Trotsky no exis­te por Manuel M. Navarrete

Intro­duc­ción

Si en este pla­ne­ta exis­ten recur­sos para todos pero muchos mue­ren de ham­bre, y eso es con­se­cuen­cia direc­ta del capi­ta­lis­mo, y sólo pode­mos des­truir el capi­ta­lis­mo orga­ni­zán­do­nos, enton­ces se hace impres­cin­di­ble pasar revis­ta al pano­ra­ma de la izquier­da orga­ni­za­da, es decir, de la úni­ca opo­si­ción exis­ten­te al capi­ta­lis­mo y el ham­bre. Pasan­do revis­ta, lo pri­me­ro que nos lla­ma­rá la aten­ción será la infi­ni­ta divi­sión y sub­di­vi­sión de estas fuer­zas, en cier­tas oca­sio­nes moti­va­da por bases pro­gra­má­ti­cas (por ejem­plo, la divi­sión que exis­te entre Izquier­da Uni­da y la izquier­da extra­par­la­men­ta­ria), pero en otras debi­da a pre­jui­cios mutuos o, peor si cabe, a dis­tin­tas lec­tu­ras de hechos his­tó­ri­cos del pasa­do (como en el caso de dicha izquier­da extra­par­la­men­ta­ria, que se encuen­tra frac­cio­na­da has­ta la impo­ten­cia política).
¿Recuer­dan aque­lla esce­na de La vida de Brian? Brian le pre­gun­ta a unos hom­bres si son del Fren­te Judai­co Popu­lar y estos le con­tes­tan: “¡Vete a la mier­da! ¿Fren­te Judai­co Popu­lar? Somos del Fren­te Popu­lar de Judea” (http://​www​.you​tu​be​.com/​w​a​t​c​h​?​v​=​h​M​v​c​j​z​E​K​TMw). Pues así se sien­te uno muchas veces, como en una pelí­cu­la de los Monty Python, como si estu­vié­ra­mos insen­si­bi­li­za­dos con­tra el hecho de que no se nos pue­de tomar en serio; y todo por con­fun­dir, como decía Galeano hace unos días, uni­dad con una­ni­mi­dad, polí­ti­ca con reli­gión, diver­gen­cia con herejía.
Es curio­so ras­trear el ori­gen del enfren­ta­mien­to que, en el seno del islam, se desa­rro­lla entre sun­ni­tas y chii­tas. Resul­ta que Maho­ma no dejó un suce­sor ofi­cial, así que, a su muer­te, sus segui­do­res Alí y Mua­wi­ya se enfren­ta­ron entre ellos, sien­do derro­ta­do el pri­me­ro. Mas de mil años des­pués, sus par­ti­da­rios con­ti­núan divi­di­dos, y a par­tir de una sim­ple pelea suce­so­ria han inven­ta­do imbri­ca­das teo­rías por las que enfren­tar­se. Algo pare­ci­do suce­de hoy día con el enfren­ta­mien­to que, en el seno del mar­xis­mo-leni­nis­mo, sepa­ra a trots­kis­tas y esta­li­nis­tas. Resul­ta que los comu­nis­tas nos encon­tra­mos insen­sa­ta­men­te divi­di­dos por el enfren­ta­mien­to (en muchos sen­ti­dos per­so­nal) que tuvie­ron dos hom­bres hace 80 años, en una mera pelea suce­so­ria a la muer­te de Lenin.
Por supues­to, si el pro­pó­si­to de este tra­ba­jo fue­ra otro, debe­ría ahon­dar en el estu­dio de los con­di­cio­nan­tes his­tó­ri­cos que relle­nan de con­te­ni­do una pelea suce­so­ria, como codi­fi­ca­ción his­tó­ri­ca de los con­flic­tos socia­les. Sin embar­go, sería una sim­pli­fi­ca­ción inge­nua del mar­xis­mo decir que Alí y Mua­wi­ya se enfren­ta­ron para defen­der sus res­pec­ti­vos idea­les. ¿Es que para el mar­xis­mo no exis­ten la ambi­ción per­so­nal entre las moti­va­cio­nes de los per­so­na­jes his­tó­ri­cos? ¿Es idea­lis­mo alu­dir a un enfren­ta­mien­to per­so­nal? Pues­tos a hacer metá­fo­ras for­za­das al esti­lo del mar­xis­mo dog­má­ti­co y vul­gar, ¿por qué no ver en el supues­to enfren­ta­mien­to polí­ti­co una super­es­truc­tu­ra, cuya base fue­ra una lucha por el poder tras la muer­te de Lenin? Pode­mos ana­li­zar, por ejem­plo, qué fac­to­res mate­ria­les han moti­va­do que en unos paí­ses el trots­kis­mo haya teni­do arrai­go a pos­te­rio­ri y en otros no (o inclu­so ana­li­zar fac­to­res como la psi­co­lo­gía de masas, la nece­si­dad de una figu­ra “dife­ren­te” a lo que real­men­te se alcan­zó en la URSS y la insa­tis­fac­ción con­se­cuen­te). Pero eso sigue sin expli­car lo acon­te­ci­do en el Par­ti­do Bol­che­vi­que duran­te los años 20 del siglo XX.
Una supera­ción dialéctica 
Hoy en día, y menos por evo­lu­ción que por des­apa­ri­ción polí­ti­ca, que­dan pocos esta­li­nis­tas (al menos “esta­li­nis­tas” que se reco­noz­can en dicha deno­mi­na­ción y que den cul­to a la ima­gen del per­so­na­je his­tó­ri­co); en cam­bio, pode­mos encon­trar bas­tan­tes acti­vis­tas y par­ti­dos que se reco­no­cen como “trots­kis­tas” y, en fun­ción de ello, se divi­den de otros par­ti­dos (e inclu­so entre sí, celo­sos por ver quién efec­túa la exé­ge­sis más orto­do­xa de los tex­tos del pro­fe­ta arma­do y lue­go desarmado).
