Mul­ti­mi­llo­na­rios y mega­cor­po­ra­cio­nes tras la inmen­sa apro­pia­ción de tie­rra en Áfri­ca, por Rebelion

John Vidal

Awas­sa, Etio­pía. Sali­mos de la ruta prin­ci­pal a Awas­sa, con­ven­ci­mos a los guar­dias de segu­ri­dad y via­ja­mos una milla por terreno des­ocu­pa­do has­ta que encon­tra­mos lo que pron­to será el mayor inver­na­de­ro de Etio­pía. Ubi­ca­da bajo un acan­ti­la­do del valle del Rift, la cons­truc­ción está lejos de ter­mi­nar­se, pero la estruc­tu­ra de plás­ti­co y ace­ro ya se extien­de sobre 20 hec­tá­reas* –el tama­ño de 20 cam­pos de fútbol-.

El geren­te de la fin­ca nos mues­tra millo­nes de toma­tes, pimien­tos y otros vege­ta­les cul­ti­va­dos en filas de 450 metros en con­di­cio­nes con­tro­la­das por orde­na­dor. Inge­nie­ros espa­ño­les cons­tru­yen la estruc­tu­ra de ace­ro, tec­no­lo­gía holan­de­sa mini­mi­za el uso de agua de dos per­fo­ra­cio­nes y 1.000 muje­res reco­gen y empa­can 50 tone­la­das de ali­men­tos por día.

Den­tro de 24 horas se habrán trans­por­ta­do 320 kiló­me­tros a Addis Abe­ba y se habrán lle­va­do en avión 1.600 kiló­me­tros a los nego­cios y res­tau­ran­tes en Dubai, Jid­dah y otros sitios de Orien­te Próximo.

Etio­pía es uno de los paí­ses más ham­brien­tos del mun­do en el que más de 13 millo­nes de per­so­nas nece­si­tan ayu­da ali­men­ta­ria, pero para­dó­ji­ca­men­te el gobierno ofre­ce por lo menos 3 millo­nes de hec­tá­reas de su tie­rra más fér­til a paí­ses ricos y a algu­nos de los indi­vi­duos más adi­ne­ra­dos del mun­do para que expor­ten ali­men­tos a sus pro­pias poblaciones.

Las 1.000 hec­tá­reas que con­tie­nen los inver­na­de­ros de Awas­sa se han arren­da­do por 99 años a un empre­sa­rio mul­ti­mi­llo­na­rio sau­dí naci­do en Etio­pía, Moham­med al-Amou­di, uno de los 50 hom­bres más ricos del mun­do. Su com­pa­ñía Sau­di Star pla­nea gas­tar has­ta 2.000 millo­nes de dóla­res com­pran­do y cul­ti­van­do 0,5 millo­nes de hec­tá­reas de terreno en Etio­pía en los pró­xi­mos años. Has­ta aho­ra ha com­pra­do cua­tro fin­cas y ya está cul­ti­van­do tri­go, arroz, vege­ta­les y flo­res para el mer­ca­do sau­dí. Espe­ra lle­gar a emplear a más de 10.000 personas.

Pero Etio­pía sólo es uno de los 20 o más paí­ses afri­ca­nos en los que tie­rras se están com­pran­do o arren­dan­do para agri­cul­tu­ra inten­si­va en una inmen­sa esca­la en lo que pue­de ser el mayor cam­bio en las rela­cio­nes de pro­pie­dad des­de la era colonial.

Fie­bre de la tierra

Una inves­ti­ga­ción del Obser­ver cal­cu­la que has­ta 50 millo­nes de hec­tá­reas de tie­rra –un área más del doble del tama­ño del Rei­no Uni­do– han sido adqui­ri­das en los últi­mos años o están en pro­ce­so de nego­cia­ción por gobier­nos e inver­sio­nis­tas acau­da­la­dos que tra­ba­jan con sub­si­dios esta­ta­les. Los datos uti­li­za­dos fue­ron reco­pi­la­dos por Grain, el Ins­ti­tu­to Inter­na­cio­nal para el Medio Ambien­te y Desa­rro­llo, la Coa­li­ción Inter­na­cio­nal para el acce­so a la tie­rra (ILC), Actio­nAid y otros gru­pos no gubernamentales.

