La cues­tión nacio­nal en Anda­lu­cía

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El pro­pó­si­to com­par­ti­do es dig­ni­fi­car la mal­tra­ta­da cul­tu­ra anda­lu­za y des­truir la estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca depen­dien­te que pade­ce­mos…

Intro­duc­ción

Des­de las visio­nes tra­di­cio­na­les del hecho nacio­nal, la exis­ten­cia de las nacio­nes es algo que pue­de negar­se o afir­mar­se según exis­tan deter­mi­na­das carac­te­rís­ti­cas sus­tan­ti­vas (“comu­ni­dad de carác­ter” en Bauer, “len­gua dife­ren­cia­da” en Kautsky, “mer­ca­do nacio­nal” en Sta­lin, etc.) Según este plan­tea­mien­to esco­lás­ti­co, here­de­ro del posi­ti­vis­mo deci­mo­nó­ni­co, en Anda­lu­cía no han exis­ti­do ni pue­den exis­tir movi­mien­tos “real­men­te” nacio­na­lis­tas, sino como máxi­mo regio­na­lis­tas. Sin embar­go, la exis­ten­cia de movi­mien­tos nacio­na­lis­tas anda­lu­ces ha sido (y es) una reali­dad des­de hace prác­ti­ca­men­te un siglo. Hay que acla­rar que el nacio­na­lis­mo anda­luz tie­ne su pro­pia idio­sin­cra­sia: en líneas gene­ra­les ha ten­di­do más al fede­ra­lis­mo que al inde­pen­den­tis­mo. Por supues­to, la inde­pen­den­cia es sólo una más de las posi­bi­li­da­des que ofre­ce la sobe­ra­nía, que sería el obje­ti­vo del anda­lu­cis­mo. El pro­pó­si­to com­par­ti­do es dig­ni­fi­car la mal­tra­ta­da cul­tu­ra anda­lu­za y des­truir la estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca depen­dien­te que pade­ce­mos, para lo cual una par­te del anda­lu­cis­mo pro­po­ne un mar­co ibé­ri­co con­fe­de­ral y otra, sobre todo la últi­ma gene­ra­ción, el Esta­do inde­pen­dien­te.

Unas pin­ce­la­das de his­to­ria

La iden­ti­dad anda­lu­za está cla­ra­men­te sin­gu­la­ri­za­da, e his­tó­ri­ca­men­te ha ser­vi­do como base, jus­ti­fi­ca­ción y mar­co terri­to­rial de dis­tin­tos movi­mien­tos polí­ti­cos de signo sobe­ra­nis­ta pero con­ser­va­dor, como la Jun­ta Sobe­ra­na de Anda­lu­cía en 1835. Sin embar­go, tras la revo­lu­ción de 1868, la oli­gar­quía agra­ria anda­lu­za, asus­ta­da por el radi­ca­lis­mo de los jor­na­le­ros, sella una alian­za con las bur­gue­sías del res­to del Esta­do. Des­de enton­ces la cla­se domi­nan­te anda­lu­za será neta­men­te espa­ño­lis­ta, y acep­ta­rá de mane­ra cons­cien­te un papel subor­di­na­do para Anda­lu­cía den­tro del capi­ta­lis­mo espa­ñol.

La iden­ti­dad popu­lar anda­lu­za será defen­di­da enton­ces por sec­to­res de la peque­ña bur­gue­sía urba­na, como en la Cons­ti­tu­ción repu­bli­cano-fede­ral de Anda­lu­cía, en 1883. Pero ésta era una cla­se toda­vía débil, ade­más de cobar­de.