Sin embar­go, Trotsky no exis­te, ni Sta­lin tam­po­co. Y no sólo por­que ambos hayan muer­to y no pue­dan venir, por tan­to, aquí a “hacer­nos” la revo­lu­ción; sino por­que de hecho nun­ca exis­tie­ron (en las ver­sio­nes icó­ni­cas que sus res­pec­ti­vos segui­do­res nos han lega­do). Ni Sta­lin fue el glo­rio­so padre infa­li­ble de la revo­lu­ción, ni Trotsky el ada­lid anti­bu­ro­crá­ti­co y anti­rre­pre­si­vo que se nos quie­re vender.
No se tra­ta de negar el des­ta­ca­do papel de Trotsky duran­te la Revo­lu­ción Rusa, ni su des­tre­za como teó­ri­co y escri­tor; tam­po­co se tra­ta de jus­ti­fi­car las fala­cias ver­ti­das con­tra él duran­te los Pro­ce­sos de Mos­cú de 1936 – 38, su cruel ase­si­na­to (o el de sus hijos) u otros crí­me­nes come­ti­dos. Para mí no se tra­ta de jugar a “trots­kis­tas” y “esta­li­nis­tas”. Si algún día esto pudo sig­ni­fi­car algo y la gen­te pudo morir por ello, hoy no es más que una pelea de bar que divi­de nues­tras pro­pias fuer­zas. De lo que se tra­ta es de hacer una modes­ta refle­xión, escri­ta por un com­pa­ñe­ro más de los que está can­sa­do de cier­tos cli­chés que ya sólo sir­ven para per­der cre­di­bi­li­dad, en eter­nos deba­tes que no afec­tan a la vida de (ni intere­san a) nadie. Por­que un estu­dio serio y sose­ga­do de la his­to­ria aca­ba por des­acre­di­tar el mani­queís­mo. Y por­que nues­tra tác­ti­ca aho­ra debe ser el reagru­pa­mien­to de las fuer­zas anti­ca­pi­ta­lis­tas que no se hayan inte­gra­do en el sistema. 
¿Real­men­te tene­mos un obje­ti­vo dife­ren­te? A nivel de pro­pues­tas con­cre­tas y den­tro de la izquier­da extra­par­la­men­ta­ria, ¿hay tan­ta dife­ren­cia entre los par­ti­dos “trots­kis­tas” y los “esta­li­nis­tas”? ¿No abo­gan ambos por la cons­truc­ción de una socie­dad lo más demo­crá­ti­ca posi­ble, que evi­te repe­tir los erro­res de la expe­rien­cia sovié­ti­ca, pero que emu­le sus logros? Si la úni­ca dife­ren­cia es a nivel de inter­pre­ta­ción del pasa­do his­tó­ri­co (es más, a nivel de con­cep­tua­li­za­ción de dicho jui­cio: “defec­tuo­so pero acep­ta­ble por ser mejor” ver­sus “mejor pero defec­tuo­so e inacep­ta­ble”), ¿vale la pena divi­dir­se por ello? Enton­ces, se me dirá, ¿para qué tra­tar este tema, por qué hablar de ello? Por­que para mí no se tra­ta de callar­lo, ni de olvi­dar­lo, ni de “sus­ti­tuir­lo” por otra cosa. Para mí no se tra­ta de matar­los a todos, sino de tra­gár­se­los vivos, es decir, de efec­tuar una supera­ción dia­léc­ti­ca y crí­ti­ca de ambas ten­den­cias. Como diría Apo­lli­nai­re, no pode­mos lle­var a todos sitios el cadá­ver de nues­tro padre, pero como diría Gabriel Ares­ti, de lo que se tra­ta es de que la casa de nues­tro padre siga en pie.
La inexis­ten­cia de Trotsky
En 1919 Trotsky pro­mul­gó el Decre­to de Rehe­nes, orde­nan­do secues­trar a la fami­lia de todo ofi­cial que deser­ta­ra del ejér­ci­to. Indig­na­do por el hecho de que no se cum­plie­ra su orden, en tele­gra­ma al Con­se­jo Mili­tar Revo­lu­cio­na­rio de Ser­pu­jov, Trotsky insis­ti­ría: “la mala con­duc­ta o la trai­ción pro­vo­ca­rá el arres­to de sus fami­lias” (aún en 1939, poco antes de ser ase­si­na­do, Trotsky segui­rá defen­dien­do el sis­te­ma de rehe­nes en el artícu­lo Su moral y la nues­tra). En mar­zo de 1921 lan­zó a 50.000 sol­da­dos del Ejér­ci­to Rojo con­tra los obre­ros de Krons­tadt, des­pués de que estos se suble­va­ran con­tra el Esta­do socia­lis­ta al que acu­sa­ban, para­do­jas de la his­to­ria, de “buro­cra­tis­mo” (entre sus rei­vin­di­ca­cio­nes esta­ban la liber­tad de pala­bra y de pren­sa para todos los par­ti­dos obre­ros o anar­quis­tas, la libe­ra­ción de los pri­sio­ne­ros polí­ti­cos socia­lis­tas, la reac­ti­va­ción de los soviets sin inje­ren­cias del Par­ti­do, etc.) La repre­sión de Krons­tadt se sal­da­ría con cen­te­na­res de fusi­la­mien­tos. En el X Con­gre­so de los bol­che­vi­ques, cele­bra­do tam­bién en 1921, Trotsky pro­pu­so la total subor­di­na­ción de los sin­di­ca­tos al Esta­do, el Par­ti­do y el Ejér­ci­to. Es más, ya en su docu­men­to Tesis sobre la tran­si­ción entre la gue­rra y la paz, había pro­pues­to Trotsky el lla­ma­do “comu­nis­mo de gue­rra”, es decir, una mili­ta­ri­za­ción total de la pobla­ción, de modo que el Esta­do deci­die­ra dón­de debía tra­ba­jar cada per­so­na, del mis­mo modo que el Ejér­ci­to Rojo deci­día dón­de debía ubi­car­se cada sol­da­do. En con­tra de dicha pro­pues­ta se creó la Pla­ta­for­ma de los Diez, com­pues­ta, entre otros, por Lenin y Sta­lin. La pro­pues­ta de Trotsky fue recha­za­da por el con­gre­so, por 336 votos con­tra 50. En este X Con­gre­so, ade­más, Trotsky votó a favor de la prohi­bi­ción de las frac­cio­nes den­tro del Par­ti­do Bolchevique.
