His­to­ria cri­mi­nal del cris­tia­nis­mo – La Haine

Desch­ner nació en Ale­ma­nia en 1924 y se licen­ció en filo­so­fía y teo­lo­gía por la Uni­ver­si­dad de Würz­burg. Es autor de nume­ro­sas obras crí­ti­cas con la Igle­sia Cris­tia­na, entre ellas la His­to­ria Cri­mi­nal del Cris­tia­nis­mo, obra inaca­ba­da que va por el noveno tomo, y a la que se ha podi­do dedi­car gra­cias al apo­yo eco­nó­mi­co de varios patro­ci­na­do­res pri­va­dos. En 1971 fue juz­ga­do por difa­ma­ción de la Igle­sia, pero ganó el jui­cio, y en los últi­mos años ha reci­bi­do nume­ro­sos hono­res. La Fun­da­ción Gior­dano Bruno ha ins­ti­tui­do un pre­mio que lle­va su nom­bre, y cuyo pri­mer galar­do­na­do ha sido el bio­ló­go Richard Dawkins.

Sr. Desch­ner, ¿cuál es la esen­cia del cristianismo?

Karlheinz Desch­ner: La bue­na nue­va con pin­tu­ra de gue­rra. Inclu­ye muchas leyen­das boni­tas, por ejem­plo la his­to­ria de la resu­rrec­ción, así como muchos man­da­mien­tos boni­tos, por ejem­plo el man­da­mien­to del amor al pró­ji­mo, del amor al enemi­go, el man­da­mien­to de no robar, no matar y la astu­cia de no cum­plir nin­guno de estos man­da­mien­tos. El cris­tia­nis­mo es la fusión de un coro con una conflagración.

Pero, ¿qué tie­ne de malo el cris­tia­nis­mo hoy en día? His­to­ria cri­mi­nal del cris­tia­nis­mo es el títu­lo de su obra prin­ci­pal, que va ya por el octa­vo tomo. ¿La Igle­sia no ha per­di­do mucha influen­cia, al menos en Euro­pa occidental?

En pri­mer lugar: yo no estoy des­cri­bien­do el cris­tia­nis­mo actual, el que exis­te aho­ra, sino un pasa­do, es decir, a veces (y a veces no) algo un poco dis­tin­to. Pero lo que sigue sien­do cri­mi­nal del cris­tia­nis­mo actual son las reper­cu­sio­nes de su ideo­lo­gía, las muchas con­se­cuen­cias de su demen­cia dog­má­ti­ca, que no se con­for­ma sola­men­te con la fe, sino que quie­re hacer pro­se­li­tis­mo, expan­dir­se, con­quis­tar. Lo que hoy en día sigue sien­do cri­mi­nal del cris­tia­nis­mo es su desas­tro­sa moral sexual y social, su prác­ti­ca de pro­te­ger den­tro del vien­tre materno lo que lue­go se sacri­fi­ca en la gue­rra; como si en las tri­pas de las muje­res se cria­ra la car­ne de cañón. Los gran­des sacri­fi­cios de los pobres a favor de los ricos se con­vier­ten en peque­ños sacri­fi­cios de los ricos a favor de los pobres. Lo que las igle­sias pier­den, o pare­cen per­der, en Euro­pa occi­den­tal, lo ganan en otros luga­res, por ejem­plo en “God’s own country” (la Tie­rra pro­pia de Dios, N. de la trad.)

Hoy en día, ¿el Islam radi­cal no supo­ne un peli­gro mucho mayor?

Dejan­do de lado sus pro­pios poten­cia­les agre­si­vos, que se entre­mez­clan con la mise­ria socio­eco­nó­mi­ca del Ter­cer Mun­do, en lo que res­pec­ta al Islam que ya casi se ve sólo, como en su día se vie­ron los judíos o los comu­nis­tas, en el papel del mal, casi del úni­co gran mal, ¿no podría­mos pen­sar que este papel les vie­ne bien a deter­mi­na­dos sec­to­res occi­den­ta­les, no podrían inclu­so haber alen­ta­do, en secre­to, el peli­gro islámico?

