Quién es esa mujer…- Flor Monfor

El Con­se­jo de Esta­do fran­cés puso coto a la inten­ción de Nico­las Sar­kozy de prohi­bir y mul­tar el uso del bur­ka en espa­cios públi­cos. Pero más allá de las idas y vuel­tas, ¿quié­nes son y qué pien­san las muje­res, obje­to del debate?

Por Flor Monfort 

Mujer musul­ma­na: si vives en Fran­cia, pro­fe­sas tu fe con devo­ción y adop­tas­te la cos­tum­bre del bur­ka en tu vida, el deba­te sobre tu indu­men­ta­ria se agu­di­za. ¿Aca­so podrás leer estas líneas? Mucho sabe­mos sobre la pre­gun­ta que divi­de las aguas de la opi­nión públi­ca y la polí­ti­ca del país euro­peo, muy poco sobre quié­nes son las pro­ta­go­nis­tas, aque­llas que debe­rían cam­biar su vida si se prohi­bie­ra el velo inte­gral, pagan­do mul­tas de 750 euros cada vez que pisan la calle o recu­rrien­do a ampa­ros judi­cia­les que las pro­te­gan. ¿Quié­nes son y qué pien­san las dos mil muje­res que usan el velo inte­gral en sue­lo fran­cés? ¿No es iné­di­to un deba­te que tie­ne silen­cia­das a sus prin­ci­pa­les damnificadas?


Es que aho­ra, el órgano que debía estu­diar la per­ti­nen­cia sobre la pues­ta en mar­cha de una ley que prohí­ba el bur­ka se pro­nun­ció. Para el máxi­mo orga­nis­mo de con­sul­ta del gobierno, inte­gra­do por opo­si­to­res y ofi­cia­lis­tas, la medi­da tie­ne una fra­gi­li­dad legal intrín­se­ca y no se arti­cu­la con la polí­ti­ca de pro­tec­ción de las liber­ta­des indi­vi­dua­les. Si bien acep­ta­rían prohi­bir el velo inte­gral en algu­nos espa­cios, como los hos­pi­ta­les o los tri­bu­na­les, no reco­mien­dan legis­lar a favor de la cen­su­ra y el cas­ti­go eco­nó­mi­co. Lo que sugie­ren, en cam­bio, es acer­car­se a esas dos mil muje­res y “con­ven­cer­las” de limi­tar su uso, imi­tan­do el velo de las reli­gio­sas mode­ra­das (al esti­lo Bena­zir Bhut­to) en una polí­ti­ca de media­ción social sin inten­cio­nes drás­ti­cas ni intru­si­vas. Tal vez de esa mane­ra podría­mos cono­cer­las, si es que algu­na de ellas abre la puer­ta de su casa para dis­cu­tir algu­na de sus más radi­ca­les costumbres.




Esta reso­lu­ción gene­ra un cho­que de pla­ne­tas con la incia­ti­va de Sar­kozy de legis­lar la prohi­bi­ción en luga­res públi­cos y mul­tar a quie­nes no la aca­ten. El pri­mer minis­tro Fra­nçois Fillon dijo que res­pe­ta­ba la deci­sión, pero que el gobierno segui­ría el mis­mo rum­bo que pro­me­tió Sar­kozy, aún des­pués del cache­ta­zo que reci­bió en las últi­mas elec­cio­nes regio­na­les. Dijo que pen­sa­ban ir “lo más lejos posi­ble sobre la vía de la prohi­bi­ción gene­ral tenien­do en cuen­ta el res­pe­to por los prin­ci­pios gene­ra­les del dere­cho”, lo que es lo mis­mo que decir que hay que ajus­tar tan fuer­te las cla­vi­jas de la letra legal para que sea impo­si­ble la ape­la­ción de los par­ti­cu­la­res.

¿Qué quie­re Sar­kozy? ¿Cuán­to le impor­ta la dig­ni­dad feme­ni­na? ¿Cuán­to hay de segu­ri­dad de esta­do más que de dere­chos indi­vi­dua­les en el asun­to?

Mien­tras tan­to, los dipu­tados bel­gas comen­za­ron a eva­luar un pro­yec­to de ley que prohí­ba el uso del velo inte­gral para su país, lo cual no hace más que rati­fi­car una polí­ti­ca euro­pea anti­is­lá­mi­ca, que pare­ce haber­se pro­pa­ga­do des­de Esta­dos Uni­dos, aun cuan­do Bush ya no está en el poder y Oba­ma ase­gu­ra que no le intere­sa decir­le a la gen­te cómo debe ves­tir­se.

Para la perio­dis­ta de géne­ro Nico­le Much­nik, el inte­rro­gan­te recae sobre las femi­nis­tas, quie­nes debe­rían plan­tear­se cómo ahon­dar en un tema que divi­de las aguas de la mili­tan­cia: “Para una mujer occi­den­tal es muy difí­cil hablar del bur­ka con frial­dad, con la cabe­za y no los sen­ti­mien­tos, por lo mucho que nos afec­ta esa osten­ta­ción de sumi­sión, de ser­vi­dum­bre de la mujer, esa nega­ción extre­ma de la igual­dad entre los sexos. Sin embar­go, ya no se tra­ta sólo de sim­pa­ti­zar con nues­tras her­ma­nas ira­níes, sau­díes o yeme­níes, que sufren lati­ga­zos y lapi­da­cio­nes, sino de saber qué corres­pon­de pen­sar y hacer”, escri­bió en una edi­to­rial para el dia­rio El País.

Por otro lado, lejos de con­cen­trar­se en una cues­tión de “izquier­da” y “dere­cha”, las posi­cio­nes se repar­ten con más liqui­dez. La abo­ga­da femi­nis­ta Gisè­le Hali­mi, por ejem­plo, defien­de el dere­cho de la mujer al velo, argu­men­tan­do que es ella quien deci­de, mien­tras que la aso­cia­ción femi­nis­ta “Ni putas ni sumi­sas” cele­bró el Día de la Mujer con la con­sig­na “Ni velo ni bur­ka”, agi­tan­do las aguas para que la ley se pro­mul­gue sin demo­ras.

Por eso, com­pa­ñe­ra musul­ma­na, inten­ta­mos poner­le voz a las pre­gun­tas que podrías hacer­te: ¿Qué auto­ri­dad tie­nen los que deba­ten sobre mi indu­men­ta­ria? ¿Sabrán qué se sien­te vivir cubier­ta de un blac­kout y que un buen día te obli­guen a aban­do­nar­lo?

¿Y sabrás vos lo que se sien­te depi­lar­se con cera? Por­que due­le mucho…

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