La fie­bre de la tie­rra, que toda­vía se ace­le­ra, ha sido pro­vo­ca­da por la esca­sez mun­dial de ali­men­tos que siguió a los fuer­tes aumen­tos del pre­cio del petró­leo en 2008, la cre­cien­te esca­sez de agua y la insis­ten­cia de la Unión Euro­pea en que 10% de todo el com­bus­ti­ble para el trans­por­te debe pro­ve­nir de bio­com­bus­ti­bles para el año 2015.

En muchas áreas los acuer­dos han lle­va­do a desahu­cios, males­tar públi­co y que­jas de “apro­pia­ción de tierras”.

La expe­rien­cia de Nyi­kaw Ocha­lla, un anuak indí­ge­na de la región Gam­be­lla de Etio­pía, que aho­ra vive en Gran Bre­ta­ña pero está en con­tac­to regu­lar con agri­cul­to­res en su región, es típi­ca. Dijo: “Toda la tie­rra en la región Gam­be­lla se uri­li­za. Cada comu­ni­dad posee y cui­da su pro­pio terri­to­rio y los ríos y tie­rras de cul­ti­vo en su inte­rior. Decir que exis­te tie­rra des­per­di­cia­da o tie­rra no uti­li­za­da en Gam­be­lla es un mito pro­pa­ga­do por el gobierno y los inversionistas.

“Las com­pa­ñías extran­je­ras lle­gan en gran­des can­ti­da­des y pri­van a la gen­te de tie­rra que ha uti­li­za­do duran­te siglos. No hay con­sul­tas con la pobla­ción indí­ge­na. Los tra­tos se cie­rran en secre­to. Lo úni­co que ven las per­so­nas del lugar es gen­te que lle­ga con nume­ro­sos trac­to­res para inva­dir sus tierras.

“Toda la tie­rra que rodea la aldea de mi fami­lia, Illia, ha sido apro­pia­da y está sien­do des­pe­ja­da. Aho­ra la gen­te tie­ne que tra­ba­jar para una com­pa­ñía india. Su tie­rra ha sido apro­pia­da a la fuer­za y no se les dado com­pen­sa­ción algu­na. La gen­te no pue­de creer lo que está suce­dien­do. Miles de per­so­nas resul­ta­rán afec­ta­das y van a pasar hambre.”

No se sabe si las adqui­si­cio­nes mejo­ra­rán o empeo­ra­rán la segu­ri­dad ali­men­ta­ria en Áfri­ca, o si esti­mu­la­rán con­flic­tos sepa­ra­tis­tas, pero se espe­ra que un impor­tan­te infor­me del Ban­co Mun­dial que debe publi­car­se este mes advier­ta de los poten­cia­les bene­fi­cios y los inmen­sos peli­gros que repre­sen­tan para la gen­te y la naturaleza.

Enca­be­zan la fie­bre los agro­ne­go­cios inter­na­cio­na­les, los ban­cos de inver­sión, los hed­ge funds, nego­cian­tes en mate­rias pri­mas, fon­dos de rique­za sobe­ra­na así como fon­dos de pen­sio­nes, fun­da­cio­nes e indi­vi­duos bri­tá­ni­cos atraí­dos por par­te de la tie­rra más bara­ta del mundo.

Jun­tos bus­can por doquier en Sudán, Kenia, Nige­ria, Tan­za­nia, Mala­wi, Etio­pía, Con­go, Zam­bia, Ugan­da, Mada­gas­car, Zim­ba­bue, Mali, Sie­rra Leo­na, Gha­na y otros sitios. Sólo Etio­pía ha apro­ba­do 815 pro­yec­tos agrí­co­las finan­cia­dos por el extran­je­ro des­de 2007. La tie­rra exis­ten­te que los inver­sio­nis­tas no han podi­do com­prar se está arren­dan­do por 1 dólar la hec­tá­rea al año, aproximadamente.

