28 años de la gue­rra de Mal­vi­nas – PTS

MALVINAS

Chris­tian Cas­ti­llo: Lo pri­me­ro que uno recuer­da de la gue­rra de Mal­vi­nas es el enor­me con­tras­te entre la monu­men­tal soli­da­ri­dad popu­lar con los sol­da­dos, y la acción de la Jefa­tu­ra Mili­tar de la gue­rra. Por­que Mal­vi­nas era una cau­sa tra­di­cio­nal anti­co­lo­nia­lis­ta sen­ti­da por la mayo­ría de la pobla­ción argen­ti­na. En 1982 la dic­ta­du­ra inten­ta dar un mano­ta­zo de aho­ga­do para fre­nar la movi­li­za­ción popu­lar que venía cla­ra­men­te in cres­cen­do des­de el año 1979. El pun­to cúl­mi­ne fue el 30 de mar­zo de 1982, cuan­do miles de per­so­nas con­vo­ca­das por la CGT se movi­li­za­ron hacia la Pla­za de Mayo y hacía los prin­ci­pa­les cen­tros del país. Ese día hubo más de 1000 dete­ni­dos. Pero la dic­ta­du­ra ya empe­za­ba a tam­ba­lear. Enton­ces los mili­ta­res se sir­vie­ron de una cau­sa jus­ta, como era la expul­sión de Gran Bre­ta­ña de las islas, para man­te­ner­se en el poder. Ese fue su “gol­pe de mano”.

Mal­vi­nas era uno de los pocos casos del mun­do que que­da­ban (y que­dan) como mar­ca de domi­na­ción colo­nial tra­di­cio­nal. En ese enton­ces cen­te­na­res de decla­ra­cio­nes y reso­lu­cio­nes has­ta de las Nacio­nes Uni­das con­de­na­ban la pre­sen­cia bri­tá­ni­ca en las islas. La dic­ta­du­ra encuen­tra en la gue­rra de Mal­vi­nas la posi­bi­li­dad de ganar apo­yo popu­lar. Por los favo­res pres­ta­dos por los geno­ci­das argen­ti­nos a las ban­das para­mi­li­ta­res de Cen­tro Amé­ri­ca, se pien­sa – y a eso apues­tan – que EE.UU. se iba man­te­ner neu­tral. De ese modo, la dic­ta­du­ra cree que el impe­ria­lis­mo yanky iba a posi­bi­li­tar algu­na nego­cia­ción de sobe­ra­nía com­par­ti­da favo­ra­ble a Argen­ti­na. Esa fue la car­ta juga­da para alar­gar su sobre­vi­da en el poder.

Reto­man­do la pre­gun­ta, se podría hacer una ana­lo­gía entre Mal­vi­nas y lo suce­di­do en algu­nas de las gue­rras de Irak. En pri­mer lugar nadie esta­ba con­tra Bush por sim­pa­tía con Sadam Hus­sein, que tam­bién era un opre­sor de su pue­blo e inclu­so había juga­do varias veces para los pro­pios nor­te­ame­ri­ca­nos.

En 1991 Irak inva­de Kuwait, un esta­do fan­to­che de las petro-monar­quías. Enton­ces un enor­me con­glo­me­ra­do de Fuer­zas inter­na­cio­na­les inva­den Irak. Todos los anti­im­pe­ria­lis­tas del mun­do estu­vi­mos del lado de Irak con­tra el impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano. Lo mis­mo suce­dió con Argen­ti­na con­tra el impe­ria­lis­mo Inglés. En el mun­do los que nos recla­ma­mos anti­im­pe­ria­lis­tas decía­mos que a pesar de que la gue­rra había sido lan­za­da en for­ma aven­tu­re­ra, a pesar de su con­duc­ción, la cau­sa era jus­ta. Había un enfren­ta­mien­to mili­tar, y lo más pro­gre­si­vo que podía salir de este era la derro­ta de la poten­cia impe­ria­lis­ta, de la poten­cia colo­nial.

