Por­que las muje­res recha­za­mos las bases nor­te­ame­ri­ca­nas en Colom­bia por Ila­ria Arien­ta (Radio Libre Negro Primero)

El pasa­do 3 de noviem­bre, los gobier­nos de Colom­bia y Esta­dos Uni­dos fir­ma­ron un acuer­do para per­mi­tir la ins­ta­la­ción de tro­pas esta­dou­ni­den­ses en sie­te bases mili­ta­res colombianas.

Ambos paí­ses han acla­ra­do que se tra­ta de un nue­vo capí­tu­lo de la lucha con­tra el nar­co­trá­fi­co y el terro­ris­mo, lucha que Esta­dos Uni­dos ya estu­vo desa­rro­llan­do en esta región a tra­vés del Plan Colom­bia y des­de la base de Man­ta (en Ecua­dor), cuyo con­tra­to de 10 años ven­ció en noviem­bre 2009 y no fue reno­va­do por el gobierno ecuatoriano.

Estas sie­te bases en terri­to­rio colom­biano van a sumar­se a las demás ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res que Esta­dos Uni­dos tie­ne en el extran­je­ro, y que hoy lle­gan a sumar más de 1000 entre bases, cam­pos de entre­na­mien­to, cen­tros de espio­na­je y depó­si­tos para armas nucleares.

Más allá de las “decla­ra­cio­nes de inten­tos” (en este caso, la gue­rra con­tra el nar­co­trá­fi­co y el terro­ris­mo), los obje­ti­vos de la pre­sen­cia mili­tar de Esta­dos Uni­dos en el extran­je­ro han sido, y son, sus intere­ses estra­té­gi­cos, geo­po­lí­ti­cos y, esen­cial­men­te, eco­nó­mi­cos: tener un acce­so pri­vi­le­gia­do a los recur­sos, a la mano de obra y a los mer­ca­dos de estas regio­nes. Esto siem­pre ha impli­ca­do gra­ves cos­tos, a nivel local y regio­nal, ya que con las bases mili­ta­res, los EEUU intro­du­cen una cul­tu­ra de gue­rra, de domi­nio y de vio­len­cia. Adón­de se han ins­ta­la­do las bases, los efec­tos de la mili­ta­ri­za­ción han sido devas­ta­do­res. “Las bases lle­van con­si­go inse­gu­ri­dad; la pér­di­da de la auto­no­mía, de los dere­chos huma­nos y de la sobe­ra­nía; el degra­do de la cul­tu­ra, de los valo­res, de la salud y del medio ambien­te de los paí­ses en los cua­les se ins­ta­lan” escri­bió Joseph Ger­son, en un estu­dio sobre el sis­te­ma de las bases mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en el mundo. 

Entre estos “efec­tos cola­te­ra­les” crea­dos por la pre­sen­cia de bases mili­ta­res extran­je­ras, y a ellos liga­da, está tam­bién una gra­ve y múl­ti­ple ame­na­za hacia la vida y los dere­chos de muje­res y niñas.

EXPLOTACIÓN Y ESCLAVITUD SEXUAL
Dón­de se ins­ta­la una base mili­tar, siem­pre hay un aumen­to expo­nen­cial de la pros­ti­tu­ción. Las mis­mas auto­ri­da­des mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses pare­cen apo­yar esta acti­vi­dad como una nece­si­dad legí­ti­ma de “des­aho­go” para los sol­da­dos que se encuen­tran “a miles de kiló­me­tros de sus espo­sas o novias”. Sin embar­go, no hay mucha preo­cu­pa­ción por el bien­es­tar de las muje­res que para ellos la ejer­cen: las con­di­cio­nes de vida y de salud de las tra­ba­ja­do­ras sexua­les son gene­ral­men­te muy pre­ca­rias. “La acti­tud de los médi­cos del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se con res­pec­to a las muje­res que desean rea­li­zar­se la prue­ba del VIH es muy reve­la­do­ra: se hacen aná­li­sis para garan­ti­zar que las muje­res sean una mer­can­cía segu­ra, no con­ta­gia­da por el VIH, para los sol­da­dos, pero no se les ofre­ce ase­so­ra­mien­to sobre cómo redu­cir el ries­go en las prác­ti­cas sexua­les ni medi­das de pro­tec­ción” , como denun­cian los auto­res de “Los ten­tácu­los del impe­rio”, publi­ca­ción que expli­ca las reper­cu­sio­nes coti­dia­nas, a esca­la local o nacio­nal, de las bases mili­ta­res extranjeras.

Hay que con­si­de­rar tam­bién que en muchos de los pros­tí­bu­los que rodean las bases mili­ta­res, son reclu­ta­das muje­res que recu­rren a la pros­ti­tu­ción como “opción for­za­da”, por estar en con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas muy difí­ci­les y por no tener otras opor­tu­ni­da­des de tra­ba­jo. En estos casos, gene­ral­men­te las muje­res son chan­ta­jea­das y escla­vi­za­das, obli­ga­das a “pagar una deu­da” que con su sala­rio nun­ca pue­den ter­mi­nar de sol­ven­tar. En muchos casos se les dan dro­gas y fár­ma­cos para vol­ver­las dependientes.

