Los movi­mien­tos socia­les y la cons­truc­ción de un nue­vo suje­to his­tó­ri­co por Fra­nçois Houtart

El encuen­tro: “No al ALCA — Otra Amé­ri­ca es posi­ble”, se hizo tra­di­ción y for­ma par­te de mane­ra estra­té­gi­ca del pac­to del Nue­vo Suje­to His­tó­ri­co. Pode­mos situar este pro­ce­so al final de los años ochen­ta, vein­ti­cin­co años des­pués del Con­sen­so de Washing­ton y diez años des­pués de la caí­da del muro de Berlín.
Un tal paso fue pre­pa­ra­do por varias ini­cia­ti­vas: el PPXXI (Peo­ple’s Power twenty one) en Asia; el encuen­tro “inter­ga­lác­ti­co” de los zapa­tis­tas en Chia­pas; el Otro Davos, que reu­nió al prin­ci­pio de 1999 varios movi­mien­tos socia­les de cua­tro con­ti­nen­tes en Zurich y en Davos, la mis­ma sema­na que el Foro Eco­nó­mi­co Mundial.

Todo eso des­em­bo­có, por una par­te, en la cade­na de pro­tes­tas sis­te­má­ti­cas con­tra los cen­tros de poder glo­bal: Orga­ni­za­ción Mun­dial de Comer­cio (OMC), Ban­co Mun­dial, Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI), Gru­po de los Ocho (G8), Cum­bre Euro­pea, Cum­bre de las Amé­ri­cas y, por otra par­te, en los Foros Socia­les mun­dia­les, con­ti­nen­ta­les, nacio­na­les y temá­ti­cos, luga­res de con­ver­gen­cia de movi­mien­tos y orga­ni­za­cio­nes luchan­do con­tra el neo­li­be­ra­lis­mo. Los movi­mien­tos socia­les desem­pe­ña­ron un papel cen­tral en este pro­ce­so. Se tra­ta aho­ra de esbo­zar un cua­dro gene­ral de refle­xión sobre la mar­cha de los eventos.

1. ¿Por qué un nue­vo suje­to histórico?

La his­to­ria de la huma­ni­dad se carac­te­ri­za por una mul­ti­pli­ci­dad de suje­tos colec­ti­vos, por­ta­do­res de valo­res de jus­ti­cia, de igual­dad, de dere­chos y pro­ta­go­nis­tas de pro­tes­tas y luchas. Recor­da­mos por ejem­plo, la revuel­ta de los escla­vos, las resis­ten­cias con­tra las inva­sio­nes en Áfri­ca y Asia, las luchas cam­pe­si­nas de la Edad Media en Euro­pa, las nume­ro­sas resis­ten­cias de los pue­blos autóc­to­nos de Amé­ri­ca, los movi­mien­tos reli­gio­sos de pro­tes­ta social en Bra­sil, Sudán, China.

Un sal­to his­tó­ri­co se da cuan­do el capi­ta­lis­mo cons­tru­ye, des­pués de cua­tro siglos de exis­ten­cia, las bases mate­ria­les de su repro­duc­ción que son la divi­sión del tra­ba­jo y la indus­tria­li­za­ción. Nace el pro­le­ta­ria­do como suje­to poten­cial, a par­tir de la con­tra­dic­ción entre capi­tal y tra­ba­jo. Los tra­ba­ja­do­res están some­ti­dos al capi­tal den­tro del pro­ce­so mis­mo de la pro­duc­ción, hacien­do que la cla­se obre­ra sea total­men­te absor­bi­da al igual que cons­ti­tui­da por el capi­tal. Es lo que Car­los Marx lla­mó la sub­sump­ción real del tra­ba­jo por el capital.

La nue­va cla­se se trans­for­mó en suje­to his­tó­ri­co cuan­do se cons­tru­yó en el seno mis­mo de las luchas, pasan­do del esta­tu­to de “una cla­se en sí a una cla­se para sí”. No era el úni­co suje­to, pero sí, el suje­to his­tó­ri­co, es decir el ins­tru­men­to pri­vi­le­gia­do de la lucha de eman­ci­pa­ción de la huma­ni­dad, en fun­ción del papel cum­pli­do por el capi­ta­lis­mo. Este últi­mo no se situa­ba úni­ca­men­te en el plan de la eco­no­mía, sino que tam­bién orien­ta­ba la con­fi­gu­ra­ción del Esta­do-Nación, las con­quis­tas colo­nia­les, las gue­rras mun­dia­les, sin hablar de su papel como vehícu­lo pri­vi­le­gia­do de la moder­ni­dad. Es evi­den­te que la his­to­ria de la cla­se obre­ra como suje­to his­tó­ri­co no fue lineal. Hubo el paso de movi­mien­to a par­ti­do polí­ti­co y del plan nacio­nal al plan inter­na­cio­nal, y asi­mis­mo éxi­tos y fra­ca­sos, vic­to­rias y recuperaciones.