LVO: ¿Qué con­se­cuen­cias tra­jo el triun­fo bri­tá­ni­co para los pue­blos del mun­do?

Ch.C: Mar­ga­ret That­cher, jun­to a Ronald Reagan, repre­sen­ta­ba la cara más visi­ble del neo­li­be­ra­lis­mo. Su for­ta­le­ci­mien­to, lue­go del triun­fo en Mal­vi­nas, fue enor­me­men­te trá­gi­co para los pue­blos del mun­do. El de Mar­ga­ret That­cher fue uno de los gobier­nos más retró­gra­dos de la his­to­ria recien­te, un gobierno que pro­du­jo un retro­ce­so monu­men­tal para la cla­se obre­ra y que fue uno de los gran­des refe­ren­tes ideo­ló­gi­cos de una ofen­si­va social y polí­ti­ca, y en algún caso mili­tar y eco­nó­mi­co, con­tra los pue­blos opri­mi­dos y las masas de todo el mun­do. That­cher fue la inven­to­ra de la fra­se “No hay alter­na­ti­va al neo­li­be­ra­lis­mo”. Ella mis­ma reco­no­ce la impor­tan­cia que tuvo Mal­vi­nas en el for­ta­le­ci­mien­to de su gobierno. En sus memo­rias “Los años de Dow­ning Street” dice que “el sig­ni­fi­ca­do de la gue­rra de Mal­vi­nas fue enor­me tan­to para la segu­ri­dad mis­ma de la nación bri­tá­ni­ca como para nues­tra situa­ción en el mun­do. A par­tir de 1956, año del fias­co de Suez, la polí­ti­ca exte­rior bri­tá­ni­ca no ha sido sino una lar­ga reti­ra­da. El gobierno bri­tá­ni­co, al igual que los gobier­nos extran­je­ros, había asu­mi­do táci­ta­men­te que nues­tro papel inter­na­cio­nal esta­ba con­de­na­do a dis­mi­nuir poco a poco. Había lle­ga­do un momen­to don­de tan­to nues­tros ami­gos como nues­tros enemi­gos nos veían como una nación des­pro­vis­ta de volun­tad y de capa­ci­dad para defen­der sus intere­ses en tiem­pos de paz por no hablar de los tiem­pos de gue­rra. La vic­to­ria de las Mal­vi­nas cam­bió todo aque­llo. Des­pués de la gue­rra cual­quier lugar don­de yo fue­ra en nom­bre de Gran Bre­ta­ña había adqui­ri­do un sig­ni­fi­ca­do que antes no tenía. La gue­rra tuvo ver­da­de­ra impor­tan­cia entre las rela­cio­nes del este y el oes­te…”.

That­cher había sido ele­gi­da en 1979. Tres años más tar­de su gobierno se encon­tra­ba sumer­gi­do en una cri­sis eco­nó­mi­ca y social muy impor­tan­te, con una des­ocu­pa­ción cre­cien­te. Su gober­na­bi­li­dad tam­ba­lea­ba e inclu­so se temía que debie­ra lla­mar a elec­cio­nes anti­ci­pa­das. Pero la “dama de hie­rro” pudo sos­te­ner­se por­que, así como el Par­ti­do Demó­cra­ta ava­ló el lan­za­mien­to de la gue­rra, la mayo­ría del par­ti­do labo­ris­ta en la opo­si­ción la sos­tu­vo ava­lan­do la expe­rien­cia colo­nia­lis­ta. Hubo un sec­tor de la izquier­da ingle­sa que se movi­li­zó, a pesar de que era muy difí­cil hacer­lo por­que había toda una ofen­si­va cho­vi­nis­ta. Esas fue­ron las úni­cas mani­fes­ta­cio­nes de esos sec­to­res valien­tes que enfren­ta­ron a la aven­tu­ra colo­nial. Dos años des­pués de Mal­vi­nas, y con su poder con­so­li­da­do, That­cher logra redu­cir a una de las colum­nas cen­tra­les del pro­le­ta­ria­do bri­tá­ni­co: los mine­ros. Y lue­go de derro­tar su huel­ga, avan­za en la pri­va­ti­za­ción del sec­tor.