Here­de­ro fue el anda­lu­cis­mo his­tó­ri­co, que defi­ne ya a Anda­lu­cía como nación y rei­vin­di­ca un poder anda­luz, ade­más de la refor­ma agra­ria. Este movi­mien­to, lide­ra­do por Blas Infan­te, ten­dría un carác­ter idea­lis­ta y en algu­nos aspec­tos con­tra­dic­to­rio. Pero sería muy impor­tan­te la unión que de lo nacio­nal y lo social haría, afron­tan­do, como vimos supra, el prin­ci­pal pro­ble­ma his­tó­ri­co de Anda­lu­cía: la pose­sión de la tie­rra. Duran­te la II Repú­bli­ca se levan­ta­rá la deman­da auto­no­mis­ta, a la que se opon­drá la bur­gue­sía. Las Bases esta­tu­ta­rias apro­ba­das en 1933 supo­nen un reco­no­ci­mien­to de la iden­ti­dad anda­lu­za. Para­li­za­do por la dere­cha, el pro­ce­so esta­tu­ta­rio es reto­ma­do con más fuer­za tras la vic­to­ria del Fren­te Popu­lar, pero el gol­pe fas­cis­ta de Fran­co lo inte­rrum­pi­rá. El movi­mien­to sería des­ca­be­za­do con el fusi­la­mien­to de sus líde­res, espe­cial­men­te de Blas Infan­te, eje­cu­ta­do en el verano de 1936. En noviem­bre de ese año, las orga­ni­za­cio­nes obre­ras de la mayor ciu­dad libre y no ocu­pa­da por las tro­pas fas­cis­tas de toda Anda­lu­cía, Mála­ga, inclu­yen el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción para Anda­lu­cía en su pro­gra­ma con­jun­to.

Tras la trans­for­ma­ción de la dic­ta­du­ra fas­cis­ta en supues­ta “demo­cra­cia”, sur­ge el nue­vo nacio­na­lis­mo. Al ampa­ro de Fran­co, Espa­ña se había con­ver­ti­do en un Esta­do impe­ria­lis­ta y mono­pó­li­co, ingre­san­do más tar­de en la OTAN y en la CEE. Los Movi­mien­tos de Libe­ra­ción Nacio­nal adquie­ren enton­ces otro carác­ter de cla­se. En Anda­lu­cía, des­de 1977 has­ta 1980, el anda­lu­cis­mo es por pri­me­ra vez un impre­sio­nan­te movi­mien­to de masas, enca­be­za­do por el movi­mien­to obre­ro del cam­po y la ciu­dad. Este movi­mien­to no podrá ser fre­na­do ni siquie­ra por una tre­men­da repre­sión, que inclu­yó el ase­si­na­to poli­cial. Las prin­ci­pa­les orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias situa­das a la izquier­da del PCE y del régi­men, como fue­ron el PTE, la LCR, la ORT, el PCPE, el MC, etc., defen­de­rán que Anda­lu­cía es una nación peri­fé­ri­ca opri­mi­da, con­se­cuen­cia del desa­rro­llo des­igual del capi­ta­lis­mo. Los impre­sio­nan­tes resul­ta­dos del refe­rén­dum auto­nó­mi­co de 1980 y la masi­va par­ti­ci­pa­ción en el mis­mo lo dicen todo.

Las movi­li­za­cio­nes sobe­ra­nis­tas y obre­ras de los años 70 irán per­dien­do fue­lle, a la par que el res­to de movi­mien­tos obre­ros y nacio­na­les del Esta­do (con la excep­ción del País Vas­co), has­ta lle­gar a la situa­ción de des­ar­ti­cu­la­ción popu­lar actual. A pesar de todo, el sin­di­ca­to que con­ti­núa man­te­nien­do el pul­so de la lucha de cla­ses en Anda­lu­cía, el SOC-SAT, es un sin­di­ca­to sobe­ra­nis­ta de izquier­das y nacio­na­lis­ta anda­luz.

Actual­men­te, según una encues­ta diri­gi­da por la Uni­ver­si­dad de Sevi­lla y publi­ca­da en nume­ro­sos perió­di­cos anda­lu­ces, más de la mitad de los anda­lu­ces se mues­tran favo­ra­bles a que se reco­noz­ca a Anda­lu­cía el ran­go de “nacio­na­li­dad his­tó­ri­ca”, y sólo un 24% está en con­tra. De hecho, el Esta­tu­to de Auto­no­mía actual reco­no­ce a Anda­lu­cía como “reali­dad nacio­nal”.

¿Es Anda­lu­cía una nación?

A prio­ri, pare­ce obvio que Anda­lu­cía cum­ple de sobra los requi­si­tos que sue­len aso­ciar­se al con­cep­to de nación. Inclu­so antes de la pro­pia exis­ten­cia de esta nación, su actual terri­to­rio tuvo una his­to­ria pre-nacio­nal has­ta cier­to pun­to dife­ren­cia­da (a pesar de la con­quis­ta cas­te­lla­na cul­mi­na­da en 1492), deter­mi­na­da des­de anta­ño por fron­te­ras natu­ra­les (Des­pe­ña­pe­rros). Tie­ne un hecho lin­güís­ti­co dife­ren­cia­do (pese a la prohi­bi­ción, tras la alu­di­da con­quis­ta, de la alja­mía, la len­gua roman­ce de Al-Anda­lus). Tie­ne una cul­tu­ra pro­pia, con una poe­sía líri­ca (el fla­men­co), una gas­tro­no­mía, una psi­co­lo­gía y una per­so­na­li­dad pro­pia como pue­blo que para nadie está en dis­cu­sión, por­que es self-evi­dent.

Pero a pesar de los años 70, a pesar del SAT e inclu­so del Esta­tu­to, deter­mi­na­das visio­nes actua­les de cier­ta izquier­da pare­cen suc­cio­na­das por un túnel en el espa­cio y el tiem­po, cayen­do de vuel­ta en el DIAMAT. Según esta visión, Anda­lu­cía no podría ser una nación, por­que “en el perio­do de for­ma­ción de las nacio­nes” la cla­se domi­nan­te no era la bur­gue­sía indus­trial anda­lu­za, sino “la bur­gue­sía terra­te­nien­te”, es decir, “la cla­se que sos­tie­ne el feu­da­lis­mo”, que se opo­ne a la crea­ción de nacio­nes.

El error es mayúscu­lo. En pri­mer lugar, de igual modo que el capi­ta­lis­mo no sur­ge en todas par­tes en el mis­mo pun­to cro­no­ló­gi­co, tam­po­co todas las nacio­nes tie­nen que for­mar­se en el mis­mo momen­to. En segun­do lugar, en Anda­lu­cía jamás hubo un perio­do ple­na­men­te feu­dal: tras la con­quis­ta cas­te­lla­na lo que se pro­du­ce es a lo sumo una seño­ria­li­za­ción. En ter­cer lugar, ¿por qué a la cla­se terra­te­nien­te debe corres­pon­der el feu­da­lis­mo? ¿La actual duque­sa de Alba es una seño­ra feu­dal? ¿Dón­de está su ejér­ci­to? Por últi­mo, la his­to­ria no es un pro­ce­so lineal: no todo pue­blo debe pasar por unas eta­pas for­zo­sa­men­te.

Los MLN como fuer­za aglu­ti­nan­te

Es la clá­si­ca lec­tu­ra esco­lás­ti­ca y vul­gar del mar­xis­mo, redu­ci­do a dog­ma teleo­ló­gi­co-evo­lu­cio­nis­ta. Sin embar­go, el mar­xis­mo abier­to debe plan­tear­se los pro­ble­mas de otra mane­ra: en movi­mien­to y en su con­tex­to. De ese modo, des­cu­bri­rá que la efer­ves­cen­cia del nacio­na­lis­mo anda­luz ha coin­ci­di­do siem­pre con la efer­ves­cen­cia del movi­mien­to obre­ro y popu­lar (Gue­rra Civil, Tran­si­ción…) De igual modo, el replie­gue del anda­lu­cis­mo ha acom­pa­ña­do siem­pre al replie­gue de la lucha de cla­ses.

Pero des­cu­bri­rá tam­bién que en el res­to del Esta­do espa­ñol suce­de exac­ta­men­te lo mis­mo, y si tie­ne hones­ti­dad podrá con­cluir que los pro­yec­tos que han asu­mi­do rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les de izquier­das han teni­do mucho más éxi­to, en todos los sen­ti­dos, que los pro­yec­tos esta­ta­lis­tas. ¿Casua­li­dad? Inclu­so en la actua­li­dad, los dis­tin­tos sin­di­ca­tos nacio­na­lis­tas (CIG en Gali­cia, LAB en Eus­kal Herria, SAT en Anda­lu­cía…) man­tie­nen, como diji­mos, el pul­so his­tó­ri­co de la lucha de cla­ses, mien­tras que el res­to se hun­de en la impo­ten­cia, cuan­do no prac­ti­ca la más abyec­ta trai­ción de cla­se (CCOO, UGT). ¿No será que, en un momen­to de la his­to­ria en el cual el capi­ta­lis­mo ame­na­za con borrar todas las cul­tu­ras de la Tie­rra, el sobe­ra­nis­mo y la izquier­da se retro­ali­men­tan y son dos caras de la mis­ma mone­da?

Y es que, a pesar de las inter­pre­ta­cio­nes eco­no­mi­cis­tas del mar­xis­mo, pocos ya igno­ran que apar­te del capi­tal eco­nó­mi­co exis­te un capi­tal sim­bó­li­co, y que apar­te de la lucha obre­ra exis­ten las luchas ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca, las luchas de géne­ro opri­mi­do, las luchas de razas opri­mi­das, las luchas de nación opri­mi­da, etc. Poco apor­ta repe­tir la obvie­dad de que las orga­ni­za­cio­nes anda­lu­cis­tas tie­nen una fuer­za tan esca­sa como las anti­ca­pi­ta­lis­tas en gene­ral (aun­que no más que ellas); sin embar­go, exis­ten moti­vos tan­to eco­nó­mi­cos como cul­tu­ra­les para ser y decla­rar­se anda­lu­cis­ta.

Razo­nes eco­nó­mi­cas

Como expli­ca­ba Pedro Anto­nio Hon­rru­bia Hur­ta­do, con una tasa de paro del 25% (muy supe­rior a la media del Esta­do, 18%); con una tasa de anal­fa­be­tis­mo del 18% (supe­rior al 15% que tenía­mos en 1982); con un 20% de las per­so­nas naci­das en Anda­lu­cía vivien­do fue­ra, en la emi­gra­ción, por moti­vos eco­nó­mi­cos; con un mer­ca­do inte­rior en el que el 90% de los pro­duc­tos que se con­su­men no están ela­bo­ra­dos en el inte­rior de nues­tras fron­te­ras (fren­te al 68% del País Vas­co y el 63% en Cata­lu­ña, por ejem­plo), sien­do en su mayo­ría pro­duc­tos fabri­ca­dos por empre­sas del Esta­do espa­ñol; con un sec­tor finan­cie­ro con­tro­la­do por los gran­des ban­cos espa­ño­les; con el nego­cio de los segu­ros des­ti­na­do a engro­sar las arcas de las poten­tes empre­sas espa­ño­las del sec­tor; con unos ser­vi­cios dia­rios (luz, telé­fono, Inter­net, gaso­li­na, butano, etc.) en manos de empre­sas espa­ño­las; con un turis­mo pre­so de los tour-ope­ra­do­res extra­es­ta­ta­les y las mul­ti­na­cio­na­les espa­ño­las; con una agri­cul­tu­ra dise­ña­da para satis­fa­cer los intere­ses mar­ca­dos por Euro­pa y por el Esta­do; con un sec­tor de la cons­truc­ción (públi­ca y pri­va­da) domi­na­do por empre­sas espa­ño­las; en defi­ni­ti­va, con una eco­no­mía escla­va y sumi­sa a los intere­ses del Esta­do, ¿quién pue­de decir que a día de hoy Anda­lu­cía no siga sien­do un cla­ro ejem­plo de eco­no­mía inser­ta en una estruc­tu­ra colo­nial-depen­dien­te según el mode­lo cen­tro-peri­fe­ria?

Tele­fó­ni­ca, Ende­sa, Rep­sol, La Cai­xa, Mer­ca­do­na, el BBVA, Banes­to, Iber­dro­la, Gas Natu­ral, BSCH, ACS, Dra­ga­dos, Sol-Meliá, NH Hote­les, Alsi­na Graells, RENFE, Ibe­ria y demás empre­sas espa­ño­las que hacen caja dia­ria­men­te en sec­to­res cla­ves de la eco­no­mía anda­lu­za y con el dine­ro del pue­blo tra­ba­ja­dor anda­luz, ¿no son un cla­ro ejem­plo de colo­ni­za­ción inte­rior eco­nó­mi­ca y estruc­tu­ral? Que sólo el 2% de las empre­sas que coti­zan en las bol­sas espa­ño­las sean ori­gi­na­rias de Anda­lu­cía (pue­blo que com­pren­de a casi el 20% de la pobla­ción del Esta­do), ¿no es una mues­tra evi­den­te de que la eco­no­mía anda­lu­za está sub­yu­ga­da por la estruc­tu­ra capi­ta­lis­ta espa­ño­la?

Siguien­do al mar­xis­ta bra­si­le­ño Theo­to­nio Dos San­tos «por depen­den­cia enten­de­mos una situa­ción en que la eco­no­mía de cier­tos paí­ses está con­di­cio­na­da por el desa­rro­llo y la expan­sión de otra eco­no­mía a la que está some­ti­da; (…) la rela­ción de inter­de­pen­den­cia entre dos o más eco­no­mías, y entre éstas y el comer­cio mun­dial, asu­me la for­ma de depen­den­cia cuan­do algu­nos paí­ses (los domi­nan­tes) pue­den expan­dir­se y pue­den ser auto­su­fi­cien­tes, mien­tras que otros paí­ses (los depen­dien­tes) sólo pue­den hacer lo ante­rior como un refle­jo de tal expan­sión».

Es pre­ci­sa­men­te eso lo que se deja entre­ver en una rela­ción entre dos eco­no­mías, la espa­ño­la y la anda­lu­za, en la cual el hecho de que la pri­me­ra de ellas entre en rece­sión pro­vo­ca auto­má­ti­ca­men­te el hun­di­mien­to de la segun­da. La eco­no­mía anda­lu­za sólo cre­ce en perio­dos de cre­ci­mien­to glo­bal de la eco­no­mía espa­ño­la, y siem­pre man­te­nién­do­se en nive­les gene­ra­les de desa­rro­llo muy por deba­jo de la media esta­tal, mien­tras que, en cam­bio, a medi­da que la eco­no­mía espa­ño­la se para­li­za los efec­tos son ins­tan­tá­neos y devas­ta­do­res en la eco­no­mía anda­lu­za. Esto cons­ti­tu­ye una evi­den­te mues­tra de inter­cam­bio des­igua­li­ta­rio, en un mode­lo de desa­rro­llo capi­ta­lis­ta fun­da­men­ta­do en las rela­cio­nes cen­tro-peri­fe­ria, que ade­más con­vier­te en fic­ción toda auto­no­mía for­mal.

Razo­nes cul­tu­ra­les

Vale la pena que lea­mos las pala­bras de (nada más y nada menos) José Orte­ga y Gas­set:

Vive el anda­luz en una tie­rra gra­sa, ubé­rri­ma, que con míni­mo esfuer­zo da esplén­di­dos fru­tos. Pero ade­más el cli­ma es tan sua­ve, que el hom­bre nece­si­ta muy pocos de estos fru­tos para sos­te­ner­se sobre el haz de la vida. (…) Se dice pron­to «hol­ga­za­ne­ría», aun­que es una pala­bra bas­tan­te lar­ga. Pero el anda­luz lle­va unos cua­tro mil años de hol­ga­zán, y no le va mal. (…) La famo­sa hol­ga­za­ne­ría anda­lu­za es pre­ci­sa­men­te la fór­mu­la de su cul­tu­ra. (…) Podrá en el anda­luz ser la pere­za tam­bién un defec­to y un vicio; pero, antes que vicio y defec­to, es nada menos que su ideal de exis­ten­cia. Esta es la para­do­ja que nece­si­ta medi­tar todo el que pre­ten­da com­pren­der a Anda­lu­cía: la pere­za como ideal y como esti­lo de cul­tu­ra.

Pue­de resul­tar tre­men­da­men­te cho­can­te, pero está más que difun­di­da la idea de que el anda­luz es de algu­na mane­ra un pue­blo infe­rior. Lea­mos aho­ra estas pala­bras del his­to­ria­dor nor­te­ame­ri­cano Gabriel Jack­son, en refe­ren­cia a la Gue­rra Civil espa­ño­la de 1936 – 39:

Hablan­do en tér­mi­nos mili­ta­res, esta cam­pa­ña del Nor­te no se carac­te­ri­zó por la fero­ci­dad que había mar­ca­do la gue­rra en Anda­lu­cía. Ni los car­lis­tas ni los nacio­na­lis­tas vas­cos fusi­la­ban a sus pri­sio­ne­ros. (…) En efec­to, no es raro que espa­ño­les de las ideo­lo­gías más diver­sas se refie­ran a los anda­lu­ces como gen­tes infe­rio­res. (…) En Anda­lu­cía, los ofi­cia­les de carre­ra a menu­do se com­por­ta­ron como si estu­vie­ran dedi­ca­dos a una ope­ra­ción de exter­mi­nio quí­mi­co. En el Nor­te mira­ban a sus enemi­gos como seres huma­nos.

Vaya­mos a la actua­li­dad. Vea­mos esta noti­cia apa­re­ci­da hace unos meses en el dia­rio Públi­co:

La dipu­tada del PP en el Par­la­ment Mon­se­rrat Nebre­ra ha afir­ma­do hoy, en rela­ción a las expli­ca­cio­nes efec­tua­das ayer por la minis­tra de Fomen­to, Mag­da­le­na Álva­rez, (…) que ésta «tie­ne un acen­to que pare­ce un chis­te». En el pro­gra­ma «A vivir que son dos días», de la cade­na Ser, Nebre­ra ha aña­di­do que «tie­ne un pro­ble­ma esta bue­na mujer y es que tie­ne un acen­to que pare­ce un chis­te, tie­ne un pro­ble­ma de comu­ni­ca­ción, que se atu­ru­lla y hace un lío». «Yo que algu­nas veces cuan­do lla­mo a Cór­do­ba y oigo des­de algún hotel que me con­tes­tan y no aca­bo de enten­der, por­que si no estás ave­za­do en hablar en anda­luz nor­mal­men­te pues te cues­ta, ima­gí­na­te cuan­do ade­más el pro­ble­ma es de comu­ni­ca­ción por ser anda­lu­za», ha aña­di­do.

El hecho lin­güís­ti­co anda­luz fue defi­ni­do por el Doc­tor y miem­bro de la RAE Manuel Alvar como un “caos en efer­ves­cen­cia, que no ha logra­do res­ta­ble­cer la reor­de­na­ción del sis­te­ma roto” y que “está des­ga­ja­do de la len­gua común por­que todas las ama­rras que for­ma­ban la uni­dad han ido sal­tan­do vio­len­ta­men­te rotas”. En un Pro­yec­to de Inves­ti­ga­ción rea­li­za­do por los pro­fe­so­res de la Uni­ver­si­dad de Sevi­lla Dr. F. J. Pérez San­ta­ma­ría (exper­to en Esta­dís­ti­ca apli­ca­da a las cien­cias huma­nas) y Dr. Miguel Rope­ro Núñez (espe­cia­lis­ta en anda­luz) los resul­ta­dos arro­ja­ron el resul­ta­do de que, al ser inte­rro­ga­dos sobre “¿Cómo lla­ma­rías a tu for­ma de hablar?” sólo un 37% de los encues­ta­dos dijo espa­ñol o cas­te­llano, mien­tras que un 61% dijo anda­luz o sevi­llano.