Hoy día, el suje­to social se ampli­fi­ca. El capi­ta­lis­mo rea­li­za un nue­vo sal­to. Las nue­vas tec­no­lo­gías extien­den la base mate­rial de su repro­duc­ción: la infor­má­ti­ca y la comu­ni­ca­ción, que le dan una dimen­sión real­men­te glo­bal. El capi­tal nece­si­ta una acu­mu­la­ción ace­le­ra­da para res­pon­der al tama­ño de las inver­sio­nes en tec­no­lo­gías cada vez más sofis­ti­ca­das, para cubrir los gas­tos de una con­cen­tra­ción cre­cien­te y encon­trar las exi­gen­cias del capi­tal finan­cie­ro que des­pués de la flo­ta­ción del dólar en 1971 se trans­for­mó masi­va­men­te en capi­tal especulativo.

Por estas razo­nes, el con­jun­to de los acto­res del sis­te­ma capi­ta­lis­ta com­ba­tie­ron tan­to el key­ne­sia­nis­mo y sus pac­tos socia­les entre capi­tal, tra­ba­jo y Esta­do, el desa­rro­llo nacio­nal del Sur (el mode­lo de Ban­dung, según Samir Amin) como el desa­rro­llis­mo cepa­lino (en Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be) y los regí­me­nes socia­lis­tas. Empe­zó la fase neo­li­be­ral del desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo lla­ma­da tam­bién el Con­sen­so de Washing­ton. Esta estra­te­gia se tra­du­jo en una doble ofen­si­va: con­tra el tra­ba­jo (dis­mi­nu­ción del sala­rio real, des­re­gu­la­ción, des­lo­ca­li­za­ción) y con­tra el Esta­do (pri­va­ti­za­cio­nes). Actual­men­te, fren­te a las cri­sis tan­to del capi­tal pro­duc­ti­vo como del capi­tal finan­cie­ro, asis­ti­mos a una bús­que­da de nue­vas fron­te­ras de acu­mu­la­ción: la agri­cul­tu­ra cam­pe­si­na que tie­ne que con­ver­tir­se en una agri­cul­tu­ra pro­duc­ti­vis­ta capi­ta­lis­ta, los ser­vi­cios públi­cos que deben pasar al sec­tor pri­va­do y la bio­di­ver­si­dad, como base de nue­vas fuen­tes de ener­gía y de mate­rias primas.

El resul­ta­do es que aho­ra todos los gru­pos huma­nos sin excep­ción están some­ti­dos a la ley del valor, no sola­men­te la cla­se obre­ra asa­la­ria­da (sub­sump­ción real), sino los pue­blos autóc­to­nos, las muje­res, los sec­to­res infor­ma­les, los peque­ños cam­pe­si­nos, bajo otros meca­nis­mos, finan­cie­ros (pre­cio de las mate­rias pri­mas o de los pro­duc­tos agrí­co­las, ser­vi­cio de la deu­da exter­na, paraí­sos fis­ca­les, etc.) o jurí­di­cos (las nor­mas del FMI, del Ban­co Mun­dial de la OMC), todo eso sig­ni­fi­can­do una sub­sump­ción formal.

Otro resul­ta­do es el hecho de que el carác­ter des­truc­tor del capi­ta­lis­mo (según la expre­sión de Schum­pe­ter) toma el paso sobre su carác­ter crea­dor (de bie­nes y ser­vi­cios). Más que nun­ca el capi­ta­lis­mo des­tru­ye, como lo nota­ba hace casi más de un siglo y medio Car­los Marx, las dos fuen­tes de su rique­za: la natu­ra­le­za y los seres huma­nos. En ver­dad, la des­truc­ción ambien­tal afec­ta a todos y la ley del valor inclu­ye hoy a todos. La mer­can­ti­li­za­ción domi­na la casi tota­li­dad de las rela­cio­nes socia­les, en cam­pos cada vez más nume­ro­sos como el de la salud, la edu­ca­ción, la cul­tu­ra, el depor­te o la religión.

Ade­más, la lógi­ca capi­ta­lis­ta tie­ne su ins­ti­tu­cio­na­li­dad. Recor­de­mos pri­me­ro que se tra­ta de una lógi­ca y no de una con­fa­bu­la­ción de algu­nos acto­res eco­nó­mi­cos (de lo con­tra­rio bas­ta­ría con con­ver­tir­los y corre­gir abu­sos y exce­sos). Me acuer­do de un empre­sa­rio de San­to Domin­go, tes­ti­go de Jeho­vá, quien decía a pro­pó­si­to de sus obre­ros, a los que ama­ba con un amor muy cris­tiano: “Lla­mo a mis tra­ba­ja­do­res, magos, por­que no sé cómo pue­den vivir con el sala­rio que les doy”. El cam­bio exi­ge una acción estruc­tu­ral, hoy glo­ba­li­za­da, de acto­res deter­mi­na­dos con agen­das precisas.