Se pien­sa que Ara­bia Sau­dí, jun­to con otros Esta­dos de emi­ra­tos de Orien­te Pró­xi­mo como Qatar, Kuwait y Abu Dabi, es el mayor com­pra­dor. En 2008 el gobierno sau­dí, que fue uno de los mayo­res pro­duc­to­res de tri­go de Orien­te Pró­xi­mo, anun­ció que iba a redu­cir su pro­duc­ción inte­rior de cereal en un 12% al año para con­ser­var su agua. Asig­nó 5.000 millo­nes de dóla­res para sumi­nis­trar prés­ta­mos a tasas pre­fe­ren­cia­les a com­pa­ñías que que­rían inver­tir en paí­ses con un fuer­te poten­cial agrícola.

Mien­tras tan­to la com­pa­ñía de inver­sión sau­dí Foras, res­pal­da­da por el Ban­co de Desa­rro­llo Islá­mi­co y ricos inver­sio­nis­tas sau­díes, tie­ne inten­cio­nes de gas­tar 1.000 millo­nes de dóla­res den­tro de sie­te años en la com­pra de tie­rras y en la pro­duc­ción de sie­te millo­nes de tone­la­das de arroz para el mer­ca­do sau­dí. La com­pa­ñía dice que está inves­ti­gan­do la com­pra de tie­rras en Mali, Sene­gal, Sudán y Ugan­da. Al vol­ver­se hacia Áfri­ca para pro­du­cir sus cul­ti­vos bási­cos, Ara­bia Sau­dí no sólo adquie­re tie­rra afri­ca­na sino que se ase­gu­ra el equi­va­len­te de cien­tos de millo­nes de galo­nes de agua esca­sa por año. El agua, dice la ONU, será el recur­so deter­mi­nan­te de los pró­xi­mos 100 años.

Inmen­sos negocios

Des­de 2008 inver­sio­nis­tas sau­díes han com­pra­do con­si­de­ra­ble­men­te en Sudán, Egip­to, Etio­pía y Kenia. El año pasa­do los pri­me­ros sacos de tri­go pro­du­ci­do en Etio­pía para el mer­ca­do sau­dí fue­ron pre­sen­ta­dos por al-Amou­di al rey Abdullah.

Algu­nos de los nego­cios afri­ca­nos en cues­tión son de dimen­sio­nes exor­bi­tan­tes: Chi­na ha fir­ma­do un con­tra­to con la Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca del Con­go para el cul­ti­vo de 2,8 millo­nes de hec­tá­reas de acei­te de pal­ma para bio­com­bus­ti­bles. Antes que fra­ca­sa­ra debi­do a los dis­tur­bios, un nego­cio pro­pues­to de 1,2 millo­nes de hec­tá­reas entre Mada­gas­car y la com­pa­ñía sur­co­rea­na Dae­woo hubie­ra inclui­do casi la mitad de la tie­rra ara­ble del país.

Tam­bién exis­te deman­da de tie­rras para pro­du­cir cul­ti­vos para bio­com­bus­ti­bles. Com­pa­ñías euro­peas de bio­com­bus­ti­ble han adqui­ri­do o soli­ci­ta­do unos 4 millo­nes de hec­tá­reas en Áfri­ca. Esto ha lle­va­do al des­pla­za­mien­to de gen­te, ausen­cia de con­sul­tas y com­pen­sa­ción, pro­me­sas rotas sobre sala­rios y opor­tu­ni­da­des labo­ra­les,” dijo Tim Rice, autor de un infor­me de Actio­nAid que cal­cu­la que la UE tie­ne que pro­du­cir cul­ti­vos en 17,4 millo­nes de hec­tá­reas, bas­tan­te más de mitad el tama­ño de Ita­lia, si quie­re cum­plir con su obje­ti­vo de un 10% de bio­com­bus­ti­ble para 2015.

“La apro­pia­ción de tie­rra para bio­com­bus­ti­ble en Áfri­ca ya está des­pla­zan­do a agri­cul­to­res y la pro­duc­ción de ali­men­tos. La can­ti­dad de gen­te que pasa ham­bre aumen­ta­rá,” dijo. Fir­mas bri­tá­ni­cas han obte­ni­do tie­rras en Ango­la, Etio­pía, Mozam­bi­que, Nige­ria y Tan­za­nia para cul­ti­var flo­res y vegetales.