LVO: Habla­bas del papel del Par­ti­do Labo­ris­ta, de apo­yo a la gue­rra… Ch. C: That­cher pudo sos­te­ner­se por­que la gran mayo­ría de la opo­si­ción, que era del Par­ti­do Labo­ris­ta, la apo­yó en el enfren­ta­mien­to con­tra Argen­ti­na.

Tam­bién hay que des­ta­car el papel del “socia­lis­ta” Fran­co­is Mit­te­rand. En 1982 el Par­ti­do Socia­lis­ta lle­ga­ba al gobierno de Fran­cia y Mit­te­rand fue uno de los pri­me­ros en salu­dar la gue­rra de Mar­ga­ret That­cher. Su papel en el con­flic­to es cla­ve, sobre todo des­de el pun­to de vis­ta mili­tar. Fran­cia había pro­vis­to a la dic­ta­du­ra argen­ti­na de los avio­nes Super Eten­dar y de los misi­les Exocet. Pero en el momen­to de la gue­rra, Fran­cia fre­na la entre­ga del arma­men­to que ya esta­ba com­pra­do y ade­más les entre­ga a los ingle­ses unas cla­ves con las cua­les éstos pue­den defen­der­se mejor de los ata­ques argen­ti­nos. En sus memo­rias Mar­ga­ret That­cher plan­tea: “Mi gra­ti­tud se diri­gió de mane­ra muy espe­cial hacia el pre­si­den­te Mit­te­rrand quien, jun­to con los diri­gen­tes de la anti­gua Com­mon­wealth, fue uno de nues­tros ami­gos más incon­di­cio­na­les. Duran­te los años siguien­tes serían muchos mis acuer­dos con el pre­si­den­te Mit­te­rrand, pero jamás olvi­dé nues­tra deu­da en rela­ción con su apo­yo per­so­nal a lo lar­go de la cri­sis de las Mal­vi­nas”.

Mit­te­rrand juga­ba este papel en la gue­rra. Ante­rior­men­te el gobierno fran­cés había sido el sos­tén de la pro­pia dic­ta­du­ra Argen­ti­na, pro­ve­yen­do el méto­do de des­apa­ri­ción for­za­da de per­so­nas que había sido uti­li­za­do en Arge­lia. Esto está amplia­men­te difun­di­do por la inves­ti­ga­ción de una perio­dis­ta fran­ce­sa en el libro “los escua­dro­nes de la muer­te”. La dic­ta­du­ra había ins­ta­la­do una ofi­ci­na don­de los gene­ra­les fran­ce­ses ins­truían a los mili­ta­res argen­ti­nos en la téc­ni­ca de secues­trar, tor­tu­rar, sacar­le infor­ma­ción y tirar a los des­apa­re­ci­dos en los vue­los de la muer­te, por­que tam­bién la cla­se domi­nan­te fran­ce­sa expe­rien­cia en esa mate­ria.

Cuan­do había que apo­yar a la dic­ta­du­ra argen­ti­na con­tra el pue­blo tra­ba­ja­dor, Fran­cia otor­gó todo su apo­yo. Pero cuan­do había que desa­fiar al colo­nia­lis­mo bri­tá­ni­co, la “Fran­cia demo­crá­ti­ca” se brin­dó por ente­ra a Mar­ga­ret That­cher.

LVO: ¿Qué polí­ti­ca tenían que levan­tar los socia­lis­tas revo­lu­cio­na­rios en la gue­rra de Mal­vi­nas?