El capi­ta­lis­mo glo­ba­li­za­do tie­ne sus ins­ti­tu­cio­nes: la OMC, el Ban­co Mun­dial, el FMI, los ban­cos regio­na­les, y tam­bién sus apa­ra­tos ideo­ló­gi­cos: medios de comu­ni­ca­ción social, cada vez más con­cen­tra­dos en pocas manos. Final­men­te, goza del poder de un impe­rio, los EE. UU. El dólar de este país es la mone­da inter­na­cio­nal. Los EE. UU. poseen el úni­co dere­cho de veto en el Ban­co Mun­dial y en el FMI, y un veto com­par­ti­do en el Con­se­jo de Segu­ri­dad de las Nacio­nes Uni­das. Este país con­ser­va casi un mono­po­lio en el cam­po mili­tar, con el domi­nio sobre la Orga­ni­za­ción del Tra­ta­do del Atlán­ti­co Nor­te (OTAN) y la capa­ci­dad de empe­zar gue­rras pre­ven­ti­vas. Por eso, no duda en inter­ve­nir mili­tar­men­te en Iraq o Afga­nis­tán para con­tro­lar las fuen­tes de ener­gía. Sus bases mili­ta­res se extien­den por todo el pla­ne­ta y su gobierno se atri­bu­ye la misión de repri­mir las resis­ten­cias en el mun­do ente­ro, sin vaci­lar en uti­li­zar la tor­tu­ra y el terro­ris­mo. Sin embar­go, el impe­rio tie­ne sus debi­li­da­des. La natu­ra­le­za se ven­ga, y la opo­si­ción anti­im­pe­ria­lis­ta en la actua­li­dad es mun­dial. Otras seña­les de debi­li­dad per­mi­ten a Ima­nuel Wallens­tein pen­sar que lo que él lla­ma “el lar­go siglo XX”, domi­na­do por el capi­ta­lis­mo, podría encon­trar su fin a media­dos de este siglo.

Por todas estas razo­nes, el nue­vo suje­to his­tó­ri­co se extien­de al con­jun­to de los gru­pos socia­les some­ti­dos, tan­to los de la sumi­sión real (repre­sen­ta­dos por los deno­mi­na­dos “anti­guos movi­mien­tos socia­les”) como los de la sumi­sión for­mal (“nue­vos movi­mien­tos sociales”).

El nue­vo suje­to his­tó­ri­co a cons­truir será popu­lar y plu­ral, vale decir, cons­ti­tui­do por una mul­ti­pli­ci­dad de acto­res y no por la “mul­ti­tud“ de la cual hablan Hardt y Negri. Un tal con­cep­to es vago y peli­gro­so por des­mo­vi­li­za­dor. La cla­se obre­ra con­ser­va­rá un papel impor­tan­te, pero com­par­ti­do. Este suje­to será demo­crá­ti­co, no úni­ca­men­te por su meta, sino por el pro­ce­so mis­mo de su cons­truc­ción. Él será mul­ti­po­lar, en los varios con­ti­nen­tes y en las diver­sas regio­nes del mun­do. Se tra­ta­rá de un suje­to en el sen­ti­do pleno de la pala­bra, inclu­yen­do la sub­je­ti­vi­dad redes­cu­bier­ta, abar­can­do todos los seres huma­nos, cons­ti­tu­yen­do la huma­ni­dad como suje­to real[1]. El suje­to his­tó­ri­co nue­vo debe ser capaz de actuar sobre la reali­dad a la vez múl­ti­ple y glo­bal, con el sen­ti­do de emer­gen­cia exi­gi­do por el geno­ci­dio y el eco­ci­dio contemporáneos.

2. Los movi­mien­tos sociales

Los movi­mien­tos socia­les son el fru­to de con­tra­dic­cio­nes, hoy día glo­ba­li­za­das. Para ser ver­da­de­ros acto­res colec­ti­vos supo­nen, según Alain Tou­rai­ne, un carác­ter de his­to­ri­ci­dad (situar­se en el tiem­po), una visión de la tota­li­dad del cam­po den­tro del cual se ins­cri­ben, una defi­ni­ción cla­ra del adver­sa­rio y una orga­ni­za­ción. Son más que una sim­ple revuel­ta (las “jac­que­ries” cam­pe­si­nas), más que un gru­po de intere­ses (cáma­ra de comer­cio), más que una ini­cia­ti­va autó­no­ma del Esta­do (orga­ni­za­ción no gubernamental).

Los movi­mien­tos nacen de la per­cep­ción de obje­ti­vos como metas de acción, pero para exis­tir en el tiem­po nece­si­tan un pro­ce­so de ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción. Se crean roles indis­pen­sa­bles para su repro­duc­ción social. Así nace una per­ma­nen­te dia­léc­ti­ca entre metas y orga­ni­za­ción, con el peli­gro de domi­na­ción de la lógi­ca de la repro­duc­ción sobre las exi­gen­cias de los obje­ti­vos. Exis­te un infi­ni­to núme­ro de ejem­plos de esta dia­léc­ti­ca en la historia.

