El tes­ta­men­to de Lenin

I

Yo acon­se­ja­ría mucho que en este Con­gre­so se intro­du­je­sen varios cam­bios en nues­tra estruc­tu­ra polí­ti­ca. Desea­ría expo­ner­les las con­si­de­ra­cio­nes que esti­mo más impor­tan­tes. Lo pri­me­ro de todo colo­co el aumen­to del nú mero de miem­bros del CC has­ta varias dece­nas e inclu­so has­ta un cen­te­nar. Creo que si no empren­dié­ra­mos tal refor­ma, nues­tro Comi­té Cen­tral se vería ame­na­za­do de gran­des peli­gros, caso de que el cur­so de los acon­te­ci­mien­tos no fue­ra del todo favo­ra­ble para noso­tros (y no pode­mos con­tar con eso).También pien­so pro­po­ner al Con­gre­so que, den­tro de cier­tas con­di­cio­nes, se dé carác­ter legis­la­ti­vo a las deci­sio­nes del Gos­plán, coin­ci­dien­do en este sen­ti­do con el cama­ra­da Trotsky, has­ta cier­to pun­to y en cier­tas condiciones.

Por lo que se refie­re al pri­mer pun­to, es decir, al aumen­to del núme­ro de miem­bros del CC, creo que esto es nece­sa­rio tan­to para ele­var el pres­ti­gio del CC como para un tra­ba­jo serio con obje­to de mejo­rar nues­tro apa­ra­to y como para evi­tar que los con­flic­tos de peque­ñas par­tes del CC pue­dan adqui­rir una impor­tan­cia exce­si­va para todos los des­ti­nos del Partido.

Opino que nues­tro Par­ti­do está en su dere­cho de pedir a la cla­se obre­ra de 50 a 100 miem­bros del CC, y que pue­de reci­bir­los de ella sin hacer­la poner dema­sia­do en ten­sión sus fuer­zas. Esta refor­ma aumen­ta­ría con­si­de­ra­ble­men­te la soli­dez de nues­tro Par­ti­do y le faci­li­ta­ría la lucha que sos­tie­ne, rodea­do de Esta­dos hos­ti­les, lucha que, a mi modo de ver, pue­de y debe agu­di­zar­se mucho en los años pró­xi­mos. Se me figu­ra que, gra­cias a esta medi­da, la esta­bi­li­dad de nues­tro Par­ti­do se haría mil veces mayor.

II

Por esta­bi­li­dad del Comi­té Cen­tral, de que habla­ba más arri­ba, entien­do las medi­das con­tra la esci­sión en el gra­do en que tales medi­das pue­dan, en gene­ral, adop­tar­se. Por­que, natu­ral­men­te, tenía razón el guar­dia blan­co de Rúss­ka­ya Mysl (creo que era S. F. Olden­burg) cuan­do, lo pri­me­ro, en el jue­go de esas gen­tes con­tra la Rusia Sovié­ti­ca ponía sus espe­ran­zas en la esci­sión de nues­tro Par­ti­do y cuan­do, lo segun­do, las espe­ran­zas de que se fue­ra a pro­du­cir esta esci­sión las cifra­ba en gra­ví simas dis­cre­pan­cias en el seno del Par­ti­do. Nues­tro Par­ti­do se apo­ya en dos cla­ses, y por eso es posi­ble su ines­ta­bi­li­dad y sería inevi­ta­ble su caí­da si estas dos cla­ses no pudie­ran lle­gar a un acuer­do. Sería inú­til adop­tar unas u otras medi­das con vis­tas a esta even­tua­li­dad y, en gene­ral, hacer con­si­de­ra­cio­nes acer­ca de la esta­bi­li­dad de nues­tro CC. Nin­gu­na medi­da sería capaz, en este caso, de evi­tar la esci­sión. Pero yo con­fío que esto se refie­re a un futu­ro dema­sia­do lejano y es un acon­te­ci­mien­to dema­sia­do impro­ba­ble para hablar de ello. Me refie­ro a la esta­bi­li­dad como garan­tía con­tra la esci­sión en un pró­xi­mo futu­ro, y ten­go el pro­pó­si­to de expo­ner aquí varias con­si­de­ra­cio­nes de índo­le pura­men­te per­so­nal. Yo creo que lo fun­da­men­tal en el pro­ble­ma de la esta­bi­li­dad, des­de este pun­to de vis­ta, son tales miem­bros del CC como Sta­lin y Trotsky. Las rela­cio­nes entre ellos, a mi modo de ver, encie­rran más de la mitad del peli­gro de esa esci­sión que se podría evi­tar, y a cuyo obje­to debe ser­vir entre otras cosas, según mi cri­te­rio, la amplia­ción del CC has­ta 50 o has­ta 100 miem­bros. El cama­ra­da Sta­lin, lle­ga­do a Secre­ta­rio Gene­ral, ha con­cen­tra­do en sus manos un poder inmen­so, y no estoy segu­ro que siem­pre sepa uti­li­zar­lo con la sufi­cien­te pru­den­cia. Por otra par­te, el cama­ra­da Trotsky, según demues­tra su lucha con­tra el CC con moti­vo del pro­ble­ma del Comi­sa­ria­do del Pue­blo de Vías de Comu­ni­ca­ción, no se dis­tin­gue úni­ca­men­te por su gran capa­ci­dad. Per­so­nal­men­te, qui­zá sea el hom­bre más capaz del actual CC, pero está dema­sia­do enso­ber­be­ci­do y dema­sia­do atraí­do por el aspec­to pura­men­te admi­nis­tra­ti­vo de los asun­tos. Estas dos cua­li­da­des de dos des­ta­ca­dos jefes del CC actual pue­den lle­var sin que­rer­lo a la esci­sión, y si nues­tro Par­ti­do no toma medi­das para impe­dir­lo, la esci­sión pue­de venir sin que nadie lo espe­re. No segui­ré carac­te­ri­zan­do a los demás miem­bros del CC por sus cua­li­da­des per­so­na­les. Recor­da­ré sólo que el epi­so­dio de Zino­viev y Kame­nev en Octu­bre no es, natu­ral­men­te, una casua­li­dad, y que de esto se les pue­de cul­par per­so­nal­men­te tan poco como a Trotsky de su no bol­che­vis­mo. En cuan­to a los jóve­nes miem­bros del CC, diré algu­nas pala­bras acer­ca de Buja­rin y de Pia­ta­kov. Son, a mi jui­cio, los que más se des­ta­can (entre los más jóve­nes), y en ellos se debe­ría tener en cuen­ta lo siguien­te: Buja­rin no sólo es un valio­sí­si­mo y nota­bi­lí­si­mo teó­ri­co del Par­ti­do, sino que, ade­más, se le con­si­de­ra legí­ti­ma­men­te el favo­ri­to de todo el Par­ti­do; pero sus con­cep­cio­nes teó ricas muy difí­cil­men­te pue­den cali­fi­car­se de ente­ra­men­te mar­xis­tas, pues hay en él algo esco­lás­ti­co (jamás ha estu­dia­do y creo que jamás ha com­pren­di­do por com­ple­to la dia­léc­ti­ca). Vie­ne des­pués Pia­ta­kov, hom­bre sin duda de gran volun­tad y gran capa­ci­dad, pero a quien atraen dema­sia­do la admi­nis­tra­ción y el aspec­to admi­nis­tra­ti­vo de los asun­tos para que se pue­da con­fiar en él en un pro­ble­ma polí­ti­co serio. Natu­ral­men­te, una y otra obser­va­ción son vale­de­ras sólo para el pre­sen­te, en el supues­to de que estos dos des­ta­ca­dos y fie­les mili­tan­tes no encuen­tren oca­sión de com­ple­tar sus cono­ci­mien­tos y de corre­gir su uni­la­te­ral formación.