Pero es evi­den­te que muchos terro­ris­tas de hoy en día legi­ti­man sus ase­si­na­tos a tra­vés del Islam.

Sí, de acuer­do con la opi­nión públi­ca que pre­do­mi­na aquí. Pero un estu­dio que la Fun­da­ción Ber­tels­mann lle­vó a cabo en todo el mun­do y que se publi­có a fina­les de noviem­bre lle­ga a otra con­clu­sión. Este estu­dio no men­cio­na como moti­vo prin­ci­pal de la vio­len­cia polí­ti­ca (que en los últi­mos cin­co años se ha tri­pli­ca­do) el fana­tis­mo reli­gio­so, sino la pobre­za, la mala admi­nis­tra­ción y la repre­sión. Según el estu­dio, el extre­mis­mo reli­gio­so, inclui­do el islá­mi­co, está aumen­tan­do, pero en con­jun­to sólo supo­ne una cuar­ta par­te de los gru­pos terro­ris­tas. La mayor pro­por­ción, un 36%, sigue corres­pon­dien­do a los movi­mien­tos nacionalistas.

¿Cómo ve usted la rela­ción entre cris­tia­nis­mo, Islam y judaís­mo? La vio­len­cia y la exclu­sión de los que pien­san de otro modo, ¿está pre­sen­te en todos los mono­teís­mos, o hay gradaciones?

Las tres reli­gio­nes mono­teís­tas tie­nen algo de into­le­ran­cia. Algo de vio­len­cia y vio­la­ción. Debi­do a su idea de ser el pue­blo ele­gi­do, tie­nen unas aspi­ra­cio­nes abso­lu­tis­tas que exclu­yen de entra­da una autén­ti­ca tolerancia.

¿Qué le moti­va a usted a lo lar­go de las déca­das para este tra­ba­jo increí­ble? ¿La indignación?

¿Qué me moti­va? Muy sen­ci­llo: la injus­ti­cia. Una injus­ti­cia que cla­ma al cie­lo, que duran­te mile­nios se ha empa­que­ta­do en pala­bras pseu­do pia­do­sas, en men­ti­ras escan­da­lo­sas; los deta­lles se pue­den leer en mis muchos libros crí­ti­cos con el cristianismo.

Usted se defi­ne como agnós­ti­co. ¿Qué quie­re decir exactamente?

Como agnós­ti­co, soy hon­ra­do y dejo abier­ta la pre­gun­ta sobre Dios y sobre la inmor­ta­li­dad. No la nie­go, aun­que para mí El no tie­ne una gran pro­ba­bi­li­dad. Pues si bien com­par­to con Sha­kes­pea­re la idea de que hay más cosas en el cie­lo y en la Tie­rra de las que pue­de soñar nues­tra filo­so­fía, pien­so, como Goethe, que no pode­mos explo­rar esa cues­tión, que nues­tro cere­bro está dema­sia­do limi­ta­do. “Del mis­mo modo” dice Dar­win “podría espe­cu­lar un perro sobre el enten­di­mien­to de New­ton”. Y no lo digo con afán de cri­ti­car a los perros.

¿Usted fue cre­yen­te antes? Y en ese caso, ¿cuán­do dejó de serlo?

Fui cre­yen­te de niño. A los diez años que­ría ser cura. A los once ya no. A los quin­ce años leía a Nietz­sche, en la uni­ver­si­dad a Scho­penhauer y Kant. Con eso fue sufi­cien­te para des­pe­dir­me del cris­tia­nis­mo. Y con lo que ya con­se­guí aca­bar con un resi­duo emo­cio­nal que tam­po­co se debe sub­es­ti­mar es con la escri­tu­ra de Aber­mals kräh­te der Hahn (El gallo vol­vió a can­tar), en su mayor par­te una his­to­ria de los dog­mas del cris­tia­nis­mo tem­prano, en par­te una his­to­ria com­pa­ra­da de las reli­gio­nes; 25.000 horas de tra­ba­jo en cin­co años.