Así por ejem­plo, el cris­tia­nis­mo nació, como lo dice el teó­lo­go argen­tino Rubén Dri, como “el movi­mien­to de Jesús”, expre­sión reli­gio­sa de pro­tes­ta social, peli­gro­sa para el impe­rio romano y repri­mi­da por éste. Se trans­for­mó por su inser­ción en la socie­dad roma­na en una ins­ti­tu­ción ecle­siás­ti­ca, siguien­do el mode­lo de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca, cen­tra­li­za­da, ver­ti­cal y a menu­do alia­da con los pode­res de opre­sión. El peso ins­ti­tu­cio­nal no mató el espí­ri­tu, no obs­tan­te intro­du­jo una con­tra­dic­ción per­ma­nen­te. El Con­ci­lio Vati­cano II cons­ti­tu­yó un esfuer­zo de res­ta­ble­cer el pre­do­mi­nio de los valo­res del men­sa­je evan­gé­li­co sobre el carác­ter ins­ti­tu­cio­nal, aun­que en los años siguien­tes tal carác­ter fue bas­tan­te recu­pe­ra­do por una corrien­te de restauración.

Otro ejem­plo es el caso de muchos sin­di­ca­tos obre­ros y par­ti­dos de izquier­da. Fue­ron ini­cia­ti­vas de los tra­ba­ja­do­res o de los medios popu­la­res en lucha. Con el tiem­po se trans­for­ma­ron en buro­cra­cias defi­nien­do sus tareas en tér­mi­nos sola­men­te defen­si­vos, esto es en fun­ción de la agen­da del adver­sa­rio y no del pro­yec­to de trans­for­ma­ción radi­cal del sis­te­ma. En el caso par­ti­cu­lar de los par­ti­dos polí­ti­cos, la lógi­ca elec­to­ral pre­do­mi­na sobre el obje­ti­vo ori­gi­nal y defi­ne las prác­ti­cas, lo que sig­ni­fi­ca una lógi­ca de repro­duc­ción y no una pers­pec­ti­va de cam­bio pro­fun­do (revo­lu­cio­na­rio). Eso no impi­de la pre­sen­cia de muchos mili­tan­tes autén­ti­cos en estas orga­ni­za­cio­nes, si bien sig­ni­fi­ca que están ence­rra­dos en una lógi­ca que los sobrepasa.

Con todo, la reali­dad social no está pre­de­ter­mi­na­da y se pue­de actuar sobre los pro­ce­sos colec­ti­vos. Para que los movi­mien­tos socia­les estén en posi­ción de cons­truir el nue­vo suje­to social, hay dos con­di­cio­nes pre­li­mi­na­res. En pri­mer lugar, tener la capa­ci­dad de una crí­ti­ca inter­na con el fin de ins­ti­tu­cio­na­li­zar los cam­bios y ase­gu­rar una refe­ren­cia per­ma­nen­te a los obje­ti­vos. En segun­do lugar, cap­tar los desa­fíos de la glo­ba­li­za­ción, que a la vez son gene­ra­les y espe­cí­fi­cos al cam­po de cada movi­mien­to: obre­ro, cam­pe­sino, de muje­res, popu­la­res, de pue­blos autóc­to­nos, de juven­tud, en bre­ve, de todos los que son las víc­ti­mas del neo­li­be­ra­lis­mo globalizado.

Pero exis­ten ade­más otras exi­gen­cias. Los movi­mien­tos socia­les que se defi­nen como la socie­dad civil tie­nen que pre­ci­sar que se tra­ta de la socie­dad civil de aba­jo, recu­pe­ran­do de esta for­ma el con­cep­to de Anto­nio Grams­ci que la con­si­de­ra como el lugar de las luchas socia­les. Eso impi­de caer en la tram­pa de la ofen­si­va semán­ti­ca de los gru­pos domi­nan­tes, como el Ban­co Mun­dial, para los cua­les ampliar el espa­cio de la socie­dad civil sig­ni­fi­ca res­trin­gir el lugar del Esta­do, o en la inge­nui­dad de muchas orga­ni­za­cio­nes no guber­na­men­ta­les (ONG) para las cua­les la socie­dad civil es el con­jun­to de todos los que quie­ren el bien de la huma­ni­dad. En el plan glo­bal, la socie­dad civil de arri­ba se reúne en Davos y la socie­dad civil de aba­jo en Por­to Alegre.