Sta­lin es dema­sia­do brus­co, y este defec­to, ple­na­men­te tole­ra­ble en nues­tro medio y en las rela­cio­nes entre noso­tros, los comu­nis­tas, se hace into­le­ra­ble en el car­go de Secre­ta­rio Gene­ral. Por eso pro­pon­go a los cama­ra­das que pien­sen la for­ma de pasar a Sta­lin a otro pues­to y de nom­brar para este car­go a otro hom­bre que se dife­ren­cie del cama­ra­da Sta­lin en todos los demás aspec­tos sólo por una ven­ta­ja, a saber: que sea más tole­ran­te, más leal, más correc­to y más aten­to con los cama­ra­das, menos capri­cho­so, etc. Esta cir­cuns­tan­cia pue­de pare­cer una f útil peque­ñez. Pero yo creo que, des­de el pun­to de vis­ta de pre­ve­nir la esci­sión y des­de el pun­to de vis­ta de lo que he escri­to antes acer­ca de las rela­cio­nes entre Sta­lin y Trotsky, no es una peque­ñez, o se tra­ta de una peque­ñez que pue­de adqui­rir impor­tan­cia decisiva.

III

La amplia­ción del CC has­ta 50 o inclu­so 100 miem­bros debe per­se­guir, a mi modo de ver, un fin doble o inclu­so tri­ple: cuan­to mayor sea el nú mero de miem­bros del CC, más gen­te apren­de­rá a rea­li­zar el tra­ba­jo de é ste y tan­to menor será el peli­gro de una esci­sión debi­da a cual­quier impru­den­cia. La incor­po­ra­ción de muchos obre­ros al CC ayu­da­rá a los obre­ros a mejo­rar nues­tro apa­ra­to, que es pési­mo. En el fon­do lo hemos here­da­do del vie­jo régi­men, pues­to que ha sido abso­lu­ta­men­te impo­si­ble reha­cer­lo en un pla­zo tan cor­to, sobre todo con la gue­rra, con el ham­bre, etc. Por eso pode­mos con­tes­tar tran­qui­la­men­te a los «crí­ti­cos» que con son­ri­sa bur­lo­na o con mali­cia nos seña­lan los defec­tos de nues­tro apa­ra­to, que son gen­tes que no com­pren­den nada las con­di­cio­nes de nues­tra revo­lu­ción. En cin­co años es impo­si­ble por com­ple­to refor­mar el apa­ra­to en medi­da sufi­cien­te, sobre todo aten­di­das las con­di­cio­nes en que se ha pro­du­ci­do nues­tra revo­lu­ción. Bas­tan­te es si en cin­co años hemos crea­do un nue­vo tipo de Esta­do en el que los obre­ros van delan­te de los cam­pe­si­nos con­tra la bur­gue­sía, lo que, con­si­de­ran­do las con­di­cio­nes de la hos­til situa­ción inter­na­cio­nal, es una obra gigan­tes­ca. Pero la con­cien­cia de que esto es así no debe en modo alguno cerrar­nos los ojos ante el hecho de que, en esen­cia, hemos toma­do el vie­jo apa­ra­to del zar y de la bur­gue­sía y que aho­ra, al adve­nir la paz y cubrir en gra­do míni­mo las nece­si­da­des rela­cio­na­das con el ham­bre, todo el tra­ba­jo debe orien­tar­se al mejo­ra­mien­to del apa­ra­to. Según me ima­gino yo las cosas, una dece­nas de obre­ros inclui­dos en el CC pue­den, mejor que cual­quie­ra otro, entre­gar­se a la labor de revi­sar, mejo­rar y reha­cer nues­tro apa­ra­to. La Ins­pec­ción Obre­ra y Cam­pe­si­na, a la que en un prin­ci­pio per­te­ne­cía esta fun­ción, ha sido inca­paz de cum­plir­la y ú nica­men­te pue­de ser emplea­da como «apén­di­ce» o como auxi­liar, en deter­mi­na­das con­di­cio­nes, de estos miem­bros del CC. Los obre­ros que pasen a for­mar par­te del CC deben ser pre­fe­ren­te­men­te, según mi cri­te­rio, no de los que han actua­do lar­go tiem­po en las orga­ni­za­cio­nes sovié­ti­cas (en esta par­te de la car­ta, lo que digo de los obre­ros se refie­re tam­bién por com­ple­to a los cam­pe­si­nos), por­que en ellos han arrai­ga­do ya cier­tas tra­di­cio­nes y cier­tos pre­jui­cios con los que es desea­ble pre­ci­sa­men­te luchar. Los obre­ros que se incor­po­ren al CC deben ser, de pre­fe­ren­cia, per­so­nas que se encuen­tren por deba­jo de la capa de los que en los cin­co años han pasa­do a ser fun­cio­na­rios sovié­ti­cos, y deben hallar­se más cer­ca de los sim­ples obre­ros y cam­pe­si­nos, que, sin embar­go, no entren, direc­ta o indi­rec­ta­men­te, en la cate­go­ría de los explo­ta­do­res. Creo que esos obre­ros, que asis­ti­rán a todas las reunio­nes del CC y del Buró Polí­ti­co, y que lee­rán todos los docu­men­tos del CC, pue­den ser cua­dros de fie­les par­ti­da­rios del régi­men sovié­ti­co, capa­ces, lo pri­me­ro, de dar esta­bi­li­dad al pro­pio CC y, lo segun­do, de tra­ba­jar real­men­te en la reno­va­ción y mejo­ra­mien­to del aparato.