¿La refor­ma supu­so un avan­ce, una huma­ni­za­ción del cristianismo?

No, para nada. Sig­ni­fi­có con­ti­nuar con los crí­me­nes. Bien es cier­to que Lute­ro des­en­mas­ca­ró las leyen­das de los san­tos como cuen­tos. Pero man­tu­vo las leyen­das bíbli­cas; la creen­cia en el dia­blo; en las bru­jas; el exter­mi­nio de los here­jes; el anti­se­mi­tis­mo, la gue­rra, la ser­vi­dum­bre, el prín­ci­pe. A eso se le lla­ma reforma.

¿Y en Sui­za? ¿Zwin­gli fue mejor?

Zwin­gli no que­ría que lo con­fun­die­ran con Lute­ro, le sabía muy mal que los papis­tas lo lla­ma­ran lute­rano, pero no era tan inde­pen­dien­te, al menos en la prác­ti­ca. Al igual que Lute­ro se ampa­ra­ba en los prín­ci­pes, él se ampa­ra­ba en el Con­se­jo de Zurich, la ciu­dad repú­bli­ca autó­no­ma. Al igual que Lute­ro com­ba­tía los levan­ta­mien­tos de los cam­pe­si­nos, al igual que Lute­ro actua­ba en con­tra de los que bau­ti­za­ban, al igual que Lute­ro (y que todos los cris­tia­nos autén­ti­cos) se mos­tró a favor de la gue­rra. Igual que Lute­ro, divi­dió las tie­rras y, a dife­ren­cia de éste, ata­có con toda vio­len­cia a los cató­li­cos del inte­rior de Sui­za. Final­men­te, opi­na­ba que “la Igle­sia sólo podía reno­var­se por la san­gre». La san­gre era siem­pre lo que más les delei­ta­ba, sobre todo la de los demás.

¿Y Cal­vino?

Ay, ese asce­ta enfer­mi­zo, páli­do, ves­ti­do de negro, que pare­cía no sen­tir nada por la natu­ra­le­za ni por el arte ni le gus­ta­ban las muje­res ni dis­fru­ta­ba de la vida, que sólo sen­tía un ansia insa­cia­ble de poder, que sólo que­ría impo­ner sus teo­rías, su dic­ta­du­ra teo­crá­ti­ca; fana­tis­mo acé­rri­mo, espio­na­je sis­te­má­ti­co, cas­ti­gar y meter­se en lo más pri­va­do de las vidas de los demás. Bas­ta con pen­sar en su com­por­ta­mien­to vil hacia Miguel Ser­vet, refor­mis­ta como él, médi­co y filó­so­fo de la natu­ra­le­za, a quien por una dife­ren­cia teo­ló­gi­ca metió en la cár­cel y lue­go lo que­mó en la hogue­ra, dejan­do que ardie­ra vivo duran­te media hora, has­ta que la víc­ti­ma, que no para­ba de gri­tar, se con­vir­tió en una masa de car­bón. Dos­cien­tos años más tar­de, Edward Gib­bon, el gran his­to­ria­dor de la Ilus­tra­ción, afir­ma que este sacri­fi­cio “le con­mo­vió más que los miles que murie­ron en las hogue­ras de la inquisición”.

Una socie­dad atea, ¿es auto­má­ti­ca­men­te una socie­dad mejor?

No, des­de lue­go que no. Pero una socie­dad sin “Dios”, sin mitos, sin la base de unas reli­gio­nes men­ti­ro­sas mili­tan­tes, me pare­ce algo a lo que mere­ce la pena aspi­rar. No sé si las cosas mejo­ra­rán si cam­bian. Pero cito a Lich­ten­berg: «Pero las cosas tie­nen que cam­biar para poder mejorar».