Los ejem­plos podrían ser innu­me­ra­bles. ¿Trotsky anti­bu­ro­crá­ti­co? Pero, es más, ¿Lenin anti­bu­ro­crá­ti­co? ¿Y cómo se hacía la polí­ti­ca enton­ces? Por ejem­plo, cuan­do se deci­de fir­mar la Paz de Brest-Litovsk, ¿se con­vo­ca un refe­rén­dum para que las masas popu­la­res deci­dan demo­crá­ti­ca­men­te? ¿O la reali­dad es que se reúnen en una mesa sie­te líde­res del Par­ti­do y allí lo deci­den? Como denun­cia­ron los con­se­jis­tas (dura­men­te cri­ti­ca­dos por Lenin, que les atri­buía una “enfer­me­dad infan­til”), el con­trol obre­ro sólo tuvo una exis­ten­cia efec­ti­va en Rusia duran­te ape­nas unos meses. Ya en diciem­bre de 1917 se crea el Vesenkha (Con­se­jo Supre­mo de la Eco­no­mía Nacio­nal), com­pues­to de comi­sa­rios polí­ti­cos y exper­tos nom­bra­dos por el Par­ti­do. Un decre­to del 3 de mar­zo esta­ble­ce que en las empre­sas nacio­na­li­za­das se some­te­rán “todas las decla­ra­cio­nes y deci­sio­nes del comi­té de fábri­ca o de taller, o de la comi­sión de con­trol, a la apro­ba­ción del con­se­jo eco­nó­mi­co admi­nis­tra­ti­vo”. Lenin lo escri­bi­rá cla­ra­men­te: “hemos pasa­do del con­trol obre­ro a la crea­ción del Vesenkha”. Tam­bién en mar­zo de 1918 se pro­mul­ga la Cons­ti­tu­ción Sovié­ti­ca, que cen­tra­li­za el poder en detri­men­to de los soviets (con­se­jos obre­ros). Y en el VIII Con­gre­so (1919) Lenin dirá: “los soviets que, según el pro­gra­ma, son órga­nos de gobierno por los tra­ba­ja­do­res, son en reali­dad órga­nos de gobierno para los tra­ba­ja­do­res, ejer­ci­do por la capa avan­za­da del pro­le­ta­ria­do y no por las masas tra­ba­ja­do­ras”. Como escri­bió John Reed, “A pesar de la auto­no­mía local, los decre­tos del comi­té Cen­tral Eje­cu­ti­vo y las órde­nes de los dele­ga­dos son váli­dos para todo el país”. Por lo que res­pec­ta al plu­ri­par­ti­dis­mo, toda­vía en mar­zo de 1922, Lenin escri­bía en el Infor­me polí­ti­co del Comi­té Cen­tral al undé­ci­mo con­gre­so del Par­ti­do que “las mani­fes­ta­cio­nes públi­cas de men­che­vis­mo son pena­das con la muer­te por nues­tros tri­bu­na­les” (por no hablar de la repre­sión con­tra los anar­quis­tas, que pue­de con­sul­tar­se en Vse­vo­lod Volin). Rosa Luxem­bur­go fue muy cri­ti­ca con la recién acon­te­ci­da Revo­lu­ción Rusa, escri­bien­do que esta dic­ta­du­ra debe ser obra de la cla­se y no de una peque­ña mino­ría que diri­ge en nom­bre de la cla­se”, por­que “aho­gan­do la vida polí­ti­ca en todo el país, es inevi­ta­ble que la vida en los soviets mis­mos esté cada vez más para­li­za­da. Sin elec­cio­nes gene­ra­les, sin liber­tad ili­mi­ta­da de pren­sa y de reu­nión, sin lucha libre entre las opi­nio­nes, la vida se mue­re en todas las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas, se con­vier­te en una vida apa­ren­te don­de la buro­cra­cia es el úni­co ele­men­to acti­vo”. Vale la pena recor­dar que Rosa Luxem­bur­go murió en enero de 1919, es decir, casi una déca­da antes del acce­so de Sta­lin al poder. Una línea pare­ci­da defen­de­ría por esas mis­mas fechas la Opo­si­ción Obre­ra, enca­be­za­da por Ale­xan­dra Kollon­tai. ¿Y qué hay de la diso­lu­ción de la Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te Rusa, en enero de 1918, tras haber­se con­vo­ca­do unas elec­cio­nes el 12 de noviem­bre ante­rior que per­die­ron los bol­che­vi­ques (Socia­lis­tas Revo­lu­cio­na­rios, 17.100.000 votos y 380 dipu­tados; Bol­che­vi­ques, 9.800.000 y 168 diputados)? 