Otra exi­gen­cia para cons­truir el nue­vo suje­to his­tó­ri­co es tra­zar el víncu­lo con un cam­po polí­ti­co reno­va­do. En los pri­me­ros tiem­pos de los Foros Socia­les había un real mie­do hacia los órga­nos de la polí­ti­ca, en par­te por razo­nes jus­tas: repu­dio de la ins­tru­men­ta­li­za­ción por nece­si­da­des elec­to­ra­les o como sim­ple herra­mien­ta de par­ti­dos en el poder, y en par­te por una acti­tud de prin­ci­pio anti­es­ta­tal, en par­ti­cu­lar en cier­tas ONG. De ahí el éxi­to de las tesis de John Hollo­way quien se pre­gun­ta cómo cam­biar las socie­da­des sin tomar el poder. Si se tra­ta de afir­mar que la trans­for­ma­ción social exi­ge mucho más que la toma del poder polí­ti­co for­mal, eje­cu­ti­vo o legis­la­ti­vo, esta pers­pec­ti­va es ple­na­men­te acep­ta­ble, sin embar­go si sig­ni­fi­ca que cam­bios fun­da­men­ta­les como una refor­ma agra­ria o una cam­pa­ña de alfa­be­ti­za­ción se pue­den rea­li­zar sin el ejer­ci­cio del poder, es una total ilusión.

Lue­go, los movi­mien­tos socia­les deben con­tri­buir a la reno­va­ción del cam­po polí­ti­co, como lo indi­ca muy bien Isa­bel Rau­ber en su libro Suje­tos políticos[2]. La pér­di­da de cre­di­bi­li­dad de los par­ti­dos polí­ti­cos es una reali­dad mun­dial y es urgen­te hallar la mane­ra de rea­li­zar una recons­truc­ción del cam­po. Un ejem­plo intere­san­te es el la Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca del Con­go (Kinsha­sa), don­de los movi­mien­tos y las orga­ni­za­cio­nes de base se movi­li­za­ron para la orga­ni­za­ción de las elec­cio­nes de julio 2006. Des­pués de cua­ren­ta años de dic­ta­du­ra y de gue­rras (en los últi­mos cin­co años hubo más de tres millo­nes de víc­ti­mas), las fuer­zas popu­la­res de la base de la pobla­ción, a pesar de todos los esfuer­zos de frag­men­ta­ción del país para con­tro­lar más fácil­men­te los recur­sos natu­ra­les, afir­ma­ron la nece­si­dad de defen­der la inte­gri­dad de la nación y sal­va­ron esta últi­ma de su des­man­te­la­mien­to. Por otra par­te, ellas están inven­tan­do for­mas de demo­cra­cia par­ti­ci­pa­ti­va, jun­ta­men­te con la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va. Miles de orga­ni­za­cio­nes loca­les, de muje­res, cam­pe­si­nos, peque­ños comer­cian­tes, jóve­nes, comu­ni­da­des cris­tia­nas cató­li­cas y pro­tes­tan­tes, se movi­li­za­ron para pre­sen­tar can­di­da­tos, liga­dos por pac­to a las comu­ni­da­des (por­ta­vo­ces y no repre­sen­tan­tes, como lo expre­sa la ley de con­se­jos comu­na­les de Vene­zue­la), a nivel local y pro­vin­cial, con algu­nos a nivel nacio­nal, aun­que sin can­di­da­to a la pre­si­den­cia, por­que esti­man que pri­me­ro debe con­so­li­dar­se el pro­ce­so des­de aba­jo. Es una ver­da­de­ra recons­truc­ción de un cam­po polí­ti­co, casi des­trui­do por com­ple­to por las prác­ti­cas (corrup­ción y tri­ba­lis­mo) de los par­ti­dos existentes.

Final­men­te, será muy impor­tan­te para las con­ver­gen­cias de los movi­mien­tos socia­les encon­trar el modo de aglu­ti­nar las nume­ro­sas ini­cia­ti­vas popu­la­res loca­les que no se trans­for­man en movi­mien­tos orga­ni­za­dos, pese al hecho de repre­sen­tar una par­te rele­van­te de las resis­ten­cias (a nivel de pue­blos o regio­nes, con­tra una repre­sa o la pri­va­ti­za­ción del agua, la elec­tri­ci­dad, la salud, con­tra la entre­ga de sel­vas a empre­sas trans­na­cio­na­les, etc.). Exis­ten ejem­plos, como el de MONLAR en Sri Lan­ka, la orga­ni­za­ción que lucha por la refor­ma agra­ria y que agru­pa más de cien ini­cia­ti­vas loca­les, ade­más de ser un movi­mien­to cam­pe­sino nacio­nal. Ha rea­li­za­do una acu­mu­la­ción de fuer­zas capaz de actuar en el plano nacio­nal, como órgano de pro­tes­ta (mani­fes­ta­cio­nes nacio­na­les) y asi­mis­mo de diá­lo­go y de con­fron­ta­ción con el Gobierno y con el Ban­co Mundial.

3. ¿Cómo cons­truir el nue­vo suje­to histórico?

Varios pasos son nece­sa­rios para pro­du­cir el nue­vo suje­to his­tó­ri­co. La pri­me­ra con­di­ción es ela­bo­rar una con­cien­cia colec­ti­va basa­da sobre un aná­li­sis de la reali­dad y una ética.