Los casos de pedofi­lia, ¿son un fenó­meno nue­vo, o for­man par­te de la Iglesia?

Por supues­to que la pedofi­lia no es nada nue­vo. Eso exis­te en la Igle­sia des­de que exis­te la Igle­sia, inclu­so antes, en los tiem­pos del cris­tia­nis­mo pri­mi­ti­vo. Si lee­mos las car­tas de Pablo, las autén­ti­cas y las seis fal­si­fi­ca­das, se encuen­tran, igual que en otras par­tes del Nue­vo Tes­ta­men­to, todo tipo de “peca­dos” sexuales.

¿Las “per­ver­sio­nes” de los sacer­do­tes están rela­cio­na­das con el celibato?

Es muy posi­ble. Pero la mayor par­te de los céli­bes no le hicie­ron mucho caso al celi­ba­to, en lugar de renun­ciar a UNA mujer man­te­nían a mon­to­nes de ellas, en cier­to sen­ti­do el matri­mo­nio de los clé­ri­gos es sus­ti­tui­do por un harén de clé­ri­gos. En el siglo VIII, San Boni­fa­cio pilla a los curas con cua­tro, cin­co o más con­cu­bi­nas en la cama. Lue­go hubo en Basi­lea obis­pos con vein­te, con sesen­ta y un niños, inclu­so los monas­te­rios están lle­nos de muje­res, y las mon­jas le hacen la com­pe­ten­cia a las pros­ti­tu­tas. En el siglo XIII, has­ta los papas se lamen­tan de la inde­cen­cia del cle­ro, les dicen que son peor que los lai­cos, la podre­dum­bre de los pue­blos. En el siglo XV, en el Con­ci­lio de Cons­tan­cia, el que que­ma a Hus, par­ti­ci­pan ade­más del Espí­ri­tu San­to sete­cien­tas pros­ti­tu­tas públi­cas, sin con­tar las que se tra­je­ron los pro­pios padres del Concilio.

¿Y los pro­pios papas?

En el mis­mo siglo, el papa Six­to IV, el que cons­tru­yó la Capi­lla Six­ti­na, que lle­va su nom­bre, y tam­bién un bur­del de mucho éxi­to, coha­bi­ta­ba con su her­ma­na y con sus hijos. ¡Y en 1476 intro­du­jo la fies­ta de la Inma­cu­la­da Con­cep­ción! Por des­con­ta­do que des­pués de las refor­mas tri­den­ti­nas con­ti­nua­ron las baca­na­les del cle­ro. Inclu­so en el año 1970, una aso­cia­ción cató­li­ca de Munich lamen­ta la hipo­cre­sía los sacer­do­tes cató­li­cos, que man­tie­nen rela­cio­nes secre­tas simi­la­res al matrimonio.

Enton­ces, ¿está usted a favor de abo­lir el celibato’

Para nada. Yo, al igual que los papas, estoy total­men­te a favor del celi­ba­to: el que quie­ra ser cató­li­co, el que quie­ra ser cura cató­li­co, que se aguante.

¿Se pue­de decir que el pri­mer cris­tia­nis­mo fue bueno, pero que la Igle­sia lo con­vir­tió en algo malo?

Eso es lo que creen muchos. Pero, apar­te de que el cris­tia­nis­mo no tie­ne nada, abso­lu­ta­men­te nada de ori­gi­nal (des­de la Navi­dad has­ta la ascen­sión, todo son pla­gios), ya el pri­mer tomo de la His­to­ria Cri­mi­nal tes­ti­mo­nio en casi cien pági­nas las luchas de los pri­me­ros cris­tia­nos con­tra el judaísmo.

Usted mis­mo es la mejor prue­ba del espí­ri­tu libe­ral del cris­tia­nis­mo. En el Islam, haría ya tiem­po que le habrían col­ga­do una fatua.