Des­de lue­go, todas estas medi­das han de ver­se en su con­tex­to. Es más, pro­ba­ble­men­te la mayo­ría de ellas fue­ran deci­sio­nes acer­ta­das y, por des­gra­cia, nece­sa­rias. Pero una cosa es decir que qui­zá fue­ran nece­sa­rias, y otra muy dis­tin­ta decir que eran bue­nas en sí mis­mas. Lo que no se pue­de hacer es mani­pu­lar la his­to­ria, como si antes de 1924 (fecha de la muer­te de Lenin) la Unión Sovié­ti­ca fue­ra un paraí­so y des­de enton­ces un infierno. De hecho, en todas las líneas de fuer­za lo que exis­te es con­ti­nui­dad, tan­to en las luces como en las som­bras, y el mito del “cor­te de 1924” es una com­ple­ta arbi­tra­rie­dad caren­te de rigor. Es pro­ba­ble que mis pala­bras dejen estu­pe­fac­tos a aque­llos que se han acos­tum­bra­do a cier­ta mane­ra de razo­nar (de no razo­nar, quie­ro decir), según la cual si eres par­ti­da­rio de un régi­men, debes jus­ti­fi­car todas y cada una de sus accio­nes, negan­do todos aque­llos aspec­tos que sean nega­ti­vos o inclu­so cues­tio­na­bles. Tam­bién pue­de ser que otros se estén dan­do cuen­ta de cosas que jamás se habían plan­tea­do. No es una cues­tión de inte­li­gen­cia; ni siquie­ra de eru­di­ción. Sen­ci­lla­men­te se tra­ta de pro­mo­ver que, en nues­tras orga­ni­za­cio­nes, los mili­tan­tes pien­sen por sí mis­mos, en lugar de ense­ñar­les una retahí­la que han de repe­tir como borre­gos. Por lo demás, admi­to estar hacién­do­le el deba­te a los sec­to­res atra­sa­dos de estos movi­mien­tos, que (nadie lo nie­ga) cuen­tan con teó­ri­cos de altu­ra, pero ¿para qué deba­tir en las altu­ras, mien­tras la for­ma­ción media de los mili­tan­tes per­pe­túa el esti­lo de cli­ché, el divi­sio­nis­mo y los fal­sos deba­tes, impo­si­bi­li­tan­do, como deci­mos, la gene­ra­ción de una alter­na­ti­va que a la gen­te de la calle le sue­ne creíble?
Otros mitos sorprendentes
Hay más mitos: por ejem­plo, el mito de la iden­ti­dad entre Lenin y Trotsky. La reali­dad, ava­la­da por toda la his­to­rio­gra­fía sol­ven­te sobre el perio­do, es que Lenin y Trotsky man­tu­vie­ron un for­tí­si­mo anta­go­nis­mo polí­ti­co duran­te años. En Nues­tras tareas polí­ti­cas (1904) Trotsky recha­zó la con­cep­ción del par­ti­do que pro­pug­na­ra por Lenin en su obra de 1902 Qué hacer. Para Trotsky, Lenin era“el diri­gen­te del ala reac­cio­na­ria de nues­tro par­ti­do” y su con­cep­ción del par­ti­do supo­nía un “sis­te­ma de sus­ti­tu­ción polí­ti­ca” de la cla­se obre­ra. No en vano Trotsky era en aque­lla épo­ca un diri­gen­te de los men­che­vi­ques. No estoy, ade­más, des­con­tex­tua­li­zan­do nin­gu­na fra­se, por­que esa obra ente­ra, al igual que el Infor­me de la dele­ga­ción sibe­ria­na (tam­bién de 1904), son furi­bun­dos ata­ques con­tra la polí­ti­ca de Lenin. Pero toda­vía en febre­ro de 1917, Lenin afir­ma­ba, en car­ta a Inés Armand, lo siguien­te: ¡Así es Trotsky! Siem­pre fiel a si mis­mo, se revuel­ve, hace tram­pas, fin­ge ser izquier­dis­ta y ayu­da a la dere­cha cuan­do pue­de”. Y en la últi­ma car­ta al con­gre­so de Lenin, que se ha veni­do con­si­de­ran­do su “tes­ta­men­to polí­ti­co” (a pesar de que Trotsky estu­vo tan intere­sa­do como Sta­lin en que no salie­ra a la luz), Lenin (que ante todo ‑y debe­rían tomar nota nues­tros par­ti­cu­la­res “chii­tas y sun­ni­tas”- tra­ta­ba de evi­tar una esci­sión en el par­ti­do) afir­ma­ba que Trotsky esta­ba “dema­sia­do enso­ber­be­ci­do y dema­sia­do atraí­do por el aspec­to pura­men­te admi­nis­tra­ti­vo de los asun­tos”. Para­dó­ji­co en quien se ha con­si­de­ra­do a sí mis­mo el pala­dín de la lucha anti­bu­ro­crá­ti­ca; aun­que no tan­to si con­si­de­ra­mos, como Otto Rüh­le, que “Trotsky no quie­re reco­no­cer que él fue uno de los fun­da­do­res de la buro­cra­cia rusa”. Lo que que­da cla­ro en ese “tes­ta­men­to” es que, para Lenin, nin­guno de sus suce­so­res está a la altu­ra de las cir­cuns­tan­cias. Eso por no hablar de las agrias dife­ren­cias entre Lenin y Trotsky acer­ca de la Paz de Brest-Litovsk, que Trotsky se nega­ba a fir­mar (a pesar de la pro­me­sa de los bol­che­vi­ques a las masas: dar­les “paz y pan”). 
