Olé; arsa, ojú por Jon Odriozola

Inclu­so si pro­ce­des de cunas humil­des, tus padres no enten­de­rían que defien­das su cla­se des­pués de los sacri­fi­cios que han hecho para que estu­dies, pros­pe­res y «pro­gre­ses»

Recién le escri­bía a un ami­go que, en la socie­dad divi­di­da en cla­ses, los comu­nis­tas de extrac­ción social bur­gue­sa son trai­do­res a su pro­pia cla­se. No pue­de ser, no se entien­de, que, pro­vi­nien­do de un estra­to social cómo­do, mue­lle y des­com­pli­ca­do, te «com­pli­ques» la vida defen­dien­do a la cla­se obre­ra. En lugar de repro­du­cir la cla­se domi­nan­te y su ideo­lo­gía apro­ve­chan­do la opor­tu­ni­dad y el pri­vi­le­gio de estu­diar una carre­ra en, pon­ga­mos, la Uni­ver­si­dad de Deus­to, suce­de que cur­sas esa carre­ra, diga­mos Dere­cho, y pones todos tus cono­ci­mien­tos y talen­to, mucho o poco, al ser­vi­cio de los explo­ta­dos por el capi­tal. Y ello por con­ven­ci­mien­to. Y a sabien­das de que te apun­tas a los «per­de­do­res». A esto es a lo que lla­mo una «trai­ción» obje­ti­va a la cla­se que te amamantó.

Tam­bién se lla­ma «des­cla­sa­mien­to» de arri­ba aba­jo, es decir, que pudien­do vivir como un dilec­to bur­gués diz­que pro­bo ciu­da­dano y ser un «buen hom­bre» ‑el obre­ro tam­bién lo sería a con­di­ción de que esté amaes­tra­do, o sea, de que sea un animal‑, te per­ju­di­cas a ti mis­mo posi­cio­nán­do­te con el enemi­go de cla­se (en la lucha de cla­ses). Algo ‑para la bur­gue­sía- incom­pren­si­ble. Inclu­so si pro­ce­des de cunas humil­des, tus padres no enten­de­rían que defien­das su cla­se des­pués de los sacri­fi­cios que han hecho para que estu­dies, pros­pe­res y «pro­gre­ses». En paí­ses anglo­sa­jo­nes y cal­vi­nis­tas ‑inclui­do este pue­blo vas­co, que es cal­vi­nis­ta- esto se entien­de mejor.

Leo en GARA (26−01−10) el corro­si­vo bille­te de Mai­te Soroa acer­ca de lo que escri­be Pedro J. Ramí­rez en su homi­lía domi­ni­cal en «El Mun­do», perió­di­co de dere­chas, sobre el usur­pa­dor ‑Iba­rretxe sería Ham­let- Patxi López que lle­gó a la Lehen­da­ka­ritza median­te un 18 Bru­ma­rio como sabe cual­quie­ra que no sea un ler­do o un «pro­fe­sio­nal» que vive de esto (de la «polí­ti­ca») para no hin­car­la. En su homi­lé­ti­ca entre­ga, Pedro Jota, ese cau­di­llo civil, lla­ma al pala­dín López «Patxi Nues­tro» (que estás en los cie­los, o sea, espa­ñol sin amba­ges ni anfi­bo­lo­gías) y, tran­sido de bue­nis­mo, qui­zá trans­ver­be­ra­do en un vivo sin vivir en mí, arre­bo­la­do, se le anto­ja que López es un per­so­na­je saca­do de una pelí­cu­la del almi­ba­ra­do con sobre­do­sis ame­ren­ga­das Frank Capra.

Y lue­go, este afi­cio­na­do a los cor­pi­ños (un gol­pe bajo, sí, pero así somos los perio­dis­tas, unos hijos de puta), endio­sa a nues­tro héroe (como si fue­ra Facun­do Pere­za­gua, que ni sabrá quién era) con estas impa­ga­bles pala­bras: «el hijo de un tra­ba­ja­dor manual de Por­tu­ga­le­te» (aun­que creo que era de Ses­tao). Lue­go aña­de el scherz­zo y la coda: «Está (López) deci­di­do a ejer­cer de pre­si­den­te de todos los vas­cos de bue­na volun­tad». Pedro Jota en el púl­pi­to con sobre­pe­lliz y con admo­ni­cio­nes savo­na­ró­li­cas admi­nis­tran­do sacra­men­tos, bulas y exco­mu­nio­nes más a sinies­tro que a diestro.

Lo que ten­go en común con López, apar­te de ser de Ezke­rral­dea y ambien­te obre­ro, es la trai­ción. Si yo rene­gué, me des­cla­sé y trai­cio­né mis orí­ge­nes bur­gue­ses para, en mi medi­da, des­truir el Esta­do bur­gués, él, que vie­ne de la cla­se obre­ra, tam­bién ha trai­cio­na­do a su cla­se: de defen­der los intere­ses de los tra­ba­ja­do­res a ser un laca­yo más del capi­tal, bien paga­do, eso sí. Nada, cha­val, a triun­far, que son dos días.

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