Las bases mili­ta­res extran­je­ras incre­men­tan el desa­rro­llo de acti­vi­da­des delic­ti­vas rela­cio­na­das con la pros­ti­tu­ción, tales como la tra­ta de blan­cas, la escla­vi­tud sexual, la uti­li­za­ción de meno­res, la extor­sión por orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les o por indi­vi­duos, entre otras. Apro­ban­do el uso y el desa­rro­llo de la pros­ti­tu­ción en los alre­de­do­res de las bases y negán­do­se a asu­mir res­pon­sa­bi­li­da­des con res­pec­to a eso, la acti­tud del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se faci­li­ta y fomen­ta que las muje­res sean uti­li­za­das como obje­tos , y las con­se­cuen­cias sobre­pa­san la per­ma­nen­cia de las tropas.

Subic Bay, en Fili­pi­nas, era la base esta­dou­ni­den­se más gran­de de Asia: allí tra­ba­ja­ban unos 15mil mari­nes y fun­cio­na­rios esta­dou­ni­den­ses. En la ciu­dad más cer­ca­na, Olon­ga­po, se abrie­ron muchí­si­mos loca­les de pros­ti­tu­ción, para uso y dis­fru­te de los mili­ta­res nor­te­ame­ri­ca­nos: se cal­cu­la que habían alre­de­dor de un millar de pros­tí­bu­los, en los cua­les 16 mil muje­res (y niñas) eran explo­ta­das sexual­men­te. En 1992 una fuer­te cam­pa­ña con­tra la pre­sen­cia mili­tar nor­te­ame­ri­ca­na, impul­sa­da por orga­ni­za­cio­nes de la socie­dad civil, logró que el gobierno de Fili­pi­nas no reno­va­ra la con­ce­sión para la base mili­tar esta­dou­ni­den­se: los mari­nes se fue­ron (aun­que no com­ple­ta­men­te), pero la indus­tria del sexo se que­dó. Hoy en día la ciu­dad de Olon­ga­po es tris­te­men­te cono­ci­da por ser una de las mayo­res metas del turis­mo sexual infan­til. Muchos niños y niñas son obli­ga­dos a pros­ti­tuir­se en la ciu­dad o son ven­di­dos a gru­pos cri­mi­na­les que des­de las Fili­pi­nas los lle­van a EEUU y a Euro­pa, para inser­tar­los en las redes de pros­ti­tu­ción infan­til. Quié­nes corren mayor­men­te este ries­go son los nume­ro­sos niños en situa­ción de calle, otra pesa­da heren­cia de las bases: muchí­si­mos son hijos de los mari­nes nor­te­ame­ri­ca­nos, aban­do­na­dos, jun­to a sus madres, cuan­do los sol­da­dos se fue­ron. Orga­ni­za­cio­nes loca­les que luchan con­tra el turis­mo sexual infan­til, denun­cia­ron a la Mari­na esta­dou­ni­den­se pidien­do un resar­ci­mien­to y el reco­no­ci­mien­to de la “heren­cia” de los milla­res de hijos aban­do­na­dos por los mari­nes. Los jue­ces nor­te­ame­ri­ca­nos recha­za­ron la peti­ción, dicien­do que las madres fili­pi­nas, sien­do pros­ti­tu­tas, se dedi­ca­ban a una acti­vi­dad ile­gal y en con­se­cuen­cia sus hijos no tenían dere­cho a nin­gún resar­ci­mien­to por par­te de Esta­dos Uni­dos. Sin embar­go, muchas de las muje­res loca­les que se rela­cio­na­ban con los sol­da­dos esta­dou­ni­den­ses, “no eli­gen esta vía como pro­fe­sión, sino que se con­si­de­ran autén­ti­cas com­pa­ñe­ras sen­ti­men­ta­les y que­dan con­mo­cio­na­das cuan­do se encuen­tran aban­do­na­das en el momen­to en que los sol­da­dos son tras­la­da­dos. Se cal­cu­la que, des­de 1945, sólo en Fili­pi­nas, han naci­do unos 50.000 niños no reco­no­ci­dos de sol­da­dos esta­dou­ni­den­ses; niños que no reci­ben nin­guno de los bene­fi­cios de las fami­lias de los mili­ta­res, como aten­ción médi­ca, vivien­da y educación.”

VIOLENCIA SEXUAL: DE LA INMUNIDAD A LA IMPUNIDAD
La pre­sen­cia de bases mili­ta­res extran­je­ras se acom­pa­ña tam­bién por un alto índi­ce de deli­tos sexua­les en con­tra de muje­res y niñas; y, de mane­ra gene­ra­li­za­da, la casi tota­li­dad de estos deli­tos que­da impune.
Al ins­ta­lar­se una base de Esta­dos Uni­dos en el extran­je­ro, el país de aco­gi­da tie­ne que fir­mar un tra­ta­do: el Acuer­do sobre el Esta­tu­to de las Fuer­zas (SOFA), en el cual se esta­ble­ce la inmu­ni­dad para el per­so­nal esta­dou­ni­den­se (mili­tar y civil) y sus fami­lias, pro­te­gién­do­los con­tra toda acción legal. En los casos más extre­mos, como suce­de con el SOFA nego­cia­do entre los Esta­dos Uni­dos y Timor Orien­tal para regu­lar las bases que se están cons­tru­yen­do en este país, se con­ce­de al per­so­nal mili­tar esta­dou­ni­den­se ple­na inmu­ni­dad diplo­má­ti­ca ante la jus­ti­cia local. Esto sig­ni­fi­ca que, haga lo que haga un sol­da­do esta­dou­ni­den­se en Timor Orien­tal, las auto­ri­da­des nacio­na­les no podrán arres­tar­lo ni rete­ner­lo, acu­sar­lo de nin­gún deli­to, extra­di­tar­lo por deli­tos come­ti­dos en un ter­cer país ni res­pon­sa­bi­li­zar­lo eco­nó­mi­ca o legal­men­te por asun­tos civi­les, como sería el pago de la pen­sión ali­men­ti­cia para los hijos. El acuer­do fir­ma­do por el esta­do colom­biano en noviem­bre 2009 tam­bién le otor­ga ple­na inmu­ni­dad diplo­má­ti­ca al per­so­nal de Esta­dos Uni­dos y a sus familiares .
¿Qué pasa, en reali­dad, cuan­do un sol­da­do esta­dou­ni­den­se come­te algún cri­men en el país de aco­gi­da, por ejem­plo vio­lan­do a una mujer? Si es denun­cia­do, rara­men­te eso lle­ga a jui­cio. Si la jus­ti­cia local pue­de levan­tar un pro­ce­so en su con­tra (depen­dien­do del gra­do de inmu­ni­dad esti­pu­la­do en el acuer­do para la ins­ta­la­ción de las bases), gene­ral­men­te la pre­sión ejer­ci­da por los Esta­dos Uni­dos sobre el gobierno de ese país mani­pu­la el éxi­to del pro­ce­so. Sin embar­go, en muchos de los paí­ses don­de EEUU tie­ne sus bases e ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res, los acuer­dos pre­vén que no sea la jus­ti­cia local a encar­gar­se del caso, sino las auto­ri­da­des esta­dou­ni­den­ses; los even­tua­les pro­ce­sos se lle­van a cabo en Esta­dos Uni­dos (dón­de gene­ral­men­te el sol­da­do en cues­tión que­da exen­to de pena).

El hecho de que el pro­ce­so se desa­rro­lle en EEUU y no en el país en el cuál se come­tió el deli­to tie­ne ade­más como con­se­cuen­cia que la víc­ti­ma, en nues­tro ejem­plo la mujer que ha sido vio­la­da, no sepa como siguió ni como ter­mi­nó la acción legal, es decir: si su vio­la­dor fue juz­ga­do cul­pa­ble, si cum­ple una pena o sigue en liber­tad. Ade­más, no es sólo la víc­ti­ma, la que no sabe: en el acuer­do fir­ma­do hace pocos meses entre Esta­dos Uni­dos y el gobierno colom­biano se espe­ci­fi­ca tam­bién que en el caso de crí­me­nes come­ti­dos por el per­so­nal esta­dou­ni­den­se en terri­to­rio colom­biano, las auto­ri­da­des de EEUU (las úni­cas auto­ri­za­das a poder rea­li­zar inves­ti­ga­cio­nes y pro­ce­sa­mien­tos) brin­da­rán infor­ma­cio­nes sobre su labor a las auto­ri­da­des colom­bia­nas, pero “en el mar­co de sus capacidades”.

Es así como la inmu­ni­dad de la que goza el per­so­nal esta­dou­ni­den­se se con­vier­te de mane­ra casi auto­má­ti­ca en impunidad.

En Fili­pi­nas, en 2006, el mari­ne esta­dou­ni­den­se Daniel Smith fue juz­ga­do y con­de­na­do a 40 años de reclu­sión por vio­len­cia sexual hacia una joven mujer, cono­ci­da en la pren­sa bajo el pseu­dó­ni­mo de Nico­le. Para las orga­ni­za­cio­nes fili­pi­nas que luchan para los dere­chos de las muje­res se tra­tó de una vic­to­ria sig­ni­fi­ca­ti­va, ya que en los años 80, cuan­do la pre­sen­cia de EEUU era maci­za, los tri­bu­na­les fili­pi­nos habían recha­za­do más de 80 denun­cias de vio­la­cio­nes come­ti­das por los sol­da­dos esta­dou­ni­den­ses. Sin embar­go en 2009, tres años más tar­de, Nico­le se retrac­tó de mane­ra con­fu­sa e “inex­pli­ca­ble” de su tes­ti­mo­nio y emi­gró para los Esta­dos Uni­dos. A los pocos meses, a pesar de que varios tes­ti­gos ocu­la­res siguie­ron con­fir­man­do como la mujer había sido víc­ti­ma de vio­la­ción, el tri­bu­nal fili­pino dio la abso­lu­ción a Daniel Smith y lo decla­ró ino­cen­te. El nue­vo vere­dic­to sus­ci­tó indig­na­ción y pro­tes­tas. “El gobierno de Fili­pi­nas nun­ca apo­yó Nico­le” decla­ró Evalyn Ursua, quien antes de la retrac­ta­ción era la abo­ga­da de la joven, “ya había­mos vis­to las pre­sio­nes de par­te de EEUU, la mano de los EEUU, des­de el pri­mer día. Vimos tam­bién como el gobierno fili­pino cedió a la pre­sión” . Una de las con­se­cuen­cias más gra­ves es que el éxi­to de este caso crea un peli­gro­so ante­ce­den­te: des­alen­ta­rá a las víc­ti­mas para pre­sen­tar denun­cias e influen­cia­rá los jui­cios en casos simi­la­res. “Aho­ra las muje­res fili­pi­nas no tie­nen pro­tec­ción ni en su pro­pio país”, denun­cia­ron fili­pi­nas y fili­pi­nos en las pro­tes­tas por la deci­sión del tri­bu­nal. Y pre­gun­ta­ban: ¿cuán­tas Nico­le deben haber para que se entien­da que estos acuer­dos están impo­nien­do a Fili­pi­nas un pre­cio social dema­sia­do alto?
Con res­pec­to a las vio­len­cias sexua­les, en Colom­bia ya hay antecedentes.

El más cono­ci­do es el de Mel­gar, a cin­co kiló­me­tros de Bogo­tá, sede de una base aérea del Plan Colom­bia: en 2006 una madre denun­ció la vio­la­ción de su hija, una niña de doce años, por par­te de dos mili­ta­res nor­te­ame­ri­ca­nos. No se tra­tó de un hecho ais­la­do, como nos cuen­ta Cla­ra, una inte­gran­te de la Pla­ta­for­ma Con­ti­nen­tal de Muje­res Paz con Jus­ti­cia para Colom­bia : “Inves­ti­gan­do nos ente­ra­mos que el caso no es uno solo sino que son trein­ta y cin­co. Esos son los casos que han sido denun­cia­dos, ante la comi­sa­ría de fami­lia.” Hay que tomar en cuen­ta que, gene­ral­men­te, a nivel mun­dial, se esti­ma que las denun­cias equi­val­gan apro­xi­ma­da­men­te a un quin­to de las vio­len­cias sexua­les sufri­das: hay muchos fac­to­res, como el mie­do y la ver­güen­za, que detie­nen a las muje­res de pre­sen­tar denun­cia. En el caso de las vio­len­cias sexua­les come­ti­das por los mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en el extran­je­ro, hay un fac­tor más, y de no poca rele­van­cia: ¿para qué poner denun­cia si quién come­tió el deli­to está por enci­ma de las leyes? Con res­pec­to al caso de la niña de Mel­gar, has­ta el momen­to no se ha logra­do jus­ti­cia; el pro­ce­so con­tra los mili­ta­res fue tras­la­da­do a Esta­dos Uni­dos, ya que en Colom­bia gozan de inmu­ni­dad diplo­má­ti­ca. La madre de la niña, como res­pues­ta ante la denun­cia, reci­bió ame­na­zas y ha sido des­pla­za­da. Nos expli­ca Cla­ra: “Éste es otro tema. En la men­ta­li­dad de la gen­te, estas vio­len­cias son algo casi natu­ral: no pasan más allá del escán­da­lo y del inten­to de las fami­lias de salir corrien­do, por­que ade­más son per­se­gui­das. Y esto es cau­sa tam­bién del des­pla­za­mien­to y del des­tie­rro de la pobla­ción, den­tro y fue­ra del país; hay que con­si­de­rar que, de los 4 millo­nes de pobla­ción des­pla­za­da que hay en Colom­bia, el 80% son mujeres.”

EL CUERPO DE LAS MUJERES COMO CAMPO DE BATALLA

A veces las bases mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en el extran­je­ro no sólo con­tri­bu­yen a ins­tau­rar un cli­ma de gue­rra, sino que se enmar­can en una situa­ción expli­ci­ta de con­flic­to mili­tar, en la que el ejér­ci­to de EEUU es una de las par­tes beligerantes.
Duran­te las gue­rras, a lo lar­go y a lo ancho de la his­to­ria, las muje­res han vis­to piso­tea­dos (aún más) sus dere­chos más ele­men­ta­les. En tiem­po de gue­rra aumen­tan las vio­len­cias con­tra las muje­res, por la pér­di­da de garan­tías demo­crá­ti­cas, pero tam­bién por­que las muje­res son con­si­de­ra­das (según una ópti­ca cla­ra­men­te patriar­cal) como “bie­nes del enemi­go” y, por lo tan­to, posi­bles blan­cos para ani­qui­lar­lo. Las muje­res se vuel­ven obje­ti­vos mili­ta­res por ser pare­jas, her­ma­nas, madres del enemi­go (ver­da­de­ras o supues­tas). El cuer­po de la mujer se con­si­de­ra terri­to­rio del enemi­go y por lo tan­to, pro­lon­ga­ción del cam­po de bata­lla, seña­lan las Muje­res de Negro , movi­mien­to inter­na­cio­nal femi­nis­ta y anti­mi­li­ta­ris­ta. El con­flic­to toma for­ma de dis­tin­tas mane­ras en el cuer­po de las muje­res, la más evi­den­te es la vio­len­cia sexual. El estu­pro, inclu­so, ha lle­ga­do a ser per­pe­tra­do de mane­ra pla­ni­fi­ca­da, como una ver­da­de­ra arma, para per­se­guir un obje­ti­vo polí­ti­co bien defi­ni­do: la des­truc­ción y el geno­ci­dio , como pasó, por ejem­plo, en Bos­nia y Ruanda.
Las vio­la­cio­nes son la mane­ra más mani­fies­ta, pero no la úni­ca, con que la gue­rra se tras­la­da al cuer­po de las muje­res. El ejér­ci­to de EEUU, en sus gue­rras, no ha cons­ti­tui­do ni cons­ti­tu­ye una excep­ción con res­pec­to a estos crímenes.
Las fuer­zas mili­ta­res de EEUU en Iraq han sido denun­cia­das por la prác­ti­ca de arres­tar a las muje­res (y niñas y niños) para hacer pre­sión sobre el enemi­go: dete­ni­das o toma­das como rehe­nes, las muje­res son uti­li­za­das como arma de chan­ta­je. Las infor­ma­cio­nes que han con­se­gui­do tras­pa­sar los muros de las cár­ce­les ira­quíes admi­nis­tra­das por los EEUU, entre las cua­les está la tris­te­men­te cono­ci­da Abu Ghraib, han dado a cono­cer las humi­lla­cio­nes, las tor­tu­ras y, nue­va­men­te, las vio­len­cias sexua­les de las que son obje­to las dete­ni­das. El rela­to de la mujer cono­ci­da con el nom­bre de Nur, una ex pre­sa de Abu Ghraib quién denun­ció los crí­me­nes per­pe­tra­dos por par­te de los guar­dias esta­dou­ni­den­ses en con­tra de las pre­sas, fue con­fir­ma­do por un infor­me de las mis­mas fuer­zas arma­das estadounidenses.

IMPERIALISMO Y RELACIONES DE GÉNERO
No son sólo el cli­ma o el esta­do de gue­rra los úni­cos res­pon­sa­bles de pro­vo­car que las bases esta­dou­ni­den­ses en el extran­je­ro gene­ren un aumen­to de las vio­len­cias hacia las muje­res. En todos los paí­ses en que los EEUU han pues­to sus bases y demás ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res, hay una rela­ción impar, de domi­nio y supre­ma­cía hacia el país de aco­gi­da. Prue­ba de eso es el ya cita­do SOFA y la pér­di­da de sobe­ra­nía que acom­pa­ña la ins­ta­la­ción de las bases. Esto vale tam­bién para las que se encuen­tran en paí­ses euro­peos, como por ejem­plo en Ingla­te­rra, Ale­ma­nia e Ita­lia, mien­tras se recru­de­ce aún más para los paí­ses hacia los cua­les Esta­dos Uni­dos tie­ne una acti­tud impe­ria­lis­ta más explí­ci­ta. A la par de los recur­sos natu­ra­les, las muje­res de estos paí­ses son tra­ta­das tam­bién como si fue­ran mate­rias pri­mas “a dis­po­si­ción” del impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano. Y no es casual que altos índi­ces de vio­len­cia hacia las muje­res estén de hecho liga­dos a la con­cep­ción de la mujer como objeto.

VIOLENCIA POR CUENTA DE TERCEROS
En muchos casos, el ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se dele­ga el “tra­ba­jo sucio” a otros: ins­ta­lan­do gobier­nos opre­so­res o apo­yan­do gru­pos arma­dos que vio­lan los dere­chos de las mujeres.

Con res­pec­to a la ins­ta­la­ción de gobier­nos que limi­tan o vio­lan los dere­chos de las muje­res, encon­tra­mos el ejem­plo más evi­den­te en Afga­nis­tán. La libe­ra­ción de las muje­res afga­nas fue una de las jus­ti­fi­ca­cio­nes de la inva­sión nor­te­ame­ri­ca­na. Tuvo mucha visi­bi­li­dad sobre todo a nivel mediá­ti­co, inclu­so con apa­ri­cio­nes por radio y tele­vi­sión por par­te las pri­me­ras damas de EEUU e Rei­no Uni­do, lla­man­do a inter­ve­nir con­tra la opre­sión (real) ejer­ci­da por el régi­men tali­bán en con­tra de nues­tras her­ma­nas afga­nas. Sin embar­go, con la inva­sión, la vida empeo­ró aún más para las muje­res en Afga­nis­tán, quie­nes se ven afec­ta­das en sus dere­chos, en pri­mer lugar por el esta­do de vio­len­cia y gue­rra que se ha ins­tau­ra­do. Los medios de comu­ni­ca­ción, que tan­ta visi­bi­li­dad habían dado al tema, han ocul­ta­do casi total­men­te la nue­va reali­dad (en la cual, ade­más, muchas muje­res son rap­ta­das y vio­la­das por las tro­pas de ocu­pa­ción de la OTAN). Quié­nes de ver­dad se ocu­pan de la libe­ra­ción de las muje­res afga­nas, como las inte­gran­tes de RAWA (Aso­cia­ción Revo­lu­cio­na­ria de Las Muje­res de Afga­nis­tán), tie­nen que usar seu­dó­ni­mos para pro­te­ger su orga­ni­za­ción, su fami­lia y su tra­ba­jo, como ya tenían que hacer­lo bajo el régi­men Tali­bán. Una de ellas, bajo el nom­bre de Mariam, fue entre­vis­ta­da por el perio­dis­ta Jus­tin Podur en julio de 2008. “Hace sie­te años, cuan­do los Esta­dos Uni­dos inva­die­ron, la situa­ción era dife­ren­te. Muchos afga­nos apre­cia­ron su pre­sen­cia y eran feli­ces de poder­se libe­rar del domi­nio opre­sor de los tali­ba­nes. Ellos pen­sa­ban – los Tali­ba­nes han sido eli­mi­na­dos, la comu­ni­dad inter­na­cio­nal inter­vino, a noso­tros nos pro­me­tie­ron una vida mejor, demo­cra­cia y liber­tad y el fin de los gru­pos fundamentalistas.

En pocos meses, fue cla­ro que Esta­dos Uni­dos sigue con su polí­ti­ca equi­vo­ca­da de apo­yo a los fun­da­men­ta­lis­tas en Afga­nis­tán. Vimos como los Esta­dos Uni­dos pres­ta­ron su apo­yo a los fun­da­men­ta­lis­tas de la Alian­za del Nor­te para com­ba­tir otra fac­ción fun­da­men­ta­lis­ta, los Tali­ba­nes. No impor­ta si los Esta­dos Uni­dos luchan con­tra los Tali­ba­nes o “el terro­ris­mo”, ellos están apo­yan­do la Alian­za del Nor­te, y para los Afga­nos ambos son lo mis­mo – ambos son fun­da­men­ta­lis­tas y terro­ris­tas – […] ellos vio­lan a los dere­chos huma­nos, abu­san de las muje­res, son cul­pa­bles de corrup­ción, frau­de y con­tra­ban­do” . Mariam denun­ció como las orga­ni­za­cio­nes pro­gre­sis­tas, que luchan con­tra los fun­da­men­ta­lis­tas y con­tra la ocu­pa­ción, son obje­to de ame­na­zas, deten­cio­nes y res­tric­cio­nes, y están obli­ga­das a tra­ba­jar en la clan­des­ti­ni­dad. “Esta­mos enfren­tan­do hoy los mis­mos pro­ble­mas y ries­gos a los cua­les tenía­mos que enfren­tar bajo los Tali­ba­nes. Es ver­dad que podría ser peor bajo el régi­men Tali­bán. Pero por lo menos no esta­ría­mos bajo una ocu­pa­ción por par­te de un poder extran­je­ro. Hoy tene­mos dos pro­ble­mas: nues­tros fun­da­men­ta­lis­tas loca­les, y la ocu­pa­ción extran­je­ra. Si la OTAN se fue­ra, ten­dría­mos un solo pro­ble­ma en vez de dos” . Está cla­ro que los EEUU no inva­die­ron Afga­nis­tán para libe­rar su pobla­ción feme­ni­na de la opre­sión del fun­da­men­ta­lis­mo: el nue­vo gobierno es, de hecho, misó­gino como el ante­rior. En los pues­tos cla­ves de poder, apo­ya­da eco­nó­mi­ca­men­te por los EEUU, está la Alian­za Del Nor­te, fun­da­men­ta­lis­tas como los tali­ba­nes. Al igual que una bro­ma cruel, pero que refle­ja cla­ra­men­te la reali­dad, el 8 de mar­zo de 2009, el régi­men ins­ta­la­do en Kabul por los Esta­dos Uni­dos inau­gu­ró una cár­cel feme­ni­na en la pro­vin­cia de Jawz­jan, como rega­lo para las muje­res afganas.

Por lo que se refie­re al apo­yo a gru­pos arma­dos loca­les que vio­lan los dere­chos huma­nos de las muje­res (y no sólo), cita­mos el ejem­plo de Colom­bia. Una de las estra­te­gias del Plan Colom­bia fue la reor­ga­ni­za­ción de los para­mi­li­ta­res, quié­nes han ata­ca­do de dife­ren­tes mane­ras los dere­chos de las muje­res. “Los trein­ta y cin­co casos de Mel­gar y los que no se han denun­cia­do, que son de vio­la­cio­nes por par­te de mili­ta­res nor­te­ame­ri­ca­nos con­tra muje­res colom­bia­nas, son las que ellos han per­pe­tra­do direc­ta­men­te, pero sabe­mos tam­bién que ellos usan a los para­mi­li­ta­res. El hecho de que no sea un mili­tar nor­te­ame­ri­cano a vio­lar a una mujer en pri­me­ra per­so­na, sino el alia­do que eli­gió, no quie­re decir que no sea res­pon­sa­ble de eso”, rela­ta Cla­ra, des­de la Pla­ta­for­ma Con­ti­nen­tal de Muje­res Paz con Jus­ti­cia para Colom­bia. Una de las mane­ras con la cual vio­len­tan los dere­chos huma­nos de las muje­res es a tra­vés de la regu­la­ción de la vida: “Plan­tean, por ejem­plo, que una mujer no se debe ves­tir de deter­mi­na­da mane­ra, que no debe hablar de deter­mi­na­da mane­ra, que no pue­de rela­cio­nar­se con los opo­si­to­res o los enemi­gos de los para­mi­li­ta­res por­que enton­ces es iden­ti­fi­ca­da como blan­co, y eso sig­ni­fi­ca la muer­te, la tor­tu­ra” expli­ca Cla­ra “y den­tro de esa regu­la­ción, tam­bién está defi­ni­do como tie­ne que ser el cuer­po de las muje­res, y el de los hom­bres también.

Defi­ni­ti­va­men­te, en estas zonas de Colom­bia casi hay una ima­gen homo­gé­nea del hom­bre y la mujer, por­que esto es lo que allí está man­da­do: que los hom­bres no pue­den tener el cabe­llo lar­go, mien­tras que las muje­res no lo pue­den tener cor­to; que los hom­bres no deben usar are­tes o zar­ci­llos. Hay san­cio­nes como cor­tar el cabe­llo a los hom­bres, o cor­tar­le la ore­ja, entre otras”. Los para­mi­li­ta­res han sido res­pon­sa­bles tam­bién de crí­me­nes liga­dos a la pros­ti­tu­ción, como la explo­ta­ción sexual y la escla­vi­tud. “Duran­te un tiem­po ellos se adue­ña­ron de las zonas del Putu­ma­yo, y empe­za­ron a admi­nis­trar varios pros­tí­bu­los, que que­dan toda­vía. Allá a los para­mi­li­ta­res se les dice “pri­mos”, enton­ces los pros­tí­bu­los se lla­man “el harem del pri­mo”, “la casa del pri­mo”, por eso sabes que son ellos los que admi­nis­tran estos luga­res. En algu­nos de estos pros­tí­bu­los, en la zona de la Hor­mi­ga Putu­ma­yo, tatua­ban a las muje­res. El tatua­je es una for­ma de con­tro­lar­las, para que no se vayan y para que no ten­gan rela­cio­nes sino con quié­nes ellos deter­mi­nen que las pue­dan tener.”

SEGURIDAD Y MILITARIZACIÓN
Uno de los dos obje­ti­vos con los cua­les se jus­ti­fi­ca la pre­sen­cia de mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en Colom­bia, como decla­ra el Acuer­do esti­pu­la­do con Esta­dos Uni­dos, es la lucha con­tra el terro­ris­mo. Se tra­ta de un tema de segu­ri­dad, que se pre­ten­de solu­cio­nar mili­tar­men­te. Esto no es nada nue­vo; de hecho, la noción de segu­ri­dad fun­da­men­ta­da en lo mili­tar, está en la base de cual­quier medi­da anti­te­rro­ris­ta. Sin embar­go, la mili­ta­ri­za­ción, lejos de brin­dar segu­ri­dad, pare­ce sur­tir otros efec­tos para la pobla­ción civil: “la segu­ri­dad basa­da en lo mili­tar no prio­ri­za los dere­chos civi­les y polí­ti­cos de la pobla­ción en gene­ral, y mucho menos los de las muje­res. Las muje­res colom­bia­nas que han sufri­do los impac­tos del con­flic­to tie­nen cla­ro cuá­les son las cosas que pro­du­cen terror en sus vidas y las de sus comu­ni­da­des, y cuál es para ellas el ver­da­de­ro sig­ni­fi­ca­do de la pala­bra seguridad. ”
La cul­tu­ra mili­tar es misó­gi­na y sexis­ta, de hecho has­ta sol­da­dos de la ONU, en “misión huma­ni­ta­ria”, han come­ti­do crí­me­nes de vio­len­cia hacia las muje­res, a pesar de que una de las tareas de las fuer­zas de paz sea jus­ta­men­te pro­te­ger a la pobla­ción civil. En la esca­la más baja, no hay requi­si­tos espe­cia­les para ser un cas­co azul, sólo hay que ser soldado.

La mili­ta­ri­za­ción de la vida civil com­por­ta gra­ves retro­ce­sos a nivel de equi­dad de géne­ro, ame­na­zan­do la par­ti­ci­pa­ción demo­crá­ti­ca de las muje­res y la cons­truc­ción de su ciu­da­da­nía, toda­vía recien­te y muy frá­gil. Esto se rea­li­za de dos for­mas , una más evi­den­te y una más imperceptible.

En pri­mer lugar, y de mane­ra más visi­ble, la mili­ta­ri­za­ción de la vida civil impo­ne, a tra­vés de la fuer­za, la adop­ción de deter­mi­na­dos com­por­ta­mien­tos. La regu­la­ción de la vida, las vio­la­cio­nes, la explo­ta­ción y escla­vi­tud sexual, los emba­ra­zos for­za­dos, las “con­quis­tas amo­ro­sas” con el fin de recau­dar infor­ma­cio­nes, todas las mane­ras en que el cuer­po de las muje­res se con­vier­te en terri­to­rio de gue­rra. “Es una cons­tan­te que las muje­res en zonas de gue­rra sean a menu­do vio­la­das, pros­ti­tui­das, ase­si­na­das o for­za­das a pres­tar ayu­da de cual­quier tipo a los ejér­ci­tos en con­tien­da. Sus vidas y el con­trol de sus cuer­pos se mili­ta­ri­zan con base en la prio­ri­dad de algún ejér­ci­to o poli­cía mili­ta­ri­za­da, cuyos fun­cio­na­rios las uti­li­za­rán de acuer­do a sus nocio­nes de defen­sa y enemigo” .