Tam­bién es un mito que real­men­te exis­tie­ran dife­ren­cias polí­ti­cas entre Trotsky y Sta­lin duran­te los años 20. La crí­ti­ca lite­ra­ria actual con­si­de­ra que la tra­di­cio­nal (por ejem­plo Menén­dez Pela­yo) se equi­vo­ca­ba al con­si­de­rar que el cul­te­ra­nis­mo de Gón­go­ra y el con­cep­tis­mo de Que­ve­do eran dos ten­den­cias opues­tas; como acla­ra Ble­cua, en reali­dad esta­mos ante una fal­sa dico­to­mía, por­que, aun­que sus cabe­ci­llas se odia­ran mutua­men­te, son movi­mien­tos afi­nes y con raí­ces com­par­ti­das. Algo simi­lar ocu­rre con el trots­kis­mo y el esta­li­nis­mo. La esce­ni­fi­ca­ción de una supues­ta polé­mi­ca entre “socia­lis­mo en un solo país” y “revo­lu­ción per­ma­nen­te” no resis­te un aná­li­sis crí­ti­co. Dada la derro­ta de la revo­lu­ción ale­ma­na, no exis­tían más que dos posi­bi­li­da­des: o aco­me­ter la cons­truc­ción del socia­lis­mo en la URSS, o enviar al Ejér­ci­to Rojo a impo­ner el socia­lis­mo piso­tean­do Euro­pa. Si Trotsky no pro­po­nía esto segun­do, ¿era sen­ci­lla­men­te un derro­tis­ta? Es sor­pren­den­te que nadie con­tes­te nun­ca a esta sen­ci­lla pre­gun­ta, pero obvia­men­te se tra­ta de una fal­sa dico­to­mía: se pue­de com­pa­ti­bi­li­zar per­fec­ta­men­te la cons­truc­ción del socia­lis­mo con una polí­ti­ca inter­na­cio­na­lis­ta y revolucionaria.
Más tar­de, Trotsky com­pi­la­rá sus ideas en La revo­lu­ción per­ma­nen­te (1930), afir­man­do, por ejem­plo, lo siguien­te: Un país colo­nial o semi­co­lo­nial, cuyo pro­le­ta­ria­do resul­te aún insu­fi­cien­te­men­te pre­pa­ra­do para agru­par en torno suyo a los cam­pe­si­nos y con­quis­tar el poder, se halla por ello mis­mo impo­si­bi­li­ta­do para lle­var has­ta el fin la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca”. No sólo es una fra­se derro­tis­ta, dog­má­ti­ca y eta­pis­ta (¿no cul­pa­ban a Sta­lin de eso?), sino que, ade­más, si esta es la teo­ría de la revo­lu­ción per­ma­nen­te, la mis­ma his­to­ria del siglo XX le qui­ta la razón. De hecho, todas las revo­lu­cio­nes, no ya demo­crá­ti­cas sino en muchos casos inclu­so socia­lis­tas, que se han pro­du­ci­do des­de la escri­tu­ra de este tex­to has­ta la actua­li­dad se han dado en paí­ses colo­nia­les o semi­co­lo­nia­les (Yugos­la­via y Alba­nia, 1945; Corea del Nor­te, 1948; Chi­na, 1949; Boli­via, 1952; Cuba, 1959; Arge­lia, 1962; Viet­nam, 1975; Nica­ra­gua, 1979… y podría­mos incluir el Chi­le de Allen­de y la Vene­zue­la de Chá­vez), sien­do pro­ta­go­ni­za­das no por el pro­le­ta­ria­do indus­trial (inexis­ten­te o insig­ni­fi­can­te en esos paí­ses, y en la mayo­ría de los paí­ses del mun­do), sino por el cam­pe­si­na­do (con fre­cuen­cia orga­ni­za­do en gue­rri­llas). Si como Marx en la Crí­ti­ca del pro­gra­ma de Gotha pen­sa­mos que cada paso del movi­mien­to efec­ti­vo es más impor­tan­te que una doce­na de pro­gra­mas”, ¿a quién creer, a nues­tros ojos, o a un libro escri­to hace 8 décadas?
Sepa­rar la paja del grano
Sin embar­go, así nos va. La his­to­ria se ana­li­za ad hoc, por­que cada cual inten­ta jus­ti­fi­car a su per­so­na­je his­tó­ri­co favo­ri­to. Si Sta­lin (en lugar de Lenin) hubie­ra pro­pues­to la NEP, el trots­kis­mo diría que las con­ce­sio­nes al capi­ta­lis­mo de la NEP supo­nían una trai­ción a la revo­lu­ción. Como fue al con­tra­rio; como lo que hizo Sta­lin fue dete­ner la NEP para colec­ti­vi­zar y pla­ni­fi­car toda la eco­no­mía, se que­jan de que esta colec­ti­vi­za­ción fue­ra for­zo­sa. Por acti­va o por pasi­va, la con­clu­sión ha de ser siem­pre la mis­ma, por­que está pre­fa­bri­ca­da. Sin embar­go, Trotsky pro­po­nía exac­ta­men­te lo mis­mo: colec­ti­vi­zar, sin haber espe­ci­fi­ca­do en nin­gu­na par­te que dicha colec­ti­vi­za­ción debie­ra hacer­se de mane­ra sólo volun­ta­ria. Por tan­to, las accio­nes de Trotsky, aun­que fue­ran extre­ma­da­men­te repre­si­vas o buro­crá­ti­cas, se jus­ti­fi­can como nece­si­da­des impues­tas por las durí­si­mas cir­cuns­tan­cias (la gue­rra civil, por ejem­plo); y no les fal­ta razón al hacer­lo. Sin embar­go, se actúa como si las cir­cuns­tan­cias de la épo­ca de Sta­lin fue­ran una espe­cie de idi­lio, a pesar de que estas cir­cuns­tan­cias supu­sie­ran la mayor colec­ti­vi­za­ción de toda la his­to­ria huma­na y una de las mayo­res inva­sio­nes tam­bién de toda la his­to­ria (que aca­ba­ría pro­vo­can­do 25 millo­nes de bajas sovié­ti­cas). Sin el menor rigor meto­do­ló­gi­co, se afir­ma que todo lo bueno es gra­cias a la eco­no­mía pla­ni­fi­ca­da, y todo lo malo por cul­pa de Sta­lin. A pesar de que el buro­cra­tis­mo exis­tía antes y exis­ti­ría des­pués de Sta­lin, se deno­mi­na a este fenó­meno “esta­li­nis­mo”, tér­mino del que, ade­más, se abu­sa de mane­ra sim­plis­ta para refe­rir­se a todos aque­llos comu­nis­tas que no sean trots­kis­tas. De hecho, cuan­do cae la URSS en 1991, se coro­na a Trotsky como el pro­fe­ta o futu­ró­lo­go que supo pre­ver­lo. ¿No se equi­vo­ca­ba por un siglo ente­ro de revo­lu­cio­nes enca­be­za­das por el cam­pe­si­na­do de paí­ses semi­co­lo­nia­les, pero acier­ta cuan­do la URSS cae en el 91? 