Y antes, en el cris­tia­nis­mo, me habrían exco­mul­ga­do, o col­ga­do, o que­ma­do, duran­te siglos. Que nadie se con­fun­da: hoy en día es sólo la rela­ti­va impo­ten­cia del cle­ro lo que impi­de que que­men a sus enemigos.

¿Vivi­mos en una socie­dad lai­ca, o la reli­gión sigue sien­do un fac­tor impor­tan­te, o inclu­so que va a más?

No hace fal­ta más que encen­der la tele­vi­sión para ver el tra­ta­mien­to que reci­ben las igle­sias y sus diri­gen­tes, el papa, el espa­cio que se les dedi­ca, los comen­ta­rios… Por no pen­sar lo que ocu­rri­rá entre bastidores.

El papa actual, ¿tie­ne cabi­da den­tro de su historia?

Sí, en la medi­da en que pare­ce que con­ti­núa en todos los aspec­tos esen­cia­les la polí­ti­ca de sus ante­ce­so­res, sobre todo la terri­ble repre­sión sexual que me temo que segui­rá cobrán­do­se víc­ti­mas mien­tras vivan y mue­ran los hom­bres. El lega­do de quie­nes le pre­ce­die­ron se docu­men­ta en mi obra Polí­ti­ca de los papas en el siglo XX, de casi 1400 páginas.

Bene­dic­to XVI, ¿podría rom­per, si qui­sie­ra, con esta lamen­ta­ble tradición?

En con­tra de lo que se sue­le creer, no tie­ne tan­ta impor­tan­cia quién enca­be­za la curia. Por más poder que ten­ga, su mar­gen de actua­ción es limi­ta­do. Depen­de de todo el apa­ra­to buro­crá­ti­co y jerár­qui­co, de ten­den­cias polí­ti­cas y teo­ló­gi­cas, de pug­nas den­tro de la curia y fue­ra, en la igle­sia de los obis­pos. En la prác­ti­ca, el papa, apa­ren­te­men­te un autó­cra­ta, está ata­do por todos los lados, muchas veces las deci­sio­nes ya están toma­das antes de que él las pro­nun­cie. Rara vez tie­ne el papa la capa­ci­dad de inte­grar los extre­mos, a menu­do no es más que el órgano de eje­cu­ción de un ban­do u otro. En resu­men, el Vati­cano es una cami­sa de fue­ra para su soberano.

¿Se pue­den dar cifras de la víc­ti­mas del cristianismo?

Si a las víc­ti­mas direc­tas (paga­nos, judíos, musul­ma­nes, here­jes, bru­jas, indios) se le suman las indi­rec­tas, por ejem­plo las de las dos gran­des gue­rras del pasa­do siglo, que todas las Igle­sias cris­tia­nas alen­ta­ron con insis­ten­cia, no cabe duda de que han sido varios cien­tos de millo­nes de huma­nos; por no hablar de los animales.

Vamos a ver. Las víc­ti­mas de las dos gue­rras mun­dia­les, ¿se las atri­bu­ye usted a la Igle­sia? El régi­men comu­nis­ta de la URSS era ateo, y los nazis tam­bién esta­ban en con­tra de la Igle­sia. Los cris­tia­nos esta­ban en su mayo­ría del lado de las víc­ti­mas, o se opu­sie­ron a los regí­me­nes totalitarios.

Casi todo eso es cier­to. Aho­ra bien, y ahí está la ver­güen­za, las Igle­sias, la cató­li­ca, la pro­tes­tan­te y la orto­do­xa, todo el cle­ro cola­bo­ró con los regí­me­nes que hicie­ron la gue­rra, fue una ínti­ma cola­bo­ra­ción por todos los lados.

Pón­ga­nos un ejem­plo. ¿Qué papel desem­pe­ñó el papa duran­te la pri­me­ra gue­rra mundial?