Com­pa­ñías indias, res­pal­da­das por prés­ta­mos guber­na­men­ta­les, han com­pra­do o arren­da­do cien­tos de miles de hec­tá­reas en Etio­pía, Kenia, Mada­gas­car, Sene­gal y Mozam­bi­que en las que están cul­ti­van­do arroz, caña de azú­car, maíz y len­te­jas para ali­men­tar su mer­ca­do interior.

Nin­gún sitio se deja sin con­si­de­rar. Sudán, que emer­ge de una gue­rra civil y ha esta­do en gran par­te pri­va­do de desa­rro­llo duran­te una gene­ra­ción, es uno de los nue­vos pun­tos de atrac­ción. Com­pa­ñías sur­co­rea­nas com­pra­ron el año pasa­do 0,7 millo­nes de hec­tá­reas del nor­te de Sudán para cul­ti­var tri­go; los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos han adqui­ri­do 760 millo­nes de hec­tá­reas y Ara­bia Sau­dí cerró el mes pasa­do un acuer­do por 40.000 hec­tá­reas en la pro­vin­cia Nilo.

El gobierno del sur de Sudán dice que muchas com­pa­ñías tra­tan aho­ra de adqui­rir tie­rra. “Hemos reci­bi­do muchas soli­ci­tu­des de nume­ro­sos pro­mo­to­res. Hay nego­cia­cio­nes en cur­so,” dijo Peter Choo­li, direc­tor de recur­sos acuá­ti­cos e irri­ga­ción, en Juba la sema­na pasa­da. “Un gru­po danés está en nego­cia­cio­nes con el Esta­do y otro quie­re uti­li­zar tie­rras cer­ca del Nilo.”

En uno de los nego­cios más extra­or­di­na­rios, la fir­ma aven­tu­re­ra neo­yor­qui­na de inver­sio­nes Jarch Capi­tal, diri­gi­da por el ex comer­cian­te en mate­rias pri­mas Phi­lip Heil­berg, ha arren­da­do 800.000 hec­tá­reas en el sur de Sudán, cer­ca de Dar­fur. Heil­berg no sólo ha pro­me­ti­do crear pues­tos de tra­ba­jo sino tam­bién que rein­ver­ti­rá un 10% o más de sus ganan­cias en la comu­ni­dad local. Pero ha sido acu­sa­do por suda­ne­ses de “apro­piar­se” de tie­rras comu­na­les y de diri­gir un inten­to esta­dou­ni­den­se de frag­men­tar Sudán y explo­tar sus recursos.

Nue­vo colonialismo

Devlin Kuyek, un inves­ti­ga­dor basa­do en Mon­treal que tra­ba­ja con Grain, dijo que las inver­sio­nes en Áfri­ca se ven aho­ra por nume­ro­sos gobier­nos como una nue­va estra­te­gia de sumi­nis­tros ali­men­ta­rios. “Los paí­ses ricos miran hacia Áfri­ca no sólo para tener un buen ren­di­mien­to de capi­tal, sino tam­bién como una póli­za de segu­ro. Esca­sez de ali­men­tos y dis­tur­bios en 28 paí­ses en 2008, dis­mi­nu­ción de los sumi­nis­tros de agua, cam­bio cli­má­ti­co y un inmen­so aumen­to de la pobla­ción se han com­bi­na­do para hacer que los terre­nos sean atrac­ti­vos. Áfri­ca tie­ne más tie­rras y, en com­pa­ra­ción con otros con­ti­nen­tes, son bara­tas,” dijo.

“Tie­rras de cul­ti­vo en Áfri­ca sub­saha­ria­na per­mi­ten ren­di­mien­tos de un 25% y la nue­va tec­no­lo­gía pue­de tri­pli­car las cose­chas en pla­zos muy bre­ves,” dijo Susan Pay­ne, eje­cu­ti­va jefe de Emer­gent Asset Mana­ge­ment, un fon­do de inver­sión bri­tá­ni­co que se pro­po­ne inver­tir 50 millo­nes de dóla­res en tie­rras afri­ca­nas que, dijo, están atra­yen­do a gobier­nos, cor­po­ra­cio­nes, mul­ti­na­cio­na­les y otros inver­sio­nis­tas. “El desa­rro­llo agrí­co­la no es sólo sos­te­ni­ble, es nues­tro futu­ro. Si no pone­mos mucho cui­da­do y aten­ción aho­ra para aumen­tar la pro­duc­ción de ali­men­tos en más de un 50% antes de 2050, enfren­ta­re­mos serias esca­se­ces de ali­men­tos glo­bal­men­te,” dijo.