IV

Esta idea la sugi­rió el cama­ra­da Trotsky, me pare­ce, hace ya tiem­po. Yo me mani­fes­té en con­tra, por­que esti­ma­ba que, en tal caso, se pro­du­ci­ría una fal­ta de con­cor­dan­cia fun­da­men­tal en el sis­te­ma de nues­tras ins­ti­tu­cio­nes legis­la­ti­vas. Pero un examen aten­to del pro­ble­ma me lle­va a la con­clu­sión de que, en el fon­do, aquí hay una idea sana: el Gos­plán se halla algo al mar­gen de nues­tras ins­ti­tu­cio­nes legis­la­ti­vas, a pesar de que, como con­jun­to de per­so­nas com­pe­ten­tes, de exper­tos, de hom­bres de la cien­cia y de la téc­ni­ca, se encuen­tra, en el fon­do, en las mejo­res con­di­cio­nes para emi­tir jui­cios acer­ta­dos. Sin embar­go, has­ta aho­ra part íamos del pun­to de vis­ta de que el Gos­plán debe pre­sen­tar al Gobierno un mate­rial crí­ti­ca­men­te ana­li­za­do, y que las ins­ti­tu­cio­nes guber­na­men­ta­les deben ser las encar­ga­das de resol­ver los asun­tos públi­cos. Yo creo que en la situa­ción actual, cuan­do los asun­tos públi­cos se han com­pli­ca­do extra­or­di­na­ria­men­te, cuan­do a cada paso hay que resol­ver así como vie­nen los pro­ble­mas en que se nece­si­ta el dic­ta­men de los miem­bros del Gos­plán sin sepa­rar­los de los pro­ble­mas en los que no se nece­si­ta, e inclu­so más aún, resol­ver asun­tos en los que unos pun­tos requie­ren el dic­ta­men del Gos­plán mien­tras que otros pun­tos no lo requie­ren, se debe dar un paso en el sen­ti­do de aumen­tar la com­pe­ten­cia del Gosplán.

Este paso lo con­ci­bo de tal mane­ra que las deci­sio­nes del Gos­plán no pue­dan ser recha­za­das según el pro­ce­di­mien­to corrien­te en los orga­nis­mos sovié­ti­cos, sino que para modi­fi­car­las se requie­ra un pro­ce­di­mien­to espe­cial; por ejem­plo, lle­var­las a la reu­nión del CEC de toda Rusia, pre­pa­rar el asun­to cuya deci­sión deba ser modi­fi­ca­da según ins­truc­cio­nes espe­cia­les, redac­tán­do­se, según reglas espe­cia­les, infor­mes por escri­to con obje­to de sope­sar si dicha deci­sión del Gos­plán debe ser anu­la­da; mar­car, en fin, pla­zos espe­cia­les para modi­fi­car las deci­sio­nes del Gos­plán, etc.