Lo peor de esta mane­ra de enfo­car las cosas, de este mar­xis­mo anqui­lo­sa­do, es que impi­de sepa­rar la paja del grano, e impo­si­bi­li­ta hacer la crí­ti­ca seria que en efec­to nece­si­ta­mos y que, aun rei­vin­di­can­do con orgu­llo los logros del socia­lis­mo, debe hablar del cam­bio de para­dig­ma que no se dio en la Unión Sovié­ti­ca y que en el futu­ro sólo podrá dar­se toman­do ejem­plo lo que los revo­lu­cio­na­rios lati­no­ame­ri­ca­nos deno­mi­nan Poder Popular.
Con­tra la cita descontextualizada
Has­ta aquí he habla­do de la for­ma de enten­der el mar­xis­mo que con­si­de­ro inope­ran­te y esté­ril. Tra­ta­ré aho­ra de opo­ner una alter­na­ti­va, expo­nien­do qué es lo que yo defiendo. 
Esta for­ma de enten­der el mar­xis­mo miti­fi­ca y rehú­ye el aná­li­sis con­cre­to de la cir­cuns­tan­cia con­cre­ta, apos­tan­do por repe­tir fór­mu­las del pasa­do y hacer un cal­co mimé­ti­co de la expe­rien­cia rusa, inclu­so aun­que este­mos ante cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas o geo­grá­fi­cas com­ple­ta­men­te dife­ren­tes. Algo así como poner­se un abri­go de pie­les en pleno verano sevi­llano por­que, de estar en Rusia, sería nece­sa­rio. Como diría Sal­va­dor Allen­de, cada país tie­ne su pro­pia vía al socia­lis­mo. Pero la izquier­da del Esta­do espa­ñol, qui­zá exclu­yen­do a la izquier­da aber­tza­le (véan­se para ello los aná­li­sis de Eus­kal Herri­ko Komu­nis­tak), sigue tenien­do cier­ta ten­den­cia a la escolástica.
Cada sec­ta esgri­me su cita des­con­tex­tua­li­za­da para jus­ti­fi­car su polí­ti­ca. Pero todo el mun­do sabe que con un poco de tiem­po y habi­li­dad pue­den bus­car­se citas al uso de Marx o Lenin para jus­ti­fi­car algo o lo con­tra­rio. Si estás a favor del Fren­te Popu­lar, acu­des a La lucha de cla­ses en Fran­cia, don­de Marx defien­de la posi­bi­li­dad de una alian­za del pro­le­ta­ria­do con sec­to­res de la bur­gue­sía, para derro­tar a la aris­to­cra­cia ale­ma­na. Si estás en con­tra, encon­tra­rás, y ade­más en la mis­ma obra, que Marx recha­za toda alian­za de cla­se cuan­do habla de Fran­cia, por­que allí ya se ha hecho la revo­lu­ción bur­gue­sa. Si quie­res jus­ti­fi­car la apues­ta por Comi­sio­nes Obre­ras, des­con­tex­tua­li­zas La enfe­mer­dad infan­til del izquier­dis­mo en el comu­nis­mo, de Lenin; si te opo­nes a ella pue­des alu­dir al aná­li­sis sin­di­cal del II Con­gre­so de la III Inter­na­cio­nal Socia­lis­ta (o a la mis­ma crea­ción de Comi­sio­nes Obre­ras, en detri­men­to del sin­di­ca­to ver­ti­cal OSE). Fal­ta siem­pre un cono­ci­mien­to ope­ra­ti­vo de las obras de Marx, Lenin y otros, que impli­ca asi­mis­mo el cono­ci­mien­to exac­to de las coyun­tu­ras polí­ti­cas con­cre­tas en que dichas obras fue­ron con­ce­bi­das, así como la con­si­de­ra­ción del mar­co des­de el que par­ti­mos noso­tros. Todo esto se sus­ti­tu­ye por el feti­chis­mo de la cita des­con­tex­tua­li­za­da que pre­si­de aná­li­sis y tex­tos, en una bata­lla de fra­ses infan­til y pater­na­lis­ta que no invi­ta a pen­sar por uno mismo.
Cam­biar lo que deba ser cambiado
En mi opi­nión, debe­mos tomar de cada autor lo que nos intere­se: de Trotsky, de Sta­lin, de Mao, de Althus­ser, de Man­del, de Grams­ci, de Mariá­te­gui, de Rosa Luxem­bur­go, del Che Gue­va­ra (e inclu­so de auto­res anar­quis­tas, como Mala­tes­ta)… O los acep­ta­mos a todos, o bus­ca­mos figu­ras más inclu­yen­tes, que no dejen fue­ra a la mitad de los comu­nis­tas. No se pue­de pre­di­car “la uni­dad de los comu­nis­tas” de otro modo. Debe­mos apren­der de todos ellos y de muchos más, pero siem­pre enfren­tán­do­nos a nues­tra reali­dad con­cre­ta. Sobre todo, debe­mos efec­tuar una reapro­pia­ción crí­ti­ca del mar­xis­mo, con el obje­ti­vo irre­nun­cia­ble de la colec­ti­vi­za­ción de los medios de pro­duc­ción. No es eso lo que hay que supe­rar; sin embar­go, cada uno de los líde­res de cada una de las revo­lu­cio­nes socia­lis­tas han efec­tua­do una reapro­pia­ción crí­ti­ca de sus predecesores.