Pío X, faná­ti­co anti­es­la­vo, prác­ti­ca­men­te metió a Aus­tria en la pri­me­ra gue­rra mun­dial. Y tam­bién el secre­ta­rio de esta­do del car­de­nal Merry del Val, nada más esta­llar el infierno, dijo lite­ral­men­te que “tenía la espe­ran­za de que la Monar­quía fue­ra has­ta el final”. Hay docu­men­tos que lo prue­ban sin lugar a dudas. Y hay miles de ser­mo­nes vomi­ti­vos ani­man­do a la gue­rra, que rebo­san de fer­vor béli­co y espí­ri­tu ase­sino. A las matan­zas las lla­man “pri­ma­ve­ra de los pue­blos”, “tor­men­ta de Pas­cua”, el sil­bi­do de las balas es “el can­to de la misa”, los caño­nes “alta­vo­ces de la pie­dad que lla­ma”, las trin­che­ras son “la gru­ta de Getse­ma­né”, el cam­po de com­ba­te es “Gal­ga­tá”, y el ins­tan­te de la muer­te, el “momen­to divino”. Ahí esta­ban los cris­tia­nos, pero eran víc­ti­mas y tam­bién cul­pa­bles, ambos.

¿Y en la segun­da gue­rra mundial?

Bueno, pues antes el papa había apo­ya­do des­de el prin­ci­pio, y había lle­va­do al poder, a todas las ban­das fas­cis­tas, en Ita­lia, Ale­ma­nia, Espa­ña, las más delez­na­bles en Croa­cia. Y al prin­ci­pio de la segun­da gue­rra mun­dial Pío XII ame­na­zó a “millo­nes de cató­li­cos del ejér­ci­to ale­mán”: “Han jura­do, tie­nen que obe­de­cer.” Les metió en la cabe­za que el Füh­rer era el jefe supre­mo de los ale­ma­nes y que negar­le obe­dien­cia era peca­do. Este papa no sólo expre­só, en mitad de la gue­rra, gran sim­pa­tía por Ale­ma­nia, sino tam­bién, lite­ral­men­te “admi­ra­ción por las gran­des cua­li­da­des del Füh­rer”. Inclu­so le trans­mi­tió a éste, a tra­vés de dos de sus nun­cios, lite­ral­men­te, que “no desea­ba nada con más anhe­lo que su victoria.”

¿Por qué? ¿Por mie­do, por adap­tar­se? ¿O per­se­guía la Igle­sia sus pro­pios fines?

Pío XII (pro­pie­ta­rio de una for­tu­na per­so­nal de ochen­ta millo­nes en oro y títu­los) tenía la espe­ran­za de con­se­guir, en la segun­da gue­rra mun­dial (25.000 muer­tos dia­rios, gas­to dia­rio de dos mil millo­nes de mar­cos) lo que el papa­do no había con­se­gui­do con Habs­bur­go y el Kái­ser ale­mán: el gran obje­ti­vo de Roma, con­ver­tir en cató­li­cos los Bal­ca­nes y some­ter a la Igle­sia rusa ortodoxa.

¿Cuál fue la reac­ción de la Igle­sia rusa ortodoxa?

Se puso inme­dia­ta­men­te del lado de la URSS atea, del lado de Sta­lin. Pues es que, sean cató­li­cos, pro­tes­tan­tes o orto­do­xos, en reali­dad siem­pre se tra­ta de lo mis­mo, de una sola cosa: el poder, el poder, el poder. Y así pues, se hizo una lla­ma­mien­to a la pobla­ción para que apo­ya­ran a Sta­lin, y se cele­bra­ron misas para rogar a Dios por la vic­to­ria del Ejér­ci­to Rojo. Un Con­ci­lio de 46 obis­pos le deseó “a nues­tro que­ri­dí­si­mo jefe José Sta­lin una lar­ga vida”.

¿La reli­gión nos aton­ta auto­má­ti­ca­men­te? ¿O tam­bién pue­de enno­ble­cer a los hombres?