Pero muchos de los nego­cios son amplia­men­te con­de­na­dos por gru­pos no guber­na­men­ta­les occi­den­ta­les y nacio­na­les como “nue­vo colo­nia­lis­mo”, que ale­ja a la gen­te del cam­po y sus­trae recur­sos esca­sos de la gente.

Encon­tra­mos a Tege­nu Mor­ku, corre­dor de fin­cas, en un café al bor­de de la ruta, mien­tras iba en camino a la región de Oro­mia en Etio­pía en bus­ca de 500 hec­tá­reas de tie­rra para un gru­po de inver­sio­nis­tas egip­cios. Pla­ni­fi­ca­ban la cría de gana­do, el cul­ti­vo de cerea­les y espe­cias y la expor­ta­ción de la mayor can­ti­dad posi­ble a Egip­to. Tenía que haber agua y espe­ra­ba que el pre­cio sea apro­xi­ma­da­men­te 15 birr (cer­ca de un dólar) por hec­tá­rea al año –menos de un cuar­to del cos­te de terre­nos en Egip­to y una déci­ma par­te del pre­cio de terre­nos en Asia.

“La tie­rra y la mano de obra son bara­tos y el cli­ma es bueno. Todos – sau­díes, tur­cos, chi­nos, egip­cios – están a la expec­ta­ti­va. A los agri­cul­to­res no les gus­ta por­que son des­pla­za­dos, pero pue­den encon­trar tie­rras en otro sitio y, ade­más, reci­ben com­pen­sa­ción, equi­va­len­te a apro­xi­ma­da­men­te el valor de las cose­chas de 10 años,” dijo.

Ham­bru­na cau­sa­da por el hombre

Oro­mia es uno de los cen­tros de la fie­bre de la tie­rra afri­ca­na. Hai­le Hir­pa, pre­si­den­te de la aso­cia­ción de estu­dios de Oro­mia, dijo la sema­na pasa­da en una car­ta de pro­tes­ta al secre­ta­rio gene­ral de la ONU, Ban Ki-moon, que India había adqui­ri­do 1 millón de hec­tá­reas, Dji­bou­ti 1.000 hec­tá­reas, Ara­bia Sau­dí 100.000 y que inver­sio­nis­tas egip­cios, sur­co­rea­nos, chi­nos, nige­ria­nos y otros ára­bes esta­ban todos acti­vos en el Estado.

“Esta es la nue­va colo­ni­za­ción del Siglo XXI. Los sau­díes se bene­fi­cian con la cose­cha de arroz mien­tras los oro­mos mue­ren por una ham­bru­na cau­sa­da por el hom­bre, mien­tras habla­mos,” dijo.

El gobierno etío­pe des­min­tió que los nego­cios estén cau­san­do ham­bre y dijo que los nego­cios con tie­rras atraen cien­tos de millo­nes de dóla­res de inver­sio­nes extran­je­ras y crean dece­nas de miles de pues­tos de tra­ba­jo. Un por­ta­voz dijo: “Etio­pía tie­ne [75 millo­nes de hec­tá­reas] de tie­rras fér­ti­les, de las cua­les sólo un 15% está actual­men­te en uso –sobre todo por agri­cul­to­res de sub­sis­ten­cia-. De la tie­rra res­tan­te, sólo un peque­ño por­cen­ta­je –3 a 4%- se ofre­ce a inver­sio­nis­tas extran­je­ros. A los inver­sio­nis­tas nun­ca se les da tie­rra que per­te­ne­ce a agri­cul­to­res etío­pes. El gobierno tam­bién ani­ma a etío­pes en la diás­po­ra a inver­tir en su patria. Con­tri­bu­yen con tec­no­lo­gía muy nece­sa­ria, ofre­cen pues­tos de tra­ba­jo y capa­ci­ta­ción a los etío­pes, ope­ran en áreas don­de hay tie­rras ade­cua­das y acce­so al agua.”