En segun­do lugar, la mili­ta­ri­za­ción se con­cre­ti­za tam­bién de una mane­ra más sutil, a nivel sim­bó­li­co, en el momen­to en que las per­so­nas hacen pro­pios los valo­res mili­ta­res. De este modo, se lle­gan a con­si­de­rar cier­tas carac­te­rís­ti­cas de la cul­tu­ra mili­tar (pro­duc­to de cons­truc­cio­nes his­tó­ri­cas) como nor­ma­les y natu­ra­les. Son par­te de la cul­tu­ra mili­tar, entre otros, el sexis­mo, la reso­lu­ción de los con­flic­tos a tra­vés de la fuer­za, el auto­ri­ta­ris­mo, así como “la iden­ti­fi­ca­ción del con­flic­to con las per­so­nas y no con el hecho obje­ti­vo que lo cau­sa; la per­cep­ción de peli­gro en la plu­ra­li­dad y la ten­den­cia a la homo­ge­ni­za­ción, o la adop­ción de una orga­ni­za­ción ver­ti­cal y jerar­qui­za­da basa­da en el prin­ci­pio de obe­dien­cia debi­da, el orden y la dis­ci­pli­na” . Al con­si­de­rar estas carac­te­rís­ti­cas como natu­ra­les en vez de cul­tu­ra­les, se jus­ti­fi­can y se lle­ga a pen­sar­las como inmu­ta­bles, impo­si­bles de ser pues­tas en dis­cu­sión y, por ende, modificadas.

LA PROPUESTA DE LAS MUJERES: BASES DE PAZ
“La ins­ta­la­ción de las bases es la ampli­fi­ca­ción de la gue­rra; es la ampli­fi­ca­ción de esa mili­ta­ri­za­ción de la vida civil; es la ampli­fi­ca­ción de estas vio­la­cio­nes; es la ampli­fi­ca­ción de esa regu­la­ción en la vida coti­dia­na”, afir­ma Cla­ra. Cons­cien­tes de eso, varias orga­ni­za­cio­nes socia­les de muje­res de Colom­bia pro­po­nen, en vez de ins­ta­lar bases mili­ta­res, cons­truir bases de paz, como pun­tos de par­ti­da para la ela­bo­ra­ción y pues­ta en mar­cha de pro­pues­tas de par­ti­ci­pa­ción y demo­cra­cia, en nom­bre del dere­cho a vivir en paz, con dig­ni­dad y sobe­ra­nía. Con­fluen­cia de muje­res para la acción públi­ca es una de las orga­ni­za­cio­nes colom­bia­nas que está rea­li­zan­do este lla­ma­do: “pro­po­ne­mos cons­truir Bases de Paz y Soli­da­ri­dad en Colom­bia, des­de las Muje­res y el Pue­blo, no des­de nin­gún gobierno, que se cons­ti­tu­yan en esce­na­rios des­de los que tra­ba­ja­re­mos nues­tras pro­pues­tas de paz, nues­tros pla­nes de vida para las regio­nes, nues­tros encuen­tros de arte, cul­tu­ra, depor­te, nues­tros deba­tes polí­ti­cos, nues­tras accio­nes de nego­cia­ción y acuer­do entre regio­nes y cul­tu­ras y con las auto­ri­da­des y gober­nan­tes; de inter­cam­bio con otros pue­blos her­ma­nos de Amé­ri­ca y el mun­do, don­de la pala­bra y la acción se tejan en armo­nía y con­sen­so des­de el deba­te sano y fra­terno que res­pe­ta las dife­ren­cias y el disen­so entre muje­res y hom­bres como seres de la mis­ma esta­tu­ra huma­na.” Las muje­res hacen tam­bién un lla­ma­do a los que fir­ma­ron el Acuer­do, los gobier­nos de Colom­bia y de Esta­dos Uni­dos: “ Exi­gi­mos al pre­si­den­te Uri­be que res­pe­te la voz popu­lar que no va a defen­der una gue­rra que no nos per­te­ne­ce por­que está pen­sa­da des­de la defen­sa de intere­ses inter­na­cio­na­les y mul­ti­na­cio­na­les de gobier­nos hege­mó­ni­cos y no des­de el dere­cho de los pue­blos; que orien­te la inver­sión que está des­ti­nan­do para la gue­rra, hacia la cons­truc­ción de escue­las que ali­men­ten las men­tes y los espí­ri­tus, de hos­pi­ta­les para la cura­ción de los cuer­pos, de pro­gra­mas de vivien­da que cobi­jen del frío, el sol y la llu­via; de pro­pues­tas de recrea­ción, sanea­mien­to, cui­da­do de la natu­ra­le­za, pre­ven­ción de enfer­me­da­des, nutri­ción, gene­ra­ción de empleo, accio­nes, pro­gra­mas y pla­nes que garan­ti­cen la segu­ri­dad huma­na en todo el terri­to­rio colom­biano.[…] Exi­gi­mos al gobierno de los Esta­dos Uni­dos que decli­ne de su inten­ción de ins­ta­lar nue­vas Bases en nues­tro país y al mis­mo tiem­po que reco­ja las que tie­ne ins­ta­la­das actualmente”.
Todas las muje­res, inde­pen­dien­te­men­te de nues­tro país de pro­ce­den­cia, tene­mos que expre­sar nues­tro recha­zo a la ins­ta­la­ción de tro­pas esta­dou­ni­den­ses en Colom­bia, por­que repre­sen­tan una ame­na­za a los dere­chos huma­nos de todas, a los logros que hemos obte­ni­do en tema de par­ti­ci­pa­ción y ciu­da­da­nía y a lo mucho que toda­vía fal­ta por alcan­zar para poder cons­truir un mun­do más justo.

Ila­ria Arienta

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