CH.C: Lo correc­to era ubi­car­se mili­tar­men­te en el cam­po de la nación opri­mi­da (Argen­ti­na), pero levan­tan­do una polí­ti­ca inde­pen­dien­te de la de Gal­tie­ri y la dic­ta­du­ra. Como ha suce­di­do tan­tas veces cuan­do gobier­nos de este tipo tie­nen enfren­ta­mien­tos par­cia­les con los gobier­nos impe­ria­lis­tas, su obje­ti­vo no es la derro­ta del impe­ria­lis­mo, y por su pro­pio carác­ter de cla­se no toman las medi­das que son nece­sa­rias para lle­var el enfren­ta­mien­to has­ta el final. Por eso no se expro­pia­ron las pro­pie­da­des ingle­sas, ni se aten­tó con­tra sus intere­ses finan­cie­ros, no se armó al pue­blo, ni se pro­mo­vió la movi­li­za­ción inter­na­cio­na­lis­ta, es decir no se toma­ron nin­gu­na de las medi­das impres­cin­di­bles para efec­ti­va­men­te derro­tar al impe­ria­lis­mo.

Era posi­ble el enfren­ta­mien­to al impe­ria­lis­mo, había que dis­tin­guir entre la direc­ción de la gue­rra y la cau­sa jus­ta, don­de había que seña­lar el carác­ter de país opri­mi­do de la Argen­ti­na y la agre­sión bri­tá­ni­ca. Que pese a una direc­ción total­men­te con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria como era la dic­ta­du­ra mili­tar, la lucha anti­im­pe­ria­lis­ta exi­gía una defi­ni­ción en un cam­po mili­tar aun­que, insis­to, des­de el pun­to de vis­ta de la izquier­da había que plan­tear una polí­ti­ca total­men­te inde­pen­dien­te y opues­ta la dic­ta­du­ra. Si la direc­ción de la Jun­ta Mili­tar no era barri­da en el cur­so de la gue­rra no había nin­gu­na posi­bi­li­dad de un triun­fo con­tra el impe­ria­lis­mo. Esto era cate­gó­ri­ca­men­te así.

Como con­clu­sión que­ría plan­tear que si no es la cla­se obre­ra la que lide­ra la lucha anti­im­pe­ria­lis­ta vamos inevi­ta­ble­men­te a la derro­ta. Y en esto es jus­ta­men­te lo que veni­mos insis­tien­do des­de el PTS, es una idea que que­re­mos sem­brar, entre los tra­ba­ja­do­res y los jóve­nes, la idea de cons­truir un gran par­ti­do de la cla­se obre­ra que entre otros pun­tos tie­ne plan­tea­da la tarea de ter­mi­nar con la domi­na­ción impe­ria­lis­ta en la Argen­ti­na. Mal­vi­nas mos­tró que si no es una direc­ción con­du­ci­da por los tra­ba­ja­do­res la que lle­va ade­lan­te todas las medi­das para derro­tar a las poten­cias colo­nia­lis­tas, ter­mi­na­mos en aven­tu­ras mili­ta­res que pro­vo­can una regre­sión de la situa­ción ante­rior en la cual está­ba­mos.

LVO: ¿Que­rés agre­gar algo más?

CH.C: Nues­tro prin­ci­pal home­na­je a los 649 sol­da­dos que caye­ron en Mal­vi­nas y a los sol­da­dos ex com­ba­tien­tes que lue­go fue­ron ocul­ta­dos, mal­tra­ta­dos y deja­dos de lado por aque­llos mis­mos que los man­da­ron a la gue­rra y tam­bién por los gobier­nos que le suce­die­ron. No se los tra­tó de nin­gu­na mane­ra como mere­cían ser tra­ta­dos quie­nes se juga­ron la vida en aque­lla gue­rra. Me sur­ge un recuer­do de ese enton­ces: En un acto en la can­cha de Gim­na­sia Esgri­ma La Pla­ta, ni bien ter­mi­na­da la gue­rra, se rea­li­za una entre­ga de meda­llas a los sol­da­dos que habían com­ba­ti­do. Esta­ban todos los fami­lia­res de los ex com­ba­tien­tes y de gol­pe empie­za un gri­to atro­na­dor. Son los pro­pios ex com­ba­tien­tes que gri­tan “se va aca­bar, se va a aca­bar la dic­ta­du­ra mili­tar”. Los mili­ta­res debie­ron salir huyen­do. Se esta­ba denun­cian­do en las caras de los geno­ci­das su res­pon­sa­bi­li­dad por la derro­ta de la gue­rra.

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