La reali­dad en el terreno es dife­ren­te según Michael Tay­lor, espe­cia­lis­ta en Inter­na­tio­nal Land Coali­tion. “Si hay tie­rra en Áfri­ca que no ha sido plan­ta­da, es pro­ba­ble­men­te por un moti­vo. Tal vez se uti­li­ce para apa­cen­tar gana­do o se deja deli­be­ra­da­men­te sin cul­ti­var para impe­dir el ago­ta­mien­to de nutrien­tes y la ero­sión. Cual­quie­ra que ha vis­to esas áreas iden­ti­fi­ca­das como no uti­li­za­das com­pren­de que no hay tie­rras en Etio­pía que no ten­gan pro­pie­ta­rios y usuarios.”

Los exper­tos en desa­rro­llo están divi­di­dos con res­pec­to a los bene­fi­cios de los cul­ti­vos en gran esca­la, inten­si­vos. La eco­lo­gis­ta india Van­da­na Shi­va dijo en Lon­dres la sema­na pasa­da que la agri­cul­tu­ra indus­trial en gran esca­la no sólo sepa­ra a la gen­te de la tie­rra sino que tam­bién requie­re pro­duc­tos quí­mi­cos, pes­ti­ci­das, her­bi­ci­das, fer­ti­li­zan­tes, uso inten­si­vo del agua, y trans­por­te, alma­ce­na­mien­to y dis­tri­bu­ción a gran esca­la que en con­jun­to con­vier­ten los pai­sa­jes en enor­mes plan­ta­cio­nes de monocultivo.

“Esta­mos vien­do des­po­sei­mien­to a una esca­la masi­va. Sig­ni­fi­ca que hay menos ali­men­tos dis­po­ni­bles y que la gen­te del lugar ten­drá menos. Habrá más con­flic­to e ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca y las cul­tu­ras se des­arrai­ga­rán. Los peque­ños agri­cul­to­res de Áfri­ca son la base de la segu­ri­dad ali­men­ta­ria. La dis­po­ni­bi­li­dad de ali­men­to del pla­ne­ta dis­mi­nui­rá,” dice. Pero Rod­ney Cook, direc­tor del Fon­do Inter­na­cio­nal de Desa­rro­llo Agrí­co­la de la ONU ve poten­cia­les bene­fi­cios. “Evi­ta­ría el tér­mino gene­ral ‘apro­pia­ción de la tie­rra’. Si se hacen correc­ta­men­te, esos nego­cios pue­den repre­sen­tar bene­fi­cios para todas las par­tes y serán un ins­tru­men­to para el desarrollo.”

Loren­zo Cotu­la, inves­ti­ga­dor sénior en el Ins­ti­tu­to Inter­na­cio­nal para el Entorno y el Desa­rro­llo, quien fue coau­tor de un infor­me sobre los inter­cam­bios de tie­rras en Áfri­ca con el fon­do de la ONU el año pasa­do, esta­ble­ció que nego­cios bien estruc­tu­ra­dos pue­den garan­ti­zar empleos, mejo­res infra­es­truc­tu­ras y mejo­res ren­di­mien­tos de los cul­ti­vos. Pero si se mane­jan mal podrían cau­sar mucho daño, espe­cial­men­te si se exclu­ye a la gen­te del lugar de las deci­sio­nes sobre la dis­tri­bu­ción de la tie­rra y no se pro­te­gen sus dere­chos sobre la tierra.

El agua tam­bién plan­tea polé­mi­ca. Fun­cio­na­rios guber­na­men­ta­les loca­les en Etio­pía dije­ron al Obser­ver que com­pa­ñías extran­je­ras que esta­ble­cie­ron gran­jas de cul­ti­vo de flo­res y otras gran­des gran­jas inten­si­vas no pagan por el agua. “Nos gus­ta­ría cobrar­les, pero los tra­tos los hace el gobierno cen­tral,” dijo uno de ellos. En Awas­sa, la gran­ja al-Ampu­ni usa tan­ta agua al año como 100.000 etíopes.

Tra­du­ci­do del inglés para Rebe­lión por Ger­mán Leyens

Fuen­te: Rebelion

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