sa­cio­nes entre los dos heli­cóp­te­ros y los sol­da­dos en tie­rra que están en vehícu­los blin­da­dos en las cer­ca­nías:

“Hotel dos-seis, Caba­llo loco uno-ocho. Tene­mos de cin­co a seis indi­vi­duos con AK-47s. Soli­ci­tud de per­mi­so para dis­pa­rar”.

“Enten­di­do. No tene­mos per­so­nal al este de nues­tra posi­ción. Enton­ces, pue­den dis­pa­rar. Cam­bio y fue­ra”.

El heli­cóp­te­ro da varias vuel­tas alre­de­dor de la zona, con la mira apun­tan­do direc­to hacia el cen­tro del gru­po de apro­xi­ma­da­men­te ocho hom­bres. Wiki­Leaks y su socio en la divul­ga­ción de esta noti­cia, el Ser­vi­cio Nacio­nal de Radio­di­fu­sión Islan­dés, sub­ti­tu­ló el video y agre­gó fle­chas seña­lan­do a los emplea­dos de Reuters.

Las armas auto­má­ti­cas empie­zan a dis­pa­rar de for­ma inin­te­rrum­pi­da, y la mayo­ría de los hom­bres mue­re al ins­tan­te. Noor-Eldeen corre tra­tan­do de huir de las balas y la mira lo sigue, dis­pa­ran­do ince­san­te­men­te has­ta que cae muer­to.

La trans­mi­sión de radio con­ti­núa: “Bien, tene­mos alre­de­dor de ocho indi­vi­duos”, y lue­go, “Sí, hici­mos que un tipo se arras­tra­ra ahí aba­jo”.

Chmagh, heri­do de gra­ve­dad, se arras­tra ale­ján­do­se de los otros cuer­pos. Otra voz des­de el heli­cóp­te­ro, bus­can­do un moti­vo para dis­pa­rar, dice: “Vamos, mucha­cho. Solo tie­nes que levan­tar un arma. …Si vemos un arma, vamos a dis­pa­rar”.

Poco des­pués se detie­ne una camio­ne­ta, y varios hom­bres, cla­ra­men­te des­ar­ma­dos salen y levan­tan a Chmagh, apa­ren­te­men­te para lle­var­lo a un hos­pi­tal.

Los sol­da­dos del heli­cóp­te­ro Apa­che soli­ci­tan y obtie­nen per­mi­so para “dis­pa­rar” a la camio­ne­ta. Abren fue­go, des­tro­zan el fren­te de la camio­ne­ta y matan a los hom­bres. El arma uti­li­za­da en este caso fue una ame­tra­lla­do­ra de 30 milí­me­tros, que se sue­le usar para per­fo­rar vehícu­los blin­da­dos. Lue­go de que todas las per­so­nas a la vis­ta están apa­ren­te­men­te muer­tas, comien­zan a acer­car­se al lugar los vehícu­los blin­da­dos esta­dou­ni­den­ses. Cuan­do uno de los tan­ques pasa por enci­ma del cadá­ver de Noor-Eldeen, un sol­da­do dice, rien­do, des­de el heli­cóp­te­ro: “Creo que aca­ban de pasar por enci­ma de un cuer­po”.

Los sol­da­dos de tie­rra des­cu­bren den­tro de la camio­ne­ta a dos niños, que han sobre­vi­vi­do mila­gro­sa­men­te. Una voz soli­ci­ta a tra­vés de la radio mili­tar per­mi­so para eva­cuar­los a un hos­pi­tal de las fuer­zas arma­das esta­dou­ni­den­ses. Otra voz les orde­na que entre­guen a los niños heri­dos a la poli­cía ira­quí para que los lle­ven a una clí­ni­ca local, lo que sig­ni­fi­ca una demo­ra en la asis­ten­cia y un tra­ta­mien­to menos ade­cua­do.

La inves­ti­ga­ción de las muer­tes por par­te de las fuer­zas arma­das de Esta­dos Uni­dos dejó a los sol­da­dos libres de cual­quier deli­to, y los pedi­dos de Reuters de obte­ner el video en vir­tud de la Ley de Liber­tad de Infor­ma­ción fue­ron nega­dos. A pesar del encu­bri­mien­to del Pen­tá­gono, el ata­que fue bru­tal y pue­de haber impli­ca­do un cri­men de gue­rra, ya que quie­nes se dis­po­nen a soco­rrer a los heri­dos lue­go de un ata­que están pro­te­gi­dos por la Con­ven­ción de Gine­bra. Wiki­Leaks dijo que obtu­vo el video “a tra­vés de una serie de infor­man­tes mili­ta­res”. Wiki​leaks​.org, fun­da­do a fines de 2006 como un sitio para que infor­man­tes pue­dan publi­car docu­men­tos de mane­ra segu­ra, ha sufri­do ata­ques de Esta­dos Uni­dos y otros gobier­nos.

Des­de que fue fun­da­do, Wiki­Leaks reve­ló muchas noti­cias y reci­bió varios pre­mios. La orga­ni­za­ción y miem­bros del Par­la­men­to islan­dés están tra­ba­jan­do jun­tos para hacer de Islan­dia un cen­tro mun­dial del perio­dis­mo de inves­ti­ga­ción, para que se aprue­ben leyes fuer­tes de liber­tad de expre­sión y pro­tec­ción de la pri­va­ci­dad. Las pala­bras del legen­da­rio perio­dis­ta I.F. Sto­ne aún tie­nen vigen­cia: “Los gobier­nos mien­ten”. Por eso, nece­si­ta­mos perio­dis­tas y tra­ba­ja­do­res de los medios valien­tes, como Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh, y nece­si­ta­mos infor­man­tes y medios que pro­te­jan cui­da­do­sa­men­te la iden­ti­dad de los infor­man­tes que están hacien­do públi­cas sus denun­cias a tra­vés de ellos para que sean some­ti­das a escru­ti­nio públi­co.

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