En cuan­to al aná­li­sis, se tra­ta de uti­li­zar ins­tru­men­tos capa­ces de estu­diar los meca­nis­mos de fun­cio­na­mien­to de la socie­dad y de enten­der sus lógi­cas, con cri­te­rios que per­mi­tan dis­tin­guir efec­tos y cau­sas, dis­cur­sos y prác­ti­cas. No se tra­ta de cual­quier tipo de aná­li­sis, sino del apa­ra­to teó­ri­co crí­ti­co más ade­cua­do para res­pon­der al gri­to de los de aba­jo. Exi­ge un alto rigor meto­do­ló­gi­co y una aper­tu­ra a todas las hipó­te­sis úti­les para este fin. La opción en favor de los opri­mi­dos es un paso pre­cien­tí­fi­co e ideo­ló­gi­co que guia­rá la elec­ción del tipo de aná­li­sis, no obs­tan­te este últi­mo per­te­ne­ce al orden cien­tí­fi­co sin con­ce­sión posi­ble. Es un saber nue­vo que ayu­da­rá a crear la con­cien­cia colectiva.

Toma­mos un ejem­plo con­tem­po­rá­neo. Se habla mucho de los obje­ti­vos del Mile­nio, deci­di­dos por los jefes de Esta­do en Nue­va York en el año 2000. ¿Quién podría estar en con­tra de la eli­mi­na­ción de la pobre­za y de la mise­ria (pobre­za abso­lu­ta) y en favor del desa­rro­llo? Por eso hubo una­ni­mi­dad. Ade­más del hecho de que el obje­ti­vo para el 2015 es redu­cir ape­nas a la mitad la extre­ma pobre­za, lo que sig­ni­fi­ca que en ese año el mun­do se encon­tra­rá toda­vía con más de ocho­cien­tos millo­nes de pobres (una ver­güen­za), todo indi­ca que será muy difí­cil alcan­zar los obje­ti­vos pre­vis­tos. La razón es que no se cri­ti­có la lógi­ca fun­da­men­tal del tipo de desa­rro­llo que favo­re­ce al 20% de la pobla­ción de los paí­ses del Sur. Esta mino­ría cre­ce de mane­ra espec­ta­cu­lar, for­man­do una base de con­su­mo apre­cia­ble para el capi­tal y acen­tuan­do la visi­bi­li­dad de una cier­ta rique­za. Al mis­mo tiem­po, las dis­tan­cias socia­les aumen­tan. Para enten­der esta con­tra­dic­ción se debe cri­ti­car el con­cep­to mis­mo de desa­rro­llo, del cual depen­den los cri­te­rios adop­ta­dos para defi­nir los obje­ti­vos del Mile­nio. No entran en su defi­ni­ción ele­men­tos cua­li­ta­ti­vos como el bien­es­tar, la igual­dad, la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria y otros más. Es por eso que Mar­ta Har­nec­ker, en el Cen­tro Miran­da de Cara­cas, tra­ba­ja en la crea­ción de herra­mien­tas ana­lí­ti­cas para medir los cri­te­rios del desa­rro­llo. De hecho, los con­cep­tos uti­li­za­dos por las Nacio­nes Uni­das son los del mer­ca­do y no los de la vida de los seres humanos.

El segun­do ele­men­to que con­tri­bu­ye a la cons­truc­ción de una con­cien­cia colec­ti­va es la éti­ca. No se tra­ta de una serie de nor­mas ela­bo­ra­das en abs­trac­to, sino de una cons­truc­ción cons­tan­te por el con­jun­to de los acto­res socia­les en refe­ren­cia a la dig­ni­dad huma­na y al bien de todos. Las defi­ni­cio­nes con­cre­tas pue­den cam­biar según los luga­res y las épo­cas y cuan­do se tra­ta de la reali­dad glo­ba­li­za­da, la pers­pec­ti­va éti­ca ten­drá que ser ela­bo­ra­da por el con­jun­to de las tra­di­cio­nes cul­tu­ra­les: ese es el con­cep­to real de los dere­chos huma­nos. La éti­ca en este sen­ti­do no es una impo­si­ción dog­má­ti­ca, es una obra colec­ti­va que haya sus refe­ren­cias en la defen­sa de la humanidad.

Pode­mos decir que el logro prin­ci­pal de los Foros Socia­les, como con­ver­gen­cias de movi­mien­tos y orga­ni­za­cio­nes popu­la­res, ha sido la ela­bo­ra­ción pro­gre­si­va de una con­cien­cia colec­ti­va, con varios nive­les de aná­li­sis y com­pren­sión y con una éti­ca a la vez de pro­tes­ta con­tra todo tipo de injus­ti­cia y des­igual­dad, y de cons­truc­ción social demo­crá­ti­ca de “otro mun­do posi­ble”. La exis­ten­cia de los Foros es en sí mis­ma un hecho polí­ti­co, ade­más de los muchos otros logros, como la cons­ti­tu­ción de redes, el inter­cam­bio de alter­na­ti­vas, el fun­cio­na­mien­to en su seno de la asam­blea de los movi­mien­tos socia­les y la con­tri­bu­ción de inte­lec­tua­les comprometidos.

