La Audien­cia Nacio­nal acon­se­ja a Argen­ti­na no apli­car la cade­na per­pe­tua que sí se emplea en Espa­ña por JM Alvarez

En estos días han sido juz­ga­dos un gru­po de mili­tan­tes de los GRAPO y dos comu­nis­tas que inclu­ye­ron en el saco del “todos terro­ris­tas”. Dicen que la Vis­ta cum­plía con los requi­si­tos de trans­pa­ren­cia y liber­tad, y así debió ser, pues has­ta un guar­dia civil de uni­for­me, entró libre­men­te en el cala­bo­zo, don­de espe­ra­ba com­pa­re­cer ante el juez, Manuel Pérez Mar­tí­nez Secre­ta­rio Gene­ral del ile­gal PCE®, y lo ame­na­zó supo­ne­mos de qué. El abo­ga­do defen­sor denun­ció que era impo­si­ble rea­li­zar un jui­cio si el pro­pio tri­bu­nal se mos­tra­ba inca­paz de garan­ti­zar la inte­gri­dad físi­ca de los acu­sa­dos. ¿Alguien cree que lle­gó a sus­pen­der­se, siquie­ra por unas horas?

Coin­ci­dien­do con ese pro­ce­so, la Audien­cia Nacio­nal auto­ri­zó la extra­di­ción del ex mili­tar argen­tino Julio Alber­to Poch (resi­den­te en Espa­ña y acu­sa­do de pilo­tar los “vue­los de la muer­te” duran­te la dic­ta­du­ra de Vide­la) con una con­di­ción: que no sea san­cio­na­do en su país a cade­na per­pe­tua. Esa “huma­ni­ta­ria” reco­men­da­ción, incli­na a pen­sar que en el sal­va­je Ter­cer Mun­do, ese tipo de con­de­na es de por vida, pero, al menos en Argen­ti­na su Códi­go Penal, si no lo inter­pre­to mal, esta­ble­ce que todo con­de­na­do a pri­sión per­pe­tua que hubie­ra cum­pli­do 35 años de pri­sión, pue­de obte­ner la liber­tad median­te una reso­lu­ción judi­cial apo­ya­da en infor­mes previos.

En la civi­li­za­da Euro­pa, se con­tem­pla la cade­na per­pe­tua con posi­bi­li­dad de liber­tad, pasa­do un pla­zo de tiem­po (lo lla­ma­da “cade­na per­pe­tua revi­sa­ble”). En Ita­lia son 26 años, 20 en Gran Bre­ta­ña, y 15 en Ale­ma­nia o Fran­cia. Esos Esta­dos, al menos reco­no­cen tener tipi­fi­ca­da la pena, pero Espa­ña no. Espa­ña es dife­ren­te, pese a la exis­ten­cia de la “Doc­tri­na Parot” ‑crea­da por obra y gra­cia de la ven­gan­za- que supo­ne una cade­na per­pe­tua encu­bier­ta (30 años de pri­sión), a cum­plir por los «no arre­pen­ti­dos» y quie­nes no se dejan humi­llar. ¿Para qué, enton­ces, ese alar­de huma­ni­ta­rio con Argen­ti­na? : Para lucir la pre­ten­di­da bon­dad de la jus­ti­cia espa­ño­la y sus cár­ce­les “cin­co estre­llas”. Pero la reali­dad es bien dis­tin­ta, la bon­dad bri­lla por su ausen­cia, y las pri­sio­nes son cen­tros de exter­mi­nio planificados.

El auto de extra­di­ción reco­ge que los hechos impu­tados a Poch son “deli­tos de deten­cio­nes ile­gí­ti­mas, tor­tu­ras, lesio­nes, des­apa­ri­cio­nes y muer­tes”, es decir, idén­ti­cos a los come­ti­dos por los res­pon­sa­bles de los GAL, que nun­ca se arre­pin­tie­ron y que, tras pocos años de encie­rro, fue­ron pues­tos en liber­tad, con argu­men­tos varia­dos que pre­ten­dían jus­ti­fi­car las excar­ce­la­cio­nes. Esa Audien­cia Nacio­nal, que quie­re ence­rrar para siem­pre a los comu­nis­tas, enjui­cia­dos por su con­di­ción revo­lu­cio­na­ria, impo­ne con­di­cio­nes a Argen­ti­na para que no se apli­que una con­de­na que emplea asi­dua­men­te en casa; para­do­jas de un Tri­bu­nal que, si no fue­ra por las con­se­cuen­cias de sus deci­sio­nes, habría que tomár­se­lo a chacota

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