No sé, tal vez en algu­nas oca­sio­nes enno­ble­ce, sobre todo a aque­llos que por sí mis­mos tam­bién se habrían enno­ble­ci­do. Pero los cris­tia­nos bue­nos son los más peli­gro­sos, por­que se los con­fun­de con el cris­tia­nis­mo. Y todas las creen­cias absur­das, siem­pre, nos hacen un poco estúpidos.

Usted lucha con­tra la lite­ra­tu­ra de mal gus­to, el modo de vida ame­ri­cano y la cruel­dad con­tra los ani­ma­les. Estos dis­tin­tos com­ba­tes, ¿sur­gen de una fuen­te común?

Sí, así lo creo: sur­gen de un apa­ra­to sen­so­rial espe­cial­men­te sen­si­ble, de una gran repug­nan­cia tan­to de lo fal­so como de lo injusto.

Hablan­do de Amé­ri­ca, ¿pien­sa usted que la reli­gión es un fac­tor impor­tan­te de la polí­ti­ca de Bush?

Des­de lue­go que sí. De eso no hay nin­gu­na duda, dada la men­ta­li­dad de muchos ame­ri­ca­nos, que son tan pro­pen­sos a la bea­te­ría. En cuan­to al pre­si­den­te mis­mo, lo con­si­de­ro sufi­cien­te­men­te retar­da­do como para creer­se las cosas “reli­gio­sas” que dice. Por una par­te. Por otra par­te, lo con­si­de­ro una per­so­na con tan poco per­so­na­li­dad como para no creer­lo. Sin que­rer sub­es­ti­mar su fal­ta de inte­li­gen­cia, esto últi­mo me pare­ce inclu­so más probable.

¿Qué le res­pon­de­ría usted a un niño que entra­ra en una igle­sia y le pre­gun­ta­ra lo que es?

Cita­ría a Nietz­sche: la sepul­tu­ra de “dios”. Un recuer­do petri­fi­ca­do de algo que muy pro­ba­ble­men­te no exis­tió jamás.

Usted ha dedi­ca­do su vida a una obra inmen­sa. ¿Vol­ve­ría a hacer lo mismo?

Pues me gus­ta­ría haber­lo hecho de otra mane­ra en algu­nos casos: mejor, mejor en el sen­ti­do for­mal. Y lo que más me habría gus­ta­do es, no luchar con­tra algo (algo tan nece­sa­rio como com­ba­tir el cris­tia­nis­mo) sino a favor de algo: la libe­ra­ción de los ani­ma­les. Pues lo que les lle­va­mos hacien­do des­de hace miles de años, a unos seres tan sen­si­bles como noso­tros, que se ale­gran y sufren como noso­tros: per­mi­tir­les que naz­can sólo para poder sacri­fi­car­los y comer­los, eso es el mayor cri­men de la his­to­ria de la huma­ni­dad, algo horren­do. Lo pien­so todos los días, a menu­do, pero no debo pen­sar­lo mucho para no vol­ver­me loco.

Una per­so­na como usted, que pro­ba­ble­men­te no cree en la vida eter­na, ¿se enfren­ta al hecho de que la vida sea tran­si­to­ria y la muer­te definitiva?

Sí, son cues­tio­nes sobre las que refle­xiono. Soy vie­jo. Está oscu­re­cien­do, y la luz es mi color favo­ri­to. Pero pre­fie­ro morir con miles de dudas que morir eufó­ri­co pagan­do el pre­cio de la mentira.

¿Tie­ne usted un sueño?

Mi madre solía decir que yo era un soña­dor obs­ti­na­do. Me hice mayor y tuve algu­nos sue­ños, entre ellos el sue­ño del pro­gre­so, de un mun­do mejor. Aho­ra casi sólo hay un pro­gre­so con el que sue­ño: que los polí­ti­cos y los curas no nos den mie­do, sino risa.

Tra­duc­ción e intro­duc­ción de Anahí Seri

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on Facebook
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.