En este sen­ti­do creo que se pue­de y se debe coin­ci­dir con el cama­ra­da Trotsky, pero no en lo de que la pre­si­den­cia del Gos­plán debe ocu­par­la una per­so­na­li­dad des­ta­ca­da, uno de nues­tros jefes polí­ti­cos, o el Pre­si­den­te del Con­se­jo Supre­mo de la Eco­no­mía Nacio­nal, etc. Me pare­ce que en este asun­to el fac­tor per­so­nal se entre­la­za hoy día dema­sia­do í nti­ma­men­te con el pro­ble­ma de prin­ci­pio. Creo que los ata­ques que aho­ra se escu­chan con­tra el Pre­si­den­te del Gos­plán, cama­ra­da Krzhizha­novs­ki, y el Vice­pre­si­den­te, cama­ra­da Pia­ta­kov, y que se lan­zan con­tra los dos, de tal mane­ra que, de una par­te, escu­cha­mos acu­sa­cio­nes de extre­ma­da blan­du­ra, de fal­ta de inde­pen­den­cia y de carác­ter, mien­tras que, de otra par­te, escu­cha­mos acu­sa­cio­nes de gro­se­ría, de tra­to cuar­te­le­ro, de fal­ta de una sóli­da pre­pa­ra­ción cien­tí­fi­ca, etc., creo que estos ata­ques son expre­sión de los dos aspec­tos del pro­ble­ma, desor­bi­tán­do­los has­ta el extre­mo, y que lo que noso­tros nece­si­ta­mos real­men­te en el Gos­plán es una acer­ta­da com­bi­na­ción de los dos tipos de carác­ter, mode­lo de uno de los cua­les pue­de ser Pia­ta­kov y del otro Krzhizha­novs­ki. Creo que a la cabe­za del Gos­plán debe haber una per­so­na con pre­pa­ra­ción cien­tí­fi­ca en el sen­ti­do téc­ni­co o agro­nó­mi­co, que posea una expe­rien­cia lar­ga, de muchas dece­nas de años, de tra­ba­jo prác­ti­co, bien en la téc­ni­ca, bien en la agro­no­mía. Creo que esa per­so­na debe poseer no tan­to apti­tu­des admi­nis­tra­ti­vas como amplia expe­rien­cia y capa­ci­dad para atraer­se a la gente.

V

He adver­ti­do que cier­tos cama­ra­das nues­tros, capa­ces de influir deci­si­va­men­te en la orien­ta­ción de los asun­tos públi­cos, exa­ge­ran el aspec­to admi­nis­tra­ti­vo, el cual, natu­ral­men­te, es nece­sa­rio en su lugar y en su tiem­po, pero que no hay que con­fun­dir con el aspec­to cien­tí­fi­co, con la amplia com­pren­sión de la reali­dad, con la capa­ci­dad de atraer­se a la gen­te, etc. En toda ins­ti­tu­ción públi­ca, par­ti­cu­lar­men­te en el Gos­plá n, se nece­si­ta la unión de estas dos cua­li­da­des, y cuan­do el cama­ra­da Krzhizha­novs­ki me dijo que había incor­po­ra­do al Gos­plán a Pia­ta­kov y se había pues­to de acuer­do con él acer­ca del tra­ba­jo, yo di mi con­sen­ti­mien­to, reser­ván­do­me, por una par­te, cier­tas dudas, y con­fian­do a veces, por otra par­te, que logra­ría­mos en este caso la com­bi­na­ción de ambos tipos de hom­bre de Esta­do. ¿Se ha cum­pli­do esta espe­ran­za? Aho­ra hay que aguar­dar y ver algún tiem­po más lo que resul­ta en la prác­ti­ca, pero en prin­ci­pio yo creo que no pue­de poner­se en duda que esta unión de carac­te­res y tipos (de per­so­nas, de cua­li­da­des) es indu­da­ble­men­te nece­sa­ria para el buen fun­cio­na­mien­to de las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas. Me pare­ce que en este pun­to la exa­ge­ra­ción del «celo admi­nis­tra­ti­vo» es tan noci­va como toda exa­ge­ra­ción en gene­ral. El diri­gen­te de una ins­ti­tu­ción públi­ca debe poseer en el más alto gra­do la capa­ci­dad de atraer­se a la gen­te y unos cono­ci­mien­tos cien­tí­fi­cos y téc­ni­cos lo bas­tan­te sóli­dos como para con­tro­lar su tra­ba­jo. Esto es lo fun­da­men­tal. Sin ello el tra­ba­jo no pue­de ir por buen camino. Por otro lado, es muy impor­tan­te que sepa admi­nis­trar y que ten­ga un digno auxi­liar o auxi­lia­res en este terreno. Es dudo­so que estas dos cua­li­da­des pue­dan encon­trar­se uni­das en una sola per­so­na, y es dudo­so que ello sea necesario.

VI

Por lo vis­to, el Gos­plán va con­vir­tién­do­se en todos los sen­ti­dos en una comi­sión de exper­tos. A la cabe­za de tal ins­ti­tu­ción no pue­de por menos de figu­rar una per­so­na de gran expe­rien­cia y de amplios cono­ci­mien­tos cien­tí­fi­cos en el terreno de la téc­ni­ca. La capa­ci­dad admi­nis­tra­ti­va debe ser en el fon­do una cosa secun­da­ria. El Gos­plán debe gozar de cier­ta inde­pen­den­cia y auto­no­mía des­de el pun­to de vis­ta del pres­ti­gio de esta ins­ti­tu­ción cien­tí­fi­ca, y el moti­vo de que así sea es uno: la hones­ti­dad de su per­so­nal y su sin­ce­ro deseo de hacer que se cum­pla nues­tro plan de cons­truc­ción eco­nó­mi­ca y social. Esta últi­ma cua­li­dad, natu­ral­men­te, aho­ra sólo se pue­de encon­trar como excep­ción, por­que la inmen­sa mayo­ría de los hom­bres de cien­cia, de los que como es lógi­co se com­po­ne el Gos­plán, se hallan inevi­ta­ble­men­te con­ta­gia­dos de opi­nio­nes y pre­jui­cios bur­gue­ses. Con­tro­lar su labor en este aspec­to debe ser tarea de una cuan­tas per­so­nas, que pue­den for­mar la direc­ción del Gos­plán, que deben ser comu­nis­tas y seguir de día en día, en toda la mar­cha del tra­ba­jo, el gra­do de fide­li­dad de los hom­bres de cien­cia bur­gue­ses y có mo aban­do­nan los pre­jui­cios bur­gue­ses, así como su paso gra­dual al pun­to de vis­ta del socia­lis­mo. Este doble tra­ba­jo, de con­trol cien­tí­fi­co y de ges­tión pura­men­te admi­nis­tra­ti­va, debe­ría ser el ideal de los diri­gen­tes del Gos­plán en nues­tra República.

