La hora y el turno de los asiá­ti­cos, por Leo­nar­do Boff

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Si con­si­de­ra­mos las secue­las de la cri­sis eco­nó­mi­co-finan­cie­ra actual cons­ta­ta­mos una preo­cu­pan­te iner­cia. Esta­dos Uni­dos con­si­guió impo­ner a los euro­peos la deci­sión de man­te­ner el mer­ca­do como eje cen­tral de la eco­no­mía con la pro­me­sa de con­tro­les y regu­la­cio­nes que toda­vía no han sido pues­tas en mar­cha. Barack Oba­ma se incli­nó en la direc­ción de Wall Street y con el dine­ro de los con­tri­bu­yen­tes sal­vó y apo­yó ban­cos que fue­ron los prin­ci­pa­les cul­pa­bles de la cri­sis. Cada vez más se mues­tra como un pre­si­den­te que obe­de­ce a la lógi­ca de un impe­rio en fran­ca deca­den­cia, cuya úni­ca fuer­za que real­men­te cuen­ta es su capa­ci­dad de matar a todo el mun­do y de des­truir la vida del pla­ne­ta. Esta es la ver­dad que a nadie le gus­ta decir ni oír.
De la ayu­da que los G‑20 pro­me­tie­ron en Lon­dres en abril de 2009 a los paí­ses vul­ne­ra­bles, un billón cien mil millo­nes de dóla­res, sola­men­te el 5% ha sido real­men­te con­ce­di­do. Esta ayu­da es 360 veces menor que los 18 billo­nes de dóla­res des­ti­na­dos a sal­var las que­bran­ta­das ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras de los paí­ses ricos. La espe­cu­la­ción finan­cie­ra se mue­ve sin con­trol, como antes de la cri­sis. No sin razón, los dos pre­emi­nen­tes pre­mios Nobel de eco­no­mía, Joseph Sti­glitz y Paul Krug­man, pre­vén en bre­ve una nue­va cri­sis más gra­ve que la ante­rior. Vivi­mos ale­gre­men­te, como en los tiem­pos de Noé, comien­do, bebien­do y divir­tién­do­nos.
Así y todo, la cri­sis actual ha pro­du­ci­do o refor­za­do tres fenó­me­nos que mere­cer ser resal­ta­dos. El pri­me­ro es una des­glo­ba­li­za­ción, que se da a tra­vés de una regio­na­li­za­ción de la eco­no­mía: la crea­ción de gru­pos regio­na­les, como Mer­co­sur, Alba, Naf­ta, BRIC, ASEAN (10 paí­ses entre los cua­les, Bir­ma­nia, Indo­ne­sia, Sin­ga­pur), OCDE, Comu­ni­dad Euro­pea, OSC (Orga­ni­za­ción de Shanghai con Chi­na, Rusia, Kaza­quis­tán, etc.) y otros. Prac­ti­can polí­ti­cas coor­di­na­das para evi­tar cri­sis y tie­nen ban­cos regio­na­les fuer­tes, pres­cin­dien­do del FMI.
El segun­do es el des­pla­za­mien­to del cen­tro de gra­ve­dad del Atlán­ti­co Nor­te hacia el Pací­fi­co y Asia. Aquí se halla el 44% de todas las reser­vas mun­dia­les. El PIB de Chi­na es del orden de 7,8 billo­nes de dóla­res y es ella la que sos­tie­ne el con­su­mo de Esta­dos Uni­dos; el del Japón es de 4,5 billo­nes; el de Corea del Sur 1,3 billo­nes; y el de Indo­ne­sia 932.100 mil millo­nes. Las reser­vas de estos cua­tro paí­ses suman 7,34 billo­nes de dóla­res. Marx nos dejó esta lec­ción: la eco­no­mía atrae tras de sí a la polí­ti­ca, la cul­tu­ra y la hege­mo­nía del mun­do. Los asiá­ti­cos pre­ten­de­rán mol­dear el pro­ce­so mun­dial con ras­gos asiá­ti­cos, espe­cial­men­te chi­nos. Es su turno.
Por últi­mo, la apa­ri­ción de una acción mun­dial colec­ti­va con­tra la crí­ti­ca situa­ción actual. Nace de una pro­fun­da decep­ción y de mucha rabia exis­ten­tes en el mun­do. Aho­ra ya son 60 millo­nes de des­em­plea­dos. Den­tro de poco serán más de cien millo­nes. Todo indi­ca que la solu­ción para el calen­ta­mien­to y para la cri­sis eco­ló­gi­ca gene­ra­li­za­da no podrá venir de la polí­ti­ca, entre­cru­za­da por intere­ses nacio­na­les y por mucha corrup­ción.
Están sur­gien­do esbo­zos de Orga­ni­za­cio­nes de Sal­va­ción de la Huma­ni­dad y de la Vida. Líde­res, gru­pos, movi­mien­tos, sec­to­res reli­gio­sos, aso­cia­cio­nes, arti­cu­la­cio­nes mun­dia­les, que­rrán tomar la his­to­ria en sus manos de for­ma deses­pe­ra­da. Millo­nes de refu­gia­dos cli­má­ti­cos for­za­rán los lími­tes polí­ti­cos de muchas nacio­nes en bus­ca de super­vi­ven­cia. Habrá mani­fes­ta­cio­nes mul­ti­tu­di­na­rias de los des­con­ten­tos delan­te de los ban­cos, de los par­la­men­tos y de los pala­cios de gobierno exi­gien­do medi­das drás­ti­cas para garan­ti­zar la segu­ri­dad ali­men­ta­ria, pues­tos de tra­ba­jo, agua pota­ble, pro­tec­ción con­tra las devas­ta­cio­nes pro­du­ci­das por los even­tos extre­mos. ¿Quién resis­ti­rá a las mul­ti­tu­des enfu­re­ci­das?
La eco­no­mía del puro cre­ci­mien­to para el con­su­mo, motor de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta y del PAC del gobierno Lula, en el fon­do dice: «que se vaya a freír espá­rra­gos la natu­ra­le­za y que se dañen las gene­ra­cio­nes futu­ras, noso­tros que­re­mos seguir cre­cien­do y aumen­tar el PIB, pues esto es lo que nos hace poten­cia». Pero todos gri­ta­rán: «Bas­ta de geo­ci­das. Que­re­mos una eco­no­mía ver­de que nos haga vivir y que sea ade­cua­da a la nue­va situa­ción de la Tie­rra». Sin este cam­bio difí­cil­men­te esca­pa­re­mos a la ven­gan­za de Gaia.
Lo dije y cum­plí con mi con­cien­cia.

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