Des­pués de la ela­bo­ra­ción de una con­cien­cia colec­ti­va, el segun­do paso nece­sa­rio es la movi­li­za­ción de los acto­res plu­ra­les, popu­la­res, demo­crá­ti­cos y mul­ti­po­la­res. Aquí nos encon­tra­mos con el aspec­to sub­je­ti­vo de la acción. Los acto­res huma­nos son seres com­ple­tos y no actúan sola­men­te en fun­ción de la racio­na­li­dad de las lógi­cas socia­les. El com­pro­mi­so es un acto social carac­te­ri­za­do por un ele­men­to afec­ti­vo fuer­te y aun cen­tral. De ahí la impor­tan­cia de la cul­tu­ra como con­jun­to de las repre­sen­ta­cio­nes de la reali­dad y tam­bién de los innu­me­ra­bles cana­les de su difu­sión: el arte, la músi­ca, el tea­tro, la poe­sía, la lite­ra­tu­ra, la dan­za. La cul­tu­ra es una meta, pero de igual modo un medio de eman­ci­pa­ción humana.

Lo mis­mo se pue­de decir del papel poten­cial de las reli­gio­nes, don­de se encuen­tran refe­ren­cias exis­ten­cia­les huma­nas fun­da­men­ta­les: la vida, la muer­te, en refe­ren­cia con una fe que se pue­de com­par­tir o no, aun­que no se pue­de igno­rar. Ese fue un error gra­ve de un cier­to tipo de socia­lis­mo. El poten­cial reli­gio­so libe­ra­dor es real. Ade­más, las reli­gio­nes pue­den apor­tar una espi­ri­tua­li­dad y una éti­ca colec­ti­va y per­so­nal indis­pen­sa­bles para la recons­truc­ción social.

El ter­cer ele­men­to esta cons­ti­tui­do por las estra­te­gias para lograr los tres nive­les de alter­na­ti­vas. El pri­me­ro es la uto­pía, en el sen­ti­do de lo que no exis­te hoy pero que pue­de ser reali­dad maña­na, vale decir una uto­pía no ilu­so­ria, sino nece­sa­ria como decía el filó­so­fo fran­cés Paul Riqueur. ¿Qué tipo de socie­dad que­re­mos? ¿Cómo defi­nir el pos­ca­pi­ta­lis­mo o el socia­lis­mo? La uto­pía tam­bién es una cons­truc­ción colec­ti­va y per­ma­nen­te, no una cosa que vie­ne del cie­lo. Nece­si­ta para su cum­pli­mien­to una acción a lar­go pla­zo: cam­biar un modo de pro­duc­ción no se hace con una revo­lu­ción polí­ti­ca, aun si ella pue­de sig­ni­fi­car el ini­cio de un pro­ce­so. El capi­ta­lis­mo tomó cua­tro siglos para cons­truir las bases mate­ria­les de su repro­duc­ción: la divi­sión del tra­ba­jo y la indus­tria­li­za­ción. Los cam­bios cul­tu­ra­les, que son par­te esen­cial del pro­ce­so, poseen un rit­mo dis­tin­to al de las trans­for­ma­cio­nes polí­ti­cas y económicas.

Los otros dos nive­les, el medio y el cor­to pla­zo, depen­den de las coyun­tu­ras, sin embar­go deben ser el obje­to de estra­te­gias con­cer­ta­das y rea­li­za­das en con­ver­gen­cia, entre acto­res socia­les diver­sos. Son el lugar de las alian­zas. Con todo, no es la sim­ple suma de alter­na­ti­vas en los sec­to­res eco­nó­mi­cos, socia­les, cul­tu­ra­les, eco­ló­gi­cos, polí­ti­cos la que per­mi­ti­rá a un suje­to his­tó­ri­co nue­vo salir ade­lan­te. Se nece­si­ta una cohe­ren­cia. Esta últi­ma será igual­men­te obra colec­ti­va y no el resul­ta­do de un mono­po­lio del saber y el cono­ci­mien­to por una van­guar­dia depo­si­ta­ria de la ver­dad. Será un pro­ce­so cons­tan­te y no un dogma.

Des­de este pun­to de vis­ta es impor­tan­te sub­ra­yar el carác­ter indis­pen­sa­ble de algu­nos actos colec­ti­vos estra­té­gi­cos, aun par­cia­les, pero que reagru­pan un con­jun­to de acto­res socia­les diver­sos en una ini­cia­ti­va sig­ni­fi­can­te en rela­ción con la dimen­sión utó­pi­ca del pro­yec­to glo­bal. Feliz­men­te exis­ten varios ejem­plos en este sen­ti­do, de los cua­les recor­da­mos dos.