Sin embar­go, a pesar de esta cla­ra con­cien­cia de hablar algo dife­ren­te, el 32% de los encues­ta­dos con­si­de­ra­ba que los anda­lu­ces habla­mos mal. Es de enor­me gra­ve­dad (gra­ve­dad que sue­le sub­es­ti­mar­se) el hecho de que exis­ta un país en el cual uno de cada tres habi­tan­tes con­si­de­ra que su varie­dad lin­güís­ti­ca es, por algún mis­te­rio­so moti­vo, una per­ver­sión de la natu­ral facul­tad huma­na del len­gua­je (máxi­me si con­si­de­ra­mos la inexis­ten­cia del menor argu­men­to que pue­da sus­ten­tar tan extra­ña tesis). Este pre­jui­cio igno­ran­te se basa en el “feti­chis­mo orto­grá­fi­co”, la creen­cia de que el habla debe imi­tar a la escri­tu­ra cuan­do es pre­ci­sa­men­te al revés: la escri­tu­ra sur­ge para repre­sen­tar e imi­tar el habla. A cada letra no corres­pon­de un soni­do (véa­se la h; o la u de gue­rra o que­so) y el anda­luz, al igual que por ejem­plo el fran­cés o el inglés, está sim­ple­men­te más ale­ja­do de la nor­ma orto­grá­fi­ca escri­ta, lo que no hace ni mejo­res ni peo­res a estos sis­te­mas lin­güís­ti­cos. En el caso del anda­luz, esto se debe al cono­ci­do moti­vo de que la nor­ma orto­grá­fi­ca fue dise­ña­da a imi­ta­ción de la varie­dad cas­te­lla­na, por encon­trar­se allí la capi­tal y el cen­tro del poder polí­ti­co, eco­nó­mi­co y mili­tar. Pedro Car­bo­ne­ro escri­bió que, si se dice que el anda­luz es “espa­ñol mal habla­do”, habría que decir tam­bién que el espa­ñol es “latín mal habla­do”.

Se tra­ta, ade­más de un pre­jui­cio debi­da­men­te fomen­ta­do por la RAE y los medios de comu­ni­ca­ción, no sólo en series como Médi­co de Fami­lia o Los hom­bres de Paco, sino inclu­so en la pro­pia tele­vi­sión anda­lu­za, Canal Sur. Los pro­fe­sio­na­les de dicho canal emplean úni­ca­men­te el anda­luz cuan­do se tra­ta de pro­gra­mas de humor, sien­do pre­sen­ta­dos en cam­bio los tele­dia­rios o los pro­gra­mas serios y cul­tu­ra­les por per­so­nas que imi­tan gro­tes­ca e infruc­tuo­sa­men­te el habla de los madri­le­ños, lo cual cons­ti­tu­ye una tre­men­da cate­ta­da.

A modo de con­clu­sión

Si con­si­de­ra­mos demos­tra­do que el nacio­na­lis­mo de izquier­das (en Cuba, en Viet­nam, en Eus­kal Herria), lejos de “divi­dir a la cla­se obre­ra”, de lo que sir­ve es pre­ci­sa­men­te de aglu­ti­nan­te; que en el Esta­do espa­ñol, como afir­ma­ba Ini­cia­ti­va Inter­na­cio­na­lis­ta, la tác­ti­ca más ade­cua­da debe ser la uni­dad entre las fuer­zas sobe­ra­nis­tas de izquier­das y el anti­ca­pi­ta­lis­mo orga­ni­za­do a nivel esta­tal pero res­pe­tuo­so con la auto­de­ter­mi­na­ción; que el SAT se halla a la van­guar­dia del movi­mien­to obre­ro anda­luz; que la anda­lu­za es una eco­no­mía semi-colo­nial y depen­dien­te; que Anda­lu­cia es cul­tu­ral­men­te piso­tea­da como si el hecho lin­güís­ti­co anda­luz sólo sir­vie­ra para con­tar chis­tes, y que Anda­lu­cía es un pue­blo con una iden­ti­dad níti­da­men­te sin­gu­la­ri­za­da, enton­ces la con­clu­sión sólo pue­de ser una:

Los anda­lu­ces de izquier­da mar­xis­ta debe­mos defen­der las pos­tu­ras del sobe­ra­nis­mo anda­luz, no nece­sa­ria­men­te inde­pen­den­tis­ta, pero sí al menos en la línea del SAT: anda­lu­cis­ta en lo cul­tu­ral, com­pro­me­ti­do con la con­se­cu­ción de la sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca y ali­men­ta­ria de nues­tra tie­rra y ‑por supues­to- res­pe­tan­do, aun­que a día de hoy no sea un deba­te que esté en boga, el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción para Anda­lu­cía.

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