¿Es racio­nal el divi­dir en tareas suel­tas el tra­ba­jo que lle­va a cabo el Gos­plán? o al con­tra­rio, ¿no debe ten­der­se a for­mar un círcu­lo de espe­cia­lis­tas per­ma­nen­tes a quie­nes con­tro­le sis­te­má­ti­ca­men­te la direc­ci ón del Gos­plán y que pue­dan resol­ver todo el con­jun­to de pro­ble­mas que son de incum­ben­cia suya? Yo creo que es más racio­nal lo últi­mo, y que se debe pro­cu­rar la dis­mi­nu­ción del núme­ro de tareas suel­tas tem­po­ra­les y urgentes.

Al mis­mo tiem­po que se aumen­ta el núme­ro de los miem­bros del CC, debe­re­mos, a mi modo de ver, dedi­car­nos tam­bién, y yo diría que prin­ci­pal­men­te, a la tarea de revi­sar y mejo­rar nues­tro apa­ra­to, que no sir­ve para nada. Para este obje­to debe­mos valer­nos de los ser­vi­cios de espe­cia­lis­tas muy cali­fi­ca­dos, y la tarea de pro­por­cio­nar estos espe­cia­lis­tas debe recaer sobre la IOC (Ins­pec­ción Obre­ra y Cam­pe­si­na). La tarea de com­bi­nar a estos espe­cia­lis­tas de la revi­sión con cono­ci­mien­tos sufi­cien­tes y a estos nue­vos miem­bros del CC, debe ser resuel­ta en la prác­ti­ca. Me pare­ce que la IOC (como resul­ta­do de su desa­rro­llo y de nues­tras per­ple­ji­da­des acer­ca de su desa­rro­llo) ha dado en resu­men lo que aho­ra obser­va­mos: un esta­do de tran­si­ción de un Comi­sa­ria­do del Pue­blo espe­cial a una fun­ción espe­cial de los miem­bros del CC; de una ins­ti­tu­ción que lo revi­sa todo por com­ple­to a un con­jun­to de revi­so­res, esca­sos en núme­ro, pero exce­len­tes, que deben estar bien paga­dos (esto es par­ti­cu­lar­men­te nece­sa­rio en nues­tro tiem­po, en que las cosas se pagan, y aten­dien­do a que los revi­so­res se colo­can don­de mejor les pagan).

Si el núme­ro de miem­bros del CC es debi­da­men­te aumen­ta­do y un año tras otro se capa­ci­tan en la direc­ción de los asun­tos públi­cos con la ayu­da de estos espe­cia­lis­tas alta­men­te cali­fi­ca­dos y de los miem­bros de la Ins­pec­ción Obre­ra y Cam­pe­si­na, pres­ti­gio­sos en todos los terre­nos, yo creo que dare­mos acer­ta­da solu­ción a este pro­ble­ma que duran­te tan­to tiem­po no podía­mos resol­ver. En resu­men: has­ta 100 miem­bros del CC y todo lo más de 400 a 500 auxi­lia­res suyos, miem­bros de la IOC, que revi­sen según las indi­ca­cio­nes de los primeros.

Me pare­ce que he incu­rri­do en una gra­ve cul­pa ante los obre­ros de Rusia por no haber inter­ve­ni­do con la sufi­cien­te ener­gía y dure­za en el decan­ta­do pro­ble­ma de la auto­no­mi­za­ción, que ofi­cial­men­te se deno­mi­na, creo, pro­ble­ma de la unión de las repú­bli­cas socia­lis­tas sovié­ti­cas. Este verano, cuan­do el pro­ble­ma sur­gió, yo me encon­tra­ba enfer­mo, y lue­go, en el oto­ño, con­fié dema­sia­do en mi res­ta­ble­ci­mien­to y en que los ple­nos de octu­bre y diciem­bre me brin­da­rían la opor­tu­ni­dad de inter­ve­nir en el pro­ble­ma. Pero no pude asis­tir ni al Pleno de octu­bre (dedi­ca­do a este pro­ble­ma) ni al de diciem­bre, por lo que no he lle­ga­do a tocar­lo casi en abso­lu­to. He podi­do sólo con­ver­sar con el cama­ra­da Dzerzhins­ki, que ha vuel­to del Cáu­ca­so y me ha con­ta­do cómo se halla este pro­ble­ma en Geor­gia. Tam­bién he podi­do cam­biar un par de pala­bras con el cama­ra­da Zino­viev y expre­sar­le mis temo­res sobre el par­ti­cu­lar. Lo que me ha dicho el cama­ra­da Dzerzhins­ki, que pre­si­día la comi­sión envia­da por el Comi­té Cen­tral para «inves­ti­gar» lo rela­ti­vo al inci­den­te de Geor­gia, no ha podi­do dejar­me más que con los temo­res más gran­des. Si las cosas se pusie­ron de tal modo que Ordzho­ni­kid­ze pudo lle­gar al empleo de la vio­len­cia físi­ca, según me ha mani­fes­ta­do el cama­ra­da Dzerzhins­ki, pode­mos ima­gi­nar­nos en qué char­ca hemos caí­do. Al pare­cer, toda esta empre­sa de la «auto­no­mi­za­ción» era fal­sa e intem­pes­ti­va en abso­lu­to. Se dice que era nece­sa­ria la uni­dad del apa­ra­to. ¿De dón­de han par­ti­do estas afir­ma­cio­nes? ¿No será de ese mis­mo apa­ra­to ruso que, como indi­ca­ba ya en uno de los ante­rio­res núme­ros de mi dia­rio, hemos toma­do del zaris­mo, habién­do­nos limi­ta­do a ungir­lo lige­ra­men­te con el óle­se­rá de ese Es indu­da­ble que se debe­ría demo­rar la apli­ca­ción de esta medi­da has­ta que pudié­ra­mos decir que res­pon­de­mos de nues­tro apa­ra­to como de algo pro­pio. Pero aho­ra, en con­cien­cia, debe­mos decir lo con­tra­rio, que noso­tros lla­ma­mos nues­tro a un apa­ra­to que en reali­dad nos es aún ajeno por com­ple­to y cons­ti­tu­ye una mez­cla bur­gue­sa y zaris­ta que no ha habi­do posi­bi­li­dad algu­na de supe­rar en cin­co años, sin ayu­da de otros paí­ses y en unos momen­tos en que pre­do­mi­na­ban las «ocu­pa­cio­nes» mili­ta­res y la lucha con­tra el ham­bre. En estas con­di­cio­nes es muy natu­ral que la «liber­tad de sepa­rar­se de la unión», con la que noso­tros nos jus­ti­fi­ca­mos, sea un papel moja­do inca­paz de defen­der a los no rusos de la inva­sión del ruso genuino, cho­vi­nis­ta, en el fon­do un hom­bre mise­ra­ble y dado a la vio­len­cia como es el típi­co buró­cra­ta ruso. No cabe duda que el insig­ni­fi­can­te por­cen­ta­je de obre­ros sovié­ti­cos y sovie­ti­za­dos se hun­di­ría en este mar de inmun­di­cia cho­vi­nis­ta rusa como la mos­ca en la leche. En defen­sa de esta medi­da se dice que han sido segre­ga­dos los Comi­sa­ria­dos del Pue­blo que se rela­cio­nan direc­ta­men­te con la psi­co­lo­gía de las nacio­na­li­da­des, con la ins­truc­ción en las nacio­na­li­da­des. Pero a este res­pec­to nos sur­ge una pre­gun­ta, la de si es posi­ble segre­gar estos Comi­sa­ria­dos por com­ple­to, y una segun­da pre­gun­ta, la de si hemos toma­do medi­das con la sufi­cien­te soli­ci­tud para pro­te­ger de veras a los no rusos del esbi­rro genui­na­men­te ruso. Yo creo que no las hemos toma­do, aun­que pudi­mos y debi­mos hacerlo.Yo creo que en este asun­to han ejer­ci­do una influen­cia fatal las pri­sas y los afa­nes admi­nis­tra­ti­vos de Sta­lin, así como su saña con­tra el decan­ta­do «social-nacio­na­lis­mo». De ordi­na­rio, la saña siem­pre ejer­ce en polí­ti­ca el peor papel. Temo igual­men­te que el cama­ra­da Dzerzhins­ki, que ha ido al Cáu­ca­so a inves­ti­gar el asun­to de los «deli­tos» de esos «social- nacio­na­les», se haya dis­tin­gui­do en este caso tam­bién sólo por sus ten­den­cias pura­men­te rusas (se sabe que los no rusos rusi­fi­ca­dos siem­pre exa­ge­ran en cuan­to a sus ten­den­cias pura­men­te rusas), y que la impar­cia­li­dad de rusi­fi­ca­dos sión la carac­te­ri­ce sufi­cien­te­men­te el «guan­ta­zo» de Ordzho­ni­kid­ze. Creo que nin­gu­na pro­vo­ca­ción, inclu­so nin­gu­na ofen­sa pue­de jus­ti­fi­car este guan­ta­zo ruso, y que el cama­ra­da Dzerzhins­ki es irremediablemente

cul­pa­ble de haber reac­cio­na­do ante ello con lige­re­za. Ordzho­ni­kid­ze era una auto­ri­dad para todos los demás ciu­da­da­nos del Cáu­ca­so. Ordzho­ni­kid­ze no tenía dere­cho a dejar­se lle­var por la irri­ta­ción a la que él y Dzerzhins­ki se remi­ten. Al con­tra­rio, Ordzho­ni­kid­ze esta­ba obli­ga­do a com­por­tar­se con un come­di­mien­to que no se pue­de pedir a nin­gún ciu­da­dano ordi­na­rio, tan­to más si éste es acu­sa­do de un deli­to «polí­ti­co». Y la reali­dad es que los social-nacio­na­les eran ciu­da­da­nos acu­sa­dos de un deli­to polí­ti­co, y todo el ambien­te en que se pro­du­jo esta acu­sa­ción só lo así podía cali­fi­car­lo. A este res­pec­to se plan­tea ya un impor­tan­te pro­ble­ma de prin­ci­pio: cómo com­pren­der el internacionalismo.

En mis obras acer­ca del pro­ble­ma nacio­nal he escri­to ya que el plan­tea­mien­to abs­trac­to del pro­ble­ma del nacio­na­lis­mo en gene­ral no sir­ve para nada. Es nece­sa­rio dis­tin­guir entre el nacio­na­lis­mo de la nación opre­so­ra y el nacio­na­lis­mo de la nación opri­mi­da, entre el nacio­na­lis­mo de la nación gran­de y el nacio­na­lis­mo de la nación peque­ña. Con rela­ción al segun­do nacio­na­lis­mo, noso­tros, los inte­gran­tes de una nación gran­de, casi siem­pre somos cul­pa­bles en el terreno prác­ti­co his­tó rico de infi­ni­tos actos de vio­len­cia; e inclu­so más toda­vía: sin dar­nos cuen­ta, come­te­mos infi­ni­to núme­ro de actos de vio­len­cia y ofen­sas. No ten­go más que evo­car mis recuer­dos de cómo en las regio­nes del Vol­ga tra­tan des­pec­ti­va­men­te a los no rusos, de cómo la úni­ca mane­ra de lla­mar a los pola­cos es «poli­áchish­ka», de que para bur­lar­se de los tár­ta­ros siem­pre los lla­man «prín­ci­pes», al ucra­niano lo lla­man «jojol», y al geor­giano y a los demás natu­ra­les del Cáu­ca­so los lla­man «hom­bres del Cá pca­so». Por eso, el inter­na­cio­na­lis­mo por par­te de la nación opre­so­ra, o de la lla­ma­da nación «gran­de» (aun­que sólo sea gran­de por sus vio­len­cias, sólo sea gran­de como lo es un esbi­rro) no debe redu­cir­se a obser­var la igual­dad for­mal de las nacio­nes, sino tam­bién a obser­var una des­igual­dad que de par­te de la nación opre­so­ra, de la nación gran­de, com­pen­se la des­igual­dad que prác­ti­ca­men­te se pro­du­ce en la vida. Quien no haya com­pren­di­do esto, no ha com­pren­di­do la posi­ción ver­da­de­ra­men­te pro­le­ta­ria fren­te al pro­ble­ma nacio­nal; en el fon­do sigue man­te­nien­do el pun­to de vis­ta peque­ño­bur­gués, y por ello no pue­de por menos de des­li­zar­se a cada ins­tan­te al pun­to de vis­ta bur­gués. ¿Qué es impor­tan­te para el pro­le­ta­rio? Para el pro­le­ta­rio es no sólo impor­tan­te, sino una nece­si­dad esen­cial, gozar, en la lucha pro­le­ta­ria de cla­se, del máxi­mo de con­fian­za por par­te de los com­po­nen­tes de otras nacio­na­li­da­des. ¿Qué hace fal­ta para eso? Para eso hace fal­ta algo más que la igual­dad for­mal. Para eso hace fal­ta com­pen­sar de una mane­ra o de otra, con su tra­to o con sus con­ce­sio­nes a las otras nacio­na­li­da­des, la des­con­fian­za, el rece­lo, las ofen­sas que en el pasa­do his­tó­ri­co les pro­du­jo el gobierno de la nación dominante.

Creo que no hacen fal­ta más expli­ca­cio­nes ni entrar en más deta­lles trat ándo­se de bol­che­vi­ques, de comu­nis­tas. Y creo que en este caso, con rela­ción a la nación geor­gia­na, tene­mos un ejem­plo típi­co de cómo la acti­tud ver­da­de­ra­men­te pro­le­ta­ria exi­ge de nues­tra par­te extre­ma­da cau­te­la, deli­ca­de­za y tran­si­gen­cia. El geor­giano que des­de­ña este aspec­to del pro­ble­ma, que lan­za des­de­ño­sa­men­te acu­sa­cio­nes de «social-nacio­na­lis­mo» (cuan­do él mis­mo es no sólo un «social-nacio­nal» autén­ti­co y ver­da­de­ro, sino un bas­to esbi­rro ruso), ese geor­giano las­ti­ma, en esen­cia, los intere­ses de la soli­da­ri­dad pro­le­ta­ria de cla­se, por­que nada retar­da tan­to el desa­rro­llo y la con­so­li­da­ción de esta soli­da­ri­dad como la injus­ti­cia en el terreno nacio­nal, y para nada son tan sen­si­bles los «ofen­di­dos» com­po­nen­tes de una nacio­na­li­dad como para el sen­ti­mien­to de la igual­dad y el menos­ca­bo de esa igual­dad por sus cama­ra­das pro­le­ta­rios, aun­que lo hagan por negli­gen­cia, aun­que la cosa parez­ca una bro­ma. Por eso, en este caso, es pre­fe­ri­ble exa­ge­rar en cuan­to a las con­ce­sio­nes y a la sua­vi­dad para con las mino­rías nacio­na­les, que pecar por defec­to. Por eso, en este caso, el inte­rés vital de la soli­da­ri­dad pro­le­ta­ria, y por con­si­guien­te de la lucha pro­le­ta­ria de cla­se, requie­re que jamás mire­mos for­mal­men­te el pro­ble­ma nacio­nal, sino que siem­pre tome­mos en con­si­de­ra­ción la dife­ren­cia obli­ga­to­ria en la acti­tud del pro­le­ta­rio de la nación opri­mi­da (o pequeñ a) hacia la nación opre­so­ra (o grande).

¿Qué medi­das prác­ti­cas se deben tomar en esta situa­ción? Pri­me­ra, hay que man­te­ner y for­ta­le­cer la unión de las repú­bli­cas socia­lis­tas; sobre esto no pue­de haber duda. Lo nece­si­ta­mos noso­tros lo mis­mo que lo nece­si­ta el pro­le­ta­ria­do comu­nis­ta mun­dial para luchar con­tra la bur­gues ía mun­dial y para defen­der­se de sus intri­gas. Segun­da, hay que man­te­ner la unión de las repú­bli­cas socia­lis­tas en cuan­to al apa­ra­to diplo­má­ti­co, que, dicho sea de paso, es una excep­ción en el con­jun­to de nues­tro apa­ra­to esta­tal. No hemos deja­do entrar en él ni a una sola per­so­na de cier­ta influen­cia pro­ce­den­te del vie­jo apa­ra­to zaris­ta. Todo él, con­si­de­ran­do los car­gos de algu­na impor­tan­cia, se com­po­ne de comu­nis­tas. Por eso, este apa­ra­to se ha gana­do ya (pode­mos decir­lo rotun­da­men­te) el títu­lo de apa­ra­to comu­nis­ta pro­ba­do, lim­pio, en gra­do incom­pa­ra­ble­men­te mayor, de los ele­men­tos del vie­jo apa­ra­to zaris­ta, bur­gués y pequeñ obur­gués, a que nos vemos obli­ga­dos a recu­rrir en los otros Comi­sa­ria­dos del Pueblo.

Ter­ce­ra, hay que cas­ti­gar ejem­plar­men­te al cama­ra­da Ordzho­ni­kid­ze (digo esto con gran sen­ti­mien­to, por­que somos ami­gos y tra­ba­jé con él en el extran­je­ro, en la emi­gra­ción), y tam­bién ter­mi­nar de revi­sar o revi­sar nue­va­men­te todos los mate­ria­les de la comi­sión de Dzerzhins­ki, con obje­to de corre­gir el cúmu­lo de erro­res y de jui­cios par­cia­les que indu­da­ble­men­te hay allí. La res­pon­sa­bi­li­dad polí­ti­ca de toda esta cam­pañ a de ver­da­de­ro nacio­na­lis­mo ruso debe hacer­se recaer, cla­ro, sobre Sta­lin y Dzerzhins­ki. Cuar­ta, hay que implan­tar las nor­mas más seve­ras acer­ca del empleo del idio­ma nacio­nal en las repú­bli­cas de otras nacio­na­li­da­des que for­man par­te de nues­tra Unión, y com­pro­bar su cum­pli­mien­to con par­ti­cu­lar celo. No hay duda que, con el pre­tex­to de uni­dad del ser­vi­cio ferro­via­rio, con el pre­tex­to de la uni­dad fis­cal, etc., tal como aho­ra es nues­tro apa­ra­to, se des­li­za­rá un sin­nú­me­ro de abu­sos de carác­ter ruso puro. Para com­ba­tir esos abu­sos se nece­si­ta un espe­cial espí­ri­tu de inven­ti­va, sin hablar ya de la par­ti­cu­lar sin­ce­ri­dad de quie­nes se encar­guen de hacer­lo. Hará fal­ta un códi­go deta­lla­do, que sólo ten­drá algu­na per­fec­ción en caso de que lo redac­ten per­so­nas de la nacio­na­li­dad en cues­tión y que vivan en su repú­bli­ca. A este res­pec­to, de nin­gu­na mane­ra debe­mos afir­mar­nos de ante­mano en la idea de que, como resul­ta­do de todo este tra­ba­jo, no haya que vol­ver atr ás en el siguien­te Con­gre­so de los Soviets, es decir, de que no haya que man­te­ner la unión de las repú­bli­cas socia­lis­tas sovié­ti­cas sólo en sen­ti­do mili­tar y diplo­má­ti­co, y en todos los demás aspec­tos res­ta­ble­cer la auto­no­mía com­ple­ta de los dis­tin­tos Comi­sa­ria­dos del Pueblo.

Debe tener­se pre­sen­te que el frac­cio­na­mien­to de los Comi­sa­ria­dos del Pue­blo y la fal­ta de con­cor­dan­cia de su labor con res­pec­to a Mos­cú y los otros cen­tros, pue­den ser para­li­za­dos sufi­cien­te­men­te por la auto­ri­dad del Par­ti­do, si ésta se emplea con la nece­sa­ria dis­cre­ción e impar­cia­li­dad; el daño que pue­da sufrir nues­tro Esta­do por la fal­ta de apa­ra­tos nacio­na­les uni­fi­ca­dos con el apa­ra­to ruso es incal­cu­la­ble­men­te, infi­ni­ta­men­te menor que el daño que repre­sen­ta­ría no sólo para noso­tros, sino para todo el movi­mien­to inter­na­cio­nal, para los cien­tos de millo­nes de seres de Asia, que debe avan­zar al pri­mer plano de la his­to­ria en un pró­xi­mo futu­ro, des­pués de noso­tros. Sería un opor­tu­nis­mo imper­do­na­ble si en vís­pe­ras de esta acción del Orien­te, y al prin­ci­pio de su des­per­tar, que­bran­tá­se­mos nues­tro pres­ti­gio en él aun­que sólo fue­se con la más peque­ña aspe­re­za e injus­ti­cia con res­pec­to a nues­tras pro­pias nacio­na­li­da­des no rusas. Una cosa es la nece­si­dad de agru­par­se con­tra los impe­ria­lis­tas de Occi­den­te, que defien­den el mun­do capi­ta­lis­ta. En este caso no pue­de haber dudas, y huel­ga decir que aprue­bo incon­di­cio­nal­men­te estas medi­das. Otra cosa es cuan­do noso­tros mis­mos cae­mos, aun­que sea en peque­ñe­ces, en acti­tu­des impe­ria­lis­tas hacia nacio­na­li­da­des opri­mi­das, que­bran­tan­do con ello por com­ple­to toda nues­tra sin­ce­ri­dad de prin­ci­pios, toda la defen­sa que, con arre­glo a los prin­ci­pios, hace­mos de la lucha con­tra el impe­ria­lis­mo. Y el maña­na de la his­to­ria uni­ver­sal será el día en que se des­pier­ten defi­ni­ti­va­men­te los pue­blos opri­mi­dos por el impe­ria­lis­mo, que ya han abier­to los ojos, y en que empie­ce la lar­ga y dura bata­lla final por su emancipación.

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