La cam­pa­ña con­tra el ALCA reu­nió muchos movi­mien­tos socia­les, des­de sin­di­ca­tos has­ta cam­pe­si­nos, pasan­do por los de muje­res e indí­ge­nas. ONG de dife­ren­te índo­le se jun­ta­ron a la ini­cia­ti­va. En algu­nos paí­ses, igle­sias toma­ron posi­ción con­tra el tra­ta­do. Se uti­li­zó méto­dos muy varia­dos de acción, inclu­so refe­rén­dums popu­la­res que reco­gie­ron millo­nes de fir­mas. Otro ejem­plo es el plan alter­na­ti­vo popu­lar de recons­truc­ción des­pués del tsu­na­mi en Sri Lan­ka. El plan ofi­cial admi­nis­tra­do por el Ban­co Mun­dial pre­veía esen­cial­men­te el desa­rro­llo del turis­mo inter­na­cio­nal y no res­pon­día a las nece­si­da­des de base de la pobla­ción mayo­ri­ta­ria. Era la for­ma de ace­le­rar la polí­ti­ca neo­li­be­ral de alcan­ce mun­dial. Por eso se cons­ti­tu­yó una alian­za amplia de movi­mien­tos y orga­ni­za­cio­nes socia­les, inclui­das ins­ti­tu­cio­nes budis­tas y cris­tia­nas, para opo­ner­se al plan guber­na­men­tal y pro­po­ner solu­cio­nes alternativas.

Fren­te a la nece­si­tad de una pers­pec­ti­va de acción a nivel mun­dial, se toma­ron dos ini­cia­ti­vas com­ple­men­ta­rias: la red “En Defen­sa de la Huma­ni­dad“, fun­da­da en Méxi­co bajo el impul­so de Pablo Gon­zá­lez Casa­no­va y que tie­ne capí­tu­los de varios paí­ses, sobre todo lati­no­ame­ri­ca­nos y cari­be­ños, y el “Lla­ma­mien­to de Bama­ko”, pro­mo­vi­do por el Foro Mun­dial de Alter­na­ti­vas (ini­cia­do en Lovai­na-la-Nue­va en 1996 en oca­sión del 20° ani­ver­sa­rio del Cen­tro Tri­con­ti­nen­tal y fun­da­do ofi­cial­men­te en El Cai­ro el año siguien­te), el Foro del Ter­cer Mun­do (Dakar), Enda (una ONG afri­ca­na) y el Foro Social de Malí. En Defen­sa de la Huma­ni­dad pro­pu­so la cons­ti­tu­ción de una pro­mo­to­ra des­ti­na­da a reu­nir y plan­tear accio­nes comu­nes, y el Lla­ma­mien­to de Bama­ko defi­nió diez áreas para pen­sar y pro­po­ner acto­res colec­ti­vos y estra­te­gias, ins­pi­rán­do­se en gran par­te en el Mani­fies­to de Por­to Ale­gre ela­bo­ra­do por un gru­po de inte­lec­tua­les duran­te el Foro Social Mun­dial de 2005. Estas dos ini­cia­ti­vas com­ple­men­tan el tra­ba­jo de la Asam­blea de Movi­mien­tos que den­tro de cada Foro pro­du­ce un docu­men­to y sugie­re cam­pa­ñas (como la mani­fes­ta­ción con­tra la gue­rra en Iraq, que en 2003 reu­nió más de quin­ce millo­nes de per­so­nas en seis­cien­tas ciu­da­des del mundo).

Final­men­te, den­tro de la pers­pec­ti­va gene­ral se nece­si­tan vic­to­rias par­cia­les aun­que sig­ni­fi­ca­ti­vas. Man­te­ner la acción, entre­te­ner la moti­va­ción, exi­ge resul­ta­dos. No se tra­ta de cual­quier logro, sino de los que movi­li­zan varios acto­res socia­les en una acción común, sobre obje­ti­vos rela­cio­na­dos con una visión de con­jun­to y de dimen­sión glo­bal. Hay tam­bién en este aspec­to varios ejem­plos impor­tan­tes. De nue­vo se pue­de citar la cam­pa­ña lati­no­ame­ri­ca­na y cari­be­ña con­tra al el ALCA. En Euro­pa, el no al tra­ta­do cons­ti­tu­cio­nal pre­pa­ra­do según una orien­ta­ción neo­li­be­ral y con sumi­sión a los EE. UU. en el cam­po mili­tar, es otro ejem­plo. El recha­zo con éxi­to del con­tra­to de pri­mer empleo en Fran­cia y el aban­dono de la base naval de los EE. UU. de Vie­ques en Puer­to Rico, des­pués de una lar­ga movi­li­za­ción popu­lar, son otros ejem­plos. Y en el ámbi­to polí­ti­co, la elec­ción del pri­mer pre­si­den­te indí­ge­na en Boli­via tie­ne asi­mis­mo un sen­ti­do muy amplio de vic­to­ria en los pla­nos cul­tu­ral, social y económico.
En con­clu­sión, pode­mos decir que ya está tra­za­do el camino para pasar de la crea­ción de una con­cien­cia colec­ti­va a la cons­truc­ción de acto­res colec­ti­vos, y que todo eso anun­cia el ama­ne­cer del suje­to his­tó­ri­co nuevo.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *