Terre­mo­to: men­sa­je urgen­te, por Andrés Figue­roa Cor­ne­jo

Mien­tras se escri­ben estas pala­bras, en Con­cep­ción cien­tos de per­so­nas afec­ta­das bru­tal­men­te por el terre­mo­to que reme­ció a Chi­le des­de la Quin­ta has­ta la Nove­na Región –inclu­yen­do la Región Metro­po­li­ta­na- abren las bode­gas del super­mer­ca­do Líder (Wal Mart en Chi­le) para lle­var­se mer­can­cías de pri­me­ra nece­si­dad, cajas de leche, sacos de azú­car, paña­les, arroz y ali­men­tos en gene­ral. Según algu­nos medios infor­ma­ti­vos, lo mis­mo ocu­rre en la ciu­dad de Tal­cahuano.
En Con­cep­ción, la muer­te y la des­truc­ción de vivien­das e infra­es­truc­tu­ra en los sec­to­res más pobres de la ciu­dad y sus alre­de­do­res han sido la nor­ma dra­má­ti­ca. No hay agua, no hay elec­tri­ci­dad, no hay com­bus­ti­ble, no hay gas y el gobierno cen­tral y local han sido inca­pa­ces de resol­ver ade­cua­da­men­te la dis­tri­bu­ción de comi­da y artícu­los de pri­me­ra nece­si­dad. Ya lle­gan las fuer­zas poli­cia­les. Sin embar­go, la gen­te con­ti­núa reti­ran­do artícu­los y ali­men­tos urgen­tes, toda vez que des­de la madru­ga­da del 27 de febre­ro (0:3:34 hrs.) el caos en uno de los paí­ses más sís­mi­cos del pla­ne­ta ha oca­sio­na­do la des­truc­ción de rutas, puen­tes, estruc­tu­ras his­tó­ri­cas, edi­fi­cios habi­ta­cio­na­les nue­vos y anti­guos, des­abas­te­ci­mien­to, cie­rre de comer­cio y cien­tos de muer­tos.
El terre­mo­to, que tuvo su epi­cen­tro en el cen­tro sur de Chi­le –el país aus­tral don­de Los Andes se hun­den en el mar- fue cali­fi­ca­do como el sex­to más feroz del mun­do des­de que los movi­mien­tos telú­ri­cos son medi­dos cien­tí­fi­ca­men­te, y alcan­zó un pro­me­dio de 8,3 º en la esca­la de Rich­ter . El desas­tre no tie­ne pre­ce­den­tes des­de la catás­tro­fe de Val­di­via, hace 50 años, que com­bi­nó un terre­mo­to con un mare­mo­to que hizo des­apa­re­cer lite­ral­men­te a esa ciu­dad, la cual debió ser recons­trui­da en un sitio dis­tin­to y más dis­tan­te del mar.
Aho­ra, al menos la isla Juan Fer­nán­dez, pade­ció un tsu­na­mi y otras zonas cos­te­ras reci­bie­ron el cas­ti­go del mar que se aden­tró cien­tos de metros en terri­to­rio urbano. Increí­ble­men­te en la pla­za de armas de Tal­cahuano se esta­cio­nó una embar­ca­ción cos­te­ra.
Entre­vis­ta­da la gen­te en Con­cep­ción mien­tras colec­ti­va­men­te dis­tri­buía la mer­ca­de­ría agol­pa­da en las bode­gas del prin­ci­pal super­mer­ca­do de la región, seña­ló que no tuvie­ron alter­na­ti­va ante “la fal­ta de comi­da, agua, leche para los niños y la subi­da sin­ver­guen­za de los pre­cios en los pocos comer­cios abier­tos”.
“Piñe­ra se la pasa dan­do vuel­tas en heli­cóp­te­ro y no hace nin­gu­na “hue­va­da”. Está puro dan­do jugo”, seña­ló una madre mien­tras tras­la­da­ba bol­sas de leche.
El gobierno cen­tral ha sido inca­paz, has­ta el momen­to, de solu­cio­nar ade­cua­da­men­te el sumi­nis­tro de ali­men­tos, ener­gía y cobi­jo. De hecho, la pobla­ción más afec­ta­da, inclu­so en San­tia­go, ha opta­do por dor­mir en car­pas en las pla­zas públi­cas y las calles, o sim­ple­men­te a la intem­pe­rie. Los hos­pi­ta­les públi­cos, que ya esta­ban colap­sa­dos antes del terre­mo­to, fue­ron supe­ra­dos con cre­ces y algu­nos, como el de la ciu­dad de Tal­ca, sim­ple­men­te se cerró debi­do a los daños. El aero­puer­to de San­tia­go, por su par­te, pro­ta­go­ni­zó epi­so­dios dan­tes­cos, aplas­ta­mien­to de per­so­nas, explo­sio­nes de pan­ta­llas infor­ma­ti­vas, y hui­das des­or­de­na­das de los pasa­je­ros que lle­ga­ban y de los que espe­ra­ban su vue­lo. Aho­ra está clau­su­ra­do tem­po­ral­men­te.
El terri­to­rio chi­leno, des­de Val­pa­raí­so has­ta Chi­loé, des­de el terre­mo­to, ha sufri­do al menos 90 répli­cas (movi­mien­tos telú­ri­cos de menor inten­si­dad); hay cien­tos de des­apa­re­ci­dos, gen­te bajo los escom­bros, y el núme­ro de falle­ci­dos aumen­ta ofi­cial­men­te en tan­to pasan las horas.
Quien escri­be esta nota urgen­te tuvo la opor­tu­ni­dad de obser­var el cie­lo enra­re­ci­do de San­tia­go duran­te los tres lar­gos minu­tos que duró el terre­mo­to en la capi­tal del país (en Con­cep­ción se pro­lon­gó por 27 minu­tos). La atmós­fe­ra de colo­res asom­bro­sos augu­ra­ban inme­dia­ta­men­te una tra­ge­dia de pro­por­cio­nes toda­vía incuan­ti­fi­ca­bles. Lo cier­to es que, como es habi­tual­men­te ocu­rren­te en Chi­le, el pue­blo tra­ba­ja­dor y los pobres son las víc­ti­mas prin­ci­pa­les de la devas­ta­ción. De gol­pe y con vio­len­cia indes­crip­ti­ble, la natu­ra­le­za –con­tra toda pro­pa­gan­da– recuer­da que Chi­le con­ti­núa sien­do un país pro­fun­da­men­te empo­bre­ci­do, ter­cer­mun­dis­ta, y muy lejos del desa­rro­llo cacarea­do intere­sa­da­men­te por los pocos due­ños de todo.

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