Supe­rar es adap­tar las tesis fun­da­men­ta­les del mar­xis­mo a las nue­vas cir­cuns­tan­cias. De no haber supe­ra­do a Marx (o, al menos, a la lec­tu­ra de Marx que efec­tua­ba su tiem­po), Lenin no habría podi­do hacer nin­gu­na revo­lu­ción en Rusia; habría adop­ta­do la tesis del intro­duc­tor del mar­xis­mo en Rusia, Geor­gi Ple­ja­nov, según la cual había que espe­rar a que se pro­du­je­ra un desa­rro­llo capi­ta­lis­ta, a que sur­gie­ran las “con­di­cio­nes obje­ti­vas” (un pro­le­ta­ria­do indus­trial moderno), etc. Toman­do las obras más divul­ga­das, esa era efec­ti­va­men­te la tesis más mar­xia­na, la más ape­ga­da a la doc­tri­na del bar­bu­do ale­mán (aun­que en rigor, el pro­pio Marx de la vejez, por ejem­plo en 1882, fecha de su pre­fa­cio a la edi­ción rusa del Mani­fies­to comu­nis­ta, ha supe­ra­do ya al joven Marx, eco­no­mi­cis­ta y eta­pis­ta, de 1848; y admi­te, aho­ra sí, la posi­bi­li­dad de una revo­lu­ción en Rusia antes que en los paí­ses indus­tria­les). Más allá de Ple­ja­nov, Lenin le dio la vuel­ta a deter­mi­na­dos aspec­tos de este pri­mer mar­xis­mo eco­no­mi­cis­ta en El desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo en Rusia (1899), don­de expu­so la “teo­ría del esla­bón más débil”, que tra­ta­ba de demos­trar la pro­ba­bi­li­dad de que la cade­na del impe­ria­lis­mo se rom­pie­ra no por Ale­ma­nia, sino por el esla­bón más débil: Rusia. Tam­bién mati­za de mane­ra impor­tan­te la tesis mar­xia­na de la “auto­eman­ci­pa­ción del pro­le­ta­ria­do”, argu­yen­do en el ya alu­di­do Qué hacer lo siguien­te: Los obre­ros no podían tener con­cien­cia social­de­mó­cra­ta. Esta sólo podía ser traí­da des­de fue­ra. (…) La cla­se obre­ra está en con­di­cio­nes de ela­bo­rar exclu­si­va­men­te con sus pro­pias fuer­zas sólo una con­cien­cia tra­deu­nio­nis­ta, es decir, la con­vic­ción de que es nece­sa­rio agru­par­se en sin­di­ca­tos”, si bien años más tar­de acla­ra­rá que exa­ge­ró esta pos­tu­ra por­que la polé­mi­ca con los eco­no­mi­cis­tas le obli­ga­ba a hacer exce­si­va fuer­za en esa direc­ción, como para ende­re­zar un bas­tón tor­ci­do. Tal vez el con­cep­to de auto­eman­ci­pa­ción en Marx sólo pue­da com­pren­der­se correc­ta­men­te como una afir­ma­ción a una esca­la his­tó­ri­ca, supe­rior; con todo, es inne­ga­ble que el leni­nis­mo refuer­za la impor­tan­cia del fac­tor subjetivo.

El mar­xis­mo como crea­ción heroica
Si Lenin supera a Marx (o a “cier­to” Marx), noso­tros debe­mos supe­rar a Lenin y supe­rar­los a todos, como ya hemos dicho. Marx defen­día que la ideo­lo­gía está con­di­cio­na­da por los lími­tes de cada épo­ca. Apli­can­do la meta­dia­léc­ti­ca, el pro­pio Marx está con­di­cio­na­do por su épo­ca: el siglo XIX, la épo­ca del posi­ti­vis­mo. Marx come­te un cra­so error: el euro­cen­tris­mo. Como recor­da­ba en un artícu­lo recien­te el coman­dan­te de las FARC-EP Jesús San­trich, comen­tan­do el libro de Nes­tor Kohan Marx en su (ter­cer) mun­do, Marx hizo un aná­li­sis muy defi­cien­te de la figu­ra de Simón Bolí­var, ata­can­do al Liber­ta­dor por haber eman­ci­pa­do a Lati­noa­mé­ri­ca del impe­ria­lis­mo… un impe­ria­lis­mo que habría ace­le­ra­do la lle­ga­da de la eta­pa capi­ta­lis­ta, la crea­ción de un pro­le­ta­ria­do indus­trial y, por tan­to, el socia­lis­mo. Por no hablar de Engels, que fes­te­jó así la con­quis­ta de Cali­for­nia por par­te de EE UU: “Es en inte­rés de su pro­pio desa­rro­llo que Méxi­co esta­rá en el futu­ro bajo la tute­la de los Esta­dos Uni­dos. (…) ¿O aca­so es una des­gra­cia que la mag­ní­fi­ca Cali­for­nia haya sido arran­ca­da a los pere­zo­sos mexi­ca­nos, que no sabían que hacer con ella?”
