El recam­bio cli­má­ti­co por Jon Odriozola

Hay quien cree que hace una foga­ta en el mon­te en san­jua­na­das y está calen­tan­do la Tie­rra, igno­ran­do que no es el hom­bre, sino el Sol quien la calien­ta, como sabían los paga­nos. Tam­po­co se pue­de negar la acción del hom­bre defo­res­tan­do los bos­ques y con­tri­bu­yen­do a la desertificación

El cli­ma es un sis­te­ma muy com­ple­jo, tie­ne su evo­lu­ción y, según oímos, tam­bién su invo­lu­ción por cul­pa del hom­bre, así en abs­trac­to (y no el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta). Tam­bién cam­bian las teo­rías y así tene­mos que en los años 70 del siglo pasa­do la «ame­na­za» era el enfria­mien­to glo­bal. Des­de la déca­da de 1990 las tem­pe­ra­tu­ras, al pare­cer, se invir­tie­ron y el calen­ta­mien­to glo­bal se con­vir­tió en el con­sen­so indiscutible.

Sobre el lla­ma­do cam­bio cli­má­ti­co (CC en ade­lan­te) la doc­tri­na no es pací­fi­ca. Están quie­nes afir­man que los seres huma­nos ‑otra vez la abs­trac­ción- son los cau­san­tes de cam­bios catas­tró­fi­cos en la Tie­rra con las emi­sio­nes de dió­xi­do de car­bono (CO2), un com­pues­to quí­mi­co que yo siem­pre creí que era bási­co para las fun­cio­nes clo­ro­fí­li­cas de las plan­tas y el mun­do vege­tal. Tam­bién están los deno­mi­na­dos «escép­ti­cos» del CC a quie­nes, en su para­noia cons­pi­ra­noi­ca, se les paran­go­na con quie­nes en el Medie­vo se nega­ban a asu­mir que el pla­ne­ta no era plano (o sea, que Gali­leo, hoy, sería mili­tan­te con­tra el tera­to­ló­gi­co CC). Y no fal­tan quie­nes emplean la expre­sión de «gue­rra cli­má­ti­ca» para refe­rir­se a super­fi­cia­les ‑que no natu­ra­les- cam­bios del cli­ma for­za­dos por la garra huma­na. Se sabe que duran­te la gue­rra de Viet­nam se uti­li­za­ron téc­ni­cas de bom­bar­deos de nubes cuyo obje­ti­vo era pro­lon­gar la esta­ción del mon­zón y blo­quear rutas de sumi­nis­tro del enemi­go (comu­nis­ta; hoy son los «terro­ris­tas»). Se tra­ta­ría de pro­vo­car inun­da­cio­nes, hura­ca­nes, sequías y terre­mo­tos como los que nos pasan por las pan­ta­llas e inclu­so con simu­la­cio­nes de orde­na­dor para «espec­ta­cu­la­ri­zar» más la alar­ma. A este res­pec­to, siem­pre me lla­mó la aten­ción que los maels­tröm que aso­lan la isla de Cuba nun­ca rozan ‑estos tor­na­dos- Puer­to Rico, colo­nia yan­qui. De lo cual me ale­gro, por des­con­ta­do, pero obser­ven el mapa y verán que entre Cuba y el Borin­quen sólo median la Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na y Haití.

Es evi­den­te que el CC cam­bia. ¿Quién, en sus caba­les, pue­de negar esto? Hay quien cree que hace una foga­ta en el mon­te en san­jua­na­das y está calen­tan­do la Tie­rra, igno­ran­do que no es el hom­bre, sino el Sol quien la calien­ta, como sabían los paga­nos. Tam­po­co se pue­de negar la acción del hom­bre defo­res­tan­do los bos­ques y con­tri­bu­yen­do a la deser­ti­fi­ca­ción. Los meteo­ró­lo­gos ape­nas inves­ti­gan y los eco­lo­gis­tas se con­cen­tran en las emi­sio­nes de gases inver­na­de­ro bajo el Pro­to­co­lo de Kyo­to. Entre los escép­ti­cos se apun­ta que detrás del «cuen­to» (para aco­jo­nar al per­so­nal como en los mile­na­ris­mos medie­va­les) del CC están el lobby nuclear y las revis­tas «Natu­re» y «Scien­ce» con edi­to­ria­les pro desas­tre. Hay quien opi­na que el cli­ma ópti­mo es cuan­do hace calor, mien­tras que otros lo iden­ti­fi­can con seque­dad. Decir que el CO2 es mor­tal para el ser humano es cier­to, pero tam­bién lo es que es un fer­ti­li­zan­te para la vida vege­tal, como la llu­via es fru­to del frío y el calor.

Tal vez me pase tres pue­blos si digo que aho­ra se nos quie­re hacer creer ‑igual que con las pan­de­mias cícli­cas y recu­rren­tes- que el motor de la his­to­ria no es la lucha de cla­ses, sino el baró­me­tro, el mal tiem­po, la gri­pe A y su puta madre.

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