Hay que ser dia­léc­ti­cos, hay que reno­var el mar­xis­mo cons­tan­te­men­te; el mar­xis­mo no pue­de sonar a una cosa muy vie­ja lle­na de pol­vo. El comu­nis­mo debe ser un movi­mien­to teó­ri­co-prác­ti­co en cons­tan­te cues­tio­na­mien­to de sí mis­mo. Como dijo Mariá­te­gui, “el socia­lis­mo lati­no­ame­ri­cano no debe ser cal­co ni copia, sino crea­ción heroi­ca”. El euro­peo tam­po­co, aña­di­ría­mos noso­tros. Hay que supe­rar el euro­cen­tris­mo, el dog­ma­tis­mo, la des­his­to­ri­za­ción, la peda­go­gía de la repe­ti­ción, el sec­ta­ris­mo, la cita mecá­ni­ca, la extra­po­la­ción de expe­rien­cias… Para ello, pro­pon­go leer a aque­llos auto­res reno­va­do­res del mar­xis­mo, que prac­ti­can un mar­xis­mo abier­to, anti­dog­má­ti­co, adap­ta­do al mun­do actual, como Nes­tor Kohan, Car­los Fer­nán­dez Liria, Luis Ale­gre Zaho­ne­ro, San­tia­go Alba Rico, Slo­vaj Zizek, Terry Eagle­ton, Mar­ta Har­nec­ker (que ha sabi­do evo­lu­cio­nar des­de el DIAMAT hacia el mar­xis­mo abier­to), James Petras, Car­lo Fra­bet­ti, Iña­ki Gil de San Vicen­te… Pode­mos dife­rir en muchas cosas; apro­ve­char otras; pero, al menos, esta­re­mos crean­do, esta­re­mos pen­san­do nues­tra pro­pia reali­dad… en lugar de repe­tir fór­mu­las del pasado.
Con­tra el mono­azu­lis­mo qui­jo­tes­co y la vanguardia
Sin este enfo­que reno­va­dor, anti­dog­má­ti­co; sin este comu­nis­mo del siglo XXI es impo­si­ble com­pren­der expe­rien­cias como la Revo­lu­ción Boli­va­ria­na de Vene­zue­la o el Movi­mien­to de Libe­ra­ción Nacio­nal Vas­co, sen­ci­lla­men­te por­que son espa­cios anti­im­pe­ria­lis­tas que per­mi­ten cre­cer y acu­mu­lar fuer­zas para la lucha por el socia­lis­mo; pro­ce­sos de inte­gra­ción que nos intere­sa que avan­cen, aun con sus con­tra­dic­cio­nes o pecu­lia­ri­da­des. De ahí que los sec­to­res más orto­do­xos del trots­kis­mo y el esta­li­nis­mo no com­pren­dan la nece­si­dad de apo­yar estos pro­ce­sos sociales. 
El mar­xis­mo anqui­lo­sa­do nos lle­va al obre­ris­mo mono­azu­lis­ta (cal­co qui­jo­tes­co de Marx; enfo­que que, en el mun­do actual, devie­ne irreal y que, ade­más, pasa por alto que casi todas las revo­lu­cio­nes socia­lis­tas han sido cam­pe­si­nas) y al van­guar­dis­mo (cal­co no menos qui­jo­tes­co de Lenin, que lle­va a las orga­ni­za­cio­nes comu­nis­tas a dispu­tar­se la direc­ción de los movi­mien­tos, diná­mi­ca que aca­ba por des­truir­los). Debe­mos, por un lado, par­ti­ci­par en los movi­mien­tos socia­les, no sólo en el movi­mien­to obre­ro; y, por otro, poner nues­tras orga­ni­za­cio­nes, su capa­ci­dad logís­ti­ca y su expe­rien­cia orga­ni­za­ti­va al ser­vi­cio de las luchas, en lugar de inten­tar liderarlas. 
Por otra par­te, ceñir­se a un solo autor, divi­dir­nos por mati­ces, pue­de ser una nece­si­dad en otras cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas; pero en una situa­ción de extre­mo replie­gue, de sub­sun­ción real en el capi­tal, sólo nos lle­va a la ridí­cu­la sopa de letras que des­cri­bi­mos al ini­cio de este escri­to, situa­ción más pro­pia de los Monty Python que de la reali­dad misma. 
Con­clu­sión
No se tra­ta, en suma, de unir­se con quien sea y para lo que sea. Se tra­ta de iden­ti­fi­car la ver­da­de­ra bre­cha, que no es entre trots­kis­tas y esta­li­nis­tas, sino entre los que deci­den pac­tar con el sis­te­ma y entre quie­nes deci­den (quie­nes deci­di­mos) rom­per toda cola­bo­ra­ción con el mis­mo. Se tra­ta, ade­más, de saber iden­ti­fi­car cuál es nues­tro papel aquí y aho­ra, lo que supo­ne una supera­ción dia­léc­ti­ca, crí­ti­ca y crea­ti­va del lega­do teó­ri­co de los clá­si­cos del mar­xis­mo. Se tra­ta, por últi­mo, de renun­ciar a la jer­ga, a todo ese cau­dal de ter­mi­no­lo­gía deci­mo­nó­ni­ca que sólo con­si­gue espan­tar y que jamás podrá enca­jar en el mun­do sub­je­ti­vo del ciu­da­dano medio. Sólo así, y en el seno del movi­mien­to obre­ro y de los movi­mien­tos socia­les, podre­mos recons­truir unos hábi­tos de actua­ción polí­ti­ca que dejen de dar la impre­sión de una dispu­ta extra­ña, sec­ta­ria y mar­gi­nal; que resul­ten creí­bles para cual­quie­ra, para la gen­te de a pie. De lo con­tra­rio, nos arries­ga­mos a que el comu­nis­mo se con­vier­ta en algo pare­ci­do a lo que el Mac­beth de William Sha­kes­pea­re afir­ma­ba acer­ca de la vida: “it is a tale, told by an idiot, full of sound and fury, sig­nif­ying nothing”.

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